Part 17
¿Pues qué es ello? ¿Es bien hacerme caer En falta con todo un pueblo, Que estaba ya convidado? ¿Es juego de niños esto? --Venga usted á ser ahorcado. --Vaya usted, que ya está absuelto.-- ¿Qué ha de decirse de mí, Sino que soy un grosero, Y no valgo cuatro cuartos Para ahorcado? Y fuera desto, ¿Qué ahorcado no es como un pino De oro, en el comun lamento De las viejas que le lloran? ¿Está por ventura el tiempo Para no ser pino de oro, Siquiera por un momento? La costa que tenía hecha, De más de cuatro mil gestos, Para escoger los que habia De ir por el camino haciendo, ¿Qué he de hacer della? Y despues, ¿Qué dirán de mí los ciegos, Que la jácara tendrán Escrita ya de mis hechos? Ello, he de morir ahorcado; Que mi honra es lo primero: Y así, ustedes no se cansen, Que aunque les pese, he de hacerlo. Pues luégo ¡es bobo el delito, Sino oir al pregonero: «Esta es la justicia, á este hombre Por príncipe contrahecho!»
SOLD. 1.º
Ande el menguado.
SOLD. 2.º
Este es loco.
POLIDOR.
Hablemos bien, caballeros; Que no es loco ni menguado Quien tiene mi entendimiento.
SOLD. 1.º
Dejarle para quien es.
POLIDOR.
Han de ahorcarme, ó sobre eso Me mataré con mi padre, Con mi tio y con mi abuelo: Y para satisfacer Hoy á todo el universo De que no queda por mí, A voces iré diciendo: «Esta es la justicia, á este hombre Por príncipe contrahecho.»
SOLD. 1.º
Pues por vida...
POLIDOR.
¿Qué me jura?
ESCENA V.
ARISTÓBOLO.--DICHOS.
ARISTÓB.
Polidoro, pues ¿qué es esto?
SOLD. 2.º
No es nada.
POLIDOR.
No sino mucho.
ARISTÓB.
¿Qué es, dí?
POLIDOR.
Un atrevimiento, Y un desacato muy grande, Que aquí contigo se ha hecho; Pues siendo yo tu persona Ahorcarme quisieron éstos, Y no pudo ser á mí Cuando yo no era yo mesmo, Porque hacía tu papel.
ARISTÓB.
Pues si conmigo es el duelo, Satisfecho le perdono, Porque no te quejes dellos. ¿Dónde está el Emperador?
SOLD. 1.º
En su tienda.
ARISTÓB.
Pues yo quiero Irle á agradecer la vida A la piedad de su pecho.
POLIDOR.
Yo sabré de aquí adelante El papel que represento. _(Vanse.)_
* * * * *
_Aposento retirado en el palacio de Heródes, en Jerusalen._
ESCENA VI.
EL TETRARCA, MARIENE, ACOMPAÑAMIENTO.
TETRARC.
Despues de darme la vida, Que yo tan á costa compro De los agravios que callo, De las desdichas que lloro, Torciendo las blancas manos, Humedeciendo los ojos, Turbada la voz del pecho, Pálido el color del rostro, Hasta el palacio has llegado, Y en él á lo más remoto De sus cuartos. Pues ¿qué es esto? Mira que es afecto impropio Del beneficio cobrarle Tan presto: no rigoroso Tu pecho aquel bruto sea, Que viendo el veloz arroyo De una fuente inficionado Del áspid, noble y piadoso La enturbia porque no beba El caminante, que absorto De ver enturbiar la plata, Que le brindó con sonoro Acento á beber cristal En penada copa de oro, Maldice al bruto, ignorando El favor: yo así dudoso, No agradeceré la vida, Si con agravios la logro; Que es turbar los beneficios Embozarlos con enojos.
MARIENE.
Ya hemos llegado hasta el cuarto Prevenido. Salíos todos.
_(Vase el acompañamiento.)_
Tú tenme abierta esa puerta, En tanto que yo dispongo Cerrar esotra.
TETRARC.
_(Ap.)_ ¿Fortuna, Qué es esto?
MARIENE.
Ya estamos solos.
TETRARC.
¿Qué miras?
MARIENE.
Miro el puñal, Que del reloj presuroso De mi vida fué el volante.
TETRARC.
En un peligro notorio De mi vida, le perdí.
MARIENE.
Pues escucha.
TETRARC.
Ya te oigo.
MARIENE.
Bien pensarás, oh cobarde Amante, oh tirano esposo, Aleve, cruel, sangriento, Bárbaro, atrevido y loco, Bien pensarás que pedir A aquel monarca famoso, A aquel valiente romano, A aquel capitan heróico, Cuya vida el ave sea Que en sagrado mauseolo Nace, vive, dura y muere, Hijo y padre de sí propio, La tuya, comprada á precio De suspiros y sollozos, Ha sido piedad y amor De mi pecho generoso; Pues no ha sido, no, piedad, Ni amor, afecto rabioso Y venganza sí, porque No hay otro estilo, no hay otro Camino de castigar Un ingrato pecho, como Pagarle con beneficios, Cuando ofende con enojos; Que merced hecha á un ingrato, Más que merced es oprobio. No pues por librarte, no, Del veneno riguroso Turbé el cristal, aprendiendo Piedades del unicornio; Antes, para que le bebas, Te le enturbié con embozos; Y al reves de la piedad De aquel animal piadoso Procedí, pues él cubrió El beneficio de polvo, Y yo de halagos la ofensa: ¡Mira lo que hay de uno á otro, Que él desdora las piedades, Y yo las crueldades doro! No me diera, no, venganza Verte morir, cuando noto Que es la muerte en los afanes Ultima línea de todos; Verte vivir, sí, ofendido, Aborrecido y quejoso; Porque en el mundo no hay Castigo más riguroso Para un ingrato, que verse Olvidado de lo propio Que se vió amado: el que llega Á esto, ¿cómo vive? ¿cómo? Fuera desto, por mí misma, Por mi honor, por mi decoro, Pedí tu vida, encubriendo Las causas con que me enojo, Que saben todos quién soy, Y quién eres uno solo; Y no por ganar con uno, Habia de perder con todos. Tu vida pedí en efecto, Porque sepas que no ignoro Que has vivido en esta ausencia De mi muerte cuidadoso. Este papel, esta firma Te convenza. ¡Con qué asombro Le miras, quedando viva Estatua de nieve y plomo! En mi mano está: no tienes Que examinar estudioso Cómo vino á ella, porque La tierra, viendo el adorno Y la hermosura que debe A ese cristalino globo, Que parte la luna á giros, Que el sol ilumina á tornos, Le ofreció de no encubrirle Nada en su centro más hondo; Que áun los cielos, con ser cielos, Dan las mercedes á logro. ¿Tú eres (¡aquí de mi aliento!) Tú (desmayo al primer soplo, Con mis lágrimas me anego, Con mis suspiros me ahogo) De Jerusalen Tetrarca? ¿Tú eres rama de aquel tronco? ¡Qué bien dice aquel que dice Que eres bajo y afrentoso Idumeo, cuya cuna Bárbara es! ¿Qué más apoyo Desta opinion, que tus celos, Infames como alevosos? ¿Qué fiera la más cruel, Qué bruto el más riguroso, Qué pájaro el más aleve, Qué bárbaro el mas ignoto Mató muriendo? pues ántes De hombres, fieras y aves oigo Que mueren dando la vida. Dígalo en bramidos roncos La víbora, que mordiendo Sus entrañas, poco á poco Se despedaza, sacando Muchas vidas de un aborto. Dígalo el ave que muestra El pecho en mil partes roto, Y por dar la vida, muere Desangrada entre sus pollos. Dígalo el bárbaro, pues Que al peligro más notorio Expuesto el pecho, á su espalda Pone á su esposa, y piadoso Es escudo de su vida Contra la pluma y el plomo. Mas tú, más que todos fiero; Mas tú, más bruto que todos; Mas tú, más bárbaro, en fin, No solo apénas, no solo Favoreces lo que amas; Pero avaro de los gozos, Aun muriendo no los dejas: Bien como el que codicioso Amante de sus riquezas, Porque no las goce otro, Manda que despues de muerto Le entierren con su tesoro. Supongo que fué fineza Este decreto, supongo Que fué con celos; que nada Quiero dejar en tu abono: ¿Quién muriendo, pues, previno Avariento ó cauteloso, Llevar desde aqueste mundo Prevenciones para el otro? Si es nuestra vida una flor Sujeta al más fácil soplo De los alientos del austro, De los suspiros del noto, Que en espirando ella, espira Todo cuanto vemos, todo Cuanto gozamos; ¿qué error Dispuso que tú celoso Prevengas para el sepulcro Las riquezas y los gozos? ¿Qué hazaña de amor es esta? Y pues examino y toco Que podrá vivir mi pecho Más seguro y más dichoso Aborrecido que amado, Desde aquí á mi cargo tomo El hacer que me aborrezcas; Que aunque pudiera con otro Medio huir de tí, y vivir En el clima más remoto (Donde el sol avaramente Dispensa sus rayos rojos, Ú donde pródigo abrasa Menudas arenas de oro) Más feliz sin tí y conmigo, No he de dar con tal divorcio Que decir al mundo, y esto Se quedará entre nosotros. En tu vida, ni en mi vida Me has de mirar sin enojos, Me has de hablar sin sentimientos, Me has de escuchar sin oprobios, Ver sin suspiro los labios, Ver sin lágrimas los ojos; Y este obscuro velo puesto Siempre delante del rostro, Estorbará el que te vea, Siendo mis reales adornos Eternamente este luto; Y en aquese cuarto solo Viviré con mis mujeres Guardando viudez en todo. Y nunca me entres en él, Que por los dioses que adoro, Que de la más alta almena Me arroje al sepulcro undoso Del mar, donde infelizmente Me oculte en su centro hondo. Y no me sigas, porque Te miro con tanto asombro, Con tanto temor te hablo, Con tanto pavor te oigo, Que pienso que ya se cumple De aquel judiciario docto El hado; pues si él me dijo Que tu acero prodigioso, Y el mayor monstruo del mundo Me amenazan, hoy conozco La verdad, pues si entras dentro, Huyendo del uno al otro, O me ha de matar tu acero, O el mar, que es el mayor monstruo.
_(Vase, y cierra la puerta.)_
ESCENA VII.
EL TETRARCA.
¡Hasta aquí pudo, hasta aquí Llegar un hado cruel! El papel mismo, el papel Que con Filipo escribí A Tolomeo ¡ay de mí! ¿Tiene Marïene? ¡fuerte Dolor! Y ella ¡injusta suerte! De mi rigor ofendida, Me ha dilatado la vida, Por dilatarme la muerte. No me quejo del rigor Con que se queja á los cielos: Bien lo merecen mis celos, Bien lo merecen mi amor. Mas quéjome de un traidor Tan aleve y tan cruel... Mas ¡ay de mí! que no es dél La culpa, que sólo es mia, Que esto merece quien fía Sus secretos de un papel. Ni sé qué hacer, ni decir: Que entre uno y otro pesar, Ya ni me puedo quejar, Ni dejarlo de sentir. Desenojarla es mentir, Porque es mi amor de manera, Mi pasion tan dura y fiera, Que si en tanta confusion Hoy volviera á la prision, Hoy al delito volviera. Porque ella, al fin, no ha de ser, Ni vivo, ni muerto yo, De otro nuevo dueño, no; Que mi amor se ha de ofender, Aunque no lo llegue á ver. En parte gusto me ha dado El que se haya declarado, Pues en esta ocasion ya, Sin escándalo estará Siempre este cuarto cerrado. Cerraréle por de fuera, Y yo mismo no entraré En él, porque áun yo no sé Si á mí otros celos me diera. Y sí hiciera, sí, sí hiciera, Pues si á mirarme llegara En sus brazos, y pensara Que era tan dichoso, allí Me desconociera á mí, Y que era otro imaginara. De suerte que mis desvelos, Enseñados á desdichas, Tuvieran miedo á mis dichas, Pues ellas me dieran celos. ¿Quién son estos desconsuelos, Quién es aqueste rigor, Cuya pena, cuyo horror, Que no es, discurso prolijo, Ni envidia, ni amor, es hijo De la envidia y del amor? Hecho de heridos despojos, Tiene de sirena el canto, Y de cocodrilo el llanto, De basilisco los ojos, Los oidos, para enojos, Del áspid: luego bien fundo, Siendo monstruo sin segundo Esta rabia, esta pasion De celos, que celos son El mayor monstruo del mundo.
ESCENA VIII.
FILIPO, TOLOMEO.--EL TETRARCA.
FILIPO.
¿Cómo te daré, señor, El parabien de tu vida?
TETRARC.
Viendo la tuya rendida A manos de mi rigor.
FILIPO.
¿En qué te ofendí?
TETRARC.
Traidor, Poco leal, ménos fiel, ¿Qué hiciste, dí, de un papel Qué...?
TOLOM.
_(Ap.)_ Ya mis desdichas creo.
FILIPO.
¿No era para Tolomeo?
TETRARC.
Sí.
FILIPO.
Pues él te dirá dél.
TOLOM.
_(Ap.)_ ¡Qué poco duró (¡ay de mí!) El secreto en la mujer!
TETRARC.
Dí tú, traidor.
TOLOM.
_(Ap.)_ ¿Qué he de hacer?
TETRARC.
Un papel que te escribí, ¿Qué es dél?
TOLOM.
(_Ap._ La verdad aquí Es la disculpa mejor.) Una dama...
TETRARC.
Dí.
TOLOM.
Señor, A quien sirvo para esposa...
TETRARC.
Prosigue.
TOLOM.
De mí celosa (Necios delitos de amor), Me le quitó de la mano, Y ella...
TETRARC.
No prosigas, no, Y castigue ese error yo...
FILIPO.
Tente, señor.
TETRARC.
Por mi mano.
TOLOM.
Ya esperar aquí es en vano. La fuga mi vida guarde.
FILIPO.
Huid, Tolomeo.
TETRARC.
¡Ah cobarde! Si al mismo cielo te subes, Campaña serán las nubes Que hagan de mi honor alarde.
_(Huye Tolomeo, y síguele Heródes, á quien procura detener Filipo.)_
* * * * *
_Campo, y en él la tienda de Otaviano._
ESCENA IX.
TOLOMEO, _huyendo_, Y FILIPO, _deteniendo al_ TETRARCA.
TOLOM.
¿Dónde de tanto rigor Estaré seguro? _(Éntrase en la tienda.)_
FILIPO.
Advierte Que huyendo tu acero fuerte, Al campo salió, señor, Y ya del Emperador Hasta la tienda ha llegado.
TETRARC.
Pues válgale ese sagrado Por ahora; aunque no sé Cómo un punto viviré Ofendido y no vengado. _(Vanse.)_
ESCENA X.
OTAVIANO Y TOLOMEO, _saliendo de la tienda_.
OTAVIAN.
Hombre, que turbado y ciego, Robado el color, y puesta La mano en la espada, osas Haber entrado en mi tienda, Cuando he mandado que todos Solo me dejen en ella Con mis pesares: si acaso Alguna traicion intentas. Buena ocasion has hallado. ¿Qué aguardas?
TOLOM.
Detente, espera, Que es lealtad, y no traicion, La que á este trance me fuerza.
OTAVIAN.
¿Quién eres?
TOLOM.
Soy un soldado, Hijo infeliz de la guerra, Que llegué por mis servicios A ser capitan en ella De las guardias del Tetrarca, Y de Sion en su ausencia Gobernador.
OTAVIAN.
¿Qué pretendes?
TOLOM.
No mi vida, aunque pudiera, La de Marïene sí, Que es mi señora y mi Reina.
OTAVIAN.
Buenas cartas de favor Traes. Dí, y lo que fuere sea.
TOLOM.
(_Ap._ ¡Oh Libia, cuánto el empeño De tu libertad me arriesga, Pues por tí de una verdad He de hacer una cautela!) El Tetrarca enamorado Tanto de su esposa bella Vivió, que intentó pasar A la práctica experiencia, De que á amores y privanzas, Cuando sus aumentos llegan, Es de la felicidad Declinacion la tragedia. Viendo, pues, que de su muerte Pronunciada la sentencia Estaba; y viendo que tú, Enamorado de verla, En dos retratos la amabas (Que todo aquesto me cuenta Quien trajo una carta), aleve Dispuso mandarme en ella Que yo, como quien aquí La asistia de más cerca, La atosigase y matase: Cuyos celos de manera, Al verla hoy viva y contigo, Crecieron con la sospecha De que por ella tomaste A Jerusalen la vuelta; Que en vez de que agradeciese[16] El que su vida pidiera Con tantas ánsias, llegó[17] Con ella á palacio apénas, Cuando en un obscuro cuarto La encerró, y con saña fiera Conmigo embistió á matarme, Por no haberla hallado muerta. Dél es de quien vengo huyendo A darte la infeliz nueva De que Marïene está Por tí en tanto riesgo puesta, Que no tiene de su vida, Seguridad; pues es fuerza, Quien en ausencia lo manda, Que lo ejecute en presencia. Pues eres César, señor, Y tan generoso César, Que para victorias tuyas Faltan plumas, faltan lenguas, Del poder deste tirano La saca, porque te deba El sol su mejor aurora, La aurora su mejor perla, La tierra su mejor sol, Y el cielo su...
[16] Falta algo aquí.
[17] Falta algo aquí.
OTAVIAN.
Cesa, cesa; Calla, calla, no prosigas, No en la persuasion me ofendas. ¡Expuesta Mariene, cielos! ¿Y por mi ocasion expuesta Á tanto riesgo? ¿Qué aguardo? No soy quien soy, si por ella No pierdo la vida. Iré Donde... (_Ap._ Mas con más prudencia Lo he de mirar; que no es bien Que la informacion primera Me lleve tras sí, y más cuando No es cobarde la sospecha De todos estos.) Soldado, Mira si verdad me cuentas.
TOLOM.
Tanto, que á la misma torre Adonde encerrada, presa Y afligida está, señor, Te llevaré á que la veas, Luego que baje la noche De pardas sombras cubierta.
OTAVIAN.
¿A la misma torre?
TOLOM.
Sí, Porque yo tengo...
OTAVIAN.
Dí apriesa.
TOLOM.
(_Ap._ ¡Para qué de cosas sirve Hoy mi amor!) Llave maestra De sus jardines. Si acaso De mi lealtad te recelas, Lleva tus guardas contigo Y todo el palacio cerca, Para que en cualquiera trance, Llegando una vez á verla, Como he dicho, en su socorro, Asegures su defensa. (_Ap._ Y yo la vida de Libia, Pues que no dudo que puesta La ciudad en confusion, Podré ir á favorecerla.)
OTAVIAN.
Tan á los reparos sales, Que ya nada dudo; y sea En fin lealtad ó traicion, Por verte, Mariene bella, Iré, y si es á darte vida, Quiera amor que lo agradezcas. _(Vanse.)_
* * * * *
_Habitacion de Mariene._
ESCENA XI.
MARIENE, SIRENE; DAMAS, _unas con luces, que pondrán en un bufete, y otras con azafates_.
MARIENE.
Dejadme morir.
SIRENE.
Avierte Que esa pena, ese dolor, Más que tristeza es furor, Y más que furor es muerte.
MARIENE.
Es tan fuerte Mi mal, es tan riguroso, Que no me mata de fiel, Sin ver él Que ser conmigo piadoso, No es dejar de ser cruel.
DAMA 1.ª
Ya que aborreciendo el lecho, En el jardin te has estado Hasta esta hora, dé el cuidado Blandas treguas al despecho.
MARIENE.
Mal sospecho Que pueda el sueño aliviar Mi pesar; Pero, porque no pagueis La culpa que no teneis, Empezadme á destocar.
_(Recogen las damas en los azafates los adornos que quita Mariene.)_
SIRENE.
¿Quieres, miéntras desafía Al sol esplendor tan bello, Desobligado el cabello De los adornos del dia, La voz mia Algo te advierta?
MARIENE.
No, Porque yo No quiero que me mejore Quien cante, sino quien llore.
SIRENE.
Filósofo hubo que halló Causa en la naturaleza Para aumentar la armonía, Al alegre la alegría, Como al triste la tristeza.
MARIENE.
Pues empieza, Con calidad que el dolor Hagas mayor.
SIRENE.
Con una letra será, Que aunque es antigua, podrá Conseguir eso mejor. _(Canta.)_ _Ven, muerte, tan escondida,_ _Que no te sienta venir,_ _Porque el placer del morir_ _No me vuelva á dar la vida._
MARIENE.
¡Bien sentida Y declarada pasion! ¿Cúyos son Esos versos?
SIRENE.
No lo sé, Porque acaso los hallé, Estudiando otra cancion.
MARIENE.
Vuélvelos á repetir, Porque yo con ellos pida...
LAS DOS.
_Ven, muerte, tan escondida_ _Que no te sienta venir._
MARIENE.
Mas si á advertir Llego mi ansia entretenida, El canto impida, Que ya no los quiero oir.
LAS DOS.
_Porque el placer del morir_ _No me vuelva á dar la vida._
ESCENA XII.
OTAVIANO Y TOLOMEO, _á la puerta, embozados_.--DICHAS.
TOLOM.
_(Ap. á Otaviano.)_ Pisando las negras sombras En el silencio nocturno, El jardin has penetrado, Al tiempo que al cuarto suyo Se iba retirando ella.
OTAVIAN.
_(Ap. á Tolomeo.)_ Ya tus verdades no dudo, Ni su prision, pues tan sola Está, y vestida de luto Todavía. Tú á la puerta, En tanto que me aseguro De si es acaso ó malicia. Pues ménos ruido hará uno, Me espera.
TOLOM.
Sí haré, teniendo La gente que has traido, á punto Para cualquier accidente. _(Vase.)_
ESCENA XIII.
DICHOS, _ménos_ TOLOMEO.
OTAVIAN.
_(Ap.)_ Tanto de verla me turbo, Que no sabré discurrir Si esto es ya pesar ó gusto.
MARIENE.
Vuelve, Sirene, pues es Tan á mi intento el asunto.-- Tú, Laura, cierra esas puertas.
SIRENE.
Obedecerte procuro. _(Canta.)_ _Ven, muerte, tan escondida..._
DAMA 1.ª
Y yo tambien, pues acudo A cerrar las puertas.
_(Al ir hácia donde está Otaviano, él la detiene.)_
OTAVIAN.
No Lo intentes, que es dolor sumo, Sin luz y sol quedar ciego Dos veces.
DAMA 1.ª
¡Qué veo y escucho! ¡Ay de mí infeliz!
MARIENE.
¿Qué es eso?
DAMA 1.ª
El mal embozado bulto De un hombre que ha entrado aquí.
MARIENE.
¡Hombre aquí!
OTAVIAN.
_(Ap.)_ Ya hablar no excuso.
MARIENE.
Dad voces.
SIRENE.
Yo no podré, Que áun cómo respirar dudo.
DAMA 1.ª
Ni yo, que apénas aliento.
DAMA 2.ª
Ni yo, que medrosa huyo.
_(Huyen las damas, dejando caer los azafates y adornos.)_
ESCENA XIV.
MARIENE, OTAVIANO.
MARIENE.
Huya tambien yo.
OTAVIAN.
_(Desembozándose.)_ Teneos, Vos, y reparad el susto; Que más que para enojaros, Para serviros os busco.
MARIENE.
¡Vos, señor! pues... cómo... si... Aquí... yo... cuando...
OTAVIAN.
Quien pudo Antes de veros amaros, Despues de veros, mal dudo Que dejar de amaros pueda.
MARIENE.
No son de César Augusto Esas razones.
OTAVIAN.
Sí son, Pues más á veros me indujo Vuestro daño que mi afecto, Vuestro riesgo que mi gusto. Yo he sabido que, en poder De tirano dueño injusto, Estais expuesta al peligro De tan sacrílego insulto Como que obre por su mano Lo que á la ajena dispuso. A poner en salvo vengo Vuestra vida.
MARIENE.
El labio mudo Quedó al veros, y al oiros Su aliento le restituyo, Animada para sólo Deciros que algun perjuro, Aleve y traidor, en tanto Malquisto concepto os puso. Mi esposo es mi esposo, y cuando Me mate algun error suyo, No me matará mi error, Y lo será si dél huyo. Yo estoy segura, y vos mal Informado en mis disgustos; Y cuando no lo estuviera, Matándome un puñal duro, Mi error no me diera muerte, Sino mi fatal influjo; Con que viene á importar ménos Morir inocente, juzgo, Que vivir culpada á vista De las malicias del vulgo. Y así si alguna fineza He de deberos, presumo Que la mayor es volveros.
OTAVIAN.
Sí haré, si vuestro discurso, Como salva mi primero Motivo, salva el segundo. Un retrato tenía vuestro, A cuyo hermoso dibujo, Sin saber cúyo era, daba Mi humana adoracion culto. Por sanear sospechas (ya Lo vísteis) sabiendo cúyo Fuese, os le dí, y pues sirvió Ya en vuestro abono, no dudo Que con justicia le pido.
MARIENE.
No haceis; que tenerle es uno Por acaso, y otro es Por voluntad; y á este puro Fuego abrasará mi mano,
_(Haciendo ademan de acercarla á una de las hachas que alumbran el cuarto.)_
Si en ella el menor impulso Reconociera de que Para volvérosle tuvo.
OTAVIAN.
No hicierais, porque impidiera Yo llegar al ardor suyo, Estorbando así la accion.
_(Quiere tomarla la mano, y ella lo resiste.)_
MARIENE.
Es atrevimiento injusto.
OTAVIAN.
No es sino justo deseo.
MARIENE.
Antes á los cielos juro, Que con vuestro mismo acero,
_(Quita á Otaviano el puñal que trae, que es el de Herodes.)_
Que ya en mi mano desnudo Está, me atraviese el pecho.
OTAVIAN.
Ténte, mujer; que confundo Mis sentidos al mirar No sé qué fatal trasunto, Que ví otra vez.
MARIENE.
De ese pasmo, De ese pavor que en tí infundo, El contratiempo gozando, Huiré, puesto el iracundo Acero al pecho. Mas ¡cielos! _(Conociéndole.)_ ¿No es el que fiero y sañudo Me amenaza? Con más causa Ya de dos contrarios huyo.
_(Arroja el puñal, huye, y síguela Otaviano.)_
OTAVIAN.
Oye, espera. _(Vanse.)_
ESCENA XV.
EL TETRARCA.