Teatro selecto, tomo 3 de 4

Part 8

Chapter 84,037 wordsPublic domain

No quiero responderte, Aunque tengo bien qué; y es por no hacerte Mal juego, siendo agora Tercero de tu amor, pues nadie ignora Que ejerce amor las flores de fullero Mano á mano, mejor que con tercero.— Vénte, Isabel, conmigo; _(Ap. á ella.)_ Que aquesta noche misma á traer me obligo El retrato; pues puedo Pasar con más espacio y ménos miedo. Tenme tú prevenida Una luz, y en que pueda ir escondida; Porque no ha de tener, contra mi fama, Quien me escribe, retrato de otra dama.

_(Vanse Doña Ángela é Isabel.)_

ESCENA XVI.

DOÑA BEATRIZ, DON JUAN.

D.ª BEAT.

No creo que te debo Tantas finezas.

D. JUAN.

Los quilates pruebo De mi fe (porque es mucha) En un discurso.

D.ª BEAT.

Díle.

D. JUAN.

Pues escucha. Bella Beatriz, mi fe es tan verdadera, Mi amor tan firme, mi aficion tan rara, Que, aunque yo no quererte deseara, Contra mi mismo afecto te quisiera. Estímate mi vida de manera, Que, á poder olvidarte, te olvidara, Porque despues por eleccion te amara: Fuera gusto mi amor, y no ley fuera. Quien quiere á una mujer, porque no puede Olvidalla, no obliga con querella, Pues nada el albedrío le concede. Yo no puedo olvidarte, Beatriz bella, Y siento el ver que tan ufana quede, Con la victoria de tu amor mi estrella.

D.ª BEAT.

Si la eleccion se debe al albedrío, Y la fuerza al impulso de una estrella, Voluntad más segura será aquella Que no vive sujeta á un desvarío. Y así de tus finezas desconfío, Pues mi fe, que imposibles atropella, Si viera á mi albedrío andar sin ella, Negara, vive el cielo, que era mio. Pues aquel breve instante que gastara En olvidar, para volver á amarte, Sintiera que mi afecto me faltara. Y huélgome de ver que no soy parte Para olvidarte, pues que no te amara El rato que tratara de olvidarte.

_(Vanse.)_

* * * * *

Calle.

ESCENA XVII.

COSME, _huyendo de_ DON MANUEL, _que le sigue_.

D. MAN.

¡Vive Dios, si no mirara...

COSME.

Por eso miras.

D. MAN.

Que fuera Infamia mia, que hiciera Un desatino!

COSME.

Repara En que te he servido bien, Y un descuido no está en mano, De un católico cristiano.

D. MAN.

¿Quién ha de sufrirte, quién, Si lo que más importó, Y lo que más te he encargado Es lo que más se ha olvidado?

COSME.

Pues por eso se olvidó, Por ser lo que me importaba; Que si importante no fuera, ¿En olvidarse, qué hiciera? ¡Viven los cielos! que estaba Tan cuidadoso en traer Los papeles, que por eso Los puse aparte, y confieso Que el cuidado vino á ser El mismo que me dañó; Pues si aparte no estuvieran, Con los demas se vinieran.

D. MAN.

Harto es que se te acordó En la mitad del camino.

COSME.

Un gran cuidado llevaba, Sin saber qué le causaba; Que le juzgué desatino, Hasta que en el caso dí, Y supe que era el cuidado El habérseme olvidado Los papeles.

D. MAN.

Dí que allí El mozo espere, teniendo Las mulas; porque tambien Llegar con ruido no es bien, Despertando á quien durmiendo Está ya; pues puedo entrar, Supuesto que llave tengo, Y el despacho, por quien vengo, Sin ser sentido sacar.

_(Vase Cosme, y vuelve.)_

COSME.

Ya el mozo queda advertido, Mas considera, señor, Que sin luz es grande error Querer hallarlos, y el ruido Excusarse no es posible; Porque si luz no nos dan En el cuarto de Don Juan, ¿Cómo hemos de ver?

D. MAN.

¡Terrible Es tu enfado! ¿Agora quieres Que le alborote y le llame? ¿Pues no sabrás (díme, infame, Que causa de todo eres) Por el tiento, dónde fué Dónde quedaron?

COSME.

No es esa La duda; que yo á la mesa, Donde sé que los dejé, Iré á ciegas.

D. MAN.

Abre presto.

COSME.

Lo que á mi temor responde Es que no sabré yo adónde El duende los habrá puesto; Porque ¿qué cosa he dejado, Que haya vuelto á hallarla yo En la parte que quedó?

D. MAN.

Si los hubiere mudado, Luz entónces pediremos; Pero hasta verlo, no es bien Que alborotemos, á quien Buen hospedaje debemos.

_(Vanse.)_

* * * * *

Cuarto de Don Manuel.

ESCENA XVIII.

DOÑA ÁNGELA É ISABEL, _que salen de la alacena_.

D.ª ÁNG.

Isabel, pues recogida Está la casa, y es dueño De los sentidos el sueño, Ladron de la media vida, Y sé que el huésped se ha ido, Robarle el retrato quiero Que ví en el lance primero.

ISABEL.

Entra quedo, y no hagas ruido.

D.ª ÁNG.

Cierra tú por allá fuera, Y hasta venirme á avisar No saldré yo, por no dar En más riesgo.

ISABEL.

Aquí me espera.

_(Vase Isabel, cerrando la alacena.)_

ESCENA XIX.

DON MANUEL, COSME, _á oscuras_. — DOÑA ÁNGELA.

COSME.

_(Hablando bajo con su amo junto á la puerta.)_ Ya está abierto.

D. MAN.

Pisa quedo; Que, si aquí sienten rumor, Será alboroto mayor.

COSME.

¿Crêrásme que tengo miedo? Este duende bien pudiera Tenernos luz encendida.

D.ª ÁNG.

La luz que traje escondida, Porque de aquesta manera No se viese, es tiempo ya De descubrir.

_(Saca una luz que trajo encubierta en una linterna.)_

COSME.

_(Ap. á su amo.)_ Nunca ha andado El duende tan bien mandado. ¡Qué presto la luz nos da! Considera agora aquí Si te quiere bien el duende, Pues que para tí la enciende, Y la apaga para mí.

D. MAN.

¡Válgame el cielo! Ya es Esto sobrenatural; Que traer con priesa tal Luz, no es obra humana.

COSME.

¿Ves Como á confesar viniste Que es verdad?

D. MAN.

¡De mármol soy! Por volver atras estoy.

COSME.

Mortal eres: ya temiste.

D.ª ÁNG.

Hácia aquí la mesa veo, Y con papeles está.

COSME.

Hácia la mesa se va.

D. MAN.

¡Vive Dios, que dudo y creo Una admiracion tan nueva!

COSME.

¿Ves cómo nos va guiando, Lo que venimos buscando, Sin que veamos quién la lleva?

_(Doña Ángela pone la luz en un candelero que habrá en la mesa, y toma una silla y siéntase de espaldas á los dos.)_

D.ª ÁNG.

Pongo aquí la luz, y agora La escribanía veré.

D. MAN.

Aguarda, que á los reflejos De la luz todo se ve; Y no ví en toda mi vida Tan soberana mujer. ¡Válgame el cielo! ¿qué es esto? Hidras á mi parecer, Son los prodigios, pues de uno Nacen mil. ¡Cielos! ¿qué haré?

COSME.

Despacio lo va tomando. Silla arrastra.

D. MAN.

Imágen es De la más rara beldad, Que el soberano pincel Ha obrado.

COSME.

Así es verdad; Porque solo la hizo él.

D. MAN.

Más que la luz resplandecen Sus ojos.

COSME.

Lo cierto es, Que son sus ojos luceros Del cielo de Lucifer.

D. MAN.

Cada cabello es un rayo Del sol.

COSME.

Hurtáronlos dél.

D. MAN.

Una estrella es cada rizo.

COSME.

Sí será; porque tambien Se las trajeron acá, O una parte de las tres.

D. MAN.

¡No ví más rara hermosura!

COSME.

No dijeras eso á fe, Si el pié la vieras; porque estos Son malditos por el pié.

D. MAN.

¡Un asombro de belleza, Un ángel hermoso es!

COSME.

Es verdad, pero patudo.

D. MAN.

¿Qué es esto, qué intenta hacer Con mis papeles?

COSME.

Yo apuesto Que querrá mirar y ver Lo que buscas, porque aquí Tengamos ménos que hacer; Que es duende muy servicial.

D. MAN.

¡Válgame el cielo! ¿qué haré? Nunca me he visto cobarde, Sino solo aquesta vez.

COSME.

Yo sí, muchas.

D. MAN.

Y calzado De prision de hielo el pié, Tengo el cabello erizado, Y cada suspiro es, Para mi pecho un puñal, Para mi cuello un cordel. Mas ¿yo he de tener temor? ¡Vive el cielo que he de ver Si sé vencer un encanto!

_(Llega, y cógela de un brazo.)_

Ángel, demonio, ó mujer, A fe que no has de librarte De mis manos esta vez.

D.ª ÁNG.

_(Ap.)_ ¡Ay infeliz de mí! Fingida su ausencia fué: Más ha sabido que yo.

COSME.

De parte de Dios (aquí es Troya del diablo) nos dí...

D.ª ÁNG.

_(Ap.)_ Mas yo disimularé.

COSME.

¿Quién eres, y qué nos quieres?

D.ª ÁNG.

Generoso Don Manuel Enriquez, á quien está Guardado un inmenso bien, No me toques, no me llegues Que llegarás á perder La mayor dicha que el cielo Te previno, por merced Del hado que te apadrina Por decretos de su ley. Yo te escribí aquesta tarde En el último papel, Que nos veríamos presto, Y anteviendo aquesto fué. Y pues cumplí mi palabra Supuesto que ya me ves, En la más humana forma Que he podido elegir, ve En paz, y déjame aquí; Porque aun cumplido no es El tiempo en que mis sucesos Has de alcanzar y saber. Mañana lo sabrás todo; Y mira, que á nadie des Parte desto, si no quieres Una gran suerte perder. Ve en paz.

COSME.

Pues que con la paz Nos convida, señor, ¿qué Esperamos?

D. MAN.

(_Ap._ ¡Vive Dios, Que corrido de temer Vanos asombros estoy! Y puesto que no los crê Mi valor, he de apurar Todo el caso de una vez.) Mujer, quien quiera que seas, (Que no tengo de creer Que eres otra cosa nunca) Vive Dios, que he de saber Quién eres, cómo has entrado Aquí, con qué fin, y á qué. Sin esperar á mañana Esta dicha gozaré; Si demonio, por demonio, Y si mujer, por mujer; Que á mi esfuerzo no le da Que recelar ni temer Tu amenaza, cuando fueras Demonio; aunque yo bien sé Que teniendo cuerpo tú, Demonio no puedes ser, Sino mujer.

COSME.

Todo es uno.

D.ª ÁNG.

No me toques, que á perder Echas una dicha.

COSME.

Dice El señor diablo muy bien; No la toques, pues no ha sido Arpa, laúd ni rabel.

D. MAN.

Si eres espíritu agora Con la espada lo veré;

_(Saca la espada.)_

Pues aunque te hiera aquí, No he de poderte ofender.

D.ª ÁNG.

¡Ay de mí! ¡deten la espada, Sangriento el brazo deten! Que no es bien que des la muerte A una infelice mujer. Yo confieso que lo soy; Y aunque es delito el querer, No delito que merezca Morir mal, por querer bien. No manches pues, no desdores Con mi sangre el rosicler De ese acero.

D. MAN.

Dí, ¿quién eres?

D.ª ÁNG.

Fuerza el decirlo ha de ser; Porque no puedo llevar Tan al fin como pensé Este amor, este deseo. Esta verdad, esta fe. Pero estamos á peligro, Si nos oyen, ó nos ven, De la muerte; porque soy Mucho más de lo que ves; Y así es fuerza, por quitar Estorbos que puede haber, Cerrar, señor, esa puerta, Y áun la del portal tambien; Porque no puedan ver luz, Si acaso vienen á ver Quién anda aquí.

D. MAN.

Alumbra, Cosme, Cerremos las puertas. ¿Ves Cómo es mujer, y no duende?

COSME.

Yo ¿no lo dije tambien?

_(Vanse los dos.)_

ESCENA XX.

DOÑA ÁNGELA, _y luego_ ISABEL.

D.ª ÁNG.

Cerrada estoy por defuera. Ya ¡cielos! fuerza ha de ser Decir la verdad, supuesto Que me ha cerrado Isabel, Y que el huésped me ha cogido Aquí.

_(Sale Isabel por la alacena.)_

ISABEL.

Ce, señora, ce. Tu hermano por tí pregunta.

D.ª ÁNG.

Bien sucede. Echa el cancel De la alacena. ¡Ay amor! La duda se queda en pié.

_(Vanse y cierran la alacena.)_

ESCENA XXI.

DON MANUEL, COSME.

D. MAN.

Ya están cerradas las puertas, Proseguid, señora; haced Relacion... pero, ¿qué es esto? ¿Dónde está?

COSME.

Pues yo ¿qué sé?

D. MAN.

¿Si se ha entrado en el alcoba? Ve delante.

COSME.

Yendo á pié, Es, señor, descortesía Ir yo delante.

D. MAN.

Veré Todo el cuarto. Suelta, digo.

COSME.

Digo que suelto.

_(Quítale Don Manuel la luz, entra en el cuarto y vuelve á salir.)_

D. MAN.

¡Cruel Es mi suerte!

COSME.

Aun bien que agora Por la puerta no se fué.

D. MAN.

¿Pues por dónde pudo irse?

COSME.

Eso no alcanzo yo. ¿Ves (Siempre te lo he dicho yo) Cómo es diablo, y no mujer?

D. MAN.

¡Vive Dios, que he de mirar Todo este cuarto, hasta ver Si debajo de los cuadros Rota está alguna pared, Si encubren estas alfombras Alguna cueva, y tambien Las bovedillas del techo!

COSME.

Solamente aquí se ve Esta alacena.

D. MAN.

Por ella No hay que dudar ni temer, Siempre compuesta de vidrios. A mirar lo demas ven.

COSME.

Yo no soy nada miron.

D. MAN.

Pues no tengo de creer Que es fantástica su forma, Puesto que llegó á temer La muerte.

COSME.

Tambien llegó A adivinar y saber Que, á sólo verla esta noche, Habíamos de volver.

D. MAN.

Como sombra se mostró, Fantástica su luz fué; Pero como cosa humana, Se dejó tocar y ver: Como mortal se temió, Receló como mujer, Como ilusion se deshizo, Como fantasma se fué. Si doy la rienda al discurso, No sé, ¡vive Dios! no sé, Ni qué tengo de dudar, Ni qué tengo de creer.

COSME.

Yo sí.

D. MAN.

¿Qué?

COSME.

Que es mujer-diablo; Pues que novedad no es, Si la mujer es demonio Todo el año, que una vez, Por desquitarse de tantas, Sea el demonio mujer.

JORNADA TERCERA.

Cuarto de Doña Ángela.

ESCENA PRIMERA.

DON MANUEL, _á oscuras_; ISABEL, _guiándole_.

ISABEL.

Espérame en esta sala: Luégo saldrá á verte aquí Mi señora.

_(Vase, cerrando.)_

D. MAN.

No está mala La tramoya. ¿Cerró? Sí. ¡Qué pena á mi pena iguala! Yo volví del Escorial, Y este encanto peregrino, Este pasmo celestial Que á traerme la luz vino Y me deja en duda igual, Me tiene escrito un papel, Diciendo muy tierna en él: «Si os atreveis á venir A verme, habeis de salir Esta noche con aquel Criado que os acompaña. Dos hombres esperarán En el cementerio (¡extraña Parte!) de San Sebastian, Y una silla.» Y no me engaña. En ella entré y discurrí, Hasta que el tino perdí. Y al fin á un portal de horror Lleno, de sombra y temor, Solo y á oscuras salí. Aquí llegó una mujer, (Al oir y al parecer) Y á oscuras y por el tiento, De aposento en aposento, Sin oir, hablar, ni ver, Me guió. Pero ya veo Luz; por el resquicio es De una puerta. Tu deseo Lograste, amor, pues ya ves La dama; aventuras creo.

_(Acecha por la cerradura.)_

¡Qué casa tan alhajada! ¡Qué mujeres tan lucidas! ¡Qué sala tan adornada! ¡Qué damas tan bien prendidas! ¡Qué beldad tan extremada!

_(Abren la puerta, y salen várias criadas trayendo toallas, conservas y agua, haciendo reverencias todas al pasar, y detras de todas, Doña Ángela, ricamente vestida.)_

ESCENA II.

DOÑA ÁNGELA, CRIADAS, DOÑA BEATRIZ. — DON MANUEL.

D.ª ÁNG.

_(Ap. á Doña Beatriz.)_ Pues presumen que eres ida A tu casa mis hermanos, Quedándote aquí escondida, Los recelos serán vanos; Porque una vez recogida, Ya no habrá que temer nada.

D.ª BEAT.

¿Y qué ha de ser mi papel?

D.ª ÁNG.

Agora el de mi criada; Luego el de ver, retirada, Lo que me pasa con él.— ¿Estareis muy disgustado _(A Don Manuel.)_ De esperarme?

D. MAN.

No, señora; Que quien espera la aurora, Bien sabe que su cuidado, En las sombras sepultado De la noche oscura y fria, Ha de tener; y así hacía Gusto el pesar que pasaba; Pues cuanto más se alargaba, Tanto más llamaba al dia. Si bien no era menester Pasar noche tan oscura, Si el sol de vuestra hermosura Me habia de amanecer; Que para resplandecer Vos, soberano arrebol, La sombra ni el tornasol De la noche no os habia De estorbar; que sois el dia Que amanece sin el sol. Huye la noche, señora, Y pasa á la dulce salva La risa bella del alba, Que ilumina, mas no dora; Despues del alba la aurora, De rayos y luz escasa, Dora, mas no abrasa. Pasa La aurora, y tras su arrebol Pasa el sol; y sólo el sol Dora, ilumina y abrasa. El alba, para brillar, Quiso á la noche seguir; La aurora, para lucir, Al alba quiso imitar; El sol, deidad singular, A la aurora desafía, Vos al sol: luego la fria Noche no era menester, Si podeis amanecer Sol del sol despues del dia.

D.ª ÁNG.

Aunque agradecer debiera Discurso tan cortesano, Quejarme quiero (no en vano), De ofensa tan lisonjera; Pues no siendo esta la esfera, A cuyo noble ardimiento Fatigas padece el viento, Sino un albergue piadoso, Os viene á hacer sospechoso El mismo encarecimiento. No soy alba, pues la risa Me falta en contento tanto; Ni aurora, pues que mi llanto De mi dolor no os avisa; No soy sol, pues no divisa Mi luz la verdad que adoro, Y así lo que soy ignoro; Que sólo sé que no soy Alba, aurora ó sol; pues hoy No alumbro, rio, ni lloro. Y así os ruego que digais, Señor Don Manuel, de mí Que una mujer soy y fuí, A quien vos sólo obligais Al extremo que mirais.

D. MAN.

Muy poco debe de ser; Pues aunque me llego á ver Aquí, os pudiera argüir Que tengo más que sentir, Señora, que agradecer. Y así, me doy por sentido.

D.ª ÁNG.

¿Vos de mí sentido?

D. MAN.

Sí, Pues que no fiais de mí Quién sois.

D.ª ÁNG.

Solamente os pido Que eso no mandeis; que ha sido Imposible de contar. Si quereis venirme á hablar, Con calidad ha de ser Que no lo habeis de saber, Ni lo habeis de preguntar; Porque para con vos hoy Un enigma á ser me ofrezco, Que ni soy lo que parezco, Ni parezco lo que soy. Miéntras encubierta estoy, Podreis verme y podré veros; Porque si á satisfaceros Llegais, y quien soy sabeis, Vos quererme no querreis, Aunque yo quiera quereros. Pincel que lo muerto informa, Tal vez un cuadro previene, Que una forma á una luz tiene, Y á otra luz tiene otra forma. Amor, que es pintor, conforma Dos luces, que en mí teneis; Si hoy á aquesta luz me veis, Y por eso me estimais, Cuando á otra luz me veais, Quizá me aborrecereis. Lo que deciros me importa Es en cuanto á haber creido Que de Don Luis dama he sido; Que esta sospecha reporta Mi juramento, y la acorta.

D. MAN.

¿Pues qué, señora, os moviera A encubriros dél?

D.ª ÁNG.

Pudiera Ser tan principal mujer, Que tuviera que perder, Si Don Luis me conociera.

D. MAN.

Pues decidme solamente, ¿Cómo á mi casa pasais?

D.ª ÁNG.

Ni eso es tiempo que sepais; Que es el mismo inconveniente.

D.ª BEAT.

(_Ap._ Aquí entro yo lindamente.) Ya el agua y dulce está aquí; Vuexcelencia mire si...

_(Llegan todas con las toallas, agua y algunas cajas de dulce.)_

D.ª ÁNG.

¡Qué error y qué impertinencia! Necia, ¿quién es excelencia? ¿Quieres engañar así Ahora al señor Don Manuel, Para que con eso crea Que yo gran señora sea?

D.ª BEAT.

Advierte...

D. MAN.

_(Ap.)_ De mi cruel Duda salí con aquel Descuido; agora he creido Que una gran señora ha sido, Que, por serlo, se encubrió, Y que con el oro vió Su secreto conseguido.

ESCENA III.

DON JUAN. — DICHOS.

D. JUAN.

_(Dentro.)_ Abre, Isabel, esta puerta.

D.ª ÁNG.

_(Ap.)_ ¡Ay cielos! ¿qué ruido es este?

ISABEL.

¡Yo soy muerta!

D.ª BEAT.

_(Ap.)_ ¡Helada estoy!

D. MAN.

_(Ap.)_ ¿Aun no cesan mis crueles Fortunas? ¡Válgame el cielo!

D.ª ÁNG.

Señor, mi padre es aqueste.

D. MAN.

¿Qué he de hacer?

D.ª ÁNG.

Fuerza es que vais A esconderos á un retrete. Isabel, llévale tú, Hasta que oculto le dejes En aquel cuarto que sabes, Apartado; ya me entiendes.

ISABEL.

Vamos presto.

D. JUAN.

_(Dentro.)_ ¿No acabais De abrir la puerta?

D. MAN.

¡Valedme, Cielos, que vida y honor Van jugadas á una suerte!

_(Vase Don Manuel con Isabel.)_

D. JUAN.

_(Dentro.)_ La puerta echaré en el suelo.

D.ª ÁNG.

Retírate tú, pues puedes, En esa cuadra, Beatriz; No te hallen aquí.

_(Vase Doña Beatriz, y sale Don Juan.)_

D.ª ÁNG.

¿Qué quieres A estas horas en mi cuarto, Que así á alborotarnos vienes?

D. JUAN.

Respóndeme tú primero, Ángela, ¿qué traje es ese?

D.ª ÁNG.

De mis penas y tristezas Es causa el mirarme siempre Llena de luto, y vestíme, Por ver si hay con qué me alegre Estas galas.

D. JUAN.

No lo dudo; Que tristezas de mujeres Bien con galas se remedian, Bien con joyas convalecen; Si bien me parece que es Tu cuidado impertinente.

D.ª ÁNG.

¿Qué importa el vestirme así, Donde nadie llegue á verme?

D. JUAN.

Díme, ¿volvióse Beatriz A su casa?

D.ª ÁNG.

Y cuerdamente Su padre, por mejor medio, En paz su enojo convierte.

D. JUAN.

Yo no quise saber más, Para ir á ver si pudiese Verla y hablarla esta noche. Quédate con Dios, y advierte Que ya no es tuyo ese traje.

_(Vase.)_

D.ª ÁNG.

Vaya Dios contigo, y véte.

_(Vase Don Juan, y vuelve Doña Beatriz.)_

D.ª ÁNG.

Cierra esa puerta, Beatriz.

D.ª BEAT.

Bien hemos salido deste Susto. A buscarme tu hermano Va.

D.ª ÁNG.

Ya hasta que se sosiegue Más la casa, y Don Manuel Vuelva de su cuarto á verme, Para ser ménos sentidas, Entremos á este retrete.

D.ª BEAT.

Si eso te sucede bien, Te llaman la Dama Duende.

_(Vanse.)_

* * * * *

Cuarto de Don Manuel.

ESCENA IV.

DON MANUEL É ISABEL, _que salen á oscuras de la alacena_.

ISABEL.

Aquí has de quedarte, y mira Que no hagas ruido; que pueden Sentirte.

D. MAN.

Un mármol seré.

ISABEL.

Quieran los cielos que acierte A cerrar, que estoy turbada.

_(Vase.)_

D. MAN.

¡Oh, á cuánto, cielos, se atreve Quien se atreve á entrar en parte Donde ni alcanza ni entiende Qué daños se le aperciben, Qué riesgos se le previenen! Véme aquí á mí en una casa, Que dueño tan noble tiene (De excelencia por lo ménos), Lleno de asombros crueles, Y tan léjos de la mia. Pero ¿qué es esto? Parece Que á esta parte alguna puerta Abren. Sí, y ha entrado gente.

ESCENA V.

COSME. — DON MANUEL.

COSME.

Gracias á Dios que esta noche Entrar podré libremente _(A tientas.)_ En mi aposento sin miedo, Aunque sin luz salga y entre; Porque el duende mi señor Puesto que á mi amo tiene, ¿Para qué me quiere á mí?

_(Encuentra con Don Manuel.)_

Pero para algo me quiere. ¿Quién va? ¿quién es?

D. MAN.

Calle, digo, Quienquiera que es, si no quiere Que le mate á puñaladas.

COSME.

No hablaré más que un pariente Pobre en la casa de un rico.

D. MAN.

(_Ap._ Criado sin duda es este, Que acaso ha entrado hasta aquí. Dél informarme conviene Dónde estoy.) Díme, ¿qué casa Es esta, y qué dueño tiene?

COSME.

Señor, el dueño y la casa Son del diablo que me lleve; Porque aquí vive una dama, Que llaman la Dama Duende, Que es un demonio en figura De mujer.

D. MAN.

Y tú, ¿quién eres?

COSME.

Soy un fámulo ó criado, Soy un súbdito, un sirviente, Que, sin qué ni para qué, Estos encantos padece.

D. MAN.

Y ¿quién es tu amo?

COSME.

Es Un loco, un impertinente, Un tonto, un simple, un menguado, Que por tal dama se pierde.

D. MAN.

Y ¿es su nombre?

COSME.

Don Manuel Enriquez.

D. MAN.

¡Jesus mil veces!

COSME.

Yo Cosme Catiboratos Me llamo.

D. MAN.

Cosme, ¿tú eres? ¿Pues cómo has entrado aquí? Tu señor soy. Díme, ¿vienes Siguiéndome tras la silla? ¿Entraste tras mí á esconderte Tambien en este aposento?

COSME.

¡Lindo desenfado es ese! Díme, ¿cómo estás aquí? ¿No te fuiste muy valiente, Solo, donde te esperaban? Pues ¿cómo tan presto vuelves? ¿Y cómo, en fin, has entrado Aquí, trayendo yo siempre La llave de aqueste cuarto?

D. MAN.

Pues díme, ¿qué cuarto es este?

COSME.

El tuyo, ó el del demonio.

D. MAN.

¡Viven los cielos, que mientes! Porque léjos de mi casa, Y en otra bien diferente Estaba en aqueste instante.

COSME.

Pues cosas serán del duende, Sin duda; porque te he dicho La verdad pura.

D. MAN.

Tú quieres Que pierda el juicio.

COSME.

¿Hay más De desengañarte? Véte Por esa puerta, y saldrás Al portal, adonde puedes Desengañarte.

D. MAN.

Bien dices; Iré á examinarle y verle.

_(Vase.)_

COSME.

Señores, ¿cuándo saldremos De tanto embuste aparente?

_(Sale Isabel por la alacena.)_

ESCENA VI.

ISABEL. — COSME; _despues_ DON MANUEL.

ISABEL.

(_Ap._ Volvióse á salir Don Juan, Y porque á saber no llegue Don Manuel adónde está, Sacarle de aquí conviene.) Ce, señor, ce.

COSME.

_(Ap.)_ Esto es peor; Ceáticas son estas cees.

ISABEL.

Ya mi señor recogido Queda.

COSME.

_(Ap.)_ ¿Qué señor es este?

_(Vuelve Don Manuel.)_

D. MAN.

Este es mi cuarto en efecto.

ISABEL.

¿Eres tú?

COSME.

Sí, yo soy.

ISABEL.

Vénte Conmigo.

D. MAN.

Tú dices bien.

ISABEL.

No hay que temer; nada esperes.

COSME.

¡Señor, que el duende me lleva!