Teatro selecto, tomo 3 de 4

Part 6

Chapter 64,016 wordsPublic domain

Entré en la plaza De Palacio, hermana, á pié, Hasta el palenque; porqué Toda la desembaraza De coches y caballeros La guardia. A un corro me fuí De amigos, adonde ví Que alegres y lisonjeros Los tenía una tapada, A quien todos celebraron Lo que dijo, y alabaron De entendida y sazonada. Desde el punto que llegué, Otra palabra no habló, Tanto que á alguno obligó A preguntarla por qué Porque yo llegaba, habia Con tanto extremo callado. Todo me puso en cuidado. Miré si la conocia, Y no pude; porque ella Le puso más en taparse, En esconderse y guardarse. Viendo que no pude vella, Seguirla determiné: Ella siempre atras volvia A ver si yo la seguia, Cuyo gran cuidado fué Espuela de mi cuidado. Yendo desta suerte pues, Llegó un hidalgo, que es De nuestro huésped criado, A decir que le leyese Una carta; respondí Que iba de prisa, y creí Que detenerme quisiese Con este intento, porqué La mujer le habló al pasar; Y tanto dió en porfiar, Que le dije no sé qué. Llegó en aquella ocasion, En defensa del criado, Nuestro huésped, muy soldado. Sacamos en conclusion Las espadas. Todo es esto; Pero más pudiera ser.

D.ª ÁNG.

¡Miren la mala mujer En qué ocasion te habia puesto! Que hay mujeres tramoyeras. Pondré, que no conocia Quién eras y que lo hacía Sólo porque la siguieras. Por eso estoy harta yo De decir (si bien te acuerdas) Que mires que no te pierdas Por mujercillas, que no Saben más que aventurar Los hombres.

D. LUIS.

¿En qué has pasado La tarde?

D.ª ÁNG.

En casa me he estado, Entretenida en llorar.

D. LUIS.

¿Hate nuestro hermano visto?

D.ª ÁNG.

Desde esta mañana no Ha entrado aquí.

D. LUIS.

¡Qué mal yo Estos descuidos resisto!

D.ª ÁNG.

Pues deja los sentimientos; Que al fin sufrirle es mejor; Que es nuestro hermano mayor, Y comemos de alimentos.

D. LUIS.

Si tú estás tan consolada, Yo tambien; que yo por tí Lo sentia. Y porque así Veas no dárseme nada, A verle voy, y áun con él Haré una galantería.

_(Vase.)_

ESCENA IX.

DOÑA ÁNGELA, ISABEL.

ISABEL.

¿Qué dirás, señora mia, Despues del susto cruel, De lo que en casa nos pasa? Pues el que hoy ha defendido Tu vida, huésped y herido Le tienes dentro de casa.

D.ª ÁNG.

Yo, Isabel, lo sospeché Cuando de mi hermano oí La pendencia, y cuando ví Que el herido el huésped fué. Pero áun bien no lo he creido; Porque caso extraño fuera Que un hombre á Madrid viniera, Y hallase recien venido, Una dama que rogase Que su vida defendiese, Un hermano que le hiriese Y otro que le aposentase. Fuera notable suceso; Y aunque todo puede ser, No lo tengo de creer Sin verlo.

ISABEL.

Y si para eso Te dispones, yo bien sé Por dónde verle podrás, Y áun más que verle.

D.ª ÁNG.

Tú estás Loca. ¿Cómo, si se ve De mi cuarto tan distante, El suyo?

ISABEL.

Parte hay por donde Este cuarto corresponde Al otro: esto no te espante.

D.ª ÁNG.

No porque verlo deseo, Sino sólo por saber, Díme, ¿cómo puede ser? Que lo escucho y no lo creo.

ISABEL.

¿No has oido que labró En la puerta una alacena Tu hermano?

D.ª ÁNG.

Ya lo que ordena Tu ingenio he entendido yo. Dirás que pues es de tabla, Algun agujero hagamos Por donde al huésped veamos.

ISABEL.

Más que eso mi ingenio entabla.

D.ª ÁNG.

Dí.

ISABEL.

Por cerrar y encubrir La puerta que se tenía, Y que á este jardin salia, Y poder volverla á abrir, Hizo tu hermano poner Portátil una alacena. Esta (aunque de vidrios llena) Se puede muy bien mover. Yo lo sé bien; porque, cuando La alacena aderecé, La escalera la arrimé, Y ella se fué desclavando Poco á poco: de manera, Que todo junto cayó, Y dimos en tierra yo, Alacena y escalera; De suerte, que en falso agora La tal alacena está, Y, apartándose, podrá Cualquiera pasar, señora.

D.ª ÁNG.

Esto no es determinar, Sino prevenir primero. Ves aquí, Isabel, que quiero A esotro cuarto pasar, Y he quitado la alacena. Por allá, ¿no se podrá Quitar tambien?

ISABEL.

Claro está; Y para hacerla más buena, En falso se han de poner Dos clavos, para advertir Que sólo la sepa abrir El que lo llega á saber.

D.ª ÁNG.

Al criado que viniere Por luz y por ropa, dí Que vuelva á avisarte á tí, Si acaso el huésped saliere De casa; que, segun creo, No le obligará la herida A hacer cama.

ISABEL.

¿Y, por tu vida, Irás?

D.ª ÁNG.

Un necio deseo Tengo de saber si es él El que mi vida guardó: Porque, si le cuesto yo Sangre y cuidado, Isabel, Es bien mirar por su herida, Si es que segura del miedo De ser conocida, puedo Ser con él agradecida. Vamos, que tengo de ver La alacena; y si pasar Puedo al cuarto, he de cuidar, Sin que él lo llegue á entender, Desde aquí de su regalo.

ISABEL.

Notable cuento será. Mas ¿si lo cuenta?

D.ª ÁNG.

No hará, Que hombre, que su esfuerzo igualo A su gala y discrecion, Puesto que de todo ha hecho Noble experiencia en mi pecho En la primera ocasion, De valiente en lo arrestado, De galan en lo lucido, En el modo de entendido, No me ha de causar cuidado Que diga suceso igual; Que fuera notable mengua Que echara una mala lengua Tan buenas partes á mal.

_(Vanse.)_

* * * * *

Cuarto de Don Manuel. — Una alacena movible, hecha con anaqueles; vidrios en ella. Un brasero, etc.

ESCENA X.

DON JUAN, DON MANUEL, UN CRIADO _con luz; despues_ DON LUIS, Y OTRO CRIADO.

D. JUAN.

Acostaos, por mi vida.

D. MAN.

Es tan poca la herida, Que ántes, Don Juan, sospecho Que parece melindre el haber hecho Caso ninguno della.

D. JUAN.

Harta ventura ha sido de mi estrella; Que no me consolara Jamás, si este contento me costara El pesar de teneros En mi casa indispuesto, y el de veros Herido por la mano (Si bien no ha sido culpa) de mi hermano.

D. MAN.

Él es buen caballero, Y me tiene envidioso de su acero, De su estilo admirado, Y he de ser muy su amigo y su criado.

_(Llega Don Luis y un criado con un azafate cubierto, y en él un aderezo de espada.)_

D. LUIS.

Yo, señor, lo soy vuestro, Como en la pena que recibo muestro, Ofreciéndôs mi vida; Y porque el instrumento de la herida En mi poder no quede, Pues ya agradarme ni servirme puede, Bien como aquel criado Que á su señor algun disgusto ha dado, Hoy de mí lo despido. Esta es, señor, la espada que os ha herido; A vuestras plantas viene A pediros perdon, si culpa tiene. Tome vuestra querella Con ella en mí venganza de mí y della.

D. MAN.

Sois valiente y discreto: En todo me venceis. La espada aceto, Porque siempre á mi lado Me enseñe á ser valiente. Confiado Desde hoy vivir procuro; Porque ¿de quién no vivirá seguro Quien vuestro acero ciñe generoso? Que él solo me tuviera temeroso.

D. JUAN.

Pues Don Luis me ha enseñado A lo que estoy por huésped obligado, Otro regalo quiero Que recibais de mí.

D. MAN.

¡Qué tarde espero Pagar tantos favores! Los dos os competís en darme honores.

ESCENA XI.

COSME, _cargado de maletas y cojines_. — DICHOS.

COSME.

Docientos mil demonios De su furia infernal den testimonios, Volviéndose inclementes Docientas mil serpientes, Que, asiéndome, de un vuelo Den conmigo de patas en el cielo, Del mandato oprimidos De Dios, por justos juicios compelidos; Si vivir no quisiera sin injurias En Galicia ó Asturias, Antes que en esta corte.

D. MAN.

Reporta...

COSME.

El repertorio se reporte.

D. JUAN.

¿Qué dices?

COSME.

Lo que digo; Que es traidor quien da paso á su enemigo.

D. LUIS.

¿Qué enemigo? Detente.

COSME.

El agua de una fuente y otra fuente.

D. MAN.

¿Y por eso te inquietas?

COSME.

Venía de cojines y maletas Por la calle cargado, Y en una zanja de una fuente he dado, Y así lo traigo todo (Como dice el refran) puesto de lodo. ¿Quién esto en casa mete?

D. MAN.

Véte de aquí, que estás borracho. Véte.

COSME.

Si borracho estuviera, Ménos mi enojo con el agua fuera. Cuando en un libro leo de mil fuentes Que vuelven várias cosas sus corrientes, No me espanto, si aquí ver determino, Que nace el agua á convertirse en vino.

D. MAN.

Si él empieza, en un año No acabará.

D. JUAN.

Él tiene humor extraño.

D. LUIS.

Sólo de tí queria Saber (si sabes lêr, como este dia En el libro citado Muestras) ¿por qué pediste tan pesado Que una carta leyese? ¿Qué te apartas?

COSME.

Porque sé lêr en libros y no en cartas.

D. LUIS.

Está bien respondido.

D. MAN.

Que no hagais caso dél, por Dios os pido. Ya le ireis conociendo, Y sabreis que es burlon.

COSME.

Hacer pretendo De mis burlas alarde. Para alguna os convido.

D. MAN.

Pues no es tarde, Porque me importa, hoy quiero Hacer una visita.

D. JUAN.

Yo os espero Para cenar.

D. MAN.

Tú, Cosme, esas maletas Abre, y saca la ropa; no las metas Hasta limpiarlas harto.

D. JUAN.

Si quisieres cerrar, esta es del cuarto La llave; que aunque tengo Llave maestra, por si acaso vengo Tarde, más que las dos, otra no tiene, Ni otra puerta tampoco, (_Ap._ Así conviene.) Y en el cuarto la deja, y cada dia Vendrán á aderezarle.

_(Vanse todos, ménos Cosme.)_

ESCENA XII.

COSME.

Hacienda mia, Ven acá; que yo quiero Visitarte primero; Porque ver determino Cuánto habemos sisado en el camino; Que, como en las posadas No se hilan las cuentas tan delgadas Como en casa, que vive en sus porfías La cuenta y la razon por lacerías, Hay mayor aparejo de provecho, Para meter la mano, no en mi pecho, Sino en la bolsa ajena.

_(Abre la maleta, y saca una bolsa.)_

Hallé la propia; buena está y rebuena, Pues aquesta jornada Subió doncella, y se apeó preñada. Contarlo quiero, aunque es tiempo perdido, Porque yo ¿qué borregos he vendido A mi señor para que mire y vea Si está cabal? Lo que ello fuere sea. Su maleta es aquesta: Ropa quiero sacar, por si se acuesta Tan presto; que él mandó que hiciese esto. ¿Mas porque él lo mandó, se ha de hacer presto? Por haberlo él mandado Antes no lo he de hacer, que soy criado. Salirme un rato es justo A rezar á una ermita. ¿Tendrás gusto Desto, Cosme?—Tendré.—Pues, Cosme, vamos Que ántes son nuestros gustos que los amos.

_(Vase.)_

ESCENA XIII.

DOÑA ÁNGELA, ISABEL, _que salen por la puerta disimulada con la alacena_.

ISABEL.

Que está el cuarto solo dijo Rodrigo, porque el tal huésped Y tus hermanos se fueron.

D.ª ÁNG.

Por eso pude atreverme A hacer sola esta experiencia.

ISABEL.

¿Ves que no hay inconveniente Para pasar hasta aquí?

D.ª ÁNG.

Antes, Isabel, parece Que todo cuanto previne Yo, fué muy impertinente, Pues con ninguno encontramos; Que la puerta fácilmente Se abre y se vuelve á cerrar, Sin ser posible que se eche De ver.

ISABEL.

¿Y á qué hemos venido?

D.ª ÁNG.

A volvernos solamente; Que, para hacer sola una Travesura dos mujeres, Basta haberla imaginado; Porque al fin esto no tiene Más fundamento que haber Hablado en ello dos veces, Y estar yo determinada (Siendo verdad que es aqueste Caballero el que por mí Se empeñó osado y valiente, Como te he dicho) á mirar Por su regalo.

ISABEL.

Aquí tiene El que le trajo tu hermano, Y una espada en un bufete.

D.ª ÁNG.

Ven acá. ¿Mi escribanía Trajeron aquí?

ISABEL.

Dió en ese Desvarío mi señor. Dijo que aquí la pusiese Con recado de escribir, Y mil libros diferentes.

D.ª ÁNG.

En el suelo hay dos maletas.

ISABEL.

Y abiertas. Señora, ¿quieres Que veamos lo que hay en ellas?

D.ª ÁNG.

Sí, que quiero neciamente Mirar qué ropas y alhajas Trae.

ISABEL.

Soldado y pretendiente, Vendrá muy mal alhajado.

_(Sacan todo cuanto van diciendo, y lo esparcen por la sala.)_

D.ª ÁNG.

¿Qué es eso?

ISABEL.

Muchos papeles.

D.ª ÁNG.

¿Son de mujer?

ISABEL.

No, señora, Sino procesos que vienen Cosidos, y pesan mucho.

D.ª ÁNG.

Pues si fueran de mujeres, Ellos fueran más livianos. Mal en eso te detienes.

ISABEL.

Ropa blanca hay aquí alguna.

D.ª ÁNG.

¿Huele bien?

ISABEL.

Sí, á limpia huele.

D.ª ÁNG.

Ese es el mejor perfume.

ISABEL.

Las tres calidades tiene De blanca, blanda y delgada. Mas, señora, ¿qué es aqueste Pellejo con unos hierros De herramientas diferentes?

D.ª ÁNG.

Muestra á ver. Hasta aquí hierro De sacamuelas parece; Mas estas son tenacillas, Y el alzador del copete Y los bigotes esotras.

ISABEL.

Item, escobilla y peine. Oye, que, más prevenido, No le faltará al tal huésped La horma de su zapato.

D.ª ÁNG.

¿Por qué?

ISABEL.

Porque aquí la tiene.

D.ª ÁNG.

¿Hay más?

ISABEL.

Sí, señora. Item, Como á forma de billetes, Legajo segundo.

D.ª ÁNG.

Muestra. De mujer son, y contienen Más que papel. Un retrato Está aquí.

ISABEL.

¿Qué te suspende?

D.ª ÁNG.

El verle; que una hermosura, Si está pintada, divierte.

ISABEL.

Parece que te ha pesado De hallarle.

D.ª ÁNG.

¡Qué necia eres! No mires más.

ISABEL.

¿Y qué intentas?

D.ª ÁNG.

Dejarle escrito un billete. Toma el retrato.

_(Pónese á escribir.)_

ISABEL.

Entre tanto La maleta del sirviente He de ver. Esto es dinero; Cuartazos son insolentes, Que en la república donde Son los príncipes y reyes Las doblas y patacones, Ellos son la comun plebe. Una burla le he de hacer, Y ha de ser de aquesta suerte: Quitarle de aquí el dinero Al tal lacayo, y ponerle Unos carbones. Dirán: ¿Dónde demonios los tiene Esta mujer? no advirtiendo Que esto sucedió en Noviembre, Y que hay brasero en el cuarto.

_(Quita el dinero de la bolsa, y pone carbon.)_

D.ª ÁNG.

Ya escribí. ¿Qué te parece Adónde deje el papel, Porque, si mi hermano viene, No le vea?

ISABEL.

Allí, debajo De la toalla que tienen Las almohadas; que al quitarla, Se verá forzosamente, Y no es parte que hasta entónces Se ha de andar.

D.ª ÁNG.

Muy bien adviertes. Ponle allí, y ve recogiendo Todo esto.

ISABEL.

Mira que tuercen Ya la llave.

D.ª ÁNG.

Pues dejallo Todo, esté como estuviere, Y á escondernos, Isabel, Ven.

ISABEL.

Alacena _me fecit_.

_(Vanse por la alacena.)_

ESCENA XIV.

COSME.

Ya que me he servido á mí, De barato quiero hacerle A mi amo otro servicio.— Mas ¿quién nuestra hacienda vende Que así hace almoneda della? ¡Vive Cristo, que parece Plazuela de la Cebada La sala con nuestros bienes! ¿Quién está aquí? No está nadie, Por Dios; y si está, no quiere Responder. No me responda, Que me huelgo de que eche De ver que soy enemigo De respondones. Con este Humor, sea bueno, ó sea malo (Si he de hablar discretamente), Estoy temblando de miedo: Pero como á mí me deje El revoltoso de alhajas Libre mi dinero, llegue Y revuelva las maletas Una y cuatrocientas veces. Mas ¿qué veo? ¡Vive Dios,

_(Registra la bolsa.)_

Que en carbones lo convierten! Duendecillo, duendecillo, Quienquiera que seas ó fueres, El dinero que tú das En lo que mandares vuelve, ¿Mas lo que yo hurto, por qué?

ESCENA XV.

DON MANUEL, DON JUAN, DON LUIS. — COSME.

D. JUAN.

¿De qué das voces?

D. LUIS.

¿Qué tienes?

D. MAN.

¿Qué te ha sucedido? Habla.

COSME.

¡Lindo desenfado es ese! Si tienes por inquilino, Señor, en tu casa un duende, ¿Para qué nos recebiste En ella? Un instante breve Que falté de aquí, la ropa De tal modo y de tal suerte Hallé, que, toda esparcida, Una almoneda parece.

D. JUAN.

¿Falta algo?

COSME.

No falta nada. El dinero solamente Que en esta bolsa tenía, Que era mio, me convierte En carbones.

D. LUIS.

Sí, ya entiendo.

D. MAN.

¡Qué necia burla previenes! ¡Qué fria y qué sin donaire!

D. JUAN.

¡Qué mala y qué impertinente!

COSME.

No es burla esta, ¡vive Dios!

D. MAN.

Calla, que estás como sueles.

COSME.

Es verdad; mas suelo estar En mi juicio algunas veces.

D. JUAN.

Quedaos con Dios, y acostaos, Don Manuel, sin que os desvele El duende de la posada; Y aconsejadle que intente Otras burlas, al criado.

_(Vase.)_

D. LUIS.

No en vano sois tan valiente Como sois, si habeis de andar, Desnuda la espada siempre, Saliendo de los disgustos El que este loco os pusiere.

_(Vase.)_

ESCENA XVI.

DON MANUEL, COSME.

D. MAN.

¿Ves cuál me tratan por tí? Todos por loco me tienen Porque te sufro. A cualquiera Parte que voy, me suceden Mil desaires por tu causa.

COSME.

Ya estás solo, y no he de hacerte Burla mano á mano yo; Porque sólo en tercio puede Tirarse uno con su padre. Dos mil demonios me lleven Si no es verdad que salí; Y álguien, fuese quien se fuese, Hizo este estrago.

D. MAN.

Con eso Ahora disculparte quieres De la necedad. Recoge Esto que esparcido tienes, Y entra á acostarte.

COSME.

Señor, En una galera reme...

D. MAN.

Calla, calla, ó vive Dios Que la cabeza te quiebre.

_(Entra en la alcoba.)_

COSME.

Pesárame con extremo Que lo tal me sucediese. Ahora bien, vuelvo á envasar Otra vez los adherentes De mis maletas. ¡Oh cielos, Quién la trompeta tuviese Del juicio de las alhajas, Porque á una voz solamente Viniesen todas!

_(Vuelve Don Manuel con un papel.)_

D. MAN.

Alumbra, Cosme.

COSME.

Pues ¿qué te sucede, Señor? ¿Has hallado acaso Allá dentro alguna gente?

D. MAN.

Descubrí la cama, Cosme, Para acostarme, y halléme Debajo de la toalla De la cama, este billete Cerrado; y ya el sobrescrito Me admira más.

COSME.

¿A quién viene?

D. MAN.

A mí; mas de modo extraño.

COSME.

¿Cómo dice?

D. MAN.

Desta suerte. _(Lee.)_ «Nadie me abra, porque soy »De Don Manuel solamente.»

COSME.

¡Plegue á Dios, que no me creas Por fuerza! No le abras, tente, Sin conjurarle primero.

D. MAN.

Cosme, lo que me suspende Es la novedad, no el miedo; Que quien admira no teme. _(Lee.)_ «Con cuidado me tiene vuestra salud, como á quien fué la causa de su riesgo. Y así, agradecida y lastimada, os suplico me aviseis della, y os sirvais de mí; que para lo uno y lo otro habrá ocasion, dejando la respuesta donde hallasteis éste: advirtiendo que el secreto importa, porque el dia que lo sepa alguno de los amigos, perderé yo el honor y la vida.»

COSME.

¡Extraño caso!

D. MAN.

¿Qué extraño?

COSME.

¿Eso no te admira?

D. MAN.

No; Antes con esto llegó A mi vista el desengaño.

COSME.

¿Cómo?

D. MAN.

Bien claro se ve Que aquella dama tapada, Que tan ciega y tan turbada De Don Luis huyendo fué, Era su dama, supuesto, Cosme, que no puede ser, Si es soltero, su mujer. Y dando por cierto esto, ¿Qué dificultad tendrá Que en la casa de su amante, Tenga ella mano bastante Para entrar?

COSME.

Muy bien está Pensado; mas mi temor Pasa adelante. Confieso Que es su dama, y el suceso Te doy por bueno, señor; ¿Pero ella cómo podia Desde la calle, saber Lo que habia de suceder, Para tener este dia Ya prevenido el papel?

D. MAN.

Despues de haberme pasado, Pudo dársele á un criado.

COSME.

Y aunque se le diera, ¿él Cómo aquí ha de haberle puesto? Pues nadie en el cuarto entró Desde que en él quedé yo.

D. MAN.

Bien pudo ser ántes de esto.

COSME.

Sí; mas hallar trabucadas Las maletas y la ropa, Y el papel escrito, topa En más.

D. MAN.

Mira si cerradas Esas ventanas están.

COSME.

Y con aldabas y rejas.

D. MAN.

Con mayor duda me dejas, Y mil sospechas me dan.

COSME.

¿De qué?

D. MAN.

No sabré explicallo.

COSME.

En efecto, ¿qué has de hacer?

D. MAN.

Escribir y responder Pretendo, hasta averiguallo, Con estilo que parezca Que no ha hallado en mi valor, Ni admiracion ni temor; Que no dudo que se ofrezca Una ocasion en que demos, Viendo que papeles hay, Con quien los lleva y los tray.

COSME.

¿Y de aquesto no daremos Cuenta á los huéspedes?

D. MAN.

No, Porque no tengo de hacer Mal alguno á una mujer, Que así de mí se fió.

COSME.

¿Luego ya ofendes á quien Su galan juzgas?

D. MAN.

No tal, Pues sin hacerla á ella mal, Puedo yo proceder bien.

COSME.

No, señor; más hay aquí De lo que á tí te parece: Con cada discurso crece Mi sospecha.

D. MAN.

¿Cómo así?

COSME.

Ves aquí que van y vienen Papeles, y que jamás Aunque lo examines más, Ciertos desengaños tienen: ¿Qué crêrás?

D. MAN.

Que ingenio y arte Hay para entrar y salir, Para cerrar, para abrir, Y que el cuarto tiene parte Por dónde. Y en duda tal, El juicio podré perder: Pero no, Cosme, creer Cosa sobrenatural.

COSME.

¿No hay duendes?

D. MAN.

Nadie los vió.

COSME.

¿Familiares?

D. MAN.

Son quimeras.

COSME.

¿Brujas?

D. MAN.

Ménos.

COSME.

¿Hechiceras?

D. MAN.

¡Qué error!

COSME.

¿Hay súcubos?

D. MAN.

No.

COSME.

¿Encantadoras?

D. MAN.

Tampoco.

COSME.

¿Mágicas?

D. MAN.

Es necedad.

COSME.

¿Nigromantes?

D. MAN.

Liviandad.

COSME.

¿Energúmenos?

D. MAN.

¡Qué loco!

COSME.

¡Vive Dios que te cogí! ¿Diablos?

D. MAN.

Sin poder notorio.

COSME.

¿Hay almas del purgatorio?

D. MAN.

¿Que me enamoren á mí? ¡Hay más necia bobería! Déjame; que estás cansado.

COSME.

En fin, ¿qué has determinado?

D. MAN.

Asistir de noche y dia Con cuidados singulares (Aquí el desengaño fundo) Sin creer que hay en el mundo Ni duendes ni familiares.

COSME.

Pues yo en efecto presumo Que algun demonio los tray, Que esto y más habrá, donde hay Quien tome tabaco de humo.

JORNADA SEGUNDA.

Habitacion de Doña Ángela.

ESCENA PRIMERA.

DOÑA ÁNGELA, DOÑA BEATRIZ, ISABEL.

D.ª BEAT.

Notables cosas me cuentas.

D.ª ÁNG.

No te parezcan notables, Hasta que sepas el fin. ¿En qué quedamos?

D.ª BEAT.

Quedaste En que por el alacena Hasta su cuarto pasastes, Que es tan difícil de verse Como fué de abrirse fácil; Que le escribiste un papel, Y que al otro dia hallaste La respuesta.

D.ª ÁNG.

Digo pues Que tan cortés y galante Estilo no ví jamás, Mezclando entre lo admirable Del suceso, lo gracioso, Imitando los andantes Caballeros, á quien pasan Aventuras semejantes. El papel, Beatriz, es éste: Holgaréme que te agrade. _(Lee.)_ «Fermosa dueña, cualquier que vos seais la condolida deste afanado caballero, y asaz piadosa minorais sus cuitas, ruégovos me querais facer sabidor del follon mezquino, ó pagano malandrin, que en este encanto vos amancilla, para que segunda vegada en vueso nombre, sano ya de las pasadas feridas, éntre en descomunal batalla, magüer que finque muerto en ella; que non es la vida de más pro que la muerte, tenudo á su deber un caballero. El dador de la luz vos mampare, é á mí non olvide.

»_El caballero de la Dama Duende._»

D.ª BEAT.

¡Buen estilo por mi vida, Y á propósito el lenguaje, Del encanto y la aventura!

D.ª ÁNG.

Cuando esperé que con graves Admiraciones viniera El papel, ví semejante Desenfado, cuyo estilo Quise llevar adelante, Y respondiéndole así, Pasé...

ISABEL.

Detente, no pases, Que viene D. Juan, tu hermano.

D.ª ÁNG.

Vendrá muy firme y amante A agradecerte la dicha De verte, Beatriz, y hablarte En su casa.

D.ª BEAT.

No me pesa, Si hemos de decir verdades.

ESCENA II.

DON JUAN. — DICHAS.

D. JUAN.

No hay mal que por bien no venga, Dicen adagios vulgares, Y en mí se ve, pues que vienen Por mis bienes vuestros males. He sabido, Beatriz bella, Que un pesar, que vuestro padre Con vos tuvo, á nuestra casa Sin gusto y contento os trae. Pésame que hayan de ser Lisonjeros y agradables, Como para vos mis gustos, Para mí vuestros pesares; Pues es fuerza que no sienta Desdichas que han sido parte De veros: porque hoy amor Diversos efectos hace, En vos de pena, y en mí De gloria, bien como el áspid, De quien, si sale el veneno, Tambien la triaca sale. Vos seais muy bien venida; Que aunque es corto el hospedaje, Bien se podrá hallar un sol En compañía de un ángel.

D.ª BEAT.