A Spanish Anthology A Collection of Lyrics from the Thirteenth Century Down to the Present Time

Part 19

Chapter 193,182 wordsPublic domain

Envuelve al mundo extenso triste noche, Ronco huracán y borrascosas nubes 5 Confunden y tinieblas impalpables El cielo, el mar, la tierra; Y tú invisible te alzas, en tu frente Ostentando de fuego una corona, Cual rey del caos, que refleja y arde 10 Con luz de paz y vida. En vano ronco el mar alza sus montes, Y revienta á tus pies, do rebramante, Creciendo en blanca espuma, esconde y borra El abrigo del puerto: 15 Tú con lengua de fuego _aquí está_ dices, Sin voz hablando al tímido piloto, Que como á numen bienhechor te adora, Y en ti los ojos clava. Tiende apacible noche el manto rico, 20 Que céfiro amoroso desenrolla, Con recamos de estrellas y luceros, Por él rueda la luna; Y entonces tú, de niebla vaporosa Vestido, dejas ver en formas vagas 25 Tu cuerpo colosal, y tu diadema Arde á par de los astros. Duerme tranquilo el mar, pérfido esconde Rocas aleves, áridos escollos Falso señuelo son, lejanas lumbres 30 Engañan á las naves; Mas tú, cuyo esplendor todo lo ofusca, {p. 267} Tú, cuya inmoble posición indica El trono de un monarca, eres su norte, Les adviertes su engaño. Así de la razón arde la antorcha, 5 En medio del furor de las pasiones, Ó de aleves halagos de Fortuna, A los ojos del alma. Desque refugio de la airada suerte En esta escasa tierra que presides, 10 Y grato albergue el cielo bondadoso Me concedió propicio, Ni una vez sola á mis pesares busco Dulce olvido del sueño entre los brazos, Sin saludarte, y sin tornar los ojos 15 A tu espléndida frente. ¡Cuántos, ay, desde el seno de los mares Al par los tornarán!... Tras larga ausencia Unos, que vuelven á su patria amada, A sus hijos y esposa: 20 Otros, prófugos, pobres, perseguidos, Que asilo buscan, cual busqué, lejano, Y á quienes, que lo hallaron, tu luz dice, Hospitalaria estrella. Arde, y sirve de norte á los bajeles, 25 Que de mi patria, aunque de tarde en tarde, Me traen nuevas amargas, y renglones Con lágrimas escritos. Cuando la vez primera deslumbraste Mis afligidos ojos, ¡cuál mi pecho, 30 Destrozado y hundido en amargura, Palpitó venturoso! Del Lacio moribundo las riberas Huyendo inhospitables, contrastado Del viento y mar, entre ásperos bajíos, {p. 268} Ví tu lumbre divina: Viéronla como yo los marineros, Y olvidando los votos y plegarias Que en las sordas tinieblas se perdían, 5 _¡Malta! ¡Malta!_ gritaron; Y fuiste á nuestros ojos la aureola Que orna la frente de la santa imagen, En quien busca afanoso peregrino La salud y el consuelo. 10 Jamás te olvidaré, jamás... Tan sólo Trocara tu esplendor, sin olvidarlo, Rey de la noche, y de tu excelsa cumbre La benéfica llama, Por la llama y los fulgidos destellos, 15 Que lanza, reflejando al sol naciente, El arcángel dorado, que corona De Córdoba la torre.

José de Espronceda

(1810–1842)

LA CAUTIVA

Ya el sole esconde sus rayos, El mundo en sombras se vela, 20 El ave á su nido vuela, Busca asilo el trovador. Todo calla: en pobre cama Duerme el pastor venturoso: En su lecho suntüoso 25 Se agita insomne el señor. Se agita; mas ¡ay! reposa Al fin en su patrio suelo No llora en mísero duelo {p. 269} La libertad que perdió: Los campos ve que á su infancia Horas dieron de contento, Su oído halaga el acento 5 Del país donde nació. No gime ilustre cautivo Entre doradas cadenas, Que si bien de encanto llenas, Al cabo cadenas son. 10 Si acaso triste lamenta, En torno ve á sus amigos, Que, de su pena testigos, Consuelan su corazón. La arrogante erguida palma 15 Que en el desierto florece, Al viajero sombra ofrece Descanso y grato manjar: Y, aunque sola, allí es querida Del Árabe errante y fiero, 20 Que siempre va placentero A su sombra á reposar. Mas ¡ay triste! yo cautiva, Huérfana y sola suspiro, En clima extraño respiro, 25 Y amo á un extraño también. No hallan mis ojos mi patria; Humo han sido mis amores; Nadie calma mis dolores, Y en celos me siento arder. 30 ¡Ah! ¿Llorar? ¿Llorar?... no puedo Ni ceder á mi tristura, Ni consuelo en mi amargura Podré jamás encontrar. Supe amar como ninguna, {p. 270} Supe amar correspondida; Despreciada, aborrecida, ¿No sabré también odiar? ¡Adiós, patria! ¡adiós, amores! 5 La infeliz Zoraida ahora Solo venganzas implora, Ya condenada á morir. No soy ya del castellano La sumisa enamorada: 10 Soy la cautiva cansada Ya de dejarse oprimir.

SONETO

Fresca, lozana, pura y olorosa, Gala y adorno del pensil florido, Gallarda puesta sobre el ramo erguido, 15 Fragancia esparce la naciente rosa; Mas si el ardiente sol lumbre enojosa Vibra del can en llamas encendido, El dulce aroma y el color perdido, Sus hojas lleva el aura presurosa. 20 Así brilló un momento mi ventura En alas del amor, y hermosa nube Fingí tal vez de gloria y de alegría; Mas ¡ay! que el bien trocóse en amargura Y deshojada por los aires sube 25 La dulce flor de la esperanza mía.

Á TERESA

¿Por qué volvéis á la memoria mía, Tristes recuerdos del placer perdido, A aumentar la ansiedad y la agonía De este desierto corazón herido? 30 ¡Ay! de aquellas horas de alegría, {p. 271} Le quedó al corazón solo un gemido, Y el llanto que al dolor los ojos niegan, Lágrimas son de hiel que el alma anegan. ¿Dónde volaron ¡ay! aquellas horas 5 De juventud, de amor y de ventura, Regaladas de músicas sonoras, Adornadas de luz y de hermosura? Imágenes de oro bullidoras, Sus alas de carmín y nieve pura, 10 Al sol de mi esperanza desplegando, Pasaban ¡ay! á mi alredor cantando. Gorjeaban los dulces ruiseñores, El sol iluminaba mi alegría, El aura susurraba entre las flores, 15 El bosque mansamente respondía, Las fuentes murmuraban sus amores... ¡Ilusiones que llora el alma mía! ¡Oh! ¡cuán süave resonó en mi oído El bullicio del mundo y su ruido! 20 Mi vida entonces cual guerrera nave Que el puerto deja por la vez primera, Y al soplo de los céfiros süave, Orgullosa desplega su bandera, Y al mar dejando que á sus pies alabe 25 Su triunfo en roncos cantos, va velera, Una ola tras otra bramadora Hollando y dividiendo vencedora; ¡Ay! en el mar del mundo, en ansia ardiente De amor volaba, el sol de la mañana 30 Llevaba yo sobre mi tersa frente, Y el alma pura de su dicha ufana: Dentro de ella el amor cual rica fuente, Que entre frescura y arboledas mana, Brotaba entonces abundante río {p. 272} De ilusiones y dulce desvarío. Yo amaba todo: un noble sentimiento Exaltaba mi ánimo, y sentía En mi pecho un secreto movimiento, 5 De grandes hechos generosa guía: La libertad con su inmortal aliento, Santa diosa mi espíritu encendía, Contino imaginando en mi fe pura Sueños de gloria al mundo y de ventura. 10 El puñal de Catón, la adusta frente Del noble Bruto, la constancia fiera Y el arrojo de Scévola valiente, La doctrina de Sócrates severa, La voz atronadora y elocuente 15 Del orador de Atenas, la bandera Contra el tirano macedonio alzando, Y al espantado pueblo arrebatando. El valor y la fe del caballero, Del trovador el arpa y los cantares, 20 Del gótico castillo el altanero Antiguo torreón, do sus pesares Cantó tal vez con eco lastimero, ¡Ay! arrancada de sus patrios lares, Joven cautiva, al rayo de la luna, 25 Lamentando su ausencia y su fortuna: El dulce anhelo del amor que aguarda Tal vez inquieto y con mortal recelo, La forma bella que cruzó gallarda, Allá en la noche, entre el medroso velo; 30 La ansiada cita que en llegar se tarda Al impaciente y amoroso anhelo, La mujer y la voz de su dulzura, Que inspira al alma celestial ternura; A un tiempo mismo en rápida tormenta, {p. 273} Mi alma alborotaban de contino, Cual las olas que azota con violenta Cólera, impetuoso torbellino: Soñaba al héroe ya, la plebe atenta 5 En mi voz escuchaba su destino; Ya al caballero, al trovador soñaba, Y de gloria y de amores suspiraba. Hay una voz secreta, un dulce canto, Que el alma sólo recogida entiende, 10 Un sentimiento misterioso y santo, Que del barro al espíritu desprende: Agreste, vago y solitario encanto, Que en inefable amor el alma enciende, Volando tras la imagen peregrina 15 El corazón de su ilusión divina. Yo desterrado en extranjera playa, Con los ojos extático seguía La nave audaz que en argentada raya Volaba al puerto de la patria mía 20 Yo cuando en Occidente el sol desmaya, Solo y perdido en la arboleda umbría, Oir pensaba el armonioso acento De una mujer, al suspirar del viento. ¡Una mujer! En el templado rayo 25 De la mágica luna se colora, Del sol poniente al lánguido desmayo, Lejos entre las nubes se evapora: Sobre las cumbres que florece Mayo Brilla fugaz al despuntar la aurora, 30 Cruza tal vez por entre el bosque umbrío, Juega en las aguas del sereno río. ¡Una mujer! Deslízase en el cielo Allá en la noche desprendida estrella: Si aroma el aire recogió en el suelo, {p. 274} Es el aroma que le presta ella. Blanca es la nube que en callado vuelo Cruza la esfera, y que su planta huella, Y en la tarde la mar olas le ofrece 5 De plata y de zafir, donde se mece. Mujer que amor en su ilusión figura, Mujer que nada dice á los sentidos, Ensueño de suavísima ternura, Eco que regaló nuestros oídos; 10 De amor la llama generosa y pura, Los goces dulces del placer cumplidos, Que engalana la rica fantasía, Goces que avaro el corazón ansía: ¡Ay! aquella mujer, tan sólo aquella 15 Tanto delirio á realizar alcanza, Y esa mujer tan cándida y tan bella, Es mentida ilusión de la esperanza: Es el alma que vívida destella Su luz al mundo cuando en él se lanza, 20 Y el mundo con su magia y galanura Es espejo no más de su hermosura: Es el amor que al mismo amor adora, El que creó las Sílfides y Ondinas, La sacra ninfa que bordando mora 25 Debajo de las aguas cristalinas: Es el amor que recordando llora Las arboledas del Edén divinas, Amor de allí arrancado, allí nacido, Que busca en vano aquí su bien perdido. 30 ¡Oh llama santa! ¡celestial anhelo! ¡Sentimiento purísimo! ¡memoria Acaso triste de un perdido cielo, Quizá esperanza de futura gloria! ¡Huyes y dejas llanto y desconsuelo! {p. 275} ¡Oh mujer que en imagen ilusoria Tan pura, tan feliz, tan placentera, Brindó el amor á mi ilusión primera... ¡Oh Teresa! ¡Oh dolor! Lágrimas mías 5 ¡Ah! ¿dónde estáis que no corréis á mares? ¿Por qué, por qué como en mejores días No consoláis vosotras mis pesares? ¡Oh! los que no sabéis las agonías De un corazón, que penas á millares 10 ¡Ay! desgarraron, y que ya no llora, ¡Piedad tened de mi tormento ahora! . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

CANCIÓN DEL PIRATA

Con diez cañones por banda, Viento en popa á toda vela No corta el mar, sino vuela 15 Un velero bergantín: Bajel pirata que llaman Por su bravura el _Temido_, En todo mar conocido Del uno al otro confín. 20

La luna en el mar rïela, En la lona gime el viento, Y alza en blando movimiento Olas de plata y azul; Y ve el capitán pirata, 25 Cantando alegre en la popa, Asia á un lado, al otro Europa, Y allá á su frente Stambul.

«Navega, velero mío, {p. 276} Sin temor, Que ni enemigo navío, Ni tormenta, ni bonanza Tu rumbo á torcer alcanza, 5 Ni á sujetar tu valor.

«Veinte presos Hemos hecho A despecho Del Inglés, 10 Y han rendido Sus pendones Cien naciones A mis pies.

«Que es mi barco mi tesoro, 15 Que es mi Dios la libertad, Mi ley la fuerza y el viento, Mi única patria la mar.

«Allá muevan feroz guerra Ciegos reyes 20 Por un palmo más de tierra: Que yo tengo aquí por mío Cuanto abarca el mar bravío, A quien nadie impuso leyes.

«Y no hay playa, 25 Sea cual quiera, Ni bandera De esplendor, Que no sienta Mi derecho, {p. 277} Y dé pecho Al valor.

«Que es mi barco mi tesoro...

«A la voz de «¡barco viene!» 5 Es de ver Como vira y se previene A todo trapo á escapar: Que yo soy el rey del mar, Y mi furia es de temer. 10

«En las presas Yo divido Lo cogido Por igual: Solo quiero 15 Por riqueza La belleza Sin rival.

«Que es mi barco mi tesoro...

«¡Sentenciado estoy á muerte! 20 Yo me río: No me abandone la suerte, Y al mismo que me condena Colgaré de alguna entena, Quizá en su propio navío. 25

«Y si caigo, ¿Qué es la vida? Por perdida Ya la dí. Cuando el yugo {p. 278} Del esclavo, Como un bravo, Sacudí.

«Que es mi barco mi tesoro... 5

«Son mi música mejor Aquilones: El estrépito y temblor De los cables sacudidos, Del negro mar los bramidos 10 Y el rugir de mis cañones.

«Y del trueno Al son violento, Y del viento Al rebramar, 15 Yo me duermo Sosegado, Arrullado Por el mar.

«Que es mi barco mi tesoro, 20 Que es mi Dios la libertad, Mi ley la fuerza y el viento, Mi única patria la mar.»

Manuel de Cabanyes {p. 279}

(1808–1833)

LA INDEPENDENCIA DE LA POESÍA

Como una casta ruborosa vírgen Se alza mi Musa, y tímida las cuerdas Pulsando de su harpa solitaria, Suelta la voz del canto. Léjos ¡profanas gentes! No su acento 5 Del placer muelle corruptor del alma En ritmo cadencioso hará süave La funesta ponzoña. Léjos ¡esclavos! léjos: no sus gracias Cual vuestro honor trafícanse y se venden; 10 No sangri-salpicados techos de oro Resonarán sus versos. En pobre independencia, ni las iras De los verdugos del pensar la espantan De sierva á fuer; ni, meretriz impura, 15 Vil metal la corrompe. Fiera como los montes de su patria, Galas desecha que maldad cobijan: Las cumbres vaga en desnudez honesta; Mas ¡guay de quien la ultraje! 20 Sobre sus cantos la expresión del alma Vuela sin arte: números sonoros Desdeña y rima acorde; son sus versos Cual su espíritu libres. Duros son; mas son fuertes, son hidalgos 25 Cual la espada del bueno: y nunca, nunca Tu noble faz con el rubor de oprobio Cubrirán, madre España, Cual del cisne de Ofanto los cantares {p. 280} A la Reina del mundo avergonzaron, De su opresor con el infame elogio Sus cuitas acreciendo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

José Zorrilla

(1817–1893)

INDECISIÓN

¡Bello es vivir, la vida es la armonía! 5 Luz, peñascos, torrentes y cascadas, Un sol de fuego iluminando el día, Aire de aromas, flores apiñadas: Y en medio de la noche majestuosa Esa luna de plata, esas estrellas, 10 Lámparas de la tierra perezosa, Que se ha dormido en paz debajo de ellas. ¡Bello es vivir! Se ve en el horizonte Asomar el crepúsculo que nace; Y la neblina que corona el monte 15 En el aire flotando se deshace; Y el inmenso tapiz del firmamento Cambia su azul en franjas de colores; Y susurran las hojas en el viento, Y desatan su voz los ruiseñores. 20 . . . . . . . . . . Si hay huracanes y aquilón que brama, Si hay un invierno de humedad vestido, Hay una hoguera á cuya roja llama Se alza un festín con su discorde ruido. Y una pintada y fresca primavera, {p. 281} Con su manto de luz y orla de flores, Que cubre de verdor la ancha pradera Donde brotan arroyos saltadores. . . . . . . . . . . ¡Bello es vivir, la vida es la armonía! 5 Luz, peñascos, torrentes y cascadas, Un sol de fuego iluminando el día, Aire de aromas, flores apiñadas.

Arranca, arranca, Dios mío, De la mente del poeta 10 Este pensamiento impío Que en un delirio creó; Sin un instante de calma, En su olvido y amargura, No puede soñar su alma 15 Placeres que no gozó. ¡Ay del poeta! su llanto Fué la inspiración sublime Con que arrebató su canto Hasta los cielos tal vez; 20 Solitaria flor que el viento Con impuro soplo azota, Él arrastra su tormento Escrito sobre la tez. Porque tú, ¡oh Dios! le robaste 25 Cuanto los hombres adoran; Tú en el mundo le arrojaste Para que muriera en él; Tú le dijiste que el hombre Era en la tierra su _hermano_; 30 Mas él no encuentra ese nombre En sus recuerdos de hiel. Tú le has dicho que eligiera {p. 282} Para el viaje de la vida Una hermosa compañera Con quien partir su dolor; Mas ¡ay! que la busca en vano; 5 Porque es para el ser que ama Como un inmundo gusano Sobre el tallo de una flor. Canta la luz y las flores, Y el amor en las mujeres, 10 Y el placer en los amores, Y la calma en el placer: Y sin esperanza adora Una belleza escondida, Y hoy en sus cantares llora 15 Lo que alegre cantó ayer. Él con los siglos rodando Canta su afán á los siglos, Y los siglos van pasando Sin curarse de su afán. 20 ¡Maldito el nombre de gloria Que en tu cólera le diste! Sentados en su memoria Recuerdos de hierro están. El día alumbra su pena, 25 La noche alarga su duelo, La aurora escribe en el cielo Su sentencia de vivir: Fábulas son los placeres, No hay placeres en su alma, 30 No hay amor en las mujeres, Tarda la hora de morir. Hay sol que alumbra, mas quema: Hay flores que se marchitan, Hay recuerdos que se agitan {p. 283} Fantasmas de maldición. Si tiene una voz que canta, Al arrancarla del pecho Deja fuego en la garganta, 5 Vacío en el corazón.

¡Bello es vivir! Sobre gigante roca Se mira el mundo á nuestros pies tendido, La frente altiva con las nubes toca... Todo creado para el hombre ha sido. 10 ¡Bello es vivir! Que el hombre descuidado En los bordes se duerme de la vida, Y de locura y sueños embriagado En un festín el porvenir olvida. ¡Bello es vivir! Vivamos y cantemos: 15 El tiempo entre sus pliegos roedores Ha de llevar el bien que no gocemos, Y ha de apagar placeres y dolores. Cantemos de nosotros olvidados, Hasta que el son de la fatal campana 20 Toque á morir.—Cantemos descuidados, Que el sol de ayer no alumbrará mañana.

LA FUENTE

Huye la fuente al manantial ingrata El verde musgo en derredor lamiendo, Y el agua limpia en su cristal retrata 25 Cuanto va viendo. El césped mece y las arenas moja Do mil caprichos al pasar dibuja, Y ola tras ola murmurando arroja, Riza y empuja. 30 Lecho mullido la presenta el valle, {p. 284} Fresco abanico el abedul pomposo, Cañas y juncos retirada calle, Sombra y reposo. Brota en la altura la fecunda fuente; 5 ¿Y á qué su empeño, si al bajar la cuesta Halla del río en el raudal rugiente Tumba funesta?

Á LA MEMORIA DE LARRA

Ese vago clamor que rasga el viento Es la voz funeral de una campana; 10 Vano remedo del postrer lamento De un cadáver sombrío y macilento Que en sucio polvo dormirá mañana.