Teatro selecto, tomo 3 de 4

Part 15

Chapter 154,074 wordsPublic domain

¿Y el galan?

D. PED.

Es un hombre De buena opinion y nombre: Don Hipólito se llama. Y, esto para otro lugar, Vos, ¿qué habeis hecho?

D. JUAN.

Sentir, Desesperarme, morir, Sin poderlo remediar. Decid, ¿qué traza daremos Para que logre mi fe Ver á Doña Ana?

D. PED.

No sé; Que no hay verla. Mas pensemos Si habrá por dónde.

ESCENA XVII.

ARCEO. — DON JUAN, DON PEDRO.

ARCEO.

Señor, Don Hipólito, un tu amigo, Te busca ahí fuera. Testigo No puede venir peor, Que él dirá cuanto supiere.

D. JUAN.

Por lo que puede pasar, Presente tengo de estar A cuanto aquí sucediere, A vuestro lado.

D. PED.

No es justo Que os vea: á vuestro aposento Os retirad.

D. JUAN.

Mucho siento...

D. PED.

Don Juan, hacedme este gusto.

_(Retíranse Don Juan y Arceo.)_

ESCENA XVIII.

DON HIPÓLITO. — DON PEDRO; _despues_ DON JUAN Y ARCEO.

D. HIPÓL.

¿Qué hay, Don Pedro? ¿Cómo estais?

D. PED.

A vuestro servicio. ¿Y vos?

D. HIPÓL.

Al vuestro.

D. PED.

Pues ¿qué mirais?

D. HIPÓL.

Si hay aquí más que los dos.

D. PED.

No. ¿Qué quereis?

D. HIPÓL.

Que me oigais. Esta mañana salí A ese verde hermoso sitio, A esa divina maleza, A ese ameno paraíso, A ese Parque, rica alfombra Del más supremo edificio, Dosel del cuarto planeta, Con privilegios de quinto, Esfera en fin de los rayos De Isabel y de Filipo; Desde cuyo heroico asiento, Siempre bella, siempre invicto Están, católicas luces, Dando resplandor al indio, Siendo en el jardin del aire Ramilletes fugitivos.

D. PED.

_(Ap.)_ ¿En qué parará el venir A contar lo que yo he visto?

_(Salen Don Juan y Arceo al paño.)_

D. JUAN.

_(Ap.)_ Sin duda sabe que allí Hoy á su dama ha seguido, Y viene quejoso dél. De todo estaré advertido.

D. HIPÓL.

De cuantas al alba dieron Envidia, en varios corrillos Tejiendo corros sin órden, Dando vueltas sin aviso, Una embozada hermosura Tal ventaja á todas hizo, Que oscureció con su sombra Las demas luces. Yo he visto Salir al campo á traer rosas De sus jardines floridos, Pero á dejar rosas, no, Sino hoy, que al desperdicio De un pié debió el campo cuantas Fueron al contacto activo, Quedando blancos jazmines, Quedando marchitos lirios. Bajaba por una cuesta Una mujer (¡qué mal digo!), Un encanto, sí, embozado, Disfrazado, sí, un hechizo. El sutil manto en celajes, Ya oscuros y ya distintos, O negaba ó concedia El rostro. ¿Cuándo ha salido Más hermosa el alba, cuándo Se mostró el sol más lucido, Que cuando el alba entre sombras, Que cuando el sol entre visos Da recateada la luz, Y anda dudoso el sentido, Haciendo apuesta entre sí, Si lo ha visto ó no lo ha visto?

D. PED.

_(Ap.)_ Todo esto vendrá á parar En que Doña Clara ha sido, Por venir á hablar en ella.

D. JUAN.

_(Ap.)_ ¡Oh qué cansados estilos!

D. HIPÓL.

Coronaba sobre el manto Los bien descuidados rizos Airoso un blanco sombrero, Por una parte prendido De un corchete de diamantes Sobre un penacho, que hizo Lisonja al aire, diciendo A sus halagos rendido: «Pues inclinada la frente, Sí á cuanto me dicen digo, Mejor que mi dueño, yo Sé obligarme de suspiros.» El talle era bien sacado, Y de buen gusto el vestido Más que rico; pero si era De buen gusto, ¿qué más rico? Dejo aquí, por no cansaros, Lo que en el Parque tuvimos, Y voy á que la seguí A su casa, que atrevido Entré en ella, que ví al sol Cara á cara, que rendido, Lo que ántes diera por verla, Diera por no haberla visto Despues; porque de sus rayos Mariposa mi albedrío, Entró enamorando el riesgo, Salió halagando el peligro. Esta pues mal lisonjeada Beldad... Turbado lo digo.

ARCEO.

_(Ap.)_ ¡Aquí es ello!

D. JUAN.

_(Ap. á Arceo.)_ Escucha.

D. PED.

_(Ap.)_ Ahora Se va á declarar conmigo.

D. HIPÓL.

Es una vecina vuestra. Esa pared sola ha sido La que su esfera divide; Y pues que, como vecino, Es fuerza...

D. JUAN.

_(Ap.)_ ¡Ay de mí! ¿Qué escucho?

D. PED.

_(Ap.)_ ¿Qué haré, si Don Juan lo ha oido?

D. HIPÓL.

Que sepais quién es, decidme Su nombre; porque atrevido Pienso adorar su belleza, Y para todo es arbitrio Entrar, Don Pedro, informado, Y más de tan buen amigo.

D. JUAN.

_(Ap. á Arceo.)_ Estaba por responderle Yo...

ARCEO.

Detente.

D. PED.

(_Ap._ ¿Quién se ha visto En igual duda? ¿Qué haré? Si es quién es, aquí le digo, Será alentar su esperanza; Si lo niego, es desvarío, Pues podrá saberlo de otro: Si el amor le significo De Don Juan, su honor ofendo. Mas queden con buen estilo Un amor desengañado, Un honor seguro y limpio Y atajados unos celos Con la verdad, sin peligro De no decir la verdad. Mucho haré si lo consigo.) Don Hipólito, pues ya Vuestra relacion he oido, Oidme á mí, y agradeced De que tan á los principios Os halle este desengaño. La dama que habeis seguido, Doña Ana de Lara es, Y más que por su apellido, Ilustre por su virtud; Que esa casa que habeis dicho, Es el templo de la fama. Paréceme desvarío Seguir este galanteo; Que os aseguro, os afirmo Que intentais un imposible.

D. HIPÓL.

Yo noticia os he pedido, No consejo; y pues la llevo, Quedad con Dios; que si altivo Muriere mi pensamiento, Osado y desvanecido De atrevimiento tan noble, ¿Qué más premio que el castigo?

_(Vase.)_

ESCENA XIX.

DON JUAN. — DON PEDRO.

D. JUAN.

Decidme ahora, Don Pedro, Que el sol apénas ha visto En esta ausencia á Doña Ana. Mas direis bien, si ha salido De su casa ántes que el sol, A ser del Parque prodigio.

D. PED.

No sé qué os diga.

D. JUAN.

Yo sí.

D. PED.

¿Qué?

D. JUAN.

Que huyamos el peligro. Ya la he perdido dos veces, Ya verla ni hablarla estimo. Haced que me busquen postas; Que esta noche (¡ah cielo impío!) He de volver de una vez La espalda.

D. PED.

Mirad...

D. JUAN.

Ya miro Que en mi presencia hallo á otro En su casa (¡estoy sin juicio!), Y que en mi ausencia despues Sale (con razon me aflijo) A ser vista (¡qué rigor!), De donde trae (¡qué martirio!) Nuevo amor. ¡Oh quién quitara Del año este mes florido! Mas no tiene la culpa él; Yo sí, que una sombra sigo, Yo sí, que un áspid adoro, Yo sí, que amo un basilisco. Mañanas de Abril y Mayo, Noches para mí habeis sido.

JORNADA SEGUNDA.

Sala en casa de Doña Clara.

ESCENA PRIMERA.

DOÑA CLARA, _afligida_; INÉS.

INÉS.

¡Tú triste, tú pensativa, Melancólica y suspensa, Tan bien perdida, y tan mal Hallada contigo mesma! ¿Dónde, señora, está el brío, El buen gusto, la belleza Y el despejo?

D.ª CLAR.

No lo sé, Y no es mucho (¡ay Dios!) que, necia, Pues que no sé de mi vida, De mis acciones no sepa. ¿Quién crêrá de mí (¡ay de mí!) Que yo llore y que yo sienta Desaires de un hombre? Yo, Que tan altiva y soberbia Me llamé la vengadora De las mujeres, ¡sujeta Tanto á un desaire me veo!

INÉS.

Yo no sé qué razon tengas Para tanto sentimiento; Pues si bien se considera, Él te siguió á tí, y tú fuiste La causa de la fineza. Luego si estás ofendida Y obligada tambien, sea Tu mal consuelo de otro, Supuesto que representas, Despreciada y pretendida, La celosa de tí mesma. Ya fué el cuidado por tí, Pues por tí en la casa entra De la otra; y si se halla Tan empeñado con ella, ¿Cómo se puede excusar De andar galan? Considera Que si has de olvidar á un hombre Porque á una hable y á otra vea, No hay que querer á ninguno; Que maldito de Dios sea, Señora, el que hay que no diga Lo mismo á cuantas encuentra.

D.ª CLAR.

Con todo eso, ya llegué (Confieso que anduve necia) A darme por entendida Deste agravio con mis penas, Y me tengo de vengar.

INÉS.

¿De qué suerte?

D.ª CLAR.

Escucha atenta. Un papel le he de escribir (Disfrazándole mi letra, Y escribiéndomele tú) En nombre de la encubierta Dama, diciéndole en él Cuán obligada me deja Su cortesía, y que quiero Hablarle á solas, que tenga Una silla prevenida, Y una casa donde pueda Verle esta tarde. Él, muy vano, Creido de su soberbia, Pensará que tiene lance, Y para que no le tenga, Iré yo, y será buen paso Lo que hará cuando me vea.

INÉS.

¿Y qué consigues con eso?

D.ª CLAR.

Dos cosas: es la primera Burlarme dél; la segunda Desengañarle, y que sepa Que fuí la tapada yo. Porque no se desvanezca Presumiendo que la otra Le dió ocasion de que fuera Tras ella, y su galanteo Prosiga.

INÉS.

Esta diligencia ¿No pudiera hacerse en casa?

D.ª CLAR.

Con venganza no pudiera.

INÉS.

No sé si aciertas en eso.

D.ª CLAR.

¿Cómo?

INÉS.

Yo te lo dijera, Si él y aquel Don Luis no entraran.

D.ª CLAR.

Pues disimula: no entiendan, Hasta este lance, que fuimos Las tapadas.

ESCENA II.

DON HIPÓLITO, DON LUIS. — DOÑA CLARA, INÉS.

D. HIPÓL.

Considera, Don Luis, que importa sacarme Presto de aquí.

D. LUIS.

_(Ap. á él.)_ Sí haré.

D.ª CLAR.

¿Era, Señor Don Hipólito, hora De veros? ¡Tan larga ausencia! Desde ayer no me habeis visto.

D. HIPÓL.

Sólo pudiera esa queja Hacer mi ausencia feliz; Que es sutil estratagema De amor, que una pena misma Hacerse lisonja sepa. Mas no vine esta mañana, Presumiendo que estuvieras En el Parque, como anoche Dijiste.

D.ª CLAR.

Deten la lengua; Pues si anoche me dijiste Que de casa no saliera, ¿Habia de salir de casa? ¡Jesus! de mí no se crea Tal desenvoltura, tal Liviandad de mi obediencia.

D. LUIS.

Harto le encarezco yo A Don Hipólito esa Verdad, y cuán obligado Debe estar desa fineza; Y áun él la conoce bien, Pues la paga con la mesma.

D.ª CLAR.

¿Luego él al Parque no fué?

D. HIPÓL.

¡Jesus! ¿Pues tal de mí piensas, Sabiendo que para mí No hay, Clara, holgura ni fiesta Donde tú no estás?

D.ª CLAR.

Y yo Lo creo como si lo viera; Pues si tú hubieras estado Hoy en el Parque, hoy hubiera Estado en el Parque yo, Claro está, y es cosa cierta; Pues si yo en tu pecho vivo, Y tú en el pecho me llevas, Contigo hubiera yo estado Disfrazada y encubierta.

D. HIPÓL.

_(Ap.)_ ¡Qué fácil es engañar A la mujer más discreta!

D.ª CLAR.

_(Ap.)_ ¿Que sea bobo el más bellaco De los hombres?

INÉS.

_(Ap.)_ Hombres y hembras Así unos á otros se engañan, Cuando que se quieren piensan.

_(Hace señas Don Luis á Don Hipólito.)_

D. LUIS.

Aunque es el primer precepto De amor no estorbar, licencia Me dareis para que os diga Que unos amigos me esperan, Donde es preciso llevar A Don Hipólito. Esta Ausencia os deba el ser yo Tan vuestro criado.

D.ª CLAR.

Cesa, Don Luis; que no es esta sala Donde hablar la parte es fuerza Por procurador. Si él quiere Hablar, hable, y no por señas.— Id, Don Hipólito, adios; Que esta casa es siempre vuestra Para iros y para estaros, Pues siempre de la manera Que abierta para que entreis, Para que os vais está abierta.— Pon esos hombres, Inés, En la calle, y luego cierra Las puertas.

D. HIPÓL.

Escucha.

D.ª CLAR.

¿Yo Escucharte?

D. LUIS.

Considera Que si yo tuve la culpa, No ha de tener él la pena.

D.ª CLAR.

Yo no me enojo con él Ni con vos: doy la licencia Que me pedís. (_Ap._ Mucho hago En no declarar mis quejas, Porque estoy muy enfadada En verlos hablar por señas.)

_(Vanse Doña Clara é Inés.)_

ESCENA III.

DON HIPÓLITO, DON LUIS.

D. HIPÓL.

¿Qué os parece, Don Luis, Deste amor, desta fineza?

D. LUIS.

Que vos habeis reducido A precepto y obediencia La condicion más rebelde De una mujer. ¿Quién creyera Que Doña Clara llegara Nunca á verse tan sujeta, Que no saliera de casa, Por decir que no saliera? En fin, vos lo rendís todo.

D. HIPÓL.

Yo tengo notable estrella Con mujeres.

D. LUIS.

Bien se ve, Pues habeis triunfado desta. Pero decidme, ¿á qué efecto Ha sido toda la priesa De que salgamos de aquí?

D. HIPÓL.

¿Tan mal mi dolor lo muestra, Que há menester explicarlo Más que el efecto la lengua? ¿No os dije que la tapada Ví en su casa descubierta, Donde, porque entrara yo, Os quedasteis á la puerta? ¿No os dije como la hablé, Y que es entendida y bella, Sin que subsidios de hermosa Den excusados de necia? ¿No os dije como informado De Don Pedro, dijo que era Rica y noble?

D. LUIS.

Sí.

D. HIPÓL.

¿Pues cómo Dudais dónde voy? ¿No es fuerza Que vaya á estarme en su calle, (No digo bien) en la esfera Luciente del mejor sol, A cuya dulce violencia Arde abrasada la pluma Y derretida la cera?

D. LUIS.

¿No creeis al desengaño De decir Don Pedro que era La pretension imposible Por su virtud y sus prendas?

D. HIPÓL.

Si es esa otra parte más Para ser amada, esa Es hoy la que más me anima, Es hoy la que más me alienta.

D. LUIS.

Pues ¿y la comodidad?

D. HIPÓL.

Pues ¿no es comodidad esta, Si es rica, noble y hermosa, De buena opinion y honesta, Y puedo dentro de un mes Estar casado con ella?

_(Vanse.)_

* * * * *

Calle en que están las casas de Doña Ana y Don Pedro.

ESCENA IV.

INÉS, _con manto; despues_, DON HIPÓLITO Y DON LUIS.

INÉS.

Apriesa escribió mi ama El papel, y más apriesa Yo tras ellos me he venido, Y cogiéndoles las vueltas, Hasta la calle he llegado De la madama... y áun esta Es su casa: allí se paran. Yo no quiero que me vean Tras ellos, porque no echen De ver que los seguí: sea Otra vez, de mi delito, Sagrado su casa mesma.

_(Entra en el portal de Doña Ana. Aparece en la calle Don Hipólito y Don Luis.)_

D. HIPÓL.

Esta es la calle feliz... ¿Pero quién dudar pudiera Que habia de vivir Flora En la calle de las Huertas? Este es el balcon por donde, En tornasoles envuelta, Sale el alba á todas horas, De jazmines y azucenas Coronada, pues el dia En sus umbrales despierta.

INÉS.

_(Ap. Saliendo del portal.)_ Ya de que los he seguido, Desmentida la sospecha Está: daréle el papel Como mi ama lo ordena. Vuelvo á penar en lo mudo.

D. LUIS.

Una mujer encubierta Ha salido de su casa.

D. HIPÓL.

Y hácia nosotros se acerca.

D. LUIS.

De las dos debe de ser, Pues que vuelve á hablar por señas.

D. HIPÓL.

Estas mujeres sin duda En casa el hablar se dejan Cuando salen della, pues Sólo hablan dentro della.— ¿Es á mí? ¿Sí? Pues ya estoy _(A Inés.)_ Aquí: ¿qué quieres? Espera, Mujer.

_(Da Inés un papel á Don Hipólito, y vase.)_

ESCENA V.

DON HIPÓLITO, DON LUIS.

D. LUIS.

Aquello es decir Que no la sigais.

D. HIPÓL.

Ligera Volvió la espalda, avisando Que calle, y el papel lea. _(Lee.)_ _El mayor argumento de la nobleza fué siempre la cortesía. La vuestra me asegura la verdad de todo; y así os he menester para fiar de vos un secreto. Tened una silla para luego en San Sebastian, y una casa donde pueda hablaros. Dios os guarde._—LA DAMA MUDA. ¿Qué decís deste papel? Decid ahora que crea A Don Pedro, y que desista De la pretension.

D. LUIS.

Empresa Notable seguís.

D. HIPÓL.

¿No os digo Que yo tengo linda estrella Con mujeres?

D. LUIS.

¿Y qué habeis De hacer?

D. HIPÓL.

Todo cuanto ordena. Y así entre los dos partamos Ahora las diligencias; Que este es oficio de amigo. Id, Don Luis, por vida vuestra, Pues venimos sin cuidado, Por la silla, y esté puesta Al punto en San Sebastian, Como dice. Y cuando venga, Le direis que por no dar De aquesto á un criado cuenta, Os la dí á vos, porque hagamos La necesidad fineza; Que yo os espero en mi casa.

D. LUIS.

¿Y si Doña Clara acierta A ir allá?

D. HIPÓL.

Habeis reparado Bien; que gran disgusto fuera Que ella llegara á saberlo. ¿Qué haremos?

D. LUIS.

Pues que es tan cerca La casa deste Don Pedro, Mejor es llevarla á ella.

D. HIPÓL.

Es verdad; prevenid vos La silla, por vida vuestra, Miéntras prevengo la casa.

D. LUIS.

Oid: de la suya mesma Otras dos salen.

D. HIPÓL.

Mirad Si lo han tomado de véras. No malogremos la dicha. Vámonos sin que nos vean; Que estando aquí, podrá ser Que ir á otra parte no quieran.

D. LUIS.

Voy á prevenir la silla.

_(Vanse.)_

ESCENA VI.

PERNÍA, DOÑA ANA, DOÑA LUCÍA.

D.ª LUC.

¿Qué es, señora, lo que intentas? ¿En este traje, de casa Sales?

D.ª ANA.

A esto amor me fuerza. En la casa de Don Pedro He de entrar, ya estoy resuelta, Hasta saber si Don Juan En ella se oculta ó cierra.

D.ª LUC.

Pues ¿dónde vas? Esta es La casa.

D.ª ANA.

¿No eres más necia? Pasa de largo, porque Deslumbremos las sospechas, Si acaso me ha visto alguno Salir de casa; no entienda Que á esotra voy.—¡Ay Don Juan! ¡Ay, amor, lo que me cuestas!

_(Vanse.)_

* * * * *

Sala en casa de Don Pedro.

ESCENA VII.

DON JUAN, DON PEDRO.

D. PED.

Notable sois, por cierto.

D. JUAN.

¿No lo he de ser, Don Pedro, si estoy muerto De celos y de agravios, Las manos sin accion, la voz sin labios?

D. PED.

Si yo de vuestros celos Hoy traigo averiguados los recelos Y deshecho el engaño, ¿Qué os quejais?

D. JUAN.

Para mí no hay desengaño.

D. PED.

Pues yo puedo deciros Que solo por serviros, Ahora cauteloso Y con vuestro poder, Don Juan, celoso, De uno y otro criado En casa de Doña Ana me he informado Si salió esta mañana Al Parque, y dicen todos que Doña Ana Sólo á misa ha salido En su coche á las once, y nadie ha habido Que lo contrario diga.

D. JUAN.

¿Pues quién á Don Hipólito le obliga, Don Pedro, á haber mentido?

D. PED.

Asegurad vos bien vuestro partido; Pero no averigüeis tan neciamente, Puesto que mienta el otro, por qué miente.

D. JUAN.

¿Quereis ver cuán atento Estoy á mi dolor y mi tormento? Pues con creer el daño como daño, Me ha sosegado en parte el desengaño. Y así, aunque no queria Ver á Doña Ana, al espirar el dia Verla y hablarla quiero Y decir, ya que muero, por qué muero, Quejándome de todo.

D. PED.

Pues yo os diré, ya que así estais, el modo Que me parece que hay de prevenilla. Vos habeis de escribilla Un papel que ha de darle ese criado... —Mas luego lo diré, porque han llamado.

ESCENA VIII.

ARCEO. — DON JUAN, DON PEDRO.

ARCEO.

Hasta aquí Don Hipólito se entra.

D. PED.

Ya veis lo que perdeis si aquí os encuentra. Yo saldré á recibille.

D. JUAN.

Eso no, porque yo tengo de oille.

D. PED.

Pues ¿no os fiais de mí?

D. JUAN.

Yo sí me fío; Mas es desconfiado el amor mio.

D. PED.

Yo estoy tan satisfecho Del honor de Doña Ana, que sospecho Que viene á retractarse; Y así muy poco llega á aventurarse. Retiraos.

D. JUAN.

Piedad ¡cielos! Escuche dichas quien escucha celos.

_(Retírase.)_

ESCENA IX.

DON HIPÓLITO. — DON PEDRO, ARCEO; DON JUAN, _en su cuarto_.

D. HIPÓL.

Don Pedro, siempre vengo A vos, ó con el mal ó el bien que tengo. Ya que de vos me fío, Amparadme, pues sois amigo mio. Doña Ana...

D. PED.

(_Ap._ ¿Hay semejante Confusion?) No paseis más adelante: No teneis que decirme Que á vuestra pretension constante y firme Está, que yo lo creo, como es justo.

D. HIPÓL.

Léjos dais de mi dicha y de mi gusto; Que es lo contrario lo que hablaros quiero.

D. PED.

_(Ap.)_ ¡Cielos! ¡qué es esto!

D. JUAN.

_(Ap. al paño.)_ Hasta escucharle espero.

D. PED.

_(Ap.)_ ¿Qué he de hacer? Porque temo Que pase este negocio á más extremo.

D. HIPÓL.

Doña Ana, en fin...

D. JUAN.

_(Ap.)_ ¿Quién mi desdicha ignora?

D. PED.

Esperad un instante.

_(Cierra la puerta del aposento donde está Don Juan.)_

Hablad ahora.

D. HIPÓL.

¿Por qué cerrais?

D. PED.

No quiero que esa puerta, Cuando fuera me voy, se quede abierta. (_Ap._ Con esto he asegurado Aquí, de dos cuidados, un cuidado. Celos y riesgo le han buscado: ¡cielos! Estorbe el riesgo, ya que no los celos.)

D. HIPÓL.

Doña Ana pues, este papel me escribe. Que busque donde hablarla me apercibe Y pues mi dicha pasa Tan adelante, dadme vuestra casa, Adonde pueda vella: Tapada vendrá á ella. Yo he menester á Arceo Que se venga conmigo; que deseo Miéntras llega, advertido, Tener algun regalo prevenido. Y pues que la respuesta Ha de ser ayudar dicha como esta, Quedad con Dios; que con el bien que toco, Loco debo de estar, si no voy loco.

D. PED.

Oid, mirad.

D. HIPÓL.

No me deja mi deseo, Ni lo espereis; que me llevo á Arceo.

_(Vase con Arceo.)_

D. PED.

¿Qué haré de dos amigos empeñado, Si uno me busca, y otro está encerrado, Y ambos de mí se fían? Triste llego A abrir las puertas, y en las dudas ciego.

_(Abre.)_

ESCENA X.

DON JUAN, _que sale de donde estaba_. — DON PEDRO.

D. PED.

Don Juan, viendo que aquí (¡confusion brava!) Una desdicha y otra acá os buscaba En deshecha fortuna, Quise de dos embarazar la una, Y porque no saliérades restado, Ya que celoso...

D. JUAN.

Todo fué excusado; Que oyendo lo que oí, aunque estuviera, Abierto, no saliera; Pues á tal desengaño, cosa es clara Que esperara hasta verle cara á cara: Necedad en el mundo introducida, Solicitar lo que quitó la vida.

D. PED.

Esa ahora es mi duda; Yo no sé como á tanto empeño acuda. Don Hipólito (¡ay cielos!) este dia De mí su gusto y vuestra pena fía. Mi obligacion en vuestras manos dejo. ¿Qué hiciérades? ¡Ay Dios! Dadme consejo.

D. JUAN.

Yo no sé lo que hiciera, Si vos, Don Pedro, fuera, En un caso tan nuevo; Mas siendo yo, bien sé lo que hacer debo; Que es, aunque el alma en celos se me abrasa, El respeto guardar á vuestra casa. Mas fuera della le daré la muerte, Ya que el duelo de amor es ley tan fuerte, Que dispone severa Que ofenda la mujer, y el hombre muera.

D. PED.

Vos no habeis de salir de aquí.

D. JUAN.

Es en vano, Que he de salir.

D. PED.

Vuestro peligro es llano.

D. JUAN.

Y esotro ¿no lo es? ¿Quereis que vea Hoy mis desdichas yo? Pues así sea. Que aquí me estaré, digo, Y que de mi dolor seré testigo. Venga Doña Ana, de otro enamorada, Y... Mucho iba á decir; no digo nada.

D. PED.

Eso tampoco es justo.

D. JUAN.

Pues ni irme ni quedarme no os da gusto, (¡Estoy perdido y loco!) ¿Qué quereis?

D. PED.

No lo sé.

D. JUAN.

Ni yo tampoco.

D. PED.

Sólo deciros quiero Que, aunque como desdichas las espero, Estoy tan confiado Del honor de Doña Ana, que he pensado Que este se desvanece, O que su amor algun error padece.

D. JUAN.

Confianza tan vana ¿De qué os nace?

D. PED.

De ser quien es Doña Ana, Que es mujer principal.

D. JUAN.

Necio anduvisteis, Si ántes que _principal_, _mujer_ dijisteis, Y ved si engaño habrá, que ya han entrado Dos mujeres.

D. PED.

Yo estoy desesperado, Pues consultando extremos, Tratando mucho, nada resolvemos, Y ya el lance llegó. No sé qué hacerme. Escondeos.

D. JUAN.

Yo no tengo de esconderme.

D. PED.

¿Pues quereis que aquí os vean?

D. JUAN.

¿Habrá desdichas que mayores sean?

D. PED.

Haced esto por mí, hasta que sepamos La verdad, y despues los dos muramos En la defensa del agravio vuestro.

D. JUAN.

Mi amistad así os muestro; Pero con condicion (¡desdicha grave!) Que á aquesta puerta he de quitar la llave, Y ha de estar siempre abierta.

_(Vase.)_

ESCENA XI.

DOÑA ANA, DOÑA LUCÍA Y PERNÍA. — DON PEDRO; DON JUAN, _en su cuarto_.

D.ª LUC.

Oye, Pernía, quédese á la puerta.

_(Vase Pernía.)_

D.ª ANA.

Señor Don Pedro Giron, Muy admirado estareis De ver hoy en vuestra casa Entrarse así una mujer. Galan y discreto sois, Y como todo, sabeis Que extremos de amor obligan A más extremos; y pues De alguno se han de fiar, ¿De quién, Don Pedro, de quién Mejor que de vos, que sois Noble, entendido y cortés? _(Descúbrese.)_

D. PED.

_(Ap.)_ Ya no me queda esperanza: Doña Ana, vive Dios, es.

D. JUAN.