Category: Novels

La cita: novelas

--¡Ay, Ricardo!... ¿Por qué serás así? ¿Por qué no resignarte y hallar alegría en lo que tienes? ¿Por qué lo ajeno te admira, y lo tuyo, que á más de un descontentadizo haría dichoso, sólo te inspira hastío y desdén?...

Chapters

1. Part 1

--¡Ay, Ricardo!... ¿Por qué serás así? ¿Por qué no resignarte y hallar alegría en lo que tienes? ¿Por qué lo ajeno te admira, y lo tuyo, que á más de un descontentadizo haría di...

2. Part 2

Así esas caprichosas que ni supieron envejecer en la calma de la virtud burguesa, ni tuvieron la valentía de sus pecados; la orgía franca las avergüenza y la paz de lo legal las...

3. Part 3

Sin otras reflexiones ni más cautelosos atisbos, Villarroya llegóse al dormitorio de la paciente. Eran las seis de la tarde; una lamparilla eléctrica ardía junto á la cabecera d...

4. Part 4

--¿Por qué una carta sin firma ejerce sobre tu voluntad esa fascinación inexorable, y en virtud de qué miraje has de imaginar joven y discreta, y no vieja y ridícula, á la mujer...

5. Part 5

A los cinco años _Rick_ tenía nueve dedos sobre la marca. Era alazán, de un alazán tostado y brillante. El sangriento color del ollar y la mirada ardiente de los ojos negrísimos...

6. Part 6

Para distraer á sus interlocutores y convencerles de que los mejores caballos son los alazanes obscuros ó tostados, refirió una historia que oyó contar, siendo niño, á su amo y...

7. Part 7

Llegó la tarde en que los mejores caballos de Europa iban á disputarse los cien mil francos del «Gran Premio». Una muchedumbre cosmopolita y aristocrática llenaba el perímetro e...

8. Part 8

Quedóse absorta, recordando que todos los Enriques que había conocido, y eran muchos, la fueron simpáticos. Y así, retrocediendo en su historia, llegó á los años de su infancia;...

9. Part 9

Durante aquellos primeros días, el recuerdo de la adorada persistió en la memoria del estudiante bajo la rara sensación de un perfume á violetas. De los anchos ojos verdes de Al...

10. Part 10

Dos meses antes, las frases un poco burlescas y las sonrisas de las dos jóvenes le hubiesen desconcertado. Pero ahora hallábase transfigurado y poseído de un nuevo y vigoroso ar...

11. Part 11

Era éste un episodio más, un capricho más de la amarga y eternal ironía de las cosas. ¡Dar la vida por un collar de esmeraldas, y equivocarse de collar!... El estudiante balbuceó:

12. Part 12

El platero reiteró su ofrecimiento, aunque flojamente y sólo en aquella comedida proporción que juzgó necesaria para quedar bien. Levantóse después de la mesa, y mientras se pas...

13. Part 13

Al furioso insulto del platero apresurose el maquinista á replicar con una bofetada; engarfiñáronse como gatos los dos hombres, y la mesa y las sillas rodaron por el suelo. Acud...

14. Part 14

Don Adolfo y Zureda descendieron en la estación de Equis. Declinaba la tarde; en el andén sólo había seis ó siete personas. El anciano ambulante exclamó, designando con la mano...