Part 18
Un globo y masa confusa, Que poéticos estilos Llamarán _cáos_, y _nada_ Los profetas, compusimos Los cuatro; pues ¿por qué, siendo Hija hermosa de mis visos, La luz la primera criatura Con que á todos ilumino, Quereis que el Fuego no sea De los cuatro el preferido?
_(Luchan los cuatro.)_
TIERRA.
¿Tú el preferido?—Agua, deja Libres los términos mios...
AGUA.
Déjeme el Aire los brazos de mis mares y mis rios.
AIRE.
En dejándome á mí el Fuego La presa de mis suspiros.
FUEGO.
Cuando me deje la Tierra, Opaco cuerpo que ciño, Resplandecer y lucir. _(Luchando siempre.)_
TIERRA.
Con Aire y Agua compito.
AIRE.
Yo con el Agua y el Fuego, Que son los dos con quien lidio.
AGUA.
Yo con el Aire y la Tierra.
FUEGO.
Yo con la Tierra y contigo.
_(Dicen dentro á un mismo tiempo iguales Poder, Sabiduría y Amor los versos que repetirá la música, y los cuatro _elementos_ se suspenden.)_
LOS TRES.
Agua, Tierra, Fuego y Aire...
MÚSICA.
_Agua, Tierra, Fuego y Aire_...
LOS TRES.
Que contrariamente unidos...
MÚSICA.
_Que contrariamente unidos..._
LOS TRES.
Y unidamente contrarios...
MÚSICA.
_Y unidamente contrarios..._
LOS TRES.
En lucha estais, dividíos.
LOS CUATRO ELEM.
¿Quién nos lo manda?
ESCENA II.
LOS CUATRO ELEMENTOS. _Se desasen, partiendo la corona; y salen_ EL PODER, _anciano venerable, y_ SABIDURÍA Y AMOR, _de galanes_.
PODER.
El Poder, Que eternamente infinito Pudo...
SABID.
La Sabiduría, Que supo desde el principio Disponerlo así.
AMOR.
El Amor, Que de los dos procedido, Tambien lo quiso.
AGUA.
¿De suerte, Que un mismo Poder...
AIRE.
Que un mismo Saber...
TIERRA.
Que un mismo querer...
FUEGO.
En tres personas distinto...
AGUA.
Y en sola una voluntad...
AIRE.
Juntarnos y dividirnos...
LOS CUATRO ELEM.
Quiso, supo, pudo?
LOS TRES.
Sí, Porque pudo, supo y quiso.
AGUA.
A esa voz...
AIRE.
A ese precepto...
TIERRA.
A ese imperio...
FUEGO.
A ese dominio...
AGUA.
Yo me humillo.
AIRE.
Yo obedezco.
TIERRA.
Yo me postro.
FUEGO.
Yo me rindo.
LOS CUAT.
Y de la pasada lid En la pretension desisto.
PODER.
Oid, que no por eso cesa Vuestro campal desafío, Que aunque enemigos no os quiero, Tampoco no os quiero amigos. A ser vuestras cualidades Una, ¿no fuera preciso Con natural simpatía Uno en otro convertiros, Y que os mezclárades juntos Para no durar distintos? Y ahora, á contrario, á ser várias Las cualidades, ¿no es visto Que tambien habia de hacer La antipatía lo mismo, Y os desavinierais para No conservaros contiguos? Luego convino que haya Cualidades en que uniros, Y que haya cualidades En que oponeros convino; Pues en una parte opuestos, Y en otra parte benignos, Es fuerza que eslabonados, Cuando vaya á dividiros El odio, os tenga el amor; Y que, amigos y enemigos, Dureis conformes y opuestos Lo que duraren los siglos.
SABIDUR.
Y ya que el Sumo Poder A los cuatro ha dividido. Mantenidos en igual Balanza, igual equilibrio, Entre la Sabiduría A dar los puestos y oficios Que habeis de tener, vea el orbe Que si la creacion ha sido Atribucion del Poder, Lo es de la ciencia el arbitrio; Divididas, pues, las aguas De las aguas, su nativo Curso en el cielo un hermoso Firmamento cristalino Forme, para que elevado El fuego á eminente sitio, En él temple sus ardores, Comunicándose tibio Al aire; el aire ciñendo En vagaroso circuito Al agua, que se quedó Inferior, haga lo mismo, Templando sus humedades; Y ella, en undoso recinto Componga una agregacion De cristales, cuyos vidrios, Siempre inquietos, nunca rompan De sus márgenes los grillos; Para que desocupados De la tierra los distritos, Los hombros descubra, en quien Descanse el grave, el prolijo Peso de tanto eminente Universal edificio.
AMOR.
Y ya que la agregacion De alegóricos sentidos Da la creacion al Poder, Y el órden de sus designios A la Sabiduría; bien Dará al Amor el cariño De verlos con nuevos dones Ufanos y enriquecidos, Y así, al Fuego adornen sol Y luna, estrellas y signos, Presidiendo al dia y la noche, Uno en rayos y otro en visos. Al Aire pueblen las aves, Hermoseando sus vacíos Los matices de las alas, Los cánticos de los picos. Al Agua habiten los peces, Primeros bajeles vivos, Que surquen su esfera á tornos, Que naden su seno á giros. Troncos, plantas, frutos, flores, En vistosos laberintos La tierra cubran, en quien, Ya familiares, ya esquivos, Diversos brutos habiten, Teniendo para su asilo Los domésticos las selvas, Los montaraces los riscos. Y pues del Poder criados, Y de la Ciencia instruidos, Y adornados del Amor Os veis, sed agradecidos Al Señor, cuyo Poder, Ciencia y Amor os bendijo; Bendecidle, pues, vosotros En dulces cantos é himnos.
FUEGO.
Sí haremos, porque en el dia Del Señor, los regocijos Tambien son cultos; y supuesto Que las cuatro esferas fuimos Organizadas debajo De compas métrico y ritmo, Vaya de música y baile, Diciendo todas conmigo... _(Cantando.)_ _Cuanto en Fuego, Aire, Agua y Tierra..._
MÚSICA.
_Cuanto en Fuego, Agua, Aire y Tierra..._
FUEGO.
_Vuela, sulca, nada y yerra..._
MÚSICA.
_Vuela, sulca, nada y yerra..._
FUEGO.
_Y en sí las obras encierra..._
MÚSICA.
_Y en sí las obras encierra..._
FUEGO.
_De Poder, Ciencia y Amor..._
MÚSICA.
_De Poder, Ciencia y Amor..._
FUEGO.
_¡Bendecid al Señor!_
MÚSICA.
_¡Bendecid al Señor!_
FUEGO.
_Ángeles, criaturas bellas,_ _Cielo, sol, luna y estrellas,_ _Con vuestro hermoso esplendor..._
MÚSICA.
_¡Bendecid al Señor!_
AIRE.
_(Canta.)_ _Nubes de blando rocío,_ _Primavera, invierno, estío,_ _Niebla, luz, sombra y albor..._
MÚSICA.
_¡Bendecid al Señor!_
TIERRA.
_(Canta.)_ _Montes, valles y collados,_ _Y cuanto en selvas y prados_ _Hay desde el cedro á la flor..._
MÚSICA.
_¡Bendecid al Señor!_
AGUA.
_(Canta.)_ _Mares, rios, balsas, fuentes,_ _Y cuanto en vuestras corrientes_ _Vive á merced de su amor..._
MÚSICA.
_¡Bendecid al Señor!_
FUEGO.
Ya, Señor, que el hacimiento De gracias abrió el camino Para que, quebrado el hielo Del temor, pueda contigo Ó por ser lenguas el Fuego, Ó por ser el más activo, Hablar de parte de todos, Que me escuches te suplico. El duelo en que nos hallaste Fué, no tan sólo nacido De nuestras contrariedades, Mas tambien de nuestros bríos; Procurando cada uno Ser al otro preferido; Porque siendo, como es, Este inferior edificio De la fábrica del orbe Un conquistado dominio, Reino aparte de tu imperio Y colonia de tu impíreo, Para mantenerse en paz Y justicia, le es preciso Tener uno que prefiera A los demas; pues no ha sido Posible que se conserve Neutral un cetro diviso, Y no teniendo heredero Tú, que pueda preferirnos, Uno de los cuatro es fuerza Que haya, Señor, de regirnos, Si no es ya que tus favores, De nuestra razon movidos, Nos provean de un virey, Alcaide, juez ó ministro, A quien en tu nombre demos La obediencia; que no es digno Que alumbre el Fuego, la Tierra Fructifique, el centro frio Divida climas, el Aire Aliente, y todos remisos No sepamos para quién Tanto aparato previno, Beneficios que, no usados, Dejen de ser beneficios.
LOS CUAT.
Esto es, Señor, lo que humildes Todos á tus piés pedimos.
PODER.
Gran corte del universo, Leales vasallos mios, Desistid de la contienda Que los cuatro habeis tenido, Pues por poneros en paz, Quiero un secreto deciros, Que hasta ahora de mi mente Para ninguno ha salido. Yo, que sin necesidad De criaturas, de edificios, De pompas y majestades, En principio, sin principio, Para fin, tambien sin fin, Dentro estaba de mí mismo, Por ostentarme criador, Saqué, con sólo decirlo, Del ejemplar de mi idea Las obras que ya habeis visto. Estando, pues, en mi trono, Cercado de los ministros Que más hermosos, más puros Crié para mi servicio, Les revelé cómo habia, Por mostrarme más benigno, Más liberal, más amable, Para mi esposa elegido, Y reina suya, á la humana Naturaleza, cuyo hijo Heredero por la gracia Sería del imperio mio. Uno, pues, de los vasallos, El más sabio, hermoso y lindo, De su ciencia y su hermosura Soberbio y desvanecido, Por no jurar vasallaje A inferior ser, atrevido Se opuso á mis providencias; Dispuesto á sus precipicios, Tocó al arma en mis estados, Y con opuestos caudillos, Vinieron á la batalla Las virtudes y los vicios. Ya alentado el bronce suena, Ya responde el parche herido, Ya cruje armado el acero... Mas ¿para qué lo repito, Si en arrastrados despojos, Es con eterno castigo El clarin de mi victoria La trompa de su gemido? Viendo mi primer cuidado En esta parte perdido, Pues la criatura mejor Oponerse al Criador quiso, Escarmentando (bien puedo En esta frase decirlo, Que no es baja voz que á mí Me escarmienten los delitos), Quise, acudiendo á mis ciencias, Consultarme á mí conmigo, Si en la segunda criatura, Sujeto hermoso que elijo Para mi heredero, habia De sucederme lo mismo; A cuyo efecto mi eterna Sabiduría me dijo...
SABIDUR.
Yo, que sé todas las ciencias, De que son fieles testigos Los astros (pues que no hay En todo ese azul zafiro, Encuadernado volúmen De quien el sol es registro, Ninguno que por su nombre No llame, adverso ó propicio); Yo, para quien el presente Tiempo solamente es fijo, Pues si miro hácia el pasado, Y si hácia el futuro miro, Es tiempo presente todo, Futuro ó pasado siglo; Habiendo con mi presencia En ese dorado libro De once hojas de cristal Previsto al hombre, he previsto Que si del lóbrego seno De la tierra, el duro silo De sus entrañas, el ciego Vientre de su obscuro limbo (Donde sin sér, alma y vida, Discurso, eleccion ni aviso, En metáfora de cárcel Hasta ahora le has tenido), Le sacas á luz, no ménos Ingrato y desconocido Te será el hombre que el ángel, Poniendo en tan gran conflicto A todo el género humano, Que, á sombra de su delito, Sea el ámbito del orbe Tan heredad del abismo, Que nazcan de sus raíces El pasmo, el susto, el peligro; El adulterio, el rencor, El hurto y el homicidio. Pero ¿qué mucho, si habiendo Una vez introducido La palidez de la muerte Sus últimos parasismos, Será tan universal El morir? Pues si yo mismo, En tu nombre, para enmienda De sus errores, admito Humano sér; áun yo...
PODER.
Cesa, Que el Amor se ha enternecido.
AMOR.
Sí; pero no sin consuelo, Que pueda servir de alivio. Los amenazados riesgos No son, Poder, tan precisos, Que hayan de ser, pues no fueran Coartando al hombre el arbitrio, Ni mérito las virtudes, Ni demérito los vicios. Si todo este suntuoso Aparato, en quien admiro En el Fuego lo brillante, En el Aire lo lucido, En el mar lo prodigioso, Como en la Tierra lo rico, Para el hombre lo criaste, Y es él el que te ha debido La tarea de seis dias, ¿No disuena á un Amor pío Hacerlo para él, y no Hacerle á él? y si los cinco Talentos que le has de dar Han de ser cinco sentidos, Si tres potencias los tres, Y si uno razon y juicio, Deja que el Entendimiento, Con el racional instinto Le advierta del bien y el mal, Dándole un libre Albedrío Con que use del mal ó el bien, Que ya una vez concebido En tu soberana idea, No ser el que en ella ha sido, Dejando de ser, sin ser, En darle por merecido El castigo ántes del yerro; Pues no puede haber castigo, Como no ser el que fuera. Y así, como Amor te pido, Nazca el hombre y sepa el hombre Que aqueste imperio y tu empíreo Por sí mismo ha de ganarle, O perderte por sí mismo.
PODER.
Aquello (vuelvo al discurso) La Sabiduría me dijo, Y esto me dijo el Amor, Cuando me tenía indeciso Si en la segunda criatura Me sucediera lo mismo Que en la primera; con que De la ciencia prevenido, Y movido del Amor, Que aunque en los tres no distingo Mayor ni menor esmero, Ni postrero, siempre inclino Más el Poder al Amor, A sacar me determino De la prision del no sér, A sér este oculto hijo, Que ya de mi mente ideado Y de la tierra nacido, Ha de ser príncipe vuestro. Y así, sin que haya sabido Quién es, por dejar abierto A la experiencia un resquicio, Hoy del damasceno campo, A un hermoso alcázar rico, Que á oposicion de azul cielo, Será verde paraíso, Le trasladaré, y en él, Despues que con mis auxilios Le haya su luz ilustrado, Le daré el raro prodigio De la Gracia por esposa. Si procediere benigno, Atento, prudente y cuerdo, Obedecedlo y servidlo, Durando en su vasallaje; Mas si procediere altivo, Soberbio é inobediente, No le conozcais dominio, Arrojadle de vosotros; Pues, como el Amor ha dicho, Puesta su suerte en sus manos, El logro ó el desperdicio, O por sí le habia ganado, O por sí le habia perdido. ¿Juraislo así?
LOS CUATRO ELEM.
Sí juramos.
TIERRA.
Y yo, en fe de que lo admito, De los limos de la tierra Con este polvo te sirvo, Para su formacion.
AGUA.
Yo, Para amasar ese limo, Te daré el cristal.
AIRE.
Yo luégo, Porque cobre el quebradizo Barro, en su materia, forma, Te daré el vital suspiro, Que hiriendo en su faz le anime.
FUEGO.
Y yo, aquel fuego nativo, Que con natural calor Siempre le conserve vivo.
PODER.
Venid, pues, y al hombre hagamos.
_(Los elementos entre sí.)_
AGUA.
¿_Hagamos_, en plural dijo?
AIRE.
Sí.
AGUA.
Pues ¿cómo, si con solo _Hágase_, todo se hizo, _Hágase_ no dijo al hombre?
FUEGO.
Ese es evidente indicio, Que puso en él más cuidado Que en todo.
PODER.
¿Qué aguardais? Idos A esperarle y recibirle En el alcázar que os digo, Donde, guiado de la gracia, Sean aplausos festivos Su primer salva.
FUEGO.
Primero Iremos, Señor, contigo, Hasta el damasceno campo, Volviendo á decir el himno...
MÚSICA.
_Cuanto en Fuego, Aire, Agua y Tierra._
_(La Sombra sale por una parte, y por otra se van; y la Sombra repite lo que cantan.)_
SOMBRA.
Cuanto en Fuego, Aire, Agua y Tierra.
MÚSICA.
_Vuela, brilla, sulca y yerra..._
SOMBRA.
Vuela, brilla, sulca y yerra...
MÚSICA.
_Y en sí las sombras encierra..._
SOMBRA.
Y en sí las sombras encierra...
MÚSICA.
_De Poder, Ciencia y Amor,_ _¡Bendecid al Señor!_ _(Vanse.)_
SOMBRA.
De Poder, Ciencia y Amor, ¡Bendecid al Señor!
ESCENA III.
LA SOMBRA.
SOMBRA.
¿Cuándo el acento fué rayo veloz, Trueno el eco, relámpago la voz, Flecha el aire, dogal El suspiro, el anhélito puñal, Sino hoy, que contra mí Las cláusulas del cántico que oí, El relámpago, el rayo, el trueno son Dogal, flecha y puñal del corazon? ¡Oh qué mal ejemplar Al áspid mi quebranto ha de dejar; Pues siendo el áspid yo Que de la luz huyendo, se escondió, Resulta ser en él La música el conjuro más cruel! Pero miente el dolor, Que si él se da á partido, no el furor, La ira, la rabia, el pasmo, el frenesí, Que ha introducido en mí Que del no sér pasando el hombre al sér, Esposo de la luz haya de ser, Siendo la sombra en tálamo feliz, A su opuesta, jurada emperatriz Del universo; pero no haré tal; ¡Oh, máteme el dolor ántes que el mal! ¡Ni del profundo horror, Cuna del susto y tumba del pavor, En quien es el vivir, Morir eterno para no morir! ¡Patria horrible y crüel Del odio infame, del rencor infiel, Escuela del penar, Mansion del llanto, casa del pesar; Reino de confusion, Babel del siglo, lóbrega mansion Del espanto, el asombro y la crueldad! ¡Ah del centro, de cuya obscuridad La Sombra arrastra el lóbrego capuz! ¡Ah del negado auxilio de la luz, Línea del mal, antípoda del bien, Ciudad sin Dios! ¡Ah del abismo!
ESCENA IV.
LA SOMBRA.—_Sale_ EL PRÍNCIPE DE LAS TINIEBLAS.
PRÍNCIPE.
¿Quién pudo á su invocacion Obligarme, rompiendo la prision De infaustos calabozos, á salir A perturbar de tanto azul zafir El puro rosicler, Pues demudaron, al llegarme á ver, Desde el mayor hasta el menor farol, Su faz la luna, y su semblante el sol? ¿Quién, pues, quién me llamó?
SOMBRA.
¿Quién pudiera, lucero, sino yo, Que sombra soy, valerme de quien es Príncipe de tinieblas?
PRÍNCIPE.
Díme, pues, ¿Qué es tu intento?
SOMBRA.
Yo fuí Pálida tez del cáos...
PRÍNCIPE.
Ya lo ví Cuando en pálida tez Apagó mi esplendor tu lobreguez.
SOMBRA.
Nació la luz, con que, Arrugándome el manto...
PRÍNCIPE.
Ya lo sé, Huyendo de ella, con cobarde ardid Rodeaste el orbe.
SOMBRA.
Rota, pues, la lid Entre los dos, el cuarto dia llegó.
PRÍNCIPE.
En que el sol de la luz se apoderó.
SOMBRA.
Viéndose, pues, con ella iluminar...
PRÍNCIPE.
Los ámbitos del Aire, Tierra y Mar...
SOMBRA.
Se tomó para sí...
PRÍNCIPE.
El dia, y te dejó la noche á tí.
SOMBRA.
No solamente esa disparidad...
PRÍNCIPE.
Os tiene en interior enemistad...
SOMBRA.
Pero causa mayor Nos tiene en otra enemistad peor.
PRÍNCIPE.
Esa es la que no sé.
SOMBRA.
No me atajes, que yo te la diré. En la magia que aprendí En el monte de la luna, Templo de la noche, una Proposicion anteví, En que autoridades sumas (Que ahora no importa alegar, Pues su fama ha de volar Con las alas de sus plumas), Símbolo á la luz harán De Gracia, de Culpa á mí. Mira si con causa aquí Místicos sentidos dan A mis rencores disculpa; Pues la luz, por mi desgracia, Será imágen de la Gracia, Y la Sombra de la Culpa. Este principio asentado A que Luz y Sombra son Culpa y Gracia, mi pasion Pase á segundo cuidado. Este rey, cuyo Poder, Cuya Ciencia y cuyo Amor Le han ostentado señor De cuanto se llega á ver, Tiene un hijo. No te asombre, Que hasta hoy oculto le encierra En el vientre de la Tierra, Primera madre del Hombre; Asómbrete que de todo Príncipe quiere que sea, A cuyo efecto su idea Le está sacando del lodo En que yace, para hacer Que, de todo el mundo dueño, Sea otro mundo pequeño, Última obra del Poder, Última obra de la Ciencia, En alma y vida que cobra, Del Amor última obra En la divina asistencia; Que... mas decirlo no es bien A quien puede verlo; llega, Pues á los dos no se niega Ver lo que espíritus ven. Mira el seno en que le tuvo, Despues de haberle formado En su mente encarcelado. Mira, despues que le hubo Dado la materia el limo, Cómo, informe el embrion, Quedó sin vital accion. Mira...
PRÍNCIPE.
Pasmo, lloro y gimo Al verlo.
SOMBRA.
Cuán liberal, Despues que la estatua obró, Y en un suspiro la dió Vida y alma racional, Como, en su gracia criado En original justicia, Le da contra mi malicia Luz la luz; con que guiado Lo traslada á un paraíso, Adonde cobre, despues Que haya sabido quién es, Sobrenatural aviso De ciencias del mal y el bien.
PRÍNCIPE.
¡Oh humana naturaleza! ¡Con qué horror, con qué tristeza Mis pasadas ruinas ven Tus dichas ya; y más despues Que sé que es, por mi desgracia, La hermosa Luz de la gracia La primer cosa que ves!
* * * * *
_País peñascoso.—Una gruta._
ESCENA V.
EL PRÍNCIPE DE LAS TINIEBLAS Y LA SOMBRA, _á un lado_.—EL HOMBRE, _en la gruta_, _vestido de pieles_, y LA LUZ DE LA GRACIA, _con un hacha en la mano_.
GRACIA.
Hombre, imágen de tu Autor, De esa enorme cárcel dura Rompe la prision obscura. A la voz de tu Criador.
HOMBRE.
¿Qué acento, qué resplandor Ví, si es esto ver; oí, Si es oir esto? que, hasta aquí, Del no sér pasando al sér, No sé más que no saber Qué soy, qué seré, ó qué fuí.
GRACIA.
Sigue esta luz, y sabrás De ella lo que fuiste y eres; Mas de ella saber no esperes Lo que adelante serás; Que eso tú solo podrás Hacer que sea malo ó bueno.
HOMBRE.
_(Sale de la gruta.)_ De mil confusiones lleno Te sigo. ¡Oh qué torpe el paso Primero doy!
LUZ.
No es acaso Que de libertad ajeno Nazca el hombre.
HOMBRE.
Pues ¿por qué, Si ese hermoso luminar (Que á un tiempo ver y cegar Hace) otra criatura fué, Apénas nacer se ve, Cuando con la majestad De su hermosa claridad Azules campos corrió, Teniendo más alma yo, Tengo ménos libertad? ¿Por qué, si es que es ave aquella Que, ramillete de pluma, Va con ligereza suma Por esa campaña bella, Nace apénas, cuando en ella Con libre velocidad Discurre la variedad Del espacio en que nació, Teniendo más vida yo, Tengo ménos libertad? ¿Por qué, si es bruto el que á bellas Manchas salpicó la piel (Gracias al docto pincel Que áun puso primor en ellas), Apénas nace y las huellas Estampa, cuando á piedad De bruta capacidad, Uno y otro laberinto Corre, yo, con más instinto, Tengo ménos libertad? ¿Por qué, si es pez el que en frio Seno nace y vive en él, Siendo argentado bajel, Siendo escamado navío, Con alas que le dan brío Surca la vaga humedad De tan grande inmensidad Como todo un elemento, Teniendo yo más aliento, Tengo ménos libertad? ¿Qué mucho, pues, si se ve Torpe el hombre en su creacion, Que tropiece la razon Donde ha tropezado el pié? Y pues hasta hora no sé Quién soy, quién seré, quién fuí, Ni más de que ví y oí, Vuelva á sepultarme dentro Ese risco, en cuyo centro Se duela mi autor de mí.
LUZ.
Sí hará, y aunque te han dejado, A manera de dormido, Tus sentidos sin sentido, De mirarte á tí admirado, De esa suerte transformado Irás tras mi luz al real Palacio, donde leal Aplausos todos te den.
MÚSICA.
_(Dentro.)_ _¡Ven, Hombre, ven!_
LUZ.
Y pues en ventura igual La Gracia te lleva á que sepas del bien, No apagues su luz, y sepas del mal.
MÚSICA.
_Y pues en ventura igual_, etc.
ESCENA VI.
EL PRÍNCIPE DE LAS TINIEBLAS, LA SOMBRA.
SOMBRA.
¿Qué dirás, si el juicio aplicas A una obra tan superior?
PRÍNCIPE.
¿Quién es el Hombre, Señor, Que tanto le magnificas? Pues aunque en barro le diste Primer materia, si toco Lo inmortal del alma, poco Ménos que el ángel le hiciste. Y áun en más le sublimaste, Pues siguiendo el esplendor De la Gracia, de tu honor Y gloria le coronaste, Vistiendo su desnudez Rico aparente vestido, Que en el místico sentido Significará tal vez La cándida estola hermosa, Que, de virtudes tesoro, Será en el ropaje de oro Que dé el esposo á la esposa. ¡Y esto en trono soberano, Donde tan liberal obras, Que sobre todas las obras De tu poderosa mano Rey le constituyes; pues En su terrenal esfera, Desde el ave hasta la fiera Todo se rinde á sus piés!
MÚSICA.
_(Dentro.)_ _¡Venid, corred, volad, Elementos,_ _A dar la obediencia al Príncipe vuestro!_
PRÍNCIPE.
¡Y tan de balde, ay de mí, Como que no esté sujeto A más que á un leve preceto!
SOMBRA.
¿Precepto dijiste?
PRÍNCIPE.
Sí.
SOMBRA.
Pues contra todo ese sér, Majestad, pompa y honor Vuelva á vivir mi dolor, Si hay precepto que romper; No en sofistería aparente Lo fundo.
PRÍNCIPE.
Dímelo, pues.
SOMBRA.
¿La Sombra imágen no es De la Culpa?
PRÍNCIPE.
Es evidente.
SOMBRA.
La Culpa, si introducida Se ve, ¡que será, no advierte, Otra imágen de la muerte!
PRÍNCIPE.
Es cierto.
SOMBRA.
Miéntras la vida Durare, tambien el sueño ¿De la muerte no será Otra imágen?
PRÍNCIPE.
Claro está.
SOMBRA.
Luego posible es mi empeño, Si al hombre en su paz le asombra, Sueño que de muerte es Imágen, muerte despues Que es culpa, y culpa que es sombra; Confeccionemos, pues, lleno De opio, beleño y cicuta, En flor, en planta ó en fruta, Tal hechizo ó tal veneno, Que, de sentidos ajeno, Rompa el precepto, y postrado, Deshecho y aniquilado, Duerma letargo tan fiero, Que inhábil para heredero Despierte del real estado.
PRÍNCIPE.