Part 2
¿No es mi hermano De Laura, mi amiga, amante? ¿No sabe lo que es amor? Pues hoy he de declararme Con ella, y hoy has de ver, Silvia, el más extraño lance De amor, porque yo fingida... Pero no quiero contarle; Que no tendrá despues gusto El paso, contado ántes.
_(Vanse.)_
* * * * *
Casa de Fabio.
ESCENA VII.
LAURA, FABIO.
FABIO.
Notable es la tristeza, Que el rosicler turbó de tu belleza. ¿Qué tienes estos dias, Que entregada (¡ay de mí!) á melancolías Tales, á todas horas Triste suspiras y rendida lloras?
LAURA.
Si yo, señor, supiera La causa de mi mal (_Ap._ A Dios pluguiera No la supiera tanto), El consuelo mayor, menor el llanto Fuera, pues fuera entónces el sabella El primer aforismo de vencella. Pero la pena mia Es, señor, natural melancolía, Y así el efecto hace, Sin que llegue á saber de lo que nace; Que esta distancia dió naturaleza En la melancolía y la tristeza.
FABIO.
No sé lo que te diga, Sino que á tanto tu dolor obliga, Que rigoroso y fuerte Padeces tú el dolor, y yo la muerte; Pues ya vivir no espero, Miéntras tan triste á tí te considero.
_(Vase.)_
ESCENA VIII.
LAURA.
¿Qué haré yo, que rendida, A pesar de mi vida, Vivo? ¿Qué es esto, cielos? Mas bien se deja ver que estos son celos Porque una ardiente rabia Que el sentimiento agravia, Una rabiosa ira Que la razon admira, Un compuesto veneno De que el pecho está lleno, Una templada furia Que el corazon injuria; ¿Qué áspid, qué monstruo, qué animal, qué fiera, Fuera ¡ay Dios! que no fuera, Compuesta de tan varios desconsuelos La hidra de los celos? Pues ellos solos son á quien los mira, Furia, rabia, veneno, injuria y ira. ¡Oh quién ántes supiera Aquella voluntad, Félix, primera Tuya, que no empeñara Tanto la mia, que hasta el fin llegara! Pues aunque no sabía De amor, cuando tan libre (¡ay Dios!) vivia, Tampoco no ignoraba Que tarde ó nunca el que lo fué se acaba. Quiere á Nise en buen hora, Pero déjame á mí morir.
ESCENA IX.
CELIA. — LAURA.
CELIA.
Señora.
LAURA.
Celia, ¿qué hay?
CELIA.
Que he hecho Mi papel, y sospecho Que no muy mal, ¡así tu beldad viva! Entré en su casa, díjele que iba A un recado, y que acaso Pasando por su calle, aunque de paso Le quise ver. Con un suspiro entónces, Que ablandara los mármoles y bronces, Me preguntó por tí, turbado y ciego. Encarecíle luego Tu enojo, y que si acaso tú supieras Que le habia ido á ver, muerte me dieras; Y como que salia De mí, le dije: ¿por qué no venía Por instantes á darte Satisfacciones y desenojarte? Dijo, que porque estabas Tal, que no le escuchabas: Díjele, que viniera, Que yo aunque á tanto riesgo me pusiera, Hasta tu mismo cuarto lo entraria, Con tal que no dijese en algun dia Que yo le habia traido. Juró el secreto, y muy agradecido El caso se concierta, Y está esperando enfrente de la puerta La seña; voyla á hacer, pues no está en casa Mi señor. Esto es todo lo que pasa.
LAURA.
Llámale pues; que aunque de Nise creo Los celos que me da, tanto deseo Ver cómo se disculpa, Que quiero hacerle espaldas á la culpa:
_(Vase Celia.)_
Pues la que más celosa Se muestra, más colérica y furiosa, Más entónces desea Satisfacciones, aunque no las crea; Que es dolor el de celos tan extraño, Que se deja curar áun del engaño: Pues cuando el desengaño no consiga, Conseguiré á lo ménos que él lo diga.
ESCENA X.
CELIA, DON FÉLIX. — LAURA.
CELIA.
_(Ap. á D. Félix.)_ Fuera está de casa Fabio, Mi señor; el tiempo es este Mejor para entrar á hablarla.
D. FÉLIX.
Vida y ventura me ofreces.
CELIA.
Disimula que llamado De mí á entrar aquí te atreves.— ¿Señor Don Félix, qué es esto? ¿Cómo os entrais...
D. FÉLIX.
Celia, tente.
CELIA.
Hasta aquí?
D. FÉLIX.
Celia, por Dios, Que calles.
LAURA.
¿Qué ruido es ese?
CELIA.
¿Qué ha de ser? Que hasta esta sala Se ha entrado el señor Don Félix, Sin mirar, sin advertir, Que si acaso ahora viniese Mi señor, tú...
LAURA.
¿Caballero, Pues qué atrevimiento es este? ¿Cómo en mi casa, en mi cuarto, Os entrais de aquesta suerte?
D. FÉLIX.
Como quien morir desea Nada mira, nada teme; Y si mi muerte ha de ser Venganza de tus desdenes, Quiero morir á tus ojos, Por hacer feliz mi muerte.
LAURA.
_(A Celia.)_ Tú tienes la culpa desto.
CELIA.
¿Yo, señora?
LAURA.
Si tuvieses Cerrada esa puerta tú...
CELIA.
Cerrada estaba.
D. FÉLIX.
No tienes Que reñir á Celia, que ella De mi error ¿qué culpa adquiere? Yo sólo tengo la culpa; Ríñeme á mí solamente; Castígame solo á mí, Sino es ya que á reñir llegues A Celia, por la costumbre Con que la inocencia ofendes.
LAURA.
Dices bien; error es mio De que me he dejado siempre Llevar, pues no habiendo tú Escrito á Nise papeles, No habiendo entrado en su casa, Y no habiendo ella ido á verte A la tuya, yo cruel, Colérica é impaciente, Inocente te persigo, Que eres tú muy inocente. Y siendo así, que yo soy Tan desigual, tan aleve, Tan injusta, tan mudable, ¿Qué me buscas? ¿qué me quieres?
D. FÉLIX.
Sólo quiero persuadirte Al engaño que padeces De tus celos.
LAURA.
¿Quién te ha dicho Que yo tengo celos, Félix?
D. FÉLIX.
Tú misma te contradices.
LAURA.
¿De qué suerte?
D. FÉLIX.
Desta suerte. O tienes celos, ó no: Si dices que no los tienes, ¿Para qué finges enojos, Laura, de lo que no sientes? Si los tienes, ¿por qué, Laura, Desengañarte no quieres, Pues ninguno al desengaño Celoso la espalda vuelve? Luego para disculparme, O para satisfacerte, Si los tienes, has de oirme, O hablarme si no los tienes.
LAURA.
Si fuera argumento tal, Que negarse no pudiese, Quien está enojada está Celosa, muy sutilmente Arguyeras; mas si no Se sigue precisamente, Pues puedo estar enojada Sin que á estar celosa llegue, Ni yo tengo que escucharte, Ni tú que decirme tienes.
D. FÉLIX.
Pues, vive Dios, que has de oirme Antes que de aquí me ausente, Celosa ó quejosa.
LAURA.
¿Iráste Si te oigo?
D. FÉLIX.
Sí.
LAURA.
Pues dí, y véte.
D. FÉLIX.
Negarte que yo he querido, Laura, á Nise...
LAURA.
Oye, detente. ¿Y es estilo de obligarme, Modo de satisfacerme, Decirme, cuando aguardaba Mil rendimientos corteses, Mil finezas amorosas, Fuesen verdad ó no fuesen, Que hay duelos de amor, adonde Queda bien puesto el que miente, Decirme en mi misma cara Que á Nise has querido? Advierte Que con lo mismo que piensas Que desenojas, ofendes.
D. FÉLIX.
Si no me oyes hasta el fin...
LAURA.
¿Desto disculparte puedes?
D. FÉLIX.
Sí.
LAURA.
_(Ap.)_ ¡Plegue á amor!
D. FÉLIX.
Oye pues.
LAURA.
¿Iráste?
D. FÉLIX.
Sí.
LAURA.
Pues dí, y véte.
D. FÉLIX.
Negarte que yo he querido, Laura, á Nise, fuera error; Mas pensar tú que este amor Es como el que te he tenido, Mayor error, Laura, ha sido; Pues si á Nise un tiempo amé, No fué amor, ensayo fué De amar tu luz singular, Que, para saber amar A Laura, en Nise estudié.
LAURA.
A ciencias de voluntad Las hace el estudio agravio; Pues amor, para ser sabio, No va á la universidad; Porque es de tal calidad, Que tiene sus libros llenos De errores propios y ajenos; Y así en su ciencia verás Que los que la cursan más Son los que la saben ménos.
D. FÉLIX.
Pues explíqueme mejor Otro ejemplo: nace ciego Un hombre, y discurre luego Cómo será el resplandor Del sol, planeta mayor, Que rumbos de zafir gira; Y cuando por fe le admira, Cobra en una noche bella La vista; y es una estrella La primer cosa que mira. Admirando el tornasol De la estrella, dice: «Sí, Este es el sol; que yo así Tengo imaginado al sol;» Pero cuando su arrebol Tanta admiracion le ofrece, Sale el sol y le oscurece. Pregunto yo: ¿ofenderá Una estrella, que se va, A todo un sol que amanece? Yo así que ciego vivia De amor, cuando no te amaba, Como ciego imaginaba Cómo aquel amor sería: Adoraba lo que via, Presumiendo que era así El amor; mas ¡ay de mí! Que no ví al sol, ví una estrella, Y entretúveme con ella Hasta que el sol mismo ví.
LAURA.
Eso no: pues si me doy Por entendida contigo, Que Nise fué mi sol digo, Y que yo su estrella soy. Pruébolo: pues si yo estoy Contigo la noche fria, Y ella de dia te envía A llamar, y estás con ella, ¿Quién será el sol ó la estrella? ¿Cúya es la noche ó el dia?
D. FÉLIX.
¡Vive Dios, Laura, que son Engaños tuyos, y plegue Al cielo, que si la he visto, Que un rayo me dé la muerte, Desde que á Ocaña viniste! ¿Qué más desengaños quieres De lo que cuenta de mí, Que escuchar que ella lo cuente; Pues es el mayor desaire Del duelo de las mujeres, Confesar sus celos, donde Lo escucha de quien los tiene?
LAURA.
Yo sé que han sido verdades, Y no engaños aparentes.
D. FÉLIX.
¿De qué lo sabes?
LAURA.
De que Es mal que á mí me sucede, Y no puede ser mentira: Porque de los males suele Decirse, Félix, que fueron Astrólogos excelentes, Porque siempre adivinaron, Y dijeron verdad siempre.
D. FÉLIX.
Por lo ménos ya confiesas Que son celos, y los sientes.
LAURA.
¿Si me estás dando tormento, Es mucho que los confiese?
D. FÉLIX.
Si tanto aprietan fingidos, Ciertos, ¿qué...?
CELIA.
Mi señor viene.
LAURA.
Véte por aquesta puerta De esotro cuarto; pues tiene Puerta á la calle.
D. FÉLIX.
Dí, ¿cómo Quedamos?
LAURA.
Como quisieres.
D. FÉLIX.
Yo querré desenojada...
LAURA.
A verme esta noche vuelve, Que quiero verte esta noche, Aunque de Nise me acuerde.
D. FÉLIX.
¡Ay, Laura, cuánto te engañas!
LAURA.
¡Ay, cuánto me agravias, Félix!
CELIA.
¡Ay, cuánto no sirve una Casa que dos puertas tiene!
JORNADA SEGUNDA.
ESCENA PRIMERA.
LAURA, CELIA _por una puerta, y por otra_ MARCELA Y SILVIA _con mantos_, HERRERA.
LAURA.
Tú seas muy bien venida A esta casa.
MARCELA.
Y tú seas, Amiga, muy bien hallada.
LAURA.
Con tal visita, ya es fuerza Que lo esté.
MARCELA.
Yo pienso ántes, Que te has de hallar mal con ella; Que vengo á darte cuidado.
LAURA.
Yo le tengo, hasta que sepa En qué te puedo servir.— Llega aquesas sillas, Celia, Que aquí estaremos mejor Que en el estrado.
HERRER.
Quisiera Saber á qué hora vendré.
MARCELA.
Al anochecer, Herrera, Podrá venir.
HERRER.
El sereno A esa hora tiene más fuerza.
_(Vase.)_
MARCELA.
Mi amiga eres, Laura hermosa, A quien dió naturaleza Noble sangre, claro ingenio; ¿Pues de quién con más certeza Me fiaré, que de quien es Mi amiga, noble y discreta?
LAURA.
Con tan grandes prevenciones La proposicion empiezas, Que ya, más que tú decirla, Estoy deseando saberla.
MARCELA.
¿Estamos solas?
LAURA.
Sí estamos.— Celia, salte tú allá fuera.
MARCELA.
No importa que Celia lo oiga.
LAURA.
Prosigue pues.
MARCELA.
Oye atenta. Mi hermano Don Félix, Laura, Por amistad que profesan Él y un noble caballero Desde sus edades tiernas, Le trajo á casa estos dias, Que Aranjuez, sagrada esfera Del cuarto Felipe, cifra La luz del cuarto planeta. Este hospedaje en efecto Fué con tan vana advertencia, Que para traerle á casa, La primer cosa que ordena Es, que retirada yo A un cuarto pequeño della, Les deje á los dos el mio, Y que tal recato tenga, Que escondida siempre dél, Ni alcance, Laura, ni entienda Que vivo en casa; que así (¡Mas qué accion tan poco atenta!) Pensó sanear la malicia De que Ocaña no dijera Que traia á casa un huésped Tan mozo, teniendo en ella Una hermana por casar: Y fué aquesto de manera, Que retirada á este cuarto Que te he dicho, áun una puerta Que sale al cuarto de Félix (Porque nunca presumiera Que habia mas casa), la hizo Cubrir con una antepuerta, Y por ella á aderezarle Sola Silvia sale y entra. Dejemos, pues, á Lisardo, Que, sin que jamás entienda Que hay mujer en casa, vive Con este descuido en ella; Dejemos tambien á Félix, Que con esto sólo piensa Que curó en salud el daño De que me hable y que me vea; Y vamos á mí, que viendo La prevencion con que intenta Mi hermano ocultarme, hice De la prevencion ofensa; Porque no hay cosa que tanto Desespere á la más cuerda, Como la desconfianza. ¡Cuánto ignora, cuánto yerra En esta parte el honor! Que es como el que olvidar piensa Una cosa, que el cuidado De olvidarla es quien la acuerda; Es como el que desvelado Se quiere dormir por fuerza, Que llamando al sueño, es El sueño quien le despierta; Y es como el que halla en un libro Borradas algunas letras, Que por sólo estar borradas, Le da más gana de lêrlas. Este recato, en efecto, En Félix mi hermano, esta Curiosidad, Laura, en mí, O este destino en mi estrella, Despertaron un deseo De saber si el huésped era, Como gallardo entendido, Cosa que quizá no hiciera A no habérmelo vedado; Que en fin la culpa primera De la primera mujer, Esto nos dejó en herencia. Y para poder mejor Hablarle, sin que supiera Quién era la que le hablaba, Fuí una mañana á esas huertas, Paso de Aranjuez, por donde Habia de pasar por fuerza. Llaméle pensando, Laura, Que el hablarle no tuviera Mayor empeño que hablarle Por curiosidad ó tema. Mas ¡ay, que es fácil la entrada, Cuanto difícil la vuelta Del más hermoso peligro! Dígalo el mar desde afuera, Convidando con la paz A cuantos á verle llegan, Cuando jugando las ondas Unas con otras se encuentran; Pues el que más confiado Pisó su inconstante selva Ese lloró más perdido La saña de sus ofensas. Yo así apacible juzgué El mar de amor; pero apénas Reconocí sus halagos, Cuando sentí sus violencias. Pensarás que este cuidado Sólo alcanza, sólo llega A hallarme hoy enamorada; Pues más mal hay que el que piensas Porque de amor y de honor Estoy corriendo tormenta. Hoy, pues, Lisardo á Don Félix (Que yo detras de la puerta, Que te he dicho, lo escuchaba) De todo le daba cuenta, Si (no importa declararme) No se lo estorbara Celia. Doblada quedó la hoja, Y temo que por las señas Del rostro, que ya me vió Lisardo, ó por la cautela Con que le hablé, ó por haber Seguídome hasta tan cerca De casa, puedan en Félix Moverse algunas sospechas; Y así, ántes que el discurso A enlazarse, Laura, vuelva, Me importa hablar á Lisardo, Para cuyo efecto queda Silvia ya con un papel, En que le digo que venga A verme á esta casa, donde Yo he de estar...
LAURA.
Detente, espera; Que has usado neciamente, Marcela, de la licencia De la amistad: pues primero Que á ese Lisardo escribieras, Ni á mi casa le llamaras, Debieras mirar, debieras Advertir desde la tuya, Los inconvenientes desta.
MARCELA.
Ya, Laura, los he mirado, Sin que corran por tu cuenta.
LAURA.
¿De qué manera? Si yo...
MARCELA.
Escucha de qué manera. Tu casa tiene dos cuartos, Y del uno cae la puerta A otra calle: á Silvia dije Que le trajese por ella; De suerte que entrando, Laura, Por donde saber no pueda, En fin, como forastero, Si es casa tuya, ¿qué arriesgas?
LAURA.
Arriesgo el que lo pregunte, Y lo que hoy no sabe, sepa Mañana, y piense que yo Soy la tapada.
MARCELA.
Que adviertas, Te pido, que yo he de estar De visita y descubierta, Como si fuera mi casa, Dentro de la tuya mesma.
LAURA.
Cuando el verte á tí me libre A mí con esa cautela, ¿Cómo me podré librar Del peligro de que venga Mi padre, y halle aquí un hombre?
MARCELA.
¿Luego ha de venir por fuerza Hoy, y luego han de cogernos En el primer hurto? Esta Fineza has de hacer por mí, Pues es tan digna fineza De tu sangre y mi amistad.
LAURA.
_(Ap.)_ ¡Oh quién decirla pudiera El tercer inconveniente, Pues no es el de menor pena Que acierte á venir Don Félix, Y me halle á mi hecha tercera De su hermana y de su amigo!
ESCENA II.
SILVIA, _con manto_. — DICHAS.
SILVIA.
A Ocaña he dado mil vueltas Hasta hallarle.
MARCELA.
Silvia, ¿qué hay?
SILVIA.
Que dí tu papel, y apénas Le leyó, cuando tras mí Vino, y queda ya á la puerta Que me dijiste.
MARCELA.
Ya, Laura, No hay como excusarte puedas.
LAURA.
De mala gana te sirvo En esto.
MARCELA.
Quítame, Celia, Este manto: llama, Silvia, Tú á Lisardo, y tú no quieras
_(Vase Silvia.)_
Verle, que eres muy hermosa Para criada.
LAURA.
Ya quedas Hecha dueña de mi casa, Marcela: mira por ella.— (_Ap._ ¡Oh, á qué de cosas se obliga Quien tiene una amiga necia!)
_(Vase.)_
ESCENA III.
SILVIA, LISARDO. — MARCELA.
SILVIA.
Esta es la casa, señor, De aquella dama encubierta, Que ya descubierta veis.
LISARDO.
¿Quién vió dicha como esta?
MARCELA.
Estaríades, señor Lisardo, muy olvidado De que iria mi cuidado A buscaros.
LISARDO.
Mi temor Confieso, y que la esperanza Desta ventura perdí; Que siempre andar juntos ví Fortuna y desconfianza.
MARCELA.
Aunque es verdad que pudiera Hoy, por el gusto de hablaros, Señor Lisardo, llamaros A mi casa, no lo hiciera, A no tener que reñiros Un descuido contra mí.
LISARDO.
¿Descuido contra vos?
MARCELA.
Sí, De que me importa advertiros.
LISARDO.
Si vos misma disculpais Mi ignorancia, con que ha sido Descuido mal advertido, Ya importa que le digais, Porque no vuelva á incurrir En lo que ignorante estoy.
MARCELA.
¿A quién empezasteis hoy Nuestro suceso á decir, Que os estorbó una criada La relacion?
LISARDO.
Ya os entiendo, Y aunque pueda, no pretendo Satisfaceros en nada; Porque mujer que de mí, Donde no soy conocido, Tanta noticia ha tenido; Mujer que se guarda así De un hombre de quién yo soy Amigo; mujer que tiene Criada en su casa, que viene Con las nuevas que le doy... Harto callando la digo, Harto con irme la muestro, Porque ántes que galan vuestro Fuí de Don Félix amigo.
MARCELA.
Habeis sin duda pensado, Por las nuevas que yo os doy, Que dama de Félix soy; Pues estais muy engañado; Y esto me habeis de creer, Si algo crê quien dice que ama, Que no sólo soy su dama, Mas que no lo puedo ser.
LISARDO.
Si los principios negais, Mal argumento teneis. ¿De quién mi nombre sabeis, Y de mí informada estais? ¿De quién, pues, habeis sabido (Decir puedo en un momento) Lo que en su mismo aposento A los dos ha sucedido?
MARCELA.
Para que aquí se concluya Lo que á dudar os obliga, Sabed que yo soy amiga De una hermosa dama suya. Esta, hablando, pues, conmigo En Félix, nuevas me dió De vos, porque en vos habló Como de Félix amigo; Y aunque él es tan caballero, En nadie un secreto cupo Mejor, que en quien no le supo; Y así suplicaros quiero Que á Don Félix no le deis, Señor, más señas de mí, Ni le digais que yo os ví, Ni que mi casa sabeis; Porque me van en rigor, A una sospecha creida, Hoy por lo ménos la vida, Y por lo más el honor.
LISARDO.
Bien pensaréis que ha cesado De mis dudas la razon, Y ántes mayor confusion Es la que me habeis dejado: Porque si no sois...
ESCENA IV.
CELIA, _despues_ LAURA. — DICHOS.
CELIA.
Señora.
MARCELA.
¿Qué hay, Celia?
CELIA.
Que mi señor Viene por el corredor.
MARCELA.
_(A Celia.)_ Esto me faltaba ahora. ¿Podrá salir?
CELIA.
No, que viene Por la puerta que él entró, Y saber que hay otra no Es posible, ni conviene. Hasta aquí entra ya.
LISARDO.
¿Qué haré?
CELIA.
Esconderos es forzoso En esta cuadra.
LISARDO.
Dudoso Estoy.
MARCELA.
Presto, que si os ve...
LISARDO.
¡Vive Dios, que estoy perdido!
_(Escóndese en un aposento. — Sale Laura.)_
MARCELA.
Cercada de penas muero.
LAURA.
¿Ves, Marcela? En el primero Hurto al fin nos han cogido. ¡En buena ocasion me has puesto!
MARCELA.
¿Quién pudiera prevenir Que ahora hubiese de venir Tu padre?
ESCENA V.
FABIO. — DICHOS.
FABIO.
Celia, ¿qué es esto? Esta puerta, ¿cuándo abierta Sueles, por dicha, tener?
LAURA.
Vínome Marcela á ver, Y por estar esa puerta La más cerca de una casa Adonde ella estaba, yo La hice abrir; por ella entró, Y quedóse así: esto pasa.
FABIO.
Perdonad, bella Marcela; Que como la luz del dia Ya se va á poner, no os via.
LAURA.
_(Ap.)_ ¡Gran daño el alma recela!
CELIA.
_(Ap.)_ ¡Qué confusion!
_(Vase.)_
SILVIA.
_(Ap.)_ ¡Qué temor!
MARCELA.
Yo, habiendo ahora sabido La tristeza que ha tenido Laura, me trajo mi amor A verla, y ver si merezco De sus penas consolar La tristeza y el pesar.
LAURA.
Son tantas las que padezco, Que me añade más dolor El remedio prevenido, Y ántes pienso que has venido A hacérmele tú mayor; Que crece con el remedio Este accidente.
FABIO.
No sé Qué te diga, ni sabré Hallar á tus males medio.— Hola, traed luces aquí.
ESCENA VI.
CELIA, _con luces, que pone sobre un bufete_; HERRERA. — DICHOS.
CELIA.
Ya aquí las luces están.
HERRER.
Las ocho y media serán, ¿Habemos de irnos de aquí Esta noche, pues que ya Ha anochecido, señora? ¿No es de recogernos hora?
MARCELA.
Pena el dejarte me da, Laura, con este cuidado; _(Ap. á ella.)_ Pero excusarle no puedo.
LAURA.
Yo, en fin, á pagar me quedo Las culpas que no he pecado.
MARCELA.
¿Qué puedo hacer? (¡Ay de mí!) Dame licencia.
FABIO.
Yo iré Sirviéndôs.
MARCELA.
No hay para qué Me trateis, señor, así. Quedad con Dios.
LAURA.
_(Ap. á Marcela.)_ Mejor es Dejarle ir, para que pueda Irse este hombre que aquí queda.
FABIO.
Yo tengo de ir con vos.
MARCELA.
Pues Me honrais tanto, replicar A vuestra gran cortesía, Pareciera grosería.
FABIO.
La mano me habeis de dar.
MARCELA.
Sois tan galan, que no puedo Negaros ese favor.
_(Vanse Fabio, Marcela, Herrera y Silvia.)_
LAURA.
¿Hay, Celia, pena mayor Que la pena con que quedo? ¿Quién crêrá que yo encerrado Aquí tengo un hombre que No conozco? Y si me ve, ¿Quedará desengañado De que Marcela no ha sido El dueño de aquesta casa?
CELIA.
Todo cuanto aquí nos pasa, Fácil enmienda ha tenido Con irse ahora mi señor. Retírate tú de aquí: Yo le sacaré de allí Sin que pueda del error En que está, desengañarse; Pues él sin veros se irá, Ni á tí ni á Marcela.
LAURA.
Ya Sólo falta efectuarse. La puerta abre; mas detente, Que parece que he sentido En esta sala rüido.
CELIA.
Ya es otro el inconveniente.
ESCENA VII.
DON FÉLIX. — LAURA, CELIA.
D. FÉLIX.
Apénas la sombra fria Tendió, Laura, el manto negro Capa de noche que viste Para disfrazarse el cielo, Cuando á tu puerta me hallaron Las estrellas; que el deseo Tanto anticipa las horas, Que á verte á estas horas vengo Haciendo el tiempo en tu calle, Porque no se pierda el tiempo. Ví que mi hermana salia De tu casa, y advirtiendo Que tu padre la acompaña, A entrar hasta aquí me atrevo; Porque las paces de hoy Me tienen con tal contento, Que no quise dilatar Sólo un instante, un momento El verte desenojada.
LAURA.
Pues no haces bien, si es que advierto, Que un enojo apénas quitas, Cuando otro vas disponiendo. ¿Tanto podia tardar (_Ap._ Apénas á hablarle acierto.) En recogerse la casa, Que temerario y resuelto Te entras aquí, sin mirar Que ha de volver al momento Mi padre?
D. FÉLIX.
Sólo he querido Que sepas, Laura, que espero En la calle á que sea hora Para hablarte; porque luégo No digas que de otra parte Vengo, cuando á verte vengo. En la calle pues estoy.
LAURA.