Teatro selecto, tomo 4 de 4

Part 5

Chapter 53,996 wordsPublic domain

LEONOR.

Eso no llegará nunca; Mas esotro ya ha llegado.

D. CÁRL.

¿Cómo?

LEONOR.

Sabe que Beatriz Me da la muerte, intentando Que me case con Don Diego. Si generoso y bizarro A cada riesgo una vida Me has de dar, aquesta aguardo. Háblala tú.

D. CÁRL.

¡Bueno es eso, Siendo yo mismo el que trato El casamiento, pedirme Contra mi herida el reparo!

LEONOR.

¿Tú lo quieres?

D. CÁRL.

Yo lo quiero.

LEONOR.

¿Tú lo trazas?

D. CÁRL.

Yo lo trazo, A cuyo efecto escondido Estoy, por no embarazarlo, Ni encontrarme con Don Diego, O con tu padre.

LEONOR.

No alcanzo La razon.

D. CÁRL.

Yo sí.

LEONOR.

¿Qué es?

D. CÁRL.

Ser Mis respetos tan honrados, Tan nobles mis sentimientos, Y mis celos tan hidalgos, Que ya, Leonor, que te pierdo, Quiero ver si tu honor gano...

LEONOR.

Yo le tengo.

D. CÁRL.

Pretendiendo, Que el escándalo que ha dado (Dejo aparte los sucesos De Madrid, en que no hablo) El entrar Don Diego á verte A casa que yo te traigo, El salir por un balcon Una noche, otra encerrado Hallarle, Leonor, contigo, Cesen con darte la mano: Fineza última que puede Hacer un enamorado, Por ver con honor su dama, Ver su dama en otros brazos...

LEONOR.

Mi bien, mi señor, mi dueño...

D. CÁRL.

Mi mal, mi muerte, mi agravio...

LEONOR.

Si la noche del balcon Le ví, me confunda un rayo; Y si la que habló conmigo Lo supe...

D. CÁRL.

Todo eso es falso.

LEONOR.

Si lo fuera, no dijera Lo que con Beatriz he hablado.

D. CÁRL.

¡Ah, traidora, que sabías Que yo lo estaba escuchando!

LEONOR.

Yo, ¿de qué?

D. CÁRL.

De haberme visto Esconder: bien lo ha mostrado Venir, cuando entró tu padre, De mí á valerte.

LEONOR.

Fué acaso. Mas quiero que no lo sea. Cuando tú me estás rogando Que con él case, ¿á qué efecto Te habia de estar engañando?

D. CÁRL.

Pregunta eso á cuantas damas Engañan á dos, sabráslo.

LEONOR.

No como yo.

D. CÁRL.

Todas sois...

D.ª BEAT.

_(Dentro.)_ Leonor.

LEONOR.

Beatriz ha llamado.

D. CÁRL.

No digas que estoy aquí, Si es que por mí has de hacer algo.

LEONOR.

No haré. ¿Al fin no me crêrás?

D. CÁRL.

No, porque dice un adagio, «Siempre es cierto lo peor.»

LEONOR.

Yo le enmendaré, mudando, «No siempre lo peor es cierto.» ¡Oh lo que me cuestas, Cárlos! _(Vanse.)_

ESCENA XII.

DOÑA BEATRIZ, DON DIEGO.

D. DIEG.

Beatriz enviarme á llamar, Y á estas horas no temer Que éntre tu casa, y poner Guarda á tu cuarto, y pasar En el de tu hermano á hablarme, Muchas prevenciones son. ¿Es fineza, ó es traicion? ¿Es darme vida, ó matarme?

D.ª BEAT.

No extrañeis, señor Don Diego, Ver aquesta novedad, Ni que con tal brevedad A veros y hablaros llego A estas horas y en mi casa, Ni que este cuarto haya sido El que para esto he elegido; Que avisándome que pasa Violante esta tarde á verme, No es bien que os vea; y así, Intento hablaros aquí. No, no teneis que temerme, Porque ya sois tan seguro Para conmigo, que puedo Perder á mi amor el miedo Tanto, que sólo procuro Ser hoy del vuestro tercera, Ya que no es posible ser Más, habiendo otra mujer Que para marido os quiera.

D. DIEG.

Cuando llamado de vos, Aquel papel recibí, Una duda concebí; Entrando aquí, fueron dos; Tres al escucharos son: Dejad que al remedio acuda, Si he de añadir una duda, Beatriz, á cada renglon.

ESCENA XIII.

DON CÁRLOS, _á la puerta del cuarto_.—DOÑA BEATRIZ.—DON DIEGO.

D. CÁRL.

_(Ap.)_ Temor, no sé lo que arguya Deso, y es fuerza escuchar Si vienen éstos á hablar En mi pena ó en la suya.

D.ª BEAT.

Mucha gana de dudar, Señor Don Diego, teneis, Supuesto que no entendeis Tan fácil modo de hablar. Y para que á vuestro amor Ningun escrúpulo quede De que entenderme no puede, Declárome más. Leonor Por vos su casa ha dejado, Padre, honor, vida y reposo: A Don Juan teneis quejoso, Don Cárlos está agraviado, Yo estoy de vos ofendida, O por mi casa ó por mí: De Leonor el padre aquí Está tambien, vuestra vida Corre gran riesgo, y es llano Que otro remedio no espero Que dar venganza á su acero, U dar á Leonor la mano. Vos la amais, ella os adora: Todos andan por mataros, Y es el remedio casaros. ¿Habeislo entendido ahora?

D. DIEG.

Necio fuera en no entenderos, Cuando tan claro me hablais; Y si licencia me dais. Trataré de responderos.

D.ª BEAT.

Decid, pues.

D. CÁRL.

_(Ap.)_ ¿Qué es esto? ¡Cielos! ¡Don Diego y Beatriz se amaban! Unos celos ¿no bastaban? ¿Para qué son otros celos? Mas quiero oir; que fingido Esto no será, supuesto Que Beatriz no hablara desto Donde yo estaba escondido.

D. DIEG.

Mucho quisiera, Beatriz, Poder en aqueste instante De amante y de caballero Dividirme en dos mitades; Porque no sé á cuál acuda De dos afectos, que iguales, Al intentar responderos Me sitian y me combaten. Si como amante pretendo Daros la respuesta, es fácil Presumir que hace mi amor De las mentiras verdades. Y así, como quien soy sólo, Solicito hablaros ántes, Pues ántes, Beatriz hermosa, Fuí caballero que amante. Pensad que no hablo con vos; Que no quiero en esta parte, De vuestros celos, Beatriz, Ni de mi amor acordarme. De mí mismo, de mi honor, De mi obligacion, mi sangre Me acuerdo sólo; y así Presumid que otro me trae Ese recado, y que á otro Respondo.

D. CÁRL.

_(Ap.)_ ¡Empeño notable!

D. DIEG.

Yo ví en Madrid á Leonor: Su hermosura pudo darme Ocasion de que asistiese De dia y de noche en su calle. Ví, miré, pasé, escribí; Pero con desdenes tales Me trató, que ya no eran Desdenes, sino desaires. Hice tema del amor, Sintiendo que me tratase Sin aquella estimacion Con que las mujeres saben Despedir lo que no quieren; Que hay algunas de tal arte, Que áun de los mismos desprecios Agradecimientos hacen. Este le faltó á Leonor: De suerte, que yo al mirarme Tan desvalido, acudí Al medio siempre más fácil, Que son las criadas. Una, Poniéndose de mi parte (Gracias á no sé qué alhaja), Me dijo: «De lo que nacen Los desprecios de Leonor, Es de que tiene otro amante.» Celos tuve... y aquí vuelvo, Contra lo propuesto, á darte Licencia de que seas tú La que me oye, por mostrarme Honrado á tus ojos; pues No lo es el que al infame Consuelo se da de que Otro, lo que él pierde, alcance. Añadió que de secreto Con él trataba casarse, Cuyo seguro les daba Lugar para que se hablasen De noche en su casa. Yo, Por poder, Beatriz, vengarme, Quise verlo; siendo sólo Mi ánimo que ella llegase A saber que yo sabía Su amor, porque no ostentase Conmigo la vanidad De no merecerla nadie. Escondióme la criada De su cuarto en una parte Oculta, donde ver pude Que ella de allí á poco sale Hácia otro aposento. Quise Seguirla, por si alcanzase A oir alguna razon, Que repetirla adelante.— No seas tú aquí; que no quiero Que venganza tan cobarde Sepas de mí, como hacer De las mujeres ultraje.— Sintióme ella, volvió á ver Quién era, y al mismo instante Entró Don Cárlos, de cuyo Encuentro el suceso sabes, Y así no quiero decirle. Al fin pues de muchos lances, Vine á Valencia, y por Dios (Si en esto miento, él me falte), Que no supe que en Valencia Leonor estaba: bastante Satisfaccion es, Beatriz, Saber tú que vine á hablarte La noche que fué forzoso Por ese balcon echarme. Capaz de todo el suceso, Celosa, Beatriz, me hablaste; Y yo, por satisfacerte, A verte volví ayer tarde. Entró Don Juan á este tiempo; Que parece que le traen Siempre á ocasion mis desdichas. Intentando retirarme, Di con Leonor; y aunque pudo El verla y verla en tal traje, Suspenderme, me cobré Tanto, que por disculparme, Culpé á Leonor. Sobrevino A tan no pensado lance Don Cárlos. Pues si tú misma, Beatriz, que es esto así sabes, ¿Cómo me pides, Beatriz, Que yo con Leonor me case? Mujer que me aborreció, Mujer que dió á mis pesares Ocasion con sus rigores, Mujer que con otro amante Vino á Valencia, y mujer Que, aunque en tu casa la hallase, Fué buscándote á tí, ¿es justo Que me la proponga nadie? Si tú en esta ausencia mia A mejor empleo aspiraste, Y los celos de Madrid Tomas ahora por achaque, Múdate muy en buen hora, Beatriz; pero no me cases: Que no es mujer para mí, Mujer que tú me la traes.

D. CÁRL.

_(Al paño.)_ ¡Cielos! ¿qué escucho? ¿Quién vió Tan evidente, tan grande Desengaño? ¡Ay, Leonor mia! Verdades son tus verdades.

D.ª BEAT.

¿Y qué es lo que hacer intentas Con enemigos tan grandes?

D. DIEG.

¿Qué enemigos?

D.ª BEAT.

Yo, Leonor, Cárlos, Don Juan y su padre.

D. DIEG.

De todos esos, Beatriz, Sino á tí, no temo á nadie.

D.ª BEAT.

¿Por qué á mí?

D. DIEG.

Porque me advierte Muchas cosas ver que hables Tú en esto.

ESCENA XIV.

INÉS Y GINÉS, _cada uno por su puerta_.—DICHOS.

GINÉS.

Señor...

INÉS.

Señora...

D.ª BEAT.

¿Qué es lo que tienes?

D. DIEG.

¿Qué traes?

INÉS.

Mi señor viene, que yo Le he visto ahora en la calle.

GINÉS.

Y es lo peor que con él Viene de Leonor el padre.

D. DIEG.

¡Qué destinado nací A desdichas semejantes!

D.ª BEAT.

Por mi hermano no importara Que aquí te viese y te hablase; Por Don Pedro sí.

GINÉS.

Ellos son De los dos más puntüales Padre y hermano que he visto: No hay cosa en que no se hallen.

D. DIEG.

A esta cuadra me retiro, Miéntras á su cuarto pase.

_(Va hácia donde está Don Cárlos.)_

GINÉS.

¿Esto ha de ser cada dia?

D. CÁRL.

_(Entreabriendo la puerta del cuarto.)_ Aquí no puede entrar nadie.

D. DIEG.

Un hombre está dentro. ¡Cielos!

D.ª BEAT.

¡Hombre! ¿Quién?

GINÉS.

Abindarráez, Que por no quedarse hoy Sin posada, llegó ántes.

D. DIEG.

No te hagas ahora de nuevas; Que el traerme aquí á rogarme Que me case con Leonor, Bien muestra que quieres darle Satisfaccion á quien es, De que tú mis bodas haces. Y vive el cielo...

D.ª BEAT.

Don Diego...

ESCENA XV.

LEONOR.—DICHOS.

LEONOR.

Señora, ¿quién hay que cause Estas voces? Mas ¡qué miro!

D.ª BEAT.

No sé quién es.

D. DIEG.

Pues yo darte El gusto de que lo sepas Quiero; porque aunque me maten Todos cuantos contra mí Hoy solicitan vengarse, He de ver quien es un hombre Tan reportado ó cobarde, Que á los ojos de su dama, Llamándole otro, no sale.

ESCENA XVI.

DON CÁRLOS.—DICHOS.

D. CÁRL.

Eso no, que yo de atento Puedo desviar un lance, De cobarde no.

LEONOR.

Desdichas, ¿Hasta cuándo habeis de darme Siempre que sentir?

ESCENA XVII.

DON PEDRO, DON JUAN.—DICHOS.

D. JUAN.

¿Qué es esto?

D. PED.

¡Qué confusion tan notable! Un enemigo buscaba, Y dos tengo ya delante. Traidor Cárlos, vil Don Diego, Si no puedo en dos mitades Dividirme, para daros Dos muertes á un tiempo iguales, Ponéos de un bando los dos, Para que de un golpe os mate.

D. JUAN.

Tenéos todos; que sí puede De la razon el exámen Mediarlo sin el acero, Componerlo sin la sangre. ¿Haos dicho Beatriz, Don Diego, El más conveniente y fácil Medio?

D. DIEG.

El más dificultoso Me ha dicho, que es que me case Con Leonor, y no he de hacerlo.

D. PED.

Ya, Don Juan, no hay más que aguarde: Pues no basta la razon, Baste el acero.

D. CÁRL.

Dejadle.

_(Pónese Don Cárlos al lado de Don Diego.)_

D. JUAN.

¿Tú le defiendes, diciendo Que no? Siendo así, ¿cómo haces Tú la fineza?

D. CÁRL.

Don Juan, Si dijera que sí, darle Yo muerte vieras.

D. JUAN.

¿Por qué?

D. CÁRL.

Porque de uno en otro instante Mejora tanto mi amor, Que es fuerza que yo me case Con Leonor.

D. JUAN.

¿Y sus agravios?

D. CÁRL.

Yo no satisfago á nadie: Bástame á mí estarlo yo.— Llega, Leonor, á tu padre.

LEONOR.

Señor...

D. PED.

No me digas nada; Que como mi honor restaure, En albricias de esta dicha Perdono tantos pesares.

D. JUAN.

Pues ¿no me direis, Don Cárlos, Qué novedad visteis?

D. CÁRL.

¿Daisme Licencia de que lo diga?

D. JUAN.

Sí. _(Llega Don Cárlos junto á Don Diego.)_

D. CÁRL.

Pues dejad que pase A vuestro lado, Don Diego...

D.ª BEAT.

_(Ap.)_ Él dice lo que oyó.

D. CÁRL.

Dadle La mano á Beatriz.

D. DIEG.

Y el alma.

D. JUAN.

¿Pues cómo?

D. CÁRL.

Esto es importante, Don Juan: con que ya sabreis De qué mi mudanza nace; Pues si adonde está Leonor Y Beatriz él entra y sale, Y yo caso con Leonor, Fuerza es que él con Beatriz case.

D. JUAN.

¡Dichoso yo, que aunque tuve Recelos, no supe ántes El agravio que el remedio!

GINÉS.

¿Están hechas ya estas paces? Pues, Inés, boda _me fecit_, Para que con esto nadie Desconfíe de su dama; Que aunque la apariencia engañe, _No siempre lo peor es cierto_. Perdonad sus yerros grandes.

GUÁRDATE DEL AGUA MANSA.

PERSONAS.

CLARA, _dama_. EUGENIA, _dama_. BRÍGIDA, _criada_. MARI-NUÑO, _dueña_. HERNANDO, _criado_. OTÁÑEZ, _escudero, vejete_. DON FÉLIX, _galan_. DON JUAN DE MENDOZA, _galan_. DON PEDRO, _galan_. DON TORIBIO CUADRADILLOS. DON ALONSO, _viejo_.

La accion pasa en Madrid.

JORNADA PRIMERA.

_Sala en casa de Don Alonso, junto á los pozos de la nieve._

ESCENA PRIMERA.

DON ALONSO, OTÁÑEZ.

OTÁÑEZ.

Una y mil veces, señor, Vuelvo á besarte la mano.

D. ALON.

Y yo una y mil veces vuelvo A pagarte con los brazos.

OTÁÑEZ.

¿Posible es que llegó el dia Para mí tan deseado, Como verte en esta corte?

D. ALON.

No lo deseabas tú tanto Como yo; pero ¿qué mucho, Si en dos hijas dos pedazos Del alma me estaban siempre Con mudas voces llamando?

OTÁÑEZ.

Aun en viéndolas, señor, Mejor lo dirán tus labios. ¡Oh si mi señora viera Este dia!

D. ALON.

No mi llanto Ocasiones con memorias Que siempre presentes traigo. Téngala Dios en el cielo; Que á fe que he sentido harto Su muerte; que desde el dia Que su Majestad, premiando Mis servicios, en el reino De Méjico me dió el cargo De que vengo, á no más ver Me despedí de sus brazos. No quiso pasar conmigo A Nueva-España, no tanto Por los temores del mar, Como porque en tiernos años Dos hijas eran estorbo Para camino tan largo. Criándolas quedó en casa: Fué Dios servido que al cabo De tantos años faltó. A cuya causa, abreviando Yo con mi oficio, dispuse Volver para ser reparo De su pérdida; que no Estaban bien sin amparo De padre y madre.

OTÁÑEZ.

Es muy justo, Señor, en tí ese cuidado; Pero si alguno pudiera No tenerle, eras tú. Es llano, Porque el dia que faltó Mi señora, ambas entraron Seglares en un convento, Sin más familia ni gasto Que á Mari-Nuño y á mí, Donde en Alcalá han estado Con sus tias hasta hoy, Que obedientes al mandato Tuyo, vuelven á la corte. Y habiéndolas yo dejado Ya en el camino, no pude Sufrir del coche el espacio; Y así, por verte, señor, Me adelanté.

D. ALON.

Unos despachos Que para su Majestad Traje, demas del cuidado De tener puesta la casa, Tiempo ni lugar me han dado De ir yo por ellas; demas Que el camino es tan cosario, Que perdona la fineza, Pues es venir de otro barrio. ¿Cómo vienen?

_VOCES._

_(Dentro.)_ Pára, pára.

OTÁÑEZ.

Ya parece que han llegado: Ellas lo dirán mejor.

D. ALON.

A recibirlas salgamos.

OTÁÑEZ.

Excusado será, pues Están ya dentro del cuarto.

ESCENA II.

CLARA, EUGENIA Y MARI-NUÑO, _de camino_.—DON ALONSO, OTÁÑEZ.

CLARA.

Padre y señor, ya que el cielo, Enternecido á mi llanto, Me ha concedido piadoso La dicha de haber llegado Adonde, puesta á tus piés, Merezca besar tu mano, Cuanto desde hoy viva, vivo De más; pues no me ha dejado Ya que pedirle, si no es Sólo el eterno descanso.

EUGENIA.

Yo, padre y señor, aunque Logre en estas plantas cuanto Me prometió mi deseo... Más que pedir me ha quedado Al cielo, y es que tal dicha Dure en tu edad siglos largos; Porque esto del morir, no Lo tengo por agasajo.

D. ALON.

No en vano, mitades bellas Del alma y vida, no en vano Al corazon puso en medio Del pecho el cielo, mostrando Que con dos afectos puede Comunicarse en los brazos. Alzad del suelo; llegad Al pecho, que enamorado Vuelva á engendraros de nuevo.

CLARA.

Hoy puedo decir que nazco, Pues hoy nuevo sér recibo.

EUGENIA.

Dices bien, que tal abrazo Infunde segunda vida.

D. ALON.

Entrad, no quedeis al paso: Tomaréis la posesion Desta casa en que os aguardo, Para que seais dueños della, Hasta que piadoso el hado Traiga á quien merezca serlo De dos tan bellos milagros; Si bien en mí, esposo, padre Y galan tendreis, en tanto Que os vea como deseo.— ¡Brígida! _(Llamando.)_

ESCENA III.

BRÍGIDA.—DICHOS.

BRÍGIDA.

Señor.

D. ALON.

Su cuarto Enseña á tus amas.

BRÍGIDA.

Todo Limpio está y aderezado; Pero ¿qué mucho es, si tales Dueños espera, el estarlo Como un cielo, con dos soles? ¡Feliz yo que á ver alcanzo Este dia, aunque á pension De haber, Eugenia, dejado Las paredes del convento!

EUGENIA.

¡Feliz yo, pues he llegado A ver calles de Madrid, Sin rejas, redes, ni claustros!

_(Vanse Clara, Eugenia, Brígida y Otáñez.)_

ESCENA IV.

DON ALONSO.—MARI-NUÑO.

MARI-NU.

Ya, señor, que el alborozo De dos hijas ha dejado Algun lugar para mí, Merezca tambien tu mano.

D. ALON.

Y no con menor razon Que ellas, el alma y los brazos, Pues por vuestra buena ley, En lugar de madre os hallo. Y ya que ausentes las dos, Solos, Mari-Nuño, estamos, Decidme sus condiciones; Que como las dos quedaron Niñas, mal puedo hacer juicio Que no sea temerario, Para que prudente y cuerdo Pueda, como maestro sabio, Gobernar inclinaciones Que pone el cielo á mi cargo.

MARI-NU.

Con decir, señor, que son Hijas tuyas, digo cuanto Puedo decir; mas por que No presumas que te hablo Sólo al gusto, aunque de entrambas La virtud y ejemplo es raro, De lo general verás Que á lo particular paso. Doña Clara, mi señora, Mayor en cordura y años, Es la misma paz del mundo: No se ha visto igual agrado Hasta hoy en mujer. Pues ¿qué Su modestia y su recato? Apénas cuatro palabras Habla al dia: no se ha hallado Que haya dicho con enojo A criada ni á criado En su vida una razon: Es, en fin, ángel humano, Que á vivir solo con ella, Pudiera uno ser esclavo. Doña Eugenia, mi señora, Aunque en virtud ha igualado Sus buenas partes, en todo Lo demas es al contrario. Su condicion es terrible: No se vió igual desagrado En mujer: dará, señor, Una pesadumbre á un santo. Es muy soberbia y altiva, Tiene á los libros humanos Inclinacion, hace versos; Y si la verdad te hablo, De recibir un soneto Y dar otro, no hace caso. Pero no por eso...

D. ALON.

Basta, Que en eso habeis dicho harto. Yo os lo estimo, como es justo, Que, prevenido del daño, Sepa adónde he de poner Desde hoy desvelo y cuidado. Y así, aunque en edad menor, Sea primera en estado; Que el marido y la familia Son los médicos más sabios Para curar lozanías, Flores de los verdes años. Desde el dia que llegué, A la montaña he enviado Por un sobrino, que hijo Es de mi mayor hermano; Y en él quiero de mis padres Y abuelos el mayorazgo Aumentar: pobre es, yo rico, Y es bien que el caudal fundamos De la sangre y de la hacienda, Porque conservemos ambos El solar de Cuadradillos Con más lustre. Así, en llegando, Será Eugenia esposa suya: Veamos si el nuevo cuidado Enmienda las bizarrías De los verdores lozanos.

ESCENA V.

OTÁÑEZ.—DON ALONSO, MARI-NUÑO.

OTÁÑEZ.

Un hombre espera allí fuera.

D. ALON.

¿Quién es?—Que ese breve espacio Tardaré, á las dos decid.— ¿Versos? ¡Gentil cañamazo! ¿No fuera mucho mejor Un remiendo y un hilado? _(Vase.)_

OTÁÑEZ.

¿Qué le has dueñado á señor, Que es lo mismo que chismeado, Que ya va tan desabrido?

MARI-NU.

¿Ahora sabes, mentecato, Que apostatara una dueña, Si supiera callar algo? _(Vanse.)_

* * * * *

_Sala en casa de Don Félix._

ESCENA VI.

DON FÉLIX, _vistiéndose_; HERNANDO.

HERNAN.

¡Bravas damas han venido, Señor, á la vecindad!

D. FÉLIX.

El agasajo, en verdad, Perdonara por el ruido, Pues dormir no me han dejado.

HERNAN.

La una es dada.

D. FÉLIX.

¿Qué importó, Si á la una duermo yo, Que haya dado ó no haya dado? Mas ¿qué género de gente Es?

HERNAN.

De lo muy soberano: Las hijas de aqueste indiano, Que compró el jardin de enfrente, Que dicen, señor, que lleno De riquezas para ellas, A solamente ponellas Viene en estado.

D. FÉLIX.

Eso es bueno. ¿Son hermosas?

HERNAN.

Yo las ví Al apearse, y á fe Que por tales las juzgué.

D. FÉLIX.

¿Hermosas y ricas?

HERNAN.

Sí.

D. FÉLIX.

Buenas dos alhajas son: Dirémoslas al momento Todo nuestro pensamiento, Por gozar de la ocasion, Con estar cerca de casa; Que estoy cansado de andar Lo que hay desde aquí al lugar.

HERNAN.

Un vejete cuanto pasa Me dijo: y al padre igualo Al hombre de más valor, Pues dice que por su honor Matara al Sofí.

D. FÉLIX.

Eso es malo; Que aunque yo no soy Sofí, En extremo me pesara Que para que él me matara, Por él me tuviera aquí. Y de las hijas ¿qué dijo? Que escudero que empezó A hablar, nada reservó.

HERNAN.

Diversas cosas colijo De ambas que apruebo y condeno, Porque hay del pan y del palo. Una es callada.

D. FÉLIX.

Eso es malo.

HERNAN.

Otra es risueña.

D. FÉLIX.

Eso es bueno. Para la alegre, por Dios, Habrá sonetazo bello; Y para la triste aquello De «ojos, decídselo vos.»

HERNAN.

Alegre ó triste, me holgara De verte, señor, un dia, Con una galantería, Que decirla te costara Desvelo.

D. FÉLIX.

¿A mí? Harto fuera Que alabarse, vive el cielo, De que me costó un desvelo Ninguna mujer pudiera. Eso no, pues sabe Dios Que si las hiciere ya Algun terrero, será Por estar cerca y ser dos. Aunque á cualquiera me inclina Ya fuerza más poderosa.

HERNAN.

Será ser rica y hermosa.

D. FÉLIX.

No es sino el estar vecina, Que es mayor perfeccion, pues Nada la iguala. _(Llaman.)_ Mas dí, ¿Llaman á la puerta?

HERNAN.

Sí.

D. FÉLIX.

Ve y mira, Hernando, quién es.

ESCENA VII.

DON JUAN, _en traje de camino_.—DON FÉLIX, HERNANDO.

D. JUAN.

Yo soy, Don Félix; que estando La puerta abierta, no fuera Bien, que más me detuviera.

D. FÉLIX.

Mal llamar ha sido, cuando Sabeis que puertas y brazos Están siempre para vos De una suerte.

D. JUAN.

Guárdeos Dios, Que ya sé que destos lazos El estrecho nudo fuerte Que en nuestras almas está, Sin romperle, no podrá Desatárnosle la muerte.

D. FÉLIX.

Seais bien venido; que aunque En la jornada de Hungría, Que veniades sabía, No tan presto os esperé.

D. JUAN.

Fuerza adelantarme ha sido Para un negocio, en razon, Don Félix, de mi perdon.

D. FÉLIX.

¿Habeisle ya conseguido?

D. JUAN.

Sí, y habiendo perdonado La parte, gozar quisiera Del indulto que se espera Por las bodas; y así, he dado Priesa á venir, para que, En vuestra casa escondido, Me halle á todo prevenido.

D. FÉLIX.

Dicha es mia. Y ¿cómo fué?

D. JUAN.

Ya sabeis que por la muerte, Félix, de aquel caballero, Fuí á Italia. Pues, lo primero, Dispuso mi buena suerte Ser ocasion que el señor Duque excelso y generoso De Terranova famoso, Iba por embajador A Alemania. Acomodado Con él á Alemania fuí; Y hallándose allá de mí Bien servido y obligado, A España escribió, porqué Conocimiento tenía Con la parte: y así un dia, Sin saberlo yo, me hallé Con el perdon, en un pliego Que de su mano me dió.

D. FÉLIX.

El lance fué tal, que erró La parte en no darle luégo, Pues fué casual la pendencia Que dió la conversacion.

D. JUAN.

Esa es, Félix, la opinion Comun; pero mi impaciencia De mayor causa nacía, Que la que ocasiona el juego.

D. FÉLIX.