Teatro selecto, tomo 3 de 4

Part 16

Chapter 164,042 wordsPublic domain

_(Ap. entreabriendo la puerta del cuarto donde está.)_ ¡Y querrán que calle yo! Mas puesto que así ha de ser, Arded, corazon, arded, Que yo no os puedo valer.

D.ª ANA.

Ya que con vos declarada Estoy, Don Pedro, sabed En lágrimas y suspiros Mis desdichas de una vez. Y pues sabeis que he venido A vuestra casa, entended (¡Cuánta vergüenza me cuesta!) Ya, señor Don Pedro, á qué. Un hombre vengo á buscar, Porque de muy cierto sé Que le puedo hallar en ella.

_(Sale Don Juan.)_

D. JUAN.

Adios, Don Pedro; porque Darme tormento de celos, Y querer que calle, es Nuevo rigor. Yo confieso Que es mi delito querer, Si eso pretendeis de mí...

D.ª ANA.

¡Don Juan, mi señor, mi bien!...

D. JUAN.

¡Doña Ana, mi mal, mi muerte!

D.ª ANA.

Dame los brazos.

D. JUAN.

Deten, No con los brazos añadas Al tormento otro cordel, Pues ya he dicho la verdad.

D. PED.

_(Ap.)_ No sé, vive Dios, qué hacer. Mas porque ni uno éntre, ni otro Salga, el paso cerraré.

D. JUAN.

No cerreis, porque he de irme.

D.ª ANA.

No has de irte.—Sí cerreis.— ¿Pues cómo tan rigoroso, Cómo tan tirano, pues Agradeces desa suerte Haberte venido á ver?

D. JUAN.

¿A quién?

D.ª ANA.

A tí, porque supe Que aquí estabas.

D. JUAN.

¡Bien á fe! Buena disculpa has hallado. ¡Ah fiera! ¡ah ingrata! ¡ah cruel! ¡Qué pronto vive á mentir El ingenio en la mujer!

D.ª ANA.

Don Juan, si de las pasadas Ofensas (al parecer Justas) te dura el enojo, Y huyes de mí (¡ay Dios!) porque Estás engañado, ya Te vengo á satisfacer. Aquel hombre, á quien le diste La muerte...

D. JUAN.

Yo no hablo dél ¡Mira, mira tus engaños, Cuáles han llegado á ser, Pues quejándome de uno, A otro respondes! Y pues Son tantos que unos á otros Se embarazan, no me des Satisfaccion de ninguno; Que mejor será tener Queja de todos; que al fin Está mejor puesto aquel Que, ántes que mal satisfecho, Se queda quejoso bien.

D.ª ANA.

No te entiendo; y si es la causa Que yo imagino que es La que tú sientes, señor, ¿De qué te quejas? ¿de qué? ¿Qué nueva causa te he dado? Pero si no puede ser Darla yo, ¿qué nueva causa Te ha dado mi estrella? Ten El paso, y díme, ¿qué es esto?

D. JUAN.

Traiciones tuyas; si bien No siento que sean traiciones, Porque te llego á perder; Pues lo que llego á sentir, Sólo (he de decirlo) es Que otro merezca en un dia Lo que en siglos no alcancé A merecer yo. Y en fin Me consuela en parte, que Él no te ha llegado á amar, Pues te llega á merecer.

D.ª ANA.

Si mi desdicha, Don Juan, Te ha sabido disponer Otra evidencia aparente Que yo no alcanzo ni sé, ¿Cómo he de desengañarte? ¿Cómo te he de responder? ¡Vive Dios, que te han mentido!

D. JUAN.

No, que es verdad cuanto hablé.

D.ª ANA.

¿Quién te lo dijo?

D. JUAN.

El galan A quien tú vienes á ver.

D.ª ANA.

Yo á verte á tí, Don Juan, vengo...

D. JUAN.

¡Es verdad, dices muy bien!

D.ª ANA.

Porque supe que aquí estabas.

D. JUAN.

¿De quién pudiste? ¿de quién?

D.ª ANA.

Desta criada.

D. JUAN.

¡Por cuánto Llegara el testigo á ser, Que no fuera tu criada! Que criadas y amas teneis Pacto explícito á mentir.

D.ª ANA.

Esta es verdad.

D. JUAN.

¿Quién tal crê?

D.ª ANA.

Quien quiere bien.

D. JUAN.

Pues yo quiero Muy mal por aquesta vez.

D.ª ANA.

Pues muera de desdichada.

D. JUAN.

Y yo de infeliz tambien.

ESCENA XII.

ARCEO. — DICHOS.

ARCEO.

_(Dentro.)_ Abran aquí.

D. PED.

_(Ap.)_ Esto es peor. No sé ¡vive Dios! qué hacer, Que Don Hipólito viene.

D. JUAN.

¿Quieres, ingrata, saber Si me han mentido? Pues éste El galan que buscas es.

D.ª ANA.

Yo me huelgo de que sea, Puesto que no puede ser El que busco, el que imaginas Abrid, Don Pedro. Entre pues, Y sepa Don Juan que miente El que contra mi altivez Bajo concepto ha formado.

D. JUAN.

¡Plegue á Dios! Y aquesta vez, O por vivir ó morir, Escuchándote estaré, Supuesto que es ya mi vida El juego del esconder.

_(Escóndese Don Juan y abre Don Pedro; sale Arceo con una fuente de dulces.)_

ARCEO.

¿Tanto tardan en abrir A quien llama con los piés, Que es señal que trae algo En las manos? ¡Vive diez, Que queda saqueada toda La tienda del Portugues!— Ya Don Hipólito viene, _(A doña Ana.)_ Señora.—¿Pero qué ven Mis ojos? ¿Doña Lucía En mi casa?

D.ª LUC.

_(Ap.)_ Aquesta vez, Por el chisme de una dueña, Muertes de hombres ha de haber.

ESCENA XIII.

DON HIPÓLITO. — DICHOS.

D. HIPÓL.

(_Ap._ ¿Si habrá ya Don Luis llegado Con la silla? Sí, pues ver Puedo la dama. ¡Ay amor! Todo ha sucedido bien.) Seais, señora, bien venida A este, aunque humilde dosel Del mayo y el sol, ya esfera De verdor y rosicler.

D.ª ANA.

_(Ap.)_ ¡Cielos! ¿Qué pasa por mí? ¿Este el marido no es De la que hoy se entró en mi casa?

D. JUAN.

_(Ap. entreabriendo la puerta.)_ ¡Quién vió lance más cruel!

D. PED.

_(Ap.)_ Mal se va poniendo todo. Lo que resuelva no sé.

D. HIPÓL.

Don Pedro, no tan penada Tengais á esta dama: ved Que por vos no se descubre.

D. PED.

Yo, por no estorbar, me iré. (_Ap._ Mas será á estar á la mira.)

D.ª ANA.

Don Pedro, no os ausenteis, Porque habeis de ser aquí, De cuanto pasare, juez.— Caballero, á quien apénas Ví, pues si os ví, á penas fué,

_(A Don Hipólito.)_

Ya que por vos las padezco, ¿Conoceisme?

D. HIPÓL.

No y sí, pues En este instante os conozco, Y os desconozco tambien. Conózcôs, pues que quien sois, Muy bien informado, sé; Y desconózcôs, señora, Porque desa suerte hableis. Si os ví en el Parque primero, Y en vuestra casa despues; Si para venir á hablaros Llamado fuí de un papel; Y si habeis venido adonde Yo os traigo, ¿cómo ó por qué Así os extrañais de verme Donde me venís á ver?

D. JUAN.

_(Ap.)_ ¿Querrán Doña Ana y Don Pedro Que esto llegue á oir y ver, Y no salga? ¡Vive Dios, Que infamia del amor es!

D.ª ANA.

¡Yo á veros á vos! Mirad Lo que decís: no busqueis Desengaños, que á vos solo Mal el saberlos esté. Yo en mi vida al Parque fuí; Ni en él os ví ni os hablé. Si os entrasteis en mi casa, No me pregunteis á qué; Que aunque lo puedo decir, Vos no lo podeis saber; Que habeis de ser el postrero Que el desengaño toqueis. Basta decir que engañado Estais, y que me dejeis; Que puede ser sea causa De todo vuestra mujer.

D. HIPÓL.

¡Mi mujer! Ahora conozco De qué ha podido nacer Vuestro enojo. Yo hice mal En traeros aquí: haced La deshecha norabuena; Pero no me acumuleis Que soy casado, que es susto De que jamás sanaré.

D. PED.

_(Ap.)_ Ya ni áun á mentir acierta Doña Ana.

D. JUAN.

_(Ap.)_ Ni yo á tener Paciencia; pero si salgo, Rompo de amistad la ley, A Doña Ana la destruyo, Y á mí me pierdo tambien Sin efecto, pues en medio Han de estar su criado y él, Y es hacer ruido no más, Dejando la duda en pié. Pues sufrirlo, es imposible; Que ¿quién ha podido, quién, Oir requebrar á su dama? Haya un medio entre los tres, Como yo solo me pierda, Donde... Pero esto despues Ha de decir el suceso. Ya he visto cómo ha de ser.

_(Vase.)_

D.ª ANA.

Dejadme, señor, por Dios: Y porque mejor mireis Que huyo de vos, y lo más A que se puede atrever Una mujer como yo, A voces digo que quien En este aposento está, Mi dueño y mi amante es. Y es á quien vine á buscar, Y es á quien yo quiero bien; Porque á vos no os escribí, Ni os ví en mi vida, ni hablé, Desmintiendo desta suerte Su peligro y mi desden.

_(Éntrase donde estaba Don Juan; Doña Lucía la sigue.)_

D. HIPÓL.

Cerró la puerta. ¿Quién vió Mas tramoyera mujer? Desde el punto que la ví, Enredadora la hallé.

D. PED.

_(Ap.)_ Bien cuerda resolucion Tomó Doña Ana porque Con esto estorba que salga Don Juan, que es lo que á temer Llegué siempre.

D. HIPÓL.

Estoy confuso Y qué he de decir no sé.

ESCENA XIV.

DON LUIS. — DON HIPÓLITO, DON PEDRO.

D. LUIS.

Yo llego á muy buena hora. Don Hipólito, ahí está Aquella señora ya En la silla.

D. HIPÓL.

¿Qué señora?

D. LUIS.

La que esperais.

D. HIPÓL.

¿Qué decís?

D. LUIS.

Que tomó en San Sebastian La silla, y que ahí fuera están.

D. HIPÓL.

Engañado estais, Don Luis; Porque la dama, á quien yo Vengo á ver, ya estaba aquí Cuando vine.

D. LUIS.

¿Cómo así, Si ahora conmigo llegó En la silla la mujer Que hoy en el Parque encontramos A quien seguimos y hablamos?

D. HIPÓL.

Eso ¿cómo puede ser, Si la misma, destapada, Aquí la he visto y hablado, Y en este aposento ha entrado?

D. LUIS.

No quiero deciros nada, Sino que entra ya.

D. HIPÓL.

¡Por Dios, Que es rigorosa mi estrella!

ESCENA XV.

DOÑA CLARA É INÉS, _tapadas_. — DON HIPÓLITO, DON PEDRO, DON LUIS.

D. LUIS.

Ahora decid si es aquella.

D. HIPÓL.

O es ella, ó ellas son dos.

D. PED.

¿Veis, Don Hipólito, veis Cómo la dama que estaba Hoy aquí, á vos no os buscaba?

D. HIPÓL.

Quitarme el juicio quereis.— Mujer, dos veces tapada, _(A doña Clara.)_ Que á mi deshecha fortuna, Por si se me pierde una, Se me envía duplicada, ¿No me hablaste en el Parque hoy? ¿No eres tú la que seguí, Y la que en tu casa ví?

_(Hasta aquí á todas las preguntas ha respondido Doña Clara por señas, y ahora se descubre.)_

Confuso otra vez estoy.

D.ª CLAR.

Yo soy, el mi caballero, Ya que descubierta os hablo, Aquella habladora muda, Por las lecciones de un manto; Que viendo que era muy poca Victoria, muy poco aplauso De toda aquesta mujer Un hombre no más, buscando Ocasion de que alcanzara Sola una parte del lauro, Le quise dar de ventaja La discrecion á mi garbo. Bien pensó vuesa merced Muy necio y muy confiado Que tenía muerta al vuelo La hermosura de los campos; Pues no, señor Para-todas, Y conozca escarmentando Que ha dado vuesa merced, Por lo entendido ó lo raro, Mala cuenta de su amor, Pues deja este desengaño Vengada á la hermosa Filis De los desdenes de Fabio. Pues cuando fuera verdad Que yo le amara; pues cuando Fuera verdad que celosa Aquí le hubiera buscado, El verme vengada sólo Me hubiera el amor quitado. Yo lo estoy con que haya visto Que los celos que me ha dado, Han sido conmigo misma; Pues nadie pudiera darlos A este talle, que no fuera Su mismo desembarazo. Envaine vuesa merced Todo ese grande aparato De dulces de Portugal, Que le han salido tan agrios; Que no es la boda por hoy. Pero agradezca el cuidado Que en ella ha puesto el señor Casamentero del diablo; Que cierto que de su parte Nada faltó, porque ha estado Con mucha puntualidad Con la tal silla esperando, Y hizo muy bien el papel, Encareciendo el recato; Porque es amigo muy fino Del que es amante muy falso. Con esto adios, y ninguno Me siga; que si echo el manto, Si vuelvo la calle, si otro Embeleco desenvaino, Les haré creer que soy Otra dama, aunque al estrado Me entre de una mesurada, Como esta mañana, cuando Le hizo creer que era otra Sólo un sombrerillo blanco.

_(Vase.)_

D. HIPÓL.

Oye, aguarda, espera, escucha.

D. LUIS.

¡En toda mi vida he hallado Hombre de tan buena estrella Con mujeres!

D. HIPÓL.

¿Que burlando Esteis, cuando estoy muriendo?— Detente, Inés.

INÉS.

Será en vano; Que vamos muy enojadas.

_(Vase.)_

D. HIPÓL.

No sé qué hacer en tal caso. Mas sí sé, que es apelar De todo al desembarazo, Desengañando hoy la una, Y la otra despues amando.

_(Vanse Don Hipólito y Don Luis.)_

D. PED.

¡Gracias á Dios, que con esto Ya los celos se acabaron De Doña Ana y de Don Juan, Pues todo lo han escuchado, Y mi amor, pues Doña Clara Viene á Hipólito buscando! ¡Cielos! sin querer, he visto Mis celos averiguados.

ARCEO.

Y si el galan y la dama Están ya desengañados, Aquí acaba la comedia.

D. PED.

¿Oiste ya el desengaño, Don Juan?

_(Llegándose á la puerta del cuarto donde estuvo.)_

ESCENA XVI.

DOÑA ANA, DOÑA LUCÍA. — DON PEDRO, ARCEO.

D.ª ANA.

No soy tan dichosa Yo.

D. PED.

¿Cómo así?

D.ª ANA.

Como cuando Yo entré, sólo ví un hombre, Que atrevido y temerario Se echaba por la ventana, Que hay, señor, á esos tejados.

ARCEO.

Pues no acaba la comedia.

D. PED.

¡Qué rigoroso, qué extraño Afecto de amor y celos! (_Ap._ Él iba á salir al paso: Seguir á los dos importa, No suceda algun fracaso.)

_(Vase.)_

D.ª ANA.

Grande desdicha es la mia, Pues cuando vengo buscando Hoy, Don Juan, finezas tuyas, Solas mis desdichas hallo. Cuando te siguen sospechas, Tú las estás esperando Firme, ¡y vuelves las espaldas Si te siguen desengaños! ¿Qué mujer es esta ¡cielos! Que hoy en mi casa se ha entrado? ¿Qué hombre es este que asegura Que yo le vengo buscando? ¡Oh nunca en el tiempo hubiera, Oh nunca hubiera en el año, Si es que la culpa han tenido De enredos y enojos tantos, Las mañanas floridas De Abril y Mayo!

JORNADA TERCERA.

Sala en casa de Doña Ana.

ESCENA PRIMERA.

DON JUAN, _á oscuras_.

Nada me sucede bien. ¿Qué roca habrá que contraste Tanta avenida de penas, Tantos golpes de pesares? Del aposento en que estaba Por testigo de mis males, Imposible de sufrirlos, E imposible de vengarme, Celoso y desesperado Salir pretendo á la calle A esperar aquel galan Tan feliz, que coronarse Pudo de tantos favores, De dichas que son tan grandes. Echéme por la ventana (Porque allí no me estorbasen La venganza de mis celos), Presumiendo que era fácil, Ganando desde el tejado De la puerta los umbrales; Y saltando dél á un patio, Donde la ventana sale, Perdí el tino, y dí á otra casa. Pero parece que abren Una puerta, y entra gente... Y con las luces que traen Percibo mejor las señas. ¿Hay suceso semejante? ¡Vive Dios, que esta es la casa De Doña Ana! ¡Si tomase Hoy puerto en el mismo golfo Esta derrotada nave! Ella es. ¿Qué he de hacer, cielos? Que no es bien que aquí me halle, Y presuma que he venido Cobardemente á quejarme De mis celos, sin vengarlos. ¿Hay confusion más notable? ¿Qué haré? Que no me está bien Ya ni el irme ni el quedarme.

_(Escóndese.)_

ESCENA II.

DOÑA ANA Y DOÑA LUCÍA, _con luz_. — DON JUAN, _escondido_.

D.ª ANA.

Quítame este manto. ¡Gracias A mi fortuna inconstante Que me ha dado (¡ay infelice!) Un solo punto, un instante De tiempo para llorar, De lugar para quejarme! Y así, ya que estoy á solas, Sean tormentas, sean mares Mis lágrimas y mis quejas Entre la tierra y el aire.

D.ª LUC.

Señora, si dese modo Tan justos extremos haces, Triunfará de amor la muerte. Consuelo tus penas hallen; Que para todo hay consuelo. Que si Don Juan (por guardarle A Don Pedro aquel decoro Que debió á sus amistades) Se arrojó por la ventana, Ya en su seguimiento parten Don Pedro, Arceo y Pernía, Porque los dos no se maten.

D.ª ANA.

Y cuando remedie (¡ay triste!) Mi temor, ¿para adelante Puede ya dejar de ser Lo que fué? ¿Pueden borrarse De la memoria los celos En que yo no tuve parte?

D. JUAN.

_(Ap. al paño.)_ De cuanto yo desde aquí Puedo á las dos escucharles, Nada entiendo; y sólo entiendo Que temo que me declaren Mis congojas, mis desdichas, Mis recelos, mis pesares; Porque no es posible, no, Que un celoso sufra y calle.

D.ª LUC.

Acuéstate, por tu vida, Porque en la cama descanses.

D.ª ANA.

No hay descanso para mí. Fuera de que he de esperarle A Don Pedro; que le dije Que con lo que le pasase En alcance de Don Juan (Pues todos van á buscarle), Viniese á avisarme; y ya Parece que llaman. Abre.

ESCENA III.

DON PEDRO, ARCEO, PERNÍA. — DICHOS.

D.ª ANA.

Señor Don Pedro, ¿qué hay?

D. PED.

Que todo ha salido en balde.

D.ª ANA.

¿Cómo?

D. PED.

No habemos hallado A Don Juan, y es bien notable Suceso, porque de aquella Ventana, que al patio cae, Para salir al portal Hay una puerta, y la llave Está echada, de manera Que ha sido imposible hallarle, Cuando ni en mi casa está, Ni salir pudo á la calle.

ARCEO.

No le hemos buscado bien, Si va á decir las verdades; Porque á un celoso, señora, Le ha de buscar el que hallarle Quisiere, ahogado por los pozos, O ahorcado por los desvanes.

PERNÍA.

Ya le he dicho que se meta En juntar sus consonantes. No hable palabra donde Yo estoy.

ARCEO.

Quínola pasante, Tambien yo le tengo dicho Que de dar lanzadas trate, Y sacar, no para el toro, Para el lacayo el alfanje, Y no más.

D.ª LUC.

Entre dos ruines Sea mi mano el montante.

D. PED.

No es posible hallarle, en fin.

D.ª ANA.

Son mis penas, no os espante, Y bien dicen que son mias. Pues ellas disponer saben Tantas falsas apariencias, Que me culpen y le agravien. ¡Plegue á Dios, señor Don Pedro, Que él me destruya y me falte, Si á aquel hombre ví en mi vida, Sino hoy, que pudo entrarse Aquí tras una mujer, A quien siguió desde el Parque, Y vióme á mí! ¿Mas por qué Lo digo ¡ay Dios! si escucharme No puede Don Juan, y doy Satisfacciones al aire?

D. PED.

Quedad, señora, con Dios; Que por si vuelve á buscarme A mi casa, vuelvo á ella. ¿Qué mandais?

D.ª ANA.

No es bien que os mande, Que os ruegue sí, que volvais A la mañana á contarme Lo que hubiere sucedido.

D. PED.

Quedad con Dios.

_(Vase.)_

D.ª ANA.

Él os guarde.— Lucía, cierra esas puertas, Y entra despues á acostarme; Que he de madrugar mañana, Porque he de salir al Parque A hacer una diligencia.— ¡Oh si á este vivo cadáver Hoy ese lecho de pluma Sepulcro fuera de jaspe!

_(Vase.)_

ESCENA IV.

DON JUAN, _al paño_; ARCEO, DOÑA LUCÍA.

D. JUAN.

_(Ap.)_ ¿Al Parque mañana? ¡Ay cielos! No estos desengaños basten: Vuelvan atras mis desdichas, Pues pasa el riesgo adelante.

ARCEO.

De todos estos enredos, De todos estos debates, Vos teneis, Doña Lucía, La culpa, pues vos contasteis A vuestra ama que en mi casa Estaba Don Juan.

D.ª LUC.

De tales Sucesos, quien me lo dijo A mí, tiene mayor parte; Que ya sabe quien me cuenta A mí el suceso que sabe, Que es decirme que lo diga El decirme que lo calle.

ARCEO.

Eres tan dueña, que puedes Servir desde aquí adelante De molde de vaciar dueñas.

D.ª LUC.

Tú escudero vergonzante.

ARCEO.

Eres dueña.

D.ª LUC.

Tú eres loco.

ARCEO.

Eres dueña.

D.ª LUC.

Tú un bergante.

ARCEO.

Eres dueña.

D.ª LUC.

Tú un bufon.

ARCEO.

Eres dueña.

D.ª LUC.

Tú un infame.

ARCEO.

Eres dueña.

D.ª LUC.

Tú un bribon.

ARCEO.

Item más, dueña; y no trates De desquitarte, porque No has de poder desquitarte.

D.ª LUC.

¿Cómo no? Eres un...

ARCEO.

Dí, dí.

D.ª LUC.

Mal poeta.

ARCEO.

¡Tate, tate! ¿Poeta, dijiste? Adios, dueña; Que ya quedamos iguales.

D.ª LUC.

¿Desa manera te vas?

ARCEO.

Pues ¿qué quieres?

D.ª LUC.

Que te aguardes Aquí, miéntras que mi ama Acaba de desnudarse, Y volveré á hablar contigo Un rato.

ARCEO.

Aquí espero.

_(Vase Doña Lucía, llevándose la luz.)_

ESCENA V.

DON JUAN, _al paño_; ARCEO.

ARCEO.

Madres Las que á los hijos parísteis Para nocturnos amantes De viejas, mirad en mí Las desdichas á que nacen. Esperando una estantigua Estoy, confuso y cobarde, Aquí donde mis suspiros Pueblan estas soledades.

_(Sale Don Juan del cuarto en que estaba.)_

D. JUAN.

_(Ap.)_ Ahora, desconfianzas, Es tiempo de aconsejarme, Si esto que pasa por mí Son mentiras ó verdades. El recatarme me importa De Doña Ana: ella no sabe Que la escucho, y en suspiros Que mal pronunciados salen Desde el corazon al labio, Me ha dado ciertas señales De que mi desdicha llora, De que siente mis pesares. Estos criados no pueden Engañarse ni engañarme, Puesto que Arceo á Lucía La contó cómo ocultarme Pude en casa de Don Pedro, Y ella á Doña Ana: bastante Desengaño de que fué Entónces ella á buscarme. Mas ¡ay de mí! si es aquesto Como dicen señas tales, ¿Don Hipólito á qué efecto Dijo que á él iba á buscarle? ¿O qué mujer es aquesta? Y en fin, ¿para qué ir al Parque Mañana quiere Doña Ana, Para que á mí no me falte Cuidado? ¡Pues vive Dios, Que tengo de averiguarle! Si aquí estoy, es imposible Que disimule y que calle; E imposible, si me ven, De que la ida del Parque Averigüe: luego irme Será lo más importante. Este criado á Lucía Espera: miéntras no sale, Pues no ha cerrado la puerta, Salir pretendo á la calle, Por seguirla donde fuere. Que me prendan ó me maten, Todo, todo importa ménos Que no que me desengañe.

ARCEO.

Ya siento pasos.—Lucía, Seas bien venida, dame Los brazos.

_(Abraza á Don Juan.)_

¡Barbada vienes! ¿Quién es?

D. JUAN.

Callad, que no es nadie.

ARCEO.

¿Cómo no es nadie? Yo soy Tan cortés y tan galante, Que ántes crêré que sois muchos. ¡Ay, ay!

D. JUAN.

¡Vive Dios, que os mate, Si no callais!

ESCENA VI.

DOÑA ANA, DOÑA LUCÍA. — DON JUAN, ARCEO.

D.ª ANA.

_(Dentro.)_ ¿Que rüido Es aquél?

_(Sale Doña Lucía á oscuras y encuentra con Don Juan.)_

D.ª LUC.

_(Bajo á Don Juan.)_ ¡Eres notable! ¿Es posible que tu miedo Tan grandes extremos hace, Que des voces? Salte presto, Para que aquí no te hallen. Vénte tras mí.

D. JUAN.

(_Bajo á ella._ Vamos.) (_Ap._ ¡Cielos! Hasta que me desengañe He de callar; que esta es Propia condicion de amantes.)

_(Vanse Doña Lucía y Don Juan, que al entrarse, encuentra con Arceo.)_

ARCEO.

¿Otro diablo? ¡Vive Dios, Que tienen aquestos lances Cosas de la Dama Duende!

ESCENA VII.

DOÑA ANA, _medio desnuda, con luz_. — ARCEO; _despues_, DOÑA LUCÍA.

D.ª ANA.

¡Hola! ¿No responde nadie? Mas ¡ay de mí!

ARCEO.

_(Ap.)_ Yo me embozo, Por ver si puedo excusarme De que me conozcan.

_(Sale Doña Lucía.)_

D.ª LUC.

_(Ap.)_ Ya No hay peligro que me espante, Pues ya en la calle está Arceo. ¿Mas no es el que está delante? ¿Quién era, si él está aquí, El que yo puse en la calle?

ARCEO.

_(Ap.)_ ¡Aquí muero!

D.ª ANA.

Caballero, Que, recatado el semblante, La noble clausura rompes Destos sagrados umbrales, Si necesidad acaso Te ha obligado á extremos tales, De mis joyas y vestidos Francas te daré las llaves: Ceba tu hidrópica sed En sus telas y diamantes. Pero si, más codicioso De honor que de hacienda, haces Estos extremos, te ruego (Estoy muerta) que no trates Con tal desprecio (¡ay de mí!) El honor (estoy cobarde) De una mujer infelice, Sujeta á desdichas tales. Porque si para mi afrenta A aqueste cuarto llegaste, Vive Dios, que ántes que intentes Hablarme palabra, y ántes Que ofenda al dueño que adoro, Yo con mis manos me mate; Porque si lágrimas solas No enternecen un diamante, Rompiéndome el pecho yo, Le sabré labrar con sangre.

ARCEO.

No labraréis, si yo puedo; Que fuera mucho desaire Ser pelícana una dama, Y ser labradora un ángel. Grandes casos de fortuna A vuestra casa me traen. No á hacer mella en vuestras joyas, Ni á vuestra opinion ultraje. Y porque os asegureis De mi término galante, Segura quedais de mí. A Dios, señora, que os guarde.

_(Vase.)_

D.ª LUC.

¡Qué miro!

D.ª ANA.

¿Fuése ya?

D.ª LUC.

Sí.

D.ª ANA.

Echa á esa puerta la llave; Y pues ya la blanca aurora Venciendo las sombras sale, No me quiero desnudar. ¡Ay, Don Juan, si esto mirases!... ¿Quién de que no es culpa mia Pudiera desengañarte?

_(Vanse.)_

* * * * *

El Parque.

ESCENA VIII.

DOÑA CLARA É INÉS, _en el traje corto, como primero_.

INÉS.

¿Al Parque vuelves?

D.ª CLAR.

Rendida, Sin ley, razon ni sentido, Donde la vida he perdido, Vuelvo, Inés, á hallar la vida.

INÉS.

Bastante está lo sentido, Y si yo no me he engañado, Toda la gloria ha parado En que has, señora, advertido De ayer el raro suceso.

D.ª CLAR.