Los Sueños, Volume I

Part 9

Chapter 93,944 wordsPublic domain

Estaba riéndose de sí mismo Artefio[259], con su mágica, haciendo las tablillas para entender el lenguaje de las aves, y Checol de Áscoli[260], muy triste y pelándose las barbas, porque, tras tanto experimento disparatado, no podía hallar nuevas necedades que escribir.

Teofrasto Paracelso[261] estaba quejándose del tiempo que había gastado en la alquimia; pero contento en haber escrito medicina y mágica, que nadie la entendía, y haber llenado las imprentas de pullas a vuelta de muy agudas cosas.

Y detrás de todos estaba Hubequer[262] el pordiosero, vestido de los andrajos de cuantos escribieron mentiras y desvergüenzas, hechizos y supersticiones, hecho su libro un Ginebra de moros, gentiles y cristianos.

Allí estaba el secreto autor de la _Clavicula Salomonis_[263] y el que le imputó los sueños. ¡Oh, cómo se abrasaba burlado de vanas y necias oraciones el hereje que hizo el libro _Adversus omnia pericula mundi_!

¡Qué bien ardía el Catan[264] y las obras de Races!

Estaba Taysnerio[265] con su libro de fisonomías y manos, penando por los hombres, que había vuelto locos con sus disparates. Y reíase, sabiendo el bellaco que las fisonomías no se pueden sacar ciertas de particulares rostros de hombres que, o por miedo o por no poder, no muestran sus inclinaciones, y las reprimen, sino sólo de rostros y caras de príncipes y señores sin superior, en quien las inclinaciones no respetan nada para mostrarse.

Estaba luego un triste autor[266], con sus rostros y manos, y los brutos concertando por las caras la similitud de las costumbres.

A Escoto[267] el italiano vi allá, no por hechicero y mágico, sino por mentiroso y embustero.

Había otra gran copia, y aguardaban sin duda mucha gente, porque había grandes campos vacíos. Y nadie estaba con justicia entre todos estos autores, presos por hechiceros, si no fueron unas mujeres hermosas, porque sus caras lo fueron solas en el mundo. ¡Oh, verdaderos hechizos! Que las damas sólo son veneno de la vida, que perturbando las potencias y ofendiendo los órganos a la vista, son causa de que la voluntad quiera por bueno lo que ofendidas las especies representan. Viendo esto, dije entre mí:

--Ya me parece que vamos llegándonos al cuartel de esta gente.[268]

Dime priesa a llegar allá, y al fin asoméme a parte donde, sin favor particular del cielo, no se podía decir lo que había. A la puerta estaba la Justicia espantosa, y en la segunda entrada, el Vicio desvergonzado y soberbio, la Malicia ingrata e ignorante, la Incredulidad resoluta y ciega y la Inobediencia bestial y desbocada. Estaba la blasfemia insolente y tirana llena de sangre, ladrando por cien bocas y vertiendo veneno por todas, con los ojos armados de llamas ardientes. Grande horror me dió el umbral. Entré y vi a la puerta la gran suma de herejes antes de nacer Cristo[269]. Estaban los ofiteos[270], que se llaman así en griego de la serpiente que engañó a Eva, la cual veneraron, a causa de que supiésemos del bien y del mal. Los cainanos[271], que alabaron a Caín porque, como decían, siendo hijo del mal, prevaleció su mayor fuerza contra Abel. Los sethianos, de Seth. Estaba Dositheo[272] ardiendo como un horno, el cual creyó que se había de vivir sólo según la carne y no creía la resurrección, privándose a sí mismo (ignorante más que todas las bestias) de un bien tan grande. Pues, cuando fuera así que fuéramos solos animales como los otros, para morir consolados habíamos de fingirnos eternidad a nosotros mismos. Y así llama Lucano, en boca ajena, a los que no creen la inmortalidad del alma: _Felices errore suo_, dichosos con su error, si eso fuera así, que murieran las almas con los cuerpos.

--¡Malditos!--dije yo--: siguiérase que el animal del mundo a quien Dios dió menos discurso es el hombre, pues entiende al revés lo que más importa, esperando inmortalidad. Y seguirse hía que a la más noble criatura dió menos conocimiento y crió para mayor miseria la naturaleza, que Dios no. Pues quien sigue esa opinión no lo fíe.

Estaba luego Saddoc, autor de los Sadduceos[273]. Los fariseos estaban aguardando al Mesías, no como Dios, sino como hombre[274].

Estaban los heliognósticos[275] devictiacos, adoradores del sol; pero los más graciosos son los que veneran las ranas, que fueron plaga a Faraón, por ser azote de Dios.

Estaban los musoritos[276] haciendo ratonera al arca a puro ratón de oro.

Estaban los que adoraron la Mosca accaronita[277]: Ozías, el que quiso pedir a una mosca antes salud que a Dios, por lo cual Elías le castigó.

Estaban los troglodytas[278], los de la fortuna del cielo[279], los de Baal[280], los de Asthar[281], los del ídolo Moloch[282], y Renfan[283] de la ara de Tofet[284], los puteoritas,[285] herejes veraniscos de pozos, los de la serpiente de metal.[286]

Y entre todos sonaba la baraúnda y el llanto de las judías, que, debajo de tierra, en las cuevas, lloraban a Thamur[287] en su simulacro. Seguían los bahalitas,[288] luego la Pitonisa[289] arremangada, y detrás los de Asthar y Astharot,[290] y al fin, los que aguardaban a Herodes, y desto se llaman herodianos.[291]

Y hube a todos éstos por locos y mentecatos.

Mas llegué luego a los herejes que había después de Cristo:[292] allí vi a muchos, como Menandro[293] y Simón Mago,[294] su maestro.

Estaba Saturnino[295] inventando disparates.

Estaba el maldito Basílides[296] heresiarca.

Estaba Nicolás[297] antioqueno, Carpócrates[298] y Cerintho[299] y el infame Ebión.[300]

Vino luego Valentino[301], el que dió por principio de todo el mar y el silencio.

Menandro[302], el mozo de Samaria, decía que él era el Salvador y que había caído del cielo, y por imitarlo, decía detrás del Montano[303] frigio que él era el Parácleto. Síguenle las desdichadas Priscilla y Maximilla heresiarcas. Llamáronse sus secuaces catafriges, y llegaron a tanta locura, que decían que en ellos, y no en los apóstoles, vino el Espíritu Santo.

Estaba Nepos[304], obispo, en quien fué coroza la mitra, afirmando que los santos habían de reinar con Cristo en la tierra mil años en lascivias y regalos.

Venía luego Sabino[305], prelado hereje arriano, el que en el concilio Niceno llamó idiotas a los que no seguían a Arrio.

Después, en miserable lugar, estaban ardiendo por sentencia de Clemente, pontífice máximo que sucedió a Benedicto, los templarios, primero santos en Jerusalén y luego, de puro ricos, idólatras y deshonestos[306].

¡Y qué fué ver a Guillermo, el hipócrita de Anvers, hecho padre de putas, prefiriendo las rameras a las honestas y la fornicación a la castidad! A los pies de éste yacía Bárbara, mujer del emperador Sigismundo[307], llamando necias a las vírgenes, habiendo hartas. Ella, bárbara como su nombre, servía de emperatriz a los diablos, y, no estando harta de delitos ni aun cansada, que en esto quiso llevar ventaja a Mesalina, decía que moría el alma y el cuerpo y otras cosas bien dignas de su nombre.

Fuí pasando por éstos y llegué a una parte donde estaba uno solo arrinconado y muy sucio, con un zancajo[308] menos y un chirlo por la cara, lleno de cencerros, y ardiendo y blasfemando.

--¿Quién eres tú--le pregunté--, que entre tantos malos eres el peor?

--Yo--dijo él--soy Mahoma.

Y decíaselo el tallecillo, la cuchillada y los dijes de arriero.

--Tú eres--dije yo--el más mal hombre que ha habido en el mundo y el que más almas ha traído acá.

--Todo lo estoy pasando--dijo--, mientras los malaventurados de africanos adoran el zancarrón o zancajo que aquí me falta.

--Picarón--dije--, ¿por qué vedaste el vino a los tuyos?

Y me respondió:

--Porque si tras las borracheras que les dejé en mi Alcorán les permitiera las del vino, todos fueran borrachos.

--Y el tocino, ¿por qué se lo vedaste, perro esclavo, descendiente de Agar?

--Eso hice por no hacer agravio al vino, que lo fuera comer torreznos y beber agua, aunque yo vino y tocino gastaba. Y quise tan mal a los que creyeron en mí, que acá los quité la gloria y allá los perniles y las botas. Y, últimamente, mandé que no defendiesen mi ley por razón, porque ninguna hay ni para obedecella ni sustentalla; remitísela a las armas y metílos en ruido para toda la vida. Y el seguirme tanta gente no es en virtud de milagros, sino sólo en virtud de darles la ley a medida de sus apetitos, dándoles mujeres para mudar, y, por extraordinario, deshonestidades tan feas como las quisiesen, y con esto me seguían todos. Pero no se remató en mí todo el daño: tiende por ahí los ojos y verás qué honrada gente topas.

Volvíme a un lado y vi todos los herejes de ahora, y topé con Maniqueo[309]. ¡Oh, qué vi de calvinistas arañando a Calvino! Y entre éstos estaba el principal, Josefo Scalígero[310], por tener su punta de ateísta y ser tan blasfemo, deslenguado y vano y sin juicio.

Al cabo estaba el maldito Lutero, con su capilla y sus mujeres, hinchado como un sapo y blasfemando, y Melanchthon[311] comiéndose las manos tras sus herejías.

Estaba el renegado Beza,[312] maestro de Ginebra, leyendo, sentado en cátedra de pestilencia, y allí lloré viendo el Enrico Estéfano.[313] Preguntéle no sé qué de la lengua griega, y estaba tal la suya, que no pudo responderme sino con bramidos.[314]

Espantóme, Enrico, de que supieses nada. ¿De qué te aprovecharon tus letras y agudezas? Más le dijera si no me enterneciera la desventurada figura en que estaba el miserable penando.[315]

Estaba ahorcado de un pie Helio Eobano hesso,[316] célebre poeta, competidor de Melanchthon. ¡Oh, cómo lloré mirando su gesto torpe con heridas y golpes y afeados con llamas sus ojos![317]

Dime prisa a salir deste cercado, y pasé a una galería, donde estaba Lucifer cercado de diablas que también hay hembras como machos. No entré dentro, porque no me atreví a sufrir su aspecto disforme; sólo diré que tal galería tan bien ordenada no se ha visto en el mundo, porque toda estaba colgada de emperadores y reyes vivos como acá muertos. Allá vi toda la casa otomana,[318] los de Roma por su orden.

Vi graciosísimas figuras: hilando a Sardanápalo, glotoneando a Eliogábalo, a Sapor emparentando con el sol y las estrellas. Viriato andaba a palos tras los romanos, Atila revolvía el mundo, Belisario ciego acusaba a los atenienses.[319]

Llegó a mí el portero y me dijo:

Lucifer manda que, porque tengáis qué contar en el otro mundo, que veáis[320] su camarín.

Entré allá. Era un aposento curioso y lleno de buenas joyas. Tenía cosa de seis o siete mil cornudos y otros tantos alguaciles manidos.

--¿Aquí estáis?--dije yo--. ¿Cómo, diablos,[321] os había de hallar en el infierno, si estábades aquí?

Había pipotes de médicos y muchísimos coronistas, lindas piezas, aduladores de molde[322] y con licencia. Y en las cuatro esquinas estaban ardiendo por hachas cuatro malos pesquisidores.[323] Y todas las poyatas, que son los estantes, llenas de vírgenes rociadas, doncellas[324] penadas como tazas,[325] y dijo el demonio:

--Doncellas son, que se vinieron al infierno con las doncelleces fiambres, y por cosa rara se guardan.

Seguíanse luego demandadores[326], haciendo labor con diferentes sayos, y de las ánimas había muchos, porque piden para sí mismos y consumen ellos con vino cuanto les dan[327].

Había madres postizas[328] y trastenderas de sus sobrinas y suegras[329] de sus nueras, por mascarones alrededor.

Estaba en una peaña[330] Sebastián Gertel[331], general en lo de Alemaña contra el Emperador, tras haber sido alabardero suyo.

No acabara yo de contar lo que vi en el camino si lo hubiera de decir todo. Salíme fuera y quedé como espantado, repitiendo conmigo estas cosas. Sólo pido a quien las leyere, las lea de suerte que el crédito que les diere le sea provechoso para no experimentar ni ver estos lugares, certificando al lector que no pretendo en ello ningún escándalo ni reprensión sino de los vicios[332], pues decir de los que están en el infierno no puede tocar a los buenos. Acabé este discurso en el Fresno[333], a postrero de abril de 1608, en 28 de mi edad[334].

NOTAS:

[147] En _P_: _y que el diablo nunca dijo verdad._ Llamamos el malo al diablo.

[148] _Se nos esconden._ En _P_: _nos esconde Dios, vi, guiado del ángel de mi guarda, lo que se sigue, por particular providencia de Dios._ La corrección evita todo lo que mira a lo religioso.

[149] _Dos sendas._ El mito que traen Jenofonte (_De dictis et factis Socratis_, l. 2) y Ateneo (_Dipn._, l. 12, c. 1), y cuenta así JUAN DE PINEDA (_Agric. crist._, 7, 7): “Siendo Hércules mancebo, llegó por un camino adonde se repartía en dos, y el de la mano derecha era muy áspero y estrecho y se llamaba de la virtud, y el de la mano izquierda muy ancho y llano y andadero era el de los vicios y pecados. Como él allí llegó, reparó un poco, pensando lo que le cumpliría más, y vió venir para sí dos mujeres, la una de las cuales, adelantándose de la otra, llegó a él muy compuesta y afeitada y con melindres de ramera, y le convidó al camino de los deleites, que le prometía con poco trabajo; mas llegando poco después la otra, vestida de blanco y con muy honesto y grave semblante, le avisó que se guardase de aquella engañadora, que le prometía vivienda enemiga de bondad, por la cual se perdería. Insistió mucho que la siguiese a ella por el camino más arduo y angosto, en el cual puso Dios el trabajoso sudor antes de la virtud, porque, considerándolo atentamente, vería que lo que se da barato es cosa vil, mas lo precioso siempre vale caro, y que ni Dios ni buenos amigos se pueden ganar sin diligencias trabajosas. Con los consejos de la blanca virtud determinó Hércules de se meter por el camino de la virtud, significado por el brazo diestro de la letra de Pitágoras (_Y_), que al principio sube agro y angosto y en el fin pára en anchura llana y holgada con perpetuidad”.

[150] _De la gente_..., _de_ causal, a causa de.

[151] En _P_: _me dijo: S. Pablo le dejó para dar el primer paso a esta senda. Y miré. Caballerías_, ejercicios a caballo, y, metafóricamente, fantasías. _Jineta_, p. 30: “De muchas maneras se corre con lanza y mil reglas hay escritas desta caballería”. VALDERRAMA, _Ejerc. Fer. 5 dom. pas._: “Ni pasear las plazas haciendo caballerías, que ya no está gallardo ni para eso”. GALINDO, 655: “_Cayó de su asno_, del desengañado del error, que defendía por ignorancia crasa”. El error del ignorante es asno que lleva caballeros a muchos.

[152] _Pesia_, pese a. _Pedr. Urdem._, 3: “¿Son por ventura mostrencas | mis gallinas, pesiatal?” TIRSO, _No hay peor sordo_, 1: “Yo entonces le dije: ¡Pesia | a tal! no es el perro mío”.

[153] _Gente honrada_, de probidad, irónicamente, gente perdida, como aquí.

[154] _Tósigo_, ponzoña, o hierba de ballesteros, que es lo que propiamente τόξιχος suena en griego, de τόξον arco, por emponzoñar con ella las flechas.

[155] _Lechigada_, camada, conjunto de crías propiamente, de _lecho_. Contra los taberneros, que bautizan el vino.

[156] “Había muchas mujeres tras éstos besándoles las ropas, que en besar algunas son peores que Judas, porque aquél besó (aunque con ánimo traidor) la cara del Justo, Hijo de Dios y Dios verdadero, y ellas besan los vestidos de otros tan malos como Judas. Atribúyolo, más que a devoción (a algunas) a golosina en el besar. Otras iban cogiéndoles de las capas para reliquias, y algunas cortan tanto, que da sospecha que lo hacen más por verlos en cueros o desnudos, que por fe que tengan con sus obras. Otras se encomiendan a ellos en sus oraciones, que es como encomendarse al diablo por tercera persona. Vi alguna pedirles hijos, y sospecho que marido que consiente en que pida hijos a otro la mujer, se dispone a agradecérselo si se les diere. Esto digo por ver que, pudiendo las mujeres encomendar sus deseos y necesidades a san Pedro, a san Pablo, a san Juan, a san Agustín, a santo Domingo, a san Francisco y otros santos que sabemos que pueden con Dios, se den a éstos que hacen oficio la humildad y pretenden irse al cielo de estrado en estrado y de mesa en mesa. Al fin conocí que iban éstos arrebozados”, etc. (Edición de Pamplona, 1631).

[157] _Adrollas_, trapazas y engaños, sobre todo comprando o vendiendo al fiado. OÑA, _Postrim._, 1, 1, 8: “Tantas adrollas y trapazas inventadas en daño del bien común”. En Aragón, trola y drola; en Galicia, drola; en Germanía, droll, embuste. _Embustidor_, embustero, de _embustir_, cuyo posverbal es _embuste_.

[158] “repúblicas. No faltaron en el camino muchos eclesiásticos, muchos teólogos”. (Edic. de Pamplona, 1631).

[159] _Corrilleros_, los soldados fanfarrones, rompepoyos, que se pasan el día sentados, contando al corrillo de gente que les rodea mil hazañas embusteras.

[160] “Y nada desto les creíamos, teniéndoles por mentirosos, sólo cuando por encarecer”, etc. (Edición de Pamplona, 1631).

[161] “porque hacíanse recuas de mosquitos que les rodeaban las bocas golosas del aliento parlero, del mucho mosto que habían colado”. (Ídem).

[162] _Hojas de lata_, donde aún hoy llevan la licencia los soldados licenciados del servicio, y entonces llevaban los testimonios y fees de sus hechos de armas y merecimientos.

[163] _Coronan._ En _P_: _coronan al que legítimamente peleare._ De San Pablo: “Non coronatur nisi legitime certaverit”. (2 _Timot._, 2, 5).

[164] “Militia est vita hominis super terram”. (_Job_, 7, 1).

[165] “Atentamente y corridos de lo que les decían, como unos leones se entraron en una taberna. Y tan”. (Edición de Pamplona, 1631). El texto corregido perdió este brío y quedó sosísimo.

[166] “del cielo”. Ídem.

[167] “del cielo”. Ídem.

[168] “por el otro camino”. (Edición de Bruselas de 1660).

[169] _De mal pelo._ Hay cien frases en castellano que aluden al _bueno_ o _mal pelo_ y _pelaje_, tomadas del de los animales, que, estando _lucios_ y gordos, _les luce_ el pelo, y mal cebados, lo presentan malo.

[170] _Acá estamos todos_, frase hecha, sobre todo de negros, igualándose con los demás blancos; en el texto viene muy a cuento entre diablos negros.

[171] _Recuero_, trajinero con recuas.

[172] _Humazos_, que se daba por las narices (_humo a narices_), con lana encendida, a las mujeres que padecían de flato o mal uterino, o los muchachos, al dormido, en las narices, con papel encendido, etc. VILLALVA, _Empr._, 2, 34: “Como se queda la colmena cuando le dan humazo, desamparándola y huyendo las abejas”. FONS., _Vid. Cristo_, 3, 2, 14: “Ya le den humazos a las narices..., para el demonio eran pebetes, para Dios eran humazos”.

[173] _Chasquear los azotes_, menearlos con chasquido. F. AGUADO, _Crist._, 44: “La conciencia tiene el azote en la mano, y antes que el hombre se desmande, le chasquea y después revuelve sobre él”.

[174] “de cuellos bajos; por lo que parecíamos confesores en saber pecados, y supimos muchas cosas nosotros que no las supieron ellos”. (Edic. de Pamplona, 1631).

[175] “a don, como a la pila santa catecúmena, que por tirar”. Ídem.

[176] _Perogotero_, Pero Botero, Satanás, que así le llaman, por andar entre pez, como los boteros.

[177] _Sahumado_ decíase de lo muy bien dispuesto y a gusto, propiamente perfumado con sahumerios. En particular, “encareciendo que cobrará y hará volver y pagar algo”. (CORR., 566). _Quij._, I, 4: “De pagaros... un real sobre otro y aun sahumados”. _G. Alf._, I, 3, 3: “Nos ponían la moneda sobre la tabla, sahumada y lavada con agua de ángeles”.

[178] “Los demás cocheros, en comparación de mis mosquitos eran ranas. No se probará”, etc. (Edición de Barcelona de 1635). _Aguanoso_ lo suele decir Quevedo por aguado, el que sólo bebe agua y no vino.

[179] _Vía_, paso, abran paso o camino, mientras le azotaba, como el verdugo al que pasea por las acostumbradas. El abuso de los coches en aquel tiempo y lo que con ellos se cometía, hizo se diesen pragmáticas, y hay alusiones a ello en todos los escritores.

[180] _Frialdad_, sosera en los chistes, poca gracia, y _frío_ se dice del soso en el gracejar. J. PIN., _Agr._, 1, 8: “Ateneo dice una frialdad”. F. SILVA, _Celest._, 29: “Decidor y desenvuelto como Grajales, que no otro tan lindo como Felides, si fuera frío”.

[181] _Calofriado_, por el frío que da escalofríos o calofríos. CÉSPED. MENESES, _Historias_, c. 44: “Dejando aquel pecho de mármol con unos calofríos que si no procedieran de amor”.

[182] _De entre cuero y carne_, que hieren mucho más, como los que con bromas pesadas y murmuraciones dan que sentir. CÁCERES, _ps._ 63: “Son hombres, que traen las lenguas bien amoladas y afiladas. Cortan entre cuero y carne”.

[183] “respondieron que como se condenan otros por no tener gracia, ellos se condenan por tenerla o quererla tener”. (Edic. de Pamplona, 1631).

[184] CORR., 21: “_A mesa puesta y cama hecha._ (Entiéndese venir, sentarse y ser admitido)”. Ídem, 567: “_Sentarse a mesa puesta._ (El que no pone cuidado y nada le cuesta)”. Ídem, 54: “_Asentaisos a mesa puesta con vuestras manos lavadas y poca vergüenza_”.

[185] _Matar hachas_, apagarlas.

[186] _Tuerto_, torcido, lo contra derecho. GALINDO, _D_, 414: “_A veces con el tuerto llega el hombre a su derecho_, o _con un poco de tuerto_”.

[187] _Sufrir_, condescender, vendiéndola a otros por dinero. _Sufrir_ es tolerar, y sólo por galicismo lo emplean hoy como _padecer_; véase _Lazarillo_, mi edición.

[188] _Hacer plato_ es servir; metafóricamente, ofrecer con ostentación, ostentar. FONSECA, _Amor de Dios_, 37: “Sentóle consigo a la mesa y mandó a sus criados trujesen una espalda de carnero y haciéndole el plato”. CÁCERES, _ps._ 40: “Hace honra de la maraña que me tiene urdida. Hace plato de la traición que usa conmigo”. Ídem, _ps._ 48: “Aquellos que hacen ostentación y plato de sus muchas riquezas”.

[189] Acerca de esta clase de comediantes dice en su _Viaje entretenido_ Agustín de Rojas: “Pues sabed que hay ocho maneras de compañías y representantes, y todas diferentes: bululú, ñaque, gangarilla, cambaleo, garnacha, bojiganga, farándula y compañía. El _bululú_ es un representante solo, que camina a pie y pasa su camino y entra en el pueblo, habla al cura y dícele que sabe una comedia y alguna loa, que junte al barbero y sacristán y se la dirá, porque le den alguna cosa para pasar adelante. Júntanse éstos y él súbese sobre una arca y va diciendo: ‘Ahora sale la dama y dice esto y esto’. Y va representando y el cura pidiendo limosna en un sombrero. Y junta cuatro o cinco cuartos, algún pedazo de pan y escudilla de caldo que le da el cura, y con esto sigue su estrella y prosigue su camino hasta que halla remedio”.

[190] _En cueros_, en que tratan los zapateros.

[191] _Por los_ pies _ajenos_, que calzan.

[192] _Silo_, granero debajo de tierra. HERRERA, _Agr._, 1, 6: “El grano... de silo soterraño”.

[193] _Pecado de carne_, por engañar metiendo en los pasteles carne mala y prohibida y huesos machacados.

[194] _Jinetes_, por la carne de caballo, metida en los pasteles, y _estómagos_ a caballo sobre rocín, que también metían en ellos.

[195] _Padeced_, no dice _sufrid_, que es padecer con paciencia.

[196] _Este oficio_, de soplones, de ir con el soplo, como lo explica en lo que sigue.

[197] _Vah-ar-ada_, tufarada de _vah-o_. _Buscón_, 23: “Bébase, me dijo, esta media azumbre de vino puro, que, si no da vaharada, no parecerá valiente. Ellos y los malditos alguaciles. Por soplar, daban crueles voces. Uno de ellos decía: ‘Yo al justo vendí: ¡Que me persiguen!’ Dije yo entre mí: ‘¡Al Justo vendiste! Éste es Judas’. Y lleguéme con codicia de ver si era barbinegro o bermejo, cuando le conozco, y era un mercader”, etc. (Edición de Pamplona, 1631).

[198] Pensaron los ladronazos que no había más y quisieron con la vara de medir hacer lo que Moisés con la vara de Dios y sacar agua de las piedras.

[199] _Por sus pulgares_, con trabajo, y díjose propiamente del menearlos al hilar. CORR., 633: “_Hilado con estos pulgares, por mis pulgares._ (Encarece el cuidado de hilarlo)”.