Part 6
Eso es lo que yo no llego A saber.
D. JUAN.
Pues yo servia (Ya que decirlo no importa) A una dama rica y bella Para casarme con ella; Y no con suerte tan corta, Que esperanzas no tuviese; Aunque me las dilataba Que ausente su padre estaba, Y la madre no quisiese Tratar su estado sin él. En este tiempo entendí Servirla el muerto; y así, Ocasionado de aquel Lance que el juego nos dió, Con capa de otros desvelos Venganza tomé á mis celos, Con que todo se perdió; Pues fueran necios engaños, Confiado de mi estrella, Pensar hoy que áun viva en ella Memoria de tantos años.
D. FÉLIX.
Vos estais bien persuadido; Que en Madrid, cosa es notoria Que en las damas, la memoria Vive á espaldas del olvido. Su favor y su desden Ya en ningun estado no Hizo fe: ¡bien haya yo, Que en mi vida quise bien!
D. JUAN.
¿Todavía dese humor?
D. FÉLIX.
Sí, pues aunque ellas son bellas, Me quiero á mí más que á ellas; Y así tengo por mejor, A la que me ha de engañar, Engañarla yo primero; Que yo por amigo quiero Al gusto más que al pesar. Y para que no se crea Que lo es para vos mi humor, Ni para mí vuestro amor, Otra la plática sea. ¿Cómo en la jornada os ha ido?
D. JUAN.
Como á quien viene de ver Darse poder á poder Desempeños á partido; Porque tal autoridad, Pompa, aparato y riqueza Como ostentó la grandeza De una y otra majestad, El dia que la hija bella Del águila soberana, Generosamente ufana Trocó el Norte por la estrella Del hispano (en cuya accion, Llanto á gozo competido, Dejó del águila el nido Por el lecho del leon), No la vió otra vez el dia.
D. FÉLIX.
De paso no estoy contento De oirla.
D. JUAN.
Pues estadme atento, Porque á la relacion mia Los afectos cortesanos Pagueis.
D. FÉLIX.
Yo os la ofrezco brava.
D. JUAN.
Deudora Alemania estaba...
ESCENA VIII.
DON PEDRO, _vestido de color_.—DON FÉLIX, DON JUAN, HERNANDO.
D. PED.
Don Félix, bésôs las manos.
D. FÉLIX.
Seais, Don Pedro, bien venido. Por esta puerta en un punto Hoy se entra el bien todo junto. Pues ¿qué venida esta ha sido? ¿Acabóse el curso?
D. PED.
No.
D. FÉLIX.
Pues ¿qué os trae?
D. PED.
Yo os lo diré.
D. JUAN.
Si yo embarazo, me iré.
D. PED.
No, caballero; que yo, Hallándôs con Félix, fío Mucho de vos, porque arguyo Que baste que amigo suyo Seais, para ser dueño mio. Demas, que aquí es mi venida (Que en decirlo no hago nada) Una dama celebrada, Que á mi amor agradecida Pude en Alcalá servir: Vino hoy á Madrid, y á vella Vengo, Don Félix, tras ella.
D. FÉLIX.
¿Y qué más?
D. PED.
Que por huir De mi padre, aquí escondido Dos dias habré de estar.
D. FÉLIX.
Albricias me podeis dar De haber á tiempo venido, Que en ella Don Juan tambien Puede haceros compañía.
D. JUAN.
Será gran ventura mia Que en mí conozcais á quien Serviros desea.
D. PED.
Los cielos Os guarden.
D. FÉLIX.
Pues vive Dios Que no habeis de hablar los dos Tocados de amor y celos.— Haz que nos den de comer,—
_(A Hernando, que se va.)_
Y pues no hemos de salir De casa, por divertir El tiempo que puede haber, La relacion me decid, Don Juan, de la real jornada.
ESCENA IX.
DON FÉLIX, DON JUAN, DON PEDRO.
D. JUAN.
Con calidad, que acabada, La prevencion de Madrid Direis despues.
D. FÉLIX.
Soy contento.
D. PED.
Yo vengo á buena ocasion, Que una y otra relacion Nueva es para mí.
D. JUAN.
Oid atento. Deudora Alemania estaba A España de la más rica, De la más hermosa prenda, Desde el venturoso dia Que María nuestra infanta, Generosamente altiva, Trocó la española alteza Por la majestad de Hungría. Deudora Alemania estaba (Otra vez mi voz repita) De tanto logro al empeño, De tanto empeño á la dicha, Sin esperanzas de que Pudiese su corte invicta Desempeñarse con otra De iguales méritos digna, Hasta que piadoso el cielo Ilustró su monarquía De quien, si no la excedió, Pudo al ménos competirla, Para que nos restituya En Marïana su hija Tan una misma beldad, Que parece que es la misma. Pues si de las dos esferas Vamos corriendo las líneas, Y en florida primavera Le dimos la maravilla, La maravilla nos vuelve En primavera florida, Que apénas catorce abriles Bebió del alba la risa. Si la real sangre de Austria Sus hojas tiñó en la tiria Púrpura, en ella tambien Quiso que esotras se tiñan. Si prudencia, si virtud, Si ingenio y partes divinas La dimos, esas nos vuelve, Porque de todas es cifra. Despues de capitulado El Rey, que mil siglos viva, Se dilataron las bodas Más tiempo del que queria La ánsia de los españoles; Mas no fueran conocidas Las dichas, si no vinieran Con su pereza las dichas. Fué causa á la dilacion Esperar que la festiva Tierna edad de la niñez Creciese, hasta ver que hoy pisa De la juventud la márgen: ¡Buen defecto es el de niña, Pues se va, aunque ella no quiera, Enmendando cada dia! Llegó, pues, el deseado De que feliz se despida El águila generosa Del real nido que la abriga, Porque saliendo á volar, El cuarto planeta diga Que imperial águila es, puesto Que de hito en hito le mira. Y porque no sin decoro Deje la corte que habita, Llegó la nueva á Madrid, De que allí el Rey se despida De su hermana, hasta la entrega, Mezclando el llanto y la risa; Que siempre en bodas de infanta El pesar y el alegría Se equivocan, hasta que De gala el dolor se vista, Saliendo de ellas casada. Ferdinando, rey de Hungría Y Bohemia, ínclito jóven, Que no vanamente aspira Que heredada la eleccion, Roma su laurel le ciña, En nombre del Rey con ella Se desposa, y ejercita Tan amante sus poderes, Que sin perderla de vista, Hasta Trento la acompaña Con la pompa más lucida, Con el fausto más real Que vió el sol; pues á porfía Españoles, alemanes Y italianos, con su vista Se compitieron de suerte, Que era gloriosa la envidia, Porque unos y otros hicieron En costosas libreas ricas, Tratable el oro en sus venas, Fácil la plata en sus minas, Agotando de una vez Todo el caudal á las Indias. Y porque por mar y tierra Halle siempre prevenida Quien por la tierra y el mar De parte del Rey la sirva, El cargo del mar al Duque De Túrsis (de esclarecida Generosa casa de Oria, Siempre afecta y siempre fina A esta corona) le dió, Porque de nuevo repita En servicios y finezas Obligaciones antiguas. La Reina estuvo en Milan Detenida algunos dias, Por ocasion de que el mar Embarazó con sus iras De España el pasaje; pero ¿Quién de su inconstancia fía, Que no motive de culpa Lo que no es más que desdicha? Del mar y del viento, en fin, Las condiciones esquivas O vencidas ó templadas (Aténgome á que vencidas), Llegó el dia de embarcarse; Y apénas la vió en su orilla El mar, cuando convocó Todo el coro de sus ninfas Para que corriendo á tropas La campaña cristalina, Tan sólo en ella dejaran Aquella inquietud tranquila, Que no bastando á temerla, Baste á hermosearla y lucirla. Entró la Reina en la Real, Cuya popa era encendida Brasa de oro, que á despecho De tanta agua, estaba viva. La chusma, toda de tela Nácar y plata vestida, Con camisolas de holanda, Que su gala es estar limpias, Velámen, jarcias y velas A su modo guarnecidas De mil colores, formaban Un pensil, á quien matizan De flores los gallardetes Y las flámulas, que heridas Del aire que las tremola Y el agua que las salpica, Venganza daban al aire Y el agua de la ojeriza Que tenian con las salvas, Por ver que de ver les quitan Las negras nubes de humo Que dejó la artillería, La más pura, la más bella, La más noble y más divina Vénus que sobre la espuma Flechas de constancia vibra. Aquí al compas de las piezas, Clarines y chirimías, A leva tocó la Real, Cuya seña, obedecida, Aun primero que escuchada Fué de todos, con tal prisa, Que á un mismo tiempo la boga Arrancó; y siendo la grita Segunda salva vocal, Nos pareció, cuando se iba De la tierra, una vistosa Primavera fugitiva. Cuarenta galeras fueron Las que siguieron su quilla, Que más que rompen las olas, Las encrespan y las rizan. El golfo tomó la nao, Aun sin tocar en las islas Mallorca, Ibiza y Cerdeña; No á causa de la enemiga Oposicion de los puertos De Francia; que bien podia, Viniéndose tierra á tierra, Tomar puerto en sus marinas, Porque en las enemistades De las coronas, militan En la campaña las armas, Y en la paz la cortesía; Y así, con salvoconducto General en sus milicias, Francia esperó á nuestra reina. ¡Qué bien lidian los que lidian Para vencer cuando vencen, Aun ménos que cuando obligan! —Mas no puedo detenerme En referir las festivas Demostraciones que Francia La tenía prevenidas.— El golfo tomó la nao, Trayendo siempre benigna En los vientos y los mares La fortuna, porque mira Que con solo este festejo Que hace á España, se desquita De otras penas que la debe La vanidad de su envidia. En fin, con serena paz La vaga ciudad movida, Ya del remo que la impele, Ya del viento que la inspira, Los mares sulca de España, Y de sus campos divisa Los celajes, que quisieran Que el mar en sus ondas frias Huéspedes los admitiese, Porque una vez se compitan Golfos de verde esmeralda Con montes de nieve riza. Ya el mar saluda á la tierra, Ya la tierra al mar se humilla, Siendo la primera que Sus reales plantas pisan, Denia. ¡Oh tú, mil veces tú Felice, pues en tu orilla Hoy de la concha de un tronco Sacas la perla más rica! Querer que yo diga ahora La majestad de las vistas, El séquito de su corte, Las galas, las bizarrías, El amor de sus vasallos, De sus reinos la alegría, No es posible, si no es que Con la voz de todos diga Que este repetido lazo, En quien de esposa y sobrina El nudo apretó dos veces, Con propagada familia, Para bien comun de España Venturosos siglos viva.
D. FÉLIX.
No tuve gusto mayor. Estad ahora vos atento. Con el general contento Digno á su lealtad...
ESCENA X.
HERNANDO.—DICHOS.
HERNAN.
Señor.
D. FÉLIX.
¿Qué dices?
HERNAN.
Que las dos bellas Damas que al barrio han venido A la ventana han salido, Y desde esta puedes vellas.
D. FÉLIX.
Perdone la relacion, Pues dice á voces la fama: «Antes que todo es mi dama» Y despues habrá ocasion Para ella; que ver deseo Qué cosas son mis vecinas.
_(Asómase á la ventana.)_
¡Vive Dios, que son divinas!
D. JUAN.
Veámoslas todos.
_(Llega Don Juan á mirar.)_
(_Ap._ ¡Qué veo! Ella es.)
D. PED.
Pues las visteis vos, A mí me dejad llegar. _(Llega Don Pedro.)_
D. FÉLIX.
A fe que hay bien que admirar En cualquiera de las dos.
D. PED.
(_Ap._ ¿Qué es lo que veo? Ella es. ¡Cielos!) Gran dicha ha sido venir _(A Don Félix.)_ A vuestro barrio á vivir.
D. JUAN.
(_Ap._ Disimulen mis desvelos.) Bizarra cualquiera es.
D. PED.
(_Ap._ Finja mi pena amorosa.) Cualquiera es dellas hermosa.
_(Vase Hernando.)_
D. FÉLIX.
¿Oyen vuesarcedes? Pues Bizarras y hermosas son, Quítense de aquí, porqué Son muy tiernos para que Les dé mi jurisdiccion. A su dama cada uno, Pues están enamorados: Déjenme con mis cuidados, Sin alabarme ninguno Bellezas ni bizarrías; Que aquestas damas, les digo Que son cosas de un amigo.
D. JUAN.
(_Ap._ ¡Qué poco mis alegrías Duraron!) Ya se quitaron De la ventana. (_Ap._ Porqué Yo llore su ausencia fué. La primer cosa que hallaron, ¡Cielos! mis penas, ha sido Dellas la causa. ¡Ay de mí!)
D. PED.
_(Ap.)_ La primer cosa que ví, Es por la que aquí he venido.
_(Sale Hernando.)_
HERNAN.
La mesa espera, señor. _(Vase.)_
D. FÉLIX.
Vamos á comer, que aunqué Tan enamorado esté, Tengo más hambre que amor.
D. JUAN.
_(Ap. á Don Félix.)_ Aunque de burlas hablais, Sabed que de mi fortuna Una es la causa. _(Vase.)_
D. FÉLIX.
_(Ap.)_ Adios, una.
D. PED.
Aunque tan de humor estais, Por sí y por no, sabed que Una de las dos, por Dios, Es la que sigo. _(Vase.)_
D. FÉLIX.
Adios, dos. ¡Qué corta mi dicha fué! Si no es que una misma sea (Que áun peor que esto sería) La que uno y otro queria. ¡Plegue á Dios que no se vea Empeñado en los desvelos De dos amigos mi honor, Y pague celos y amor Quien no tiene amor ni celos! _(Vase.)_
* * * * *
_Sala en casa de Don Alonso._
ESCENA XI.
CLARA Y EUGENIA.
CLARA.
Por cierto, casa y adorno, Todo, Eugenia, está extremado.
EUGENIA.
A mí no me ha parecido Sino de la corte el asco.
CLARA.
¿Por qué?
EUGENIA.
Cuanto á lo primero, Porque este, Clara, es el barrio Donde de la corte habitan Los pájaros solitarios. A los pozos de la nieve Casa mi padre ha tomado: ¡Fresca vecindad! Agosto Le agradezca el agasajo.
CLARA.
Por la quietud y el jardin Lo haría.
EUGENIA.
¡Lindos cuidados! ¿Quietud y jardin? Para eso Yuste está juntico á Cuacos. Pero en Madrid, ¿qué quietud Hay como el ruido? y ¿qué cuadro, Aunque con más tulipanes Que trajo extranjero mayo, Como una calle que tenga Gente, coches y caballos, Llena de lodo el invierno, Llena de polvo el verano, Donde una mujer se esté De la celosía en los lazos, Al estribo de un balcon, A todas horas paseando?— Pues ¿qué los adornos?
CLARA.
¿No es De terciopelo este estrado Y sillas y con su alfombra, De granadillo y damasco Estas camas, los tapices De buena estofa, y los cuadros De buen gusto, y el demas Menaje, Eugenia, ordinario, Limpio y nuevo? Pues ¿qué quieres?
EUGENIA.
Buenos son; pero diez años De Indias son mucho mejores. Yo pensaba que el adagio De tener el padre alcalde, Era niño comparado Con la suma dignidad De tener el padre indiano. Fuera de que entre estas cosas Que tú me encareces tanto, La mejor cuadra y mejor Alhaja es la que no hallo.
CLARA.
¿Cuáles son?
EUGENIA.
Coche y cochera, Que ella en invierno y verano Es la mejor galería, Y el más hermoso trasto. ¿Qué Indias hay donde no hay coche? ¡Aquí de Dios y sus santos! ¿Que ensayados trae, no ha escrito, Muchos pesos? Pues veamos, Si no han de hacer su papel, ¿Para qué se han ensayado?
CLARA.
¿Ni áun á tu padre reserva La sátira de tus labios? ¡Jesus mil veces!
EUGENIA.
¡Mala hija! Vivir quisiera mil años, Sólo por ver si me logro.
CLARA.
Advierte, Eugenia, que estamos Ya en la corte, y que el despejo, El brío y el desenfado Del buen gusto, aquí es delito; Que aquí dan los cortesanos Estatua al honor, de cera, Y á la malicia, de mármol. No digo que no sea bueno Lo galante y lo bizarro; Pero ¿qué importa si no Lo parece? Y no es tan malo No ser bueno y parecerlo, Como serlo y no mostrarlo. El honor de una mujer, Y más mujer sin estado, Al más fácil accidente Suele enfermar, y no hay ampo De nieve que más aprisa Aje su tez al contacto De cualquiera: planta no hay, Que padezca los desmayos Mas presto; que sin el cierzo, Basta á marchitarla el austro. Cuantos tus versos celebran, Cuantos tus donaires, cuantos Tu ingenio, son los primeros, Eugenia, que al mismo paso Que te lisonjean el gusto, Te murmuran el recato, Rematando en menosprecio Lo mismo que empieza aplauso. Y una mujer como tú No ha de exponerse á los daños De que parezca delito Nada, ni le sea notado Hacer profesion de risa, Que tan presto ha de ser llanto. ¿Hasta hoy en carta de dote, Eugenia, ha capitulado La gracia?
EUGENIA.
_Quam mihi et vobis_ _Præstare_ se te ha olvidado, Para acabar el sermon Con todos sus aparatos. Y para que de una vez Demos al tema de mano, Has de saber, Clara, que Los _non fagades_ de antaño Que hablaron con las doncellas Y las demas deste caso, Con las calzas atacadas Y los cuellos se llevaron A Simancas, donde yacen Entre mugrientos legajos. Don Escrúpulo de honor Fué un pesadísimo hidalgo, Cuyos privilegios ya Ne se lên de puro rancios. Yo he de vivir en la corte Sin melindres y sin ascos Del qué dirán, porque sé Que no dirán que hice agravio A mi pundonor; y así, Derribado al hombro el manto, Descollada la altivez, Atento el desembarazo, Libre la cortesanía, He de correr á mi salvo Los siempre tranquilos golfos De calle Mayor y Prado, Cosaria de cuantos puertos Hay desde Atocha á Palacio. Uso nuevo no ha de haber Que no le estrene mi garbo: ¿Amiga sin coche? Tate; Y ¿sin chocolate estrado? No en mis dias; porque sé Que es el consejo más sano El mejor amigo el coche, Y él el mejor agasajo. Las fiestas no ha de saberlas Mejor que yo el calendario: Desde el Ángel á San Blas, Desde el Trapillo á Santiago. Si picaren en el dote Los amantes cortesanos, Que enamorados de sí Más que de mí enamorados, Me festejen, has de ver Que al retortero los traigo, Haciendo gala el rendirlos, Y vanidad el dejarlos. Todo esto quiero que tengas, Clara, entendido; y si acaso Vieres en mí...
CLARA.
¿Qué he de ver, Si áun de escucharte me espanto?
ESCENA XII.
DON ALONSO, _muy alegre_.—CLARA, EUGENIA.
D. ALON.
¡Eugenia! ¡Clara!
LAS DOS.
Señor.
D. ALON.
Pediros albricias puedo.
LAS DOS.
¿De qué?
D. ALON.
De la mejor dicha, Mayor bien, mayor contento Que sucederme pudiera, Despues de llegar á veros. Don Toribio Cuadradillos, Hijo mayor y heredero De mi hermano, mayorazgo Del solar de mis abuelos, Llegará al punto: una posta Que se adelantó, me ha hecho Relacion de que ahora queda Muy cerca de aquí.
EUGENIA.
Por cierto Que pensé que habia venido, Segun tu encarecimiento, Algun plenipotenciario Con la paz del universo.
D. ALON.
_(Llamando.)_ Mari-Nuño.
ESCENA XIII.
MARI-NUÑO; _despues_ BRÍGIDA Y OTÁÑEZ.—DICHOS.
MARI-NU.
¿Qué me mandas?
D. ALON.
Aderécese al momento Aquese cuarto de abajo, Y esté aliñado y compuesto.— Tú, ¡Brígida!... _(Llamando.)_ _(Sale Brígida.)_ Saca ropa De la excusada.
BRÍGIDA.
Ya tengo Un azafate, que pueden Beber su holanda los vientos.
_(Vanse Mari-Nuño y Brígida.)_
D. ALON.
_(Llamando.)_ ¡Otáñez! _(Sale Otáñez.)_
OTÁÑEZ.
Señor...
D. ALON.
Buscad Algo de regalo presto, Para que coma en llegando. _(Vase Otáñez.)_ Y á las dos, hijas, os ruego Le agasajeis mucho. Ved Que es vuestra cabeza; y creo Que será la más dichosa La que le tenga por dueño, Pues será escudera suya La otra. (_Ap._ Así inclinar pretendo A Eugenia.)
EUGENIA.
Yo desa dicha Pocas esperanzas tengo, Que Clara es mayor.
CLARA.
¿Qué importa, Si es más tu merecimiento?
EUGENIA.
¿Falsedad conmigo, Clara?
D. ALON.
Ya en el portal hay estruendo. Oid.
ESCENA XIV.
DON TORIBIO, OTÁÑEZ.—DON ALONSO Y SUS HIJAS.
D. TORIB.
_(Dentro.)_ ¿Vive aquí un señor tio Que yo en esta corte tengo, Con dos hijas, por más señas Con quien á casarme vengo, De dos la una, como apuesta?
OTÁÑEZ.
_(Dentro.)_ Esta es la casa.
D. ALON.
Yo creo Que es él sin duda. Llegad Conmigo al recibimiento.
_(Pasan los tres desde la sala al recibimiento, que está en el fondo del teatro.)_
D. TORIB.
_(Dentro.)_ ¿Y está acá?
OTÁÑEZ.
_(Dentro.)_ En casa está.
D. TORIB.
_(Dentro.)_ Pues Ten ese estribo, Lorenzo.
_(Don Alonso va á encontrarse con Don Toribio; Eugenia y Clara miran por la puerta hácia afuera.)_
EUGENIA.
¡Jesus! ¡qué rara figura!
CLARA.
Tú tienes razon por cierto.
EUGENIA.
¡Ay, que consintió mi hermana En murmuracion!
_(Vuelve Don Alonso con Don Toribio, vestido de camino ridículamente.)_
D. ALON.
Contento, Sobrino y señor, de ver Que haya concedido el cielo Esta ventura á mi casa, Salgo alegre á conoceros Por mayor pariente della.
D. TORIB.
Pues bien poco haceis en eso; Que en el valle de Toranzos, Desde tamañito, tengo El ser cabeza mayor Adonde quiera que llego.
D. ALON.
Llegad: ved que vuestras primas Desean mucho conoceros, Y han salido á recibiros.
D. TORIB.
Razonables primas tengo.
CLARA.
Vos seais muy bien venido.
D. TORIB.
Tanto favor agradezco.
D. ALON.
¿Cómo venís?
D. TORIB.
Muy cansado; Que traigo un macho, os prometo, De tan mal asiento, que Me ha hecho á mí de mal asiento.
_(Pasan del recibimiento á la sala.)_
D. ALON.
Miéntras de comer os dan. Sentaos.
D. TORIB.
¿No será más bueno El trocarlo, y que me den De comer miéntras me siento? Pero por no ser porfiado, _(Siéntase.)_ Que os senteis los tres os ruego; Que yo de cualquier manera Estoy bien.
CLARA.
_(Ap.)_ ¡Lindo despejo!
EUGENIA.
_(Ap. á Clara.)_ ¿Esta es mi cabeza?
CLARA.
Sí.
EUGENIA.
En aqueste instante creo, Cierto, que soy loca, pues Tan mala cabeza tengo.
D. TORIB.
Finalmente, primas mias, Como digo de mi cuento, Parece que sois hermosas, Ahora que caigo en ello; Y tanto, que ya me pesa Que seais á la par tan bellos Ángeles.
LAS DOS.
¿Por qué?
D. TORIB.
Porque... Mas explíqueme un ejemplo Escriben los naturales Que puesto un borrico en medio De dos piensos de cebada, Se deja morir primero Que haga del uno eleccion, Por más que los mire hambriento: Yo así en medio de las dos, Que sois mis mejores piensos, No sabiendo á cuál llegue ántes, Me quedaré de hambre muerto.
D. ALON.
¡Oh sencillez de mi patria, Cuánto de hallarte me huelgo!
CLARA.
¡Buen concepto y cortesano!
EUGENIA.
_(Ap.)_ De borrico es, por lo ménos.
D. TORIB.
Mas remedio hay para todo. ¿No ha de traerse, á lo que entiendo, Tio, una dispensacion, Por razon del parentesco, Para la una?
D. ALON.
Claro está.
D. TORIB.
Pues traigan dos, que yo quiero Dar el dinero doblado; Y desa suerte, en teniendo Para cada una la suya, Casaré con ambas. Pero ¡Ah sí! que se me olvidaba. ¿Cómo estais, saber deseo, Vos y mis señoras primas?
D. ALON.
Muy alegre y muy contento De ver mi casa y mis hijas, Y á vos, para que seais dueño Del fruto de mis trabajos.
D. TORIB.
Eso y mucho más merezco. Si vierais mi ejecutoria, Primas mias, os prometo Que se os quitaran mil canas. ¡Vestida de terciopelo Carmesí, y allí pintados Mis padres y mis abuelos, Como unos santicos de Horas!... En las alforjas la tengo. Esperad, iré por ella, Para que veais que no os miento.
ESCENA XV.
MARI-NUÑO.—DICHOS.
MARI-NU.
La comida está en la mesa.
_(Espántase Don Toribio de ver á Mari-Nuño.)_
D. TORIB.
¡Ay, señor tio! ¿qué es esto? ¿Trajisteis este animal De las Indias? que no creo Que es hombre ni mujer, y habla.
D. ALON.
Es dueña.
D. TORIB.
¿Y es mansa?
MARI-NU.
_(Ap. á Eugenia.)_ Ingenio Cerril tiene el primo.
EUGENIA.
No es, Sino tonto por extremo.
D. ALON.
Cómo queda vuestro padre Y su casa, saber quiero.
D. TORIB.
No me haga mal hijodalgo De comedias, si me acuerdo.
MARI-NU.
La mesa está puesta.
D. TORIB.
¿Y dónde Teneis la mesa?
MARI-NU.
Allá dentro.
D. TORIB.
No sé si lo crea.
MARI-NU.
¿Por qué?
D. TORIB.
Porque la instruccion que tengo Es, que no me crea de dueñas. Pero yo lo veré presto. Perdonadme, que no soy Amigo de cumplimientos. _(Vase.)_
ESCENA XVI.
DON ALONSO, CLARA, EUGENIA, MARI-NUÑO.
CLARA.
_(Ap.)_ ¡Lindo primo, por mi vida!
MARI-NU.
_(Ap.)_ Él no es galan; pero es puerco.
EUGENIA.
_(Ap.)_ Las guardas de peste ¿cómo Entrar le dejaron dentro?
D. ALON.
¿De qué estais tristes las dos?
LAS DOS.
Yo de nada.
D. ALON.