Los Sueños, Volume I

Part 14

Chapter 144,238 wordsPublic domain

--Hay plaga de letrados--dije yo--. No hay otra cosa sino letrados. Porque unos lo son por oficio, otros lo son por presunción, otros por estudio, y déstos pocos, y otros (éstos son los más) son letrados porque tratan con otros más ignorantes que ellos (en esta materia hablaré como apasionado), y todos se gradúan de dotores y bachilleres, licenciados y maestros, más por los mentecatos con quien tratan que por las universidades, y valiera más a España langosta perpetua que licenciados al quitar[457].

--Por ninguna cosa saldré de aquí--dijo el nigromántico--. ¿Eso pasa? Ya yo[458] los temía, y por las estrellas alcancé esa desventura, y por no ver los tiempos que han pasado embutidos de letrados me avecindé en esta redoma, y por no los ver me quedaré hecho pastel en bote.

Repliqué:

--En los tiempos pasados, que la justicia estaba más sana, tenía menos dotores, y hala[459] sucedido lo que a los enfermos, que cuantas más juntas de dotores se hacen sobre él, más peligro muestra y peor le va, sana menos y gasta más. La justicia, por lo que tiene de verdad, andaba desnuda; ahora anda empapelada como especias. Un Fuero-Juzgo con su _maguer_ y su _cuemo_[460], y _conusco_ y _faciamus_ era todas las librerías. Y aunque son voces antiguas, suenan con mayor propiedad, pues llaman sayón al alguacil y otras cosas semejantes. Ahora ha entrado una cáfila de Menoquios, Surdos y Fabros, Farinacios y Cujacios[461], consejos y decisiones y responsiones y lecciones y meditaciones. Y cada día salen autores, y cada uno con tres volúmenes: _Doctoris Putei_[462], 1. 6, vol. 1, 2, 3, 4, 5, 6 hasta 15; _Licenciati Abbatis De Usuris_; _Petri Cusqui In Codicem_; _Rupis_, _Brutiparcin, Castani_; _Montocanense De Adulterio et Parricidio_; _Cornazano_, _Rocabruno_, etc.[463] Los letrados todos tienen un cimenterio por librería, y por ostentación andan diciendo: “Tengo tantos cuerpos”. Y es cosa brava que las librerías de los letrados todas son cuerpos sin alma, quizá por imitar a sus amos.

No hay cosa en que no nos dejen tener razón; sólo lo que no dejan tener a las partes es el dinero, que le quieren ellos para sí. Y los pleitos no son sobre si lo que deben a uno se lo han de pagar a él, que eso no tiene necesidad de preguntas y respuestas; los pleitos son sobre que el dinero sea de letrados y del procurador sin justicia, y la justicia sin dinero de las partes. ¿Queréis ver qué tan[464] malos son los letrados? Que si no hubiera letrados, no hubiera porfías; y si no hubiera porfías, no hubiera pleitos; y si no hubiera pleitos, no hubiera procuradores; y si no hubiera procuradores, no hubiera enredos; y si no hubiera enredos, no hubiera delitos; y si no hubiera delitos, no hubiera alguaciles; y si no hubiera alguaciles, no hubiera cárcel; y si no hubiera cárcel, no hubiera jueces; y si no hubiera jueces, no hubiera pasión; y si no hubiera pasión, no hubiera cohecho. Mirad la retahila de infernales sabandijas que se produce de un licenciadito, lo que disimula una barbaza y lo que autoriza una gorra. Llegaréis a pedir un parecer, y os dirán:

--Negocio es de estudio. Diga vuesamerced que ya estoy al cabo. Habla la ley en propios términos.

Toman un quintal de libros, danle dos bofetadas hacia arriba y hacia abajo, y leen de priesa[465], arremedando un abejón; luego dan un gran golpe con el libro patas arriba sobre una mesa, muy esparrancado[466] de capítulos, y dicen:

--En el propio caso habla el jurisconsulto. Vuesamerced me deje los papeles, que me quiero poner bien en el hecho del negocio, y téngalo por más que bueno, y vuélvase por acá mañana en la noche. Porque estoy escribiendo sobre la tenuta[467] de Trasbarras; mas por servir a vuesamerced lo dejaré todo.

Y cuando al despediros le queréis pagar, que es para ellos la verdadera luz y entendimiento del negocio que han de resolver, dice, haciendo grandes cortesías y acompañamientos:

--¡Jesús, señor!

Y entre Jesús y señor alarga la mano, y para gastos de pareceres se emboca un doblón.

--No he de salir de aquí--dijo el nigromántico--hasta que los pleitos se determinen a garrotazos. Que en el tiempo que por falta de letrados se determinaban las causas a cuchilladas, decían que el palo era alcalde[468], y de ahí vino: Júzguelo el alcalde de palo. Y si he de salir, ha de ser sólo a dar arbitrio a los reyes del mundo; que quien quisiere estar en paz y rico, que pague los letrados a su enemigo para que lo embelequen[469] y roben y consuman. Dime, ¿hay todavía Venecia en el mundo?

--Sí la hay--dije yo--: no hay otra cosa sino Venecia y venecianos.

--¡Oh! doyla al diablo--dijo el nigromántico--por vengarme del mismo diablo, que no sé que pueda darla a nadie, sino por hacerle mal. Es república ésa que, mientras que no tuviere conciencia, durará. Porque si restituye lo ajeno, no le queda nada. ¡Linda gente! La ciudad fundada en el agua; el tesoro y la libertad, en el aire; la deshonestidad, en el fuego.

Y, al fin, es gente de quien huyó la tierra y son narices de las naciones y el albañal de las monarquías, por donde purgan las inmundicias de la paz y de la guerra. Y el turco los permite por hacer mal a los cristianos; los cristianos, por hacer mal a los turcos, y ellos, por poder hacer mal a unos y a otros, no son moros ni cristianos. Y así dijo uno dellos mismos en una ocasión de guerra, para animar a los suyos contra los cristianos:

--Ea, que antes fuisteis venecianos que cristianos.

--Dejemos eso, y dime: ¿hay muchos golosos de valimientos de los hombres del mundo?

--Enfermedad es--dije yo--ésa de que todos los reinos son hospitales.

Y él replicó:

--Antes casas de orates entendí yo; mas según la relación que me haces, no me he de mover de aquí. Mas quiero que tú les digas a esas bestias que en albarda tienen la vanidad y ambición, que los reyes y príncipes son azogue en todo. Lo primero, el azogue, si le quieren apretar, se va: así sucede a los que quieren tomarse con los reyes más mano de lo que es razón. El azogue no tiene quietud: así son los ánimos por la continua mareta de negocios. Los que tratan y andan con el azogue, todos andan temblando: así han de hacer los que tratan con los reyes, temblar delante dellos de respeto y temor, porque, si no, es fuerza que tiemblen después hasta que caigan. ¿Quién reina ahora en España, que es la postrera curiosidad que he de saber, que me quiero volver a jigote, que me hallo mejor?

--Murió Filipo III--dije yo.

--Fué santo Rey y de virtud incomparable--dijo el nigromántico--, según leí yo en las estrellas pronosticado.

--Reina Filipo IV días ha--dije yo[470].

--¿Eso pasa?--dijo--. ¿Que ya ha dado el tercero cuarto para la hora que yo esperaba?

Y diciendo y haciendo subió por la redoma y la trastornó y salió fuera. Iba diciendo y corriendo:

--Más justicia se ha de hacer ahora por un cuarto que en otros tiempos por doce millones[471].

Yo quise partir tras él, cuando me asió del brazo un muerto, y dijo:

--Déjale ir. Que nos tenía con cuidado a todos. Y cuando vayas al otro mundo, di que _Agrages_ estuvo contigo, y que se queja que le levantéis: _Agora lo veredes._ Yo soy _Agrages_. Mira bien que no he dicho tal. Que a mí no se me da nada que ahora ni nunca lo veáis. Y siempre andáis diciendo: _Ahora lo veredes, dijo Agrages._ Sólo ahora, que a ti y al de la redoma os oí decir que reinaba Filipo IV, digo que ahora lo veredes. Y pues soy _Agrages_, ahora lo veredes, dijo _Agrages_[472].

Fuése, y púsoseme delante, enfrente de mí, un hombrecillo, que parecía remate de cuchar[473], con pelo de limpiadera, erizado, bermejizo y pecoso.

--Dígote sastre[474]--dije yo.

Y él tan presto dijo:

--Oir, que no pica[475]. Pues no soy sino solicitador. Y no pongáis nombres a nadie. Yo me llamo _Arbalias_, y os lo he querido decir para que no andéis allá en la vida: “Es un _Arbalias_”, a unos y a otros, sin saber a quién[476] lo decís[477].

Muy enojado, a mí se llegó un hombre viejo, muy ponderado de testuz, de los que traen canas por vanidad, un gran haz de barbas, ojos a la sombra muy metidos[478], frentaza llena de surcos, ceño descontento y vestido que, juntando lo extraordinario con el desaliño, hacía misteriosa la pobreza.

--Más despacio te he menester que _Arbalias_--me dijo--. Siéntate.

Sentóse y sentéme. Y como si le dispararan de un arcabuz, en figura de trasgo se apareció entre los dos otro hombrecillo, que parecía astilla e _Arbalias_, y no hacía sino chillar y bullir. Díjole el viejo, con una voz muy honrada[479]:

--Idos a enfadar a otra parte, que luego vendréis.

--Yo también he de hablar--decía, y no paraba.

--¿Quién es éste?--pregunté.

Dijo el viejo:

--¿No has caído en quién puede ser? Éste es _Chisgaravís_[480].

--Docientos mil déstos andan por Madrid--dije yo--, y no hay otra cosa sino Chisgaravises.

Replicó el viejo:

--Éste anda aquí cansando los muertos y a los diablos; pero déjate deso y vamos a lo que importa. Yo soy _Pedro_, y no _Pero Grullo_, que quitándome una _d_ en el nombre, me hacéis el santo, fruta[481].

Es, ¡Dios!, verdad que, cuando dijo _Pero Grullo_, me pareció que le vía[482] las alas[483].

--Huélgome de conocerte--repliqué--. ¿Qué, tú eres el de las profecías, que dicen de _Pero Grullo_[484]?

--A eso vengo--dijo el profeta estantigua[485]--; deso debemos de tratar. Vosotros decís que mis profecías son disparates, y hacéis mucha burla dellas. Estemos a cuentas. Las profecías de _Pero Grullo_, que soy yo, dicen así:

Muchas cosas nos dejaron[486] Las antiguas profecías:

Dijeron que en nuestros días Será lo que Dios quisiere.

Pues, bribones, adormecidos en maldad, infames, si esta profecía se cumpliera, ¿había más que desear? Si fuera lo que Dios quisiere, fuera siempre lo justo, lo bueno, lo santo; no fuera lo que quiere el diablo, el dinero y la cudicia. Pues hoy lo menos es que Dios quiere y lo más lo que queremos nosotros contra su ley. Y ahora el dinero es todos los quereres, porque él es querido y el que quiere, y no se hace sino lo que él quiere, y el dinero es el Narciso, que se quiere a sí mismo y no tiene amor sino a sí[487]. Prosigo:

Si lloviere hará lodos, Y será cosa de ver Que nadie podrá correr Sin echar atrás los codos.

Hacedme merced de correr los codos adelante y negadme que esto no es verdad. Diréis que de puro verdad es necedad: ¡buen achaquito, hermanos vivos! La verdad, ansí, decís que amarga; poca verdad decís que es mentira, muchas verdades, que es necedad. ¿De qué manera ha de ser la verdad para que os agrade? Y sois tan necios, que no habéis echado de ver que no es tan profecía de _Pero Grullo_ como decís, pues hay quien corra echando los codos adelante, que son los médicos, cuando vuelven la mano atrás a recibir el dinero de la visita al despedirse, que toman el dinero corriendo y corren como una mona al que se lo da porque le maten.

El que tuviere tendrá, Será el casado marido, Y el perdido más perdido, Quien menos guarda y más da.

Ya estás diciendo entre ti: “¿Qué perogrullada es ésta?” _El que tuviere, tendrá_--replicó luego--. Pues así es. Que no tiene el que gana mucho ni el que hereda mucho ni el que recibe mucho; sólo tiene el que tiene y no gasta. Y quien tiene poco, tiene, y si tiene dos pocos, tiene algo, y si tiene dos algos, más es, y si tiene dos mases, tiene mucho, y si tiene dos muchos, es rico. Que el dinero (y llevaos esta doctrina de _Pero Grullo_) es como las mujeres, amigo de andar y que le manoseen y le obedezcan, enemigo de que le guarden, que se anda tras los que no le merecen y, al cabo, deja a todos con dolor de sus almas, amigo de andar de casa en casa. Y para ver cuán ruin es el dinero, que no parece sino que ha sido cotorrera[488], habéis de ver a cuán ruin gente le da el Señor, y en esto conoceréis lo que son los bienes deste mundo, en los dueños dellos. Echad los ojos por esos mercaderes, si no es que estén ya allá, pues roban los ojos. Mirad esos joyeros, que, a persuasión de la locura, venden enredos resplandecientes y embustes de colores, donde se anegan los dotes de los recién casados. ¡Pues qué, si vais a la platería! No volveréis enteros. Allí cuesta la honra, y hay quien hace creer a un malaventurado se ciña su patrimonio al dedo[489], y, no sintiendo los artejos el peso, está ahullando en su casa. No trato de los pasteleros y sastres, ni de los roperos, que son sastres a Dios y a la ventura[490] y ladrones a diablos y desgracia. Tras éstos se anda el dinero. Y ¿no tendrá asco cualquier bien aliñado de costumbres y pulido de conciencia de comunicarle ningún deseo? Dejemos esto y vamos a la segunda profecía, que dice: _Será_ _el casado marido_. Vive el cielo de la cama (dijo muy colérico, porque hice no sé qué gesto oyendo la grullada), que si no os oís con mesura y si os rezumáis de carcajadas[491], que os pele las barbas. Oíd noramala, que a oir habéis venido y a aprender. ¿Pensáis que todos los casados son maridos? Pues mentís, que hay muchos casados solteros y muchos solteros maridos. Y hay hombre que se casa para morir doncel y doncella que se casa para morir virgen de su marido. Y habéisme engañado y sois maldito hombre, y aquí han venido mil muertos diciendo que los habéis muerto a puras bellaquerías. Y certifícoos que si no mirara..., que os arrancara las narices y los ojos, bellaconazo, enemigo de todas las cosas. Reíos también de esta profecía:

Las mujeres parirán Si se empreñan y parieren, Y los hijos que nacieren De cuyos fueren serán.

¿Veis que parece bobada de Pero Grullo? Pues yo os prometo que si se averiguara esto de los padres, había de haber una confusión de daca mi mayorazgo y toma tu herencia. Hay en esto de las barrigas mucho que decir, y, como los hijos es una cosa que se hace a escuras y sin luz, no hay quien averigüe quién fué concebido a escote ni quién a medias, y es menester creer el parto, y todos heredamos por el dicho del nacer[492], sin más acá ni más allá. Esto se entiende de las mujeres, que meten oficiales; que mi profecía no habla con la gente honrada, si algún maldito como vos no lo tuerce. ¿Cuántos pensáis que el día del juicio conocerán por padre a su paje, a su escudero, a su esclavo y a su vecino? Y ¿cuántos padres se hallarán sin descendencia? Allá lo veréis.

--Esta profecía y las demás--dije yo--, no las consideramos allá desta manera, y te prometo que tienen más veras de las que parecen, y que, oídas en tu boca, son de otra suerte. Y confieso que te hacen agravio.

--Pues oye--dijo--otra:

Volaráse con las plumas, Andaráse con los pies, Serán seis dos veces tres.

_Volaráse con las plumas._ Pensáis que lo digo por los pájaros, y os engañáis, que eso fuera necedad. Dígalo por los escribanos y ginoveses, que éstos nos vuelan con las plumas el dinero[493] de delante. Y porque vean en el otro mundo que profeticé de los tiempos de ahora y que hay _Pero Grullo_ para los que vivís, llévate este mendrugo de profecías, que a fe que hay que hacer en entenderlo. Fuése y dejóme un papel en que estaban escritos estos ringlones[494] por esta orden:

Nació viernes de Pasión Para que zahorí[495] fuera, Porque en su día muriera El bueno y el mal ladrón. Habrá mil revoluciones Entre linajes honrados, Restituirá los hurtados, Castigará los ladrones. Y si quisiere primero Las pérdidas remediar, Lo hará sólo con echar La soga tras el caldero[496]. Y en estos tiempos que ensarto Veréis (maravilla extraña)

Que se desempeña España Solamente con un Cuarto[497]. Mis profecías mayores Verán cumplida la ley Cuando fuere Cuarto el rey Y cuartos[498] los malhechores.

Leí con admiración las cinco profecías de _Pero Grullo_, y estaba meditando en ellas, cuando por detrás me llamaron. Volvíme y era un muerto muy lacio y afligido, muy blanco[499] y vestido de blanco, y dijo:

--Duélete de mí, y, si eres buen cristiano, sácame de poder de los cuentos de los habladores y de los ignorantes, que no me dejan descansar, y méteme donde quisieres.

Hincóse de rodillas, y, despedazándose a bofetadas, lloraba como niño.

--¿Quién eres--dije--, que a tanta desventura estás condenado?

--Yo soy--dijo--un hombre muy viejo, a quien levantan mil testimonios y achacan mil mentiras. Yo soy el _Otro_, y me conocerás, pues no hay cosa que no la diga el _Otro_. Y luego, en no sabiendo cómo dar razón de sí, dicen: “Como dijo el _Otro_”.[500] Yo no he dicho nada ni despego la boca. En latín me llaman _Quidam_, y por esos libros me hallarás abultando ringlones y llenando cláusulas. Y quiero, por amor de Dios, que vayas al otro mundo y digas cómo has visto al _Otro_ en blanco y que no tiene nada escrito y que no dice nada ni lo ha de decir ni lo ha dicho, y que desmiente desde aquí a cuantos le citan y achacan lo que no saben, pues soy autor de los idiotas y el texto de los ignorantes. Y has de advertir que en los chismes me llaman _Cierta persona_; en los enredos, _No sé quién_; en las cátedras, _Cierto autor_, y todo lo soy el desdichado _Otro_. Haz esto y sácame de tanta desaventura y miseria.

--Aún aquí estáis, ¿y no queréis dejar hablar a nadie?--dijo un muerto hablando, armado de punta en blanco, muy colérico; y asiéndome de un brazo, dijo:

--Oíd acá, y pues habéis venido por estafeta de los muertos a los vivos, cuando vais[501] allá decidles que me tienen muy enfadado todos juntos.

--¿Quién eres?--le pregunté.

--Soy--dijo--_Calaínos_.

--¿_Calaínos_ eres?--dije--. No sé cómo no estás desainado, porque eternamente dicen: “Cabalgaba _Calaínos_[502]”.

--¿Saben ellos mis cuentos? Mis cuentos fueron muy buenos y muy verdaderos. Y no se metan en cuentos conmigo.

--Mucha razón tiene el señor _Calaínos_--dijo otro que se allegó--. Y él y yo estamos muy agraviados. Yo soy _Cantimpalos_. Y no hacen sino decir: “El ánsar de _Cantimpalos_[503], que salía al lobo al camino”. Y es menester que les digáis que me han hecho de asno ánsar, y que era asno el que yo tenía, y no ánsar, y los ánsares no tienen que ver con los lobos, y que me restituyan a mi asno en el refrán y que me le restituyan luego y tomen su ánsar: justicia con costas, y para ello, etc.

Con su báculo venía una vieja o espantajo, diciendo:

--¿Quién está allá a las sepulturas?

Con una cara hecha de un orejón[504], los ojos en dos cuévanos de vendimiar, la frente con tantas rayas y de tal color y hechura que parecía planta de pie; la nariz, en conversación con la barbilla, que casi juntándose hacían garra, y una cara de la impresión del grifo; la boca, a la sombra de la nariz, de hechura de lamprea[505], sin diente ni muela, con sus pliegues de bolsa a lo jimio, y apuntándole ya el bozo de las calaveras en un mostacho erizado; la cabeza, con temblor de sonajas y la habla danzante; unas tocas muy largas sobre el monjil negro; esmaltada de mortaja la tumba, con un rosario muy grande colgando, y ella corva, que parecía, con las muertecillas que colgaban dél, que venía pescando calaverillas chicas. Yo, que vi semejante abreviación del otro mundo, dije a grandes voces, pensando que sería sorda:

--¡Ah, señora! ¡Ah, madre! ¡Ah, tía! ¿Quién sois? ¿Queréis algo?

Ella, entonces, levantando el _ab initio et ante saecula_[506] de la cara, y parándose, dijo:

--No soy sorda, ni madre ni tía; nombre tengo y trabajos, y vuestras sinrazones me tienen acabada.

¡Quién creyera que en el otro mundo hubiera presunción de mocedad, y en una cecina[507] como ésta! Llegóse más cerca, y tenía los ojos haciendo aguas, y en el pico de la nariz columpiándose una moquita, por donde echaba un tufo de cimenterio. Díjela que perdonase y pregúntele su nombre. Díjome:

--Yo soy _Dueña Quintañona_.[508]

--Qué, ¿dueñas hay entre los muertos?--dije maravillado--. Bien hacen de pedir cada día a Dios misericordia más que _requiescant in pace_, descansen en paz; porque si hay dueñas, meterán en ruido a todos. Yo creí que las mujeres se morían cuando se volvían dueñas, y que las dueñas no tenían de morir, y que el mundo está condenado a dueña perdurable, que nunca se acaba; mas ahora que te veo acá, me desengaño y me he holgado de verte. Porque por allá luego decimos: “Miren la _Dueña Quintañona_, daca la _Dueña Quintañona_”.

--Dios os lo pague y el diablo os lleve--dijo--, que tanta memoria tenéis de mí y sin habello yo de menester. Decid: ¿no hay allá dueñas de mayor número que yo? Yo soy _Quintañona_; ¿no hay deciochenas y setentonas? Pues ¿por qué no dais tras dellas y me dejáis a mí, que ha más de ochocientos años que vine a fundar dueñas al infierno, y hasta ahora no se han atrevido los diablos a recibirlas, diciendo que andamos ahorrando penas a los condenados y guardando cabos de tizones como de velas, y que no habrá cosa cierta en el infierno? Y estoy rogando con mi persona al purgatorio y todas las almas dicen en viéndome: “¿Dueña?, no por mi casa”. Con el cielo no quiero nada, que las dueñas, en no habiendo a quién atormentar y un poco de chisme[509], perecemos. Los muertos también se quejan de que no los dejo ser muertos como lo habían de ser, y todos me han dejado en mi albedrío si quiero ser dueña en el mundo; mas quiero estarme aquí, por servir de fantasma en mi estado toda la vida y sentada a la orilla de una tarima guardando doncellas, que son más de trabajo que de guardar. Pues, en viniendo una visita, ¿aquel _llamen a la dueña?_[510] Y a la pobre dueña todo el día le están dando su recaudo todos. En faltando un cabo de vela, _llamen a Álvarez, la dueña le tiene_. Si falta un retacillo de algo, _la dueña estaba allí_. Que nos tienen por cigüeñas, tortugas y erizos de las casas, que nos comemos las sabandijas. Si algún chisme hay, _¡alto!, a la dueña_. Y somos la gente más bien aposentada en el mundo, porque en el invierno nos ponen en los sótanos y los veranos en los zaquizamíes[511]. Y lo mejor es que nadie nos puede ver: las criadas, porque dicen que las guardamos; los señores, porque los gastamos; los criados, porque nos guardamos; los de fuera, por el _coram vobis_[512] de responso, y tienen razón, porque ver una de nosotras encaramada sobre unos chapines, muy alta y muy derecha, parecemos túmulo vivo. Pues ¡cuando en una visita de señoras hay conjunción de dueñas! Allí se engendran las angustias y sollozos, de allí proceden las calamidades y plagas, los enredos y embustes, marañas y parlerías, porque las dueñas influyen[513] acelgas y lantejas y pronostican candiles y veladores y tijeras de despabilar. Pues ¡qué cosa es levantarse ocho viejas como ocho cabos de años[514] o ocho sin cabo, ensabanadas, y despedirse con unas bocas de tejadillo[515], con unas hablas sin hueso, dando tabletadas con las encías y poniéndose cada una a las espaldas de su ama a entristecerlas, las asentaderas bajas, trompicando y dando de ojos, adonde en una silla, entre andas y ataúd, la llevan los pícaros arrastrando! Antes quiero estarme entre muertos y vivos pereciendo que volver a ser dueña. Pues hubo caminante que, preguntando dónde había de parar una noche de invierno, yendo a Valladolid, y diciéndole que en un lugar que se llama Dueñas, dijo que si había adónde parar antes o después. Dijéronle que no, y él a esto, dijo:

--Más quiero parar en la horca que en Dueñas[516].

Y se quedó fuera, en la picota. Sólo os pido, así os libre Dios de dueñas (y no es pequeña bendición, que para decir que destruirán a uno dicen que le pondrán cual digan dueñas[517], ¡mirad lo que es decir dueñas!); ruégote[518] encarecidamente que hagas que metan otra dueña en el refrán y me dejen descansar a mí, que estoy muy vieja para andar en refranes y querría andar en zancos, porque no deja de cansar a una persona andar de boca en boca.

Muy angosto, muy a teja vana, las carnes de venado, en un cendal, con unas mangas por gregüescos y una esclavina por capa y un soportal por sombrero, amarrado a una espada, se llegó a mí un rebozado y llamóme en la seña de los sombrereros.

--Ce, ce--me dijo.

Yo le respondí luego. Llegúeme a él y entendí que era algún muerto envergonzante[519]. Pregúntele quién era.

--Yo soy el malcosido y peor sustentado _don Diego de Noche_[520].