Part 5
Hay amantes alacayados[106], que arden llenos de cintas; otros crinitos[107], como cometas, llenos de cabellos, y otros que en los billetes solos que llevan de sus damas ahorran veinte años de leña a la fábrica de la casa, abrasándose lardeados[108] en ellos.
Son de ver los que han querido doncellas, enamorados de doncellas, con las bocas abiertas y las manos extendidas. Déstos, unos se condenaban por tocar sin tocar pieza, hechos bufones[109] de los otros, siempre en vísperas del contento, sin tener jamás el día y con sólo el título de pretendientes[110]. Otros se condenan por el beso[111], brujuleando[112] siempre los gustos sin poderlos descubrir.
Detrás de éstos, en una mazmorra, están los adúlteros[113]: éstos son los que mejor viven y peor lo pasan, pues otros les sustentan la cabalgadura y ellos la gozan.
--Gente es ésta--dije yo--cuyos agravios y favores todos son de una manera.
--Abajo, en un apartado muy sucio[114], lleno de mondaduras de rastro, quiero decir, cuernos[115], están los que acá llamamos cornudos, gente que aun en el infierno no pierde la paciencia. Que, como la llevan hecha a prueba de la mala mujer que han tenido, ninguna cosa los espanta.
Tras ellos están los que se enamoran de viejas, con cadenas[116]. Que los diablos de hombres de tan mal gusto[117] aún no pensamos que estamos seguros. Y si no estuviesen con prisiones, Barrabás aún no tendría bien guardadas las asentaderas dellos. Y tales como somos, les parecemos blancos y rubios[118].
Lo primero que con éstos se hace es condenarles la lujuria y su herramienta a perpetua cárcel.
Mas, dejando éstos, os quiero decir que estamos muy sentidos de los potajes que hacéis de nosotros, pintándonos con garras sin ser aguiluchos; con colas, habiendo diablos rabones[119]; con cuernos, no siendo casados, y malbarbados siempre, habiendo diablos de nosotros que podemos ser ermitaños y corregidores. Remediad esto. Que poco ha que fué Jerónimo Bosco[120] allá, y, preguntándole por qué había hecho tantos guisados de nosotros en sus sueños, dijo:
--Porque no había creído nunca que había demonios de veras.
Lo otro, y lo que más sentimos, es que, hablando comúnmente, soléis decir:
--Miren el diablo del sastre, o diablo es el sastrecillo[121].
A sastres nos comparáis, que damos leña con ellos al infierno y aun nos hacemos de rogar para recibirlos. Que, si no es la póliza[122] de quinientos, nunca hacemos recibo, por no malvezarlos y que ellos no aleguen posesión: _Quoniam consuetudo est altera lex_. Y como tienen posesión en el hurtar y quebrantar las fiestas, fundan agravio si no les abrimos las puertas grandes, como si fuesen de casa.
También nos quejamos de que no hay cosa, por mala que sea, que no la deis al diablo, y, en enfadándoos algo, luego decís: “Pues el diablo te lleve”. Pues advertid que son más los que se van allá que los que traemos. Que no de todo hacemos caso. Dais al diablo un maltrapillo[123] y no le toma el diablo, porque hay algún maltrapillo que no le tomará el diablo. Dais al diablo un italiano, y no le toma el diablo, porque hay italiano que tomará al diablo. Y advertid que las más veces dais al diablo lo que él ya se tiene, digo, nos tenemos.
--¿Hay reyes en el infierno?--le pregunté yo.
Y satisfizo a mi duda, diciendo:
--Todo el infierno es figuras[124] y hay muchos de los gentiles, porque el poder, libertad y mando les hace sacar a las virtudes de su medio y llegan los vicios a su extremo, y, viéndose en la suma reverencia de sus vasallos y con la grandeza puestos a dioses, quieren valer punto menos y parecerlo, y tienen muchos caminos para condenarse y muchos que los ayudan. Porque uno se condena por la crueldad, y, matando y destruyendo, es una guadaña coronada de vicios y una peste real de sus reinos. Otros se pierden por la cudicia, haciendo almacenes de sus villas y ciudades a fuerza de grandes pechos, que, en vez de criar, desustancian[125]. Y otros se van al infierno por terceras personas y se condenan por poderes, fiándose de infames ministros. Y es dolor verlos penar, porque, como bozales en trabajo, se les dobla el dolor con cualquier cosa. Sólo tienen bueno los reyes que, como es gente honrada, nunca vienen solos, sino con punta de dos o tres privados, y a veces el encaje[126], y se traen todo el reino tras sí, pues todos se gobiernan por ellos[127]. Aunque privado y rey es más penitencia que oficio y más carga que gozo. Ni hay cosa tan atormentada como la oreja del príncipe y del privado, pues de ella nunca escapan pretendientes quejosos y aduladores, y estos tormentos los califican para el descanso. Los malos reyes se van al infierno[128] por el camino real, y los mercaderes, por el de la plata.
--¿Quién te mete ahora con los mercaderes?--dijo Calabrés.
--Manjar es que nos tiene ya empalagados a los diablos y ahítos, y aun los vomitamos. Vienen allá a millares, condenándose en castellano y en guarismo[129]. Y habéis de saber que en España los misterios de las cuentas de los extranjeros son dolorosos para los millones que vienen de las Indias[130], y que los cañones de sus plumas son de batería contra las bolsas, y no hay renta que, si la cogen en medio el Tajo de sus plumas y el Jarama de su tinta, no la ahoguen. Y, en fin, han hecho entre nosotros sospechoso este nombre de asientos[131], que, como significan otra cosa, que me corro de nombrarla, no sabemos cuándo hablan a lo negociante o cuándo a lo deshonesto. Hombre destos[132] ha ido al infierno que, viendo la leña y fuego que se gasta, ha querido hacer estanco[133] de la lumbre. Y otro quiso arrendar los tormentos, pareciéndole que ganará con ellos mucho. Éstos tenemos allá junto a los jueces que acá los permitieron.
--¿Luego algunos jueces hay allá?
--¡Pues no!--dijo el espíritu--. Los jueces son nuestros faisanes, nuestros platos regalados y la simiente que más provecho y fruto nos da a los diablos. Porque de cada juez que sembramos, cogemos seis procuradores, dos relatores, cuatro escribanos, cinco letrados y cinco mil negociantes, y esto cada día. De cada escribano cogemos veinte oficiales; de cada oficial, treinta alguaciles; de cada alguacil, diez corchetes. Y si el año es fértil de trampas, no hay trojes en el infierno donde recoger el fruto de un mal ministro.
--¿También querrás decir que no hay justicia en la tierra, rebelde a los dioses?
--Y ¡cómo que no hay justicia! Pues ¿no has sabido lo de Astrea[134], que es la justicia, cuando, huyendo de la tierra, se subió al cielo? Pues por si no lo sabes, te lo quiero contar.
Vinieron la verdad y la justicia a la tierra. La una no halló comodidad por desnuda ni la otra por rigurosa. Anduvieron mucho tiempo así, hasta que la verdad, de puro necesitada, asentó con un mudo.
La justicia, desacomodada, anduvo por la tierra rogando a todos, y, viendo que no hacían caso della y que le usurpaban su nombre para honrar tiranías, determinó volverse huyendo al cielo. Salióse de las grandes ciudades y cortes y fuése a las aldeas de villanos, donde por algunos días, escondida en su pobreza, fué hospedada de la simplicidad hasta que envió contra ella requisitorias la malicia. Huyó entonces de todo punto, y fué de casa en casa pidiendo que la recogiesen. Preguntaban todos quién era. Y ella, que no sabe mentir, decía que la justicia. Respondíanle todos:
--Justicia[135], y no por mi casa; vaya por otra.
Y así, no entraba en ninguna. Subióse al cielo y apenas dejó acá pisadas. Los hombres, que esto vieron, bautizaron con su nombre algunas varas, que arden muy bien allá, y acá sólo tienen nombre de justicia ellas y los que las traen[136]. Porque hay muchos déstos en quien la vara hurta más que el ladrón con ganzúa y llave falsa y escala. Y habéis de advertir que la codicia de los hombres ha hecho instrumento para hurtar todas sus partes, sentidos y potencias, que Dios les dió las unas para vivir y las otras para vivir bien. ¿No hurta la honra de la doncella con la voluntad el enamorado? ¿No hurta con el entendimiento el letrado, que le da malo y torcido a la ley? ¿No hurta con la memoria el representante, que nos lleva el tiempo? ¿No hurta el amor con los ojos, el discreto con la boca, el poderoso con los brazos, pues no medra quien no tiene los suyos; el valiente con las manos, el músico con los dedos, el gitano y cicatero[137] con las uñas, el médico con la muerte, el boticario con la salud, el astrólogo con el cielo? Y, al fin, cada uno hurta con una parte o con otra. Sólo el alguacil hurta con todo el cuerpo, pues acecha con los ojos, sigue con los pies, ase con las manos y atestigua con la boca, y, al fin, son tales los alguaciles, que dellos y de nosotros defienden a los hombres[138] pocas cosas.
--Espántome--dije yo--de ver que entre los ladrones no has metido a las mujeres, pues son de casa.
--No me las nombres--respondió--, que nos tienen enfadados y cansados, y, a no haber tantas allá, no era muy mala habitación el infierno, y diéramos porque enviudáramos en el infierno mucho. Que, como se urden enredos, y ellas, desde que murió Medusa la hechicera[139], no platican[140] otro, temo no haya alguna tan atrevida que quiera probar su habilidad con alguno de nosotros, por ver si sabrá dos puntos más[141]. Aunque sola una cosa tienen buena las condenadas, por la cual se puede tratar con ellas, que, como están desesperadas, no piden nada.
--¿De cuáles se condenan más: feas o hermosas?
--Feas--dijo al instante--, seis veces más, porque los pecados, para aborrecerlos, no es menester más que cometerlos, y las hermosas, que hallan tantos que las satisfagan el apetito carnal, hártanse y arrepiéntense; pero las feas, como no hallan nadie, allá se nos van en ayunas y con la misma hambre rogando a los hombres, y después que se usan ojinegras y cariaguileñas, hierve el infierno en blancas y rubias, y en viejas más que en todo, que, de envidia de las mozas, obstinadas espiran gruñendo. El otro día llevé yo una de setenta años que comía barro y hacía ejercicio para remediar las opilaciones, y se quejaba de dolor de muelas porque pensasen que las tenía. Y con tener ya amortajadas las sienes con la sábana blanca de sus canas y arada la frente, huía de los ratones y traía galas, pensando agradarnos a nosotros. Pusímosla allá por tormento al lado de un lindo déstos que se van allá con zapatos blancos y de puntillas, informados de que es tierra seca y sin lodos.
--En todo esto estoy bien--le dije--; sólo querría saber si hay en el infierno muchos pobres.
--¿Qué es pobres?--replicó.
--El hombre--dije yo--que no tiene nada de cuanto tiene el mundo.
--¡Hablara yo para mañana![142]--dijo el diablo--. Si lo que condena a los hombres es lo que tienen del mundo, y ésos no tienen nada, ¿cómo se condenan?[143] Por acá los libros nos tienen en blanco. Y no os espantéis, porque aun diablos les faltan a los pobres. Y a aunes más diablos sois unos para otros que nosotros mismos. ¿Hay diablo como un adulador, como un envidioso, como un amigo falso y como una mala compañía? Pues todos éstos le faltan al pobre, que no le adulan, ni le envidian, ni tiene amigo malo ni bueno ni le acompaña nadie. Éstos son los que verdaderamente viven bien y mueren mejor. ¿Cuál de vosotros sabe estimar el tiempo y poner precio al día, sabiendo que todo lo que pasó lo tiene la muerte en su poder y gobierna lo presente y aguarda todo lo por venir, como todos ellos?
--Cuando el diablo predica, el mundo se acaba. Pues ¿cómo, siendo tú padre de la mentira--dijo Calabrés--, dices cosas que bastan a convertir una piedra?
--¿Cómo?--respondió--. Por haceros mal y que no podáis decir que faltó quien os lo dijese. Y adviértase que en vuestros ojos veo muchas lágrimas de tristeza y pocas de arrepentimiento, y de las más se deben las gracias al pecado, que os harta o cansa, y no a la voluntad, que por malo le aborrezca.
--Mientes--dijo Calabrés--. Que muchos buenos hay hoy. Y ahora veo que en todo cuanto has dicho has mentido, y en pena saldrás hoy de este hombre.
Apremióle a que callase[144], y, si un diablo por sí es malo, mudo es peor que diablo.
Vuecelencia, con curiosa atención, mire esto y no mire a quien lo dijo[145]. Que por la boca de una sierpe de piedra sale un caño de agua[146].
NOTAS:
[81] En _C_ y _P_: _clérigo de bonete_. _De tres altos_, de tres pisos propiamente. SOLÍS, _Hist. Mej._, 3, 10: “Sería de hasta diez mil casas de segundo y tercer alto”. A. ÁLV., _Silva_, _Magd._, 2 c., § 2: “No es tela lisa, ni siempre de un peso; sino que tiene sus altos, como brocado”. El mejor brocado era el de tres altos, primero el fondo de la tela, segundo, la labor; tercero, el realce de plata, oro o seda escarchada o brisada.
[82] _De espulgo_, investigadores, de espulgar. En _P_: _medio celemín; orillo por ceñidor, y no muy apretado, puños de Corinto_. En _C_: _tres altos: orillo por ceñidor, puños_.
[83] “rosario en mano, disciplina en cinto, zapato grande y de ramplón, y oreja sorda; habla entre penitente y diciplinante, derribado el cuello al hombro, como el buen tirador que apunta al blanco, mayormente si es blanco de Méjico o de Segovia; los ojos bajos y muy clavados en el suelo, como el que cudicioso busca en él cuartos, y los pensamientos tiples, etc”. (Edición de Pamplona de 1631).
[84] “tardón en la misa y abreviador en la mesa”. (La misma y el Ms. de la Biblioteca Colombina).
[85] “gran cazador de diablos, tanto que sustentaba el cuerpo a puros espíritus”. (Ídem). Sobre estos endemoniados pueden leerse las obras de los números 602, 867 y 1057 de la Biblioteca Gallardo.
[86] “Traía en la capa remiendos sobre sano; hacía del desaliño, etc”. (Ídem).
[87] “en la sacristía”. (Edic. de Pamplona de 1631 y el Ms. Colomb).
[88] “cuanto no se puede encarecer, pues nosotros huimos de la cruz y ellos la toman por instrumento para hacer mal. ¿Quién podrá negar que demonios y alguaciles no tenemos un mismo oficio?” (Edic. de Pamplona, 1631, y el Ms. Colomb).
[89] “que somos ángeles, aunque sin gracia”. (Edic. de Pamplona y el Ms. Colomb).
[90] “Así que, por demás te cansas, padre, en poner reliquias a éste, pues no hay santo que si entra en sus manos no quede para ellas”. (Ídem).
[91] “todos somos de una orden, sino que los alguaciles son diablos calzados y nosotros diablos recoletos, que hacemos áspera vida en el infierno”. (Ídem). _Con varilla_, la de autoridad, que llevaba en la mano.
[92] “aborrezcan los alguaciles, pues aun por no verla en su nombre, llamándose propiamente aguaciles, han encajado una l en medio, llamándose _alguaciles_” (Ms. Colomb). _En-aguacil-ado_, dijo antes, por decirse también _aguacil_.
[93] _Corchetes_, los subordinados que acompañaban al alguacil y llevaban presos a los que él les mandaba, que por eso se llamaban así. _Soplones_, los que le daban el soplo y aviso de lo que pasaba; _escriban-ito_, que tomaba por escrito las notas.
[94] _Tara_, lo que se rebaja del peso en las mercancías por razón del casco o caja en que vienen encerradas.
[95] Quiere decir que son más moriscos que cristianos. Los moriscos convertidos eran harto malos cristianos comúnmente. _Merino_ fué el gobernador y juez, y también el sayón o alguacil.
[96] _Ése es tu enemigo_..., refrán. “Figulus figulum odit”.
[97] “confesor, sabía”, etc. (Edición de Pamplona). _El tribunal de la justa venganza_, pág. 125, llama la atención sobre esta especie de haber sido confesor de Quevedo el licenciado Andreini.
[98] _Ensancha_, posverbal de ensanchar, como _ensanche_. ARGENSOLA, _Maluc._, 8: “Se terraplenó y levantó con sus ensanchas”.
[99] _Cerco_, cada región, tomado del Dante. En _C_: _no hay cerro en el infierno que no hayan rodeado_.
[100] “adúlteras”. (Ms. Colomb). Critica los resobados asuntos.
[101] CORR., 631: “_Hacer tiro._ (Por hacer engaño)”.
[102] GALINDO, _C_, 1255: “_Cortarle de vestir._ Aquél de quien se murmura decimos que se le corta de vestir, como que se le toma la medida de su talle, traza y costumbre”. FONSECA, _Amor. Dios_, 1, 32: “Pónense en la iglesia mayor, sobre la losa del canónigo, cinco o seis de los que cortan de vestir sin ser sastres”.
[103] “Otro que dijo que enterraba difuntos, fué acomodado con los pasteleros. Los que vienen por locos, ponémoslos con los astrólogos”... (Ms. Colomb).
[104] _Si allá cupiera_, hubiera lugar para entretenimiento.
[105] _Por la posta_, corriendo. T. RAMÓN, _Concept._, p. 60: “Que le pongan fuego en sus cebadas, con que le hizo venir por la posta”. _Sold. Píndaro_, 1, 1: “Recobrándose en las perdidas fuerzas, no sólo mejoró por la posta, mas dentro de quince días se halló fuera de riesgo”.
[106] _Alacayados_, hechos lacayos. Corrijo así, como en _B_, el _alacayuelos_ de _C_. Las cintas son las que regalaban las damas a sus enamorados.
[107] _Crinitos_, latinismo, con cabellera.
[108] _Lardeados_, envueltos en los billetes, como la carne en lardo. _G. Alf._, 1, 3, 3: “Traía descubierta la cabeza, la barba rapada, reluciéndole el pellejo, como si se le lardearan con tocino”. _Esteban._, 6: “Seis libras de tocino de lardear”. En _C_: _Son de ver los amantes de monjas con las bocas abiertas y las manos estendidas, condenados por tocar._ Este texto aclara el que quedó confuso en la corrección definitiva. Sobre estos amoríos monjiles, hay de aquel tiempo una valiente y desenfadada composición poética en la sección de Manuscritos de la Biblioteca Nacional, que no copio por lo larga y sus puntas y collar de obscena; parece de Quevedo.
[109] _Bufones_, hazmerreír; en _B_: _buscones_; en _C_: _los otros, metiendo y sacando los dedos por las orejas, y en vísperas._
[110] _Pretendientes_. En _C_: _y con título de pretendientes de Antecristo._
[111] “Están a su lado los que han querido doncellas y se han condenado por el beso, como Judas, brujuleando siempre los gustos”. (Ms. Colomb). En _P_: _por el beso como Judas._
[112] _Brujulear_, atisbar, mirar al blanco propiamente, mirar por el agujerito de la puntería de la escopeta. TORR., _Fil. mor._, 4, 2: “Brujuleando su punto con todo tiento, apenas había disparado, cuando se vió su flecha en”.
[113] _Adúlteros_, así en _C_, y quito _aduladores_, que en la última corrección no viene a cuento, como se ve por lo que sigue.
[114] “En un sitio apartado están los curas y los frailes, polillas de los casados, martirio de los solteros y perseguidores, a trueque de indulgencias mentidas, de toda mujer de belleza en rostro o de ocultas gracias, aun cuando la rodee la toca, la guarde el velo y la defienda fuerte reja, que todo cede al poder de su corona sin ser reyes”. (Ms. antiguo que poseyó don José Muso y Valiente, citado por Castellanos, edición de 1840, pág. 387).
[115] Es curiosa la siguiente noticia: “De cuernos se dijo _cornudo_..., y de _cornudo_ han derivado los de Madrid, entre nuestras casadas, en cierta lengua que ha descubierto el Marqués del Valle, que tiene en Nueva España un muy buen valle y lugar que llaman Cuerna-Vaca, con el cual se vió un pleito con uno de los mayores cornudos que hay de aquí allá, y creo para mí que el mejor derecho que éste tenía al lugar eran sus propios cuernos, puesto que parecía disparate a quien no sabía tan bien como yo esta historia. Bastaría que el Marqués se quiso concertar con él y darle la mitad del lugar con este partido: que pues el lugar se llamaba _Cuerna-Vaca_, él tomase para sí los cuernos, y para el Marqués la vaca. Y contentárase de la partición el pobre gentilhombre, sino que su mujer jamás lo quiso consentir ni se pudo acabar con ella, diciendo que, cuernos por cuernos, Valladolid en Castilla y que por la vaca lo había ella, que no por los cuernos, teniéndolos sembrados por su casa”.--_Paradoxa._--_Trata que no solamente no es cosa mala, dañosa ni vergonzosa ser un hombre cornudo, mas que los cuernos son buenos, honrosos y provechosos._ (Biblioteca Colombina, Aa, 141, 4, folio 89). El autor siguió los ejércitos del emperador Carlos V.
[116] _Con cadenas_, en _G_: _todos atados con cadenas_.
[117] _Las asentaderas_; en _C_: _bien guardada la trasera de ellos; y tales cuales somos._ Todo esto, sodomía harto manifiesta, propia, dice, de los que se enamoran de viejas.
[118] Siendo tan feos, les parecemos guapos.
[119] _Rabones, sin rabo._ Quito el _no_, como en _C_, que trae la edición corregida y no viene bien. _Coloquio de los perros_: “Tenía un asno rabón”.
[120] Jerónimo van Alken o van Aken, llamado el Bosco o Bosch, pintor holandés, nacido en 1450, 1460 o 1462, y muerto en 1516, precursor de Goya en las aguas fuertes, y de Rops, simbolista moralizador con el más crudo realismo, verdadero misionero por medio de pinturas horribles de duendes, diablos y endriagos, y añadamos maravillosas. En España se guardan las más de ellas, en el Prado y en El Escorial.
[121] En _P_: _sastrecillo. El diablo no es sastre_.
[122] _Póliza_, orden breve y firmada, que se da por escrito, para percibir o cobrar algún dinero.
[123] _Maltrapillo_, el malvestido y golfo. FERRER, _S. Andr._: “Sucede que llega un maltrapillo y sobre cosa que no monta un maravedí mueve pendencia en el mesón”. _Esteban._, 7: “Déjela voacé venir, seo maltrapillo”. _Dar al diablo o a los diablos_ es de enfado: lléveselo el diablo. CORR., 573: “_Dar a los diablos._ (Por enfadarse; estar dado a los diablos, enfadado)”. Ídem, 278: “Dad al diablo la llave, marido, que a todas puertas abre”.
[124] _Figuras_, por personaje insigne, lumbrera, es una mamarrachada galicista, pues figura tiesa y figurón es de lo que se les trata con Quevedo. _Pragm. tiempo_: “Declaramos que sean tenidos por figuras los que a nadie quitan la gorra, y más si es de puro arrogantes”.
[125] _Desustancian_. TIRSO, _Prud. muj._, 2, 20: “Y para que a todos sobre, | desustanciad al rey menos, | que no son vasallos buenos | los que a su rey tienen pobre”.
[126] _Encaje_. Habiendo dicho _con punta de_, esto es, con el pico o añadidura de, pone aquí encaje, por _puntas y encajes_ o adornos de gorguera y vestiduras y tirando con el retruécano al _encaje_ o _ley del encaje_, que dice Cervantes, o sea la distribución de la justicia _se le encaja_ al rey en la mollera.
[127] “Dichosos vosotros, españoles, que sin merecerlo sois vasallos y gobernados por un rey tan vigilante y católico, a cuya imitación os vais al cielo, y esto si hacéis buenas obras (y no entendáis por ellas palacios suntuosos, que éstos a Dios son enfadosos, pues vemos nació en Belén, en un portal destruido); no cual otros malos reyes, que se van al infierno por el camino real”, etc. (Edición de Pamplona, 1631).
[128] “Allá tenemos un rey que hace poco llegó de acá, y si no fuera porque su mujer y un hijo que nos mandó antes, le atormentan, arañándole por asesino de sus vidas, lo pasara bien, porque en el tiempo que reinó en el mundo nos llenó el infierno de leña y de diablos ya amaestrados en el oficio. Mozo fué recomendado por él, que enciende el mayor hornillo de un soplo, y que a una vuelta de pala echa a la caldera un centenar de inquisidores. A éstos les pesa más por ser del oficio, y nosotros les damos más con que seguir allá el ejercicio que aquí tuvieron”. (Ms. de Muso y Valiente, ya citado). Cuando la censura no consintió que este párrafo corriese, hubo de recelar que alguien pudiera ver aludidos en él a Felipe II, a su mujer doña Isabel de la Paz, al príncipe don Carlos y al cardenal Espinosa.
[129] “Más almas nos ha dado Disanzon y Plasencia que Mahoma”. (Ms. Colomb). En _C_: _España los ministros de las cuentas._ En _C_ y _P_: _cuenta de los ginoveses son._
[130] _De las Indias._ Que se tardaba la flota o que se adelantaba la necesidad de las guerras, ello es que a cada paso el rey y los particulares, en farsas y en las Gradas de Sevilla, recurrían a los ginoveses, Fúcares y demás cambios, que todos eran extranjeros, los cuales les prestaban a buen interés y con mil géneros de mohatras más o menos paliadas, hasta con los famosos _cambios secos_. A ello alude Quevedo, y hablan en ello todos los tratadistas de cambios y usuras. _Tajo_ de la pluma, la punta que se tajaba.