Part 10
[200] _Pulgar-ada_ es medida del ancho del dedo pulgar, el cual se llamó así del servir para matar las pulgas: _Éste mata los cocos_, como dice la formulilla para enseñar al niño los nombres y usos de los dedos. _Siglo pitagór._, 7: “¿Piensas que es esta tela terciopelo | que crece a pulgaradas?”--Dice que _a puras pulgaradas_, a puro medir se van los mercaderes al infierno.
[201] _La oscuridad de sus tiendas_, buscada a propósito para engañar, y así muchos colgaban telas delante de ellas. _Ordenanz. Valladol._, 24: “Otrosi ordenamos y mandamos que ningun mercader de sedas y paños, lienzos y fustanes o sargas tenga en las luces de sus tiendas o votivas colgada ninguna cosa con las que pueda oscurecer ni menos delante de las puertas de las dichas tiendas, si no fuere de manera que libremente pueda entrar la claridad por todo el grandor de ellas”.
[202] _Raso_, tela, y el cielo limpio de nubes. MÁRQUEZ, _Tr. Jer._, 2, 3: “El viento deja el cielo raso”.
[203] _Talle de_ CERV., _Cuev. de Salam._: “Así tiene el talle de hablar por el colodrillo como por la boca”. _Laber. amor_, 1: “_Talle tienen_ los mozos de avisados”.
[204] Se acuerda Quevedo del comienzo del c. IV, parte 3.ª, _De Rege_, de Mariana.
[205] _Aban-illos_, pliegues, y dijéronse por su parecido al aban-illo o aban-ico, de _aban-o_, que se derivó del vannus o aventador latino. LOPE, _Entrem. Marq. Alf._, t. II, p. 276: “El abano es de su gusto”. LOPE, _Vaq. Moraña_, t. VII, p. 568: “¡Qué abanillo! Una sartén”. _Abanillos_ son lo que, a la francesa, llaman hoy feamente _plisé_, y que de ordinario se decía _aban-ino_, otro diminutivo de _aban-o_, LOPE, _Dorotea_, 2, 5: “Tengo que almidonar tres o cuatro abaninos de cadeneta”. _Cuchillada_, abertura a lo largo para adorno en los vestidos, que se viese el aforro de otro color. _Calzas_ eran los calzones; _atacadas_, cuando se ajustaban mucho y se atacaban con muchas agujetas por la cintura para que estuviesen firmes y sin arrugas.
[206] _Sin tono y sin son_, sin ton ni son, a destiempo, sin discreción ni substancia en lo que dicen. CORR., 564: “_Salir sin ton ni son._ (Cuando uno habla sin tiempo ni sazón)”. Díjose acaso del cantor que se salía del tono y sonido que le acompañaba, saliéndose de tono, y más ciertamente del bailar fuera de sazón, sin música.
[207] CORR., 553: “_Ni es carne ni pescado._ (Como el que ni ata ni desata y no es para nada)”.
[208] _Que tanto_, cuanto. VALDÉS, _Corint._: “Por estas contraseñas se conoce qué tanto tiene el hombre de esta caridad”. _Entremeses_, s. XVII, p. 55: “Sabéis que tanto lo quieren, que ha enseñado a mi amo el amo, amas, amavi”.
[209] CORR., 288: “_Dichoso el hijo, que tiene a su padre en el infierno._ (El italiano)”. Ídem, 300: “_Guay del hijo, que el padre va a Paraíso_”.
[210] Son los del _penséque_. CORR., 388: “_Penseque, asneque, burreque con sus parientes._ (Añádenlo al que se excusa diciendo ‘pensé que’)”. Del pensar por considerar y por dar pienso al asno, esto es, a sí propio. CORR., 388: “_Penseque, asneque y burreque_, todos son hermanos. (Trata de asno y burro al que pierde la cosa y se excusa con ‘pensé que’)”. _A penseque y a creíque los ahorcaron en Madrid._ L. GRAC., _Crit._, 2, 13: “Y señalaron pienso a los penseque”. Es el _Non putaram_, de Cicerón.
[211] _Corona de hueso_, cuernos.
[212] _Si pensara_, aunque pensara. En el _Quijote_ passim (_Leng. Cervantes_, 1, 265, 8).
[213] _Lleno de bote en bote_, lleno, frase conocida y con el retruécano de los botes o vasijas de la botica. L. GRAC., _Crit._, 1, 7: “No faltó quien dijo que estaba de bote en bote vacía”. Q. BENAV., 1, 270: “La triste casa del mundo | de bote en bote está llena | de los locos que”.
[214] _Ayudas_, lavativas.
[215] _De los palos_, que sirven para medicinas, sobre todo alude al que servía para las bubas, “el palo santo” o guayaco, que dice Lucas Hidalgo en su magnifica apología de estas bravas señoras (_Diálog. de apacible entretenimiento_, 3, 2). De este palo, árbol americano, trata Monardes (_Drog. Ind., f._ II), y fué introducido en España en 1508 y en Italia en 1517. Conocidas son las coplas de Cristóbal de Castillejo “en alabanza del palo de las Indias, estando en la cura dél”. De todas esas cosas que recuenta Quevedo, y de otras, se hacían medicinas y los boticarios oro y dinero.
[216] _Moleta_, muela pequeña para moler colores, medicinas, etc. PALOMINO, _Mus. Pict._, 5, 3, 5.
[217] _Aceite de matiolo._ De los raros aceites y ungüentos véase LAGUNA, _Dioscórides_, 1, c. 28 y siguientes, y es de notar entre las porquerías de la añeja medicina lo siguiente: “Tratando de los aceites, Dioscórides hace juntamente mención de tres especies de suciedades que solían en su tiempo cogerse. Era la una y la primera de todas aquélla que de los que se bañaban después de untados, nadaba sobre el agua del baño. Por la segunda entiende el sudor, que se raía de los que se ejercitaban en las palestras, el cual era envuelto con polvo y tierra, tenía necesariamente más cuerpo. La tercera suciedad era la que se cogía de las paredes y de las estatuas de la palestra”. _Matiolo_ es una crucífera, _mathiola_, o alhelí blanco.
[218] _Lamedor_, composición pectoral, de consistencia media entre electuario y jarabe, y se daba a los enfermos para que, poco a poco, la dejasen deslizar por la garganta al pecho; por tomarse lamiendo. FRAGOSO, _Cirug. Simpl._, voz _violeta_: “Sin el lamedor ordinario, se hace de las violetas un jarabe purgativo con la novena infusión de ellas y azúcar fino”. _Mosquete_ y _esmeril_ son armas de fuego antiguas.
[219] _Zurdos._ Supersticiones viejas. La del zurdo se funda en no ser derecho, sino siniestro, y las cosas siniestras o los siniestros son desgracias. La del cuervo, en ser negro, y malo y negro es todo uno en castellano y en la etimología latina. La de la lechuza, en ser ave nocturna.
[220] _Scévola_, así llamado _de scaevus_, zurdo. El cuento lo traen Plutarco (_Poplicola_, 17), Valerio Máximo (3, 3, 1), Floro (I, 10), Silio (8, 385) y Livio (2, 12). Queriendo matar a Porsena, rey de Etruria, por error, no conociéndolo, mató a uno de los cortesanos del Rey. Para castigar su mano, que así erró el golpe, la puso en el fuego, teniéndola en él hasta consumirse. De aquí tomó el nombre de _Scaevola_, esto es, zurdo, _scaevus_, σχαιός, porque desde entonces no le quedó más que la zurda.
[221] EN CORREAS, 191: “_Lanzada de moro izquierdo, que atraviese el corazón_”. (De un romance).
[222] _Tomarse puntos_ es coserse los puntos sueltos de la media, y de ahí coserse algún chirlo o herida. Tan de nuevo se hacen con los afeites, que éstos se llamaron _mudas_, por mudarse con ellas el color del rostro y manos.
[223] El _cohol_ o _alcohol_ con que se alcoholaban, como todavía las moras y los moritos, para que se les agranden los ojos, que los llevan llenos de churretes negros. De ello traté en mi edición de _La Celestina_.
[224] _Con cabellos_ ajenos, como hoy con las trenzas de muertos o de chinos, que gastan las mujeres.
“Carmina Paulus emit, Recitat sua carmina Paulus: Nam quod emas, potes dicere iure tuum”.
Que escribió un célebre humanista imitando a Marcial, el cual dice (l. I, ep. 30):
“Fama refert nostros te, Fidentine, libellos Non aliter populo, quam recitare tuos. Si mea vis dici, gratis tibi carmina mittam. Si dici tua vis, haec eme, ne mea sint”.
“Se ruge, Fidentino, que mis obrillas las lees a la gente, cual si fueran tuyas. Si quieres que pasen por mías, te las enviaré de balde. Si quieres que pasen por tuyas, cómpralas, para que dejen [de ser mías”.
[225] MATEO, 26, 24: “Bonum erat ei, si natus non fuisset homo ille”.
[226] _Sin cara_, descarados, desvergonzados.
[227] _Barbirojo_. TIRSO, _Mari Hernánd._, 1, 10: “Que acá son | los jodíos barbirojos”. Ídem, _Vergonz. en Palac._, 1, 4: “Tenéis el cabello rubio, | no hay que fiar dese pelo”. Es tradición haber sido Judas de poca barba y roja, y debe fundarse esto en que los de tal barba son tenidos por traidores y malos. CORR., 402: “_Poca barba y bermeja color, debajo de Dios no le hay peor_”. Ídem, 304: “_Barba roja y mal color, debajo del cielo no le hay peor_”. Ídem, 388: “_Pelo bermejo, mala carne y peor pellejo_”. Ídem, 54: “_Asno cojo y hombre rojo y el demuño todo es uno_”. Ídem, 123: “_En ruin ganado poco hay que escoger y en barba roja menos que creer_”. Ya antes (edic. de Pamplona, 1631, nota 191) dice el texto, hablando de Judas: “Lleguéme con codicia de ver si era barbinegro o bermejo”. En _Tac._, 13, el dómine Cabra es de _pelo bermejo_. En _Perinola_: “Eso dijo la pelijudas, una bermejuela abuchornada de rizos”. _Peliju(d)as_ llaman en Andalucía a las de pelo rojo.
[228] _Ello._ CORR., 536: “_Ello._ (Esta palabra _ello_ comienza muchas veces ociosa y se entremete baldíamente en muchas ocasiones: otras es pronombre)”. _Píc. Just._, 1, 2: “Ello, yo no sé por qué mi padre no me llamó la torda”. Ídem, 2, 1, 2, 3: “Ello, nunca faltan bellacos”.
[229] En _P_: _muy cierto lo que manda la Iglesia Romana; pero en el infierno, capón._
[230] _Que el estar_, repetido el _que_, _sospecho que... que el estar_. Era común, por la claridad, cuando se corta la frase por un inciso cualquiera.
[231] _Titio_, por haber pretendido deshonrar a Latona. Véase Virgilio (_Eneida_, 6), Ovidio (_Metam._, 4), Horacio (_Od._, 3, 4), Tíbulo (1, 3), Píndaro (_Pit._, 4), etc.
[232] _Sisón_, especie de francolín ceniciento. _Diálog. montería_, 13: “Los sisones gallardos y pintados, que vuelan con tanta gala, que parece que silban con las alas, hiriendo el viento, de donde se les debió de poner el nombre que tienen”. Además es el que sisa, como los despenseros saben hacerlo.
[233] “Tenía un bote junto a sí. No me sufrió el corazón a no decirle algo. Y así, llegándome cerca, le dije: ‘¿Cómo, traidor infame sobre todos los hombres, vendiste a tu Maestro, a tu Señor y a tu Dios por tan poco dinero?’ A lo cual respondió: ‘Pues vosotros, ¿por qué os quejáis deso? Que sobrado de bien os estuvo, pues fué el medio y arcaduz para vuestra salud. Yo soy el que me he de quejar y fuí a quien le estuvo mal, y ha habido herejes que me han tenido con veneración, porque di principio en la entrega a la medicina de vuestro mal. Y no penséis que soy yo solo el Judas; que, después que Cristo murió, hay otros peores que yo y más ingratos, pues no sólo le venden, pero le venden y compran, azotan y crucifican, y, lo que es más que todo, ingratos a vida y pasión y muerte y resurrección, le maltratan y persiguen en nombre de sus hijos. Y si yo lo hice antes que muriese, con nombre de apóstol y dispensero, este bote lo dice, que es el de la Madalena, que codicioso quería que se vendiese y se diese a pobres, y ahora es una de las mayores penas que tengo ésta, ver lo que quería para remediar pobres, vendido. Porque todo lo aplicaba a vender, y después, por salir con mi tema y vender el ungüento, vendí al Señor que le tenía, y así remedié más pobres que quisiera’. ‘Ladrón, dije yo, que no me pude reportar, pues, si viendo a la Madalena a los pies de Cristo te tocó la codicia de riqueza, cogieras las perlas de las muchas lágrimas que lloraba, hartáraste de oro con las hebras de cabellos que arrancaba de su cabeza y no cudiciaras su ungüento con alma boticaria. Pero una cosa querría saber de ti: por qué te pintan con botas’,” etc. (Edición de Pamplona, 1631).
[234] Sólo hallo en CORREAS, 192: “_Las botas de Tobías._ (Es apodo ordinario a botas viejas de camino)”.
[235] _De Calabria_, alude acaso a Calabrés, el del _Alguacil alguacilado_.
[236] _Por comprar_, sisando en las compras.
[237] _Los judíos_ fueron siempre tenidos por avariciosos, sobre todo de dinero, así siempre se dieron a mercadear. CORR., 275: _Judío para la mercadería y fraile para la hipocresía; o judío por la mercadería y fraile por la hipocresía._ Ídem, 33: _Al judío dalde un palmo y tomará cuatro._ Ídem, 275: _Judío ni puerco, no le metas en tu güerto._
[238] “lo que conviene? No por cierto”, etc. (Edic. de Barcelona, 1635).
[239] _Ensalmadores_, los que curan con ensalmos; _saludadores_, los mismos, porque dan salud. Corren todavía por ahí las _nóminas_ o _lóminas_, que llaman, y son oraciones antiguas, corrompidas, medio en latín y medio en romance, que venden todos estos embustidores contra el aojo y otras enfermedades de niños y de ganados.
[240] _Santiguaduras_ o _santiguaderas_, acción de santiguar los ensalmadores. QUEV., _Tac._, 16: “El cual se había hecho ensalmador con unas santiguaderas y oraciones que había aprendido de una vieja”. _Santiguar_ es hacer la cruz sobre enfermo o endemoniado. CASTILLO, _S. Domingo_, 1, 1, 45: “No me echéis esa maldición, padre mío, decía el hereje, sino santiguadme, como soléis, con la señal de la cruz”. _Lozana andal._, 216: “Yo sé ensalmar y encomendar y santiguar cuando alguno está aojado, que vieja me rezó, que era saludadora como yo; sé quitar ahitos, sé para las lombrices, sé encantar la terciana... Sé sanar la sordera y sé ensolver sueños, sé conocer en la frente la phisionomía y la chiromancia en la mano y prenosticar”.
[241] _Enfistolarse_ o _afistolarse_ la herida; convertirse en fístula. _Selvagia_, 3: “Pone la triaca saludable en la infistolada y encurable herida”. P. VEGA, _ps._ 3, 5, 1: “Vinieron las llagas a afistolarse”.
[242] _Badajo_, dícese metafóricamente al bobo y necio. S. HOROZCO, _Cancionero_, p. 16: “Pues bien sacado de cuajo | de ambos el ser y valor, | cada cual sin gran trabajo | podrie ser gentil badajo | de la campana mayor”. L. RUEDA, _Eufem._, 1: “Superlativo quieres decir, badajo”.
[243] _Hurtan que es bendición._ CORR., 633: “_Hurtar la bendición._ (Llegar primero que el otro al bien y provecho)”.
[244] _Los saludadores_, propiamente curanderos que dan la salud del mal de rabia. Diz que tienen una cruz en el cielo de la boca, que nacen en Viernes Santo, a las tres de la tarde, y no sé qué más. Contra dicho mal suele dar el saludador al mordido de perro rabioso pan sin sal para sanarlo. Mediante una bendición, y más comúnmente algunos esputos que arroja en una jofaina de agua, ve en el fondo la figura del perro y en su aspecto conoce si estaba o no rabioso. Chupa la ponzoña de la herida, bendice los ganados con su soplo y aliento en el nombre de Dios, con los que los preserva de enfermedad, a lo cual alude Quevedo al decir luego que andan _siempre soplando_, y en la Jácara 1: “Gran saludador de culpas, | un fuelle de Satanás”. Igualmente soplan al que tiene mal de corazón. F. AGUADO, _Cristiano_, 74: “Alude en estas palabras el Apóstol al oficio que hacen los saludadores con los que padecen mal de corazón, a los cuales, cuando los derriba el accidente en tierra, ellos, con un soplo suave, los ponen en pie”. J. PIN., _Agr._, 24, 38: “Los saludadores curan con el soplo”.
[245] _Los porquerones viven_ de soplar o ir con el soplo al alguacil. Llamaban así a los corchetes o ministros de justicia. _Comed. Florin._, 10: “Los que acompañan los alguaciles, que llaman aquí porquerones.--Alguno que tiene envidia a su oficio, les llama tal nombre”.
[246] Además de _Raimundo Lulio_ y los citados, fueron maestros de la alquimia Rosino, Alchindo, Morieno, Gilgilides, Jever, Pitágoras, Avicena, Alberto Magno, Aristóteles, el Panteo, etc, etc. Sobre todo, metió ruido el libro de Juan Francisco Pico Mirandulano, de _Auro conficiendo_. Pero nadie hizo oro, sino que gastó el suyo y el de sus amigos.
[247] “Y sobre que cada uno quería decir cuál era la cosa más vil se ardían todos”. (Edic. de Barcelona, 1635).
[248] _La piedra filosofal_ llamaban a la materia vil, de la cual soñaban poderse hacer oro puro.
[249] _Quiromántico_, adivino por las rayas y demás señales de la mano.
[250] _Monte de Saturno_, la carnosidad que hay en la base del dedo del corazón o medio o dedo de Saturno; el pulgar es el dedo de Venus y monte de Venus toda su gran base, y así, de Júpiter el índice, de Apolo el anular, de Mercurio el meñique, con sus montes correspondientes. Del monte de Saturno baja una línea hacia abajo por toda la palma de la mano, que llaman línea de Saturno o de la suerte. Sin duda, los quirománticos la tienen de irse al infierno.
[251] _Vive Dios._ Sacaba el horóscopo este astrólogo judiciario, levantando figuras para averiguar qué astro ascendía en el meridiano en el momento de nacer él mismo.
[252] “Otro corría seguido de una tarasca con uñas de a vara y rabo de macho, como vara de alcalde manchego, que le atenazaba con un asador, diciéndole: ‘Aguarda, salta-tumbas, come-estolas y arañón de altares; págame las dos hijas que me robaste en el honor en el campanario de tus hazañas, y que cansado remitistes, por hechiceras, a la hoguera del Santo Oficio’. ‘Cierto’, gritaron dos furias vestidas de sambenitos, por cuyas caperuzas salían negras llamas, y arremetieron a él. El pobre iba dando alaridos que me horrorizaron”. (Lo suprimió la censura en la primera edición, según Castellanos, tomo I, pág. 399).
[253] _Calza_, hecha de punto de media.
[254] _Pedro de Abano_, médico y astrólogo. Nació en 1250, en la aldea de Abano, cerca de Padua. El nombre latino de aquel pueblo es Aponus, y por esto se le llamaba Pedro de Apono o Aponensis y también Pedro de Padua. En Medicina poseía todos los conocimientos de su siglo; pero añadió a ellos los sueños todos y delirios de la astrología judiciaria. Acusado de mágico y hereje, fué por la Inquisición perseguido y procesado.
[255] _Henrico Cornelio Agripa_, a quien el padre Martín del Río da el nombre de archimago, Paulo Jovio el de portentoso ingenio, Luis Vives el de milagro de todas las ciencias y Gabriel Naudeo compara con Argos; nació en Colonia en 1486 y llegó a hablar ocho idiomas. Secretario del emperador Maximiliano, soldado en Italia bajo las órdenes de Antonio de Leiva, médico y jurista en Francia y España, teólogo en su patria y en Lombardía y libre y atrevido y soberbio en toda Europa, fué médico, historiador y consejero de Príncipes, amigo singular de Cardenales y Obispos, y en todas partes inconstante y malquisto. Escribió diferentes obras, y entre ellas las que más celebridad le dieron, son: _De incertitudine et vanitate scientiarum declamatio invectiva_, impresa por vez primera en 1527, donde intenta probar no haber nada ni más pernicioso ni de mayor peligro para la vida de los hombres y para la salud de sus almas que las ciencias y las artes. _De occulta philosophia libri III_, publicada en Amberes, 1531, por la cual se le acusó de mágico y arrojó a una prisión en Bruselas. Aunque sus escritos le confiesan apreciador de Lutero, y Melanchthon, jamás abrazó la religión reformada; bien que es difícil averiguar la religión de un hombre que a diestro y siniestro repartía recetas para hacer sahumerios, hechizos y talismanes. Murió en Grenoble, en un hospital, por los años de 1535.
[256] “harto de demonios, ya que en vida parece que siempre tuvo hambre dellos, muy enojado con Cardano”, etc. (Edic. de Pamplona, 1631).
_Juan Trithemio_, historiador y teólogo, tomó su apellido de Trittenheim, lugar del electorado de Tréveris, donde nació en 1462. Vistió el hábito de San Benito y por muchos años fué abad del monasterio de Spanhein, y después en Wurtzbourg, donde falleció en 1516. Escribió muchas obras históricas, utilísimas para el conocimiento de la Edad Media; otras muchas espirituales y místicas y otras de filosofía oculta, que dieron al autor fama de hechicero. Estas últimas son: primera, _Philosophia naturalis de Geomantia_, arte de adivinar por medio de líneas, puntos y figuras trazadas en la tierra; segunda, _Tratado de Alquimia_; tercera, la _Polygraphia_, en seis libros. No entiende por este nombre Trithemio una miscelánea de diferentes asuntos o distintos géneros, sino el modo de escribir una misma palabra de varias maneras, para lo cual enseña trece alfabetos nuevos, compuestos de letras tomadas de idiomas extranjeros o de caracteres arbitrarios. Esto contribuyó a perfeccionar y extender, por medio de cifras, las comunicaciones diplomáticas; cuarta, _Steganographia, hoc est, ars per occultam scripturam animi sui voluntatem absentibus aperiendi_. Las voces inauditas y caprichosas de que está lleno este libro enigmático hicieron creer que era de nigromancia. No contiene otra cosa que secretos ingeniosos de extender cartas, y jamás fué otro el intento de su autor que el de servir con ellos a Felipe, duque de Baviera. Con motivo de lo que dice Quevedo sobre la _Polygraphia_ y _Steganographia_, el erudito y juicioso Feijóo deduce que ni las vió ni tuvo bastante noticia de estos dos libros de un sabio y ejemplar religioso. El primero de ellos nunca ha ofrecido, ni podido ofrecer a nadie, reparo alguno; mas la Inquisición de España, lo mismo que el autor de _Las Zahurdas de Plutón_, condenaron sin fundamento el segundo.
[257] _Jernimo Cardan o Cardano_, médico y geómetra, nació el 1501 en Pavía. Contribuyó mucho a los adelantamientos de las Matemáticas; pero se dejó arrastrar de las extravagancias y locura de los astrólogos y nigromantes. Baste decir que afirmaba tener un demonio asistente, que le inspiraba sus escritos. Formaba horóscopos de todos los personajes de su tiempo, y, cuando los sucesos desmentían sus predicciones, atribuíalo, no a incertidumbre del arte, sino a ignorancia del artista. Murió de setenta y cinco años, y sus dos tratados _De subtilitate rerum_ y _De rerum varietate_, sobre todo, abrazan el conjunto de sus conocimientos en Física, Metafísica e Historia natural: vivo ejemplo de los errores deplorables en que suelen caer hombres de no vulgar ingenio. Sus obras se imprimieron en 10 volúmenes en folio, Ginebra, 1620.
[258] _Julio César Scaligero_, del territorio veronés, estudió en Padua la Medicina y las bellas letras. Nombrado médico del Obispo de Agen, se connaturalizó en Francia, donde murió en 1558. Tuvo disputas literarias con Erasmo y Cardano, y, como éste, su espíritu familiar. Fué mediano poeta y el mejor prosista de aquel siglo, obligando con su ejemplo y censura a que observasen los escritores las reglas de la Gramática e hiciesen su estilo más claro y elegante. Su gusto, sin embargo, era pésimo y disparatadas sus opiniones acerca del mérito de los antiguos vates. Conociendo las reglas de crítica, hablando de ellas con acierto, siempre las aplicó desatinado, privándole una severidad caprichosa de estimar y saborear las obras de los grandes maestros. Escribió contra el libro _De subtilitate_, de Cardano. Increíble parece que prefiriese Virgilio a Homero y a todo lo griego lo latino, con ser una hijuela e imitación todo el arte romano del helénico.
[259] _Artefio_ (_Artephius_), filósofo hermético, vivía hacia el año 1130, musulmán o judío. Suyos son los tratados siguientes: primero, _Clavis majoris sapientiae_; segundo, _Liber secretus_; tercero, _De characteribus planetarum, cantu et motibus avium, rerum praeteritarum et futurarum, lapideque philosophico,_ que es el que refiere Quevedo; cuarto, _De vita propaganda_, que dice el bueno de Artefio concluyó a la edad de 1025 años; quinto, _Speculum speculorum_.