Part 14
Como la muerte no temo: Así no guardo la vida; Que ya, de tratarlas, tengo Con la compañía perdido A mis desdichas el miedo. Ya sabeis (como quien fué Por la vecindad, tercero De mi desdichado amor) Aquel venturoso tiempo Que amé á Doña Ana de Lara, Cuyo divino sujeto Se coronó de hermosura, Se laureó de entendimiento. Ufano con mi esperanza, Y con su favor soberbio, Viví. En esto no me alabo, Antes me desluzco en esto; Que en materias de favores Es tan desdichado el premio. Que es el que los goza más, El que los merece ménos. Ya sabeis que viento en popa Este amor, este deseo, En el mar de la fortuna Tuvo de su parte al cielo, Hasta que, alterado el mar, El bajel del pensamiento En piélagos de desdichas Corrió tormenta de celos. Una noche... Ciegamente Lo que vos sabeis os cuento; Pero dejad que lo diga, Ya que es el pesar tan necio, Que repetirle el dolor Es repetirle el consuelo. Una noche pues salí De su casa yo, creyendo Que para mí solo estaba El falso postigo abierto De un jardin, cuando, llegando A abrirle (¡ay Dios!) por de dentro, Hácia la parte de afuera Torcer otra llave siento. Suspendo la accion, y á un lado Me retiro, por si puedo Mis celos averiguar, Si es que han menester los celos, Para estar averiguados, Más diligencia que serlo. Entreabrieron el postigo, Y á la poca luz que dieron Las estrellas en la calle, Entrar solo un hombre veo Que sin luz y sin razon, Andaba dos veces ciego. Bien le pudiera matar A mi salvo entónces; pero Quise apurar la malicia A mis desdichas, y quedo Me estuve un rato. ¡Mal haya Tan curioso sufrimiento! Él, tentando las paredes (Que no estaba, no, tan diestro Como yo en ellas, que habia Estudiádolas más tiempo), Llegó á tropezar en mí; Y desalumbrado, viendo Que habia gente en el portal, Dijo atrevido y resuelto: «No puede haber aquí nadie, Que matarlo ó conocerlo No me importe: otro no tenga Las dichas que yo no tengo». No sé qué le respondí, Y los dos con un esfuerzo Hasta la calle salimos, Donde los dos cuerpo á cuerpo Reñimos, hasta que igual Partió la fortuna el duelo Entre los dos (¡ay de mí!); Pues á quien me dió primero Celos, le dí yo la muerte, Como quien dice: «Hoy intento Que sea paz de nuestra lid, O morir, ó tener celos;» Y dándome lo peor, Quedé celoso, y él muerto. Al ruido de las espadas Llegó la justicia luégo, Y yo, apelando á los piés De la ejecucion que hicieron Las manos, me puse en salvo; Mas no tanto, que cogiendo Un criado, que esperaba Con un rocin en el puesto, No dijese á la justicia Quién era. Sólo por esto Son señores los señores, Que al fin se sirven de buenos. Con esta declaracion Me ausenté; mas no pudiendo Vivir ausente y celoso, Desta manera me he vuelto A Madrid, y confiado En vuestra amistad, me atrevo A venirme á vuestra casa; Y escarmentado en efecto De la lengua de un criado, Me he recatado del vuestro. Aquí estaré algunos dias, Sólo hasta saber si puedo Ver á Doña Ana, por quien Tantas desdichas padezco; Que aunque es verdad que ofendido Estoy, la estimo y la quiero Tanto, que sólo á quejarme Hoy á la corte me vuelvo, Por ver si acaso (¡ay de mí!) Se disculpa; que si llego (Hablándola alguna noche, Siendo vos sólo el tercero) A oir satisfaccion (que ántes Que ella la diga, la creo), Me iré á Flándes, consolado De que sus disculpas llevo, Que haciendo amistades, sean Camaradas de mis celos. Porque así estaré seguro, Que ni el pesar ni el contento Me maten: bien como aquel Que está herido de un veneno, Y otro veneno le cura; Que este es el último extremo De un hombre celoso, pues No puede, ni yo lo creo, Hacer de su parte más Que decir: «Quejoso vengo A creer cuanto digais; Y pues que vivir no puedo, Hacer que muera del gozo, Si he de morir del tormento.»
D. PED.
En dos empeños me pone La merced que me habeis hecho De valeros desta casa Y de mí, y es el primero El ampararos en ella; Y así cortésmente ofrezco Casa, hacienda, honor y vida, Don Juan, al servicio vuestro. El segundo es ayudaros En vuestro amor. Para esto Y para todo, es forzoso (Supuesto que él ha de veros) Fiaros dese criado; Que aunque ha poco que le tengo, Tengo dél satisfaccion. No hablo ahora en vuestro pleito; Que ya sabeis que un Don Luis De Medrano, que era deudo Del muerto, es quien se ha mostrado Parte.
D. JUAN.
Ya nos conocemos Los dos.
D. PED.
Pues esto dejado (Porque en efecto no quiero Hablaros en penas hoy), De Doña Ana lo que puedo Deciros es que ni el rostro La he visto desde el suceso Desa noche, ni en ventana, Ni en iglesia, ni en paseo De Prado y calle Mayor; Que es mucho para mí, siendo, Como soy, vecino suyo.
D. JUAN.
Fineza es, Don Pedro. Pero ¿Quién puede á mí asegurarme Que es por mí, y no por el muerto Ese luto que ha vestido Su hermosura?
D. PED.
Mas ¡qué presto A lo que le está peor Discurre el entendimiento!
D. JUAN.
¿Qué quereis? Es más honrado El mal que el bien.
D. PED.
No lo entiendo.
D. JUAN.
Yo sí, pues dudo del bien Cuanto dice, y del mal creo Cuanto imagina; y mirad Cuál es más honrado, puesto Que uno siempre está tratando Verdad, y otro está mintiendo. Pero lo que de la noche Restaba al nocturno velo Se ha desvanecido ya, De la hermosa luz huyendo Del sol. Recogeos, y haced Del dia noche.
D. PED.
No puedo, Porque tengo á aquestas horas Que hacer, y ántes agradezco Haberme hallado vestido.
D. JUAN.
Desvelado galanteo Teneis, pues os recogeis Tan tarde y volveis tan presto.
D. PED.
Ando por averiguar, Don Juan amigo, unos celos, Por dejar desengañada Una pretension que tengo; Y he de ir al Parque, porque Su apacible sitio ameno De las flores y las damas Es el cortesano imperio Estas _mañanas de Abril_ _Y Mayo_, y he de ir siguiendo Esta dama. Vos podeis Descansar en tanto.—Arceo.
ESCENA IV.
ARCEO. — DON JUAN, DON PEDRO.
ARCEO.
Señor.
D. PED.
Haz que luego al punto Se haga en aqueste aposento Una cama, y esto sea Con recato y con silencio; Que importa que nadie sepa Que al señor Don Juan tenemos En casa: y de tí lo fío Solamente.—Adios.
_(Vase.)_
ARCEO.
Tú has hecho Conmigo lo que se suele Con los galeotes; y es cierto, Pues dellos nada hay seguro Sino lo que se fía dellos.
D. JUAN.
Yo me recaté de vos, Arceo, hasta conoceros.
_(Vanse.)_
* * * * *
Calle.
ESCENA V.
DOÑA CLARA É INÉS, _con mantos y sombreros_.
INÉS.
¿En fin, has dado en que has de ir Al Parque?
D.ª CLAR.
¿Quieres saber Si puede dejar de ser, Inés? Pues has de advertir Que me ha dicho que no vaya A él Don Hipólito; y creo Que fué alentar mi deseo Para que más presto le haya; Pues si ayer, cuando me habló, Que viniera me dijera, Presumo que no viniera; Y sólo porque llegó A persuadirse que habia De obedecerle, me ha dado Tal gana, que he madrugado Dos horas ántes del dia.
INÉS.
No es en nosotras hoy nueva Esa culpa, ese pecado; Que pecar en lo vedado Es el patrimonio de Eva. Pero no sé lo que diga Deste amor, deste deseo De los dos, porque no creo Lo que á los dos os obliga. Don Hipólito es un hombre, Por loco y por maldiciente Conocido de la gente Más que por su propio nombre; Tú (perdona que lo diga), Mujer, en justo ó injusto Muy amiga de tu gusto, De tu libertad amiga. Él á todos quiso bien, Tú á todos quisiste mal: Díme, ¿amor tan desigual, Cómo ha de parar en bien?
D.ª CLAR.
Pensarás que me he enojado, Inés, por haberme dicho Su capricho y mi capricho, Y ántes gran gusto me has dado; Porque no hay para mí cosa Como hombres de extraños modos; Y que al fin me tengan todos Por vana y por caprichosa. ¡Qué! ¿quisieras que estuviera Muy firme yo y muy constante, Sujeta sólo á un amante, Que mil desaires me hiciera Porque se viera querido? Eso no: el que he de querer, Con sobresalto ha de ser, Miéntras que no es mi marido. Y así por dársele hoy A Don Hipólito, quiero Ir al Parque, donde espero, Porque disfrazada voy, Pasear, hablar, reir, Preguntar y responder, Ser vista en efecto y ver; Porque no se ha de admitir Al amante más fïel Por el gusto que ha de dar...
INÉS.
Pues ¿por qué?
D.ª CLAR.
Por el pesar Que yo le he de dar á él.
INÉS.
Y tienes mucha razon; Con lo cual hemos llegado A la calle, que fué prado, En virtud del azadon.
D.ª CLAR.
Pues bajemos por aquí A la de Álamos, que es Arrendajo del Pajés.
INÉS.
Parece que cantan.
D.ª CLAR.
Sí.
_(Cantan dentro.)_
_Mañanicas floridas_ _De Abril y Mayo,_ _Despertad á mi niña,_ _No duerma tanto._
* * * * *
Parque del palacio de Madrid.
ESCENA VI.
DON LUIS, DON HIPÓLITO.
D. LUIS.
Sólo haceros compañía, Don Hipólito, pudiera Vencer de mi pena fiera La grave melancolía.
D. HIPÓL.
Por divertiros yo á vos De vuestro primo en la muerte, Os traigo de aquesta suerte Al Parque, donde los dos Divirtamos la mañana.
D. LUIS.
Más hermoso el sol parece, Porque embozado amanece Entre nubes de oro y grana.
D. HIPÓL.
Desde aquí podemos ver La gente que va bajando. ¡Qué tierno va enamorando Don Sancho allí á la mujer De aquel letrado, su amigo!
D. LUIS.
Que es amistad, no se ignore, Porque otro no la enamore.
D. HIPÓL.
A un pleito está aquí, y yo digo Que parecer tomará De los dos, pues le conviene Verla á ella por el que tiene, Como á él por el que dará.
D. LUIS.
Maldiciente estais. ¿Que no Os reduzca yo?
D. HIPÓL.
Advertid Que no hay hombre hoy en Madrid De mejor lengua que yo. Aquella ¿no es Flora?
D. LUIS.
Sí.
D. HIPÓL.
Harto es que á fiesta de á pié Haya venido.
D. LUIS.
¿Por qué?
D. HIPÓL.
Porque en mi vida la ví Sino en coche. Por aquesta Fué por quien se ha presumido Que le dijo á su marido: «Con lo que la casa cuesta De alquiler, echemos coche.» Y volviéndola á decir: «¿Pues dónde hemos de vivir Y estar el dia y la noche?» Dijo: «Si el coche tuviera, Sin casa vivir podia, En el coche todo el dia, Y de noche en la cochera.»
D. LUIS.
Eso es como lo que pasa A Doña Clara de Ovalle; Pues viviendo hácia la calle, La sobra toda la casa.
D. HIPÓL.
Es verdad; y cierto dia, Cumpliendo el plazo, el casero Vino á pedirle el dinero De la casa en que vivia. Y ella dijo: «¿Hay tal traicion? ¿Esta desvergüenza pasa? Aunque yo alquilo la casa, No vivo sino el balcon.»
D. LUIS.
¡Qué diera porque os oyera!
D. HIPÓL.
Por eso no lo oirá, no; Que anoche la dije yo Que de casa no saliera.
ESCENA VII.
DOÑA CLARA, INÉS. — DON LUIS, DON HIPÓLITO.
D.ª CLAR.
Mejor mañana no ví En mi vida.
INÉS.
Ni yo, á fe. Pero tápate.
D.ª CLAR.
¿Por qué?
INÉS.
Don Hipólito está allí.
D. LUIS.
¿Habeis visto en vuestra vida Mujer más airosa?
D. HIPÓL.
No, Ni al Parque jamás salió Más aseada y bien prendida.
D. LUIS.
Pues la donada, por Dios, Que no es muy mala.
D. HIPÓL.
Embistamos Esta empresa, pues estamos En el campo dos á dos.
INÉS.
_(Ap. á su ama.)_ Don Hipólito y Don Luis Llegan á hablarnos.
D.ª CLAR.
Repara En que de ninguna suerte Respondas una palabra; Que no quiero que los dos Me conozcan.
INÉS.
Si tapadas Estamos, y en este traje, Que es en el que todas andan, ¿Cómo te han de conocer?
D.ª CLAR.
Si le respondo, en el habla; Que persuadirse que puede Estar segura una dama Solamente con taparse, Es bueno para la farsa, Mas no para sucedido.
D. HIPÓL.
_(A Doña Clara.)_ Señora Doña tapada, Que á honrar el festin alegre Que hoy la primavera traza En este verde salon (Donde vivas flores danzan Al són del agua en las piedras Y al són del viento en las ramas) De rebozo habeis venido, Dad licencia cortesana A un hombre para que os diga Que ha sido accion excusada Madrugar tanto, supuesto Que árbitro del sol y el alba Esa negra sutil nube Trae consigo la mañana; Y á cualquier hora que vos Descubriérades la llama, Amaneciera, y tuviera Luz el dia, aliento el aura. ¿No me respondeis? ¡Por señas Me hablais! No me desagrada. ¿Ni áun para pedir no hablais? ¿No? Pues sois la mejor dama Que he visto en toda mi vida. Albricias me pide el alma De que me ha deparado una Mujer que no pide, y calla.
D. LUIS.
_(A Inés.)_ ¿Y vos tambien profesais La religion cartujana? ¡Linda cosa! ¡Vive Dios, Que ha dos mil años que andaba Buscándôs! Mas que seais Tuerta, zurda, coja ó manca, Pedigüeña, melindrosa, Contrahecha, roma ó calva, Desde aquí por vos me muero.
D. HIPÓL.
_(A D.ª Clara.)_ Ya que me negais el habla, Como si hubiera reñido Con vos, mostradme la cara. ¿Ni eso tampoco? Mirad Que dais á entender que es mala. ¿Es verdad? Yo no lo dudo: Mas mujer tan extremada No ha menester perfeccion Mayor, que no hablar palabra. Mas si yo no entiendo mal, Eso es decir que me vaya. Pero veis aquí que yo No quiero entenderos nada; Que en mi vida he sido mudo, Y muy poco se me alcanza Desto de hablar por la mano. ¿Qué haceis? ¡Volverme la espalda! Arte de enseñar á hablar A los mudos, oye, aguarda.
_(Vanse las dos.)_
D. LUIS.
No ví mujer en mi vida De mejor gusto.
D. HIPÓL.
Su casa Sepamos; que vive el cielo, Que he de verla y he de hablarla Hoy en ella, hasta saber En qué este embeleco pára.
D. LUIS.
Sigámosla pues.
D. HIPÓL.
Sigamos; Que ya veis cuánto me arrastra Una mujer tramoyera, Pues el serlo sólo es causa De que á Doña Clara ame; Y aquesta, si no me engaña La pinta, lo es mucho más Que la misma Doña Clara.
_(Vanse.)_
* * * * *
Sala en casa de Doña Ana.
ESCENA VIII.
ARCEO, DOÑA LUCÍA.
D.ª LUC.
No me tienes que decir; Que no te has de disculpar De hacerme anoche esperar.
ARCEO.
No pude anoche venir, Vive Dios, Doña Lucía.
D.ª LUC.
Pues ¿qué tuviste que hacer?
ARCEO.
Si eso pudieras saber, Supieras que la fe mia Te trata verdad.
D.ª LUC.
¿Pues qué es, Que yo saberlo no puedo?
ARCEO.
No es nada.
D.ª LUC.
Ofendida quedo Dos veces de tí, porque No venir anoche á verme, Hoy venir y no fiarme Un secreto, es agraviarme, Arceo.
ARCEO.
No sé qué hacerme. ¡Eh! no haya secreto entero, Que eres dueña y soy criado. Anoche entró rebozado En mi casa un caballero, Por mi señor preguntando (Mas que has de callar advierte). Éste pues, por una muerte Ausente está, y aguardando A mi señor, me detuvo (Nadie en fin lo ha de saber), Pues hasta el amanecer Hablando con él estuvo. Luégo en casa se quedó, Donde dice que ha de estar (Mira que lo has de callar) Escondido, y sólo yo Lo sé; que en fin soy secreto. Don Juan de Guzman se llama. De la casa de una dama (Que esto no oí bien en efeto), Saliendo una noche, dió A un caballero la muerte. Y en fin está desta suerte Retirado, donde no Lo saben más que los dos. Y pues me fío de tí, Esto no salga de aquí. ¡Bendito sea mi Dios, Que salí deste cuidado!
D.ª LUC.
Y yo por él, darte quiero Los brazos.
_(Abrázale.)_
ARCEO.
Más bien espero.
ESCENA IX.
PERNÍA. — DOÑA LUCÍA, ARCEO.
PERNÍA.
_(Ap.)_ A muy mal tiempo he llegado. ¿Hay tan gran bellaquería?
ARCEO.
Pernía á los dos nos vió.
D.ª LUC.
Poco importa, porque no Es muy celoso Pernía. Mas véte de aquí.
ARCEO.
Sí haré, Y corriendo como un potro.
_(Vase.)_
PERNÍA.
Doña Lucía, si otro Entrara, como yo entré, ¡Estaba bueno el honor Desta casa! A mi señora He de contar cuanto ahora Pasa, pues de tu rigor Vengarme, ingrata, hoy espero. Hecho estoy un fuego, un rayo. ¿De cuándo acá así un lacayo Se prefiere á un escudero?
D.ª LUC.
Unas cartas me ha traido Este hombre de un hermano Que está en las Indias; y es llano Que el abrazo el porte ha sido, Pues sólo te quiero á tí.
PERNÍA.
Pues trueca el modo, cruel, Y desde hoy quiérele á él, Y dame el abrazo á mí.
D.ª LUC.
_(Abrazándole.)_ Sí abrazaré (_Ap._ Procurando Hacer que calles.) supuesto... Mas ¡mi señora!
ESCENA X.
DOÑA ANA, _con manto_. — DOÑA LUCÍA, PERNÍA.
D.ª ANA.
¿Qué es esto?
PERNÍA.
Es que andan aquí abrazando.
D.ª LUC.
Hame traido Pernía Nuevas de un hermano mio, Y gozoso mi albedrío Tales extremos hacía.
PERNÍA.
Es, señora, caso llano, Y creerla te conviene. (_Ap._ Para cada abrazo tiene Doña Lucía un hermano.)
D.ª ANA.
_(A Pernía.)_ Salga, y mire si está puesto El coche; que es hora ya
_(Vase á espacio Pernía.)_
De ir á misa. ¿Pues no va Presto?
PERNÍA.
Aquesto ¿no es ir presto?
_(Vase.)_
ESCENA XI.
DOÑA ANA, DOÑA LUCÍA.
D.ª LUC.
¿Tú, señora, tan dejada Del aliño y la belleza, Que, fuera de la tristeza, Vives de tí descuidada?
D.ª ANA.
No hay consuelo para mí, Ni me has de ver en tu vida Sino triste y afligida.
D.ª LUC.
Pues ¿qué remedias así?
D.ª ANA.
¿Quién te ha dicho que yo quiero Remediar, sino sentir? Aunque si llego á advertir Que es el remedio primero Del mal el sentir el mal; Por sentirle más, no sé Si el sentirle dejaré; Pues es mi desdicha tal. Que apeteciendo el morir Sin pretender resistirle, Por no dejar de sentirle Le dejara de sentir. Desde el dia que á Don Juan En mi casa sucedió Aquella desdicha (y yo Veo que todos me dan La culpa sin merecella), Tan muerta y tan otra estoy, Que áun sombra mia no soy.
D.ª LUC.
Si tan noble como bella, Tu perfeccion me asegura De callarlo, yo diré Que adónde está Don Juan, sé.
D.ª ANA.
¡Qué neciamente procura Tu lisonja divertir Mi mal!
D.ª LUC.
Yo sé dónde está; Y aunque tú no lo oigas, ya Lo tengo yo de decir. Don Juan á Madrid llegó (Mas que lo calles te pido), Y está en la casa escondido De nuestro vecino. Yo Lo sé, porque una criada Me lo ha dicho ahora á mí. Pero no salga de aquí: Ya ves que es cosa pesada.
D.ª ANA.
¡Qué dices!
D.ª LUC.
Lo que es verdad.
D.ª ANA.
Siendo dicha mia, no sé Si algun crédito la dé, Siendo esa temeridad.
ESCENA XII.
DOÑA CLARA É INÉS, _con mantos y sombreros_. — DOÑA ANA, DOÑA LUCÍA.
INÉS.
_(Hablando aparte con su ama á la puerta.)_ ¿Qué es lo que tu pasion hacer procura?
D.ª CLAR.
¿Qué? Llevar adelante una locura; Que aunque nada importara El verme Don Hipólito de Lara, Por lo que se ha picado, No ha de salir hoy, no, deste cuidado.
INÉS.
Que hay aquí gente, mira.
D.ª CLAR.
¿Faltará á una mujer una mentira Que la saque de otra?—Dama hermosa,
_(A Doña Ana.)_
Si quien dice mujer, dice piadosa, Un rato (mal mi pena significo) Que me dejeis entrar aquí, os suplico, Miéntras un hombre pasa Esa calle: sagrado vuestra casa Sea de mi cuidado, Pues casa de deidad siempre es sagrado.
D.ª ANA.
Holgaréme por cierto Que sea, no sagrado, sino puerto, Pues la congoja vuestra Bien que os importa el ocultaros muestra.
D.ª LUC.
Un hombre aquí se ha entrado.
D.ª CLAR.
¡Ay Dios, que es mi marido! Y pues me ha dado Vuestra piedad licencia, Aquí he de retirarme. Con prudencia Haced que una criada le despida, Porque me va la fama, honor y vida.
D.ª ANA.
Pues decid...
D.ª CLAR.
Nada espero.
_(Éntranse Doña Clara é Inés, dejando aquella su sombrero á Doña Ana.)_
D.ª ANA.
Turbada me dejó con su sombrero.
D.ª LUC.
Yo voy tras ella, porque no sea ganga, Y se eche alguna sábana en la manga.
_(Vase.)_
ESCENA XIII.
DON HIPÓLITO. — DOÑA ANA.
D. HIPÓL.
Perdonad que la esfera, Dosel florido de la primavera, Donde son vuestros bellos resplandores La primera oficina de las flores, Pisar mi pié presuma, Calzado más de plomo que de pluma.
D.ª ANA.
(_Ap._ Disimular, fingiendo enojo, intento.) ¿Quién os dió para tanto atrevimiento, Caballero, osadía?
D. HIPÓL.
Yo la tomé de la ventura mia; Que hasta veros, divina Deidad, vencer la nube que, cortina De humo, ocultaba el fuego, Descanso no tuviera; y así ciego Con el humo pasado, Y ahora desos rayos abrasado, Llorar y arder presumo: Arder del fuego, pues lloré del humo.
D.ª ANA.
No entiendo, caballero, Estilo tan cortés y lisonjero, Ni sé qué causa he dado Para que desta suerte hayais entrado En mi casa. Si esfera La llamais de la hermosa primavera, No introduzcais en ella tal desmayo, Que espire su esplendor ántes del rayo. Si humo seguís, que en sombras se resuelve, No lo espereis; que el humo nunca vuelve. Y si buscais el fuego, No os acerqueis á él, y volveos luego; Que no vive enseñado á acciones tales El antiguo blason destos umbrales.
D. HIPÓL.
Vos, ni veros ni oiros En el Parque dejasteis, y el seguiros A riesgo de ofenderos, Tambien fué por oiros y por veros. Y ahora advierto que fuera accion piadosa Oiros discreta, cuando os miro hermosa; Porque si allí, sin veros os oyera, A la dulce armonía suspendiera El alma y el sentido Desa voz, que es veneno del oído; Y si hermosa os mirara Sin oiros discreta, aquí postrara Alma y vida en despojos Desa luz, que es veneno de los ojos. Y así, porque no muera al advertiros Tan hermosa, me da la vida oiros; Y así, porque no muera al conoceros Tan discreta, me da la vida el veros: De suerte que mi vida Está de un daño en otro defendida. Quedad con Dios, en fin; porque no quiero, Ya que he sido atrevido, ser grosero; Pues ser grosero culpa mia habrá sido, Y vuestra lo ha de ser ser atrevido.
_(Vase.)_
D.ª ANA.
¿Hay cosa semejante? ¡Que éntre un hombre marido y salga amante, Y de sus mismas penas descuidado, Llegue celoso y vuelva enamorado!
ESCENA XIV.
DOÑA LUCÍA, DOÑA CLARA, INÉS. — DOÑA ANA.
D.ª CLAR.
¿Fuése?
D.ª ANA.
Sí.
D.ª CLAR.
Tus piés pido.
D.ª ANA.
Vos teneis un finísimo marido.
D.ª CLAR.
Harto á Dios lo que paso en eso ofrezco, Pues sabe Dios lo que con él padezco.
D.ª ANA.
Creyó en fin que era yo (¡raro suceso!) La dama que siguió; que áun para eso Sirvió el sombrero y el estar con manto, Y el ser los trajes parecidos tanto; Que, como en los conceptos repetidos, Se encuentran tambien dos en los vestidos.
ESCENA XV.
PERNÍA. — DICHAS.
PERNÍA.
Ya está el coche esperándote, señora.
D.ª ANA.
Lucía, mira ahora La calle.
D.ª LUC.
Bien podrás seguramente Salir.
D.ª CLAR.
Aquesa vida el cielo aumente.
D.ª ANA.
Ved si serviros puedo En otra cosa.
D.ª CLAR.
Yo obligada quedo... (_Ap. á Inés._ Y no sé si ofendida, Pues lo que no pensé en toda mi vida Que suceder pudiera, Que es tener celos yo (¿quién tal creyera?), Acaso ha sucedido.)
INÉS.
Pues díme, ¿qué has sentido?
D.ª CLAR.
Que haya este hombre á otra parte enamorado, Y en mi misma presencia requebrado.
_(Vanse Doña Clara é Inés.)_
D.ª ANA.
Nada oigo, nada miro, nada siento Que para mí no sea otro tormento.
D.ª LUC.
¿Pues qué tienes ahora?
D.ª ANA.
Ver que en todos la suerte se mejora, En todos convalece, Y sólo en mí de cualquier mal fallece. Cuando es culpada, halla esta la salida; Así inocente pierdo yo la vida; Porque no está la culpa en que la culpa Se cometa, sino en no hallar disculpa.
_(Vanse.)_
* * * * *
Sala en casa de Don Pedro.
ESCENA XVI.
DON PEDRO, _por la puerta derecha_, Y DON JUAN _por la izquierda_, _que es la de su aposento_.
D. PED.
Seais, Don Juan, bien hallado.
D. JUAN.
Vos, Don Pedro, bien venido. ¿Cómo en el Parque os ha ido?
D. PED.
Mal.
D. JUAN.
¿Cómo?
D. PED.
Como no he hallado La dama que iba á buscar; Y creo que son desvelos De otro amante, cuyos celos Ando por averiguar, Para que desengañado Cure con dolor al pecho; Que es mi amigo el que sospecho Y está ya desconfiado.
D. JUAN.
¿Es Doña Clara la dama?
D. PED.
Sí.
D. JUAN.