Part 53
Lo es, en efecto, y no hay duda que al anónimo autor de la _Cuestión_ se le pegaron demasiados italianismos. Pero tal como está, su obra resulta interesante, como pintura de una corte que, distando mucho de ser un modelo de austeridad, era por lo menos muy elegante, bizarra, caballeresca y animada. Otro, documento tenemos en el _Cancionero General_ de Hernando del Castillo para restaurarla mentalmente, y es una larga poesía con éste encabezamiento: _Dechado de amor, hecho por Vazquez a peticion del Cardenal de Valencia, enderezado a la Reina de Nápoles_[484]. Esta poesía se compuso probablemente en 1510. No puede ser posterior á 1511, porque en ella aparecen todavía como vivos el cardenal de Borja, la princesa de Salerno, la condesa de Avellino y la princesa de Bisignano, todos los cuales fallecieron en aquel año. No puede ser anterior á 1509, porque en este año se celebraron en Ischia las bodas de Victoria Colonna, que ya aparece citada como _Marquesa de Pescara_ en este _Dechado_. El _Vázquez_ que le compuso parece hasta ahora persona ignota; ¿será el mismo Vázquez ó Velázquez de Ávila, á quien por diversos indicios atribuyó D. Agustín Durán un rarísimo cancionerillo ó colección de trovas, existente en el precioso volumen de pliegos sueltos góticos que perteneció á la biblioteca de Campo-Alanje? ¿Será, como. B. Croce insinúa, el mismo _Vasquirán_ que interviene en la _Cuestión de Amor_, y que es quizá el autor de la novela? Lo cierto es que entre el _Dechado_ y ella hay parentesco estrechísimo, y que cada una de estas piezas puede servir de ilustración á la otra.
Rápidamente trataremos de las novelas sentimentales posteriores á la _Cuestión de Amor_, porque casi todas tienen más interés bibliográfico que literario; se buscan por raras, no por amenas. Rarísima es sobre todo encarecimiento la _Repetición de amores_ de Lucena, famoso tratadista del arte de ajedrez, hijo del protonotario Juan de Lucena, tan conocido por su diálogo _de vita beata_, Compuso Lucena el mozo su obrilla «en servicio de la linda dama su amiga, estudiando en el preclarísimo estudio de Salamanca»; y bien se conoce que es ensayo poco maduro de escolar, en la profusión de textos que alega de Hipócrates, Platón, Aristóteles, David, Tulio, Séneca y otros autores sagrados y profanos, y en la extraña forma de conclusiones escolásticas que adopta, tomando por tesis de su _Repetitio de amoribus_ unos versos de la famosa sátira del poeta catalán Torrellas contra las mujeres. Con esta cuestión tan debatida en el siglo XV, y con la otra no menos manoseada de armas y letras, intercala el breve y sencillo cuento de sus propios amores, con una carta suya y otra de su dama. No tiene fecha la edición gótica de este libro, pero seguramente es anterior á 1497, porque la _Arte breve é introducción muy necesaria para saber jugar al ajedrez_, que forma parte integrante del mismo libro, está dedicada al príncipe D. Juan, hijo de los Reyes Católicos, que falleció en dicho año, como es sabido[485].
En el _Cancionero General_ de Hernando del Castillo, pero no en su primera edición valenciana de 1511, sino en la de 1514 y en las posteriores, apareció una corta novela alegórico-sentimental del Comendador Escrivá, con el título de _Queja que da á su amiga ante el dios de Amor, por modo de diálogo en prosa y verso_. Los versos no carecen de mérito, dentro de su género conceptuoso, y también en la prosa se nota cierto aliño y esfuerzo para buscar el número y armonía que en ella caben[486]. Era Escrivá valenciano, y en este género de prosas poéticas parece haber seguido las huellas de Mossén Ruiz de Corella, cuyos versos alternan con los suyos y con los de Bernardo Fenollar en el pequeño pero curiosísimo cancionero barcelonés que lleva el extraño título de _Jardinet d' orats_ (huertecillo de los locos).
Distinta persona de este comendador Juan Escrivá (que fué Maestre Racional del Rey Católico y su Embajador en 1497 ante la Santa Sede) es _Ludorico Scrivá, caballero valenciano_, que en 1537 dedicó al Duque de Urbino, Francisco María Feltrio, el _Veneris Tribunal_, rarísima novela que no tiene en latín más que el título, estando todo lo restante en lengua castellana, con hartas afectaciones y pedanterías de estilo, que hacen de ella una de las peores de su género[487]. Es libro sin interés alguno; todo se reduce á la pomposa descripción de la corte de Venus y á la controversia que ante su tribunal se debate sobre el siguiente tema: «cual sea mayor deleyte al amante, o ver la cosa amada, o sin verla pensar en ella». La discusión es ingeniosa y sutil á veces, pero todo lo estropea el abuso inmoderado del hipérbaton y la amanerada construcción de los períodos.
Mucho más conocido que estos autores, á lo menos por una de sus obras, es Juan de Flores, autor del _Breve Tractado de Grimalte y Gradissa_ y de la _Historia de Grisel y Mirabella_. Bien se ve que Flores se había propuesto por modelo á Boccaccio. _Grimalte y Gradissa_ es no sólo una imitación, sino una continuación de la _Fiammetta_, como su mismo encabezamiento declara: «Comiença un breve tractado compuesto por Johan de Flores, el qual por la siguiente obra mudó su nombre en Grimalte. La inuencion del qual es sobre la _Fiometa_ (sic), y porque algunos de los que esto leyeren, por ventura no habrán visto tan famosa scriptura, me parecerá bien declararla en suma». Lo que Juan de Flores añadió se reduce á lo siguiente: Grimalte, enamorado de Gradissa, recibe de ella el encargo de peregrinar por el mundo en busca de la desventurada Fiameta. La encuentra por fin y la acompaña á Florencia, donde moraba su antiguo y ahora desdeñoso amante Pánfilo. Vanamente intenta la infeliz señora, ya por cartas, ya por una entrevista que prepara Grimalte, renovar la pasión dormida en el corazón del mancebo, y al verse con ásperas palabras rechazada y abandonada para siempre, cae en la más furiosa desesperación y muere impenitente. Grimalte la da sepultura, describe largamente su túmulo, y cumplidos estos fúnebres honores, desafía á campal batalla al ingrato Pánfilo, que arrepentido de la fealdad de su conducta y pesaroso de la catástrofe de que ha sido causa, niégase á aceptar el reto, se da por vencido y desaparece de su casa con intento de hacer asperísima penitencia en lugar apartado de todo comercio humano. Grimalte vuelve con estas nuevas á Gradissa, que en vez de concederle su amor se muestra cada vez más esquiva, y le ordena buscar de nuevo á Pánfilo, cuya resolución atribuye á cobardía. Más de veintisiete años empleó en este segundo viaje, hasta que _en las partidas de Asia_, y en lo más espeso de «una muy desesperada montaña», encontró á Pánfilo haciendo vida salvaje, y en talle y figura que recuerda la aparición de Cardenio en Sierra Morena. Al principio guarda obstinado silencio, que era una de las condiciones de su penitencia, pero Grimalte no sólo consigue hacerle hablar, sino que se le ofrece por compañero en su soledad y espantosa vida. Por las noches son perturbados con infernales visiones en que ven pasar la sombra de la enamorada Fiameta, condenada á las llamas eternas por su desesperación final. Y aquí termina bruscamente la novela, quedando juntos en aquel horrible desierto el amante ingrato y el desdeñado. No está mal imitada en los razonamientos de esta novela la prosa de Boccaccio: hay calor de pasión en algunos trozos. Los versos que con frecuencia aparecen intercalados valen poco, y no son de Juan de Flores, sino de otro autor igualmente desconocido, cuyo nombre se expresa al final: «La sepultura de Fiometa con las coplas y canciones quantas son en este tractado hizo Alonso de Cordova». Este libro, cuyo original castellano es tan raro que sólo se conoce un ejemplar[488], fué traducido al francés por Mauricio Sceva, é impreso dos veces en Lyon y París, 1535 y 1536[489].
Más importancia tiene y más éxito logró la _Historia de Grisel y Mirabella con la disputa de Torrellas y Braçayda, la qual compuso Juan de Flores a su amiga_[490]; libro que tiene muy curiosa historia literaria, pues no sólo fué leído en las principales lenguas de Europa, sino que dejó algún rastro en las creaciones de muy preclaros ingenios. Una cuestión de amor, á la manera de las del _Filocolo_, constituye el fondo de este libro; pero está envuelto en una ficción sencillísima que ofrece por sí misma algún interés, y en la cual interviene un personaje español histórico.
«En el reyno de Escocia ovo un excelente rey de todas virtudes amigo, e principalmente en ser justiciero... Y este en su postrimera hedad ovo una hija que despues de sus dias sucedia en el reyno y a ésta llamaron Mirabella, y fue de tanta perfecion de gracias acabada, que ninguno tanto loarla pudo que el cabo de su merecer contar pudiesse. Y como ella fuesse heredera de su señorio del padre, no avia ningun emperador ni poderoso principe que en casamiento no la demandasse... Y el rey su padre, por no tener hijos y por el grande merecimiento que ella tenia, era dél tanto amada que a ninguno de los ya dichos la queria dar, y assimismo en su tierra no avia tan gran señor a quien la diesse, salvo a gran mengua suya. De manera que el grande amor suyo era a ella mucho enemigo, y como ya muchas vezes acaece quando hay dilacion en el casamiento de las mujeres ser causa de caer en verguença y yerros, assi a ésta despues acaescio. Pues en aquellos comedios, assi como su hedad crescia, crescian y doblaban las gracias de su beldad en tanto grado que qualquier hombre dispuesto a amar, assi como la mirasse le era forçado de ser preso de su amor, e tan en estremo la amavan que por su causa venian a perder las vidas, tanto que la flor de casa del rey su padre fenecio sus dias en esta tal guerra. De manera que sabido por el rey la hizo meter en un lugar muy secreto que ningún varón verla pudiesse, por ser su vista muy peligrosa».
Al fin un caballero llamado Grisel logra por ocultos modos penetrar en la torre donde estaba encerrada Mirabella, la cual se rinde á su amor con la indecorosa presteza que era tradicional en las heroínas caballerescas: «E despues que algunos dias muy ocultos en grandes plazeres conservaron sus amores, ella no pudo encobrirlo a una grande y antigua sierva suya, porque en su camara más comunicara, y esta camarera suya amava mucho a un maestresala del rey, y como supo el secreto de su señora, no pudo su lealtad tanto sufrir que no lo descubriese al su amante lo que Mirabella y Grisel passavan, y él veyendo tan grande error, doliéndose mucho de la honra de su señor o por ventura de envidia movida, no pudo callarlo que al rey no publicasse la maldad que en su casa Grisel cometia. El qual como oyó tan feo caso, con gran discrecion buscó manera cómo ambos los tomassen en uno, y una noche estando Grisel en la cama con Mirabella el rey mandó cercar la casa, y aunque gran rato se defendio, pero a la fin tomados, en estrechas carceles por fuerça fueron puestos, y como el rey fuesse el más justificado principe que a la sazon se fallase en el mundo, aun en aquel caso no quisso usar de rigor ni de enojo acidental, mas como si fuessen sus yguales, con ellos se puso a justicia. _E las leyes de su reino mandavan que qualquier que en tal yerro cayesse, el que más causa fuesse al otro de aver amado que padesciesse muerte, y el otro destierro por toda su vida, y como acaesce quando dos personas se aman el uno tener más culpa que el otro en la requesta, por esto las leyes no disponian que las penas fuessen yguales._ Y luego por el rey expresamente fue mandado la pesquisa se hiziesse porque la verdad fuesse sabida quál de aquellos dos fuesse más digno de culpa... Pero tan secreto fue el trato de sus amores, que no podían saber quién avia más trabajado en la requesta y seguimiento del otro, salvo quanto la camarera dezia no averlo ella sabido hasta que ya entre ellos concertado estava. Y como por la pesquisa no oviesse lugar en condenar a uno más que a otro, fueron los juezes por mandado del rey donde Mirabella y Grisel estavan, a los quales tomaron juntamente y les demandaron que dixessen quién fue más causa al otro de tal error».
Como era natural, se establece entre los dos amantes una generosa competencia; quieren sacrificar recíprocamente sus vidas, y se echan á porfía todas las culpas. El enigma continúa insoluble y los letrados y oidores del Consejo Real se recusan por incompetentes. «Entonces dixo el rey que determinasen ellos en su consejo, a lo qual ellos respondieron que como fuessen personas más dadas al estudio de las leyes que de los amores, que no sabian en aquella causa determinar la verdad, pero que se buscasse por todo el mundo una dama y un caballero, los quales más pudiessen saber en amores, y más esperimentados fuessen en tales cosas. E que ella tomasse la voz de las mujeres, y él de los varones, e quien mejor causa y razon mostrasse en defension de su derecho, que aquel venciesse aqueste pleyto comenzado».
Tratábase, pues, de discutir y averiguar en tesis general, la cual había de tener sangrienta aplicación en aquel caso concreto, quién da mayor ocasión de amor, los hombres á las mujeres ó las mujeres á los hombres. Para llevar la voz del sexo femenino en este litigio fué elegida «una dama de las más prudentes del mundo en saber y en desenvoltura y en las otras cosas a graciosidad conformes, la cual por su gran merescer se habia visto en muchas batallas de amor y en casos dignos de gran memoria que le avian acaescido con grandes personas que la amaban y pensaban vencer... y esta señora avia nombre Braçayda».
El nombre de Brasaida parece reminiscencia del de Briseida, heroína de la _Crónica Troyana_; pero el abogado de los hombres y detractor de las mujeres es un caballero español muy conocido en nuestros cancioneros del siglo XV. «E assi mesmo fue buscado en los reynos de España un cavallero qual para tal pleyto pertenecia: al qual llamavan _Torrellas_, un especial hombre en el conocimiento de las mujeres y muy osado en los tratos de amor y mucho gracioso, como por sus obras bien se prueba».
Trátase, en efecto, de Mosén Pere Torrellas ó Torroella, mayordomo del príncipe de Viana y uno de los más antiguos poetas catalanes que alternaron el cultivo de su lengua nativa con el de la castellana. Muchas fueron, y por lo general picantes y de burlas, las poesías de Torrellas, pero ninguna le dió tanta notoriedad, haciéndole pasar por un nuevo Boccaccio, infamador sistemático de las mujeres, como sus _Coplas de las calidades de las damas_, insertas en el _Cancionero de Stúñiga_, en el _General_, y en otros varios, impugnadas por diversos trovadores, entre ellos Suero de Rivera y Juan del Enzina, glosadas y recordadas á cada momento por todos los maldicientes del sexo femenino, y sobre las cuales hasta llegó á inventarse la extraña leyenda de que las mujeres, irritadas con los vituperios de Torrellas, le habían dado por sus manos cruelísima muerte. Tal fué, sin duda, el germen de esta segunda parte de la novela de Juan de Flores. Torrellas está representado allí, no como un _misógino_ intratable, sino como un burlador empedernido, como una especie de D. Juan Tenorio, que afrenta á las mujeres después de seducirlas[491].
No entraremos en los detalles del pleito entre Bresayda y Torrellas, cuyos repetidos alegatos son una serie de sutilezas bastante enfadosas. Triunfa el maligno catalán, y la infeliz Mirabella es condenada á la hoguera, á pesar de los llantos y súplicas de su madre. «Y después que el dia fue llegado que Mirabella muriese, ¿quien podria escrevir las cosas de gran magnificencia que para su muerte estaban ordenadas, y todas muy conformes a tristeza segun que el caso lo requeria?... Entre las cosas de piedad que alli fueron juntadas, eran quince mil doncellas vestidas de luto, las quales con llantos diversos y mucha tristeza ayudavan a las tristes lagrimas de la madre y desconsolada reyna... e despues desto trayan un carro, en el qual yva Mirabella con quatro obispos, que el cargo de su ánima tomavan, y luego alli Grisel, que por más crecer y doblar en su pena mandaron que viesse la muerte de Mirabella, y el rey con infinitas gentes cubiertas de luto y va al fin de todos, segun costumbre de aquel reyno, e salieron fuera de la ciudad donde Mirabella avia de morir quemada, porque las leyes de la tierra eran quien por fuego de amor se vence en fuego muera».
La despedida de Grisel y Mirabella está escrita con ternura. El desventurado amante se precipita en las llamas para no presenciar el suplicio de su amada, y el clamor popular salva á Mirabella. Pero no pudiendo sobrevivir á la pérdida de su amante, determina poner desesperado fin á sus días, y por una ventana de palacio se arroja «al corral donde el rey tenia sus leones», y es inmediatamente devorada por ellos.
Á Torrellas, principal causante de estos desastres, le perdió su vanidad y petulancia, porque «esforçandose en su mucho saber, presumia que él desamando alcanzaria mujeres más que otro sirviendo». Tuvo, pues, la extraña ocurrencia de ponerse á galantear á Brasayda, tan ofendida con él por su derrota, y atraído por ella con el señuelo de una falsa cita, cayó en poder de la reina y de sus damas, que para vengar á la cuitada Mirabella asieron de él, le ataron de pies y manos y le atormentaron con todo género de espantables suplicios, dejando, como se verá, poco que hacer á los catalanistas fervientes que ahora quisieran ejecutar sus iras en el triste de Torrellas, por haber coqueteado un tanto cuanto con la lengua castellana: «E fue luego despojado de sus vestidos, e ataparonle la boca porque quexar no se pudiesse, e desnudo fue a un pilar bien atado, e alli cada una traia nueva invencion para le dar tormento; y tales ovo, que con tenazas ardientes et otras con uñas y dientes raviosamente le despedazaron. Estando assi medio muerto, por crecer más pena en su pena, no lo quisieron de una vez matar, porque las crudas e fieras llagas se le resfriassen e otras de nuevo viniessen; e despues que fueron assi cansadas de atormentarle, de gran reparo la reina e sus damas se fueron alli cerca dél porque las viesse, e alli platicando las maldades dél, _e trayendo a la memoria sus maliciosas obras_... dezian mil maneras de tormentos, cada qual como les agradaba... E assi vino a sofrir tanta pena de las palabras como de las obras, e despues que fueron alzadas las mesas fueron juntas a dar amarga cena a Torrellas... E despues que no dexaron ninguna carne en los huesos, fueron quemados, de su ceniza guardando cada qual una buxeta por reliquias de su enemigo. E algunas ovo que por joyel en el cuello la traian, porque trayendo más a la memoria su venganza, mayor placer oviesen». Esta escena trágico-grotesca vale bastante más que las coplas satíricas de Torrellas, á las cuales confieso que nunca he podido encontrar gracia, ni menos malignidad, que mereciera tan cruento y espeluznante castigo. Verdad es que en su tiempo se le atribuían todos los libelos antifeministas, de lo que él mismo se queja en su primera carta á Brasayda: «E quando alguno quiere contra las damas maldezir, con malicias del perverso Torrellas se favorece, y aunque diga lo que yo por ventura no dixe, mi fama me haze digno que se atribuyan a mí todas palabras contra mujeres dañosas, y esto porque de los yerros agenos y mios faga agora penitencia».
Tal es la curiosa, aunque absurda, novela de Juan de Flores, cuyo éxito en el siglo XVI fué tan grande como es inexplicable hoy, considerando su flojo y desmazalado estilo. En su patria no tuvo más que cinco ediciones que sepamos, la última en 1533[492], pero traducida al italiano por Lelio Aletiphilo (que parece ser la misma persona que el Lelio Manfredi, traductor de la _Cárcel de Amor_ y del _Tirante_), salió remozada de las prensas de Milán en 1521 con el nuevo y flamante título de _Historia de Aurelio é Isabella_, nombres que al intérprete parecieron más elegantes y sencillos que los de Grisel y Mirabella. Sustituyó además el clásico nombre de Afranio al catalán de Torrellas, y el de Hortensia al de Brasaida. Esta versión fué reimpresa seis veces[493] y sirvió de texto á la francesa de Gil Corrozet[494] y á la inglesa de autor anónimo[495]. Utilizado el libro de _Aurelio é Isabela_ como texto para la enseñanza de idiomas, sufrió en su mismo original castellano una especie de refundición en lenguaje más moderno, adoptando el cambio de nombres introducido por el traductor italiano, y desde 1556 por lo menos hubo ediciones bilingües francoespañolas, y más adelante ediciones políglotas en español, italiano, francés é inglés[496]. Al alemán fué traducido más tardíamente, y del francés, por Christiano Pharemundo, que la imprimió en Nuremberg, en 1630[497].
Libro tan leído no podía menos de ser imitado. Y lo fué primero nada menos que por el Ariosto, que en el episodio de Ginebra complicó las reminiscencias del _Amadís_ y del _Tirante_ con algunas circunstancias derivadas de la novela de Juan de Flores, fundada, como hemos visto, en _l'aspra legge de Scozia_. El lugar de la escena, la circunstancia que sólo en Ginebra y en Mirabella, y no en las demás heroínas similares, concurre, de ser hijas de un rey de Escocia; la intervención de la camarera que revela el secreto de los amores de su ama, y hasta las reflexiones de Reinaldo contra la injusta y tiránica ley, son indicios evidentes de esta imitación, á los ojos del sagacísimo Rajna[498].
Lope de Vega, que tantos temas novelescos aprovechó en sus comedias, tomó de la de _Aurelio é Isabela_ el argumento de los dos primeros actos de _La ley ejecutada_. Antiguos comentadores ingleses de Shakespeare, entre ellos Malone, afirmaron sin fundamento alguno que Shakespeare, en _La Tempestad_, se había valido de la novela de Juan de Flores; no hay ni la más remota analogía entre ambas obras. Todavía hay quien habla vagamente de una novela española utilizada en esta ocasión por el gran dramaturgo inglés; pero esa novela, si existe, no es seguramente _Aurelio é Isabela_. En cambio, otro poeta contemporáneo de Shakespeare, Fletcher, tomó del libro de Juan de Flores una parte del argumento de su comedia _Women pleased_[499], y lo mismo hizo el francés Scudéry en su drama _Le Prince déguisé_ (1636).
Ningún dato biográfico tenemos de Juan de Flores; ninguno tampoco de Juan de Segura, á quien pertenecen dos novelitas que imprimió anónimas en Venecia Alfonso de Ulloa en 1553[500], pero que llevan el nombre de su verdadero autor en las ediciones de Toledo, 1548; Alcalá, 1553, y Estella, 1564[501]. El primero de estas ensayos es un epistolario erótico: _Processo de cartas de amores que entre dos amantes pasaron_. Dícese traducido «del estilo griego», pero ninguna relación tiene con las colecciones de epístolas amatorias de los sofistas Alcifron y Aristeneto. Tampoco procede de las _Lettere amorose_ del veneciano Alvise Pasqualigo, que no se imprimieron hasta 1569 y cuyo asunto es enteramente distinto. Creemos que Juan de Segura fué el primero entre los modernos que escribió una novela entera en cartas, generalizando el procedimiento que habían empleado ocasionalmente Eneas Silvio, Diego de San Pedro y aun otros autores más antiguos, como el poeta provenzal autor de _Frondino y Brissona_. Tiene la novela epistolar grandes ventajas para el análisis psicológico, como en el siglo XVIII lo mostró Richardson, y después de él los autores de _La Nueva Heloisa_, de _Weríher_ y de _Jacopo Ortis_, por lo cual conviene notar aquí esta tan temprana aparición del género. Por lo demás, la acción en el librito de Juan de Segura es sencillísima, reduciéndose á los contrariados amores del protagonista con una dama á quien sus hermanos encierran en un convento para impedirla contraer el matrimonio que desea. Las cartas están bien escritas, en estilo agradablemente conceptuoso, muy urbano, elegante y pulido, en el tono de la mejor sociedad del siglo XVI.