Part 6
De la boca de la risa. Criado, á quien le prefieren A los mayores cuidados, Y es pendanga de criados, Hecha del palo que quieren: Cuando guardo, mayordomo; Cuando algun vestido espero De mi amo, camarero; Maestresala, cuando tomo Para mí el mejor bocado; Secretario, poco amigo, Cuando sus secretos digo; Caballerizo extremado, Cuando por no andar á pié, Con achaque de pasealle, Salgo á caballo á la calle; Cuando alguna cosa fué Tal que se guarda de mí, Soy entónces su vêdor, Y despues su contador, Pues á todos desde allí Lo cuento, á todos lo aviso; Cuando hurto lo que quiero De la plaza, repostero; Despensero, cuando siso; Soy valiente cuando huyo; Y soy su cochero el dia Que sus amores me fia; Y así claramente arguyo Que soy por tan varios modos, Sirviéndole siempre así, Cada oficio de por sí, Y murmurándole, todos.
_(Hablan aparte Doña Leonor y Sirena.)_
ESCENA VII.
DON BERNARDINO, DON LUIS Y CELIO, _que se quedan léjos de_--DOÑA LEONOR, SIRENA, MANRIQUE.
D. LUIS.
Soy mercader, y trato en los diamantes, Que hoy son piedras, y rayos fueron ántes Del sol, que perficiona y ilumina Rústico grano en la abrasada mina. Paso desde Lisboa hasta Castilla, Y en esta aldea ví la maravilla Del cielo, reducida en una dama, Que acompañais; y luégo de la fama Supe que va casada ó á casarse. Y como suele en todas emplearse Este caudal más bien, porque las bodas En la gala y la joya empiezan todas, Enseñaros quisiera algunas dellas, Que no son más lucientes las estrellas, Por ver si la ocasion con el deseo Hacen en el camino algun empleo.
D. BER.
La prevencion y la advertencia ha sido Acertada. A buen tiempo habeis venido, Pues yo, por divertirla y alegrarla (Que está triste) una joya he de feriarla. Aquí esperad, y llegaré primero A prevenirla.
D. LUIS.
Pues ahora quiero Que la lleveis, señor, para bastante Prueba de mi verdad, este diamante;
_(Dásele.)_
Que visto su valor y su excelencia, No dudo yo, señor, que os dé licencia De llegar á sus piés.
D. BER.
¡Es piedra rara! ¡Qué fondo! ¡qué caudal! ¡qué limpia y clara! Aquí, divina Leonor, _(Llégase á ella.)_ Ha llegado un mercader, En cuya mano has de ver Joyas de grande valor, Ricas, costosas y bellas. Divierte un poco el pesar; Que yo te quiero feriar Lo que te agradare dellas. Este diamante, farol Que con luz hermosa y nueva, Para su limpieza prueba Ser luciente hijo del sol, Viene por testigo aquí. Toma el diamante. _(Dásele.)_
D.ª LEON.
_(Ap.)_ ¿Qué veo? ¡Cielos!
D. BER.
Díme...
D.ª LEON.
_(Ap.)_ Aun no lo creo.
D. BER.
Si ha de llegar.
D.ª LEON.
(_Ap._ ¡Ay de mí! Este diamante es el mismo...) Díle que llegue.--¡Sirena!
_(Apártase Don Bernardino.)_
(_Ap._ Sáqueme amor desta pena, Deste encanto, deste abismo.) Este diamante que ves, Luz que con el sol la mides, Di á Don Luis de Benavides, Prenda mia y suya es. O mis lágrimas me ciegan, O es el mismo. Hoy sabré yo Cómo á mis manos volvió.
SIRENA.
Disimula, que ya llegan.
_(Llega Don Luis.)_
D. LUIS.
Yo soy, hermosa señora...
D. LEON.
_(Ap.)_ Alma de la pena mia, Cuerpo de mi fantasía.
SIRENA.
_(Ap. á ella.)_ Disimula y calla ahora; Que ya veo la razon Que tienes para admirarte.
D. LUIS.
Yo soy quien en esta parte Piensa lograr la ocasion, Habiendo á tiempo llegado En que pueda mi deseo Hacer el feliz empleo Tantos años esperado. Traigo joyas que vender De innumerable riqueza; Y entre otras, una firmeza Sé que os ha de parecer Bien; porque della sospecho Que adorne esa bizarría, Si es que la firmeza mia Llega á verse en vuestro pecho. Un Cupido de diamantes Traigo de grande valor; Que quise hacer al amor Yo de piedras semejantes, Porque labrándole así, Cuando alguno le culpase De vário y fácil, le hallase Firme solamente en mí. Un corazon traigo, en quien No hay piedra falsa ninguna: Sortijas bellas, y en una Unas memorias se ven. Una esmeralda que habia, Me hurtaron en el camino Por el color, imagino, Que perfecto le tenía. Estaba con un zafiro; Mas la esmeralda llevaron Solamente, y me dejaron Esta azul piedra que miro; Y así dije en mis desvelos: «¿Cómo con tanta venganza Me llevasteis la esperanza Para dejarme los celos?» Si gusta vuestra belleza, Descubriré, por más glorias, El corazon, las memorias, El amor y la firmeza.
D. BER.
El mercader es discreto. ¡Qué bien á las joyas bellas, Para dar gusto de vellas, Las fué aplicando su efeto!
D.ª LEON.
Aunque vuestras joyas son Tales como encareceis, Para mostrarlas habeis Llegado á mala ocasion. Y yo, en ver su hermoso alarde, Contento hubiera tenido, Si ántes hubierais venido; Pero habeis venido tarde. ¿Qué se dijera de mí, Si cuando casada soy, Si cuando esperando estoy A mi noble esposo, aquí Pusiera, no mi tristeza, Sino mi imaginacion En ver ese corazon, Ese amor y esa firmeza? No los mostreis; que no es bien Que, tan sin tiempo miradas Agora, desestimadas Memorias vuestras estén. Y tomad vuestro diamante; Que ya sé que pierdo en él Una luz hermosa y fiel, Al mismo sol semejante. No culpeis la condicion Que en mí tan esquiva hallasteis; Culpaos á vos, que llegasteis Sin tiempo y sin ocasion. _(Ruido dentro.)_
MANRIQ.
_(Mirando dentro.)_ Ya Don Lope mi señor Llega.
D. LUIS.
_(Ap.)_ ¿Habrá en desdicha igual Mal que compita á mi mal, Ni dolor á mi dolor?
D.ª LEON.
_(Ap.)_ ¡Qué veneno!
D. LUIS.
_(Ap.)_ ¡Qué crueldad!
D. BER.
A recibirle lleguemos. _(Vase.)_
MANRIQ.
Callen todos, y escuchemos La primera necedad; Porque un novio á quien le place La dama y á verla llega, Como necedades juega, Es tahur que dice y hace. _(Vase.)_
ESCENA VIII.
DOÑA LEONOR, DON LUIS, SIRENA, CELIO.
D. LUIS.
¿Qué me podrás responder, Mujer tan fácil, liviana, Mudable, inconstante y vana, Y mujer, en fin, mujer, Que pueda satisfacer A tu mudanza y tu olvido?
D.ª LEON.
Haber tu muerte creido, Haber tu vida llorado Causa á mi mudanza ha dado, Que á mi olvido no ha podido; Pues cuando te llego á ver, A no estar ya desposada, Vieras hoy determinada Si soy mudable ó mujer. Desposéme por poder.
D. LUIS.
Y bien por poder se advierte: Por poder borrar mi suerte, Por poder dejarme en calma[4], Por poder quitarme el alma, Por poder darme la muerte. Esta dices que creiste, Y no fué vana apariencia; Que si creiste mi ausencia, Es lo mismo: bien dijiste.
[4] En postracion, en abatimiento, en soledad y desamparo.
D.ª LEON.
No puedo, no puedo ¡ay triste! Responder; que está conmigo, No mi esposo, mi enemigo. Mas porque me culpas fiel, Lo que le dijere á él, Tambien hablaré contigo.
_(Retírase Don Luis á un lado.)_
ESCENA IX.
DON LOPE, DON BERNARDINO, MANRIQUE.--DOÑA LEONOR, SIRENA; DON LUIS Y CELIO, _retirados_.
D. LOPE.
Cuando la fama en lenguas dilatada Vuestra rara hermosura encarecia, Por fe os amaba yo, por fe os tenía, Leonor, dentro del alma idolatrada.
Cuando os mira, suspensa y elevada El alma que os amaba y os queria, Culpa la imágen de su fantasía, Que sois vista mayor que imaginada.
Vos sola á vos podeis acreditaros: ¡Dichoso aquel que llega á mereceros, Y más dichoso si acertó á estimaros!
Mas ¿cómo ha de olvidaros ni ofenderos? Que quien ántes de veros pudo amaros, Mal os podrá olvidar despues de veros.
D.ª LEON.
Yo me firmé rendida ántes que os viese, Y vivo y muerto sólo en vos estaba, Porque sola una sombra vuestra amaba; Pero bastó que sombra vuestra fuese.
¡Dichosa yo mil veces, si pudiese Amaros como el alma imaginaba! Que la deuda comun así pagaba La vida, cuando humilde me rindiese.
Disculpa tengo, cuando temeroso Y cobarde mi amor, llego á miraros, Si no pago un amor tan generoso.
De vos, y no de mí, podeis quejaros, Pues, aunque yo os estime como á esposo, Es imposible, como sois, amaros.
D. LOPE.
Ahora, tio y señor, Me dad los invictos brazos.
D. BER.
Y serán eternos lazos De deudo, amistad y amor. Y porque no culpe ahora La dilacion, á embarcar Nos lleguemos.
D. LOPE.
Hoy el mar Segunda Vénus adora.
MANRIQ.
Y pues que con tanta gloria Dama y galan se han casado, Perdonad, noble Senado, Que aquí se acaba la historia.
_(Vanse Don Lope, Doña Leonor, Don Bernardino, Manrique y Sirena.)_
ESCENA X.
DON LUIS, CELIO.
CELIO.
Señor, pues que desta suerte Hallaste tu desengaño, Vuelve en tí, repara el daño De tu vida y de tu muerte. Ya no hay estilo ni medio Que tú debas elegir.
D. LUIS.
Sí hay, Celio.
CELIO.
¿Cuál es?
D. LUIS.
Morir, Que es el último remedio. Muera yo, pues vi casada A Leonor, pues que Leonor Dejó burlado mi amor Y mi esperanza burlada. Mas ¿qué me podrá matar, Si los celos me han dejado Con vida? Aunque mi cuidado Me pretende consolar Dándome alguna esperanza; Pues cuando á su esposo habló, Conmigo se disculpó De su olvido y su mudanza.
CELIO.
¿Cómo disculpar contigo? A mil locuras te pones.
D. LUIS.
Estas fueron sus razones, Mira si hablaban conmigo: «Yo me firmé rendida ántes que os viese, Y vivo y muerto sólo en vos estaba, Porque sola una sombra vuestra amaba; Pero bastó que sombra vuestra fuese. »¡Dichosa yo mil veces, si pudiese Amaros como el alma imaginaba! Que la deuda comun así pagaba La vida, cuando humilde me rindiese. »Disculpa tengo, cuando temeroso Y cobarde mi amor, llego á miraros, Si no pago un amor tan generoso. »De vos, y no de mí, podeis quejaros, Pues, aunque yo os estime como á esposo, Es imposible, como sois, amaros.» Y puesto que así me ha dado Disculpa de su mudanza, Sea mi loca esperanza Veneno y puñal dorado. Si ha de matarme el dolor, Mejor es el gusto ¡cielos! Y si he de morir de celos, Mejor es morir de amor. Siga mi suerte atrevida Su fin contra tanto honor, Porque he de amar á Leonor, Aunque me cueste la vida.
JORNADA SEGUNDA.
_Sala en casa de Don Lope en Lisboa._
ESCENA PRIMERA.
SIRENA, MANRIQUE.
MANRIQ.
Sirena de mis entrañas, Que para aumentar mi pena Eres la misma Sirena, Pues enamoras y engañas: Duélate ver el rigor Con que tratas mis cuidados; Que tambien á los criados Hiere de barato amor. Dame un favor de tu mano.
SIRENA.
Pues ¿qué puedo darte yo?
MANRIQ.
Mucho puedes; pero no Quiero bien más soberano Que aquese verde liston, Con que yaces declarada Por dama de la lazada O fregona del tuson.
SIRENA.
¿Una cinta quieres?
MANRIQ.
Sí.
SIRENA.
Ya aquese tiempo pasó, Que un galan se contentó Con una cinta.
MANRIQ.
Es así; Pero si yo la tuviera, Desparramando concetos, Mil y ciento y un sonetos Hoy en tu alabanza hiciera.
SIRENA.
Por verme tan soneteada Te la doy; y véte ahora, Porque viene mi señora. _(Vase Manrique.)_
ESCENA II.
DOÑA LEONOR.--SIRENA.
D.ª LEON.
Ya vuelvo determinada. Esto, Sirena, es forzoso: Declárese mi rigor, Porque mi vida y mi honor Ya no es mio, es de mi esposo. Díle á Don Luis, que pues es Principal, noble y honrado, Por español y soldado Obligado á ser cortés, Que una mujer (no Leonor, Porque le basta saber A un noble que una mujer) Le suplica que su amor Olvide; que maravilla Cuidado en la calle tal, Y no sufre Portugal Galanteos de Castilla: Que con lágrimas bañada Vuelvo á pedirle se vuelva A Castilla, y se resuelva A no hacerme mal casada; Porque fiera y ofendida, Si no lo hace, vive Dios, Que podrá ser que á los dos Nos venga á costar la vida.
SIRENA.
Desa suerte lo diré, Si puedo verle y hablalle.
D.ª LEON.
¿Cuándo falta de la calle? Mas no hables en ella, ve A buscarle á la posada.
SIRENA.
Mucho, señora, te atreves. _(Vase.)_
ESCENA III.
DON LOPE, DON JUAN, MANRIQUE.--DOÑA LEONOR.
D. LOPE.
_(Ap.)_ ¡Ay honor, mucho me debes!
D. JUAN.
Ya se acerca la jornada.
D. LOPE.
No queda en toda Lisboa Fidalgo ni caballero, Que ser no piense el primero Que merezca eterna loa Con su muerte.
MANRIQ.
Justo es; Mas no pienso de esa suerte Tener yo loa en mi muerte, Ni comedia ni entremes.
D. LOPE.
¿Luego tú no piensas ir Al Africa?
MANRIQ.
Podrá ser Que vaya; mas será á ver, Por tener más que decir; No á matar, quebrando en vano La ley en que vivo y creo; Pues allí explicar no veo Que sea moro ni cristiano. _No matar_, dice. Y los dos Esto me vereis guardar; Que yo no he de interpretar Los mandamientos de Dios.
D. LOPE.
¡Mi Leonor!
D.ª LEON.
¡Esposo mio! ¿Vos tanto tiempo sin verme? Quejoso vive el amor De los instantes que pierde.
D. LOPE.
¡Qué castellana que estais! Cesen las lisonjas, cesen Las repetidas finezas. Mirad que los portugueses Al sentimiento dejamos La razon, porque el que quiere, Todo lo que dice quita De valor á lo que siente. Si en vos es ciego el amor, En mí es mudo.
MANRIQ.
Y desa suerte En mí endemoniado ha sido.
D. LOPE.
Siempre, Manrique, parece, Que al paso que yo estoy triste, Tú estás contento y alegre.
MANRIQ.
Y díme, ¿cuál es mejor, En pasiones diferentes, La alegría ó la tristeza?
D. LOPE.
La alegría.
MANRIQ.
Pues ¿qué quieres? ¿Que deje yo lo mejor Por lo peor? Tú, que tienes La tristeza, que es la mala, Eres quien mudarte debes, Y pasarte á la alegría; Pues será más conveniente, Que el ir yo de alegre á triste, Venir tú de triste á alegre. _(Vase.)_
ESCENA IV.
DON LOPE, DOÑA LEONOR, DON JUAN.
D.ª LEON.
¿Vos estais triste, señor? Muy poco mi pecho os debe O yo le debo muy poco, Pues vuestro dolor no siente.
D. LOPE.
Forzosas obligaciones, Heredadas dignamente Con la sangre, á quien obligan Divinas y humanas leyes, Me dan voces y recuerdan Desta blanda paz y deste Olvido, en que yacen hoy Mis heredados laureles. El famoso Sebastian, Nuestro rey, que viva siempre, Heredero de los siglos A la imitacion del fénix, Hoy al Africa hace guerra. No hay caballero que quede En Portugal; que á las voces De la fama nadie duerme. Quisiérale acompañar A la jornada; y por verme Casado, no me he ofrecido Hasta que licencia lleve De tu boca, Leonor mia. Esta merced has de hacerme, En este caso has de honrarme, Y este gusto he de deberte.
D.ª LEON.
Bien con esas prevenciones Fué menester que me hicieseis Oraciones que me animen, Y discursos que me alienten. Vos ausente, dueño mio, Y por mi consejo ausente, Fuera pronunciar yo misma La sentencia de mi muerte. Idos vos sin que lo diga Mi lengua; pues que no puede Negaros la voluntad Lo que la vida os concede. Mas porque veais que estimo Vuestra inclinacion valiente, Ya no quiero que el amor Sino el valor me aconseje. Servid hoy á Sebastian, Cuya vida el cielo aumente; Que es la sangre de los nobles Patrimonio de los reyes; Que no quiero que se diga Que las cobardes mujeres Quitan el valor á un hombre, Cuando es razon que le aumenten. Esto el alma os aconseja, Aunque como el alma os quiere; Mas como ajena lo dice, Si como propia lo siente. _(Vase.)_
ESCENA V.
DON LOPE, DON JUAN.
D. LOPE.
¿Habeis visto en vuestra vida Igual valor?
D. JUAN.
Dignamente Es bien que lenguas y plumas De la fama la celebren.
D. LOPE.
Y vos ¿qué me aconsejais?
D. JUAN.
Yo, Don Lope, de otra suerte Os respondiera.
D. LOPE.
Decid.
D. JUAN.
Quien ya colgó los laureles De Marte, y en blanda paz Ciñe de palma las sienes, ¿Para qué otra vez, decidme, Ha de limpiar los paveses Tomados de orin y polvo En que hora yacen y duermen? Yo fuera justo que fuera, A no estar por esta muerte Retirado y escondido; Y no es razon ofrecerme, Porque á los ojos del Rey Llega mal un delincuente. Si esto me disculpa á mí, Bastante disculpa tiene Quien soldado fué soldado. No os vais, amigo (y creedme), Aunque un hombre os acobarde, Y una mujer os aliente. _(Vase.)_
ESCENA VI.
D. LOPE.
¡Válgame Dios! ¡quién pudiera Aconsejarse prudente, Si en la ocasion hay alguno Que á sí mismo se aconseje! ¿Quién hiciera de sí otra Mitad, con quien él pudiese Descansar? Pero mal digo: ¿Quién hiciera cuerdamente De sí mismo otra mitad, Porque en partes diferentes, Pudiera la voz quejarse Sin que el pecho lo supiese? ¡Pudiera sentir el pecho Sin que la voz lo dijese! ¡Pudiera yo, sin que yo Llegara á oirme ni á verme, Conmigo mismo culparme, Y conmigo defenderme! Porque unas veces cobarde, Como atrevido otras veces, Tengo vergüenza de mí. ¡Que tal diga! ¡que tal piense! ¡Que tenga el honor mil ojos Para ver lo que le pese, Mil oidos para oirlo, Y una lengua solamente Para quejarse de todo! Fuera todo lenguas, fuese Nada oidos, nada ojos, Porque oprimido de verse Guardado, no rompa el pecho, Y como mina reviente. Ahora bien, fuerza es quejarme; Mas no sé por dónde empiece; Que, como en guerra y en paz Viví tan honrado siempre, Para quejarme ofendido No es mucho que no aprendiese Razones; porque ninguno Previno lo que no teme. ¿Osará decir la lengua Qué tengo?... Lengua, detente, No pronuncies, no articules Mi afrenta; que si me ofendes, Podrá ser que castigada, Con mi vida ó con mi muerte, Siendo ofensor y ofendido, Yo me agravie y yo me vengue. No digas que tengo celos... --Ya lo dije, ya no puede Volverse al pecho la voz. ¿Posible es que tal dijese Sin que, desde el corazon Al labio, consuma y queme El pecho este aliento, esta Respiracion fácil, este Veneno infame, de todos Tan distinto y diferente, Que otros desde el labio al pecho Hacer sus efectos suelen, Y este desde el pecho al labio? ¿A qué áspid, á qué serpiente Mató su propio veneno? A mí ¡cielos! solamente, Porque quiere mi dolor Que él me mate y yo le engendre. Celos tengo, ya lo dije. ¡Válgame Dios! ¿Quién es este Caballero castellano, Que á mis puertas, á mis redes Y á mis umbrales clavado, Estatua viva parece? En la calle, en la visita, En la iglesia atentamente Es girasol de mi honor, Bebiendo sus rayos siempre. ¡Válgame Dios! ¿Qué será Darme Leonor fácilmente Licencia para ausentarme, Y con un semblante alegre, No sólo darme licencia, Sino decirme y hacerme Discursos tales, que áun ellos Me obligaran á que fuese, Cuando yo no lo intentara? Y ¿qué será, finalmente, Decirme Don Juan de Silva Que ni me vaya ni ausente? ¿En más razon no estuviera Que aquí mudados viniesen De mi amigo y de mi esposa Consejos y pareceres? ¿No fuera mejor, si fuera Que se mudaran las suertes, Y que Don Juan me animase Y Leonor me detuviese? Sí, mejor fuera, mejor. Pero ya que el cargo es este, Hablemos en el descargo: Vaya, que el honor no quiere Por tan sutiles discursos Condenar injustamente. ¿No puede ser que Leonor Tales consejos me diese, Por ser noble como es, Varonil, sagaz, prudente, Porque quedándome yo, Mi opinion no padeciese? Bien puede ser, pues que dice Que da el consejo, y lo siente. ¿No puede ser que Don Juan, Que me quedase dijese Por parecerle que estaba Excusado, y parecerle Que es dar disgusto á Leonor? Sí, puede ser. Y ¿no puede Ser tambien que este galan Mire á parte diferente? Y apretando más el caso, Cuando sirva, cuando espere, Cuando mire, cuando quiera, ¿En qué me agravia ni ofende? Leonor es quien es y yo Soy quien soy, y nadie puede Borrar fama tan segura Ni opinion tan excelente. Pero sí puede (¡ay de mí!); Que al sol claro y limpio siempre, Si una nube no le eclipsa, Por lo ménos se le atreve; Si no le mancha, le turba, Y al fin, al fin le oscurece. ¿Hay, honor, más sutilezas Que decirme y proponerme? ¿Más tormentos que me aflijan, Más penas que me atormenten, Más sospechas que me maten, Más temores que me cerquen, Más agravios que me ahoguen Y más celos que me afrenten? No. Pues no podrás matarme, Si mayor poder no tienes; Que yo sabré proceder Callado, cuerdo, prudente, Advertido, cuidadoso, Solícito y asistente, Hasta tocar la ocasion De mi vida y de mi muerte: Y en tanto que esta se llega, ¡Valedme, cielos, valedme! _(Vase.)_
* * * * *
_Calle con puerta de casa de Don Lope._
ESCENA VII.
SIRENA, _con manto_; MANRIQUE, _tras ella_.
SIRENA.
_(Ap.)_ Escaparme no he podido De Manrique, para entrar En casa; todo el lugar Hoy siguiéndome ha venido. ¿Qué haré?
MANRIQ.
Tapada de azar, Que mira, camina y calla, Con el arte de batalla Y el tallazo de picar; La de entrecano picote, Que con viento en popa vuelas, Con el manto de tres suelas Y chinelas de anascote, Habla ó descúbrete, y sea Desengaño tu fachada; Porque callando y tapada, Dice boba sobre fea. Aunque en tu brío, confieso Que indicio de todo das.
SIRENA.
¿No dice más?
MANRIQ.
No sé más.
SIRENA.
¿Y á cuántas ha dicho eso?
MANRIQ.
Antes soy muy recatado. No he hablado, á fe de quien soy, Sino cinco en todo hoy; Que ya estoy muy reformado.
SIRENA.
¡Gracias al cielo, que veo Un hombre firme y constante! Yo tampoco soy amante De más que nueve.
MANRIQ.
Sí creo; Y porque me creas á mí, De todas mostrarte quiero Un favor. Sea el primero _(Sácalos.)_ El moño que sale aquí. Este moño pecador Su papel un tiempo hizo, Y de rizado y postizo Fué mártir y confesor. No es de aljófar lo ensartado; Liendres son con que me alegro, Que desde léjos mirado, Parece un penacho negro De blancas moscas nevado. Aquesta sutil varilla Es barba de la ballena, Sacada de una cotilla, Que fué entregar á mi pena Lo mismo que una costilla. Vara es de virtudes llena, Que hace bueno el pecho y buena La espalda más eminente; Que ya todo talle miente Por la barba de ballena. La zapatilla que estás Mirando ahora en mis manos, Casa fué, donde sabrás Que vivieron dos enanos[5] Sin encontrarse jamás. Este es un guante, y no hay duda De que, como ruiseñor, Mucho tiempo estuvo en muda: Pregúntaselo al olor: Sebo de cabrito suda. Esta cinta es de una dama De gran porte; pero yo No la quiero.
[5] Dos juanetes.
SIRENA.
¿Por qué no?
MANRIQ.
Porque sé que ella me ama. ¿No es causa bastante?
SIRENA.
Sí.
MANRIQ.
La que yo tengo de amar, Me ha de mentir, engañar, Y se ha de burlar de mí, Dar celos cada momento, Maltratarme, despedirme, Y en efecto ha de pedirme, Que es la cosa que más siento; Porque si al fin es costumbre En ellas, tengo por justo Hacer desde luego gusto Lo que ha de ser pesadumbre.
SIRENA.
¿Y es hermosa esa señora?
MANRIQ.
No, pero es puerca.
SIRENA.
En verdad Que es muy buena calidad.
MANRIQ.
Arrope un ojo la llora, Y otro aceite.
SIRENA.
¿Es entendida?
MANRIQ.
Cuanto dice entiendo yo; Mas cuanto la dicen, no, Que es entendida, entendida.
SIRENA.
Por muestra de que es verdad, Que amarle á su gusto espero, Este liston solo quiero.
MANRIQ.
De muy buena voluntad.
SIRENA.
¡Ay triste de mí!
MANRIQ.
¿Qué ha sido?
SIRENA.
Mi marido viene allí; Váyase presto de aquí, Que es un diablo mi marido. Dé vuelta á la calle presto, Que en tanto, señor, que él pasa, Le esperaré en esta casa.
MANRIQ.
En buen sagrado te has puesto; Que aquí vivo yo, y vendré En estando asegurada. _(Vase.)_
SIRENA.
A un bellaco, una taimada. _(Vase.)_
* * * * *
_Sala en casa de Don Lope._
ESCENA VIII.
SIRENA.