Part 78
_El Pastor de Fílida_, como la mayor parte de las novelas de su género, quedó incompleta, defraudando nuestra curiosidad en cuanto al término de estos amores, si bien el canónigo Mayans, que con tan raras noticias y curiosa sagacidad ilustró esta pastoral, creyó encontrarle en una epístola que López Maldonado, cuyo _Cancionero_ fué impreso en 1586, dirigió á su amigo Montalvo[766], «con quien se quería casar una dama, á quien había servido muchos años»:
Pastor dichoso, cuyo llanto tierno Ha tanto que se vierte en dura tierra, Sin medida, sin tasa y sin gobierno, Pues ya en tranquila paz vuelta la guerra Miras que te robó tantos despojos, Y en verde llano la fragosa sierra; Reduce los cansados tristes ojos Á mejor uso, pon silencio al llanto, Pues que le ha puesto amor á tus enojos. Ya aquel divino rostro, donde tanto Rigor hallaste, y el airado pecho Que en el tuyo causó dolor y espanto. Atienden, con clemencia, á tu provecho, Ya gozarás la bella y blanca mano En ñudo conyugal de amor estrecho... ........................................... Ya te dio del descanso alegre llave Fílida, que entregada está y piadosa, Que es cuanto bien Amor dar puede ó sabe... ........................................... Y cantaré la gloria tan crecida Con que Amor á sus gozos te levanta. Por fe y por voluntad tan merecida... ........................................... Goza, Pastor, el bien que te ha ofrecido Aquella que tu mal ha restaurado, Rico de amor y deleitoso nido.
Pero este matrimonio ¿llegó á efectuarse? El mismo López Maldonado tenía recelo de que su amigo no supiera aprovecharse de la ocasión feliz con que le brindaba la fortuna:
¡Oh mil y otras mil veces venturoso Tú, que con esperanza alegre y cierta, Verás en dulce puerto tu reposo!... ........................................... Mas mira que si acaso te detienes, Quizás, á la inconstante y varia diosa No la ternás propicia cual la tienes[767].
Acaso el enigma que envuelve la historia del _Pastor de Fílida_ quedará descifrado antes de mucho. Un eminente literato andaluz, en quien corren parejas la erudición, el sentimiento poético y la viva y despierta agudeza, cree con buenos fundamentos haber averiguado el nombre de la incógnita dama, y en un trabajo reciente nos adelanta la peregrina noticia de que por influjo de su deudo el rabadán Vandalio, que no es otro que el _Uranio_ que sale á correr la sortija, vestida la piel entera de un oso (pág. 372), contrajo matrimonio en 1569 con aquel otro pastor _muy flaco_, que en la misma fiesta comparece «vestido de un largo sayo de buriel, en un rocín que casi se le veían los huesos», y en su compañía se ausentó de España[768]. Aunque esta fecha resulta muy anterior á la impresión del _Pastor de Fílida_, en el libro mismo hay indicios de que estaba escrito mucho antes, como lo estaría también la epístola de López Maldonado, si tal interpretación se comprueba, como deseamos y esperamos.
Cinco ediciones tuvo en pocos años _El Pastor de Fílida_, rivalizando con el éxito de la _Galatea_ de Cervantes. Para los contemporáneos tenía el interés de una novela de clave. Aunque hoy no podamos identificar á muchos de los disfrazados pastores, la forma misma de sus nombres indica que se trata de personas reales. Además de Mendino, Siralvo y Coelio, no hay duda en cuanto al «celebrado _Arciolo_ (D. Alonso de Ercilla), que con tan heroica vena canta del Arauco los famosos hechos y Vitorias», ni parece que pueda haberla respecto del «culto _Tirsi_, que de _engaños y desengaños de amor_ va alumbrando nuestra nación española, como singular maestro dellos». Tirsi es el nombre poético que en sus obras usó el complutense Francisco de Figueroa, y con el cual está claramente designado en la _Galatea_[769]. No puede ser de ningún modo el mismo Cervantes, como creyó el canónigo Mayans. Más feliz anduvo en otras conjeturas. El pastor _Campiano_, «doctísimo maestro del ganado», que sobresalía también en «la divina alteza de la poesía», puede muy bien ser el poeta y médico de Alcalá doctor Campuzano, elogiado por Cervantes en el _Canto de Caliope_ y por Lope de Vega en la _Dorotea_, citándole nada menos que en compañía del divino Herrera y de otros dos ingenios tan celebrados entonces como Figueroa y Pedro de Padilla. Campiano escribió un soneto en alabanza del _Pastor de Fílida_; era también amigo de López Maldonado y otros poetas de este grupo. Los músicos _Sasio_ y _Matunto_ parecen estar designados con sus verdaderos apellidos en una elegía del mismo López Maldonado á doña Agustina de Torres:
Pues los caros y amados compañeros, El gran _Matute_, el celebrado Sasa, Del dios de Delo justos herederos.
También Cervantes, en el libro cuarto de la _Galatea_, habla de «los dos _Matuntos_, padre é hijo, uno en la lira y otro en la poesía, sobre todo extremo extremados». Silvano, el defensor de las antiguas coplas castellanas, no puede ser otro que Gregorio Silvestre. _Belisa_, cuya pericia en el canto y en la música se encarece tanto, era hija del _lusitano Coelio_; hemos de creer, por lo tanto, que se trata de doña Isabel Sánchez Coello, hija del pintor Alonso. No estoy tan seguro de que _Pradelio_, el mísero amador que desdeñado por Filena «dejó los campos del Tajo, con intención de pasar á las islas de Occidente, donde tarde ó nunca se pudiese saber de sus sucesos», sea el conde de Prades, D. Luis Ramón Folch de Cardona, como quiere Mayans, porque dudo que de tal magnate como el heredero de la casa de Cardona pudiera decirse que era «pastor de más bondad que hacienda», palabras que indican, á mi parecer, que se trata de más humilde sujeto. Haré mérito, finalmente, de la brillantísima y deslumbradora conjetura, expuesta hace poco por el Sr. Rodríguez Marín, el cual ve en el episodio del pastor _Livio_ «cortesano mancebo de cabellos más rubios que el fino ámbar», que persiguiendo á la ninfa _Arsia_, «con rabia y dolor se había despeñado», una alusión á la caída del príncipe don Carlos en Alcalá (el 19 de abril de 1562) corriendo tras de doña Mariana de Garcetas, á lo cual alude aquel villancico que glosó Eugenio de Salazar:
Bajóse el sacre real A la _garza_, por asilla, Y hirióse sin herilla[770].
Otras muchas alusiones nos oculta el tiempo, otros nombres de grandes señores y de poetas deben de estar escondidos bajo el cándido pellico. Vivió Gálvez Montalvo en la mejor sociedad de su tiempo; fué lo que hoy llamaríamos un poeta de salón y entonces hubiera podido llamarse de estrado ó de sarao. El retrato suyo, que se halla en algunas ediciones del _Pastor de Fílida_, presenta un tipo muy aristocrático, algo parecido al de D. Alonso de Ercilla. Aun en el aspecto de su persona debía de ser cortesano y gentilhombre. No lo era menos por las cualidades de su espíritu. Ajeno á toda contienda y rivalidad literaria, gozó de la estimación de los mejores poetas de su tiempo y gustó de honrarlos en verso y en prosa. Cuando Cervantes, que no era todavía el autor del _Quijote_ ni el de la _Galatea_ siquiera, volvió á entrar en su patria después del cautiverio, Gálvez Montalvo fué el primero en saludar su gloria con este hermoso soneto, que tiene algo de profecía:
Mientras del yugo sarracino anduvo Tu cuello preso y tu cerviz domada, Y allí tu alma al de la Fe amarrada A más rigor mayor firmeza tuvo, Gozóse el cielo; mas la tierra estuvo Casi viuda sin ti, y desamparada De nuestras musas la real morada, Tristeza, llanto, soledad mantuvo. Pero después que diste al patrio suelo Tu alma sana y tu garganta suelta, De entre las fuerzas bárbaras confusas, Descubre claro tu valor el cielo, Gózase el mundo en tu felice vuelta Y cobra España las perdidas musas[771].
Por dos pasajes de Lope de Vega, que siempre habló de Montalvo en términos del mayor encarecimiento, sabemos que este florido ingenio murió en Italia antes de 1599. En este año imprimió Lope su _Isidro_, con un prólogo en defensa del antiguo metro castellano, donde leemos estas palabras: «¿Qué cosa iguala á una redondilla de Garci Sánchez ó de D. Diego de Mendoza? Perdone el divino Garcilasso, que tanta ocasión dio para que se lamentase Castillejo, festivo é ingenioso poeta castellano, á quien parecía mucho _Luis Gálvez Montalvo, con cuya muerte súbita se perdieron muchas floridas coplas de este género, particularmente la traducción de la_ Jerusalem _de Torcuato Tasso, que parece que se había ido á Italia á escribirlas para meterles las higas en los ojos_»[772].
Muchos años después, en _El Laurel de Apolo_ (1630), hacía esta conmemoración de nuestro poeta:
Y que viva en el templo de la Fama, Aunque muerto en la puente de Sicilia, Aquel Pastor de Fílida famoso, Gálvez Montalvo, á quien la envidia aclama Por uno de la délfica familia, Dignísimo del árbol victorioso, Mayormente cantando, En lágrimas deshechos «Ojos á gloria de mis ojos hechos».
Clemencín conjetura muy plausiblemente[773] que la muerte _súbita_ de Gálvez Montalvo en el puente de Sicilia acaeció en una catástrofe del año 1591, de que nos da razón Fray Diego de Haedo en la dedicatoria de su _Topografía de Argel_: «Era virrey de Sicilia el señor don Diego Enríquez de Guzmán, conde de Alba de Liste, el cual, habiendo salido de Palermo á visitar aquel reino, á la vuelta, como venía en galeras, hizo la ciudad _un puente desde tierra_ que se alargaba á la mar más de cien pies, para que allí abordase la popa de la galera donde venía el señor Virrey, y desembarcase; y como Palermo es la corte del Reino, acudió lo más granado á este recibimiento... y con la mucha gente que cargó, antes que abordase la galera dio el puente á la banda, de manera que cayeron en el mar más de quinientas personas... donde se anegaron más de treinta hombres». Uno de ellos pudo ser el poeta alcarreño.
De su ensayo de traducción de la _Jerusalem_ del Tasso no queda otra memoria. Desacertada era la elección del metro, y sólo hubiera conducido á una especie de parodia, como la que hizo luego el Conde de la Roca en su _Fernando ó Sevilla Restaurada_. El amor á los octosílabos nacionales cegó en esta ocasión á Gálvez Montalvo, pero no creo que le sucediese lo mismo al transformar las conceptuosas estancias de las _Lágrimas de San Pedro_ del Tansillo en quintillas dobles castellanas, dándoles una ingenuidad de sentimiento que en su original no tienen, como probará este ejemplo:
Madres, que los muy queridos Hijos os vistes quitar, De vuestros pechos asidos. Como se suelen robar Los pájaros de los nidos, Y de la mano homicida Su pura sangre quedó Por los miembros esparcida, No lloréis su muerte, no, Dejadme llorar mi vida...[774]
Compuso también un _Libro de la Pasión_, del cual sólo tenemos noticia por este soneto de López Maldonado, inserto en su _Cancionero_ (pág. 188):
Si como la largueza, sin medida, Te ha bañado la lengua en fuego ardiente Con su licor, para que tiernamente Puedas cantar su muerte y nuestra vida, Ansí tu alma, de su amor herida, Sabe buscar la saludable fuente, Que trayendo del cielo su cerriente, Vuelve al lugar de donde fue salida, Y siguiendo tras ellas su camino Que guía á las regiones soberanas, Haces iguales una y otra suerte; Ansí como tu cántico divino No tiene que temer lenguas humanas, Tampoco el alma temerá la muerte.
Estas obras piadosas debieron de ser trabajo de sus últimos años, y acaso saludable consuelo en los desengaños de la señora Fílida.
Por los trozos que van citados, habrá podido formarse idea de la culta y excelente prosa y de los fáciles y regalados versos de _El Pastor de Fílida_, libro muy bien escrito no sólo en el vulgar sentido de la abundancia y pureza de lengua, que conviene á todos los del siglo XVI, sino en el de cierta refinada cultura y propósito artístico, que ni entonces ni en tiempo alguno han sido patrimonio de todo el mundo. Como los demás autores de pastorales, Gálvez Montalvo aparece dominado por el prestigio de Sannazaro, á quien imita muy de cerca en los trozos descriptivos y de aparato, como la visita al mágico Erión, los juegos funerales en el aniversario de Elisa, las pinturas del templo de Pan y del templo de Diana, exornado el primero con la representación de los trabajos de Hércules y el segundo con la de las siete maravillas del mundo. Esta prosa es artificial, pero con artificio discreto, más sobria que la prosa de la _Galatea_, pero no menos compuesta y aliñada. El paisaje es convencional como en todos estos libros, y las riberas del Tajo pueden ser las de cualquier río, pero hay tal cual descripción que parece tomada del natural. Veamos una, que tiene la ventaja de presentar reunidos en pocas líneas los principales procedimientos del estilo de Montalvo, cuando quiere hacer más periódicas sus frases: «Yendo por el cerrado valle de los fresnos, hacia las fuentes del Obrego, como dos millas de allí, acabado el valle, entre dos antiguos allozares, mana una fuente abundantísima, y á poco trecho se deja bajar por la aspereza de unos riscos, de caída extraña, donde, por tortuosas sendas, fácilmente puede irse tras el agua, la cual en el camino va cogiendo otras cuarenta fuentes perenales, que juntas, con extraño ruido, van por entre aquellas peñas quebrantándose, y llegando á topar el otro risco soberbias le pretenden contrastar, mas viéndose detenidas, llenas de blanca espuma, tuercen por aquella hondura cavernosa, como á buscar el centro de la tierra. Á pocos pasos, en lo más estrecho, está una puente natural, por donde las aguas pasando, casi corridas de verse así oprimir, hacen doblado estruendo, y al fin de la puente hay una angosta senda, que dando vuelta á la parte del risco, en aquella soledad, descubre al mediodía un verde pradecillo, de muchas fuentes, pero de pocas plantas, y entre ellas, de viva piedra cavada, está la cueva del mago Erión, albergue ancho y obrado con suma curiosidad» (pág. 296).
Gálvez Montalvo no abusa del estilo periódico, que á la larga hubiera sido intolerable. Le alterna con cláusulas de moderada extensión, tan limpia y gallardamente construídas como ésta: «Traía (el pastor Livio) un sayo de diferentes colores gironado, mas todo era de pieles finísimas de bestias y reses, unas de menuda lana y otras de delicado pelo, por cuyas mangas abiertas y golpeadas salían los brazos cubiertos de blanco cendal, con zarafuelles del mismo lienzo, que hasta la rodilla le llegaban, donde se prendía la calza, de sutil estambre» (pág. 316). Y acierta á veces á cerrar sus frases de un modo feliz por lo inesperado: «Es Andria de clara generación y caudalosos pastores, de hermosura sin igual, de habilidad rarísima, moza de diez y ocho años _y de más ligero corazón que la hoja al viento_» (pág. 130).
Entre otras curiosidades de vario género contiene _El Pastor de Fílida_ un _Canto de Erión_ en octavas reales, donde están nominalmente celebradas todas las damas de la corte (comenzando por las princesas), á imitación de lo que había hecho Montemayor en el _Canto de Orfeo_; y una larga égloga representable, en cuyos primeros tercetos se describe la vida rústica con ciertos rasgos de poesía realista, bastante alejados de la manera cortesana que en el libro predomina. Pero generalmente en los versos endecasílabos Gálvez Montalvo es desigual, áspero á veces y premioso[775], y no porque dejase de estar curtido en la técnica, puesto que ensayó todos los artificios rítmicos, sin olvidar por supuesto los consonantes interiores[776] y los esdrújulos[777], que parecían ya cosa obligada en toda imitación de Sannazaro.
Su verdadera superioridad está en las versos cortos, en las redondillas y en las glosas, en que aventajó á Montemayor y rivalizó con Gregorio Silvestre. La _Canción de Nerea_ no entra en cuenta, como cosa divina. Y hay que dejar también aparte las obras de Castillejo, el primero de los poetas de esta escuela, no sólo por el donaire y la lozanía, sino por el jugo clásico de sus versos. Nunca los hizo mejores Gálvez Montalvo que cuando siguió más de cerca las huellas de tal maestro, á quien _mucho se parecía_, en opinión de Lope de Vega. Los cantares de Siralvo y Alfeo, al fin de la tercera parte del _Pastor de Fílida_, parecen y son un eco del canto ovidiano de Polifemo, traído á nuestra lengua con tan ameno raudal de locución pintoresca por Cristóbal de Castillejo[778]:
SIRALVO
¡Oh! más hermosa á mis ojos Que el florido mes de abril; Más agradable y gentil Que la rosa en los abrojos; Más lozana Que parra fértil temprana; Más clara y resplandeciente Que al parecer del Oriente La mañana.
ALFEO
¡Oh! más contraria á mi vida Que el pedrisco á las espigas; Más que las viejas ortigas Intratable y desabrida; Más pujante Que herida penetrante; Más soberbia que el pavón; Más dura de corazón Que el diamante.
SIRALVO
Más dulce y apetitosa Que la manzana primera; Más graciosa y placentera Que la fuente bulliciosa; Más serena Que la luna clara y llena; Más blanca y más colorada Que clavellina esmaltada De azucena.
ALFEO
Más fuerte que envejecida Montaña al mar contrapuesta; Más fiera que en la floresta La brava osa herida; Más exenta Que fortuna; más violenta Que rayo del cielo airado; Más sorda que el mar turbado Con tormenta.
SIRALVO
Más alegre sobre grave Que sol tras la tempestad, Y de mayor suavidad Que el viento fresco y suave; Más que goma, Tierna y blanca, cuando asoma; Más vigilante y artera Que la grulla, y más sincera Que paloma.
ALFEO
Más fugaz que la corriente Entre la menuda hierba; Y más veloz que la cierva Que los cazadores siente; Más helada Que la nieve soterrada En los senos de la tierra; Más áspera que la sierra No labrada.
SIRALVO
_Fílida_, tu gran beldad, Porque agraviada no quede, Ser comparada no puede, Sino sola á tu beldad; Ser tan buena, Por ley y razón se ordena,
La contraposición viene después, pero aplicada también á Galatea:
Tú, la misma Galatea, Más feroz que los novillos No domados y bravillos, Que nunca vieron aldea Par á par; Muy más dura de domar Que la encina envejecida; Más falaz y retorcida Que las ondas de la mar... Desmedida; Más áspera y desabrida Que los abrojos do quiera; Más cruel que la muy fiera Osa terrible parida; Más callada Y sorda siendo llamada, Que este mar de soledad; Muy más falta de piedad Que la serpiente picada De accidente...
Gálvez Montalvo desdobló el canto del cíclope, para repartirle entre los dos pastores de su égloga _amebea_.
Y en razón y ley no siento Quien tenga merecimiento De tu pena.
ALFEO
_Andria_, contra mí se esmalta Cuanta virtud hay en ti, Donde sólo para mí lo que sobra es lo que falta, Y porfías: Si te sigo, te desvías; Persíguesme, si me guardo, Y cuando yo más me ardo, Más te enfrías.
¡Lástima que esta dicción poética tan deliciosa y llana no sea la habitual en Montalvo! Casi todas sus coplas, excelentes por la factura, pecan más ó menos de conceptismo. Su ingenio era _naturalmente conceptuoso_, si vale la expresión; es decir, refinado y sutil, galante y amanerado. La vida de palacio acabaría de desarrollar en él esta propensión, no contrariada por severos estudios clásicos, pues no parece haberlos tenido. Á lo menos, son raras en él las imitaciones de los poetas antiguos, excepto algunas de Virgilio, que he notado principalmente en la égloga de Silvano y Batto[779]. No quiso agradar á los doctos, sino á las damas, que no podían menos de mostrarse agradecidas á tan gentiles requiebros:
Vuestras mejillas sembradas De las insignias del día, Florestas son de alegría De la eterna trasladadas, Donde no por las heladas, No por las muchas calores, Faltan de contino flores Divinamente mezcladas... .............................. En mi pensamiento crecen Mis esperanzas y viven, En el alma se conciben Y en ella misma fenecen... En noble parte nacidas, En noble parte criadas, Nobles van, aunque perdidas, Noblemente comenzadas Y en nobleza concluídas; Al pensamiento obedecen, Y en su prisión resplandecen, Y su natural guardaron, Que en el alma comenzaron Y en ella misma fenecen... ............................... Sólo aquel proverbio quiero Por consuelo en mi quebranto, Pues en tan contino llanto Le hallo tan verdadero: Las abejuelas, de flor Jamás tuvieron hartura, Ni el ganado de verdura, Ni de lágrimas amor...
No es Gálvez Montalvo poeta natural, sino candorosamente afectado, pero aun en la afectación misma conserva un buen gusto, ó si se quiere un buen tono, digno de la grande época en que floreció, y que llegó á ser muy raro en los conceptistas del siglo XVII, á medida que la decadencia literaria avanzaba. Hay exceso de agudeza en los versos del _Pastor de Fílida_, pero gracias á ella se realza el argumento, tan insípido de suyo.
Por su primorosa habilidad en los versos de arte menor fué principalmente celebrado Gálvez Montalvo en su tiempo. Por ellos principalmente le alaba Lope de Vega en el _Laurel de Apolo_:
Las coplas castellanas... Son de naturaleza tan süave, Que exceden en dulzura al verso grave; En quien, con descansado entendimiento, Se goza el pensamiento, Y llegan al oído Juntos los consonantes y el sentido, Haciendo en su elección claros efetos, Sin que se dificulten los concetos: Así Montemayor las escribía, Así Galvez Montalvo dulcemente, Así Liñán...
No era Gálvez Montalvo exclusivo en sus preferencias como Castillejo. Promiscuaba como Gregorio Silvestre, y hemos visto que compuso muchos versos al modo italiano. Pero en la teoría era más resuelto que en la práctica, según parece por las digresiones críticas sembradas en el _Pastor de Fílida_: «¿qué poesía ó ficción puede llegar á una copla de la _Propaladia_, de _Alecio_ y _Fileno_, de las _Audiencias de Amor_, del brevecillo _Inventario_, que todos son verdaderamente ingenios de mucha estima y los demás, ni ellos se entienden ni quién se la da»? (p. 154).