Category: Historical Novels

Zaragoza

Me parece que fué al anochecer del 18 cuando avistamos á Zaragoza. Entrando por la puerta de Sancho, oímos que daba las diez el reloj de la Torre Nueva. Nuestro estado era excesivamente lastimoso en lo tocante á vestido y alimento, porque las largas jornadas que habíamos hecho...

Chapters

1. Part 1

Me parece que fué al anochecer del 18 cuando avistamos á Zaragoza. Entrando por la puerta de Sancho, oímos que daba las diez el reloj de la Torre Nueva. Nuestro estado era exces...

2. Part 2

—¿Con que tienen hambre? ¡Porra, váyanse al demonio con cien mil pares de porras! ¿Y por qué no lo habían dicho? ¿Con que yo soy hombre capaz de consentir que los amigos tengan...

3. Part 3

—Mariquilla estaba tan turbada delante de mí como yo delante de ella. El Padre Rincón se puso á hablar con el hortelano sobre los desperfectos que habían hecho en la finca los f...

4. Part 4

—Pero estoy seguro de que no me vió hablando con ella. Tendrá sospechas; pero nada más. Si pasará de la sospecha á la certidumbre, María y yo estaríamos perdidos. ¿Viste qué mir...

5. Part 5

En aquel instante, los franceses, que sin duda querían probar la artillería de su segunda paralela, dispararon un cañón, y la bala vino á rebotar contra la muralla del reducto,...

6. Part 6

Mi batallón no tomó parte en las salidas de los días 22 y 24, ni en la defensa del Molino de aceite y de las posiciones colocadas á espaldas de San José; hechos gloriosos en que...

7. Part 7

El arrabal de las Tenerías se extiende al Oriente de la ciudad, entre la Huerva y el recinto antiguo, perfectamente deslindado aún por la gran vía que se llama el Coso. Componía...

8. Part 8

—Tu padre es incapaz de amar á nadie—respondió Montoria.—No esperes que consigamos nada por ese camino. Confiemos en llegar al cumplimiento de nuestro deseo por caminos desconoc...

9. Part 9

Apareció bruscamente Doña Guedita, diciendo que su amo se estaba levantando á toda prisa. Entonces la misma María nos empujó hacia lo bajo de la huerta, ordenándonos que saliéra...

10. Part 10

—Sí—dijo al fin con apagada voz.—Nuestra casa no existe; no tenemos nada; lo hemos perdido todo. Esta mañana, cuando saliste de allá, una bomba deshizo el techo. Luego cayeron o...

11. Part 11

Sintiendo el sordo golpe de las piquetas por diversos puntos, nos causaba espanto el no saber por qué parte seríamos atacados. Subíamos á las buhardillas; bajábamos á los sótano...

12. Part 12

—El Convento no se puede sostener—dijeron.—Antes que sacrificar gente sin provecho alguno para la ciudad, salgan todos á defender los puntos atacados en la calle de Pabostre y P...

13. Part 13

—Yo estaba en aquella casa de la calle de Añón, donde nos metimos ayer. Todos me decían que allí no había seguridad y que mejor estaríamos en el centro del pueblo; pero á mí no...

14. Part 14

En esta penosa tarea nos relevábamos frecuentemente, y en los ratos de descanso salíamos al Coso, sitio céntrico de reunión y al mismo tiempo parque, hospital y cementerio gener...

15. Part 15

Hizo terribles esfuerzos por reanimarse; pero casi llegó á perder el sentido, más que por la gravedad de la herida, por la pérdida de la sangre, el ningún alimento, los insomnio...

16. Part 16

—Agustín, ponle en libertad. Nos ocultaremos donde nadie pueda descubrirnos. Si te dicen algo, si te acusan de haber faltado al deber, no les hagas caso y vente conmigo. ¡Cuánto...

17. Part 17

Un hombre avanza por la calle de Antón Trillo, y deteniéndose junto á la tapia destruída, mira hacia adentro. Le veo y tiemblo. Está transfigurado, cadavérico, con los ojos hund...