Part 15
--Más precio haberte visto--dije yo--que a cuanto tengo. ¡Oh, estómago aventurero! ¡Oh, gaznate de rapiña! ¡Oh, panza al trote! ¡Oh, susto de los banquetes! ¡Oh, mosca de los platos! ¡Oh, sacabocados de los señores! ¡Oh, tarasca de los convites y cáncer de las ollas! ¡Oh, sabañón de las cenas! ¡Oh, sarna de los almuerzos! ¡Oh, sarpullido del mediodía! No hay otra cosa en el mundo sino cofrades, discípulos y hijos tuyos.
--Sea por amor de Dios--dijo _don Diego de Noche_--, que esto me faltaba por oir; mas, en pago de mi paciencia, os ruego que os lastiméis de mí, pues en vida siempre andaba cerniendo las carnes el invierno por las picaduras del verano, sin poder hartar estas asentaderas de gregüescos; el jubón en pelo sobre las carnes, el más tiempo en ayunas de camisa, siempre dándome por entendido de las mesas ajenas; esforzando, con pistos de cerote y ramplones[521], desmayos de calzado; animando a las medias a puras sustancias de hilo y aguja. Y llegué a estado en que, viéndome calzado de geomancía[522], porque todas las calzas eran puntos, cansado de andar restañando el ventanaje[523], me entinté la pierna y dejé correr. No se vió jamás socorrido de pañizuelos mi catarro, que, afilando el brazo por las narices, me pavonaba de romadizo. Y si acaso alcanzaba algún pañizuelo, porque no le viesen al sonarme, me rebozaba, y, haciendo el coco[524] con la capa, tapando el rostro, me sonaba a escuras. En el vestir he parecido árbol, que en el verano me he abrigado y vestido y en el invierno he andado desnudo.
No me han prestado cosa que haya vuelto: hasta espadas, que dicen que no hay ninguna sin vuelta[525], si todos me las prestasen, todas serían sin vuelta. Y con no haber dicho verdad en toda mi vida y aborrecídola, decían todos que mi persona era buena para verdad desnuda y amarga. En abriendo yo la boca, lo mejor que se podía esperar era un bostezo o un parasismo, porque todos esperaban el: _déme vuesa merced, présteme hágame merced_, y así estaban armados de respuestas. Y en despegando los labios, de tropel se oía: _No hay qué dar, Dios le provea, cierto que no tengo, yo me holgara, no hay un cuarto._
Y fuí tan desdichado, que a tres cosas siempre llegué tarde. A pedir prestado llegué siempre dos horas después, y siempre me pagaban con decir:
--Si llegara vuesamerced dos horas antes, se le prestara ese dinero.
A ver los lugares llegué dos años después, y en alabando cualquier lugar, me decían:
--Ahora no vale nada; ¡si vuesamerced lo viera dos años ha!
A conocer y alabar las mujeres hermosas llegué siempre tres años después, y me decían:
--Tres años atrás me había vuesamerced de ver, que vertía sangre por las mejillas.
Según esto, fuera harto mejor que me llamaran _don Diego Después_, que no _don Diego de Noche_. Decir que después de muerto descanso, aquí estoy y no me harto de muerte: los gusanos se mueren de hambre conmigo y yo me como a los gusanos de hambre, y los muertos andan siempre huyendo de mí, porque no les pegue el _don_ o les hurte los huesos o les pida prestado. Y los diablos se recatan de mí, porque no me meta de gorra a calentarme y ando por estos rincones introducido en telaraña. Hartos don Diegos hay allá, de quien pueden echar mano.
Déjenme con mi trabajo, que no viene muerto que luego no pregunte por _don Diego de Noche_. Y diles a todos los _dones_[526] a teja vana, caballeros chirles, hacia-hidalgos y casi-dones, que hagan bien por mí. Que estoy penando en una bigotera de fuego, porque, siendo gentilhombre mendicante, caminaba con horma y bigotera[527] a un lado y molde para el cuello y la bula en el otro. Y esto y sacar mi sombra[528] llamaba yo mudar mi casa.
Desapareció aquel caballero visión, y dió gana de comer a los muertos, cuando llegó a mí, con la mayor prisa que se ha visto, un hombre alto y flaco, menudo de facciones, de hechura de cerbatana, y, sin dejarme descansar, me dijo:
--Hermano, dejadlo todo presto, luego, que os aguardan los muertos, que no pueden venir acá, y habéis de ir al instante a oírlos y hacer lo que os mandaren sin replicar y sin dilación luego.
Enfadóme la prisa del diablo del muerto, que no vi hombre más súpito[529], y dije:
--Señor mío, esto no es cochite hervite[530].
--Sí es--dijo muy demudado--. Dígoos que yo soy _Cochitehervite_, y el que viene a mi lado (aunque yo no le había visto) es _Trochimochi_, que somos más parecidos que el freír y el llover.
Yo, que me vi entre _Cochitehervite_ y _Trochimochi_, fuí como un rayo donde me llamaban.
Estaban sentadas unas muertas a un lado, y dijo _Cochitehervite_:
--Aquí está _doña Fáfula_[531], _Mari-Zápalos_ y _Mari-Rabadilla_.
Dijo _Trochimochi_:
--Despachen, señoras, que está detenida mucha gente.
_Doña Fáfula_ dijo:
--Yo soy una mujer muy principal.
--Nosotras somos--dijeron las otras--las desdichadas que vosotros los vivos traéis en las conversaciones disfamadas.
--Por mí no se me da nada--dijo _doña Fáfula_--; pero quiero que sepan que soy mujer de un mal poeta de comedias, que escribió infinitas y que me dijo un día el papel:
--Señora[532], tanto mejor me hallara en andrajos en los muladares, que en coplas en las comedias cuanto no lo sabré encarecer.
Fuí mujer de mucho valor y tuve con mi marido el poeta mil pesadumbres sobre las comedias, autos y entremeses. Decíale yo que por qué cuando en las comedias un vasallo, arrodillado, dice al rey: _Dame esos pies_, responde siempre: _Los brazos será mejor._ Que la razón era en diciendo. _Dame esos pies_, responder: _¿Con qué andaré yo después?_ Sobre la hambre de los lacayos y el miedo, tuve grandes peloteras[533] con él. Y tuve buenos respetos: que le hice mirar al fin de las comedias por la honra de las infantas, porque las llevaba de voleo[534] y era compasión. No me pagarán esto sus padres dellas en su vida. Fuíle a la mano en los dotes de los casamientos para acabar la maraña en la tercera jornada, porque no hubiera rentas en el mundo. Y en una comedia, porque no se casasen todos, le pedí que el lacayo, queriéndole casar su señor con la criada, no quisiese casarse ni hubiese remedio, siquiera porque saliera un lacayo soltero. Donde mayores voces tuvimos, que casi me quise descasar, fué sobre los autos del Corpus. Decíale yo:
--Hombre del diablo, ¿es posible que siempre en los autos del Corpus ha de entrar el diablo? con grande brío, hablando a voces, gritos y patadas, y con un brío que parece que todo el teatro es suyo y poco para hacer su papel, como quien dice: “¡Huela[535] la casa al diablo[536]!” Por vida vuestra que hagáis un auto donde el diablo no diga esta boca es mía, y, pues tiene por qué callar, no hable y que hable quien puede[537] y tiene razón, y enójese en un auto. Que, aunque es la misma paciencia, tal vez se indignó y tomó el azote y trastornó mesas y tiendas y cátedras y hizo ruido.
Hícele que, pues podía decir Padre eterno, no dijese Padre eternal; ni Satán, sino Satanás: que aquellas palabras eran buenas cuando el diablo entra diciendo bú, bú, bú[538] y se sale como cohete. Desagravié los entremeses, que a todos les daban de palos[539], y con todos sus palos hacían los entremeses. Cuando se dolían dellos:
--Duélanse--decía yo--de las comedias, que acaban en casamientos y son peores, porque son palos y mujer.
Las comedias, que oyeron esto, por vengarse, pegaron los casamientos a los entremeses, y ellos, por escaparse y ser solteros, algunos se acaban en barbería, guitarricas y cántico.
--¿Tan malas son las mujeres--dijo _Mari-Zápalos_[540]--, señora _doña Fáfula_[541]?
_Doña Fáfula_, enfadada y con mucho toldo, dijo:
--¡Miren con qué nos viene ahora _Mari-Zápalos_!
Si vengo, no vengo, se quisieron arañar, y así se asieron, porque _Mari-Rabadilla_[542], que estaba allí, no pudo llegar a meterlas en paz, que sus hijos por comer cada uno en su escudilla, se estaban dando de puñadas.
--Mirad--decía _doña Fáfula_--que digáis en el mundo quién soy.
Decía _Mari-Zápalos_:
--Mirá que digáis cómo la he puesto.
_Mari-Rabadilla_ dijo:
--Decidles a los vivos que si mis hijos comen cada uno en su escudilla, qué mal les hacen a ellos. ¡Cuánto peores son ellos, que comen en la escudilla de los otros, como _don Diego de Noche_ y otros cofrades de su talle!
Apartéme de allí, que me hendía la cabeza, y vi venir un ruido de piullidos[543] y chillidos grandísimos y una mujer corriendo como una loca, diciendo:
--Pío, pío.
Yo entendí que era la reina Dido, que andaba tras el pío Eneas[544] por el perro muerto a la zacapela, cuando oigo decir:
--Allá va _Marta_ con sus pollos[545].
--Válate el diablo, ¿y acá estás? ¿Para quién crías esos pollos?--dije yo.
--Yo me lo sé--dijo ella--: criólos para comérmelos, pues siempre decís: “Muera _Marta_ y muera harta[546]”. Y decildes a los del mundo que quién canta bien después de hambriento y que no digan necedades, que es cosa sabida que no hay tono como el del ahíto[547]. Decildes que me dejen con mis pollos a mí y que repartan esos refranes entre otras _Martas_, que cantan después de hartas[548]. Que harto embarazada estoy yo acá con mis pollos, sin que ande inquieta en vuestro refrán[549].
¡Oh, qué voces y gritos se oían por toda aquella sima! Unos corrían a una parte y otros a otra, y todo se turbó en un instante. Yo no sabía dónde me esconder. Oíanse grandísimas voces que decían:
--Yo no te quiero, nadie te quiere.
Y todos decían esto. Cuando yo oí aquellos gritos, dije:
--Sin duda, es éste algún pobre, pues no le quiere nadie: las señas de pobre son, por lo menos.
Todos me decían:
--Hacia ti, mira que va a ti.
Y yo no sabía qué me hacer, y andaba como un loco mirando dónde huir, cuando me asió una cosa, que apenas divisaba lo que era, como sombra. Atemoricéme, púsoseme en pie el cabello, sacudióme el temor los huesos.
--¿Quién eres, o qué eres o qué quieres--le dije--, que no te veo y te siento?
--Yo soy--dijo--el alma de _Garibay_, que ando buscando quién me quiera, y todos huyen de mí, y tenéis la culpa vosotros los vivos, que habéis introducido decir que el alma de _Garibay_ no la quiso Dios ni el diablo[550]. Y en esto decís una mentira y una herejía. La herejía es decir que no la quiso Dios: que Dios todas almas quiere y por todas murió[551]. Ellas son las que no quieren a Dios. Así que Dios quiso el alma de _Garibay_ como las demás. La mentira consiste en decir que no la quiso el diablo. ¿Hay alma que no la quiera el diablo? No por cierto. Que, pues él no hace asco de la de los pasteleros, roperos, sastres ni sombrereros, no lo hará de mí. Cuando yo viví en el mundo, me quiso una mujer calva y chica, gorda y fea, melindrosa y sucia, con otra docena de faltas. Si esto no es querer el diablo, no sé qué es el diablo, pues veo, según esto, que me quiso por poderes, y esta mujer, en virtud dellos, me endiabló, y ahora ando en pena por todos estos sótanos y sepulcros. Y he tomado por arbitrio volverme al mundo y andar entre los desalmados corchetes y mohatreros, que, por tener alma, todos me reciben. Y así, todos éstos y los demás oficios deste jaez tienen el ánima de _Garibay_. Y decildes que muchos dellos, que allá dicen que el alma de _Garibay_ no la quiso Dios ni el diablo, la quieren ellos por alma y la tienen por alma, y que dejen a _Garibay_ y miren por sí.
En esto desapareció con otro tanto ruido. Iba tras ella gran chusma de traperos, mesoneros, venteros, pintores, chicarreros y joyeros, diciéndola:
--Aguarda, mi alma.
No vi cosa tan requebrada. Y espantóme que nadie la quería al entrar y casi todos la requebraban al salir.
Yo quedé confuso cuando se llegaron a mí _Perico de los Palotes_[552] y _Pateta, Juan de las calzas blancas, Pedro por demás, el Bobo de Coria, Pedro de Urdemalas_, así me dijeron que se llamaban, y dijeron:
--No queremos tratar del agravio que se nos hace a nosotros en los cuentos y en conversaciones, que no se ha de hacer todo en un día.
Yo les dije que hacían bien, porque estaba tal con la variedad de cosas que había visto, que no me acordaba de nada.
--Sólo queremos--dijo _Pateta_--que veas el retablo que tenemos de los muertos a puro refrán.
Alcé los ojos y estaban a un lado el _santo Macarro_[553] jugando al abejón, y a su lado el de _santo Leprisco_[554]. Luego, en medio, estaba _san Ciruelo_[555] y muchas mandas y promesas de señores y príncipes aguardando su día, porque entonces las harían buenas, que sería el día de _san Ciruelo_. Por encima dél estaba el _santo de Pajares_[556] y _fray Jarro_, hecho una bota, por sacristán junto a san Porro[557], que se quejaba de los carreteros. Dijo _fray Jarro_, con una vendimia por ojos, escupiendo racimos y oliendo a lagares, hechas las manos dos piezgos y la nariz espita, la habla remostada con un tonillo del carro:
--Éstos son santos que ha canonizado la picardía con poco temor de Dios.
Yo me quería ir y oigo que decía el _santo de Pajares_:
--Ah, compañero, decildes a los del siglo que muchos picarones, que allá tenéis por santos, tienen acá guardados los pajares, y lo demás que tenemos que decir se dirá otro día.
Volví las espaldas y topé cosido conmigo a _don Diego de Noche_, rascándose en una esquina, y conocíle y díjele:
--¿Es posible que aún hay que comer en vuesamerced, señor don Diego?
Y díjome:
--Por mis pecados soy refitorio y bodegón de piojos. Querría suplicaros, pues os vais y allá habrá muchos y acá no se hallan por el bienparecer, que ando muy desabrigado, que me enviéis algún mondadientes. Que, como yo lo traiga en la boca, todo me sobra, que soy amigo de traer las quijadas hechas jugador de manos, y, al fin, se masca y se chupa y hay algo entre los dientes, y, poco a poco, se roe. Y si es de lentisco, es bueno para las opilaciones.
Dióme grande risa y apartéme dél huyendo, por no lo ver aserrar con las costillas un paredón a puros concomos[558].
Dando gritos y alaridos venía un muerto, diciendo:
--A mí me toca, yo lo sabré, ello dirá, entenderémonos, ¿qué es esto?
Y otras razones tales.
--¿Quién es éste tan entremetido en todas las cosas?
Y respondióme un difunto:
--Éste es _Vargas_[559], que, como dicen: _Averígüelo Vargas_, viene averiguándolo todo.
Topó en el camino a _Villadiego_. El pobre estaba afligidísimo, hablando entre sí. Llamóle, y dijóle:
--Señor _Vargas_, pues vuesamerced lo averigua todo, hágame merced de averiguar quién fueron las de _Villadiego_, que todos las toman. Porque yo soy _Villadiego_[560], y en tantos años no lo he podido saber ni las echo menos, y querría salir, si es posible, deste encanto.
_Vargas_ le dijo:
--Tiempo hay, que ahora ando averiguando cuál fué primero, la mentira o el sastre. Porque si la mentira fué primero, ¿quién la pudo decir si no había sastres? Y si fueron primero los sastres, ¿cómo pudo haber sastres sin mentira? En averiguando esto, volveré.
Y con esto se desapareció. Venía tras él _Miguel de Vergas_, diciendo:
--Yo soy el Miguel de las negaciones, sin qué ni para qué, y siempre ando con un no a las ancas: _Eso no, Miguel de Vergas_[561]. Y nadie me concede nada, y no sé por qué ni qué he hecho.
Más dijera, según mostraba pasión, si no llegara una pobre mujer cargada de bodigos y llena de males y plañiendo.
--¿Quién eres--la dije--, mujer desdichada?
--La _manceba del Abad_--respondió ella--, que anda en los cuentos de niños partiendo el mal con el que le va a buscar, y así dicen las empuñadoras de las consejas[562]: “Y el mal para quien le fuere a buscar y para la _manceba del Abad_”. Yo no descaso a nadie; antes hago que se casen todos. ¿Qué me quieren, que no hay mal, venga por donde viniere, que no sea para mí?
Fuése y quedó a su lado un hombre triste, entre calavera y mala nueva.
--¿Quién eres--le dije--, tan aciago, que, como dicen, para martes[563] sobras?
--Yo soy--dijo _Mátalascallando_[564], y nadie sabe por qué me llaman así, y es bellaquería, que quien mata es a puro hablar, y ésos son _Mátalashablando_. Que las mujeres no quieren en un hombre sino que otorgue, supuesto que ellas piden siempre. Y si quien calla otorga, yo me he de llamar _Resucítalascallando_. Y no que andan por ahí unos mozuelos con unas lenguas de portante[565] matando a cuantos los oyen, y así hay infinitos oídos con mataduras.
--Así es verdad--dijo _Lanzarote_--, que a mí me tienen ésos consumido a puro lanzarotar con si viene o no viene de Bretaña, y son tan grandes habladores, que, viendo que mi romance dice:
Doncellas curaban dél Y dueñas de su rocino,
han dicho que de aquí se saca que en mi tiempo las dueñas eran mozos de caballos, pues curaban del rocino[566]. ¡Bueno estuviera el rocín en poder de dueñas! ¡El diablo se lo daba! Es verdad, y yo no lo puedo negar, que las dueñas, por ser mozas, aunque fuese de caballos, se entremetieron en eso, como en otras cosas; mas yo hice lo que convenía.
--Crean al señor _Lanzarote_--dijo un pobre mozo sencillo, humilde y caribobo--, que yo lo certifico[567].
--¿Quién eres tú, que pretendes crédito entre los podridos?
--Yo soy el pobre _Juan de buena alma_[568], que ni me ha aprovechado tener buen alma ni nada para que me dejen ser muerto. ¡Extraña cosa, que sirva yo en el mundo de apodo! Es _Juan de buen alma_, dicen al marido que sufre y al galán que engañan y al hombre que estafan y al señor que roban y a la mujer que embelecan. Yo estoy aquí sin meterme con nadie.
--Eso es nonada--dijo _Juan Ramos_--, que, voto a Cristo, que los diablos me hicieron tener una gata. Más me valiera comerme de ratones, que no me dejan descansar: daca la gata de _Juan Ramos_[569], toma la gata de _Juan Ramos_. Y ahora no hay doncellita ni contadorcito, que ayer no tenía que contar sino duelos y quebrantos, ni secretario, ni ministro, ni hipócrita, ni pretendiente, ni juez, ni pleiteante, ni viuda, que no se haga la gata de _Juan Ramos_. Y todo soy gatas, que parezco a febrero[570]. Y quisiera ser antes _sastre del Campillo_ que _Juan Ramos_.
Tan presto saltó el _sastre del Campillo_[571], y dijo que quién metía a _Juan Ramos_ con el sastre. Y él dijo que no mejoraba de apellido, aunque mudaba de sexo.
--Pues dijeran el gato de _Juan Ramos_, y no la gata.
Si dijeran, no dijeran, el sastre desconfió de las tijeras y fió de las uñas[572], con razón, y empezóse una brega del diablo. Viendo tal escarapela[573][574], íbame poco a poco y buscando quién me guiase, cuando, sin hablar palabra ni chistar, como dicen los niños, un muerto de buena disposición, bien vestido y de buena cara, cerró conmigo. Yo temí que era loco y cerré con él. Metiéronnos en paz. Decía el muerto:
--Déjenme a ese bellaco, deshonrabuenos[575]. Voto al cielo de la cama[576], que le he de hacer que se quede acá.
Yo estaba colérico y díjele:
--Llega y te tornaré a matar, infame, que no puedes ser hombre de bien: llega, cabrón.
¡Quién tal dijo! No le hube llamado la mala palabra, cuando otra vez se quiso abalanzar a mí y yo a él. Llegáronse otros muertos y dijeron:
--¿Qué habéis hecho? ¿Sabéis con quién habláis? ¿A _Diego Moreno_[577] llamáis cabrón? ¿No hallastes sabandijas de mejor frente?
--¿Qué, éste es _Diego Moreno_?--dije yo.
Enójeme más y alcé la voz, diciendo:
--Infame, pues ¿tú hablas? ¿Tú dices a los otros deshonrabuenos? La muerte no tiene honra, pues consiente que éste ande aquí. ¿Qué le he hecho yo?
--Entremés[578]--dijo tan presto _Diego Moreno_--. ¿Yo soy cabrón y otras bellaquerías que compusiste a él semejantes? ¿No hay otros Morenos de quien echar mano? ¿No sabías que todos los Morenos, aunque se llamen Juanes[579], en casándose se vuelven Diegos y que el color de los más maridos es moreno? ¿Qué he hecho yo que no hayan hecho otros muchos más? ¿Acabóse en mí el cuerno? ¿Levánteme yo a mayores con la cornamenta? ¿Encareciéronse por mi muerte los cabos de cuchillos y los tinteros? Pues ¿qué los ha movido a traerme por tablados? Yo fuí marido de tomo y lomo[580], porque tomaba y engordaba: sietedurmientes[581] era con los ricos y grulla con los pobres, poco malicioso. Lo que podía echar a la bolsa no lo echaba a mala parte. Mi mujer era una picaronaza y ella me disfamaba, porque dió en decir:
--Dios me le guarde[582] a mi _Diego Moreno_, que nunca me dijo malo ni bueno.
Y miente la bellaca, que yo dije malo y bueno ducientas veces. Y si está el remedio en eso, a los cabronazos que hay ahora en el mundo decildes que se anden diciendo malo y bueno, a sus mujeres, a ver si les desmocharán[583] las sienes y si podrán restañar el flujo del hueso. Lo otro: yo dicen que no dije malo ni bueno, y es tan al revés, que en viendo entrar en mi casa poetas, decía ¡malo!; y en viendo salir ginoveses[584], decía ¡bueno! Si vía con mi mujer galancetes, decía ¡malo!; si vía mercaderes, decía ¡bueno! Si topaba en mi escalera valientes, decía ¡remalo!; si encontraba obligados y tratantes, decía ¡rebueno! Pues ¿qué más bueno y malo había de decir? En mi tiempo hacía tanto ruido un marido postizo[585], que se vendía el mundo por uno y no se hallaba. Ahora se casan por suficiencia y se ponen a maridos como a sastres y escribientes. Y hay platicantes de cornudo y aprendices de maridería. Y anda el negocio de suerte, que, si volviera al mundo, con ser el propio _Diego Moreno_, a ser cornudo, me pusiera a platicante y aprendiz delante del acatamiento de los que peinan medellín[586] y barban de cabrío.
--¿Para qué son esas humildades--dije yo--si fuiste el primer hombre que endureció[587] de cabeza los matrimonios, el primero que crió desde el sombrero vidrieras de linternas, el primero que injirió los casamientos sin montera? Al mundo voy solo a escribir de día y de noche entremeses de tu vida.
--No irás esta vez--dijo.
Y asímonos a bocados, y a la grita y ruido[588] que traíamos, después de un vuelco que di en la cama, diciendo: “¡Válgate el diablo! ¿Ahora te enojas, propia condición de cornudos enojarse después de muertos?”...
Con esto me hallé en mi aposento tan cansado y tan colérico como si la pendencia hubiera sido verdad y la peregrinación no hubiera sido sueño. Con todo eso, me pareció no despreciar del todo esta visión y darle algún crédito, pareciéndome que los muertos pocas veces se burlan y que, gente sin pretensión y desengañada, más atienden[589] a enseñar que a entretener.
NOTAS:
[344] Lib. III, v. 945. _De rerum natura._ En fin, si de repente abriera la boca la naturaleza y nos reprochara diciéndonos a cualquiera de nosotros: “¿A qué tanto hacer sentimiento, o mortal, y entregarte al amargo llanto? ¿A qué te congojas y lloras por haber de morir? Porque, si agradable te fué el pasado y anterior vivir y no se fué todo en balde, lo agradable y desagradable, como cayendo en saco roto, ¿cómo no sales ya del convite de la vida bien repleto y cómo, necio, no abrazas con ánimo sosegado el seguro descanso?”
[345] _Homo natus de muliere_, etc. (Cap, 14).
[346] _Militia est vita hominis super terram_, etc. (Job, 7).
[347] “le tomé a Job aquellas palabras de la boca, con que empieza su dolor a descubrirse”: _Pereat dies in gua natus sum_, etc., cap. III:
“Perezca el primero día En que yo nací a la tierra, Y la noche en que el varón Fué concebido, perezca. “Vuélvase aquel día triste En miserables tinieblas; No le alumbre más la luz, Ni tenga Dios con él cuenta. “Tenebroso torbellino Aquella noche posea; No esté entre los días del año, Ni entre los meses la tengan. “Indigna sea de alabanza, Solitaria siempre sea; Maldíganla los que el día Maldicen con voz soberbia; “Los que para levantar A Leviatán se aparejan, Y con sus escuridades Se escurecen las estrellas. “Espere la luz hermosa, Y nunca clara luz vea, Ni el nacimiento rosado De la aurora envuelta en perlas. “Porque no cerró del vientre Que a mí me trujo las puertas, Y porque mi sepultura No fué mi cuna primera”.
“Entre estas demandas”, etc. (Ms. de la Biblioteca Nacional y la edic. de Pamplona de 1631).
[348] “traba de los sentidos”. (Edic. de Pamplona).