Teatro selecto, tomo 4 de 4

Part 7

Chapter 73,984 wordsPublic domain

Ya os entiendo. ¡Os habrá el estilo y traje Desagradado! Pues esto Es lo más y lo mejor Que tiene: vereis cuán presto Le mejoran corte y trato. Los más vienen así, y luégo Son los más agudos. Mas Explicaros cuán contento Y alegre estoy, no es posible, De ver que vuelva á mis nietos La casa de mis mayores. Don Toribio ¡vive el cielo! Se ha de casar con la una, Sin pensar la otra por eso Que no ha de casar con otro Como él; porque no quiero Que lo que á mí me ha costado Tanta fatiga y anhelos, Me malbarate un mocito Que gaste en medias de pelo Más que vale un mayorazgo. Si viera por un sombrero De castor dar veinte ó treinta Reales de á ocho yo á mi yerno Sacados de mi sudor, Perdiera mi entendimiento; Y así no hay que hablar, sino Persuadiros desde luego Que este y otro como este Han de ser esposos vuestros. _(Vase.)_

CLARA.

Primero pierda la vida.

EUGENIA.

La vida no; mas primero Me quedaré sin casar, Que es más encarecimiento.

JORNADA SEGUNDA.

_Sala en casa de Don Félix._

ESCENA PRIMERA.

DON FÉLIX, DON JUAN, HERNANDO.

D. FÉLIX.

¿Cómo habeis, Don Juan, pasado La noche?

D. JUAN.

¿Cómo pudiera, Don Félix, en vuestra casa, Sino muy bien, puesto que ella De mi tristeza no tiene La culpa?

D. FÉLIX.

Pues ¿qué tristeza Es la que ahora os aflige?

D. JUAN.

No sé cómo os la encarezca. Desde el instante que ví Esa divina belleza Que áun en mi memoria vive A pesar de tanta ausencia, Todas aquellas cenizas, Que entre olvidadas pavesas Aun no juzgué que eran humo. Llama han sido: de manera Que conocí que han estado En ocioso fuego envueltas, Tibias, pero no apagadas; Calladas, pero no muertas. No volví á verla ayer tarde, Porque no volvió á la reja; Y así, hoy con la esperanza De que siendo hoy dia de fiesta No dejará de salir, He madrugado por verla. A la puerta de la calle Voy á esperar que amanezca Segundo sol para mí. Vos haced, por vida vuestra, Puesto que no importa el caso, Que nada Don Pedro entienda. _(Vase.)_

D. FÉLIX.

¿Habrá hombre tan necio como El que hallar memorias piensa En una mujer, al cabo De tantos años de ausencia?

HERNAN.

Déjale que con su engaño Viva.

D. FÉLIX.

Un cortesano, que era, Decia, el engaño la cosa Que más y que ménos cuesta. Veamos estotro doliente En qué estado está, ya que esta Casa, de locos de amor Se ha vuelto convalecencia.

ESCENA II.

DON PEDRO.—DON FÉLIX, HERNANDO.

D. FÉLIX.

¿Qué hay, Don Pedro? Buenos dias.

D. PED.

Fuerza será que lo sean, Recibiéndolos de vos Y en vuestra casa, por vuestra, Y por la dicha de estar Mis esperanzas tan cerca. No crêreis cuánto gozoso Y ufano estoy de que sea Vuestra vecina esta dama; Pues con eso, cosa es cierta Que para verla, Don Félix, Dos mil ocasiones tenga; Y por no perder ninguna Voy á esperarla á la puerta, Pues sin duda que hoy á misa Habrá de salir por fuerza.

D. FÉLIX.

En ella Don Juan aguarda.

D. PED.

Así se hará la deshecha Mejor, paseándonos todos. Vos, aunque llevaros quiera A otra parte, no vais; pero De suerte que nada entienda. _(Vanse.)_

* * * * *

_Calle._

ESCENA III.

DON FÉLIX Y DON PEDRO, _encontrándose con_ DON JUAN.

D. FÉLIX.

¿Qué haceis, Don Juan?

D. JUAN.

Esperaros Para saber á qué iglesia Quereis que vamos á misa. (_Ap. á él._ De aquí no hagamos ausencia.)

D. PED.

Lo mismo le decia yo. Vamos adonde os parezca.— No os vais, Don Félix, de aquí. _(Ap. á él.)_

D. FÉLIX.

(_Ap._ Desta suerte fácil fuera Servir un hombre á dos amos, Mandando una cosa mesma.) Vuesarcedes, caballeros Muy enamorados, ¿piensan Que no hay más que irse y llevarme Cada cual á su querencia? Pues no ¡vive Dios! que hoy Se han de estar donde yo quiera; Que quiero yo enamorar Tambien un dia en conversa. Y así, hasta que mis vecinas Salgan y vamos tras ellas, Para ver la que me toca Festejar (pues cosa es cierta Que yo la que quiero más, Es la que tengo más cerca), No se ha de ir de aquí ninguno.

D. PED.

Por mí sea norabuena.

D. JUAN.

Por mí tambien.

D. PED.

_(Ap. á Don Félix.)_ ¡Lindamente Habeis hecho la deshecha Con Don Juan!

D. JUAN.

_(Ap. á Don Félix.)_ ¡Bien con Don Pedro Desmentido habeis mis penas!

D. FÉLIX.

_(Ap.)_ Más lo hago por saber Si es que es la dama una mesma. Y si es la que de las dos... Mas no prosiga mi lengua; Que es tarde para que á mí Beldad alguna me venza.

D. JUAN.

Pues ya que quereis, Don Félix, Que os asistamos, no sea Tan de balde, que no os cueste El pagarnos una deuda Que nos debeis.

D. PED.

Es verdad, Y es famosa ocasion esta, Pues sólo para hacer hora Son las relaciones buenas.

D. FÉLIX.

Yo me huelgo, pues así Hablaré un rato siquiera, Sin que á la mano me vayan Con amor, celos y ausencia. —Con el general contento, Madrid, digno á su fineza, A su lealtad y su amor, Oyó las felices nuevas De las bodas de su rey; Y más cuando supo que era La divina Marïana...

D. JUAN.

Tened, que dejar es fuerza Otra vez la relacion Para otra ocasion suspensa.

D. FÉLIX.

¿Por qué?

D. JUAN.

Porque sale gente.

D. FÉLIX.

¿Cuánto va que se me queda La relacion en el cuerpo, Y vienen otros á hacerla?

D. PED.

Un criado es el que sale, Que á su amo sin duda espera.

D. JUAN.

Bien podeis ya proseguir.

D. FÉLIX.

Digo que en gozosa muestra Del alegría de todos... —Pues todos juntos quisieran Significar los afectos En regocijos y fiestas; Y aunque, como vos dijisteis, Caminan con su pereza Las dichas, y no es el gusto Correo á toda diligencia; Con todo eso...—llegó el dia De saberse que en Vïena El Rey desposado estaba, Remitiéndole que ejerza Sus poderes Ferdinando, Rey de Hungría y de Bohemia: Ferdinando, ínclito jóven, En quien la sacra diadema De rey de romanos, presto Hará la eleccion herencia. El pues, no del poder sólo Usó, mas de la fineza: Con que sirviendo á su hermana, Hizo de la corte ausencia. Dejemos en el camino Las dos majestades (que esta No es la accion que á mi me toca, Ya que vos con la agudeza De vuestro ingenio dijisteis El aparato y grandeza), Y vamos á que Madrid, Desvelada, fiel y atenta Al servicio de sus reyes, Que es de lo que más se precia, En tanto que prevenia La usada lid de sus fiestas, Convidó lo más ilustre De la española nobleza, Para una máscara; haciendo (Fuese acaso ó diligencia) A propósito de bodas Ceremoniosa la fiesta; Porque si á la antigüedad Revolveis humanas letras, Hallaréis cómo en las nupcias Aun ménos ilustres que estas, Con antorchas en las manos Corrian tropas diversas A quien llamaban preludios, Invocando la suprema Deidad del sacro Himeneo, A cuyas aras las teas Sacrificaban, cantando Epitalamios, en prendas De que á aquellos casamientos Favorable á asistir venga. Y así de la antigüedad Tomando Madrid aquella Parte festiva, y dejando La gentílica depuesta, Usó el regocijo sólo, Mejorando ilustre y cuerda El rito, pues que fué dando Al cielo gracias inmensas De sus dichas, cuyas voces Váriamente lisonjeras, Fueron el epitalamio Que España cantó contenta, En música, que es confusa, Más dulce, si no más diestra. En toda mi vida ví Tan hermosa tropa bella, Como la máscara junta, Cuando al compas de trompetas, Clarines y chirimías Empezaron á moverla Los dos polos que de España Y de Alemania sustentan La política, bien como Dando generosas muestras De que Alemania y España Por todo el tiempo interesan, Una en que tal prenda da, Y otra en que admite tal prenda. Bien quisiera yo pintarlos; Pero aunque más lo pretenda, No es posible, si no es Que la retórica quiera En sus figuras prestarme El uso de sus licencias, Cometiendo una que llaman Tropo de prosopopeya, Que es cuando lo no posible Bajo objeto de la idea, O callando se imagina, O hablando se representa. Porque si no es que finjais Allá en la fantasía vuestra Bajar de púrpura un monte, Arder de plata una selva, Y de selva y monte luégo Formais un monstruo, que á fuerza De nuevo metamorfósis Todo en fuego se convierta, No podreis imaginar Cómo aquel peñasco era De luz y nácar y plata, En cuya abrasada selva Fueron las plumas las flores, Y las hachas las estrellas. Tan iguales todos juntos Y cada uno, que no hubiera Pareja que poder darles, Si ellos mismos no se hubieran Antes convenido á ser Ellos mismos sus parejas. Cuando del un puesto al otro Corrian las tropas, eran Disueltas exhalaciones Y dilatados cometas. Tan hermosa fué la noche, Que el dia entre pardas nieblas Sucedió por muchos dias La faz de nubes cubierta, Llorando lo que llovía, O de envidia ó de vergüenza. Hasta que desempeñada Vió su luz con la belleza Del dia, que vió la plaza Para los toros dispuesta. Porque aunque su hermoso circo Siempre ha sido heroica afrenta De cuantos anfiteatros Roma en ruina nos acuerda, Nunca con más causa, pues Nunca se vió su grandeza, A fuer de dama, ni más Despejada ni más bella Ser, que cuando vió que á tropas Ocupaban la palestra De los lucidos criados Las adornadas catervas, Que como á triunfo trajeron Los grandes héroes, que en ella La suerte han hecho precisa; Porque ya el acaso deja De ser acaso, pues ya No viene á ser sino fuerza El que ha sacado al acierto Del nombre de contingencia. A ninguno he de nombraros, Y es justo; que no quisiera Que habiendo ya tantas plumas Pintado á sus excelencias, Los desluciesen ahora Cortedades de mi lengua. Solo os diré que no hubo Bruto que armada la testa, La piel manchada, arrugado El ceño, hendida la huella, Dilatado el cuello, el pecho Corto, la cerviz inhiesta, De una vez escriba osados Caracteres en la arena, Como quien dice: «Esta es O vuestra huesa ó mi huesa,» Que no fuese triunfo fácil Del primor y la destreza, Del que más hidalgo bruto Soberbio con la obediencia, Dócil con la lozanía, Sus amenazas desprecia Al tacto del acicate, O al aviso de la rienda; Pues ya el asta y ya la espada, En ambas acciones diestra, Airosamente mezclaban La hermosura y la fiereza. Feliz acabó la tarde, Quedando Madrid contenta Con ella y con la esperanza De que su deidad se acerca; Y así, sólo en prevenciones Desde entónces se desvela, Porque siendo, como es, La corte el centro y la esfera Que ha de merecer lograrla Más suya, desaire fuera, Habiendo de paso tantas Ciudades héchola fiestas, Exceder ella en las dichas, Y las otras en finezas: Y más estando á su aplauso Las naciones extranjeras, O de envidiosas pendientes, O de curiosas atentas. Y así, la prolijidad De las horas de la ausencia Gastó sólo en disponer Aparatos que ahora es fuerza Que yo remita á mejor Pluma que nos los refiera. Diciendo ahora solamente Que la señora condesa De Medellin, de Cardona Ilustre familia excelsa, A Denia fué á recibirla Como mayor camarera, Adonde esperó hasta el dia De la deseada nueva De que ya su Majestad (Que Dios guarde) estaba en Denia. Aquí el señor Almirante A darla la enhorabuena De parte del Rey salió; Y aunque salió á la ligera Fué con aquel lucimiento Digno á ser quien es; que fuera En su excelencia muy tibia La disculpa de la priesa. De deudos, criados y amigos Fué el séquito de manera, Que á no hacer particular Eleccion, pienso que fuera Dejar sin gente á Castilla; Que de un almirante della, ¿Quien de ser deudo, ó amigo, O criado se reserva? ¡Oh felice casa, adonde Entre todas tus grandezas, El afecto es patrimonio, Y lo bien visto es herencia! En este intermedio pues Hizo Madrid diligencias Más afectivas en órden A que todo se prevenga Con majestad y aparato, Para la entrada á la Reina, Asistida dignamente Del que tio la festeja, Del que esposo la merece, Del que amante la celebra, Poniendo á sus piés dos mundos; Pues como cuarto planeta, Cuanto ilumina, la postra, Cuanto dora, la sujeta, Coronándola tres veces, Esposa, sobrina y reina. Con que hasta el felice dia Que nuestros ojos la vean Entrar triunfante en su corte, Mi relacion se suspenda, Divertida en la esperanza De que generosa venga A ser fin de nuestras ánsias, Término de nuestras penas, Logro de nuestros deseos, Y á par de las dichas nuestras, Con felice sucesion Nos viva edades eternas.

D. JUAN.

La relacion con el tiempo Se ha medido de manera, Que acabarla y salir gente, Ha sido una cosa mesma.

D. PED.

Sí, mas no la que esperamos.

D. FÉLIX.

No, porque es el padre dellas.

D. JUAN.

No le conocí hasta ahora, (_Ap._ Que en mi tiempo estaba fuera.)

D. PED.

Nunca hasta ahora le ví, (_Ap._ Que yo siempre amé en su ausencia.)

D. JUAN.

¿Quién es el que con él viene?

HERNAN.

Yo podré dar esa cuenta. Es un sobrino asturiano, Con quien el padre desea Casar una de las dos.

D. JUAN.

_(Ap.)_ Quiera el cielo que no sea La novia la que yo adoro.

D. PED.

_(Ap.)_ Plegue á Dios que no sea Eugenia.

ESCENA IV.

DON ALONSO; DON TORIBIO, _vestido de negro, ridículo_.—DON FÉLIX, DON JUAN, DON PEDRO, HERNANDO.

D. FÉLIX.

Pasêmonos.

D. TORIB.

Como digo, ¿Qué hacen, tio, á nuestra puerta Estos mocitos?

D. ALON.

¿No están En la calle? ¿Qué os altera?

D. TORIB.

¡En la calle de mis primas, Sin más ni más, se pasean!

D. ALON.

Pues ¿por qué no?

D. TORIB.

Porque no Me ha de haber paseante en ella Ni piante, ni mamante; Y más estos de melena, Que Filenos de golilla De candil, y bigotera, Andan cerrados de sienes Y trasparentes de piernas.

D. ALON.

¿Qué habemos de hacer, si son Vecinos?

D. TORIB.

Que no lo sean.

D. ALON.

¿Cómo, si tienen aquí Sus casas?

D. TORIB.

Que no las tengan.

D. FÉLIX.

Fuerza es hablarle. Yo llego, Pues buena ocasion es esta. Dadme, señor Don Alonso, Aunque de paso, licencia Para besaros la mano Y daros la enhorabuena De haber al barrio venido; Que aunque excusarlo debiera Hasta estar en vuestra casa Y visitaros en ella, El alborozo de ver Que tan buen vecino tenga, Dilatar no me permite Que á su servicio me ofrezca.

D. PED.

Todos lo mismo decimos.

D. TORIB.

_(Ap.)_ ¡Qué ceremonia tan necia!

D. ALON.

Guárdeos Dios por la merced Que me haceis; que si supiera La dicha de mereceros Tantos favores, hubiera Cumplido mi obligacion, Visitándôs en la vuestra. Conoced á mi sobrino, Que quiero que desde hoy sea Vuestro servidor.

D. TORIB.

_(Ap. á Don Alonso.)_ ¿Yo habia De ser alhaja tan puerca?

D. ALON.

Esta es accion cortesana.

D. TORIB.

Más me huele á corte-enferma.

D. ALON.

Llegad, Don Toribio: ved Que estos señores esperan Conoceros. _(Llega Don Toribio.)_

D. JUAN.

En nosotros Tendreis á vuestra obediencia Hoy amigos y criados.

D. TORIB.

Guárdeos Dios por la fineza.

D. FÉLIX.

¿Venís con salud?

D. TORIB.

Al cielo Gracias, ni mala ni buena, Sino así así, entreverada, Como lonja de la pierna.

D. ALON.

Más despacio besaré Vuestras manos: dad licencia...

D. FÉLIX.

Vos la teneis.

D. ALON.

Don Toribio, Venid.

D. TORIB.

_(Ap. á Don Alonso.)_ ¿Aquí te los dejas?

D. ALON.

¿Qué he de hacer?

D. TORIB.

Yo lo sé.

D. ALON.

¿A dónde Vas?

D. TORIB.

A dar á casa vuelta.

D. ALON.

¿A qué?

D. TORIB.

A decir á mis primas Que en todo hoy no salgan fuera.

D. ALON.

¿Han de quedarse sin misa?

D. TORIB.

¿Qué dificultad es esa? Mi ejecutoria les basta Para ser cristianas viejas.

D. ALON.

¡Jesus, y qué disparate! Venid, venid: no lo entiendan Esos hidalgos.

D. TORIB.

Par Dios, Que si por mi voto fuera, No habian de salir de casa, Quisieran ó no quisieran.

_(Vanse Don Alonso y Don Toribio.)_

D. FÉLIX.

No sé cómo fué posible...

D. JUAN.

¿Qué?

D. FÉLIX.

Que la risa detenga, Viendo al primo.

D. PED.

¡Qué figura Tan rara!

D. JUAN.

Extraña presencia De novio.

ESCENA V.

CLARA Y EUGENIA, _con mantos_; OTÁÑEZ _delante, y_ BRÍGIDA Y MARI-NUÑO, _detras_.—DON FÉLIX, DON JUAN, DON PEDRO, HERNANDO.

HERNAN.

Ya las dos salen.

D. FÉLIX.

Desde aquí podremos verlas, Como acaso.

CLARA.

Échate el manto, Que hay gente en la calle, Eugenia.

EUGENIA.

¿Qué he hecho yo para no andar Con la cara descubierta?

OTÁÑEZ.

¡Tomad! ¡Luego la faltara A la hermanica respuesta!

MARI-NU.

Callad, que no os toca á vos Hablar en estas materias.

BRÍGIDA.

Ni á vos en estas ni esotras, Y hablais en esotras y estas.

D. FÉLIX.

Pasemos ahora al descuido.

D. JUAN.

_(Ap.)_ ¡Oh, permita amor que en ella Al verme, estén sus memorias, Ya que no vivas, no muertas!

D. PED.

_(Ap.)_ ¡Oh, plegue á Dios que se obligue De ver que he venido á verla!

CLARA.

Advierte que llega gente.

EUGENIA.

Y bien, la gente que llega, ¿Qué se lleva por llevarse Hácia allá esta reverencia?

_(Saluda Eugenia. Trae un lienzo en la mano.)_

(_Ap._ Mas ¡cielos! ¿Qué es lo que miro? Don Juan es. Ya de su ausencia Debió de cesar la causa; Y no es mi duda sola esta, Sino estar con él Don Pedro. Aquesta es la vez primera Que ha sido por ignorancia Amiga la competencia.)

D. FÉLIX.

_(Ap. á él.)_ ¿Cuál es de las dos, Don Juan, La que tanto amor os cuesta?

D. JUAN.

(_Ap. á Don Félix._ La del pañuelo en la mano. No volvais tan presto á verla: No advierta que de ella hablamos. Y porque tampoco advierta Don Pedro mi turbacion...)— Voy á esperar á la iglesia. _(Alto.)_ (_Ap. á Don Félix._ Quedáos vos con él.)

D. FÉLIX.

Sí haré.—_(Vase Don Juan.)_ Don Pedro, ¿cuál es de aquellas?

D. PED.

La que, en la mano un pañuelo, Descubierta va, es Eugenia. No volvais tan presto: no Conozca que hablamos della. Quedáos, que porque no dé Mi amor á Don Juan sospecha, Tras él voy. _(Vase.)_

D. FÉLIX.

_(Ap.)_ Ya sé, á lo ménos, Que la dama es una mesma.

CLARA.

Sin pañuelo me he venido, El tuyo, hermana, me presta; Que ir tapada me congoja. _(Destápase.)_

EUGENIA.

A mí el venir descubierta, Pues por si fué encuentro acaso, Que me hayan visto me pesa.

_(Tápase y da el pañuelo á Clara.)_

D. FÉLIX.

_(Ap.)_ Ya puedo ver, pues que tengo Nombre, seña y contraseña, Cuál es la dama que adoran.

CLARA.

No á mirar el rostro vuelvas.

EUGENIA.

¡Jesus, y qué condicion! Lástima es que no seas suegra, Segun te pudres de todo.

_(Vanse las damas, Otáñez, Brígida y Mari-Nuño.)_

ESCENA VI.

DON FÉLIX, HERNANDO.

D. FÉLIX.

¡Oh cuánto he sentido verla! Que aunque estoy con el cuidado De que aquesta competencia, El dia que se declare, Ha de parar en pendencia; Siendo la dama una misma, Ya para mí se acrecienta Ver que de las dos ha sido, Aunque entrambas son tan bellas, La que me lo pareció Más, cuando la vez primera Ví á las dos en la ventana. Pero esto ahora no es de esencia, Que yo acabaré conmigo Que mi honor á mi amor venza, Sino acudir á estorbar Que á desengañarse vengan, En tanto que yo á la mira Discurro de qué manera Entre dos amigos que hacen De mí confianza, deba Prevenir el lance, haciendo A su estorbo diligencia. _(Vase.)_

ESCENA VII.

DON TORIBIO Y DON ALONSO.

D. ALON.

¿A qué volveis aquí?

D. TORIB.

¿A qué He de volver ¡pese á mí! Sino á escombrarlos, si aquí Están los que aquí dejé?

D. ALON.

Pues ¿qué os va en eso?

D. TORIB.

¿Qué más Quereis que á un hidalgo vaya, Que ver que holgazanes haya Adonde hay primas?

D. ALON.

Jamás Tan necia locura ví. En Madrid ¿quién reparó Si hay gente en la calle?

D. TORIB.

Yo.

D. ALON.

Y vos ¿por qué?

D. TORIB.

Porque sí.

D. ALON.

Aun bien que se han ausentado, Y ya nadie aquí se ve.

D. TORIB.

Acertáronlo, porqué Venía determinado.

D. ALON.

Pues ¿qué era vuestra intencion?

D. TORIB.

Sólo ver si la anchicorta, Como en caperuzas, corta En sombreros de castron.

D. ALON.

Vos ¿qué teneis que temer Para llegar á ese extremo?

D. TORIB.

Mucho tengo y nada temo; Que desde que llegué á ver De mis primas los dos cielos, Si verdad digo, señor, Tengo á Eugenia tanto amor, Que áun los hombres me dan celos.

D. ALON.

Aunque esas cosas me dan Enfados, he agradecido Que os entreis á ser marido Por las puertas de galan. Pero ha de ser con cordura; Que celos no ha de tener Un hombre de su mujer.

D. TORIB.

Pues ¿de cuál? ¿de la del cura?

D. ALON.

Dejad delirios, por Dios, Y baste saber de mí, Si es Eugenia la que aquí Os agrada de las dos, Que Eugenia vuestra será... (_Ap._ Que es lo que yo deseaba.)

D. TORIB.

Con eso el rencor se acaba, Que el verlos aquí me da A nuestra calle volver En tanta conversacion.

D. ALON.

Pues yo la dispensacion Haré al instante traer. Venid ahora, que quiero Ganar las albricias yo De ser la que prefirió Vuestro amor.

D. TORIB.

Oid primero. La dispensacion, señor, ¿De Roma no ha de venir?

D. ALON.

Por ella á Roma se ha de ir.

D. TORIB.

Pues siendo así, ¿no es mejor Abreviarlo de otro modo?

D. ALON.

¿Qué modo?

D. TORIB.

Uno que yo sé.

D. ALON.

¿Qué es?

D. TORIB.

Desposarnos, y que Vamos á Roma por todo. _(Vanse.)_

ESCENA VIII.

DON FÉLIX, DON JUAN.

D. FÉLIX.

Yo estimo la confianza.

D. JUAN.

Pues habiendo reparado Que al verme el color mudado, Hizo su rostro mudanza, Que no la hizo, sospecho, Su amor, y que está constante, Porque es el rostro volante Del reloj que anda en el pecho. Y así, pues que sólo ha sido Mi dicha el haber llegado Donde de vos amparado Sea amor tan bien nacido; Lo que habeis de hacer por mí (Puesto que entablada ya La amistad del padre está), Es proseguir desde aquí De suerte, que con entrar Vos en su casa, me dé Ocasion amor en que Pueda escribir, ver y hablar.

D. FÉLIX.

_(Ap.)_ ¡En buen empeño de amor Estoy! pues en lance igual, Si á un amigo soy leal, Soy á otro amigo traidor.

D. JUAN.

¿No me respondeis?

D. FÉLIX.

No sé Qué os diga, Don Juan, pues no Soy hombre tan bajo yo, Que ocasion procuraré Con nadie para engañarle.

D. JUAN.

¿Cuál es amigo mayor?

ESCENA IX.

DON PEDRO.—DON FÉLIX, DON JUAN.

D. PED.

Don Félix, si de mi amor...

D. FÉLIX.

(_Ap._ Que prosiga he de estorbarle.) A buen tiempo habeis venido, Y luégo proseguireis Lo que decirme quereis; Que quiero que prevenido De una porfía en que estamos, Seais juez. (_Ap._ Así, vive Dios, Tengo de hablar con los dos.)

D. PED.

El argumento esperamos.

D. FÉLIX.

Si un grande amigo os pidiera Que trabaseis amistad Con hombre de calidad, Para que fuese tercera En su casa de su amor, ¿Hiciéraislo vos?

D. PED.

Yo sí.

D. FÉLIX.

Yo no.

D. PED.

¿Por qué?

D. FÉLIX.

Porque en mí Fuera escrúpulo traidor; Pues el dia que llegara De traicion á otro que fuera Mi amigo, preciso era Lo lograra ó no lograra. Si no lo lograra, ¿en qué A mi amigo le servía? Y si lo lograra, hacía Una gran ruindad, porqué El que engañado de mí, Se daba ya por mi amigo, Ya lo era, y yo su enemigo: Es cierto; pues siendo así, ¿Cómo es posible que yo Sea enemigo del que ya Por mi amigo se me da? Luego si en no serlo no Es nada lo que consigo, Y en serlo consigo ser Su amigo, ¿cómo he de hacer Yo traicion al que es mi amigo?

D. PED.

Siendo esa vuestra opinion, Ya no tengo que os decir. _(Vase.)_

D. JUAN.

Yo tampoco, y habré de ir A buscar otra ocasion. _(Vase.)_

ESCENA X.

DON FÉLIX.

D. FÉLIX.