Teatro selecto, tomo 3 de 4

Part 3

Chapter 33,889 wordsPublic domain

Eso sí; vuélvete presto, Que al punto que se recoja Mi padre, hablarnos podremos Más despacio. No me tengas Con tanto susto, que creo Que sospechoso (¡ay de mí!) Está ya del amor nuestro; Tanto, que á esa puerta falsa La llave ha quitado, (_Ap._ Esto Digo por asegurar El paso al que está acá dentro.) Y anda todos estos dias A casa yendo y viniendo.

D. FÉLIX.

Por quitarte ese temor, Me voy, y en la calle espero.

FABIO.

_(Dentro.)_ Hola, bajad una luz.

LAURA.

Él viene ya.

CELIA.

Dicho y hecho.

_(Toma Celia una luz y vase.)_

D. FÉLIX.

Si de esotra puerta dices Que quitó la llave, es cierto Que no hay por donde salir; Y así, en aqueste aposento Me esconderé.

_(Va á entrar donde está Lisardo, y se pone delante Laura.)_

LAURA.

Aguarda, espera; Que no has de entrar aquí dentro.

D. FÉLIX.

¿Por qué?

LAURA.

Porque siempre aquí Está mi padre escribiendo Mucha parte de la noche.

D. FÉLIX.

¡Vive Dios, que no es por eso! Porque al entreabrir la puerta He visto un bulto allá dentro.

LAURA.

Mira...

D. FÉLIX.

Aquí, ¿qué hay que mirar?

LAURA.

Advierte...

D. FÉLIX.

Ya nada temo.

LAURA.

Que entra ya mi padre.

D. FÉLIX.

¡Ay triste, En qué gran duda estoy puesto! Si aquí hago alboroto, á Fabio De sus ofensas advierto; Si callo, sufro las mias.

ESCENA VIII.

FABIO. — DICHOS.

FABIO.

¡Vos aquí, Félix! ¿qué es esto?

LAURA.

_(Ap. á Don Félix.)_ Mira, por Dios, lo que haces; Pues en quien es caballero, El honor de las mujeres Siempre ha de ser lo primero.

D. FÉLIX.

(_Ap._ Es verdad; disimular Tomo por mejor acuerdo, Si celos se disimulan.) Buscando á mi hermana vengo. _(A Fabio.)_ Que me dijeron que aquí Estaba.

FABIO.

Ya yo la dejo En su casa, y vengo ahora De servirla de escudero.

LAURA.

Eso es lo mismo que yo Le estaba, señor, diciendo.

D. FÉLIX.

Dios os guarde por la honra Que á mi hermana la habeis hecho.

FABIO.

Ella os espera ya en casa.

D. FÉLIX.

(_Ap._ No sé (¡ay Dios!) lo que hacer debo. Estarme aquí, es necedad; Irme, si aquí un hombre dejo, Es desaire; alborotar Aquesta casa, desprecio; Pues esperarle en la calle, Si hay dos puertas, ¿cómo puedo Yo solo? ¡Oh, quién á Lisardo, Que es mi amigo verdadero, Consigo hubiera traido! Mas ya he pensado el remedio.) Quedad con Dios.

FABIO.

Él os guarde.

D. FÉLIX.

(_Ap._) Hoy he de ver, ¡vive el cielo! Si es verdad que la fortuna Ayuda al atrevimiento.

_(Don Félix se va muy aprisa, Fabio llega hasta la puerta con él, y Celia despues toma una luz y se va; Fabio toma otra luz.)_

FABIO.

Alumbra, Celia, á Don Félix. Laura, éntrate tú acá dentro, Que tengo que hablar á solas Contigo.

LAURA.

_(Ap.)_ Otro susto, ¡cielos! Mi padre ¿qué me querrá? Laura, ¿en qué ha de parar esto?

_(Vanse.)_

ESCENA IX.

CELIA, _que vuelve con la luz; despues_ LISARDO.

CELIA.

Sin esperar que bajara A alumbrarle, en un momento Se me despareció Félix. Bien se deja ver su intento, Que es de dar presto la vuelta A la calle; mas primero Que él llegue, ya habrá salido Estotro; que en su aposento Está mi señor con Laura. No hay que esperar. Caballero, _(A Lisardo.)_ En gran confusion estamos Por vos.

_(Sale Lisardo.)_

LISARDO.

Ya sé lo que os debo; Que aunque he entendido muy poco Del caso, porque aquí dentro Llegaban muertas las voces, He entendido por lo ménos Los empeños desta casa.

CELIA.

Vamos de aquí.

LISARDO.

Vamos presto.

CELIA.

_(Ap.)_ Salga él una vez de casa, Y más que sucedan luégo Muertes de hombres en la calle.

_(Apaga la luz y vase con él.)_

ESCENA X.

DON FÉLIX; _despues_ LAURA.

D. FÉLIX.

En un esconce pequeño Que hace la escalera, ántes Que la luz bajara, muerto De celos y de desdichas, Pude quedarme encubierto. Poco lugar han tenido De echar á este hombre, y no creo Que, sabiendo que en la calle Estoy, se atrevan á hacerlo. El fin con que me he quedado, A mis desdichas atento, Es de sacarle conmigo Hasta la calle, fingiendo Que soy criado de casa, Y que sé todo el suceso.

_(Llégase á la puerta.)_

Esta es la puerta, y está Abierta. Ce, caballero, Seguidme: seguro soy. ¿No me respondeis? ¿Qué es esto? Obligaréisme callando, ¡Vive Dios! á que éntre dentro.

_(Entra.)_

_(Sale Laura con luz.)_

LAURA.

Nada me queria mi padre Que fuese de más momento, Que decirme que mañana Ha de ir á un cercano pueblo, Adonde su hacienda tiene, Y yo á mis desdichas vuelvo. Celia, Celia, ¿dónde estás? Pondré que se han ido huyendo Todos, y que me han dejado En el peligro. Y es cierto; Pues nadie parece. ¡Ay triste! ¿Qué he de hacer en tanto aprieto? Félix estará en la calle, Cuando estotro está aquí dentro. Pero aunque todo lo arriesgue, Esto ha de ser; que primero Soy yo. Perdone Marcela, Esta vez. Ce, caballero, A quien necia una mujer En tanto peligro ha puesto, No os espanteis de mirarme.

_(Sale Don Félix embozado.)_

D. FÉLIX.

¿Cómo puedo, cómo puedo Dejar de espantarme, Laura, De mirarte...

LAURA.

¡Ay Dios! ¡qué veo!

D. FÉLIX.

Tan mudable...

LAURA.

¡Ay infelice!

D. FÉLIX.

Y tan falsa?

LAURA.

¡Ay Dios! ¿qué es esto?

D. FÉLIX.

Esto es, Laura, esto es (Si es que yo á decirlo acierto) El desengaño mayor Que á un hombre han dado los celos. Pero miento, que no son Celos, sino agravios estos.

_(Paséase y ella tras él.)_

LAURA.

(_Ap._ ¡Yo estoy muerta!) Félix mio, Mi bien, mi señor, mi dueño.

D. FÉLIX.

Mi mal, mi muerte, mi ofensa, ¿Qué me quieres?

LAURA.

Que te quiero; Te quiero, no más.

D. FÉLIX.

Y yo, Pues tú lo dices, lo creo; Porque no habiendo tenido Un hombre en este aposento; No habiendo dicho que estaba Cerrado el paso por esto; No habiendo venido tú A hablarme por él; no habiendo Visto yo... ¿Qué he de haber visto? Nada digo, nada entiendo. ¡Mal haya yo, porque estuve Antes á tu honor atento, Y no...! Adios, Laura; adios, Laura.

LAURA.

Detente, porque primero Que te vayas, has de oirme.

D. FÉLIX.

¿Puede ser mentira esto?

LAURA.

Sí, bien puede ser mentira.

D. FÉLIX.

¿Mentira lo que estoy viendo?

LAURA.

¿Qué viste?

D. FÉLIX.

El bulto de un hombre Que estaba en este aposento.

LAURA.

Algun criado sería.

ESCENA XI.

CELIA, _muy alborozada_. — DICHOS.

CELIA.

Señora, ya por lo ménos Nada sucederá en casa, Que ya en la calle los dejo.

_(Ve á Don Félix, y túrbase.)_

D. FÉLIX.

Mira, si era algun criado.

CELIA.

¿Pues esto agora tenemos? ¿Cómo aquí?... No puedo hablar.

LAURA.

¿Ves, Félix, con cuánto aprieto Se eslabonan mis desdichas? Pues culpa ninguna tengo.

D. FÉLIX.

Pues yo la culpa tendré.

LAURA.

Tanto te estimo y te quiero, Que áun no quiero yo decirlo, Porque te está mal saberlo.

D. FÉLIX.

¡Qué antiguo sagrado es ese De un culpado, en no teniendo Que responder! Esto en fin Se acabó, Laura, esto es hecho. Adios, adios.

LAURA.

Mira...

D. FÉLIX.

Suelta...

LAURA.

No has de irte así.

D. FÉLIX.

¡Vive el cielo, Que dé voces que despierten A tu padre, al mundo entero, Diciendo quién eres!

LAURA.

¡Félix!

D. FÉLIX.

Harás que pierda el respeto A tu hermosura, porque Nadie le tuvo con celos.

_(Vase.)_

LAURA.

Tenle, Celia.

CELIA.

¿Yo tenerle?

LAURA.

Pues aunque vayas huyendo, Yo te buscaré. ¡Ay, Marcela, En qué de dudas me has puesto!

_(Vanse.)_

* * * * *

Cuarto de Lisardo en casa de D. Félix.

ESCENA XII.

LISARDO, CALABAZAS.

CALAB.

Señor, ¿qué es lo que tienes? ¿De dónde ó cómo á tales horas vienes?

LISARDO.

Ni sé de dónde vengo, Calabazas, ni sé lo que me tengo.

CALAB.

Despues de haberte ido Sin mí (cosa que nunca ha sucedido, Ni héchose con lacayo De bien), vuelves á casa como un rayo, Casi al amanecer, descolorido, Colérico, furioso, acontecido. Airado...

LISARDO.

No me mates, Ni empieces á decirme disparates, Sino pon las maletas; porque luégo Me tengo de ir, y en tanto que á esto llego, A esotra cuadra pasa, Mira si hablar á Félix puedo.

CALAB.

En casa Él no está; que aunque ya ha amanecido, Creo que no ha venido A acostarse hasta agora.

LISARDO.

¡Feliz él, que habrá estado (¿quién lo ignora?) Celebrando las paces con su dama; Que es la felicidad del que bien ama! ¡Y yo, infeliz, á quien han sucedido Tantas cosas!...

CALAB.

¿Qué han sido?

LISARDO.

Oye, porque me dejes, Con condicion que luégo no aconsejes. Llamóme por un papel Aquella dama tapada, A que en su casa la viese. A verla fuí, y la criada Por un jardin me guió, Hasta que llegué á una sala De estrado, donde la misma Que ví en las huertas, estaba Tan bella como entendida: Esto, que te diga, basta. Muy á los primeros lances, Me dió á entender enojada No sé bien qué quejas, cuando Su padre á la puerta llama. Métenme en un aposento, Donde, despues de pasadas Algunas conversaciones, De quien poco entendí ó nada (Porque como retirado Estaba á puerta cerrada, Llegaban á mí confusas Las voces sin las palabras), La puerta un hombre entreabrió; La capa tercié y la espada Empuñé, y al mismo instante Me volvieron á cerrarla Por defuera, sin poder Ver el talle ni la cara Del hombre. De allí á otro rato, Triste, confusa y turbada, Otra moza me sacó Hasta la calle, con várias Prevenciones de que Félix No supiera desto nada. Yo pues, cercado de dudas Y de sospechas contrarias, Estoy sin saber qué hacerme En confusion tan extraña; Porque si á Félix le callo El lance, ya acreditada La sospecha de que ha sido Dama suya, será ingrata Correspondencia, que él tenga A su enemigo en su casa; Si se lo digo, y no es Su dama, sino otra dama Que de mí se fía, el decirlo Es de mi nobleza infamia. Y así entre hablar y callar, La opinion más acertada Es, pues dos daños me embisten, Volver á los dos la espalda. Así con esto á Don Félix No ofende lo que se calla, Ni lo que se dice, ofende A la mujer. Luego trata De poner toda la ropa, Que ántes que amanezca el alba, Con ocasion de que ya Hecha mi consulta baja, De Ocaña me tengo de ir, Aunque me deje en Ocaña En un ingenio la vida, Y en una hermosura el alma.

CALAB.

¡Honrada resolucion!

LISARDO.

Porque apruebas y no cansas, Toma aquel vestido que hice De camino, Calabazas.

CALAB.

Tus manos, señor, te beso De resultas de las plantas, No tanto por el vestido, Aunque es dádiva extremada, Como por dármele hecho; Y en tanto que se levanta Quien la ropa me ha de dar, Escúchame en dos palabras Lo que hecho un vestido ahorra.

_(Mudando voces.)_

—Señor maestro, ¿cuántas varas De paño son menester Para mí?—Siete y tres cuartas. —Con seis y media le hace Quiñones.—Pues que le haga; Mas si él saliere cumplido, Yo me pelaré las barbas. —¿Qué tafetan?—Ocho.—Siete Han de ser.—No quite nada De siete y media.—¿Ruan? —Cuatro.—No—Si un dedo falta, No puede salir.—¿De seda? —Dos onzas, treinta de lana. —¿Bocací á los bebederos? —Media vara.—¿Angeo?—Otra tanta. —¿Botones?—Treinta docenas. —¿Treinta?—¿Habrá más de contarlas? Cintas, faltriqueras, hilo: Vamos con todo esto á casa. Junte vuesarced los piés, Ponga derecha la cara, Tienda el brazo.—¿Seor maestro, Son matachines?—¡Qué gracia Hará el calzon!—Oye usted, La ropilla ancha de espaldas, Derribadica de hombros, Y redondita de falda. —Frisa para las faldillas Haber sacado nos falta. Póngala usted.—Que me place. —¡Ah! sí; esto se me olvidaba: Entretelas.—Deste viejo Ferreruelo me las haga. —Voy á cortarlo al momento. —¿Cuándo vendrá esto?—Mañana A las nueve.—La una es: ¡Oh cuánto este sastre tarda! —Seor maestro, todo el dia Me ha tenido usted en casa. —No he podido más, que he estado Acabando unas enaguas, Que, como mil paños llevan, No fué posible acabarlas. —¡Ah! caballero, muy seca Está esta obra.—Remojarla. —Angosto vino el calzon. —De paño es, no importa nada, Que luego dará de sí. —Esta ropilla está ancha. —No importa nada, es de paño, Que ella embeberá (así basta, Que los paños dan y embeben Como el sastre se lo manda.) —El ferreruelo está corto. —Más de media liga tapa, Y ahora no se usan largos. —¿Qué se debe?—Poco ó nada: Veinte del calzon, y veinte De la ropilla y sus mangas, Diez del ferreruelo, treinta De los ojales... y tantas Impertinencias, que en fin, Que me venga ó que me vaya, Quien me da un vestido hecho, Me da la mejor alhaja. A componer voy las tuyas; Aquí gloria y despues gracia.

_(Vase.)_

LISARDO.

¡Qué locuras! ¡Quién tuviera Tu alegría, y no llegara Hoy á sentir los extremos De tantas penas, de tantas Confusiones y sospechas! ¡Válgate Dios por tapada, Toda misterios y toda Prevenciones, sin que haya Nunca visto la verdad!

_(Vuelve Calabazas.)_

CALAB.

Ya la dije á una criada Que me sacase la ropa; Porque hoy nos vamos á Irlanda.

LISARDO.

En efecto, me destierran, Antes de tiempo de Ocaña, Tramoyas de una mujer.

ESCENA XIII.

MARCELA, _con manto_, SILVIA, _sin él, y quedan á la puerta_. — DICHOS.

SILVIA.

Mira á qué te atreves.

MARCELA.

Nada Me digas, porque no estoy Para escucharte palabra. ¿Que hoy se va, no dices?

SILVIA.

Sí.

MARCELA.

¿Pues, Silvia, de qué le espantas Que haga locuras mi amor? Sin duda le dijo Laura Quién soy, y de mí va huyendo.

SILVIA.

¿Pues si esto temes, qué tratas?

MARCELA.

Hablarle ya claramente; Que puesto que á esta hora falta Mi hermano, ya no vendrá, Hasta que le lleven capa Y valona, ó sea de noche. Tú, Silvia, á esa puerta aguarda.

_(Vase Silvia.)_

LISARDO.

Mira si ha venido Félix.

CALAB.

Félix no, pero la dama Tapada sí que ha venido.

LISARDO.

¿Qué dices?

CALAB.

_Ecce quam amas._

MARCELA.

Señor Lisardo, no sé Que sea accion cortesana El iros sin despediros Hoy de una mujer que os ama.

LISARDO.

¿Tan presto tuvisteis nueva De mi partida?

MARCELA.

Las malas Vuelan mucho.

CALAB.

_(Ap.)_ ¡Vive Dios, Que con los demonios habla! ¿Si es Catalina de Acosta, Que anda buscando su estatua?

MARCELA.

En fin, ¿os vais?

LISARDO.

Sí, y huyendo De vos, que vos sois la causa.

MARCELA.

De eso infiero que sabeis Ya quién soy (¡estoy turbada!); Y si el haberlo sabido Anticipa la jornada, Id con Dios; pero advirtiendo Que fué en mí y en vos la causa Imposible de decirla, Y imposible de callarla.

LISARDO.

No os entiendo, pues no sé De vos (esta es verdad clara) Más de lo que sé de vos: Y ántes la desconfianza Que haceis de mí, es quien me mueve A irme.

_(Mira Calabazas adentro.)_

CALAB.

Ce: por la sala Entra Don Félix.

MARCELA.

¡Ay triste!

LISARDO.

¿Qué os turba? ¿Qué os embaraza? Conmigo estais.

MARCELA.

Es verdad; Mas puesto que mis desgracias Unas con otras tropiezan, Y tan en mi alcance andan, Sabed, que yo soy... No puedo, No puedo hablar más palabra, Que entra ya. Mi vida está En vuestras manos, guardadla; Que yo aquí me escondo.

_(Escóndese.)_

LISARDO.

¡Cielos, Sacadme de dudas tantas! Ella es su dama sin duda. Pues que tanto dél se guarda.

ESCENA XIV.

DON FÉLIX. — LISARDO; MARCELA, _escondida_.

D. FÉLIX.

Lisardo.

LISARDO.

¿Qué hay, qué traeis, Don Félix?

D. FÉLIX.

Traigo un pesar, Y véngole á consolar Con vos, que me aconsejeis.

LISARDO.

Cuando por haber faltado De casa... Véte de aquí.

_(A Calabazas. Vase.)_

Toda la noche, creí Que habíades celebrado Las paces con vuestra dama, ¿Al amanecer venís Con el pesar que decís?

D. FÉLIX.

Sí, que un mal á otro mal llama. ¡Ay Lisardo! bien dijisteis, Cuando hablasteis de los celos, Que sus mortales desvelos, Y que sus efectos tristes, Eran tan otros tenidos Que dados, cuanto se ofrece Entre quien hace y padece; Pues padecen mis sentidos El daño que ántes hicieron. ¡Oh quién un siglo los diera, Y un punto no los tuviera!

LISARDO.

Pues ¿cómo ó de qué nacieron? (_Ap._ ¡Vive Dios! que él ha seguido Esta dama, y que sus celos Son de mí y della.)

MARCELA.

_(Ap.)_ Los cielos Den mis penas á partido.

D. FÉLIX.

Muy rendido ayer llegué, Donde (¡ay de mí!) satisfice Con los extremos que hice, Las lágrimas que lloré, Las mal fundadas sospechas Que de mí (¡ay cielos!) tenía La hermosa enemiga mia; Y cuando ya satisfechas Estaban, y yo esperaba De los sembrados rigores Coger el fruto en favores, De la calle en que aguardaba Entré á verla muy contento; Y porque fué fuerza así Un aposento entreabrí (Mal haya mi sufrimiento), Y en él (¡qué torpes desvelos!) El bulto de un hombre ví.

LISARDO.

_(Ap.)_ ¡Esto es lo que anoche á mí Me pasó, viven los cielos!

D. FÉLIX.

¡Oh mal haya yo, porque, Aunque su padre viniera, Y aunque su honor se perdiera, A darle muerte no entré! Quedarme pude escondido, Con ánimo de volver A buscar el hombre, y ver Quién era.

LISARDO.

¿Habeislo sabido?

D. FÉLIX.

No, porque ya una criada Le habia sacado de allí. Tras él al punto salí; Pero no pude hallar nada. Así hasta el mediodía Toda la mañana he estado (¡Mirad qué necio cuidado!) Pensando que volveria. Ved si habrá en el mundo quien Tenga el dolor que yo tengo, Pues hoy aquí á tener vengo Celos, sin saber de quién.

LISARDO.

_(Ap.)_ En este punto creí Todo cuanto imaginé; La dama esta dama fué, Y yo el encerrado fuí. Las señas son; mas supuesto Que él no sabe que fuí yo, Ni que ella aquí se ocultó, Ponga fin á todo esto Mi ausencia, puesto que así Todo el silencio lo sella; Pues no sabrá agravios della. Ni tendrá quejas de mí.

D. FÉLIX.

¿Agora suspenso estais? ¿Cómo no me respondeis?

LISARDO.

Como admirado me habeis, Aun más de lo que pensais.

D. FÉLIX.

¿Qué puedo hacer?

LISARDO.

Olvidar.

D. FÉLIX.

¡Ay, Lisardo, quién pudiera!

CALAB.

_(A la puerta.)_ Señor, una dama ahí fuera Dice que te quiere hablar.

D. FÉLIX.

Ella es, que habrá venido A verme. Yo no he de vella.

LISARDO.

Mirad primero si es ella.

ESCENA XV.

LAURA, _tapada_. — DICHOS.

D. FÉLIX.

¿No he de haberla conocido? Ella es, que en conclusion, Querrá agora que yo crea Que todo mentira sea.

LISARDO.

_(Ap.)_ Ya es otra mi confusion: Si esta es la que Félix ama, Y dentro en su casa vió Un hombre, y éste fuí yo, ¿Quién es, quién, estotra dama?

LAURA.

Lisardo, por caballero Os ruego que os ausenteis, Y con Félix me dejeis, Porque hablar con Félix quiero.

D. FÉLIX.

¿Quién te ha dicho que querrá El Félix hablarte á tí?

LAURA.

Dejadnos solos.

LISARDO.

Por mí Obedecida estais ya. (_Ap._ Fuerza es dejar encerrada La otra dama hasta despues, Y estar á la vista. Nada Tengo ya que temer, pues No es su dama mi tapada.)

_(Vanse Calabazas y Lisardo.)_

ESCENA XVI.

LAURA Y DON FÉLIX; MARCELA, _escondida_.

LAURA.

Ya que estamos los dos solos, Don Félix, y que podré Decir á lo que he venido, Escúchame.

D. FÉLIX.

¿Para qué? Ya sé que quieres decirme Que ilusion, que engaño fué Cuanto allí ví y cuanto oí; Y si esto en fin ha de ser, Ni tú tienes qué decir, Ni yo tengo qué saber.

LAURA.

¿Y si nada de eso fuese, Sino todo eso al revés?

D. FÉLIX.

¿Cómo?

LAURA.

Escucha, oiráslo.

D. FÉLIX.

¿Iráste Si te escucho?

LAURA.

Sí.

D. FÉLIX.

Dí pues.

_(Asoma Marcela.)_

LAURA.

Negarte que estaba un hombre En mi aposento...

D. FÉLIX.

Deten. ¿Y es estilo de obligar, Modo de satisfacer, Decirme, cuando esperaba Un rendimiento cortés, Una disculpa amorosa, Confesar la ofensa? ¿Ves Cómo otra vez la repites, Porque la sienta otra vez?

LAURA.

Si no me oyes hasta el fin...

MARCELA.

_(Ap.)_ ¡Quién vió lance más cruel!

D. FÉLIX.

¿Qué he de escuchar?

LAURA.

Mucho.

D. FÉLIX.

¿Iráste Si te escucho?

LAURA.

Sí.

D. FÉLIX.

Dí pues.

LAURA.

Negarte que estaba un hombre En mi aposento, y tambien Que Celia le abrió la puerta, No fuera justo; porque Negarle á un hombre en su cara Lo mismo que escucha y ve, Es darle á un desesperado, Para consuelo un cordel; Mas pensar tú que fué agravio De tu amor y de mi fe, Es pensar que cupo mancha En el puro rosicler Del sol, porque con mi honor Aun es sombra todo él.

D. FÉLIX.

¿Pues quién aquél hombre era?

LAURA.

No puedo decirte quién.

MARCELA.

_(Ap.)_ ¡Quién vió confusion igual!

D. FÉLIX.

¿Por qué?

LAURA.

Porque no lo sé.

D. FÉLIX.

¿Qué hacía escondido allí?

LAURA.

No lo sé tampoco.

D. FÉLIX.

¿Pues Dónde la satisfaccion Está?

LAURA.

En no saberlo.

D. FÉLIX.

¡Bien! No saberlo es la disculpa, La culpa el saberlo es: ¿Pues cómo quieres que venza Lo que sé á lo que no sé? Laura, Laura, no hay disculpa.

LAURA.

Félix, Félix, déjame; Que, aunque lo puedo decir, Tú no lo puedes saber.

D. FÉLIX.

Otra vez me has dicho ya (Baldon ó despecho fué) Eso mismo, y ¡vive Dios! De no escucharlo otra vez; Porque aquí me has de decir La verdad desto...

MARCELA.

_(Ap.)_ ¿Qué haré? ¡Que, por disculparse á sí, Me ha de echar á mí á perder!

D. FÉLIX.

Que nada me está peor Que el pensarlo.

LAURA.

Sí diré.

MARCELA.

(_Ap._ No dirás; porque primero, Tus voces estorbaré Con esta resolucion. Amor ventura me dé, Como me da atrevimiento.)

_(Pasa por delante tapada, como jurándosela á Don Félix; él quiere seguirla, y Laura le detiene.)_

Sólo esto he querido ver.

D. FÉLIX.

¿Qué mujer es esta?

LAURA.

Hazte De nuevas.

D. FÉLIX.

Déjame que La siga y la reconozca.

LAURA.

¡Eso querias tú, porque Pudieras desenojarla, Diciéndola á ella despues Que me dejaste por ir Tras ella! Pues no ha de ser.

D. FÉLIX.

Laura mia, mi señora, El cielo me falte, amén, Si sé qué mujer es ésta.

LAURA.

Yo sí; yo te lo diré: Nise era, que al pasar Yo la conocí muy bien.

D. FÉLIX.

Ni era Nise, ni sé yo Cómo estaba aquí.

LAURA.

Muy bien; ¡La disculpa es no saberlo, La culpa el saberlo es! ¿Pues cómo quieres que venza Lo que sé á lo que no sé? Adios, Félix.

D. FÉLIX.

Si no basta El desengaño que ves, ¿Cómo quieres que yo crea Lo que tú, Laura, no crês?

LAURA.

Porque yo digo verdad, Y soy quién soy.

D. FÉLIX.

Yo tambien, Y ví en tu aposento un hombre.

LAURA.

Yo en el tuyo una mujer.

D. FÉLIX.

No sé quien fué.

LAURA.

Yo tampoco.

D. FÉLIX.

Sí supiste, Laura; pues Ya me lo ibas á decir.

LAURA.

Ya, sin decirlo me iré, Por no dar satisfacciones A un hombre tan descortés.

D. FÉLIX.

Mira, Laura...

LAURA.

Suelta, Félix.

D. FÉLIX.

Véte, que es cosa cruel, Haber de rogar quejoso.

LAURA.

Quédate; que es rabia haber De llevar traiciones, cuando Finezas vine á traer.

D. FÉLIX.

Yo bien disculpado estoy.

LAURA.

Si á eso vamos, yo tambien.

D. FÉLIX.

Pues ví en tu aposento un hombre.

LAURA.

Yo en el tuyo una mujer.

D. FÉLIX.

Si esto, cielos, es amar...

LAURA.

Si esto, fortuna, es querer...

LOS DOS.

¡Fuego de Dios en el querer bien! Amén. Amén.

JORNADA TERCERA.

Cuarto de Marcela.

ESCENA PRIMERA.

MARCELA, SILVIA.

SILVIA.

Grande atrevimiento fué.

MARCELA.

Como perdida me ví, Cuando ya á Laura escuché, Que iba á descubrir allí Cuanto en su casa pasé, Estorbar la relacion Quise con tan loca accion; Que, ya preciso un pesar, Algo se ha de aventurar.

SILVIA.

Así es verdad.

MARCELA.