Teatro selecto, tomo 2 de 4

Part 8

Chapter 83,824 wordsPublic domain

¡Válgame el cielo! ¿qué es esto Por que pasan mis sentidos? Alma, ¿qué habeis escuchado? Ojos, ¿qué es lo que habeis visto? ¿Tan pública es ya mi afrenta, Que ha llegado á los oidos Del Rey? ¿Qué mucho, si es fuerza Ser los postreros los mios? ¿Hay hombre más infelice? ¿No fuera mejor castigo ¡Cielos! desatar un rayo, Que con mortal precipicio Me abrasara, viendo ántes El incendio que el aviso, Que la palabra del Rey, Que grave y severo dijo Que yo haré falta en mi casa? ¿Pero qué rayo más vivo, Si fénix de las desdichas, Fuí ceniza de mí mismo? Cayeran sobre mis hombros Esos montes y obeliscos De hiedra, fueran sepulcros Que me sepultaran vivo. Ménos peso fueran, ménos, Que esta afrenta en que he caido, A cuya gran pesadumbre Ya desmayado me rindo. ¡Ay honor, mucho me debes! Júntate á cuentas conmigo. ¿Qué quejas tienes de mí? ¿En qué, dime, te he ofendido? Al heredado valor, ¿No he juntado el adquirido, Haciendo la vida en mí Desprecio al mayor peligro? ¿Yo, por no ponerte á riesgo, Toda mi vida no he sido Con el humilde, cortés, Con el caballero, amigo, Con el pobre, liberal, Con el soldado, bienquisto? Casado (¡ay de mí!), casado, ¿En qué he faltado? ¿en qué he sido Culpado? ¿No hice eleccion De noble sangre, de antiguo Valor? Y ahora á mi esposa, ¿No la quiero? ¿no la estimo? Pues si yo en nada he faltado, Si en mis costumbres no ha habido Acciones que te ocasionen, Con ignorancia ó con vicio, ¿Por qué me afrentas? ¿por qué? ¿En qué tribunal se ha visto Condenar al inocente? ¿Sentencias hay sin delito? ¿Informaciones sin cargo? Y sin culpas ¿hay castigo? ¡Oh locas leyes del mundo! ¡Que un hombre, que por sí hizo Cuanto pudo para honrado, No sepa si está ofendido! ¡Que de ajena causa ahora Venga el efecto á ser mio Para el mal, no para el bien, Pues nunca el mundo ha tenido Por las virtudes de aquél A éste en más! ¿Pues por qué (digo Otra vez) han de tener A éste en ménos, por los vicios De aquélla que fácilmente Rindió alcázar tan altivo A las fáciles lisonjas De su liviano apetito? ¿Quién puso el honor en vaso Que es tan frágil? ¿Y quién hizo Experiencias en redoma, No habiendo experiencia en vidrio? Pero acortemos discursos; Porque será un ofendido Culpar las costumbres necias, Proceder en infinito. Yo no basto á reducirlas, (Con tal condicion nacimos) Yo vivo para vengarlas No para enmendarlas vivo, Iré con el Rey, y luégo Volviéndome del camino (Que ocasion habrá), tambien La tendré para el castigo. La más pública venganza Será, que el mundo haya visto. Sabrá el Rey, sabrá D. Juan, Sabrá el mundo, y áun los siglos Futuros ¡cielos! quién es Un portugués ofendido. _(Vase.)_

* * * * *

_Orillas del mar._

ESCENA VII.

_Óyese ruido de cuchilladas, y sale_ DON JUAN _riñendo con unos_ SOLDADOS; _despues_ DON LOPE.

D. JUAN.

Cobardes, el satisfecho Soy yo, que no el desmentido.

UN SOLD.

Huye, que es rayo su espada.

_(Entranse Don Juan y sus contrarios.)_

D. LOPE.

_(Dentro.)_ ¿No es Don Juan aquel que miro? A vuestro lado me hallais. _(Sale.)_

OTRO.

_(Dentro.)_ ¡Muerto soy!

D. JUAN

_(Volviendo.)_ Si estais conmigo, Poco fuera el mundo.

D. LOPE.

Ya Huyeron. Decid qué ha sido, Si la ocasion que teneis No nos obliga á seguirlos.

D. JUAN.

¡Ay Don Lope, muerto estoy! Hoy nuevamente recibo La afrenta, que en la venganza Pensé que estaba en su olvido. Mas ¡ay de mí! ha sido engaño, Porque bastante no ha sido La venganza á sepultar Un agravio recibido. Cuando me aparté de vos, Llegué hasta este propio sitio Que bate el mar, con el fin Que vos propio habeis venido, Que es de volver á la quinta Adonde habeis reducido Vuestra casa, previniendo Vuestra ausencia. Divertido Llegué pues, y en esta parte Estaban en un corrillo Unos hombres, y al pasar El uno á los otros dijo: «Aqueste es Don Juan de Silva.» Yo, oyendo mi nombre mismo, Que es lo que se oye más fácil, Apliqué entrambos oidos. Otro preguntó: «¿Y quién es Este Don Juan?--¿No has oido (Le respondió) su suceso? Pues este fué desmentido De Manuel de Sosa.»--Yo, Que ya no pude sufrirlo, Saco la espada, y á un tiempo Tales razones le digo: «Yo soy aquel que maté A Don Manuel, mi enemigo, Tan presto, que de mi agravio La última razon no dijo. Yo soy el _desagraviado_, Que no soy el _desmentido_; Pues con su sangre quedó Lavado mi honor y limpio.» Dije, y cerrando con todos, Siguiéndolos he venido Hasta aquí, porque me huyeron Luego; que es usado estilo Ser cobarde el maldiciente; Y así ninguno se ha visto Valiente, que todos hacen A las espaldas su oficio. Esta es mi pena, Don Lope, Y ¡vive Dios! que atrevido, Que loco y desesperado, De aquí no me precipito Al mar, ó con esta espada Mi propia vida me quito, Porque me mate el dolor. «¡Este es aquel desmentido,» Dijo, no «aquel satisfecho!» ¿Quién en el mundo previno Su desdicha? ¿No hizo harto Aquel que la satisfizo? ¿Aquel que puso su vida Desesperado al peligro, Por quedar muerto y honrado Antes que afrentado y vivo? Mas no es así; que mil veces, Por vengarse uno atrevido, Por satisfacerse honrado Publicó su agravio mismo, Porque dijo la venganza Lo que la ofensa no dijo. _(Vase.)_

ESCENA VIII.

DON LOPE.

«Porque dijo la venganza Lo que la ofensa no dijo.» Luego si me vengo yo De aquella que me ofendió, La publico: claro está Que la venganza dirá Lo que la desdicha no. Y despues de haber vengado Mis ofensas atrevido, El vulgo dirá engañado: «Este es aquel ofendido,» Y no «aquel desagraviado.» Y cuando la mano mia Se bañe en sangre este dia, Ella mi agravio dirá, Pues la venganza sabrá Quien la ofensa no sabía. Pues ya no quiero buscalla (¡Ay cielos!) públicamente, Sino encubrilla y celalla; Que un ofendido prudente Sufre, disimula y calla. Que del secreto colijo Más honra, más alabanza. Callando mi intento rijo, Porque dijo la venganza Lo que el agravio no dijo. Pues de Don Juan, que atrevido Su honor ha restituido, No dijo el otro soldado: «Este es el desagraviado,» Sino: «este es el desmentido.» Pues tal mi venganza sea, Obrando discreto y sabio, Que apénas el sol la vea, Porque el que creyó mi agravio, Me bastará que la crea. Y hasta que pueda logralla Con más secreta ocasion, Ofendido corazon, Sufre, disimula y calla.-- ¡Barquero!

ESCENA IX.

UN BARQUERO.--DON LOPE.

BARQ.

Señor.

D. LOPE.

¿No tienes Un barco aprestado?

BARQ.

Sí, No faltará para tí, Aunque en una ocasion vienes, Que siguiendo á Sebastian, Nuestro rey, que el cielo guarde, Hasta su quinta esta tarde Los barcos vienen y van.

D. LOPE.

Pues prevenle, porque tengo De ir hasta mi quinta yo.

BARQ.

¿Ha de ser luégo?

D. LOPE.

¿Pues no?

BARQ.

Al momento le prevengo. _(Vase.)_

ESCENA X.

DON LUIS, _que sale leyendo un papel_.--DON LOPE.

D. LUIS.

_(Para sí.)_ Otra vez quiero leer Letras de mi vida jueces; Porque ya es placer dos veces El repetido placer.

_(Lee.)_ «Esta noche va el Rey á la quinta: entre la gente podeis venir disimulado, donde habrá ocasion para que acabemos, vos de quejaros, y yo de disculparme.--Dios os guarde.--LEONOR.»

¡Que no haya un barco en que pueda Pasar! ¡Oh suerte importuna! ¡Plegue á Dios que la fortuna Nunca un gusto me conceda!

D. LOPE.

_(Ap.)_ Leyendo viene un papel Quien mi venganza previene, ¿Y quién dudará que viene Leyendo mi afrenta en él? ¡Qué cobarde es el honor! Nada escucho, nada veo Que ser mi pena no creo.

D. LUIS.

_(Ap.)_ Don Lope es este.

D. LOPE.

(_Ap._ Rigor, Disimulemos, y dando Rienda á toda la pasion, Esperemos ocasion Sufriendo y disimulando; Y pues la serpiente halaga Con pecho de ofensas lleno, Yo, hasta verter mi veneno, Es bien que lo mismo haga.) En muy poco, caballero, Mi ofrecimiento estimais, Pues que nada me mandais, Cuando serviros espero. Yo quedé tan obligado De vuestra gran cortesía, Discrecion y valentía, Que en Lisboa os he buscado Para que á vuestro valor Servir mi espada pudiera, Cuando otra vez pretendiera Vengarse el competidor, Que aquí os busca aventajado, Y tanto, que desta suerte Pretende daros la muerte Cuando esteis más descuidado.

D. LUIS.

Yo, señor Don Lope, estimo Merced que pagar espero; Mas hoy, como forastero, A pediros no me animo Que en esta ocasion me honreis, Por no empeñaros, señor, Con ese competidor De quien vos me defendeis: Fuera de que ya los dos Que estamos amigos creo; Pues ya le hablo y le veo Del modo que estoy con vos.

D. LOPE.

Créolo; pero mirad Vuestro riesgo con cuidado; Que amistad de hombre agraviado No es muy segura amistad.

D. LUIS.

Yo, al contrario, siento y digo Cuando su amistad procuro, ¿De quién no estaré seguro, Si lo estoy de mi enemigo?

D. LOPE.

Aunque argüiros podia Con razon ó sin razon, Seguid vos vuestra opinion, Que yo seguiré la mia. Y decidme, ¿qué buscais Por aquí?

D. LUIS.

Un barco quisiera; En que hasta la quinta fuera Del Rey.

D. LOPE.

A tiempo llegais: Que os podré servir creed, Que ya le tengo fletado.

D. LUIS.

Ocasion la gente ha dado A recibir tal merced, Que siendo tanta, no ha habido En qué pasar; y yo quiero Ver faccion que considero Que otra vez no ha sucedido.

D. LOPE.

Pues conmigo ireis. (_Ap._ Llegó La ocasion de mi venganza.)

D. LUIS.

_(Ap.)_ ¿Cuál hombre en el mundo alcanza Mayor ventura que yo?

D. LOPE.

_(Ap.)_ A mis manos ha venido, Y en ellas ha de morir.

D. LUIS.

_(Ap.)_ ¡Que me viniese á servir De tercero su marido!

ESCENA XI.

EL BARQUERO.--DON LOPE, DON LUIS.

BARQ.

Ya el barco ha llegado.

D. LOPE.

_(Al Barquero.)_ Entrad Vos en el barco primero, Porque yo á un criado espero. Pero no, vos le esperad, Pues conoceis al criado; Que al barco nos vamos ya.

BARQ.

No entreis en él, porque está Solo y á una cuerda atado, Que no estará muy segura.

D. LOPE.

Buscad al criado vos, Que allí esperamos los dos.

D. LUIS

_(Ap.)_ ¿Quién ha visto igual ventura? Él me lleva desta suerte Adonde á su honor me atrevo.

D. LOPE.

_(Ap.)_ Yo desta suerte le llevo Donde le daré la muerte. _(Vanse los dos.)_

BARQ.

El criado no vendrá En mil horas, segun creo. Mas ¿qué es aquello que veo? ¡Desasido el barco está, Rompida la cuerda! Dios Solo los puede librar; Que sin duda que en el mar Tendrán sepulcro los dos. _(Vase.)_

* * * * *

_Otro punto de la playa á vista de la quinta de Don Lope._

ESCENA XII.

MANRIQUE, SIRENA.

MANRIQ.

Sirena, cuyo mirar Suspende, enamora, encanta, ¿Vienes acaso á escuchar A su orilla cómo canta La sirena de la mar? Oye un soneto oportuno, Heroico, grave y discreto: No te parezca importuno, Porque este es el un soneto De los mil y ciento y uno.

_(Saca Manrique un papel y lee.)_

«Cinta verde, que en término sucinta, Su cinta pudo hacerte aquel Dios tinto En sangre, que gobierna el globo quinto, Para que Vénus estuviese en cinta: »La primavera tus colores pinta, Por quien yo traigo en este laberinto, Tamaño como pasa de Corinto, El corazon, más negro que la tinta. »Hoy tu esperanza á mi temor se junte, Porque en su verde y amarillo tinte Amor flemas y cóleras barrunte; »Que como á mí de su color me pinte, No podrá hacer, aunque en arpon me apunte, Que mi esperanza no se encaraminte.»

SIRENA.

¡Qué lindo soneto has hecho! Pero enseña á ver si es verde La cinta.

MANRIQ.

(_Ap._ En bien se me acuerde Lo que la cinta se ha hecho. ¡Ah! sí.) Estaba cierto dia Junto al Tajo, en su frescura Contemplando tu hermosura, Sirena, y la dicha mia. Saqué aquella cinta bella Para aliviar mi esperanza, Y culpando tu mudanza, Empecé á llorar con ella. Besábala con placer, Y un águila que me vió Llegarla al labio, pensó Que era cosa de comer. Bajó de una piedra viva, Y con gran resolucion Arrebatóme el liston, Y volvió á subir arriba. Yo, aunque con gran ligereza Subir á su nido quiero, No pude hallar un caldero Que ponerme en la cabeza. Con esta ocasion se pierde De tu liston la memoria. Esta es, Sirena, la historia Llamada la cinta verde.

SIRENA.

Pues óyeme lo que á mí Despues acá me pasó. Estando en el campo yo, Volar un águila ví, Que era la misma; pues viendo No ser cosa de comer, La cinta dejó caer Junto á mí; y yo, acudiendo A ver lo que habia caido, Hallé entre las flores puesta La cinta: mira si es esta.

MANRIQ.

¡Notable suceso ha sido!

SIRENA.

Más notable será ahora La venganza.

MANRIQ.

Mejor es Dejarlo para despues, Que sale al campo señora. _(Vase.)_

ESCENA XIII.

DOÑA LEONOR.--SIRENA.

D.ª LEON.

Sirena.

SIRENA.

Señora.

D.ª LEON.

Mucha Es mi tristeza.

SIRENA.

¿Pues no Sabré qué es la causa yo?

D.ª LEON.

Ya la sabes; pero escucha. Desde la noche triste Que en tantas confusiones, abrasada Troya á mi casa viste, Quedando yo de todos disculpada, Don Juan más engañado, Libre Don Luis, Don Lope asegurado; Despues que por la ausencia Que quiere hacer, en esta hermosa quinta Adonde la excelencia De la naturaleza borda y pinta Campaña y monte altivo, Más estimada de Don Lope vivo; Perdí, Sirena, el miedo Que á mi propio respeto le tenía; Pues si escaparme puedo De lance tan forzoso, la osadía Ya sin freno me alienta; Que peligro pasado no escarmienta. A aquesto se ha llegado Ver á Don Lope más amante ahora; Porque desengañado, Si algo temió, su desengaño adora, Y en amor le convierte. ¡Oh cuántos han amado desta suerte! ¡Oh cuántos han querido, Recibiendo por gracia los agravios! Deste error no han podido Librarse los más doctos, los más sabios; Que la mujer más cuerda, De haber amado, amada no se acuerda. Cuando Don Luis me amaba, Pareció que á Don Luis aborrecia; Cuando sin culpa estaba, Pareció que temia; Y ya (¡qué loco extremo!) Ni amo querida, ni culpada temo; Antes amo olvidada y ofendida, Antes me atrevo, cuando estoy culpada, Y pues para mi vida Hoy sigue al Rey Don Lope en la jornada, Escribo que Don Luis á verme venga, Y tenga fin mi amor, porque él le tenga.

ESCENA XIV.

DON JUAN.--DICHAS.

D. JUAN.

_(Ap.)_ ¡No sé cómo el corazon Tan grandes rigores sufre, Sin que se rinda á los golpes De una y otra pesadumbre!

D.ª LEON.

Señor Don Juan, ¿pues no viene Con vos Don Lope?

D. JUAN.

No pude Esperarle, aunque él me dijo Que ántes que en el mar sepulte El sol sus rayos, vendrá.

D.ª LEON.

¿Cómo puede, si ya cubren Al mundo pálidas sombras, Y al cielo lóbregas nubes?

D. JUAN.

A mí me tuvo violento Un gran disgusto que tuve, Y esperar no puede á nadie El que de sí mismo huye.

D. LUIS.

_(Dentro.)_ ¡Válgame el cielo!

D.ª LEON.

¿Qué voz Tan lastimosa discurre El viento?

D. JUAN.

En tierra no hay nadie.

D.ª LEON.

En las ondas se descubre Del mar un bulto, que ya Siendo trémulas las luces Del dia, no se determina Quién es.

D. JUAN.

Osado presume Escaparse; pues parece Que hácia nosotros le induce Piedad del cielo. Lleguemos Donde valientes le ayuden Nuestros brazos. _(Vase.)_

ESCENA XV.

DON LOPE.--DICHOS.

D. LOPE.

_(Dentro.)_ ¡Ay de mí!

D. JUAN.

_(Dentro.)_ ¡Llega!

D. LOPE.

(_Dentro._) ¡Oh tierra, patria dulce Del hombre!

_(Vuelve Don Juan y con él sale Don Lope, mojado y con una daga en la mano.)_

D. JUAN.

¡Qué es lo que veo! ¡Don Lope!

D.ª LEON.

¡Esposo!

D. LOPE.

No pude Hallar puerto más piadoso, Que el que en tal favor acude A mi fatiga. ¡Oh Leonor! ¡Oh mi bien! no es bien que dude Que el cielo me ha prevenido Con sus favores comunes Tan grande dicha, en descuento De tan grande pesadumbre. ¡Amigo!

D. JUAN.

¿Qué ha sido esto?

D. LOPE.

La mayor lástima incluye Aquesta ventura mia, Que vió el mundo.

D.ª LEON.

Como ayude El cielo mis esperanzas, Y vivo esteis, no hay quien culpe A la fortuna, aunque usase De su trágica costumbre.

D. LOPE.

Hablé al Rey, busquéos á vos. Y como hallaros no pude, Fleté un barco. Estando ya Para hacer que el agua sulque, A mí un galan caballero, Cuyo nombre apénas supe (Que pienso que era un Don Luis De Benavides), acude Diciéndome que por ser Forastero, á quien se suple Un cortés atrevimiento, Me ruega que no le culpe El pedirme que en el barco Le traiga; que es bien procure Ver en la quinta del Rey La gente cuando se junte. Obligóme á que le diese Un lugar; y apénas hube Entrado con él, y el barco De los dos el peso sufre (Que el barquero áun no habia entrado), Cuando el cabo, á quien le pudren Las mismas aguas del mar, Falta, porque le recude Una onda reciamente, A cuyo golpe no pude Resistir, aunque tomé Los remos. Al fin no tuve Fuerza, y los dos en el barco Entrando por las azules Ondas del mar, padecimos Mil saladas inquietudes. Ya de los montes de agua Ocupé las altas cumbres, Ya en bóveda de zafir Sepulcro en sus arcos tuve; Al fin guiado á esta parte, A vista ya de las luces De tierra, chocando el barco, De arena y agua se cubre. El gallardo caballero, A quien yo librar no pude, Por apartarnos la fuerza Del golpe, sin que se ayude A sí mismo, se rindió Al mar, donde le sepulte Su olvido.

D.ª LEON.

¡Ay de mí! _(Cae desmayada.)_

D. LOPE.

¡Leonor, Mi bien, mi esposa, no turbes Tu hermosura! ¡Ay cielo mio! Un hielo manso discurre Por el cristal de sus manos. ¡Ay, Don Juan! la pesadumbre De verme así, no fué mucho Que la rindiese: no sufren Corazones de mujer Que estas lástimas escuchen.-- Llevadla al lecho los dos.

_(Llévanla entre Don Juan y Sirena.)_

ESCENA XVI.

DON LOPE.

¡Qué bien en un hombre luce Que callando sus agravios, Aun las venganzas sepulte! Desta suerte ha de vengarse Quien espera, calla y sufre. Bien habemos aplicado, Honor, con cuerda esperanza, Disimulada venganza A agravio disimulado. ¡Bien la ocasion advertí Cuando la cuerda corté, Cuando los remos tomé Para apartarme de allí, Haciendo que pretendia Acercarme! Y ¡bien logré Mi intento, pues que maté Al que ofenderme queria (Testigo es este puñal), Al agresor de mi afrenta, A quien dí en urna violenta Monumento de cristal! ¡Bien en la tierra rompí El barco, dando á entender Que esto pudo suceder Sin sospecharse de mí! Pues ya que conforme á ley De honrado, maté primero Al galan, matar espero A Leonor: no diga el Rey, Viendo que su sangre esmalta El lecho que áun no violó, Que no vaya, porque yo En mi casa no haga falta. Pues esta noche ha de ver El fin de mi desagravio, Medio más prudente y sabio Para acabarlo de hacer. Leonor (¡ay de mí!), Leonor, Bella como licenciosa, Tan infeliz como hermosa, Ruina fatal de mi honor; Leonor, que al dolor rendida, Y al sentimiento postrada, Dejó la muerte burlada En las manos de la vida, Ha de morir. Mis intentos Solo los he de fiar, Porque los sabrán callar, De todos cuatro elementos. Allí al agua y viento entrego La media venganza mia; Y aquí la otra mitad fia Mi dolor de tierra y fuego; Pues esta noche mi casa Pienso intrépido abrasar. Fuego al cuarto he de pegar, Y yo, en tanto que se abrasa, Osado, atrevido y ciego La muerte á Leonor daré, Porque presuman que fué Sangriento verdugo el fuego. Sacaré acendrado dél El honor que me ilustró, Ya que la liga ensució Una mancha tan cruel; Y en una experiencia tal, Por los crisoles no ignoro Que salga acendrado el oro Sin aquel bajo metal De la liga que tenía Y su valor deslustraba. Así el mar las manchas lava De la gran desdicha mia: El viento la lleve luego, Donde no se sepa della; La tierra ande por no vella, Y cenizas la haga el fuego; Porque así el mortal aliento, Que á turbar el sol se atreve, Consuma, lave, arda y lleve Tierra, agua, fuego y viento. _(Vase.)_

ESCENA XVII.

EL REY, EL DUQUE DE BERGANZA, ACOMPAÑAMIENTO.

DUQUE.

Pensando el mar que dormia Segundo sol en su esfera, Mansamente retrató A sus ondas las estrellas.

REY.

Vine, Duque, por el mar; Que aunque pude por la tierra, Me pareció que tardaba, Cuanto por aquí es más cerca. Y habiendo estado las aguas Tan dulces y lisonjeras, Que el cielo, Narciso azul, Se vió contemplando en ellas, Ha sido justo venir Donde tantos barcos vea, Cuyos fanales parecen Mil abrasados cometas, Mil alados cisnes, pues Formando esta competencia, Unos con las alas corren, Y otros con los remos vuelan.

DUQUE.

A todo ofrece ocasion La noche apacible y fresca.

REY.

Entre la tierra y el mar Deleitosa vista es esta; Porque mirar tantas quintas, Cuyas plantas lisonjean Ninfas del mar, que obedientes Con tanta quietud las cercan, Es ver un monte portátil, Es ver una errante selva; Pues vistas dentro del mar, Parece que se menean. Adios, dulce patria mia, Que en él espero que vuelva (Puesto que es la causa suya), Donde ceñido me veas De laurel entrar triunfante De mil victorias sangrientas, Dando á mi honor nueva fama, Nuevos triunfos á la Iglesia, Que espero ver.

_Voces._

_(Dentro.)_ ¡Fuego, fuego!

REY.

¿Qué voces, Duque, son esas?

DUQUE.

Fuego, dicen; y hácia allí La quinta, que está más cerca, Y si no me engaño, es La de Don Lope de Almeida, Se está abrasando.

REY.

Ya veo En ímpetu salir della, Hecha un volcan de humo y fuego, Las nubes y las centellas. Grande incendio, al parecer, De todas partes la cerca: Parece imposible cosa Que nadie escaparse pueda. Acerquémonos á ver Si hay contra el fuego defensa.

DUQUE.

¡Señor! ¿Tal temeridad?

REY.

Duque, accion piadosa es esta, No temeridad.

ESCENA XVIII.

DON JUAN, _medio desnudo_.--DICHOS.

D. JUAN.

Aunque Cenizas mi vida sea, He de sacar á Don Lope, Que es su cuarto el que se quema.

REY.

Detened aquese hombre.

DUQUE.

Desesperado, ¿qué intentas?

D. JUAN.

Dejar en el mundo fama De una amistad verdadera. Y pues que presente estás, Es bien que la causa sepas. Apénas, oh gran señor, Nos recogimos, apénas, Cuando en un punto, un instante, Creció el fuego de manera, Que parece que tomaba Venganza de su violencia. Don Lope de Almeida está Con su esposa, y yo quisiera Librarlos.

ESCENA XIX.

MANRIQUE.--DICHOS.

MANRIQ.

Echando chispas, Como diablo de comedia, Salgo huyendo de mi casa, Que soy desta Troya Eneas. Al mar me voy á arrojar, Aunque menor daño fuera Quemarme, que beber agua.

ESCENA XX.

DON LOPE, _medio desnudo, que saca á_ DOÑA LEONOR, _muerta_.--DICHOS.

D. LOPE.

¡Piadosos cielos, clemencia, Porque, aunque arriesgue mi vida, Escapar la suya pueda!-- ¡Leonor!

REY.

¿Es Don Lope?

D. LOPE.