Teatro selecto, tomo 2 de 4

Part 19

Chapter 193,763 wordsPublic domain

Yo me agradezco haber la vuelta dado Hoy á tu casa en tiempo que á tu lado Puedo servirte, si enemigos tienes.

MENDOZA.

Y ¿cómo de Lepanto, Garcés, vienes?

GARCÉS.

Como quien ha tenido Fortuna de haber sido En ocasion soldado, Que haya en faccion tan grande militado Debajo de la mano y disciplina Del hijo de aquel águila divina, Que en vuelo infatigable y sin segundo Debajo de sus alas tuvo al mundo.

MENDOZA.

¿Cómo el señor Don Juan llegó?

GARCÉS.

Contento De la empresa.

MENDOZA.

¿Fué grande?

GARCÉS.

Escucha atento. Con la liga...

MENDOZA.

Detente, porque ha entrado Tapada una mujer.

GARCÉS.

Soy desdichado, Pues á quínola puesto de romance, Me entra figura con que pierdo el lance.

ESCENA VIII.

DOÑA ISABEL TUZANÍ, _tapada_.--DICHOS.

D.ª ISAB.

Señor Don Juan de Mendoza, ¿Podrá una mujer que viene A veros en la prision, Saber de vos solamente Cómo en la prision os va?

MENDOZA.

Pues ¿por qué no?--Garcés, véte.

GARCÉS.

Mira, señor, que no sea...

MENDOZA.

En vano dudas y temes; Que ya el habla he conocido.

GARCÉS.

Por eso me voy.

MENDOZA.

Bien puedes.

_(Vase Garcés.)_

ESCENA IX.

DOÑA ISABEL, DON JUAN DE MENDOZA.

MENDOZA.

En igual duda los ojos Y los oidos me tienen, Porque de los dos no sé Cuál dijo verdad ó miente: Porque si á los ojos creo, No pareces tú lo que eres; Y si creo á los oidos, No eres tú lo que pareces. Merezca, pues, ver corrida La sutil nube aparente Del negro cendal, porque Si una vez la luz la vence, Digan mis ojos y oidos Que hoy amaneció dos veces.

D.ª ISAB.

Por no obligaros, Don Juan, A que dudeis más quién puede Ser quien os busca, es razon Descubrirme; que no quieren Mis celos que adivineis A quién la fineza deben. Yo soy...

MENDOZA.

¡Isabel, señora! Pues ¡tú en mi casa, y tú en este Traje, fuera de la tuya! ¡Tú á buscarme desta suerte! ¿Cómo era posible, cómo Que vanas dichas creyese? Luego fué fuerza dudarlas.

D.ª ISAB.

Apénas cuanto sucede Supe, y que aquí estabas preso, Cuando mi amor no consiente Más dilacion en buscarte; Y ántes que á casa volviese Don Álvaro Tuzaní Mi hermano, he venido á verte Con una criada sola (Mira ya lo que me debes) Que á la puerta dejo.

MENDOZA.

Pueden Hoy con aquesta fineza, Isabel, desvanecerse Las desdichas, pues por ellas...

ESCENA X.

INÉS, _con manto, asustada_.--DICHOS.

INÉS.

¡Ay señora!

D.ª ISAB.

Inés, ¿qué tienes?

INÉS.

Don Álvaro mi señor Viene aquí.

D.ª ISAB.

¿Si conocerme Pudo, aunque tan disfrazada Vine?

MENDOZA.

¡Qué lance tan fuerte!

D.ª ISAB.

Si me siguió, yo soy muerta.

MENDOZA.

Si estás conmigo, ¿qué temes? Entrate en aquesa sala Y cierra; que aunque él intente Hallarte, no te hallará, Si ántes no me da la muerte.

D.ª ISAB.

En grande peligro estoy. ¡Valedme, cielos, valedme!

_(Escóndense las dos.)_

ESCENA XI.

DON ÁLVARO.--DON JUAN DE MENDOZA; DOÑA ISABEL, _escondida_.

D. ÁLV.

Señor Don Juan de Mendoza, Hablar con vos me conviene A solas.

MENDOZA.

Pues solo estoy.

D.ª ISAB.

_(Ap. al paño.)_ ¡Qué descolorido viene!

D. ÁLV.

_(Ap.)_ Pues cerraré aquesa puerta.

MENDOZA.

Cerradla. (_Ap._ ¡Buen lance es este!)

D. ÁLV.

Ya pues que cerrada está, Escuchadme atentamente. En una conversacion Supe ahora cómo vienen A buscaros...

MENDOZA.

Es verdad.

D. ÁLV.

A esta prision...

MENDOZA.

Y no os mienten.

D. ÁLV.

Quien con el alma y la vida En aquesta accion me ofende.

D.ª ISAB.

_(Ap. al paño.)_ ¿Qué más se ha de declarar?

MENDOZA.

_(Ap.)_ ¡Cielos! ya no hay quien espere.

D. ÁLV.

Y así, he querido llegar (Antes que los otros lleguen, Queriendo efectuar con esto Amistades indecentes) En defensa de mi honor.

MENDOZA.

Eso mi ingenio no entiende.

D. ÁLV.

Pues yo me declararé.

D.ª ISAB.

_(Ap. al paño.)_ Otra vez mi pecho aliente; Que no soy yo la que busca.

D. ÁLV.

El Corregidor pretende, Con Don Fernando de Válor, De Don Juan Malec pariente, Hacer estas amistades, Y á mí solo me compete Estorbarlas. La razon, Aunque muchas darse pueden, Yo dárosla á vos no quiero; Y en fin, sea lo que fuere, Yo vengo á saber de vos, Por capricho solamente, Si es valiente con un jóven Quien con un viejo es valiente, Y en efecto, vengo solo A darme con vos la muerte.

MENDOZA.

Merced me hubiérades hecho En decirme brevemente Lo que pretendeis, porque Juzgué, confuso mil veces, Que era otra la ocasion De más cuidado, porque ese No es cuidado para mí. Y puesto que no se debe Rehusar reñir con cualquiera Que reñir conmigo quiere; Antes que esas amistades Que decís que tratan, lleguen, Y que os importa estorbarlas Por la ocasion que quisiereis, Sacad la espada.

D. ÁLV.

A eso vengo; Que me importa daros muerte Más presto que vos pensais.

MENDOZA.

Pues campo bien solo es este. _(Riñen.)_

D.ª ISAB.

_(Ap. al paño.)_ De una confusion en otra, Más desdichas me suceden. ¿Quién á su amante y su hermano Vió reñir, sin que pudiese Estorbarlo?

MENDOZA.

_(Ap.)_ ¡Qué valor!

D. ÁLV.

_(Ap.)_ ¡Qué destreza!

D.ª ISAB.

_(Ap. al paño.)_ ¿Qué he de hacerme? Que veo jugar á dos, Y deseo entrambas suertes, Porque van ambos por mí, Si me ganan ó me pierden...

_(Tropezando en una silla, cae Don Álvaro: sale Doña Isabel tapada y detiene á Don Juan.)_

D. ÁLV.

Tropezando en esta silla, He caido.

D.ª ISAB.

¡Don Juan, tente! (_Ap._ Pero ¿qué hago? El afecto Me arrebató desta suerte.) _(Retírase.)_

D. ÁLV.

Mal hicisteis en callarme Que estaba aquí dentro gente.

MENDOZA.

Si á daros la vida estaba, No os quejeis; que más parece Que estar conmigo, reñir Con dos, si á ampararos viene. Aunque hizo mal, porque yo De caballero las leyes Sé tambien; que habiendo visto Que el caer es accidente, Os dejara levantar.

D. ÁLV.

Ya tengo que agradecerle Dos cosas á aquesa dama: Que á darme la vida llegue, Y llegue ántes que de vos La reciba, porque quede, Sin aquesta obligacion, Capaz mi enojo valiente Para volver á reñir.

MENDOZA.

¿Quién, Don Álvaro, os detiene? _(Riñen.)_

D.ª ISAB.

_(Ap. al paño.)_ ¡Oh quién pudiera dar voces!

_(Llaman dentro á la puerta.)_

D. ÁLV.

A la puerta llama gente.

MENDOZA.

¿Qué haremos?

D. ÁLV.

Que muera el uno Y abra luégo el que viviere.

MENDOZA.

Decís bien.

D.ª ISAB.

_(Saliendo.)_ Primero yo Abriré, porque ellos entren.

D. ÁLV.

No abrais.

MENDOZA.

No abrais.

_(Abre Doña Isabel.)_

ESCENA XII.

DON FERNANDO DE VÁLOR, DON ALONSO; _despues_, INÉS.--DOÑA ISABEL, _tapada_; DON ÁLVARO, DON JUAN DE MENDOZA.

D.ª ISAB.

Caballeros. Los dos que mirais presentes Se quieren matar.

D. ALON.

Teneos, Porque hallándôs desta suerte Riñendo á ellos y aquí á vos, Se dice bien claramente Que sois la causa.

D.ª ISAB.

_(Ap.)_ ¡Ay de mí! Que me he entregado á perderme, Por donde entendí librarme.

D. ÁLV.

Porque en ningun tiempo llegue A peligrar una dama A quien mi vida le debe El sér, diré la verdad Y la causa que me mueve A este duelo. No es de amor, Sino que como pariente De Don Juan Malec, así Pretendí satisfacerle.

MENDOZA.

Y es verdad, porque esa dama Acaso ha venido á verme.

D. ALON.

Pues que con las amistades Que ya concertadas tienen, Todo cesa, mejor es Que todo acabado quede Sin sangre, pues vence más Aquel que sin sangre vence.--_(Sale Inés.)_ Idos, señoras, con Dios.

D.ª ISAB.

_(Ap.)_ Solo esto bien me sucede.

_(Vanse las dos.)_

ESCENA XIII.

DON ALONSO, DON ÁLVARO, DON JUAN DE MENDOZA, DON FERNANDO DE VÁLOR.

VÁLOR.

Señor Don Juan de Mendoza, A vuestros deudos parece Y á los nuestros, que este caso Dentro de puertas se quede (Como dicen en Castilla), Y que con deudo se suelde, Pues dando la mano vos A Doña Clara, la fénix De Granada, como parte Entónces...

MENDOZA.

La lengua cese, Señor Don Fernando Válor, Que hay muchos inconvenientes. Si es el fénix Doña Clara, Estarse en Arabia puede; Que en montañas de Castilla No hemos menester al fénix, Y los hombres como yo No es bien que deudos concierten Por soldar ajenas honras, Ni sé que fuera decente Mezclar Mendozas con sangre De Malec, pues no convienen Ni hacen buena consonancia Los Mendozas y Maleques.

VÁLOR.

Don Juan de Malec es hombre...

MENDOZA.

Como vos.

VÁLOR.

Sí, pues desciende De los reyes de Granada; Que todos sus ascendientes Y los mios reyes fueron.

MENDOZA.

Pues los mios, sin ser reyes, fueron más que reyes moros, Porque fueron montañeses.

D. ÁLV.

Cuanto el señor Don Fernando En esta parte dijere, Defenderé yo en campaña.

D. ALON.

Aquí de ministro cese El cargo; que caballero Sabré ser cuando conviene; Que soy Zúñiga en Castilla Antes que Justicia fuese. Y así, arrimando esta vara, Adónde y como quisiereis, Al lado de Don Juan, yo Haré...

ESCENA XIV.

UN CRIADO.--DICHOS.

CRIADO.

En casa se entra gente.

D. ALON.

Pues todos disimulad; Que al cargo mi valor vuelve. Vos, Don Juan, aquí os quedad Preso.

MENDOZA.

A todo os obedece Mi valor.

D. ALON.

Los dos os id.

MENDOZA.

Y si desto os pareciere Satisfaceros...

D. ALON.

A mí Y á Don Juan, donde eligiereis...

MENDOZA.

Nos hallaréis con la espada...

D. ALON.

Y la capa solamente.

_(Vase Don Alonso, y Don Juan de Mendoza va acompañándole.)_

VÁLOR.

¡Esto consiente mi honor!

D. ÁLV.

¡Esto mi valor consiente!

VÁLOR.

Porque me volví cristiano, ¿Este baldon me sucede?

D. ÁLV.

Porque su ley recibí, ¿Ya no hay quien de mí se acuerde?

VÁLOR.

¡Vive Dios, que es cobardía Que mi venganza no intente!

D. ÁLV.

¡Vive el cielo, que es infamia Que yo de vengarme deje!

VÁLOR.

¡El cielo me dé ocasion...

D. ÁLV.

¡Ocasion me dé la suerte...

VÁLOR.

Que si me la dan los cielos...

D. ÁLV.

Si el hado me la concede...

VÁLOR.

Yo haré que veais muy presto...

D. ÁLV.

Llorar á España mil veces...

VÁLOR.

El valor...

D. ÁLV.

El ardimiento Deste brazo altivo y fuerte...

VÁLOR.

De los Válores altivos!

D. ÁLV.

De los Tuzanís valientes!

VÁLOR.

¿Habeis escuchado?

D. ÁLV.

Sí.

VÁLOR.

Pues de hablar la lengua cese Y empiecen á hablar las manos.

D. ÁLV.

Pues ¿quién dice que no empiecen?

JORNADA SEGUNDA.

_Sierra de la Alpujarra.--Cercanías de Galera._

ESCENA PRIMERA.

_Tocan cajas y trompetas, y salen_ SOLDADOS, DON JUAN DE MENDOZA Y EL SEÑOR DON JUAN DE AUSTRIA.

D. JUAN.

Rebelada montaña, Cuya inculta aspereza, cuya extraña Altura, cuya fábrica eminente, Con el peso, la máquina y la frente Fatiga todo el suelo, Estrecha el aire y embaraza el cielo: Infame ladronera, Que de abortados rayos de tu esfera Das, preñados de escándalos tus senos, Aquí la voz y en Africa los truenos. Hoy es, hoy es el dia Fatal de tu pasada alevosía, Porque vienen conmigo Juntos hoy mi venganza y tu castigo; Si bien corridos vienen De ver el poco aplauso que previenen Los cielos á mi fama; Que esto matar y no vencer se llama, Porque no son blasones A mi honor merecidos Postrar una canalla de ladrones Ni sujetar un bando de bandidos: Y así, encargue á los tiempos mi memoria Que la llamo castigo y no vitoria. Saber deseo el orígen deste ardiente Fiero motin.

MENDOZA.

Pues oye atentamente. Esta, austral águila heroica, Es el Alpujarra, esta Es la rústica muralla, Es la bárbara defensa De los moriscos, que hoy, Mal amparados en ella, Africanos montañeses, Restaurar á España intentan. Es por su altura difícil, Fragosa por su aspereza, Por su sitio inexpugnable É invencible por sus fuerzas. Catorce leguas en torno Tiene, y en catorce leguas Más de cincuenta que añade La distancia de las quiebras, Porque entre puntas y puntas Hay valles que la hermosean, Campos que la fertilizan, Jardines que la deleitan. Toda ella está poblada De villajes y de aldeas; Tal, que cuando el sol se pone, A las vislumbres que deja, Parecen riscos nacidos Cóncavos entre las breñas, Que rodaron de la cumbre, Aunque á la falda no llegan. De todas las tres mejores Son Berja, Gavia y Galera, Plazas de armas de los tres Que hoy á los demas gobiernan. Es capaz de treinta mil Moriscos que están en ella, Sin las mujeres y niños, Y tienen donde apacientan Gran cantidad de ganados; Si bien los más se sustentan, Más que de carnes, de frutas Ya silvestres ó ya secas, O de plantas que cultivan; Porque no sólo á la tierra, Pero á los peñascos hacen Tributarios de la yerba; Que en la agricultura tienen Del estudio, tal destreza, Que á preñeces de su azada Hacen fecundas las piedras. La causa del rebelion, Por si tuve parte en ella, Te suplico que en silencio La permitas á mi lengua. Aunque mejor es decir Que fuí la causa primera, Que no decir que lo fueron Las pragmáticas severas Que tanto los apretaron, Que decir esto me es fuerza: Si uno ha de tener la culpa, Más vale que yo la tenga. En fin, sea aquel desaire La ocasion, señor, ó sea Que á Válor al otro dia Que sucedió mi pendencia, Llegó el alguacil mayor Dél, y le quitó á la puerta Del ayuntamiento una Daga que traia encubierta; O sea que ya oprimidos De ver cuánto los aprietan Órdenes que cada dia Aquí de la corte llegan, Los desesperó de suerte, Que amotinarse conciertan: Para cuyo efecto fueron, Sin que ninguno lo entienda, Retirando á la Alpujarra Bastimento, armas y hacienda Tres años tuvo en silencio Esta traicion encubierta Tanto número de gentes: Cosa que admira y eleva, Que en más de treinta mil hombres Convocados para hacerla, No hubiera uno que jamás Revelara ni dijera Secreto de tantos dias. ¡Cuánto ignora, cuánto yerra El que dice que un secreto Peligra en tres que le sepan! Que en treinta mil no peligra, Como á todos les convenga. El primer trueno que dió Este rayo que en la esfera Desos peñascos forjaban La traicion y la soberbia, Fueron hurtos, fueron muertes, Robos de muchas iglesias, Insultos y sacrilegios Y traiciones, de manera Que Granada, dando al cielo Bañada en sangre las quejas, Fué miserable teatro De desdichas y tragedias. Preciso acudió al remedio La justicia; pero apénas Se vió atropellada, cuando Toda se puso en defensa: Trocó la vara en acero, Trocó el respeto en la fuerza, Y acabó en civil batalla Lo que empezó en resistencia. Al Corregidor mataron: La ciudad, al daño atenta, Tocó al arma, convocando La milicia de la tierra. No bastó; que siempre estuvo (Tanto novedades precia) De su parte la fortuna: De suerte, que todo era Desdichas para nosotros. ¡Qué pesadas y qué necias Son, pues en cuanto porfían, Nunca ha quedado por ellas! Creció el cuidado en nosotros, Creció en ellos la soberbia Y creció en todos el daño, Porque se sabe que esperan Socorro de África, y ya Se ve si el socorro llega, Que el defenderle la entrada Es divertirnos la fuerza: Además, que si una vez Pujantes se consideran, Harán los demas moriscos Del acaso consecuencia; Pues los de la Extremadura Los de Castilla y Valencia, Para declararse aguardan Cualquier victoria que tengan. Y para que veais que son Gente, aunque osada y resuelta, De políticos estudios, Oid cómo se gobiernan; Que esto lo habemos sabido De algunas espías presas. Lo primero que trataron Fué elegir una cabeza; Y aunque sobre esta eleccion Hubo algunas competencias Entre Don Fernando Válor Y otro hombre de igual nobleza, Don Álvaro Tuzaní; Don Juan Malec los concierta Con que Don Fernando reine, Casándose con la bella Doña Isabel Tuzaní, Su hermana. (_Ap._ ¡Oh cuánto me pesa De traer á la memoria El Tuzaní, á quien respetan, Ya que á él no le hicieron rey, Haciendo á su hermana reina!) Coronado pues el Válor, La primer cosa que ordena, Fué, por oponerse en todo A las pragmáticas nuestras, O por tener por las suyas A su gente más contenta, Que ninguno se llamara Nombre cristiano, ni hiciera Ceremonia de cristiano: Y porque su ejemplo fuera El primero, se firmó El nombre de Abenhumeya, Apellido de los reyes De Córdoba, á quien hereda. Que ninguno hablar pudiese, Sino en arábiga lengua; Vestir sino traje moro, Ni guardar sino la secta De Mahoma: despues desto, Fué repartiendo las fuerzas. Galera, que es esa villa Que estás mirando primera, Cuyas murallas y fosos Labró la naturaleza, Tan singularmente docta, Que no es posible que pueda Ganarse sin mucha sangre, La dió á Malec en tenencia; A Malec, padre de Clara, Que ya se llama Maleca. Al Tuzaní le dió á Gavia La Alta, y él se quedó en Berja, Corazon que vivifica Ese gigante de piedra. Esa es la disposicion Que desde aquí se penetra; Y esa, señor, la Alpujarra, Cuya bárbara eminencia, Para postrarse á tus piés, Parece que se despeña.

D. JUAN.

Don Juan, vuestras prevenciones Son de Mendoza y son vuestras, Que es ser dos veces leales.--

_(Tocan dentro.)_

Pero ¿qué cajas son estas?

MENDOZA.

La gente que va llegando, Pasando, señor, la muestra.

D. JUAN.

¿Qué tropa es esa?

MENDOZA.

Esta es De Granada, y cuanto riega El Genil.

D. JUAN.

¿Y quién la trae?

MENDOZA.

Tráela el marqués de Mondéjar, Que es el conde de Tendilla, De su Alhambra y de su tierra Perpetuo alcaide.

D. JUAN.

Su nombre El moro en África tiembla.--_(Tocan.)_ ¿Cuál es esta?

MENDOZA.

La de Murcia:

D. JUAN.

¿Y quién es quien la gobierna?

MENDOZA.

El gran marqués de los Vélez.

D. JUAN.

Su fama y sus hechos sean Corónicas de su nombre. _(Tocan.)_

MENDOZA.

Estos son los de Baeza, Y viene por cabo suyo Un soldado, á quien debiera Hacer estatuas la fama, Como su memoria eterna, Sancho de Ávila, señor.

D. JUAN.

Por mucho que se encarezca, Será poco, si no dice La voz que alabarle intenta, Que es discípulo del duque De Alba, enseñado en su escuela A vencer, no á ser vencido. _(Tocan.)_

MENDOZA.

Aqueste que ahora llega, El tercio viejo de Flándes Es, que ha bajado á esta empresa Desde el Mosa hasta el Genil, Trocando perlas á perlas.

D. JUAN.

¿Quién viene con él?

MENDOZA.

Un monstruo Del valor y la nobleza, Don Lope de Figueroa.

D. JUAN.

Notables cosas me cuentan De su gran resolucion Y de su poca paciencia.

MENDOZA.

Impedido de la gota, Impacientemente lleva El no poder acudir Al servicio de la guerra.

D. JUAN.

Yo deseo conocerle.

ESCENA II.

DON LOPE DE FIGUEROA.--DICHOS.

D. LOPE.

Voto á Dios, que no me lleva En aqueso de ventaja Un átomo vuestra Alteza, Porque hasta verme á sus piés, Sólo he sufrido á mis piernas.

D. JUAN.

¿Cómo llegais?

D. LOPE.

Como quien, Señor, á serviros llega De Flándes á Andalucía; Y no es mala diligencia, Pues vos á Flándes no vais, Que Flándes á vos se venga.

D. JUAN.

Cúmplame el cielo esa dicha. ¿Traeis buena gente?

P. LOPE.

Y tan buena, Que si fuera el Alpujarra El infierno, y estuviera Mahoma por alcaide suyo, Entraran, señor, en ella... Si no es los que tienen gota, Que no trepan por las peñas, Porque vienen...

ESCENA III.

UN SOLDADO, GARCÉS, ALCUZCUZ.--DICHOS.

UN SOLD.

_(Dentro.)_ Detenéos.

GARCÉS.

_(Dentro.)_ Tengo de llegar: afuera.

_(Sale Garcés con Alcuzcuz á cuestas.)_

D. JUAN.

¿Qué es esto?

GARCÉS.

De posta estaba A la falda desa sierra, Sentí ruido entre unas ramas, Páreme hasta ver quién era, Y ví este galgo que estaba Acechando detras dellas, Que sin duda era su espía. Maniatéle con la cuerda Del mosquete, y porque ladre Qué hay allá, le traigo á cuestas.

D. LOPE.

¡Buen soldado, vive Dios! ¿Esto hay acá?

GARCÉS.

¡Pues! ¿qué piensa Vueseñoría que todo Está en Flándes?

ALCUZC.

_(Ap.)_ ¡Malo es esta! Alcuzcuz, á esparto olelde El nuez del gaznato vuestra.

D. JUAN.

Ya os conozco: no me cogen Estas hazañas de nuevas.

GARCÉS.

¡Oh cómo premian sin costa Príncipes que honrando premian!

D. JUAN.

Venid acá.

ALCUZC.

¿A mé decilde?

D. JUAN.

Sí.

ALCUZC.

Ser gran favor tan cerca. Bien estalde aquí.

D. JUAN.

¿Quién sois?

ALCUZC.

(_Ap._ Aquí importar el cautela.) Alcuzcuz, un morisquilio, A quien lievaron por fuerza Al Ampujarro; que mé Ser crestiano en me conciencia, Saber la trina crestiana, El Credo, la Salve Reina, El pan nostro, y el catorce Mandamientos de la Iglesia. Por decir que ser crestiano, Darme otros el muerte intentan; Yo correr, é hoyendo, dalde En manos de quien me prenda. Si me dar el vida, yo Decilde cuanto allá piensan, Y lievaros donde entreis Sin alguna resistencia.

D. JUAN.

_(Ap. á Mendoza.)_ Como presumo que miente, Tambien puede ser que sea Verdad.

MENDOZA.

¿Quién duda que hay muchos Que ser cristianos profesan? Yo sé una dama que está Retirada allá por fuerza.

D. JUAN.

Pues ni todo lo creamos Ni dudemos.--Garcés, tenga Ese morisco por preso...

GARCÉS.

Yo, yo tendré con él cuenta.

D. JUAN.

Que en lo que luégo dijere, Veremos si acierta ó yerra. Y ahora vamos, Don Lope, Dando á los cuarteles vuelta, Y á consultar por qué sitio Se ha de empezar.

MENDOZA.

Vuestra Alteza Lo mire bien, porque aunque Parece poca la empresa, Importa mucho; que hay cosas, Mayormente como estas, Que no dan honor ganadas, Y perdidas dan afrenta: Y así, se debe poner Mayor atencion en ellas, No tanto para ganarlas, Cuanto para no perderlas.

_(Vanse Don Juan de Austria, Don Juan de Mendoza, Don Lope y soldados.)_

ESCENA IV.

GARCÉS, ALCUZCUZ.

GARCÉS.

Vos ¿cómo os llamais?

ALCUZC.

Arroz; Que si entre moriscos era Alcuzcuz, entre crestianos Seré arroz, porque se entienda Que menestra mora pasa A ser crestiana menestra.

GARCÉS.

Alcuzcuz, ya sois mi esclavo: Decid verdad.

ALCUZC.

Norabuena.

GARCÉS.

Vos dijisteis al señor Don Juan de Austria...

ALCUZC.

¿Que aquél era?

GARCÉS.

Que le llevariais por donde Entrada tiene esa sierra.

ALCUZC.

Sí, mi amo.

GARCÉS.

Aunque es verdad Que él á sujetaros venga Con el marqués de los Vélez, Con el marqués de Mondéjar, Sancho de Avila y Don Lope De Figueroa, quisiera, Yo que la entrada á estos montes Solo á mí se me debiera: Llévame allá, porque quiero Mirarla y reconocerla.

ALCUZC.

(_Ap._ Engañifa á este crestiano He de hacerle, é dar la vuelta Al Alpujarra.) Venilde Conmigo.

GARCÉS.

Detente, espera; Que en este cuerpo de guardia Dejé mi comida puesta Cuando salí á hacer la posta, Y quiero volver por ella; Que en una alforja podré (Porque el tiempo no se pierda) Llevarla, para ir comiendo Por el camino.

ALCUZC.

Así sea.

GARCÉS.

Vamos pues.

ALCUZC.

_(Ap.)_ Santo Mahoma, Pues tú selde mi profeta, Lievarme, é á Meca iré, Aunque ande de ceca en meca.

_(Vanse.)_

* * * * *

_Jardin en Berja._

ESCENA V.

MORISCOS Y MÚSICOS; _y detras_, DON FERNANDO VÁLOR Y DOÑA ISABEL TUZANÍ.

VÁLOR.

A la falda lisonjera Dese risco coronado, Donde sin duda ha llamado A córtes la primavera, Porque entre tantos colores De su república hermosa Quede jurada la rosa Por la reina de las flores, Puedes, bella esposa mia, Sentarte. Cantad, á ver Si la música vencer Sabe la melancolía.

D.ª ISAB.