Part 7
Pésames y parabienes Tan cortésmente mezclasteis, Que no sé á qué responderos. Disgustada con mi padre Vengo: la culpa tuvisteis; Pues aunque el galan no sabe, Sabe que por el balcon Hablé anoche, y miéntras pase El enojo, con mi prima Quiere que esté, porque hace De su virtud confianza. Sólo os diré, y esto baste, Que los disgustos estimo; Porque tambien en mí cause Amor efectos diversos, Bien como el sol, cuando esparce Bellos rayos, que una flor Se marchita y otra nace. Hiere el amor en mi pecho, Y es sólo un rayo bastante A que se muera el pesar, Y nazca el gusto de hallarme En vuestra casa, que ha sido Una esfera de diamante, Hermosa envidia de un sol, Y capaz dosel de un ángel.
D.ª ÁNG.
Bien se ve que de ganancia Andais hoy los dos amantes, Pues que me dais de barato Tantos favores.
D. JUAN.
¿No sabes, Hermana, lo que he pensado? Que tú sola, por vengarte Del cuidado que te da Mi huésped, cuerda buscaste Huéspeda, que á mí me ponga En cuidado semejante.
D.ª ÁNG.
Dices bien, y yo lo he hecho Sólo porque la regales.
D. JUAN.
Yo me doy por muy contento De la venganza.
_(Quiere irse.)_
D.ª BEAT.
¿Qué haces, Don Juan? ¿dónde vas?
D. JUAN.
Beatriz, A servirte; que dejarte, Sólo á tí por tí pudiera.
D.ª ÁNG.
Déjale ir.
D. JUAN.
Dios os guarde.
ESCENA III.
DOÑA ÁNGELA, DOÑA BEATRIZ, ISABEL.
D.ª ÁNG.
Sí, cuidado con su huésped Me dió, y cuidado tan grande, Que apénas sé de mi vida, Y él de la suya no sabe. Viéndote á tí, con el mismo Cuidado he de desquitarme; Porque de huésped á huésped Estemos los dos iguales.
D.ª BEAT.
El deseo de saber Tu suceso, fuera parte Solamente á no sentir Su ausencia.
D.ª ÁNG.
Por no cansarte, Papeles suyos y mios Fueron y vinieron, tales (Los suyos digo) que pueden Admitirse y celebrarse; Porque mezclando las véras Y las burlas, no ví iguales Discursos.
D.ª BEAT.
Y él, en efecto, ¿Qué es á lo que se persuade?
D.ª ÁNG.
A que debo de ser dama De Don Luis, juntando partes De haberme escondido dél Y de tener otra llave Del cuarto.
D.ª BEAT.
Sola una cosa Dificultad se me hace.
D.ª ÁNG.
¿Dí cuál es?
D.ª BEAT.
¿Cómo este hombre Viendo que hay quien lleva y trae Papeles, no te ha espiado, Y te ha cogido en el lance?
D.ª ÁNG.
No está eso por prevenir; Porque tengo á sus umbrales Un hombre yo, que me avisa De quién entra y de quién sale; Y así no pasa Isabel Hasta saber que no hay nadie. Que ya ha sucedido, amiga, Un dia entero quedarse Un criado para verlo, Y haberle salido en balde La diligencia y cuidado. Y porque no se me pase De la memoria, Isabel, Llévate aquel azafate En siendo tiempo.
D.ª BEAT.
Otra duda. ¿Cómo es posible que alabes De tan entendido, un hombre Que no ha dado en casos tales En el secreto comun De la alacena?
D.ª ÁNG.
¿Ahora sabes Lo del huevo de Juanelo, Que los ingenios más grandes Trabajaron en hacer Que en un bufete de jaspe Se tuviese en pié, y Juanelo Con sólo llegar y darle Un golpecito, le tuvo? Las grandes dificultades, Hasta saberse lo son; Que sabido, todo es fácil.
D.ª BEAT.
Otra pregunta.
D.ª ÁNG.
Dí cuál.
D.ª BEAT.
¿De tan locos disparates Qué piensas sacar?
D.ª ÁNG.
No sé. Dijérate que mostrarme Agradecida, y pasar Mis penas y soledades, Si ya no fuera más que esto, Porque necia y ignorante, He llegado á tener celos De ver que el retrato guarde De una dama, y áun estoy Dispuesta á entrar y tomarle En la primera ocasion; Y no sé cómo declare Que estoy ya determinada A que me vea y me hable.
D.ª BEAT.
¿Descubierta por quién eres?
D.ª ÁNG.
¡Jesus, el cielo me guarde! Ni él, pienso yo, que á un amigo Y huésped traicion tan grande Hiciera; pues el pensar Que soy dama suya, hace Que me escriba temeroso, Cortés, turbado y cobarde; Y en efecto, yo no tengo De ponerme á ese desaire.
D.ª BEAT.
¿Pues cómo ha de verte?
D.ª ÁNG.
Escucha, Y sabrás la más notable Traza, sin que yo al peligro De verme en su cuarto pase, Y él venga, sin saber dónde.
ISABEL.
Pon otro hermano á la márgen, Que viene Don Luis.
D.ª ÁNG.
Despues Lo sabrás.
D.ª BEAT.
¡Qué desiguales Son los influjos! ¡Que el cielo En igual mérito y partes Ponga tantas diferencias Y tantas distancias halle, Que, con un mismo deseo, Uno obligue y otro canse! Vamos de aquí, que no quiero Que llegue Don Luis á hablarme.
_(Quiere irse.)_
ESCENA IV.
DON LUIS. — DICHAS.
D. LUIS.
¿Por qué os ausentais así?
D.ª BEAT.
Sólo porque vos llegasteis.
D. LUIS.
La luz más hermosura y pura, De quien el sol la aprendió, ¿Huye porque llego yo? ¿Soy la noche por ventura? Pues perdone tu hermosura Si atrevido y descortés En detenerte me ves; Que yo, en esta contingencia, No quiero pedir licencia, Porque tú no me la des. Que, estimando tu rigor, No quiere la suerte mia Que áun esto, que es cortesía, Tenga nombre de favor. Ya sé que mi loco amor En tus desprecios no alcanza Un átomo de esperanza; Pero yo, viendo tan fuerte Rigor, tengo que quererte, Por sólo tomar venganza. Mayor gloria me darás, Cuando más penas me ofrezcas; Pues cuando más me aborrezcas, Tengo de quererte más. Si desto quejosa estás, Porque con solo un querer Los dos vengamos á ser, Entre el placer y el pesar, Extremos, aprende á amar O enséñame á aborrecer; Enséñame tú rigores, Yo te enseñaré finezas; Enséñame tú asperezas, Yo te enseñaré favores; Tú desprecios, y yo amores; Tú olvido, y yo firme fe; Aunque es mejor, porque dé Gloria al amor, siendo dios, Que olvides tú por los dos; Que yo por los dos querré.
D.ª BEAT.
Tan cortésmente os quejais, Que, aunque agradecer quisiera Vuestras penas, no lo hiciera, Sólo porque las digais.
D. LUIS.
Como tan mal me tratais, El idioma del desden Aprendí.
D.ª BEAT.
Pues ese es bien Que sigais; que en caso tal, Hará soledad el mal A quien le dice tan bien.
_(Quiere irse, y detiénela Don Luis.)_
D. LUIS.
Oye, si acaso te vengas, Y padezcamos los dos.
D.ª BEAT.
No he de escucharos. Por Dios, Amiga, que le detengas.
_(Vase.)_
D.ª ÁNG.
¡Que tan poco valor tengas Que esto quieras oir y ver!
D. LUIS.
¡Ay hermana! ¿qué he de hacer?
D.ª ÁNG.
Dar tus penas al olvido; Que querer aborrecido Es morir, y no querer.
D. LUIS.
Quejoso, ¿cómo podré Olvidarla? ¡Que es error! Díla que me haga un favor, Y obligado olvidaré; Ofendido no; porqué El más prudente, el más sabio Da su sentimiento al labio; Si olvidarse el favor suele, Es porque el favor no duele De la suerte que el agravio.
_(Vanse.)_
ESCENA V.
RODRIGO. — DON LUIS.
RODRIGO.
¿De dónde vienes?
D. LUIS.
No sé.
RODRIGO.
Triste parece que estás: ¿La causa no me dirás?
D. LUIS.
Con Doña Beatriz hablé.
RODRIGO.
No digas más; ya se ve En tí lo que respondió. Pero ¿dónde está, que yo No la he visto?
D. LUIS.
La tirana Es huéspeda de mi hermana Unos dias, porque no Me falte un enfado así De un huésped; que cada dia Mis hermanos á porfía Se conjuran contra mí; Pues cualquiera tiene aquí Uno que pesar me dé: De Don Manuel, ya se ve, Y de Beatriz; pues los cielos, Me traen á casa mis celos, Porque sin ellos no esté.
RODRIGO.
Mira que Don Manuel puede Oirte, que viene allí.
ESCENA VI.
DON MANUEL. — DICHOS.
D. MAN.
_(Ap.)_ ¡Sólo en el mundo por mí Tan gran prodigio sucede! ¿Qué haré, cielos, con que quede Desengañado, y saber De una vez si esta mujer Dama de Don Luis ha sido, O cómo mano ha tenido Y cautela, para hacer Tantos engaños?
D. LUIS.
Señor Don Manuel.
D. MAN.
Señor Don Luis.
D. LUIS.
¿De dónde bueno venís?
D. MAN.
De Palacio.
D. LUIS.
Grande error El mio fué en preguntar, A quien pretensiones tiene, Dónde va, ni dónde viene; Porque es fuerza que ha de dar Cualquiera línea en Palacio, Como centro de su esfera.
D. MAN.
Si sólo á Palacio fuera, Estuviera más despacio; Pero mi afan inmortal Mayor término ha pedido. Su Majestad ha salido Esta tarde al Escorial, Y es fuerza esta noche ir Con mis despachos allá, Que de importancia será.
D. LUIS.
Si ayudaros á servir Puedo en algo, ya sabeis Que soy, en cualquier suceso, Vuestro.
D. MAN.
Las manos os beso Por la merced que me haceis.
D. LUIS.
Ved, que no es lisonja esto.
D. MAN.
Ya veo que es voluntad De mi aumento.
D. LUIS.
_(Ap.)_ Así es verdad, Porque negocies más presto.
D. MAN.
Pero á un galan cortesano Tanto como vos, no es justo Divertirle de su gusto; Porque yo tengo por llano Que estareis entretenido, Y gran desacuerdo fuera Que ausentaros pretendiera.
D. LUIS.
Aunque hubiérades oido Lo que con Rodrigo hablaba, No respondiérais así.
D. MAN.
¿Luego bien he dicho?
D. LUIS.
Sí, Que aunque es verdad que lloraba De una hermosura el rigor, A la firme voluntad, La hace tanta soledad El desden como el favor.
D. MAN.
¡Qué desvalido os pintais!
D. LUIS.
Amo una grande hermosura Sin estrella y sin ventura.
D. MAN.
¿Conmigo disimulais Agora?
D. LUIS.
¡Pluguiera al cielo! Mas tan infeliz nací, Que huye esta beldad de mí Como de la noche el velo De la hermosa luz del dia, A cuyos rayos me quemo. ¿Quereis ver con cuánto extremo Es la triste suerte mia? Pues porque no la siguiera Amante y celoso yo, A una persona pidió Que mis pasos detuviera. Ved si hay rigores más fieros, Pues todos suelen buscar Terceros para alcanzar, Y ella huye por terceros.
_(Vanse Don Luis y Rodrigo.)_
ESCENA VII.
DON MANUEL.
¿Qué más se ha de declarar? ¡Mujer que su vista huyó, Y á otra persona pidió Que le llegase á estorbar! Por mí lo dice y por ella. Ya por lo ménos vencí Una duda, pues ya ví Que, aunque es verdad que es aquella, No es su dama; porque él Despreciado no viviera, Si en su casa la tuviera. Ya es mi duda más cruel, Si no es su dama, ni vive En su casa, ¿cómo así Escribe y responde? Aquí Muere un engaño, y concibe Otro engaño. ¿Qué he de hacer? Que soy en mis opiniones Confusion de confusiones. ¡Válgate Dios por mujer!
ESCENA VIII.
COSME. — DON MANUEL.
COSME.
Señor, ¿qué hay de duende? ¿acaso Hasle visto por acá? Que de saber que no está Allá, me holgaré.
D. MAN.
Habla paso.
COSME.
Que tengo mucho que hacer En nuestro cuarto, y no puedo Entrar.
D. MAN.
Pues ¿qué tienes?
COSME.
Miedo.
D. MAN.
¿Miedo un hombre ha de tener?
COSME.
No le ha de tener, señor. Pero ve aquí que le tiene, Porque al suceso conviene.
D. MAN.
Deja aquese necio humor, Y lleva luz, porque tengo Que disponer y escribir, Y esta noche he de salir De Madrid.
COSME.
A eso me atengo, Pues dices con eso aquí Que tienes miedo al suceso.
D. MAN.
Antes te he dicho con eso Que no hago caso de tí; Pues de otras cosas me acuerdo, Que son diferentes, cuando En estas me estás hablando. El tiempo en efecto pierdo. En tanto que me despido De Don Juan, ten luz.
_(Vase.)_
COSME.
Sí haré. Luz al duende llevaré, Que es hora que sea servido, Y no esté á escuras. Aquí Ha de haber una cerilla; En aquella lamparilla, Que se está muriendo allí, Encenderla agora puedo. ¡Oh qué prevenido soy! Y entre estas y estotras voy Titiritando de miedo.
_(Vase.)_
* * * * *
Cuarto de Don Manuel
ESCENA IX.
ISABEL, _que sale por la alacena con un azafate cubierto_.
Fuera están, que así el criado Me lo dijo. Agora es tiempo De poner este azafate De ropa blanca en el puesto Señalado.—¡Ay de mí triste! Que como es de noche, tengo, Con la grande oscuridad, De mí misma, asombro y miedo. ¡Válgame Dios, que temblando Estoy! El duende primero Soy que se encomienda á Dios. No hallo el bufete. ¿Qué es esto? Con la turbacion y espanto Perdí de la sala el tiento. No sé dónde estoy, ni hallo La mesa. ¿Qué he de hacer? ¡Cielos! Si no acertase á salir, Y me hallasen aquí dentro, Dábamos con todo el caso Al traste. Gran temor tengo, Y más agora, que abrir La puerta del cuarto siento, Y trae luz el que la abre. Aquí dió fin el suceso; Que ya ni puedo esconderme, Ni volver á salir puedo.
ESCENA X.
COSME, _con luz_. — ISABEL.
COSME.
Duende, mi señor, si acaso Obligan los rendimientos A los duendes bien nacidos, Humildemente le ruego Que no se acuerde de mí En sus muchos embelecos, Y esto por cuatro razones: La primera, yo me entiendo;
_(Va andando, é Isabel detras de él, huyendo de que la vea.)_
La segunda, usted lo sabe. La tercera, por aquello De que al buen entendedor... La cuarta, por estos versos: Señora Dama Duende, Duélase de mí, Que soy niño y solo, Y nunca en tal me ví.
ISABEL.
_(Ap.)_ Ya con la luz he cobrado El tino del aposento, Y él no me ha visto; si aquí Se la mato, será cierto Que, miéntras la va á encender, Salir á mi cuarto puedo; Que cuando sienta el rüido, No me verá por lo ménos, Y á dos daños el menor.
COSME.
¡Qué gran músico es el miedo!
ISABEL.
_(Ap.)_ Esto ha de ser desta suerte.
_(Dale un golpe, y mátale la luz.)_
COSME.
¡Ay infeliz que me han muerto! ¡Confesion!
ISABEL.
Ahora podré Escaparme.
ESCENA XI.
DON MANUEL. — ISABEL, COSME.
D. MAN.
¿Qué es aquesto, Cosme? ¿cómo estás sin luz?
COSME.
Como á los dos nos ha muerto El duende: á la luz, de un soplo, Y á mí de un golpe.
D. MAN.
Tu miedo Te hará creer esas cosas.
COSME.
Bien á mi costa las creo.
ISABEL.
_(Ap.)_ ¡Oh si la puerta encontrase!
D. MAN.
¿Quién está aquí?
_(Encuentra Isabel con Don Manuel, y él la tiene del azafate.)_
ISABEL.
_(Ap.)_ Peor es esto; Que con el amo he encontrado.
D. MAN.
Trae luz, Cosme, que ya tengo A quien es.
COSME.
Pues no le sueltes.
D. MAN.
No haré; ve por ella presto.
COSME.
Tenle bien.
_(Vase.)_
ISABEL.
_(Ap.)_ Del azafate Asió; en sus manos le dejo. Hallé la alacena. ¡Adios!
_(Vase, dejándole el azafate en la mano.)_
D. MAN.
Cualquiera que es, se esté quedo Hasta que traigan la luz; Porque si no, ¡vive el cielo, Que le dé de puñaladas!— Pero sólo abrazo el viento, Y encuentro sólo una cosa De ropa y de poco peso. ¿Qué será? ¡Válgame Dios, Que en más confusion me ha puesto!
ESCENA XII.
COSME, _con la luz_. — DON MANUEL.
COSME.
Téngase el duende á la luz. Pues ¿qué es dél? ¿no estaba preso? ¿Qué es esto, señor?
D. MAN.
No acierto A responder. Esta ropa Me ha dejado, y se fué huyendo.
COSME.
¿Y qué dices deste lance? Aun bien, que agora tú mesmo Dijiste que le tenías, Y se te fué por el viento.
D. MAN.
Diré que aquesta persona, Que con arte y con ingenio Entra y sale aquí, esta noche Estaba encerrada dentro; Que, para poder salir, Te mató la luz, y luego Me dejó á mí el azafate, Y se me ha escapado huyendo.
COSME.
¿Por dónde?
D. MAN.
Por esa puerta.
COSME.
Harásme que pierda el seso. ¡Vive Dios, que yo le ví A los últimos reflejos, Que la pavesa dejó De la luz, que me habia muerto!
D. MAN.
¿Qué forma tenía?
COSME.
Era un fraile Tamañito, y tenía puesto Un cucurucho tamaño; Que por estas señas creo Que era duende capuchino.
D. MAN.
¡Qué de cosas hace el miedo! Alumbra aquí, y lo que trajo El frailecito veremos. Ten este azafate tú.
COSME.
¿Yo azafates del infierno?
D. MAN.
Tenle pues.
COSME.
Tengo las manos Sucias, señor, con el sebo De la vela, y mancharé El tafetan que cubierto Le tiene; mejor será Que le pongas en el suelo.
D. MAN.
Ropa blanca es, y un papel. Veamos si el fraile es discreto. _(Lee.)_ «En el poco tiempo que ha que vivís en esa casa, no se ha podido hacer más ropa; como se fuere haciendo, se irá llevando. A lo que decís del amigo, persuadido á que soy dama de D. Luis, os aseguro que no sólo no lo soy, pero que no puedo serlo; y esto dejo para la vista que será presto. Dios os guarde.» Bautizado está este duende, Pues de Dios se acuerda.
COSME.
¿Veslo, Cómo hay duende religioso?
D. MAN.
Muy tarde es; ve componiendo Las maletas y cojines, Y en una bolsa pon estos Papeles, que son el todo A que vamos; que yo entiendo En tanto dejar respuesta A mi duende.
_(Da unos papeles á Cosme, pónelos él sobre una silla, y Don Manuel escribe.)_
COSME.
Aquí yo quiero, Para que no se me olviden Y estén á mano, ponerlos, Miéntras me detengo un rato, Solamente á decir esto: ¿Has creido ya que hay duendes?
D. MAN.
¡Qué disparate tan necio!
COSME.
¿Esto es disparate? ¿Ves Tú mismo tantos efectos, Como venirse á tus manos Un regalo por el viento, Y áun dudas? Pero bien haces Si á tí te va bien con eso; Mas déjame á mí, que yo, Que peor partido tengo, Lo crea.
D. MAN.
¿De qué manera?
COSME.
Desta manera lo pruebo: Si nos revuelven la ropa, Te ries mucho de verlo; Y yo soy quien la compone, Que no es trabajo pequeño. Si á tí te dejan papeles, Y te llevan los conceptos; A mí me dejan carbones, Y se llevan mi dinero. Si traen dulces, tú te huelgas Como un padre de comerlos; Y yo ayuno como un puto, Pues ni los toco ni veo. Si á tí te dan las camisas, Las valonas y pañuelos; A mí los sustos me dan De escucharlo y de saberlo. Si, cuando los dos venimos Aquí, casi á un mismo tiempo, Te dan á tí un azafate Tan aseado y compuesto; A mí un mojicon me dan En aquestos pestorejos, Tan descomunal, tan grande, Que me hace escupir los sesos. Para tí sólo, señor, Es el gusto y el provecho, Para mí el susto y el daño; Y tiene el duende en efecto, Para tí mano de lana, Para mí mano de hierro. Pues déjame que lo crea; Que se apura el sufrimiento, Queriendo negarle á un hombre lo que está pasando y viendo.
D. MAN.
Haz las maletas, y vamos; Que allá en el cuarto te espero De Don Juan.
COSME.
¿Pues qué hay que hacer Si allá vestido de negro Has de andar, y esto se hace Con tomar un ferreruelo?
D. MAN.
Deja cerrado, y la llave Lleva; que si en este tiempo Hiciera falta, otra tiene Don Juan.—Confuso me ausento Por no llevar ya sabido Esto, que ha de ser tan presto Pero uno importa al honor De mi casa y de mi aumento, Y otro solamente á un gusto; Y así entre los dos extremos, Donde el honor es lo más, Todo lo demas es ménos.
_(Vanse.)_
* * * * *
Cuarto de Doña Ángela.
ESCENA XIII.
DOÑA ÁNGELA, DOÑA BEATRIZ, ISABEL.
D.ª ÁNG.
¿Eso te ha sucedido?
ISABEL.
Ya todo el embeleco ví perdido, Porque, si allí me viera, Fuerza, señora, fuera El descubrirse todo; Pero en efecto, me escapé del modo Que te dije.
D.ª ÁNG.
Fué extraño Suceso.
D.ª BEAT.
Y ha de dar fuerza al engaño, Sin haber visto gente, Ver que dé un azafate, y que se ausente.
D.ª ÁNG.
Si tras desto consigo Que me vea del modo que te digo, Ni dudo de que pierda El juicio.
D.ª BEAT.
La atencion más grave y cuerda Es fuerza que se espante, Ángela, con suceso semejante; Porque querer llamalle Sin saber donde viene, y que se halle Luego con una dama Tan hermosa, tan rica y de tal fama, Sin que sepa quién es, ni dónde vive (Que esto es lo que tu ingenio le apercibe) Y haya, vendado y ciego, De volver á salir y dudar luego, ¿A quién no ha de admirar?
D.ª ÁNG.
Todo advertido Está ya, y por estar tú aquí no ha sido Hoy la noche primera Que ha de venir á verme.
D.ª BEAT.
¿No supiera Yo callar el suceso De tu amor?
D.ª ÁNG.
Que no, prima, no es por eso Sino que estando en casa Tú, como á mis hermanos les abrasa Tu amor, no salen della, Adorando los rayos de tu estrella; Y fuera aventurarme, No ausentándose ellos, empeñarme.
ESCENA XIV.
DON LUIS, _al paño_. — DICHOS.
D. LUIS.
_(Ap.)_ ¡Oh cielos, quién pudiera Disimular su afecto, quién pusiera Límite al pensamiento, Freno á la voz y ley al sentimiento! Pero ya que conmigo Tan poco puedo, que esto no consigo, Desde aquí he de ensayarme A vencer mi pasion, y reportarme.
D.ª BEAT.
Yo diré de qué suerte Se podrá disponer, para no hacerte Mal tercio, y para hallarme Aquí; porque sintiera el ausentarme, Sin que el efecto viera Que deseo.
D.ª ÁNG.
Pues dí de qué manera.
D. LUIS.
_(Ap.)_ ¿Qué es lo que las dos tratan, Que de su mismo aliento se recatan?
D.ª BEAT.
Las dos publicaremos Que mi padre envió por mí, y haremos La deshecha con modos, Que creyendo que estoy ya ausente todos Vuelva á quedarme en casa...
D. LUIS.
_(Ap.)_ ¿Qué es esto, cielos, que en mi agravio pasa?
D.ª BEAT.
Y oculta con secreto Sin estorbos podré ver el efeto...
D. LUIS.
_(Ap.)_ ¿Qué es lo que oigo, hado injusto?
D.ª BEAT.
Que ha de ser para mí de tanto gusto.
D.ª ÁNG.
Y luégo, ¿qué diremos De verte aquí otra vez?
D.ª BEAT.
¿Pues no tendremos (¡Qué mal eso te admira!) Ingenio para hacer otra mentira?
D. LUIS.
_(Ap.)_ Sí tendreis. ¡Que esto escucho! Con nuevas penas y tormentos lucho.
D.ª BEAT.
Con esto, sin testigos y en secreto, Deste notable amor veré el efeto; Pues estando escondida Yo, y estando la casa recogida, Sin escándalo arguyo Que pasar pueda de su cuarto al tuyo.
D. LUIS.
_(Ap.)_ Bien claramente infiero (Cobarde vivo, y atrevido muero) Su intencion. Mas dichoso Mi hermano la merece: ¡estoy celoso! A darle se prefiere La ocasion que desea; y así quiere Que de su cuarto pase Sin que nadie lo sepa, y yo me abrase; Y porque sin testigos Se logren (¡oh enemigos!) Mintiendo mi sospecha, Hacer quiere conmigo la deshecha. Pues si esto es así, cielo, Para el estorbo de su amor apelo: Y cuando esté escondida, Buscando otra ocasion, con atrevida Resolucion veré toda la casa, Hasta hallarle; que el fuego que me abrasa, Ya no tiene otro medio; Que el estorbar es último remedio De un celoso. Valedme, ¡santos cielos! Que abrasado de amor, muero de celos.
_(Vase.)_
D.ª ÁNG.
Está bien prevenido, Y mañana diremos que te has ido.
ESCENA XV.
DON JUAN. — DOÑA ÁNGELA, DOÑA BEATRIZ, ISABEL.
D. JUAN.
¡Hermana! ¡Beatriz bella!
D.ª BEAT.
Ya te echábamos ménos.
D. JUAN.
Si mi estrella Tantas dichas mejora, Que me eche ménos vuestro sol, señora, De mí mismo envidioso, Tendré mi mismo bien por sospechoso Que posible no ha sido Que os haya merecido Mi amor ese cuidado; Y así, de mí envidioso y envidiado Tendré en tan dulce abismo Yo lástima y envidia de mí mismo.
D.ª BEAT.
Contradecir no quiero Argumento, Don Juan, tan lisonjero, Que quien ha dilatado Tanto el venirme á ver, y me ha olvidado ¿Quién duda que estaria Bien divertido, sí, y allí tendría Envidia á su ventura Y lástima, perdiendo la hermosura Que tanto le divierte? Luego claro se prueba desta suerte Con cierto silogismo La lástima y envidia de sí mismo.
D. JUAN.
Si no fuera ofenderme y ofenderos, Intentara, Beatriz, satisfaceros Con deciros que he estado Con Don Manuel, mi huésped, ocupado Agora en su partida, Porque se fué esta noche.
D.ª ÁNG.
¡Ay de mi vida!
D. JUAN.
¿De qué, hermana, es el susto?
D.ª ÁNG.
Sobresalta un placer como un disgusto.
D. JUAN.
Pésame que no sea Placer cumplido el que tu pecho vea; Pues volverá mañana.
D.ª ÁNG.
(_Ap._ Vuelva á vivir una esperanza vana.) Ya yo me habia espantado, Que tan de paso nos venía el enfado, Que fué siempre importuno.
D. JUAN.
Yo no sospecho que te dé ninguno, Sino que tú y Don Luis mostrais disgusto, Por ser cosa en que yo he tenido gusto.
D.ª ÁNG.