Part 5
Porque no empiece Por la menor mi venganza, No te doy muerte.
CALAB.
Haces bien.
FABIO.
Y pues alguna luz hallan Mis desdichas, á buscar Iré á Félix. ¡Oh, mal haya Casa con dos puertas, pues Tan mal el honor se guarda!
_(Vanse.)_
* * * * *
Casa de Don Félix.
ESCENA XIII.
DON FÉLIX Y MARCELA, _á oscuras; despues_ HERRERA, LAURA Y SILVIA.
D. FÉLIX.
_(Dentro.)_ ¡Hola! traed aquí una luz.
HERRER.
_(Dentro.)_ Ya la llevo, si es que hallan Luz unos ojos dormidos.
_(Salen al paño Laura y Silvia.)_
LAURA.
_(A Silvia.)_ Ya dentro del cuarto andan: Escuchemos desde aquí.
D. FÉLIX.
Ya por lo ménos, ingrata, Ya por lo ménos no puedes Negarme...
LAURA.
_(Ap.)_ Con mujer habla.
D. FÉLIX.
En este lance, que eres Mudable, inconstante, falsa, Cruel, aleve, engañosa; Pues á nadie desengañan Más cara á cara sus celos.
MARCELA.
_(Ap.)_ Aquí mi vida se acaba.
D. FÉLIX.
¿Para esto viniste hoy A mi casa?
LAURA.
_(Ap.)_ La que estaba Tapada hoy es, pues la dice Que hoy ha venido á su casa.
D. FÉLIX.
En mi poder estás, mira Si habrá disculpa. ¡Mal haya Cuanto tiempo te he querido, Cuantas penas, cuantas ánsias Padecí, y cuantas finezas Hizo mi amor por tu causa!
LAURA.
¿No escuchas cómo confiesa Que la ha querido? ¿Qué aguarda Mi paciencia?
SILVIA.
¿Dónde vas?
LAURA.
No sé. (¡Ay Silvia, estoy turbada!) A escucharle de más cerca.
D. FÉLIX.
¡Oh cuánto con la luz tardas!
HERRER.
_(Dentro.)_ Ya va la luz.
MARCELA.
_(Ap.)_ ¿Qué he de hacer, Si la trae?
D. FÉLIX.
¿No dices nada? Pero si estás convencida, ¿Qué has de decir?
_(Suéltala de la mano, vase retirando Marcela; y Laura viene á ponerse en medio de las dos; él la coge la mano, entendiendo que es Marcela.)_
MARCELA.
_(Ap.)_ ¡Oh si hallara Por donde irme; que á lo ménos La vida así asegurara!
D. FÉLIX.
Detente, no huyas, no huyas; Que no quiero más venganza De tí, que sepas que sé Esto.
LAURA.
_(Ap.)_ Por otra me habla, Y he de callar mis agravios Hasta que las luces traigan, Y vea que yo soy con quien Está.
MARCELA.
_(Ap.)_ Confusa y turbada, La puerta hallé de mi cuarto; Este sagrado me valga, Pues fué dicha estar abierta.
SILVIA.
¿Eres Laura?
MARCELA.
No soy Laura. ¿Eres tú Silvia?
SILVIA.
Yo soy. ¿Qué es esto?
MARCELA.
Fortunas várias. Cierra esa puerta, y conmigo Ven, Silvia, aprisa. ¿Qué aguardas?
_(Vanse, cerrando tras sí la puerta.)_
ESCENA XIV.
DON FÉLIX, LAURA; HERRERA, _que saca luz_.
HERRER.
Ya están las luces aquí.
D. FÉLIX.
Déjalas, y afuera aguarda.
_(Vase Herrera, y cierra la puerta Don Félix.)_
LAURA.
_(Ap.)_ ¡Aquí es ello, cuando vuelva A verme!
D. FÉLIX.
En efecto, Laura, Yo soy quien solo guardó A sus celos las espaldas.
LAURA.
_(Ap.)_ ¿Qué es esto? ¿Cómo de verme Ni se turba ni embaraza?
D. FÉLIX.
Sólo yo en el mundo traje Para otro galan su dama. Dí agora que yo te ofendo.
LAURA.
¡No está la deshecha mala! ¡Bien te alientas á fingir La razon con que me agravias; Pues viéndote convencido, Cuando en tus brazos me hallas, De haberme hablado por otra A quien traes á tu casa, Prosigues las quejas della Conmigo!
D. FÉLIX.
Sólo eso falta A mi paciencia ofendida, Que tú agora creer me hagas Que hablaba con otra yo.
LAURA.
¿Pues de qué, Félix, te espantas, Si es verdad?
D. FÉLIX.
¿Pues dónde está La mujer con quien yo hablaba?
LAURA.
Si una casa con dos puertas Mala es de guardar, repara Que peor de guardar será, Con dos puertas una sala. Ya se fué.
D. FÉLIX.
Laura, por Dios, Que me dejes. Véte, Laura, Que me harás perder el juicio, Si quieres que yo no haya Traídote aquí, porque Estando (la voz me falta) Tu padre fuera, Lisardo... No puedo hablar.
LAURA.
Tú te engañas; Que yo escondida esta noche En el cuarto de tu hermana He estado, por sólo ver Esto que á los dos nos pasa; Y ella...
D. FÉLIX.
Detente, que ahora Lo veré.—¡Marcela, hermana!
ESCENA XV.
MARCELA, SILVIA. — DON FÉLIX, LAURA.
MARCELA.
¿Qué quieres? (_Ap._ Disimular Importa, pues informada Estoy de todo.)
D. FÉLIX.
Dí, ¿ha estado Contigo esta noche Laura?
MARCELA.
¿Laura conmigo, señor. A qué efecto? Yo mañana Habia de ir á estar con ella; Pero ¡ella conmigo!
LAURA.
Aguarda. ¿No vine esta tarde yo A pedirte que en tu casa Me tuvieras? ¿Y á la mia Tú...?
MARCELA.
No prosigas, que nada De eso es verdad.
D. FÉLIX.
Laura, ¿ves Qué mal te salió la traza? ¿Estáse esotra en su cuarto Recogida y retirada, Y dices que estás con ella?
LAURA.
Pues tú, Marcela, me agravias.
MARCELA.
_(Ap. á Laura.)_ Sí, que soy primero yo.
LAURA.
Pues tanto me apuras, salgan Verdades á luz. Marcela Ha sido...
_(Llaman dentro.)_
SILVIA.
A la puerta llaman.
LISARDO.
_(Dentro.)_ Abrid, Don Félix.
D. FÉLIX.
Agora Verás que todo se acaba; Pues tu galan, Laura, viene.
LAURA.
Ahí tengo yo mi esperanza.
MARCELA.
_(Ap.)_ Aquí se deshace todo. ¡Quién á Lisardo avisara De mi peligro!
_(Retírase á un lado.)_
ESCENA XVI.
LISARDO. — DICHOS.
LISARDO.
Don Félix, Porque ninguno llegara A seguirme, tardé. ¿Dónde Habeis puesto aquella dama?
D. FÉLIX.
Veisla aquí; pero primero Que acabe con mi esperanza El verla en vuestro poder, Me habeis de sacar el alma.
LISARDO.
Hasta agora no creí Que caballeros engañan De vuestras obligaciones A los que dellos se amparan. La dama que os entregué, Os pido.
D. FÉLIX.
¿No es esta dama La que me entregasteis?
LISARDO.
No.
D. FÉLIX.
¡Sólo aquesto me faltaba Para acabar de perder La paciencia!
MARCELA.
_(Ap.)_ ¡Ay desdichada!
LISARDO.
Si esta suponeis, Don Félix, Porque os obliga otra causa, Hablad más claro conmigo.
LAURA.
Yo de confusiones tantas Os sacaré.—Dí, Lisardo, ¿Es ésta á quien buscas y amas?
LISARDO.
Esta es. Sí, aquí la teneis. ¿Qué os ha obligado á ocultarla?
LAURA.
_(A Don Félix.)_ ¡Mira si estaba en su cuarto, Recogida y retirada! Primero soy yo, Marcela. _(Ap. á ella.)_
D. FÉLIX.
Corrido estoy; esta daga Dé á una vil hermana muerte.
MARCELA.
Lisardo, mi vida ampara.
LISARDO.
_(Poniéndose delante.)_ ¿Hermana de Félix sois?
D. FÉLIX.
Y en quien tomaré venganza.
LISARDO.
Sabeis quién soy, y es preciso Defenderla y ampararla Por mujer.
D. FÉLIX.
Tambien sabeis Quién yo soy, y que en mi casa Ménos que quien sea su esposo, No ha de atreverse á mirarla.
LISARDO.
Luego con serlo quedamos Bien los dos.
ESCENA XVII.
FABIO, CALABAZAS, CRIADOS. — DICHOS.
FABIO.
Esta es la casa, Entrad.
D. FÉLIX.
¿Qué es esto?
FABIO.
Esto, Félix, Es honor.
CALAB.
_(Ap.)_ ¡Qué linda danza Se va urdiendo!
FABIO.
¿Dónde está Un Lisardo, camarada Vuestro?
LISARDO.
Yo soy; porque nunca A nadie escondí la cara.
CALAB.
_(Ap.)_ Nunca la cara escondió, Pero volvió las espaldas.
FABIO.
¡Oh traidor!
D. FÉLIX.
Fabio, teneos;
_(Pónense los dos á un lado.)_
Que la cólera os engaña. El enojo que traeis, Si ha sido la ocasion Laura, Es conmigo, y me ha tocado Como á mi esposa guardarla.
FABIO.
No tengo qué responderos. Si Laura con vos se casa.
D. FÉLIX.
Pues para que veais si es cierto, Aquesta es mi mano, Laura. Y pues el haber tenido Dos puertas esta y tu casa, Causa fué de los engaños Que á mí y Lisardo nos pasan, De la _Casa con dos puertas_, Aquí la comedia acaba.
LA DAMA DUENDE.
PERSONAS.
DON MANUEL. DON LUIS. DON JUAN. COSME, _gracioso_. RODRIGO, _criado_. DOÑA ÁNGELA. DOÑA BEATRIZ. CLARA, _criada_. ISABEL, _criada_. _Criados._ _Gente._
La escena pasa en Madrid.
JORNADA PRIMERA.
Calle.
ESCENA PRIMERA.
DON MANUEL, COSME, _vestidos de camino_.
D. MAN.
Por una hora no llegamos A tiempo de ver las fiestas, Con que Madrid generosa Hoy el bautismo celebra Del primero Baltasar[1].
COSME.
Como esas cosas se aciertan, O se yerran por un hora. Por una hora que fuera Antes Píramo á la fuente, No hallara á su Tisbe muerta: Y las moras no mancharan; Porque dicen los poetas Que con arrope de moras Se escribió aquella tragedia. Por un hora, que tardara Tarquino hallara á Lucrecia Recogida; con lo cual Los autores no anduvieran, Sin ser vicarios, llevando A salas de competencias La causa, sobre saber Si hizo fuerza, ó no hizo fuerza. Por un hora que pensara Si era bien hecho ó no era, Echarse Hero de la torre, No se echara, es cosa cierta; Con que se hubiera excusado El doctor Mira de Méscua De haber dado á los teatros Tan bien escrita comedia; Y haberla representado Amarílis tan de véras, Que volatin del carnal (Si otros son de la cuaresma), Sacó más de alguna vez Las manos en la cabeza. Y puesto que hemos perdido Por un hora tan gran fiesta, No por un hora perdamos La posada; que si llega Tarde Abindarraez, es ley Que haya de quedarse afuera; Y estoy rabiando por ver Este amigo que te espera, Como si fueras galan Al uso, con cama y mesa, Sin saber cómo ó por dónde Tan grande dicha nos venga; Pues, sin ser los dos torneos, Hoy á los dos nos sustenta.
[1] El príncipe Don Baltasar Cárlos, hijo de Felipe IV, nació á 17 de Octubre de 1629.
D. MAN.
Don Juan de Toledo es, Cosme, El hombre que más profesa Mi amistad, siendo los dos Envidia, ya que no afrenta De cuantos la antigüedad Por tantos siglos celebra. Los dos estudiamos juntos, Y pasando de las letras A las armas, los dos fuimos Camaradas en la guerra. En las de Piamonte, cuando El señor duque de Feria Con la jineta me honró, Le dí, Cosme, mi bandera. Fué mi alférez; y despues, Sacando de una refriega Una penetrante herida, Le curé en mi cama mesma. La vida, despues de Dios, Me debe: dejo otras deudas De menores intereses, Que entre nobles es bajeza Referirlas; pues por eso Pintó la docta academia Al galardon, una dama Rica, y las espaldas vueltas; Dando á entender, que, en haciendo El beneficio, es discreta Accion olvidarse dél; Que no le hace el que le acuerda. En fin, Don Juan obligado De amistades y finezas, Viendo que su Majestad Con este gobierno premia Mis servicios, y que vengo De paso á la corte, intenta Hoy hospedarme en su casa Por pagarme con las mesmas; Y aunque á Búrgos me escribió De casa y calle las señas, No quise andar preguntando A caballo dónde era; Y así dejé en la posada Las mulas y las maletas, Yendo hácia donde me dice. Ví las galas y libreas, E informado de la causa, Quise, aunque de paso, verlas. Llegamos tarde en efecto, Porque...
ESCENA II.
DOÑA ÁNGELA, ISABEL, _tapadas_. — DICHOS.
D.ª ÁNG.
Si, como lo muestra El traje, sois caballero De obligaciones y prendas, Amparad á una mujer Que á valerse de vos llega. Honor y vida me importa Que aquel hidalgo no sepa Quién soy, y que no me siga. Estorbad, por vida vuestra, A una mujer principal Una desdicha, una afrenta; Que podrá ser que algun dia... ¡Adios, adios, que voy muerta!
_(Vanse las dos muy aprisa.)_
COSME.
¿Es dama, ó es torbellino?
D. MAN.
¡Hay tal suceso!
COSME.
¿Qué piensas Hacer?
D. MAN.
¿Eso me preguntas? ¿Cómo puede mi nobleza Excusarse de estorbar Una desdicha, una afrenta? Que, segun muestra, sin duda En su marido.
COSME.
¿Y qué intentas?
D. MAN.
Detenerle con alguna Industria; mas, si con ella No puedo, será forzoso El valerme de la fuerza, Sin que él entienda la causa.
COSME.
Si industria buscas, espera, Que á mí se me ofrece una. Esta carta, que encomienda Es de un amigo, me valga.
ESCENA III.
DON LUIS, RODRIGO. — DON MANUEL, COSME.
D. LUIS.
Yo tengo de conocerla, No más de por el cuidado Con que de mí se recela.
RODRIGO.
Síguela, y sabrás quién es.
_(Llega Cosme, y retírase Don Manuel.)_
COSME.
Señor, aunque con vergüenza Llego: vuesarced me haga Tan gran merced, que me lea A quién esta carta dice.
D. LUIS.
No voy agora con flema.
_(Detiénele Cosme.)_
COSME.
Pues si flema sólo os falta, Yo tengo cantidad de ella, Y podré partir con vos.
D. LUIS.
Apartad.
D. MAN.
_(Ap.)_ ¡Oh qué derecha Es la calle! Aun no se pierden De vista.
COSME.
Por vida vuestra...
D. LUIS.
¡Vive Dios, que sois pesado, Y os romperé la cabeza, Si mucho me haceis...!
COSME.
Por eso Os haré poco.
D. LUIS.
Paciencia Me falta para sufriros. ¡Apartad de aquí!
_(Empújale.)_
D. MAN.
(_Ap._ Ya es fuerza Llegar. Acabe el valor Lo que empezó la cautela.) Caballero, ese criado _(Llega.)_ Es mio, y no sé que pueda Haberos hoy ofendido, Para que de esa manera Le atropelleis.
D. LUIS.
No respondo A la duda ó á la queja, Porque nunca satisfice A nadie. Adios.
D. MAN.
Si tuviera Necesidad mi valor De satisfacciones, crea Vuestra arrogancia de mí, Que no me fuera sin ella. Preguntar en qué os ofende, En qué os agravia ó molesta, Merece más cortesía: Y pues la corte la enseña, No la pongais el mal nombre, De que un forastero venga A enseñarla á los que tienen Obligacion de saberla.
D. LUIS.
Quien pensare que no puedo Enseñarla yo...
D. MAN.
La lengua Suspended, y hable el acero.
D. LUIS.
Decís bien.
_(Sacan las espadas, y riñen.)_
COSME.
¡Oh quién tuviera Gana de reñir!
RODRIGO.
Sacad La espada vos.
COSME.
Es doncella, Y sin cédula ó palabra, No puedo sacarla.
ESCENA IV.
DOÑA BEATRIZ, CLARA, _con mantos_. — DON JUAN Y GENTE. — DICHOS.
D. JUAN.
Suelta, Beatriz.
D.ª BEAT.
No has de ir.
D. JUAN.
Mira que es Con mi hermano la pendencia.
D.ª BEAT.
¡Ay de mí triste!
D. JUAN.
A tu lado _(A Don Luis.)_ Estoy.
D. LUIS.
Don Juan, tente, espera; Que, más que á darme valor, A hacerme cobarde llegas. Caballero forastero, Quien no excusó la pendencia Solo, estando acompañado, Bien se ve que no la deja De cobarde. Idos con Dios; Que no sabe mi nobleza Reñir mal, y más con quien Tanto brío y valor muestra. Idos con Dios.
D. MAN.
Yo os estimo Bizarría y gentileza; Pero si de mí, por dicha, Algun escrúpulo os queda, Me hallareis donde quisiereis.
D. LUIS.
Norabuena.
D. MAN.
Norabuena.
D. JUAN.
¡Qué es lo que miro y escucho! ¡Don Manuel!
D. MAN.
¡Don Juan!
D. JUAN.
Suspensa El alma no determina Qué hacer, cuando considera Un hermano y un amigo (Que es lo mismo) en diferencia Tal, y hasta saber la causa, Dudaré.
D. LUIS.
La causa es esta: Volver por ese criado Este caballero intenta, Que necio me ocasionó A hablarle mal. Todo cesa Con esto.
D. JUAN.
Pues siendo así, Cortés me darás licencia, Para que llegue á abrazarle. El noble huésped, que espera Nuestra casa, es el señor Don Manuel. Hermano, llega; Que dos, que han reñido iguales, Desde aquel instante quedan Más amigos; pues ya hicieron De su valor experiencia. Dadme los brazos.
D. MAN.
Primero Que á vos os los dé, me lleva El valor que he visto en él, A que al servicio me ofrezca Del señor Don Luis.
D. LUIS.
Yo soy Vuestro amigo, y ya me pesa De no haberos conocido, Pues vuestro valor pudiera Haberme informado.
D. MAN.
El vuestro Escarmentado me deja. Una herida en esta mano He sacado.
D. LUIS.
Más quisiera Tenerla mil veces yo.
COSME.
¡Qué cortesana pendencia!
D. JUAN.
Venid al punto á curaros. Tú, Don Luis, aquí te queda Hasta que tome su coche Doña Beatriz, que me espera; Y desta descortesía Me disculparás con ella.— Venid, señor, á mi casa, Mejor dijera á la vuestra, Donde os cureis.
D. MAN.
Que no es nada.
D. JUAN.
Venid presto.
D. MAN.
_(Ap.)_ ¡Qué tristeza Me ha dado que me reciba Con sangre Madrid!
D. LUIS.
_(Ap.)_ ¡Qué pena Tengo de no haber podido Saber qué dama era aquella!
COSME.
_(Ap.)_ ¡Qué bien merecido tiene Mi amo lo que se lleva, Porque no se meta á ser Don Quijote de la legua!
_(Vanse Don Manuel, Don Juan y Cosme.)_
ESCENA V.
DON LUIS, DOÑA BEATRIZ, CLARA, RODRIGO.
D. LUIS.
Ya la tormenta pasó. Otra vez, señora, vuelva A restituir las flores, Que agora marchita y seca, De vuestra hermosura el hielo De un desmayo.
D.ª BEAT.
¿Dónde queda Don Juan?
D. LUIS.
Que le perdoneis Os pide; porque le llevan Forzosas obligaciones, Y el cuidar con diligencia De la salud de un amigo Que va herido.
D.ª BEAT.
¡Ay de mí! ¡Muerta Estoy! ¿Es Don Juan?
D. LUIS.
Señora, No es Don Juan; que no estuviera, Estando herido mi hermano, Yo con tan grande paciencia. No os asusteis; que no es justo Que sin que él la herida tenga, Tengamos entre los dos, Yo el dolor y vos la pena: Digo dolor, el de veros Tan postrada, tan sujeta A un pesar imaginado, Que hiere con mayor fuerza.
D.ª BEAT.
Señor Don Luis, ya sabeis Que estimo vuestras finezas, Supuesto que lo merecen Por amorosas y vuestras; Pero no puedo pagarlas; Que esto han de hacer las estrellas Y no hay de lo que no hacen, Quien las tome residencia. Si lo que ménos se halla, Es hoy lo que más se precia En la corte, agradeced El desengaño, siquiera Por ser cosa que se halla Con dificultad en ella. Quedad con Dios.
_(Vanse Doña Beatriz y Clara.)_
ESCENA VI.
DON LUIS, RODRIGO.
D. LUIS.
Id con Dios.— No hay accion que me suceda Bien, Rodrigo. Si una dama Veo airosa, y conocerla Solicito, me detienen Un necio y una pendencia; Que no sé cuál es peor: Si riño, y mi hermano llega, Es mi enemigo su amigo: Si por disculpa me deja De una dama, es una dama Que mil pesares me cuesta: De suerte que una tapada Me huye, un necio me atormenta, Un forastero me mata, Y un hermano me le lleva A ser mi huésped á casa, Y otra dama me desprecia. ¡De mal anda mi fortuna!
RODRIGO.
De todas aquesas penas ¿Qué sé la que sientes más?
D. LUIS.
No sabes.
RODRIGO.
¿Que la que llegas A sentir más, son los celos De tu hermano y Beatriz bella?
D. LUIS.
Engáñaste.
RODRIGO.
¿Pues cuál es?
D. LUIS.
Si tengo de hablar de véras, (De tí sólo me fiara) Lo que más siento es que sea Mi hermano tan poco atento, Que llevar á casa quiera Un hombre mozo, teniendo, Rodrigo, una hermana bella, Viuda y moza, y como sabes, Tan de secreto, que apénas Sabe el sol que vive en casa; Porque, Beatriz, por ser deuda, Solamente la visita.
RODRIGO.
Ya sé que su esposo era Administrador en puerto De mar de unas reales rentas Y quedó debiendo al Rey Grande cantidad de hacienda, Y ella á la corte se vino De secreto, donde intenta, Escondida y retirada, Componer mejor sus deudas: Y esto disculpa á tu hermano; Pues, si mejor consideras Que su estado no la da Ni permision, ni licencia De que nadie la visite, Y que, aunque tu huésped sea Don Manuel, no ha de saber Que en casa, señor, se encierra Tal mujer, ¿qué inconveniente Hay en admitirle en ella? Y más habiendo tenido Tal recato y advertencia, Que para su cuarto ha dado Por otra calle la puerta, Y la que salia á la casa, Por desmentir la sospecha, De que el cuidado la habia Cerrado, ó porque pudiera Con facilidad abrirse Otra vez, fabricó en ella Una alacena de vidrios, Labrada de tal manera, Que parece que jamás En tal parte ha habido puerta.
D. LUIS.
¿Ves con lo que me aseguras? Pues con eso mismo intentas Darme muerte; pues ya dices Que no ha puesto por defensa De su honor más que unos vidrios, Que al primer golpe se quiebran.
_(Vanse.)_
* * * * *
Habitacion de Doña Ángela en casa de Don Juan.
ESCENA VII.
DOÑA ÁNGELA, ISABEL.
D.ª ÁNG.
Vuélveme á dar, Isabel, Esas tocas (¡pena esquiva!), Vuelve á amortajarme viva, Ya que mi suerte cruel Lo quiere así.
ISABEL.
Toma presto; Porque si tu hermano viene Y alguna sospecha tiene, No la confirme con esto, De hallarte de la manera Que hoy en Palacio te vió.
D.ª ÁNG.
¡Válgame el cielo! Que yo Entre dos paredes muera, Donde apénas el sol sabe Quién soy, pues la pena mia En el término del dia Ni se contiene, ni cabe: Donde inconstante la luna, Que aprende influjos de mí, No puede decir: «Ya ví Que lloraba su fortuna.» Donde en efecto encerrada Sin libertad he vivido, Porque enviudé de un marido, Con dos hermanos casada: ¡Y luego delito sea, Sin que toque en liviandad, Depuesta la autoridad, Ir donde tapada vea Un teatro en quien la fama, Para su aplauso inmortal, Con acentos de metal A voces de bronce llama! ¡Suerte injusta, dura estrella!
ISABEL.
Señora, no tiene duda El que mirándote viuda, Tan moza, bizarra y bella, Tus hermanos cuidadosos Te celen; porque este estado Es el más ocasionado A delitos amorosos; Y más en la corte hoy, Donde se han dado en usar Unas viuditas de azar, Que al cielo mil gracias doy Cuando en la calle las veo Tan honestas, tan fruncidas, Tan beatas, y aturdidas; Y en quedándose en manteo Es el mirarlas contento; Pues sin toca y devocion, Saltan más á cualquier són, Que una pelota de viento. Y este discurso doblado Para otro tiempo, señora, ¿Cómo no habemos agora En el forastero hablado, A quien tu honor encargaste, Y tu galan hoy le hiciste?
D.ª ÁNG.
Parece que me leiste El alma en eso que hablaste. Cuidadosa me ha tenido, No por él, sino por mí; Porque despues, cuando oí De las cuchilladas ruido, Me puse (mas son quimeras), Isabel, á imaginar Que él habia de tomar Mi disgusto tan de véras, Que habia de sacar la espada En mi defensa. Yo fuí Necia en empeñarle así; Mas una mujer turbada ¿Qué mira ó qué considera?
ISABEL.
Yo no sé si lo estorbó; Mas sé que no nos siguió Tu hermano más.
D.ª ÁNG.
Oye, espera.
ESCENA VIII.
DON LUIS. — DOÑA ÁNGELA, ISABEL.
D. LUIS.
¡Ángela!
D.ª ÁNG.
Hermano y señor, Turbado y confuso vienes. ¿Qué ha sucedido, qué tienes?
D. LUIS.
Harto tengo, tengo honor.
D.ª ÁNG.
_(Ap.)_ ¡Ay de mí! sin duda es Que Don Luis me conoció.
D. LUIS.
Y así siento mucho yo Que te estimen poco.
D.ª ÁNG.
Pues ¿Has tenido algun disgusto?
D. LUIS.
Lo peor es que cuando vengo A verte, el disgusto tengo Que tuve, Ángela.
ISABEL.
_(Ap.)_ ¿Otro susto?
D.ª ÁNG.
Pues yo, ¿en qué te puedo dar, Hermano, disgusto? Advierte...
D. LUIS.
Tú eres la causa; y el verte...
D.ª ÁNG.
¡Ay de mí!
D. LUIS.
Ángela, estimar Tan poco de nuestro hermano...
D.ª ÁNG.
_(Ap.)_ Eso sí.
D. LUIS.
Pues cuando vienes Con los disgustos que tienes, Cuidado te da. No en vano El enojo que tenía Con él, el huésped pagó; Pues sin conocerle yo, Hoy le he herido en profecía.
D.ª ÁNG.
Pues ¿cómo fué?
D. LUIS.