Teatro selecto, tomo 3 de 4

Part 4

Chapter 43,975 wordsPublic domain

La razon Que me animó más, fué ver A Lisardo, que esperaba Más afuera, al parecer, En qué el suceso paraba De su encerrada mujer; Y como yo lo sabía, No temí la empresa mia: Pues, á no suceder bien, Ya en Lisardo al ménos quien Me defendiese tenía: Y en fin, ello sucedió Mejor que esperaba yo; Pues yo á mi cuarto pasé, Y en los celos que dejé El lance se barajó De suerte, que ni Lisardo Se empeñó por mí gallardo, Ni Laura el caso contó, Ni Félix me conoció. Ni yo mayor susto aguardo.

SILVIA.

Digo que fué extraño cuento, Y si escarmiento ha dejado. Será de más fundamento.

MARCELA.

¿Pues cuándo dejó escarmiento, Silvia, un peligro pasado? Antes el haber salido Deste tan bien me ha movido A pensar cómo pudiera Ser que Lisardo volviera A verme.

SILVIA.

Oye, que hacen ruido.

ESCENA II.

DON FÉLIX, _por la puerta escondida_. — DICHAS.

D. FÉLIX.

Marcela.

MARCELA.

¿Qué novedad Es entrar tú en mi aposento?

D. FÉLIX.

Es venir mi voluntad Por luz á tu entendimiento, Por consuelo á tu piedad. Anoche, cuando saliste De ver á Laura, yo entré En su casa (¡Ay de mí triste!) Y ví en su casa, y hallé...

MARCELA.

Dí, ¿qué hallaste? dí, ¿qué viste?

D. FÉLIX.

Un hombre.

MARCELA.

¿Tal pudo ser?

D. FÉLIX.

Vínome á satisfacer; Una mujer, que salió De mi alcoba, lo estorbó...

MARCELA.

¡Miren la mala mujer!

D. FÉLIX.

Que con Lisardo debia De estar. Él, cuerdo y discreto, Presumiendo que ofendia De mi casa así el respeto, Dice que tal no sabía. En fin, sea lo que fuere (Que no hay nadie que lo diga), Celosa Laura, no quiere Que desengaños consiga, Ni que disculpas espere. Yo, por no dar á torcer Tampoco mi sentimiento, No la quiero hablar ni ver; Pero quisiera saber Hasta el menor pensamiento Suyo. Para esto ha pensado Una industria mi cuidado.

MARCELA.

¿Y es, si me la has de decir?

D. FÉLIX.

Que tú, hermana, has de fingir Que un gran disgusto, un enfado Conmigo has tenido, y que En tanto que esto se pasa, Te quieres ir á su casa: Y así una espía tendré Para el fuego que me abrasa; Pues tú á la mira estarás, Y á pocos lances verás, Quién este embozado es, Y con secreto despues De todo me avisarás.

MARCELA.

Aunque hay bien que replicar, Hoy me iré á su casa.

D. FÉLIX.

No Puede hoy ser; que por mostrar Cuán poco mi mal sintió, O por darme este pesar, Hoy de su casa ha salido, Y al mar de Antígola ha ido.

MARCELA.

Pues digo que iré mañana.

D. FÉLIX.

La vida me das, hermana; Tuya desde hoy habrá sido.

_(Vase.)_

MARCELA.

¿Hay cosa, como llegar Rogándome lo que yo Puedo, Silvia, desear? Pero mira quién se entró En el cuarto sin llamar.

SILVIA.

Laura y Celia son, señora.

ESCENA III.

LAURA, CELIA. — MARCELA, SILVIA.

MARCELA.

Laura mia, ¡á aquesta hora!

LAURA.

No te espantes desto, amiga; Que á tanto una pena obliga.

MARCELA.

¿Quién lo duda? ¿Quién lo ignora?

LAURA.

De la suerte que de mí Te fuiste ayer á valer, Vengo á valerme de tí.

CELIA.

Aprended, damas, de aquí, Lo que va desde hoy á ayer.

LAURA.

Aquel hombre que dejaste Cerrado, Marcela mia, En mi casa, vió Don Félix.

MARCELA.

¡Jesus!

LAURA.

No importa que diga El cómo ó el cuándo, puesto Que bastaba ser desdicha, Para que ella se estuviese Desde luego sucedida. Quísele satisfacer, Y vine á tu casa, amiga, Sin mirar á los respetos A que el ser quien soy me obliga. Entré en su aposento, y cuando A representarle iba Disculpas, que no tocasen En tu opinion ni en la mia, Una mujer, que detras De su aposento tenía, Y que era sin duda Nise...

MARCELA.

¿Quién duda que ella sería?

LAURA.

Salió á dar celos por celos.

MARCELA.

¡Hay tan gran bellaquería! ¿Y qué hizo Félix á eso?

LAURA.

Él, aunque quiso seguirla, Yo no lo dejé. En efecto, Las dos quejas repetidas, Ni las suyas quise oir, Ni él saber quiso las mias. Por mostrar que estaba (¡ay cielos!) Gustosa y entretenida, (¡Oh cuán á costa del alma, Marcela, un triste se anima!) Al mar de Antígola hoy Salí con unas amigas, Donde, aunque debió alegrarme Su hermosa apacible vista, No pudo, que para mí Ya se murió la alegría; Tanto, que ni el ver la Reina, Que infinitos siglos viva, Para que flores de Francia Nos den el fruto en Castilla Cómo en su verde carroza, Que caballos del sol tiran, Varado bajel de tierra Llegó á abordar á la orilla: Ni el ver tan ufano entónces Ese breve mar, que imita Del Océano las ondas Encrespadas y movidas De los céfiros süaves, Cuando al mirar quien las pisa Como plata las entorcha, Y como vidrio las riza: Ni el ver que ya el bergantin, Coche del mar, pues le guian, Como caballos, los remos, A quien el freno registra De un timon, abrió el estribo De su hermosa barandilla, Para que su popa ocupe, Para que su esfera admita Un sol, á quien hizo guarda No ménos que el alba misma: Ni el ver las hermosas damas, Que como flores seguian La rosa, bien así como Tejido coro de ninfas, En las selvas de Diana Profanas fábulas pintan: Ni el ver, en fin, que tan bello Ya el bajel bogando iba El piélago de cristal, Que al acercarse á la isla Del cenador, que con tantas Flores el estanque habita, No pudo determinar Desde aparte, no, la vista, Cuál el bergantin, ó cuál Era el cenador; pues via Flores en cualquiera tantas, Que unas á otras competidas, Naval batalla de flores Se dieron muertas y vivas, Me pudo aliviar; pues toda Esta pompa hermosa y rica, En los cristales bullicio, En las flores alegría, En los vientos suavidad, En las hojas armonía, En las damas hermosura Y en todos los campos risa, Llanto fué, llanto en mis ojos Celosa de Félix. Mira, Si á quien esto no divierte, Bastantemente peligra. Yo no he de hablarle; porque Es triste cosa, es indigna Accion darle yo á torcer Mis celos; y así querria De una industria aquí valerme, Si es que mi amistad codicias; Y es, que para que yo vea Si Nise en su cuarto habita, Le he de acechar esta noche Por aquella puerta, amiga, Que dijiste, y que á su cuarto Cae y él tiene escondida. ¿Cómo faltar de mi casa Podré? es fuerza que aquí digas; Y responderéte yo Que hoy mi padre fué á una villa, Adonde su hacienda tiene, Y no vendrá en cuatro dias. Así que estas noches puedo Ser tu huéspeda, si obliga Mi amistad á esta fineza, Pues es fineza de amiga Tan principal, tan discreta, Tan noble y tan entendida.

MARCELA.

¿Cómo te podré negar, Laura, lo que solicitas, Si con mi razon me arguyes, Si con mi dolor me obligas? Sólo hay un inconveniente; Mas si tú lo facilitas, Ven desde luego á mi casa; Mal dije, á la tuya misma.

LAURA.

¿Cuál es el inconveniente?

MARCELA.

Tanto mi hermano te imita En el dolor y en la causa (No importa que te lo diga; Primero somos nosotras), Que hoy me ha pedido que finja Con él un enojo, y vaya A ser por algunos dias Tu huéspeda; porque yo Allá de adalid le sirva. Pues si no voy á tu casa Yo, porque estás tú en la mia, Dirá...

LAURA.

Escucha; ántes mejor Es que desde luégo finjas Tú el enojo, y que te vayas; Pues con aquesto le obligas A que él esté más seguro De que yo en su casa asista.

MARCELA.

Dices bien, que con mi ausencia Se sanea esta malicia.

LAURA.

¿Cómo se ha de hacer?

MARCELA.

Así: Dame el manto, y dirás Silvia, Que fuí en casa de Laura; Que para hacer más creida La causa, quise ir de noche.

_(Pónese el manto.)_

Y despues (aparte mira) Busca á Lisardo, y dirásle Como mi afecto le avisa Que á verme vaya esta noche; Y quédate donde sirvas A Laura. Tú, Celia, ven Conmigo; pues nos obliga Esto á trocar con las causas Las criadas.

LAURA.

¿Tan aprisa?

MARCELA.

Estas cosas más se aciertan, Miéntras ménos se imaginan.

LAURA.

Marcela, á mi casa vas; Por ella y por mi honor mira.

MARCELA.

Por ella mira y mi honor, Pues te quedas tú en la mia. ¿En qué ha de parar aqueste Trueco?

CELIA.

¿Quieres que lo diga? En algun lance que á todas, O nos case, ó nos aflija.

_(Vanse por una parte Celia y Marcela, y por otra Silvia y Laura.)_

* * * * *

Cuarto de Lisardo.

ESCENA IV.

LISARDO, CALABAZAS.

LISARDO.

¿Qué papel es ese?

CALAB.

Es El que ha de ser, es y ha sido Del tiempo que te he servido, Cuenta estrecha.

LISARDO.

Díme pues, ¿A qué propósito agora...?

CALAB.

A propósito de que hoy De tu servicio me voy.

LISARDO.

¿Por qué causa?

CALAB.

¿Quién lo ignora? Porque andas aquestos dias Muy discreto.

LISARDO.

¿Qué has querido Decir?

CALAB.

Que andas divertido.

LISARDO.

Tales son las penas mias.

CALAB.

Y no ha de ser tan discreto El amo, que ha de pensar Que no le puede guardar Calabazas el secreto. Tú te andas sólo contigo, Contigo solo te estás, Contigo vienes y vas, Y en fin, contigo y sin migo En cualquier parte te ven; Que parecemos, señor, El dinero y el amor: Mirad ¡con quién, y sin quién! Si alguna tapada viene A verte, _salte allá fuera_; Si vas á verla, _aquí espera,_ _Porque ir allá no conviene_. ¿Pues esto ha de ser así? ¡Pesar de quien me parió! ¿Para qué te sirvo yo? Y así quiero desde aquí Buscar amo más humano; Porque para mí, en rigor, Ninguno será peor, Aunque sea un luterano, Aunque sea un presumido De docto, siendo menguado, Con ingenio un desdichado, Sin él un entremetido, Un poeta que hace trazas De comedias, y seamos Los criados y los amos Todo en casa Calabazas, Aunque sea un lindo compuesto, Que hable melifluo y despacio, Y aunque galantee en palacio, Que es peor que todo esto.

LISARDO.

Las cosas que me han pasado Tan públicas han venido, Calabazas, que no ha sido Forzoso haberlas contado Para que las sepas: pues Hablar á aquella tapada En el campo, tan guardada Verla en su casa despues, Adonde me sucedió Aquel lance parecido Al de Félix, que escondido En su casa me pasó; Venir á verme á la mia. Adonde desengañado De que es otra me ha dejado. La que Don Félix queria; Salir de allí tan veloz; Irse, en fin, como se fué: Ello se dice y se ve, Sin que aquí tenga mi voz Que contar; pues aunque quiera No te puedo decir más De lo que tú viendo estás.

CALAB.

Ella es gentil embustera.

LISARDO.

En cuanto á que estoy pensando Qué es lo que me ha sucedido, Es verdad, y estoy corrido De estar creyendo y dudando, Qué mujer es esta; pues Cuando yo ser presumia Dama de Félix, vivia Sin discurrir: mas despues Que estando conmigo ella, De Félix la dama entró, Y que me desengañó De que era otra dama aquella, Mayor deseo me ha dado De saber quién es; pues puedo Perder á su honor el miedo, Que por Félix le he guardado.

CALAB.

Yo bien pudiera decir Quién es.

LISARDO.

¿Tú?

CALAB.

Yo.

LISARDO.

Dílo pues.

CALAB.

¡Vive Dios, que sé quién es!

LISARDO.

Pues no me hagas discurrir.

CALAB.

¿Ella no es enredadora? Quien es sé. ¿No es embustera? Quien es sé. ¿No es bachillera? Quien es sé. ¿No es habladora? La misma razon lo enseña Quien es, sí, jurado á Dios.

LISARDO.

Dílo.

CALAB.

Aquí para los dos...

LISARDO.

Prosigue.

CALAB.

Es alguna dueña.

LISARDO.

¡Qué disparate!

ESCENA V.

SILVIA. — DICHOS; _poco despues_ DON FÉLIX.

SILVIA.

Lisardo, Que aquí me escucheis os pido.

CALAB.

¡Mujer! ¿de dónde has caido?

LISARDO.

Ya lo que quieres aguardo.

SILVIA.

Una dama, de quien vos La casa, señor, sabeis, Que á su ventana llameis Esta noche os pide. Adios.

_(Vase.)_

CALAB.

Tapada de las tapadas, Oye.

LISARDO.

Tente; ¿dónde vas?

CALAB.

Deja, que no quiero más De darla dos bofetadas, Que las lleve á su señora...

LISARDO.

¿Hay quién tus locuras crea?

CALAB.

Porque otra vez no me sea Dueña engerta.

LISARDO.

Escucha agora: Pues que ya la noche fria, En mal distinto arrebol, Da priesa diciendo al sol Que se vaya con el dia, Y á mí esperándome están, Dame un broquel, y tú aquí Me espera.

CALAB.

¿Yo esperar?

LISARDO.

Sí.

CALAB.

Espere un judío de Oran; Que á casa donde encerrado Estuviste, y áun corrido, Y hay padre de conocido Y galan de imaginado, No has de ir solo.

LISARDO.

Sí he de ir.

_(Sale Don Félix.)_

D. FÉLIX.

¿Dónde, Lisardo?

LISARDO.

No sé Cómo callaros podré, Ni cómo os podré decir Lo que en Ocaña me pasa. ¿Teneis que hacer ahora?

D. FÉLIX.

¿Yo? Ni en toda esta noche.

LISARDO.

¿No?

D. FÉLIX.

No, que el fuego que me abrasa, Por acrecentar su ardor, Treguas por ahora ha dado.

LISARDO.

Pues yo quiero mi cuidado Fiaros ya sin temor; Que si hasta aquí he suspendido La relacion que empecé, Respeto que os tuve fué; Pero habiendo ya sabido Que nada os puede tocar Y sois quien sois en efeto, De mi amor todo el secreto Hoy os tengo de fiar. Venid conmigo, y sabreis, Porque el tiempo no perdamos, Extraños sucesos.

D. FÉLIX.

Vamos; Que mucha merced me hareis En divertir el dolor, De que mi pecho está lleno; Porque de amor el veneno Cure triaca de amor.

CALAB.

Yo ¿qué he de hacer?

LISARDO.

Esperar Aquí en casa á que vengamos.

_(Vanse Don Félix y Lisardo.)_

ESCENA VI.

CALABAZAS.

¡Buenos, paciencia, quedamos, Sin ver ni oir, á callar! Cuando no tiene el servir Otro gusto, otro placer, Que escuchar para saber, Y saber para decir, Aun deste gusto me priva El recatarse de mí. Pues no ha de pasar así; Así Calabazas viva, Que por aquel mismo caso Que aquí de mí se guardó Tengo de seguirle yo. Tras ellos, paso entre paso, Tengo de irme rebozado; Porque si yo, cual sospecho, No le murmuro y acecho, ¿Para qué soy su criado?

_(Vase.)_

* * * * *

Camino de Ocaña.

ESCENA VII.

FABIO, LELIO.

LELIO.

Aliéntate, que ya estás Cerca de Ocaña, señor.

FABIO.

Es tan notable el dolor, Lelio, que no puedo más; Que aunque yo, por descansar, De la yegua me apeé, Y quise venir á pié Este rato, por dejar Con ejercicio vencido El dolor de la caida, Te confieso que en mi vida No me he visto tan rendido.

LELIO.

Ello fué dicha, señor; Pues apénas una legua Andada, cayó la yegua, Porque pudieras mejor Volverte á tu casa, donde Con más cuidado podrás Curarte.

FABIO.

A esta pierna más Todo el dolor corresponde, Que fué la que me cogió Debajo.

LELIO.

Súbete, pues Irás ántes.

FABIO.

Mejor es Andar otro poco, y no Dejar, Lelio, resfriar La caida.

LELIO.

Dices bien; Mas considero tambien Que ya ha empezado á cerrar La noche, y que lo que andado En tal parte se mejora, Se llega más á deshora A tu casa, y quizás, cuando Ya recogida, no habrá Modo de curarte.

FABIO.

Bien Dices: la yegua preven, Que atada á ese tronco está, Y vamos, si esto restaura Mi salud; aunque yo creo Que ir á casa no deseo, Por no dar cuidado á Laura, Que me quiere de manera, Que temo que hoy ha de ser Su fin, si me ve volver Con una pena tan fiera.

LELIO.

Como hija, claro está Que lo sienta mi señora.

FABIO.

Pondré que aquesta es la hora Que está recogida ya.

LELIO.

¿Quién lo duda?

FABIO.

¡Oh cuánto siento Haberla de despertar! Mas no lo puedo excusar. Lo que haré será, que atento A su quietud, llamaré Por la puerta principal; Pues con prevencion igual Podrá ser, pues que se ve De su cuarto más distante, No oirme.

LELIO.

Dispon agora Tu salud, que mi señora Lo estimará.

FABIO.

No te espante Verme con tanta fineza; Que soy en mi senectud, Amante de su virtud, Como otros de su belleza.

_(Vanse.)_

* * * * *

Calle próxima á la casa de Fabio.

ESCENA VIII.

LISARDO, DON FÉLIX; _despues_ CALABAZAS.

D. FÉLIX.

Mucho me he holgado de oiros, Por ser la novela extraña.

LISARDO.

Esto es por mayor; que dejo De contar mil circunstancias, Por no cansaros, Don Félix; Y pues sabeis que me aguarda, Idos con Dios, que ya es la hora.

D. FÉLIX.

Decirme á mí que una dama Vais á ver, y haberme dicho Que tuvisteis en su casa Riesgo, y decir que me quede, Son dos cosas muy contrarias; Pues no soy de los amigos Yo, con quien solo se hablan Las cosas; que precio más Las obras, que las palabras. Id á lograr vuestro amor Norabuena, que hasta el alba Yo sabré estar en la calle.

LISARDO.

A amistad, Don Félix, tanta, Mal hiciera en resistirme.

_(Sale Calabazas acechando.)_

CALAB.

_(Ap.)_ Si cual veo lo que andan, Lo que hablan viera, yo viera Lo que andan y lo que hablan. Llegarme quiero.

LISARDO.

¿Qué es esto?

D. FÉLIX.

Un hombre, si no me engaña La vista, que tras nosotros Viene.

LISARDO.

Pues sacad la espada.

D. FÉLIX.

¿Quién va?

CALAB.

Nadie ya; porque No diz que va el que se pára.

D. FÉLIX.

¿Quién sois?

CALAB.

Un hombre de bien.

LISARDO.

Pues pase, si acaso pasa.

CALAB.

No paso, que me hago hombre.

D. FÉLIX.

Pues jugaré yo de espadas.

LISARDO.

Dadle la muerte.

CALAB.

¡Detente! ¡Ay, ay! Señor, que me matas; Que soy Calabazas.

D. FÉLIX.

¿Quién?

CALAB.

Calabazas.

LISARDO.

Calabazas, ¿Qué es esto?

CALAB.

Es venir á ver Dónde vais.

_(Danle los dos.)_

D. FÉLIX.

¡Por Dios...!

CALAB.

Ya basta.

LISARDO.

Dejadle; no alboroteis, Porque está cerca la casa Que buscamos.

D. FÉLIX.

¿Hácia aquí Vive, Lisardo, la dama Que venís á ver?

LISARDO.

Sí, Félix.

D. FÉLIX.

¿Y es bizarra?

LISARDO.

Muy bizarra.

D. FÉLIX.

¿Tiene padre?

LISARDO.

Sí.

D. FÉLIX.

¿Y aquí Os cerrasteis en la cuadra?

LISARDO.

Sí.

D. FÉLIX.

¿Y estando ella con vos, Entró la que me buscaba?

LISARDO.

Sí.

D. FÉLIX.

Ved que como la noche Llena está de sombras pardas, Más oscura que otras veces, Pues áun la luna la falta, Podrá ser que os engañeis.

LISARDO.

No me engaño. A esta ventana He de llamar, y esta puerta Han de abrir.

CALAB.

_(Ap.)_ Ya sé la casa.

D. FÉLIX.

_(Ap.)_ ¿Esta ventana? ¿Esta puerta? ¡Ay de mí, el cielo me valga, Que estas las de Laura son, Para mí dos veces falsas!

LISARDO.

Retiraos, porque yo La seña, que es esta, haga.

_(Hace la seña á la reja.)_

D. FÉLIX.

Si mal no me acuerdo (¡ay triste!) En la relacion pasada Dijisteis que la mujer, Que para hablaros aguarda, Es la que hoy escondida Dentro de mi cuarto estaba.

LISARDO.

Es verdad.

D. FÉLIX.

Y que la otra Que vino...

ESCENA IX.

CELIA. — DICHOS.

CELIA.

_(En la ventana.)_ Ce.

LISARDO.

Ya me llaman.

CELIA.

¿Es Lisardo?

LISARDO.

Sí, yo soy.

D. FÉLIX.

_(Ap.)_ Celia es ésta.

CELIA.

Pues aguarda, Abriré la puerta.

LISARDO.

Ya Conmigo habló la criada, Y dice que viene á abrirme La puerta.

D. FÉLIX.

Antes que la abra, Decid...

_(Abre la puerta Celia.)_

LISARDO.

No puede ser ántes.

D. FÉLIX.

Si es...

LISARDO.

Adios, porque me aguarda.

D. FÉLIX.

La dama...

CELIA.

Entrad presto.

LISARDO.

Luégo Hablarémos. _(Éntrase.)_

_(Al entrar Lisardo, quiere entrar Don Félix, y Celia cierra la puerta.)_

ESCENA X.

DON FÉLIX, CALABAZAS.

D. FÉLIX.

¡Y en la cara Con la puerta me dió Celia!

CALAB.

Con cerradura no agravia Una puerta, aunque es de palo; Que el tener hierro la salva.

D. FÉLIX.

_(Ap.)_ ¿Qué es lo que pasa por mí? ¿Quién vió confusiones tantas? ¿En casa de Laura, ¡cielos! Viene buscando la dama Que hoy de mi cuarto salió Cuando entró en mi cuarto Laura? Luego ella no puede ser. Mas ¿quién ser puede en su casa? ¡Oh quién no la hubiera dicho A Marcela que dejara Para mañana el venir Aquí; que ella lo apurara! Pero miéntras más discurro, Más lugar doy á mi infamia. Pues no discurramos, celos, Sino á ver la verdad clara Caminemos más aprisa; Pues ella es Laura, ó no es Laura: Si no es ella, ¿qué se pierde En desengañar mis ánsias? ¿Y qué se pierde, si es ella, En perder la vida y alma, Despues de Laura perdida? La puerta en el suelo caiga. Pero ¿cómo á esto me atrevo, Si á Lisardo la palabra Le he dado? ¿Pero qué importa La amistad, la confianza, El respeto, ni el decoro? Que donde hay celos se acaba Todo, porque no hay honor Ni amistad que tanto valga.

_(Da golpes á la puerta, para derribarla, y al mismo tiempo; más léjos, dan tambien golpes dentro.)_

CALAB.

¿Qué haces, señor?

D. FÉLIX.

Darte muerte...

CALAB.

Si es posible, no lo hagas.

D. FÉLIX.

Mas ¿qué golpes son aquellos?

CALAB.

¿De qué te admiras y espantas? Otro será en otra parte Que le habrá dado otra rabia, Y da golpes á otra puerta.

FABIO.

_(Dentro.)_ Abre aquí, Celia, abre, Laura.

CELIA.

_(Dentro.)_ Mi señor es, ¡ay de mí!

D. FÉLIX.

Fabio es aquel.

_(Cuchilladas dentro.)_

FABIO.

_(Dentro.)_ ¡Esta infamia Llego á ver!

CALAB.

Por Dios, que allá Ya han llegado á las espadas.

D. FÉLIX.

¡Mal haya la puerta!

CALAB.

Amén.

_(Vanse.)_

* * * * *

Sala en casa de Fabio. — La escena está á oscuras.

ESCENA XI.

LISARDO, _con_ MARCELA _en los brazos; despues_ FÉLIX Y CALABAZAS.

LISARDO.

No temais, señora, nada; Que, aunque llaman á esta puerta, Seguro es quien á ella llama.

MARCELA.

Con vos, Lisardo, he de ir; Que como yo á vuestra casa Llegue, nada hay que temer, Si es que ella una vez me ampara.

LISARDO.

Venid, y no os receleis De un hombre que me acompaña.

MARCELA.

¿Es Félix?

LISARDO.

Sí.

MARCELA.

Pues mirad Que es Félix...

LISARDO.

¿En qué reparas? Ya no es tiempo de recatos.—

_(Salen Don Félix y Calabazas.)_

¿Félix?

D. FÉLIX.

¿Quién va?

LISARDO.

Mis desgracias.

D. FÉLIX.

¿Qué ha sido aquesto?

LISARDO.

Que estando Hablando con esta dama, Vino su padre de fuera, Llamó, y viendo que tardaban En abrirle, derribó La puerta y sacó la espada. Porque se apagó la luz Tuve lugar de librarla. Llevadla; que yo me quedo A guardaros las espaldas, Para que ninguno os siga; Que conmigo Calabazas Quedará.

CALAB.

No quedará.

D. FÉLIX.

Mejor es con ella vaya, Y nos quedemos los dos.

LISARDO.

¿Tan sola hemos de dejarla? No es razon; pues la primera Obligacion es la dama En todo trance; así, Félix, Vos solo habeis de llevarla, Y ponerla en salvo.

D. FÉLIX.

Es justo. ¿En fin, has venido, Laura, _(A Marcela.)_ A mi poder?

MARCELA.

_(Ap.)_ ¡Ay de mí!

D. FÉLIX.

_(Ap.)_ Yo estoy muerto.

MARCELA.

_(Ap.)_ Estoy turbada.

D. FÉLIX.

Ven conmigo; que aunque no Mereces finezas tantas, Soy quien soy, y he de librarte.

MARCELA.

¡Hay mujer más desdichada!

D. FÉLIX.

¡Hay hombre más infelice!

_(Vanse Don Félix y Marcela.)_

ESCENA XII.

FABIO, LELIO, _con luz_, Y CRIADOS _con las espadas desnudas_. — LISARDO, CALABAZAS.

FABIO.

Aunque las fuerzas me faltan, No las fuerzas del honor Para tomar mil venganzas.

LISARDO.

Deteneos, que ninguno De aquí ha de pasar.

FABIO.

Mi espada Hará paso por el pecho Vuestro.

_(Riñen todos.)_

CALAB.

¡Infeliz Calabazas! ¿Quién te metió en acechar?

LISARDO.

_(Ap.)_ Pues que ya Félix se alarga, Antes que aquí me conozcan Mejor es volver la espalda; Esto es valor, no temor.

_(Vase.)_

FABIO.

Espera, cobarde, aguarda.

CALAB.

_(Ap.)_ ¿Quién creyera que Lisardo En la ocasion me dejara?

LELIO.

Aquí se quedó uno dellos.

FABIO.

Pues muera, Lelio. ¿Qué aguardas?

CALAB.

Deteneos, ¡por Dios!

FABIO.

¿Quién sois?

CALAB.

Si es que el miedo no me engaña, Un curioso impertinente.

FABIO.

Dejad la espada.

CALAB.

La espada Es poca cosa; el sombrero, La daga, el broquel, la capa, La ropilla y los calzones.

FABIO.

¿Sois criado del que agravia Esta casa?

CALAB.

Sí señor; Porque es _un agravia-casas_, Que no se puede sufrir.

FABIO.

¿Quién es, y cómo se llama?

CALAB.

Lisardo se llama, y es Un soldado, camarada De Félix.

FABIO.