Category: Novels

La opinión ajena

Contra su costumbre, aquella mañana don Higinio Perea se levantó tarde. Le despertaron las nueve argentinas campanadas del reloj del recibimiento, el testarudo piar de los pollitos que correteaban por el patio, entre el verde terciopelo de las macetas, y el rayo de sol otoñal...

Chapters

1. Part 1

Contra su costumbre, aquella mañana don Higinio Perea se levantó tarde. Le despertaron las nueve argentinas campanadas del reloj del recibimiento, el testarudo piar de los polli...

2. Part 2

Si conocido y apreciado era el linaje de los Perea, de Serranillas, no menos valimiento, estimación y notoriedad tenían los Alcañiz, de Almodóvar. Ni una línea de bastardía, ni...

3. Part 3

Ancho, alto, recio como un púgil clásico, el médico era un comedor formidable y regocijado que, sin cesar de alabar cuantos platos le ponían delante, mascaba a dos carrillos; tr...

4. Part 4

Secretamente, a pesar de su crédito, de su nombre y del amor a sus hijos, don Higinio envidiaba a Juan Pantaleón. El antiguo siervo de la farándula había viajado, pasado riesgos...

5. Part 5

Durante mucho tiempo don Higinio, fatigado de amoricones y miradas, se dedicó a buscar con su pie derecho los de la francesita, quien sin comprometedoras alharacas de mujer pers...

6. Part 6

—Un sacrificio, señor...; un pequeño sacrificio. Si no lo hace por mí, hágalo por mis niñas. Tengo dos hijas, señor, una de dieciséis años, otra de dieciocho..., bonitas como am...

7. Part 7

Perea se indignó; era una carta imbécil: su mujer hablaba de su ausencia de dos meses como de un destierro de varios años. En el mismo error tropezaban sus amigos: todos le supo...

8. Part 8

Francisco observaba a Perea; al hablar había empleado esa lentitud sádica, llena de pausas, de reticencias crueles, con que los hombres saben dar las malas noticias que no les i...

9. Part 9

—Pero, veamos, señor Francisco; es incomprensible que una muchacha como la señorita Enriqueta esté enamorada de un hombre como usted. ¡Si fuese del señor Perea o de mí!... ¡Pero...

10. Part 10

Luego de cenar, mientras doña Emilia acostaba a los niños, don Higinio, apoyado sobre la barandilla del balcón, hundía sus miradas en la fuliginosa vaguedad nocturna. Desde su c...

11. Part 11

Doña Emilia tenía prohibido a su esposo categóricamente que fuese al circo; él, mansurrón y ladino, la ofrecía obediencia y se iba al Casino so pretexto de que sus digestiones e...

12. Part 12

¿Para qué más?... La noticia estremeció la población, abultándose, hinchándose de calle en calle a cada nueva glosa, y Diego quedó «clasificado»: era un rebelde, un inadaptado,...

13. Part 13

La lluvia había acelerado la brevedad otoñal del crepúsculo, y la noche llegó bruscamente. Don Cándido cerró las maderas de las ventanas y encendió la lámpara: una muy vieja de...

14. Part 14

—Una tarde, al volver de la calle y entrar en mi dormitorio —prosiguió don Higinio—, pisé un papel que habían echado por debajo de la puerta. Me agacho a recogerlo, lo desdoblo...

15. Part 15

Existe, además, otra mentira que no se deriva del miedo ni de la fantasía, sino del cálculo; superchería que no es exaltación o alboroto romántico del carácter, mas sí represión...

16. Part 16

—Porque Higinio —dijo— no es lo que supones, ¿comprendes?... Vives a su lado hace dieciocho o diecinueve años y le conoces menos que yo. Higinio, para que te enteres, no es de l...

17. Part 17

El náufrago del Guadamil se dejaba mimar. Doña Emilia salió de la habitación a decir que inmediatamente pusiesen al fuego una olla con agua, y regresó a poco andando de puntilla...

18. Part 18

Doña Emilia besó la herida del héroe dulcemente, con aquel mismo arrobo místico con que besar solía el costado sangrante de un Cristo que había en la iglesia, debajo del coro, y...

19. Part 19

A estas discretas meditaciones, Perea respondía con graves movimientos afirmativos de cabeza. La situación moral de su interlocutor se parecía extraordinariamente a la suya: su...

20. Part 20

Claro es que en tal asunto la fantasía lugareña no lo había inventado todo; algo antiguo mediaba, efectivamente, entre Perea y la señora Indalecia; pero fueron relaciones superf...

21. Part 21

Enardecido por la fanfarria baratera de sus gestos y palabras, don Higinio se acordaba del holandés como si efectivamente le hubiese matado. Doña Emilia tuvo miedo; conocía a su...

22. Part 22

Su dueño, el hombrecillo del traje de pana, pateaba y se mesaba los cabellos. ¿Cómo recobrarlos? Su dolor era trágico y bufo; viéndole tan infeliz, tan mezquino, la multitud sen...

23. Part 23

A estas hipócritas invenciones recurría la honestidad de la comprometida señora para no asustarse excesivamente. Una vez más la mentira triunfaba: ella sabía que iba a caer, per...

24. Part 24

—Lo hemos descubierto —repuso doña Emilia— por casualidad. A Teresa y a mí nos había chocado el vientre de Manolilla; la encontrábamos demasiado redonda. ¡Pero como esa gente ll...

25. Part 25

Desafiando bravamente la proximidad quemante de las llamas, dos guardias civiles extendieron varios colchones en el suelo, y después, los cuerpos rígidos, los brazos abiertos, l...

26. Part 26

—Eso creía yo, no sé por qué. Pues, bien; la bala que un hombre de mi estatura disparase sobre usted, al penetrar por debajo del apéndice xifoides, que es donde aparece el orifi...

27. Part 27

—Nosotras, en nombre de todos, venimos a rogarte que te decidas a la operación. No tengas miedo, Higinio mío, no tengas miedo. Dios querrá salvar tu vida; nosotras hemos rezado...

28. Part 28

En el silencio de la habitación se percibía, semejante a un susurro, el llanto contenido de las mujeres. Reposadamente, con lentitud autoritaria y fría, el doctor Regatos, en qu...