Part 5
Esta es una honrada accion, De hombre bien nacido en fin; Que aunque hombre me consideras De burlas con loco humor, Llegando á véras, señor, Soy hombre de muchas véras, Oye lo que he de decir, Pues de véras vengo á hablar; Que quiero hacerte llorar, Ya que no puedo reir. Gutierre, mal informado Por aparentes recelos, Llegó á tener viles celos De su honor; y hoy obligado A tal sospecha, que halló Escribiendo (¡error cruel!) Para el Infante un papel A su esposa, que intentó Con él que no se ausentase, Porque ella causa no fuese De que en Sevilla se viese La novedad que causase Pensar que ella le ausentaba... Con esta inocencia pues (Que á mí me consta), con piés Cobardes, adonde estaba Llegó, y el papel tomó, Y, sus celos declarados, Despidiendo á los criados, Todas las puertas cerró, Solo se quedó con ella. Yo enternecido de ver Una infelice mujer Perseguida de su estrella, Vengo, señor, á avisarte Que tu brazo altivo y fuerte Hoy la libre de la muerte.
REY.
¿Con qué he de poder pagarte Tal piedad?
COQUIN.
Con darme aprisa Libre, sin más accidentes, De la accion contra mis dientes.
REY.
No es ahora tiempo de risa.
COQUIN.
¿Cuándo lo fué?
REY.
Y pues el dia Aun no se muestra, lleguemos, Don Diego. _(Vanse.)_
* * * * *
_Otra calle, y en ella la casa de Don Gutierre. En la puerta se ve la señal de una mano sangrienta._
ESCENA XVIII.
LOS MISMOS.
REY.
Así, pues, daremos Color á una industria mia, De entrar en casa mejor, Diciendo que me ha cogido Cerca el dia, y he querido Disimular el color Del vestido; y una vez Allá, el estado veremos Del suceso; y así haremos Como Rey, supremo juez.
D. DIEGO.
No hubiera industria mejor.
COQUIN.
De su casa lo has tratado Tan cerca, que ya has llegado; Que esta es su casa, señor.
REY.
Don Diego, espera.
D. DIEGO.
¿Qué ves?
REY.
¿No ves sangrienta una mano Impresa en la puerta?
D. DIEGO.
Es llano.
REY.
_(Ap.)_ Gutierre sin duda es El cruel que anoche hizo Una accion tan inclemente. No sé qué hacer. Cuerdamente Sus agravios satisfizo.
ESCENA XIX.
DOÑA LEONOR, INÉS, _con mantos_.--DICHOS.
D.ª LEON.
Salgo á misa ántes del dia, Porque ninguno me vea En Sevilla, donde crea Que olvido la pena mia. Mas gente hay aquí. ¡Ay Inés! ¿El Rey qué hará en esta casa?
INÉS.
Tápate en tanto que pasa.
REY.
Accion excusada es, Porque ya estais conocida.
D.ª LEON.
No fué encubrirme, señor, Por excusar el honor De dar á tus piés la vida.
REY.
Esa accion es para mí, De recatarme de vos, Pues sois acrêdor, por Dios, De mis honras; que yo os di Palabra, y con gran razon, De que he de satisfacer Vuestro honor; y lo he de hacer En la primera ocasion.
ESCENA XX.
DON GUTIERRE.--DICHOS.
D. GUT.
_(Dentro)_ ¡Hoy me he de desesperar, Cielo airado, si no baja Un rayo de esas esferas Y en cenizas me desata!
REY.
¿Qué es esto?
D. DIEGO.
Loco furioso Don Gutierre de su casa Sale.
REY.
¿Dónde vais, Gutierre?
D. GUT.
_(Sale.)_ A besar, señor, tus plantas; Y de la mayor desdicha, De la tragedia más rara, Escucha la admiracion, Que eleva, admira y espanta. Mencía, mi amada esposa, Tan hermosa como casta, Virtuosa como bella (Dígalo á voces la fama): Mencía, á quien adoré Con la vida y con el alma, Anoche á un grave accidente Vió su perfeccion postrada, Por desmentirla divina Este accidente de humana. Un médico, que lo es El de mayor nombre y fama, Y el que en el mundo merece Inmortales alabanzas, La recetó una sangría, Porque con ella esperaba Restituir la salud A un mal de tanta importancia. Sangróse en fin; que yo mismo, Por estar sola la casa, Llamé al sangrador, no habiendo Ni criados ni criadas. A verla en su cuarto, pues, Quise entrar esta mañana... --Aquí la lengua enmudece, Aquí el aliento me falta. Veo de funesta sangre Teñida toda la cama, Toda la ropa cubierta, Y que en ella ¡ay Dios! estaba Mencía, que se habia muerto Esta noche desangrada. Ya se ve cuán fácilmente Una venda se desata. ¿Pero para qué presumo Reducir hoy á palabras Tan lastimosas desdichas? Vuelve á esta parte la cara, Y verás sangriento el sol, Verás la luna eclipsada, Deslucidas las estrellas Y las esferas borradas; Y verás á la hermosura Mas triste y más desdichada, Que, por darme mayor muerte, No me ha dejado sin alma.
_(Descúbrese á Doña Mencía en la cama.)_[1]
[1] Esto se haria en tiempo de Calderon descorriendo una cortina, suponiéndose que era de una ventana correspondiente á la alcoba de Doña Mencía.
REY.
¡Notable suceso! (_Ap._ Aquí La prudencia es de importancia. Mucho en reportarme haré. Tomó notable venganza.) Cubrid ese horror que asombra, Ese prodigio que espanta, Espectáculo que admira, Símbolo de la desgracia. Gutierre, menester es Consuelo; y porque le haya En pérdida que es tan grande Con otra tanta ganancia, Dadle la mano á Leonor; Que es tiempo que satisfaga Vuestro valor lo que debe, Y yo cumpla la palabra De volver en la ocasion Por su valor y su fama.
D. GUT.
Señor, si de tanto fuego Aún las cenizas se hallan Calientes, dadme lugar Para que llore mis ánsias. ¿No quereis que escarmentado Quede?
REY.
Esto ha de ser, y basta.
D. GUT.
Señor, ¿quereis que otra vez, No libre de la borrasca, Vuelva al mar? ¿Con qué disculpa?
REY.
Con que vuestro Rey lo manda.
D. GUT.
Señor, escuchad aparte Disculpas.
REY.
Son excusadas. ¿Cuáles son?
D. GUT.
¿Si vuelvo á verme En desdichas tan extrañas, Que de noche halle embozado A vuestro hermano en mi casa...?
REY.
No dar crédito á sospechas.
D. GUT.
¿Y si detras de mi cama Hallase tal vez, señor, De Don Enrique la daga?
REY.
Presumir que hay en el mundo Mil sobornadas criadas, Y apelar á la cordura.
D. GUT.
A veces, señor, no basta. ¿Si veo rondar despues De noche y de dia mi casa?
REY.
Quejárseme á mí.
D. GUT.
¿Y si cuando Llego á quejarme, me aguarda Mayor desdicha escuchando?
REY.
¿Qué importa, si él desengaña Que fué siempre su hermosura Una constante muralla De los vientos defendida?
D. GUT.
¿Y si volviendo á mi casa, Hallo algun papel que pide Que el Infante no se vaya?
REY.
Para todo habrá remedio.
D. GUT.
¿Posible es que á esto le haya?
REY.
Sí, Gutierre.
D. GUT.
¿Cuál, señor?
REY.
Uno vuestro.
D. GUT.
¿Qué es?
REY.
Sangrarla.
D. GUT.
¿Qué decís?
REY.
Que hagais borrar Las puertas de vuestra casa; Que hay mano sangrienta en ellas.
D. GUT.
Los que de un oficio tratan, Ponen, señor, á las puertas Un escudo de sus armas; Trato en honor, y así pongo Mi mano en sangre bañada A la puerta; que el honor Con sangre, señor, se lava.
REY.
Dádsela, pues, á Leonor; Que yo sé que su alabanza La merece.
D. GUT.
Sí la doy. _(Dale la mano.)_ Mas mira que va bañada En sangre, Leonor.
D.ª LEON.
No importa; Que no me admira ni espanta.
D. GUT.
Mira que médico he sido De mi honra: no está olvidada La ciencia.
D.ª LEON.
Cura con ella Mi vida, en estando mala.
D. GUT.
Pues con esa condicion Te la doy. Con esto acaba _El Médico de su honra_, Perdonad sus muchas faltas.
A SECRETO AGRAVIO SECRETA VENGANZA.
DRAMA EN TRES JORNADAS.
PERSONAS.
EL REY DON SEBASTIAN. DON LOPE DE ALMEIDA. DON JUAN DE SILVA. DON LUIS DE BENAVIDES. DON BERNARDINO, _viejo_. EL DUQUE DE BERGANZA. DOÑA LEONOR, _dama_. SIRENA, _criada_. MANRIQUE, _criado_. CECILIO, _criado_. UN BARQUERO. _Acompañamiento._ _Soldados._
La escena es en Lisboa, en las cercanías de Aldea Gallega y en otros puntos.
JORNADA PRIMERA.
_Vista exterior de una quinta del Rey._
ESCENA PRIMERA.
EL REY DON SEBASTIAN, DON LOPE DE ALMEIDA, MANRIQUE, ACOMPAÑAMIENTO.
D. LOPE.
Otra vez, gran señor, os he pedido Esta licencia, y otra habeis tenido Por bien mi casamiento; Mas yo que siempre, á tanta luz atento, Vivo en vuestro semblante, vengo á daros Cuenta de mi eleccion, y á suplicaros Que en vuestra gracia pueda Colgar las armas, y que Marte ceda A Amor la gloria, cuando en paz reciba, En vez de alto laurel, sagrada oliva. Yo os he servido, y solamente espero Esta merced por galardon postrero, Pues con esta licencia venturosa Hoy saldré á recibir mi amada esposa.
REY.
Yo estimo vuestro gusto y vuestro aumento, Y me alegro de vuestro casamiento; Y á no estar ocupado En la guerra que en Africa he intentado, Fuera vuestro padrino.
D. LOPE.
Eterno dure ese laurel divino Que tus sienes corona.
REY.
Estimo en mucho yo vuestra persona.
_(Vase el Rey y acompañamiento.)_
ESCENA II.
DON LOPE, MANRIQUE.
MANRIQ.
Contento estás.
D. LOPE.
Mal supiera La dicha y la gloria mia Disimular su alegría. ¡Felice yo, si pudiera Volar hoy!
MANRIQ.
Al viento igualas.
D. LOPE.
Poco aprovecha; que el viento Es perezoso elemento. Diérame el amor sus alas, Volara abrasado y ciego; Pues quien al viento se entrega, Olas de viento navega, Y las de amor son de fuego.
MANRIQ.
Para que desengañarme Pueda, creyendo que tienes Causa, dime á lo que vienes Con tanta prisa.
D. LOPE.
A casarme.
MANRIQ.
¿Y no miras que es error, Digno de que al mundo asombre, Que vaya á casarse un hombre Con tanta prisa, señor? Si hoy, que te vas á casar, Del mismo viento te quejas, ¿Qué dejas que hacer, qué dejas, Cuando vayas á enviudar?
ESCENA III.
DON JUAN DE SILVA, _en traje pobre_.--DON LOPE, MANRIQUE.
D. JUAN.
_(Para sí.)_ ¡Cuán diferente pensé Volver á tí, patria mia, Aquel infelice dia Que tus umbrales dejé! ¡Quién no te hubiera pisado! Pues siempre mejor ha sido, Adonde no es conocido, Vivir el que es desdichado. Gente hay aquí; no es razon Verme en el mal que me veo.
D. LOPE.
Aguárdate. No lo creo. ¿Si es verdad? ¿Si es ilusion? ¡Don Juan!
D. JUAN.
¡Don Lope!
D. LOPE.
Dudoso De tanta dicha, mis brazos Han suspendido sus lazos.
D. JUAN.
Deteneos, que es forzoso Que me defienda de quien Tanto honor y valor tiene; Que hombre que tan pobre viene, Don Lope amigo, no es bien Que toque (¡oh suerte importuna!) Pecho de riquezas lleno.
D. LOPE.
Vuestra razones condeno, Porque si da la fortuna Humanos bienes del suelo, El cielo un amigo da Como vos: ¡ved lo que va Desde la fortuna al cielo!
D. JUAN.
Aunque haceis que aliento cobre, En mí mayor mal está: ¡Mirad cuán grande será Mal que es mayor que ser pobre! Y porque mi sentimiento Algun alivio prevenga, Si es posible que le tenga, Escuchad, Don Lope, atento. A la conquista famosa De la India, que eligió Para su tumba la noche Y para su cuna el sol, Amigos, y tan amigos, Pasamos juntos los dos, Que asistieron en dos cuerpos Un alma y un corazon. No codicia de riqueza, Sino codicia de honor Obligó nuestros deseos A tan atrevida accion, Como tocar con bajeles La provincia que ignoró Por tantos años la ciencia, Nunca creida hasta hoy. La nobleza lusitana De su fortuna fió Naves, que ciertas exceden Las fingidas de Jason. Dejo esta alabanza á quien Pueda con más dulce voz Contar los famosos hechos Desta invencible nacion; Porque el gran Luis de Camoens, Escribiendo lo que obró, Con pluma y espada muestra Ya el ingenio y ya el valor En esta parte. Despues, Don Lope invicto, que vos, Por muerte de vuestro padre, Volvisteis, me quedé yo, Bien sabeis con cuánta fama De amigos y de opinion, Que ahora perdidos hacen El sentimiento mayor. Pero en efecto es consuelo: ¡Ved si desgraciado soy, Que nunca le di, malquisto, A la fortuna ocasion! Habia en Goa una señora, Hija de un hombre á quien dió Grande cantidad de hacienda Codicia y contratacion. Era hermosa, era discreta; Que, aunque enemigas las dos, En ella hicieron las paces Hermosura y discrecion. Servíla tan venturoso, Que merecí algun favor; Pero ¿quién ganó al principio, Que á la postre no perdió? ¿Quién fué ántes tan felice, Que despues no declinó? Porque son muy parecidos Juego, fortuna y amor. Don Manuel de Sosa, un hombre (Hijo del gobernador Manuel de Sosa) por sí De mucha resolucion, Muy valiente, muy cortés, Bizarro y cuerdo (que yo, Aunque le quité la vida, No he de quitarle el honor), De Violante enamorado (Que este es el nombre que dió Ocasion á mi ventura Y á mi desdicha ocasion), En Goa públicamente Era mi competidor. Poco cuidado me daba Su amorosa pretension; Porque siendo, como era, El favorecido yo, La pena del despreciado Hizo mi dicha mayor. Un dia, que el sol hermoso Saliera (¡pluguiera á Dios, Sepultara eterna noche Su contínuo resplandor!), Salió con el sol Violante: Bastaba pedirle yo Que áun el uno no saliera, Para que salieran dos. De criados rodeada A la marina llegó, Donde estaba mucha gente, Porque en aquella ocasion Habia llegado una nave Al puerto, y su admiracion Dió causa á aqueste concurso, Y á mi desdicha la dió. Estábamos en un corro De mucha gente los dos, Todos soldados y amigos, Cuando á la vista paso Violante. Iba tan airosa, Que allí ninguno dejó De poner el alma en ella, Porque su planta veloz Era el móvil que llevaba Tras sí la imaginacion. Dijo un capitan:--¡Qué bella Mujer!--A quien respondió Don Manuel:--Y como tal Ha sido la condicion. --Será cruel.--No por eso Lo digo (le replicó), Sino por ver que ha escogido, Como hermosa, lo peor.-- Yo entónces dije: Ninguno Sus favores mereció, Porque no hay quien los merezca; Y si hay alguno, soy yo. --Mentís, dijo. Aquí no puedo Proseguir, porque la voz Muda, la lengua turbada, Frio el cuerpo, el corazon Palpitante, los sentidos Muertos y vivo el dolor, Quedan repitiendo aquella Afrenta. ¡Oh tirano error De los hombres! ¡Oh vil ley Del mundo! ¡Que una razon, O que una sinrazon pueda Manchar el altivo honor Tantos años adquirido, Y que la antigua opinion De honrado quede postrada A lo fácil de una voz! ¡Que el honor, siendo un diamante, Pueda un frágil soplo (¡ay Dios!) Abrasarle y consumirle, Y que siendo su esplendor Más que el sol puro, un aliento Sirva de nube á este sol! Mucho del caso me aparto, Llevado de la pasion. Perdonad, vuelvo al suceso. Apénas él pronunció Tales razones, Don Lope, Cuando mi espada veloz Pasó de la vaina al pecho, Tal que á todos pareció Que imitaron trueno y rayo Juntas mi espada y su voz. Bañado en su misma sangre, Muerto en la arena cayó, Cuando para mi defensa Tomé una iglesia, á quien dió En aquel sitio lugar La sagrada religion De Francisco; que por ser Su padre el gobernador, Me fué forzoso esconderme Con tanto asombro y temor, Que tres dias un sepulcro Habité vivo. ¿Quién vió Que siendo el contrario el muerto, Fuese el sepultado yo? Al cabo de los tres dias, Por amistad y favor, El capitan de la nave Que á nuestro puerto llegó, Y que á Lisboa venía, En ella me recibió Una noche, cuyo manto Fué de mi vida ocasion. En esta nave escondido Estuve, hasta que el veloz Monstruo del viento y del agua Los piélagos dividió De Neptuno. ¡Injusto engaño De la vida! O su pasion No dé por infame al hombre Que sufre su deshonor, O le dé por disculpado Si se venga; que es error Dar á la afrenta castigo, Y no al castigo perdon. Hoy he llegado á Lisboa, Adonde tan pobre estoy, Que no osaba entrar en ella. Estas mis fortunas son, Ya no tristes, sino alegres, Pues me dieron ocasion De llegar á vuestros brazos. Estos mil veces os doy, Si un hombre tan infelice Puede merecer de vos, Oh gran Don Lope de Almeida, Tal merced, honra y favor.
D. LOPE.
Atentamente escuché, Don Juan de Silva, las quejas, Que en lágrimas anegadas Dais desde el pecho á la lengua, Y atentamente he pensado Que no hay opinion que pueda, Por más sutil que discurra, Tener dudosa la vuestra. ¿Quién, en naciendo, no vive Sujeto á las inclemencias Del tiempo y de la fortuna? ¿Quién se libra, quién se excepta De una intencion mal segura, De un pecho doble, que alienta La ponzoña de una mano Y el veneno de una lengua? Ninguno. Solo dichoso Puede llamarse el que deja, Como vos, limpio su honor Y castigada su ofensa. Honrado estais: negras sombras No deslustren, no oscurezcan Vuestro honor antiguo, y hoy En nuestra amistad se vea La virtud de aquellas plantas Tan conformemente opuestas, Que una con calor consume, Y otra con frialdad penetra, Siendo veneno las dos, Y estando juntas, se templan De suerte, que son entónces Salud más segura y cierta. Vos estais triste, yo alegre: Partamos la diferencia Entre los dos, y templando El contento y la tristeza, Queden en igual balanza Mi alegría y vuestra pena, Mi gusto y vuestro dolor, Mi ventura y vuestra queja, Porque el pesar ó el placer Matar á ninguno pueda. Yo me he casado en Castilla, Por poder, con la más bella Mujer... (Mas para ser propia Es lo ménos la belleza.) Con la más noble, más rica, Más virtuosa y más cuerda Que pudo en el pensamiento Hacer dibujos la idea. Doña Leonor de Mendoza Es su nombre, y hoy con ella Don Bernardino mi tio Llegará á Aldea Gallega, Donde salgo á recibirla Con tan venturosas muestras Como veis; y un bello barco Tan venturoso la espera, Que juzga por perezosas Hoy del tiempo las ligeras Alas; porque el bien que tarda, No llega bien cuando llega. Esta es mi dicha, mayor Por ver cuánto la acrecienta Vuestra venida, Don Juan. No os dé temor, no os dé pena Venir pobre; rico soy: Mi casa, amigo, mi mesa, Mis caballos, mis criados, Mi honor, mi vida, mi hacienda, Todo es vuestro. Consolaos De que la fortuna os deja Un amigo verdadero, Y que no ha tenido fuerza Contra vos quien no os quitó Ese valor que os alienta, Esa alma que os anima, Y este brazo que os defienda. No me respondais, dejad Las cortesanas finezas, Entre amigos excusadas, Y venid adonde sea Testigo vuestra persona De la dicha que me espera; Que hoy en Lisboa ha de entrar Mi esposa, y estas tres leguas De mar (para mí de fuego) Hemos de venir con ella; Que de esotra parte está Sin duda.
D. JUAN.
Pues no pretenda Con mi humildad deslucirse, Don Lope, vuestra nobleza, Porque el mundo, no la sangre, Sino el vestido, respeta.
D. LOPE.
Ese es engaño del mundo, Que no ve ni considera Que al cuerpo le viste el oro, Pero al alma la nobleza. Venid conmigo. (_Ap._ Suspiros, Ofreced viento á las velas, Si es que en los mares del fuego Bajeles de amor navegan.)
_(Vanse los dos.)_
MANRIQ.
Yo me quiero adelantar En alguna barca destas, Que llaman muletes, y hoy Siendo cojo con muletas, Pediré á mi buena ama Las albricias de que llega Su esposo; que el primer dia Da las albricias cualquiera, Porque sale de forzada, Si es lo mismo que doncella. _(Vase.)_
* * * * *
_Campo cercano á Aldea Gallega._
ESCENA IV.
DON BERNARDINO, DOÑA LEONOR, SIRENA.
D. BER.
En la falda lisonjera Deste monte coronado De flores, donde ha llamado A cortes la primavera, Puedes descansar, en tanto, Bella Leonor, que dichoso Llega Don Lope tu esposo. Y perdona al dulce llanto, Aunque no es gran maravilla Que con sentimiento igual, A vista de Portugal Te despidas de Castilla.
D.ª LEON.
Ilustre D. Bernardino De Almeida, mi tierno llanto No es ingratitud á tanto Honor como me previno La suerte y la dicha mia. Viendo tan cercano el bien, Gusto ha sido; que tambien Hay lágrimas de alegría.
D. BER.
Cuerdamente te disculpa La discrecion lisonjera; Y aunque por disculpa fuera, Te agradeciera la culpa. Yo quiero dar más lugar A divertir la porfía De aquesta melancolía. Aquí puedes descansar, Venciendo el rigor aquí Del sol, que en sus rayos arde, El cielo tu vida guarde. _(Vase.)_
ESCENA V.
DOÑA LEONOR, SIRENA.
D.ª LEON.
¿Fuése ya, Sirena?
SIRENA.
Sí.
D.ª LEON.
¿Oyenos álguien?
SIRENA.
Sospecho Que estamos solas las dos.
D.ª LEON.
Pues salga mi pena (¡ay Dios!) De mi vida y de mi pecho. Salga en lágrimas deshecho El dolor que me provoca, El fuego que al alma toca, Remitiendo sus enojos En lágrimas á los ojos, Y en suspiros á la boca. Y sin paz y sin sosiego Todo lo abrasen veloces, Pues son de fuego mis voces Y mis lágrimas de fuego. Abrasen, cuando navego Tanto mar y viento tanto, Mi vida y mi fuego cuanto Consume el fuego violento, Pues mi voz es fuego y viento, Mis lágrimas fuego y llanto.
SIRENA.
¿Qué dices, señora? Advierte En tu peligro y tu honor.
D.ª LEON.
¿Tú que sabes mi dolor, Tú que conoces mi muerte, Me reportas desta suerte? ¿Tú de mi llanto me alejas? ¿Tú que calle me aconsejas?
SIRENA.
Tu inútil queja escuchando Estoy.
D.ª LEON.
¡Ay Sirena! ¿cuándo Son inútiles las quejas? Quéjase una flor constante Si el aura sus hojas hiere, Cuando el sol caduco muere En túmulos de diamante; Quéjase un monte arrogante De las injurias del viento, Cuando le ofende violento; Y el eco, ninfa vocal, Quejándose de su mal, Responde el último acento. Quéjase, porque amar sabe, Una hiedra, si perdió El duro escollo que amó; Y con acento süave Se queja una simple ave Del que la cogió á traicion[2], Y en la dorada prision Así aliviarse pretende, Que al fin la queja se entiende, Si se ignora la cancion. Quéjase el mar á la tierra, Cuando en lenguas de agua toca Los labios de opuesta roca. Quéjase el fuego, si encierra Rayos, que al mundo hacen guerra: ¿Qué mucho, pues, que mi aliento Se rinda al dolor violento, Si se quejan monte, piedra, Ave, flor, eco, sol, hiedra, Tronco, rayo, mar y viento?
[2] Suplido.
SIRENA.
Sí, mas ¿qué remedio así Consigues desesperada? Don Luis muerto y tú casada, ¿Qué pretendes?
D.ª LEON.
¡Ay de mí! Dí, Sirena amiga, dí, Don Luis muerto y muerta yo. Pues si el cielo me forzó, Me verás en esta calma, Sin gusto, sin sér, sin alma, Muerta sí, casada no. Lo que yo una vez amé, Lo que una vez aprendí, Podré perderlo, ¡ay de mí! Olvidarlo no podré. ¿Olvido donde hubo fe? Miente amor. ¿Cómo se hallara Burlada verdad tan clara? Pues la que constante fuera, No olvidara, si quisiera, No quisiera, si olvidara. ¡Mira tú lo que sentí Cuando su muerte escuché, Pues forzada me casé Sólo por vengarme en mí! Ya la vez última aquí Se despida mi dolor. Hasta las aras, amor, Te acompañé; aquí te quedas, Porque atreverte no puedas A las aras del honor.
ESCENA VI.
MANRIQUE.--DOÑA LEONOR, SIRENA.
MANRIQ.
¡Dichoso yo que he llegado, Venturoso yo que he sido, Felice yo que he venido, Refelice yo que he dado El primero labio mio A la estampa dese pié, Que, lleno de flores, fué Primavera del estío! Y pues he llegado á vos, Beso y vuelvo á rebesar Cuanto se puede besar, Sin ofender á mi Dios.
D.ª LEON.
¿Quién sois?
MANRIQ.
El menor criado De Don Lope, mi señor (Mas no el hablador menor), Que veloz me he adelantado Por albricias de que viene.
D.ª LEON.
Descuido fué, bien decís[3]; Tomad. Y ¿de qué servís A Don Lope?
[3] Manrique nada ha hablado de _descuido_ en el razonamiento que ha dicho. Deben faltar algunos versos.
MANRIQ.
Hombre que tiene Este humor, ¿ya no os avisa Que es gentil-hombre su nombre?
D.ª LEON.
¿Y de qué sois gentil-hombre?
MANRIQ.