Spanish fiction -- 20th century

Locura y muerte de Nadie

Con el lirismo penetra en el arte una sustancia voluble y tornadiza. La intimidad del hombre varía a lo largo de los siglos; el vértice de su sentimentalidad gravita unas veces hacia oriente y otras hacia poniente. Hay tiempos jocundos y tiempos de amargor. Todo depende de que...

Chapters

1. Part 1

Con el lirismo penetra en el arte una sustancia voluble y tornadiza. La intimidad del hombre varía a lo largo de los siglos; el vértice de su sentimentalidad gravita unas veces...

2. Part 2

Es preciso destruir esa leyenda del sabio distraído que se deja mutilar por un vehículo. Por un Curie habrá miles de necios aplastados. Los atolondrados son los otros. El distra...

3. Part 3

Arturo, para olvidar aquel fracaso de puros elementos pictóricos, aniquilados bajo la mano impersonal de Sánchez, hundidos en la fosa común del módulo académico, comienza a reco...

4. Part 4

Juan Sánchez persigue una extraña voluptuosidad. Le arrastra no la boca ni el sexo de Ruth, sino aquel dedo de contera de nácar, aquel dedo redondo, fascinador, que acaba de señ...

5. Part 5

—Una mujer en las baterías recogiendo en su regazo millares de flechas, prendiendo en millares de pechos la misma llama. Fue al remate del gran siglo turbulento, Arturo, en el e...

6. Part 6

La verdadera tragedia de Juan Sánchez es, quizá, su excesiva realidad. En la realidad, los espíritus extremos, las sumas tensiones del espíritu mediocre, pocas veces aciertan a...

7. Part 7

—¿Quién? Dos o tres amigos que nos conocen. El resto no ve nada: a lo más, una pareja anónima. Tienes la manía de las masas. Las masas no existen aquí. Existen algunos espíritus...

8. Part 8

Para salir a escena solo hay ya dispuestos dos personajes. Falta Alfredo, falta Juan Sánchez... En aquel reservado, frente al congelado amanecer, podría ahora llegarse al decoro...

9. Part 9

«...me muero de fastidio; llévame, porque me muero. Estoy desesperada entre estos majagranzas que me acosan, me manchan con sus ojos, con sus piropos soeces. Cuando llegué me re...