Part 19
El veneno ó el hechizo Fácil á los dos será De confeccionar; mas ya Que suponga que se hizo, ¿Cómo ha de lograr su fin?
SOMBRA.
Si á mí áspid me han de llamar, Y á tí basilisco, ¿entrar Quién nos quitará al jardin? Ven, y el disfraz pensaremos Que entre sus troncos y flores Oculte nuestros rencores, Por más que ahora escuchemos...
ELLOS Y MÚSICA.
_Venid, corred, volad, Elementos,_ _A dar la obediencia al Príncipe vuestro._
_(Vanse.)_
* * * * *
_Jardin._
ESCENA VII.
_Salen_ LOS ELEMENTOS _cantando, y sacando en las manos ricos vestidos para_ EL HOMBRE.—EL ENTENDIMIENTO, EL ALBEDRÍO, LA LUZ, _con el hacha, y_ EL HOMBRE _detras, y miéntras cantan le van vistiendo como dicen los versos_.
MÚSICA.
_Venid, corred, volad, Elementos,_ _A dar la obediencia al Príncipe vuestro_.
TIERRA.
_Flores, sus sendas cubrid;_ _¡Venid, venid!_
AGUA.
_Fuentes, sus espejos sed;_ _¡Corred, corred!_
AIRE.
_Auras, su calor templad;_ _¡Volad, volad!_
FUEGO.
_Rayos, su pompa asistid;_ _¡Lucid, lucid!_
MÚSICA Y LOS CUAT.
_Y en fin, jurándole rey_ _De alcázar, monte y jardin,_ _¡Venid, corred, volad, lucid!_
LUZ.
Ya que en vuestro poder queda, Donde ántes de confirmarme, O por sí pueda ganarme, O por sí perderme pueda, Servidle hasta ver si atento, Para rey y esposo mio, Usa bien de su Albedrío, O mal de su Entendimiento. _(Vase.)_
ESCENA VIII.
EL HOMBRE, LOS ELEMENTOS, EL ALBEDRÍO, LA LUZ, EL ENTENDIMIENTO.
LOS CUAT. ELEM.
_(Cantan.)_ _Por tí, á su obediencia_ _Todos le ofrecemos..._
TIERRA.
_La Tierra sus flores._
AGUA.
_El Agua su espejo._
AIRE.
_Sus auras el Aire._
FUEGO.
_Sus luces el Fuego._
MÚSICA.
_Sirviéndole á un tiempo_ _Luces, auras, espejos y flores_, _El Agua, la Tierra, el Aire y el Fuego_.
HOMBRE.
¡Cielos! ¿qué es eso que veo? ¿Qué es esto, cielos, que miro, Que si lo dudo me admiro, Y me admiro si lo creo? ¿Yo de galas adornado, De músicas aplaudido, De sentidos guarnecido, De potencias ilustrado? ¿En este instante no era Del centro la masa dura Mi triste prision obscura? Pues ¿quién me trajo á una esfera Tan rica, tan suntuosa Y tan florida, que en ella La más reluciente estrella Aun no se atreve á ser rosa? Otra vez vuelva á dudar, Y otras mil, quién soy, quién fuí Ó quién seré.
ENTEND.
De eso á mí Me ha tocado el informar: Polvo fuiste, polvo eres, Y polvo despues serás.
ALBED.
_(Al hombre.)_ Ya que en su servicio estás, ¿Para qué afligirte quieres, Sin ver cuánto escandaliza Que pase tu mal humor El que es Juéves del Señor A Miércoles de Ceniza? Si fuiste polvo, ya eres La más perfecta criatura Que vió del sol la luz pura; Y pues á todas prefieres, No sólo en lo humano, no Sólo en lo racional, pero En ser príncipe heredero Del Rey, que hoy te declaró, Goza la felicidad, Sin que te entristezca nada.
HOMBRE.
Más tu despejo me agrada, Que aquella severidad. Saber de los dos intento Quién sois en servicio mio.
ALBED.
Yo soy tu libre Albedrío.
HOMBRE.
Y tú ¿quién?
ENTEND.
Tu Entendimiento.
HOMBRE.
¿Cómo el primer dia tan cano Estás?
ENTEND.
Éste es claro indicio De que las canas del juicio Amanecen más temprano Que las del poco saber.
ALBED.
Si por mí lo dices, yo Sé lo que me basta.
HOMBRE.
No Más; y pues que mi sér Sé ya que á todos prefiere, ¿Quién me mete en discurrir? Dejarme quiero servir, Y venga lo que viniere. Cantad.
ENTEND.
Sea la cancion Algun verso que le acuerde Lo que gana ó lo que pierde En seguir más mi opinion Que no la del Albedrío.
HOMBRE.
Tú, miéntras me halaga el canto, Vuelve á encarecerme cuánto Es superior el sér mio.
_(Vanle vistiendo miéntras cantan.)_
ESCENA IX.
DICHOS.—_Salen_ LA SOMBRA Y EL PRÍNCIPE DE LAS TINIEBLAS, _de villanos_.
MÚSICA.
_Sobre áspid y basilisco_ _Seguro pisará el Hombre,_ _Si de basilisco y áspid_ _Los peligros reconoce._ _Y atento al precepto,_ _Mira que se esconden_ _Infestando flores y frutos,_ _El uno en los frutos, y el otro en las flores._
PRÍNCIPE.
_(Aparte.)_ A mala ocasion venimos, Pues le avisa en esas voces Sagaz el Entendimiento Que si el precepto no rompe...
ÉL Y MÚS.
_Sobre áspid y basilisco_ _Seguro pisará el hombre._
SOMBRA.
_(Aparte.)_ Ya que aquí de jardineros El disfraz nos desconoce, No nos demos por vencidos Del Entendimiento noble...
ÉL Y MÚS.
_Sí de basilisco y áspid_ _Los peligros reconoce._
SOMBRA.
Pues, villano el Albedrío, Será posible le informe Al contrario; y así, ocultos, Hasta tener ocasiones De introducir el veneno, Prosigan nuestros rencores...
ÉL Y MÚS.
_Infestando las flores y frutos,_ _El uno en los frutos, y el otro en las flores._
HOMBRE.
En fin, ¿que heredero soy De este imperio?
ALBED.
¿Quién lo duda?
ENTEND.
Quien sepa que no lo eres Hasta lograr la ventura De que, confirmado en Gracia, Ella sea esposa tuya. Bien esa letra lo ha dicho, Pues ha dicho que se ocultan Basilisco y áspid donde Puede ser que alguna fruta Avenenada...
HOMBRE.
Suspende La voz. (_Ap._ ¡Cuánto me disgusta Su anciano temor!) Y dime _(A Albedrío.)_ Tú, porque su enfado suplas, ¿Cómo, si príncipe soy, Un sepulcro fué mi cuna?
ALBED.
Si el Albedrío en las penas No es posible que concurra, No le toca al Albedrío Responder á esta pregunta.
ENTEND.
Al Entendimiento sí, Que á él le es dado que discurra. Los justos juicios del Rey, Tu padre, por causas justas, Hasta hoy no te declararon; Y ser las entrañas duras De la Tierra tu prision, Fué porque en alta fortuna Tengas entendido...
HOMBRE.
¿Qué?
ENTEND.
Que si á la ley no te ajustas, Quedó en la cuna labrada La materia de la tumba.
HOMBRE.
Ya temia yo que habia De ser tu respuesta angustia. No me hables más, que me afliges.— Y díme tú, que me adulas, ¿Sobre príncipe heredero, Es verdad que la criatura Más perfecta soy del orbe?
ALBED.
Tú mismo al verte lo juzga.— Agua, el espejo.
_(Va á llegar la Sombra, y al ver el espejo se retira.)_
PRÍNCIPE.
_(Ap. á Sombra.)_ En él puedes, Pues basilisco me anuncian Que es veneno de la vista, Poner la mortal cicuta.
SOMBRA.
_(Al Príncipe.)_ Si haré, mas ¡ay infelice!
PRÍNCIPE.
_(A la Sombra.)_ ¿De qué te asombras y turbas?
SOMBRA.
_(Al Príncipe.)_ De haber visto en el cristal Un rasgo, viso ó figura De un espejo no manchado, Cuya siempre intacta luna No ha de empeñar el aliento De la Sombra de la Culpa.
_(Llega el Agua, y se mira el Hombre al espejo.)_
AGUA.
En este cuajado vidrio Del agua que el valle inunda, Puedes verte al natural Retratado.
HOMBRE.
¡Oh sábia, oh suma Omnipotencia! ¿Yo soy Aquel que allí se dibuja, Como aquellos, que hasta aquí No llegué á mirarlos nunca, Son los ojos que lo ven, Los labios que lo pronuncian, Y así las demas facciones?... Otra vez repite, y muchas, Que es verdad que soy la obra Que la potencia absoluta Guardó para la postrera. ¡Qué fábrica tan augusta! Si fuera primera, no Llegara á tener segunda. Dices bien: la más perfecta Criatura soy.
ENTEND.
Es sin duda, Supuesto que el Hacedor Te hizo á semejanza suya; Pero si de él recibiste La perfeccion que te ilustra, ¿De qué te glorias, supuesto Que la gozas sin ser tuya?
HOMBRE.
Sí es, supuesto que la gozo: Y no tu vejez caduca Siempre á mis gustos opuesta Esté, ó podrá ser que alguna Vez me halles...
ALBED.
Fuego, la espada.
PRÍNCIPE.
_(Ap. á Sombra.)_ Pon el veneno en su punta, Pues áspid de acero es Cualquiera espada desnuda.
_(Va á llegar la Sombra, y se retira al ver la espada.)_
SOMBRA.
_(Al Príncipe.)_ Sí haré. Mas no, no haré tal.
PRÍNCIPE.
_(A Sombra.)_ ¿Otra vez al ir te asustas?
SOMBRA.
_(Al Príncipe.)_ Sí, que está en su guarnicion Un adorno que la cruza, De quien es fuerza que yo Atemorizada huya.
_(Llega el Fuego, y cíñele la espada.)_
FUEGO.
Ésta, señor, es la espada De aquellos dos córtes, cuya Cuchilla templada al fuego Está del alma, tan pura, Que no hay hierro que no ablande, No deshaga, no consuma Y purifique.
ENTEND.
Sí; pero Advierte que, si la empuñas, Se significan en ella Las cuatro virtudes juntas: La hoja es la Justicia; el pomo La Fortaleza, y se aunan En ser la Templanza el puño, Y la vaina la Cordura. Si usas mal de ella, con ella Te herirás; mas si bien usas, Vencerás tus enemigos.
HOMBRE.
¿Qué enemigos? ¿Habrá alguna Criatura que contra mí, Ni imagine, ni presuma Oponerse?
ALBED.
Aire, el sombrero.
PRÍNCIPE.
_(A Sombra.)_ Puesto que en el Aire triunfas Del ave, cuando tus sombras Sus resplandores sepultan, Y son del aire las aves, Pon el hechizo en sus plumas.
_(Va á llegar, y tambien se retira.)_
SOMBRA.
_(Al Príncipe.)_ Sí haré. Mas tampoco puedo.
PRÍNCIPE.
_(A Sombra.)_ ¿Tercera vez te atribulas?
SOMBRA.
_(Al Príncipe.)_ Sí, que entre las demas aves, Volar miro al cielo una Tan remontada, que, llena De gracia, hasta el sol se encumbra, Donde no puede alcanzarla Todo el vuelo de la Culpa.
AIRE.
Las plumas que de tu fama Serán alas con que subas Al más eminente solio, El dia que en reales nupcias, Siendo esposo de la Gracia, Te corone su hermosura, Son éstas.
ALBED.
¡Qué bien te está De sus tremoladas plumas El rizado airon!
ENTEND.
Alhajas De Aire adornan, mas no ilustran: Dígalo el pavon, y toma Ejemplo en la pompa suya, No sea su deshecha rueda La rueda de tu fortuna.
HOMBRE.
Este sabio Entendimiento Mucho mi paciencia apura.
ALBED.
Pues para que te diviertas, Sin que su vejez te pudra, Tierra, llega, llega, y goce En tus flores la blandura De sus aromas.
PRÍNCIPE.
_(A Sombra.)_ Y en flores, Que son edades caducas, ¿Pondrás el veneno?
SOMBRA.
_(Al Príncipe.)_ Sí... Pero tambien me perturba Una cándida azucena, Junto á una rosa purpúrea, De cuyo vírgen albor Quiere el cielo se produzca Un enamorado lirio, Que en lo cárdeno me ofusca, Sombra de mi misma sombra.
PRÍNCIPE.
_(A Sombra.)_ Si hasta las flores te angustian, De este prodigioso árbol, Que á su sombra nos oculta, Toma esta manzana; en ella Nuestras iras ejecuta, Y ya que en la flor no puedas, Pon el veneno en la fruta.
SOMBRA.
_(Al Príncipe.)_ Muestra; que nunca más áspid, Si es que me vale la industria...
TIERRA.
En estas flores la Tierra, Para tu halago tributa Sus matices, y...
SOMBRA.
Eso á mí Toca; que tú, Tierra inculta, Silvestres flores le dieras, A no ser mi agricultura La que diera á sus primores Arreboles que las pulan. Y pues te toca el que nazcan, Y á mí me toca el que luzcan, Más mias son.
TIERRA.
¿Cuándo la Tierra Rendir sus frutos rehusa?
HOMBRE.
¿Quién eres, bella zagala, Que sobre la Tierra triunfas, Tan dueño de sus caudales, Que para tí los usurpas, Sin que ella te los defienda: Y nueva aurora segunda, Das á entender que amaneces En bella oposicion suya, _Compitiendo con las selvas_ _Donde las flores madrugan?_
SOMBRA.
Soy, no tan sólo en la Tierra Agricultora, que estudia Esmerar sus obras; pero Tan sábia, que en ella apura, Y en los demas elementos, Las cualidades ocultas. Caracteres para mí En valles, montes y grutas, Son sus plantas las estrellas, En su campaña cerúlea, Mis oráculos de fuego Son, del Agua las espumas Mis libros: y porque lea Lo que sus vuelos anuncian, Siendo para mí del año Cualquiera estacion fecunda, _Los pájaros en el viento_ _Forman abriles de plumas._
HOMBRE.
¡Qué raro bello prodigio!— Albedrío; ¿viste nunca Hermosura más discreta?
ALBED.
Yo no entiendo de hermosuras, Mas para que á mí me agrade Basta ver que á tí te gusta.
ENTEND.
Y para que á mí me ofenda, Ver que tú no lo repugnas. Advierte, Señor, que anda Con humano rostro una Serpiente en estos jardines, Tan incautamente astuta, Que Agua, Fuego, Tierra y Aire, Siendo negra noche obscura, _De su belleza engañados,_ _Por aurora la saludan._ Teme, pues, que puede ser, Si la miras, si la escuchas, Tu culpa escucharla y verla.
HOMBRE.
¿Qué importará, si en disculpa De esa culpa, mis sentidos, Por más que tú los acusas, _En viendo sus bellos ojos,_ _Quedan vanos de su culpa?_
SOMBRA.
Pues porque tu entendimiento No cauteloso me arguya Y la verdad de mis magias A experiencia se reduzca, Toma esta dorada poma; Si una vez su sabor gustas, Verás que no solamente En tí mis ciencias infunda, Pero que inmortal te haga, Para que no puedas nunca, Igualándote al poder Del Rey, perder de esta augusta Majestad la accion, que hoy No puedes decir que es tuya. Del tiempo, que allá en la Tierra Te ocultó, venga la injuria: Come, y como el Rey, serás Eterno edades futuras.
HOMBRE.
Mucho me ofreces, y mucho De la poma la dulzura Brindando está al apetito.
ALBED.
Pues ¿qué esperas? pues ¿qué dudas? Llega, y come de ella.
ENTEND.
No, Albedrío, á eso le induzcas;— Ni tú á tocarle te atrevas. _(De rodillas.)_
HOMBRE.
No entre los dos te introduzcas A embarazarlo tú.
ENTEND.
Mira Que quizá en el Aire fundas Altas torres, y que suelen Ser soñadas las venturas; Y podrá ser, si despiertas, Que entre fantasmas confusas Todo esto vuelva á la nada.
HOMBRE.
Ya ése es tema de locura Más que lealtad: quita, quita, Villano.
ENTEND.
Atiende, que usas Muy mal de tu Entendimiento, Si atropellado le injurias.
HOMBRE.
Peor usas tú de tu dueño, Pues atrevido le luchas, Sin ver que desde ese muro Puedo arrojarte á esas duras Peñas.
ENTEND.
No podrás, sin que A tí mismo te destruyas.
HOMBRE.
¿Cómo que no podré? Pero Las fuerzas lo dificultan, No el valor.—Llega, Albedrío; Tú á despeñarle me ayuda.
ALBED.
Sí haré, pues sin mí no puedes.
AGUA.
Mira...
TIERRA.
Advierte...
FUEGO.
Atiende...
AIRE.
Escucha...
HOMBRE.
¡Nadie á mi furia se oponga, Ó teman todos mi furia!
_(Arrójanle entre los dos al vestuario, como precipitado.)_
ENTEND.
_(Dentro.)_ ¡Ay de tí, más que de mí!
PRÍNCIPE.
_(Ap.)_ Bien se ha logrado la industria.
ELEMENTOS.
¿Qué has hecho, Hombre?
HOMBRE.
Despeñar A mi Entendimiento, y una Vez despeñado, sin él Comer la vedada fruta. Muestra. Mas ¿qué es esto? ¡Cielo! _(Come.)_
_(Terremoto.)_
FUEGO.
Es que mis rayos se anublan.
TIERRA.
Que se estremecen mis montes.
AGUA.
Que mis cristales se enturbian.
AIRE.
Que mis vientos se embravecen.
ESCENA X.
DICHOS.—_Sale_ LA LUZ _con una hacha encendida_.
LUZ.
Pues todo el orbe caduca, Grande daño hay. Elementos, ¿Qué es esto?
SOMBRA.
¿A quién lo preguntas, Si mejor de tí podrás Saberlo, viendo la pura _(Apágale el hacha.)_ Luz de la Gracia apagada De la Sombra de la Culpa?
_(Vase con el Príncipe.)_
ESCENA XI.
EL HOMBRE, EL ALBEDRÍO, LA LUZ, LOS CUATRO ELEMENTOS.
HOMBRE.
¡Ay de mí infeliz, que todo El orbe he dejado á escuras!
LUZ.
¡Ay dél, pues será tu error Miserable herencia suya!
HOMBRE.
Albedrío, ¿dónde (¡ay triste!) Estás?
ALBED.
En vano me buscas, Que nadie con Albedrío Padece: él á las holguras Induce, mas no á las penas. _(Vase.)_
ESCENA XII.
DICHOS, _menos_ EL ALBEDRÍO.
HOMBRE.
¿Tierra?...
TIERRA.
¿Qué es lo que procuras De mí, si ya son sangrientas Espinas mis rosas rubias?
HOMBRE.
¿Agua?...
AGUA.
No esperes de mí, Sino procelosas lluvias, Que tal vez el mundo aneguen.
HOMBRE.
¿Fuego, Aire?...
AIRE.
En mí no presumas Más que ráfagas que talen.
FUEGO.
Y en mí rayos que destruyan.
HOMBRE.
Todos ¡ay de mí! sus iras Sin Albedrío ejecutan; Mas no sin Entendimiento, Que áun despeñado me acusa. ¿Qué frenesí, qué letargo, Qué ira, qué rabia, qué furia, Se va de mí apoderando? El áspid era sin duda El que, con humano rostro, Bien que inhumana hermosura, Me dió la hechizada poma; Pues helado el pecho, muda La voz, balbuciente el labio, Turbada la vista, ruda La razon, ciego el discurso, Torpe el sentido, confusa La vida, y suspensa el alma, Me han dejado la escultura Del barro no más; pues sólo, Bronca informe estatua bruta, Tengo ojos, y no ven; Tengo oidos, y no escuchan; Tengo manos, y no tocan; Tengo labios, y no gustan; Tengo piés, y no se mueven; Tengo voz, y no pronuncia; Y en fin, sin Entendimiento, Ni Albedrío que me acudan, Tengo aliento que no alienta, Y corazon que no pulsa. Hasta la piadosa llama Que á estos jardines me alumbra, A fuer de luz recien muerta, Ya no arde, sino ahuma. ¿Qué mucho, pues, ¡ay de mí! Si todos me desahucian, Que en brazos de letal sueño, Negra Sombra de la Culpa, Pues dejó á la muerte viva, Deje á la vida difunta? _(Caése como aletargado.)_
AGUA.
¡Qué asombro!
AIRE.
¡Qué pasmo!
FUEGO.
¡Qué ánsia!
TIERRA.
¡Qué pena!
LUZ.
¡Qué desventura!
ESCENA XIII.
EL HOMBRE, _dormido_; LA LUZ, LOS CUATRO ELEMENTOS.—_Salen_ PODER, CIENCIA Y AMOR.
PODER.
¿De qué son vuestros lamentos?
LUZ.
Si á humano modo te ajustas, A preguntar lo que sabes, Dígalo esta luz ya obscura.
FUEGO.
Dígalo la mia eclipsada.
TIERRA.
Díganlo mis flores mustias.
AIRE.
Destemplados mis alientos.
AGUA.
Mis claras corrientes turbias.
LUZ.
Y en fin, dígalo, Señor, Ver que, deshecha tu hechura...
LOS CUAT.
Dejando viva á la muerte, Dejó á la vida difunta.
PODER.
¡Oh eterna Sabiduría, Bien sus peligros anuncias! ¡Oh eterno Amor, mal el Hombre De tus beneficios usa! ¿Qué mucho, pues, que tal vez Digan sacras Escrituras Que me pesó de haber hecho Al Hombre? Y pues su fortuna, Puesta en sus manos, no fué Bastante á que se reduzca, Retírate, Gracia, tú. _(Hácelo la Luz.)_ Vosotros, ya sin ninguna Obediencia, retiradle _(A los Elementos.)_ A él tambien; que á la profunda Tierra de donde salió Es bien que se restituya. Dejádsele allí á esa fiera Poderosa Sombra injusta, Que contra su Entendimiento Cautelosamente triunfa. Sufra, llore, gima y sienta Cuánto un pecado le muda, Al ver de un instante á otro Que el que en su primera cuna Durmió en brazos de la Gracia, Despierta en los de la Culpa.
LOS CUAT.
_Sufra, llore, gima, sienta..._
TIERRA.
_El que por su desventura..._
FUEGO.
_Dejando á la muerte viva..._
AGUA.
_Deja á la vida difunta._
LOS CUAT.
_Sufra, sienta, gima y llore..._
AIRE.
_Quien, malogrando fortunas..._
AGUA.
_Vino en brazos de la Gracia,_ _Y vuelve en los de la Culpa._
MÚSICA.
_¡Sienta, gima, llore y sufra_!
_(Vanse los Elementos, llevándose al Hombre.)_
ESCENA XIV.
EL PODER, LA SABIDURÍA, EL AMOR.
PODER.
¿Todavía enternecido, Amor, te muestras?
AMOR.
¿Quién duda Que el Amor siempre es Amor? Y aunque tu sentencia es justa, Tambien lo es su apelacion: Que si en la celeste curia Decretado está que el Hombre La falta del Ángel supla, Capaz está de la enmienda.
PODER.
Es infinita la injuria Contra infinito Poder, Y no puede dar ninguna Satisfaccion infinita Por sí el Hombre.
SABID.
Pues es una La voluntad de los Tres, Si el Poder pone la suya, Si la Sabiduría pone Con la obediencia la industria, Y el amor pone la obra, Persona hay que enmiende y supla La insuficiencia del Hombre; Pues la humanidad conjunta A la Sabiduría, como Hipostáticas se unan, Satisfaccion infinita Tendrá la infinita culpa.
LOS DOS.
¿Qué determinas, pues?
PODER.
Que Lo decretado se cumpla. _(Vase.)_
SABID.
¡Albricias, Hombre, que yo, Que anteviendo tus fortunas, Tambien anteví el reparo, Iré á enmendar tus angustias! _(Vase.)_
AMOR.
¡Albricias, Hombre, que ya Puedes pensar que se escuchan, Anticipando sus tiempos A las edades futuras, Angélicas voces, que Den á todas las criaturas, Con paz al Hombre en la Tierra, Gloria á Dios en las alturas!
* * * * *
_La gruta en que apareció el Hombre al principio._
ESCENA XV.
_Salen_ LOS ELEMENTOS _con_ EL HOMBRE, _como primero, vestido de pieles_.
AGUA.
Aquí le hemos de dejar.
FUEGO.
¡Oh humana naturaleza! Vuelva su sér donde empieza, Como rio que del mar Sale, y vuelve al mar despues.
_(Pónenle una cadena.)_
TIERRA.
Bien es, pues salió de mí, Que á mí se me vuelva.
AIRE.
Así Lo dirá el _Eclesiastés_. _(Vanse.)_
ESCENA XVI.
EL HOMBRE, _en sueños_.
HOMBRE.
Ya, ya sé quién soy, y aunque La Tierra fuese mi madre, Competir puedo á mi padre; Pues sé sus ciencias, y sé Que inmortal príncipe soy Del orbe. Y pues ya me ví Su dueño... Mas ¡ay de mí _(Despierta.)_ Infeliz! ¿Adónde estoy? ¿Esta no es de mi fortuna La primera prision fiera? ¿No es ésta aquella primera Bóveda que fué mi cuna? ¿No es ésta la desnudez En que primero me ví? ¿Qué se hicieron ¡ay de mí! La majestad, la altivez El obsequio, el aparato, Las músicas, los olores, Plumas, cristales y flores, Y en fin, el sublime ornato De reales ropas, cercado De gentes, cuyo desvelo Me asistió? ¡Válgame el cielo, Qué de cosas he soñado!... Pero ¿qué me desconfia Presumir que sueño fué, Si por lo ménos saqué De él, segun mi fantasía, Saber quién soy? No encerrado Viva, pues: salga á buscar El alcázar, y á cobrar, Pues es mio, el alto estado En que me ví... Pero ¡cielos! El orgullo reprimamos, Por si ahora tambien soñamos: Mas no, que heroicos anhelos Me llaman; y así iré. ¡Ay triste! Que áun es hoy mayor mi pena De lo que fué. ¿Qué cadena Es ésta, que me resiste Que salir pueda? Y áun no Pára en eso mi fortuna, Pues no hay criatura ninguna De que ya no tiemble yo, Viendo en todas cuatro esferas, Que afilan contra mí graves Uñas y picos las aves, Presas y garras las fieras. Si miro al sol, me da enojos, Pues no me alumbra y me abrasa; Frio el Aire, me traspasa; Si piso, toda es abrojos La Tierra; el Agua, que fué Claro espejo, me retrata Feo; si la sed me mata, Turbia está; y si el hambre ve Frutas, que á ellas no me atreva Dice, y por partido toma Que pan de dolores coma, Y agua de lágrimas beba. ¿Quién me dirá cuál ha sido En mis mudanzas más cierto, Lo que allá soñé despierto, O lo que aquí veo dormido? ¡Oh Luz, cuya llama bella, Deslumbrado me alumbró! ¿Quién me dirá de tí?
ESCENA XVII.
El HOMBRE.—_Sale_ LA SOMBRA.
SOMBRA.
Yo, Que ya estoy en lugar de ella.
HOMBRE.
¡Horrible aspecto que asombra, Mira que es contrario asunto, Que lo que á la Luz pregunte, Me lo responda la sombra! ¿Quién eres?
SOMBRA.
¿No me conoces?
HOMBRE.
No, porque nunca te ví, Ni áun á lo léjos oí El sonido de tus voces.
SOMBRA.
Esa es tu pena más fiera, Y ésta mi astucia más rara; Porque ¿qué al Hombre faltara, Si su culpa conociera?
HOMBRE.
¿Luego eres mi Culpa?
SOMBRA.
Sí.
HOMBRE.
De tí huiré.
SOMBRA.
¿Cómo podrás, Si donde quiera que vas, Se va tu Culpa tras tí? Ni ¿dónde has de ir, si, aherrojado, Llevas arrastrando al pié La cadena que forjé Del hierro de tu pecado?
HOMBRE.
Ahora ví, á su yerro atento, Ser por quien mi desvarío, Aplaudiendo al Albedrío, Despeñó al Entendimiento.
SOMBRA.
Es verdad.
HOMBRE.
¿Luego no fué Sueño?
SOMBRA.
Sí fué; que, pasada, ¿Qué ventura no es soñada?
HOMBRE.
La que pasó; bien se ve En la distancia que haber Suele entre cierto y fingido, Que uno no ha sido, otro ha sido, Aunque ha dejado de ser. Y así, pues sé que es verdad Que, aunque en este estado estoy, Príncipe heredero soy, Y que aquella majestad No fué sueño, iré á cobralla.
SOMBRA.
Sueño fué para ese empeño, Que toda la _Vida es Sueño_.
HOMBRE.
Luego ésta lo es: con que se halla Tu réplica convencida, Porque si la _Vida es_ _Sueño_, ¿no es fuerza despues Que duerma esta triste vida, Que á mejor vida despierte?
SOMBRA.