Teatro selecto, tomo 2 de 4

Part 14

Chapter 143,865 wordsPublic domain

Enfrena un poco el rigor, Sabrás de los dos, señor; Y de mi voz advertido, Oirás que los dos han sido Funestos triunfos de amor. Apénas rota su armada Vió Antonio, cuando la alada Nave, haciéndose á la vela, Nada pensando que vuela, Vuela pensando que nada; Pues con ligereza suma, Pez sin escama nadaba, Ave volaba sin pluma, Tan veloz, que no le ajaba Un solo rizo á su espuma. A Ménfis en fin llegó, Donde rehacerse pensó De la pérdida y tornar A la campaña del mar, Que tantas desdichas vió; Mas viendo que le seguias A Ménfis, y que traias De tu parte á la fortuna, Pues al orbe de la luna Con alas suyas subias; Lamentando mal y tarde La pérdida de su gente, Sin que á ser despojo aguarde, Del extremo de valiente Dió al extremo de cobarde; Pues ciego y desesperado, Al panteon, colocado[10] A egipcios reyes, entró Y una sepultura abrió, Donde vivo y enterrado, Dijo, sacando el acero: «Nadie ha de triunfar primero De mí que yo mismo: así Triunfo yo mismo de mí, Pues yo mismo mato y muero.» Cleopatra que le seguia, Viendo que ya agonizaba, Bañado en su sangre fria, Cuyo aliento pronunciaba Más, cuanto ménos decia: «Muera (dijo) yo tambien; Pues por piedad ó por ira, No cumple con ménos quien Llega á querer bien, y mira Muerto á lo que quiso bien.» Y asiendo un áspid mortal De las flores de un jardin, Dijo: «Si otro de metal Dió á Antonio trágico fin, Tú serás vivo puñal De mi pecho; aunque sospecho Que no moriré, á despecho De un áspid, pues en rigor, No hay áspid como el amor, Y há dias que está en mi pecho.» Y él con la sed venenosa Hidrópicamente bebe, Cebado en Cleopatra hermosa, Cristal que exprimió la nieve, Sangre que vertió la rosa. Yo lo ví todo, porqué Así como aquí llegué, El palacio examinando, A Aristóbolo buscando, Hasta el sepulcro me entré, Donde él rendido al valor, Y ella postrada al dolor Yacen, porque de esta suerte Aun no divida la muerte A dos que junta el amor.

[10] Erigido.

OTAVIAN.

Aquí dió fin mi esperanza, Aquí murió mi alabanza, Pues por asombro tan fuerte, No ha de pasar mi venganza Los umbrales de la muerte. Ya triunfar de ellos no espero; Que yo solamente quiero Saber qué intento ha obligado Al Tetrarca tu cuñado Para que sañudo y fiero Te enviase contra mí.

POLIDOR.

Si tú estás diciendo aquí Que es cuñado, ¿no es error Preguntarme qué es, señor, Su intento? Pues digo así Que lo que á esto le ha obligado, Es el verme de esta suerte, Pues solo me habrá enviado A que tú me des la muerte, Propia alhaja de un cuñado.

CAPITAN.

Si examinar su intencion Quieres, yo te la diré, Pues con aquesta ocasion Este cofre les quité. Joyas y papeles son Las que hay en él.

OTAVIAN.

Muestra á ver. --Cifra es del mayor poder Su inestimable riqueza; Mas la pintada belleza De una extranjera mujer

_(Saca del cofrecillo un retrato.)_

Es la más noble y mejor Joya, y la de más valor. No ví más viva hermosura, Que el alma de la pintura.

ARISTÓB.

_(Ap.)_ Atento el emperador Mira el retrato fiel; Mas ¡ay fortuna cruel! Ver los papeles porfía. ¡Mal haya el hombre que fía Sus secretos á un papel!

_(Saca Otaviano del cofrecillo una carta.)_

OTAVIAN.

_(Lee.)_ «En esta faccion está el fin de mis deseos, pues no espero para declararme emperador de Roma, sino que Otaviano, rendido ó preso...»

¿Qué tengo que saber más? Y pues sospechoso estás, Y aun convencido conmigo, Miéntras pienso tu castigo, En una torre estarás.

POLIDOR.

No son buenos pensamientos Andar pensando tormentos. ¿No será mucho mejor, Que no castigos, señor, Pensar gustos y contentos?

OTAVIAN.

Llevadle de aquí.

POLIDOR.

Escuchar Debes que...

OTAVIAN.

No hay que aguardar.

POLIDOR.

Sí hay.

OTAVIAN.

Dí.

POLIDOR.

Solamente digo Que no hay que esperar castigo, Pues no me dejas hablar.

_(Los soldados se llevan á Polidoro.)_

ESCENA VIII.

OTAVIANO, ARISTÓBOLO, EL CAPITAN.

OTAVIAN.

_(Al Capitan.)_ Tú partirás al momento Con gente y armas, y atento A mi cesárea obediencia, Traerás preso á mi presencia Al Tetrarca; que es mi intento Que como á César me dé Del tiempo que ha gobernado Residencia: y tú, porque En efecto eres criado, En quien tal lealtad se ve, Darte libertad espero; Pero por rescate quiero Que ya liberal me des El decirme cúyo es Este retrato.

ARISTÓB.

(_Ap._ Aquí muero De confusion: si le digo Quién es, á amarla le obligo; Desesperarle es mejor. Halle imposible su amor Al principio: así consigo Su quietud.) Esa pintura, Sombra ya de una escultura, Ceniza de un rayo ardiente, Es memoria solamente De una difunta hermosura.

OTAVIAN.

¿Muerta es esta mujer?

ARISTÓB.

Sí.

OTAVIAN.

_(Ap.)_ ¿Para qué, amor, ¡ay de mí! Sin esperanzas la veo?

ARISTÓB.

_(Ap.)_ Bien se logró mi deseo.

OTAVIAN.

Libre estás, véte de aquí. _(Vase Aristóbolo.)_

ESCENA IX.

OTAVIANO.

La muerte y el amor una lid dura Tuvieron sobre cuál era más fuerte, Viendo que á sus arpones de una suerte Vida ni libertad vivió segura. Una hermosura amor divina y pura Perficionó, donde su triunfo advierte; Pero borrando tanto sol la muerte, Triunfó así del amor y la hermosura. Viéndose amor entónces excedido, La deidad de una lámina apercibe, A quien borrar la muerte no ha podido. Luego bien el laurel amor recibe, Pues de quien vive y muere dueño ha sido, Y la muerte lo es sólo de quien vive. _(Vase.)_

* * * * *

_Campo en las inmediaciones de Jafa._

ESCENA X.

LIBIA.

Por las faldas lisonjeras De estos elevados riscos, Que son del puerto de Jafa Enamorados Narcisos, A divertir mis pesares Melancólica he salido, Por no escuchar los ajenos, Pudiendo llorar los mios. Sola estoy, salga del pecho En acentos repetidos Mi dolor. ¡Ay Tolomeo! En tanto que lloro y gimo Desdichas tuyas, admite Este llanto que te envío. Bastaba quererte bien, Para que (¡rigor impío!) Te sucediese mal todo, Tropezando en tus peligros. Cuando victorioso (¡ay triste!) Te esperaba el pecho mio, Dulce fin de tus amores, ¡Muerto has llegado y vencido!

ESCENA XI.

MARIENE, SIRENE.--LIBIA.

SIRENE.

Casta Vénus de estos montes, Si á divertir has venido Con la música y las flores Los ojos y los oidos, La atencion vuelve y la vista A ese bruto cristalino, Pues son flores sus celajes Y música sus bramidos.

MARIENE.

Nada puede para mí Servir, Sirene, de alivio.

ESCENA XII.

EL TETRARCA, FILIPO.--DICHOS.

FILIPO.

Este es, señor, el puñal, Que ya una vez despedido De tu mano, vuelve á ella.

TETRARC.

Ya con asombro le miro Como á fatal instrumento. Mas dí, ¿cómo se ha sentido Tolomeo?

FILIPO.

No es la herida, Señor, de tanto peligro, Como la falta de sangre.

TETRARC.

Marïene.

MARIENE.

Esposo mio.

TETRARC.

Girasol de tu hermosura, La luz de tus rayos sigo, Bien como la flor del sol, Cuyos celajes y visos, Iluminados á rayos, Tornasolados á giros, Le van siguiendo, porque Iman del fuego atractivo, Le hallan su vista ó su ausencia, Ya luciente, y ya marchito.

MARIENE.

Ya que del fuego te vales, Sea amor ó sea artificio, Yo tambien; pues como aquella Ave que tuvo por nido Y por sepulcro la llama, Enamorando el peligro, Bajel de púrpura y oro, Bate los remos de vidrio; Así yo que á tantos rayos Vida, muriendo, recibo, Hasta que abrasada muera, Me parece que no vivo.

TETRARC.

Dejadnos solos.

_(Vanse Filipo, Libia y Sirene.)_

ESCENA XIII.

EL TETRARCA, MARIENE.

TETRARC.

Ya pues Que serán mudos testigos De mis lágrimas y voces Estos mares y estos riscos, Salgan, Marïene hermosa, Afectos del pecho mio En lágrimas á las ondas, Y á las peñas en suspiros. Este sangriento puñal, Sacre de acero bruñido (Que no con poca razon Sacre de acero le digo, Pues cuando desenlazado De mi mano le despido, Con la presa vuelve á ella, En sangre y horror teñido), Es aquel que la dudosa Ciencia de un astro previno Para homicida de quien Más adoro y más estimo. Y aunque es verdad que constante A peligrosos jüicios No doy crédito, y desprecio Los contingentes delirios Del hado y de la fortuna (Dioses que coloca[11] el vicio), No sé qué nuevo temor En mi pecho ha introducido Verle volver á mi mano, Que ya le temo y le admiro; Y entre el miedo y el valor, Ya cobarde, ya atrevido, Sitiado dentro de mí, Me quiero dar á partido. Porque aunque bien yo no creo Los acasos prevenidos, No los dudo; que no ignoro Que ese estrellado zafiro, República de luceros, Vulgo de astros y de signos, A quien le sabe leer Es encuadernado libro, Donde están nuestros alientos Asentados por registro. Y así, ni dudando bien, Ni bien creyendo, imagino Que debe el varon perfecto A los sucesos previstos Darlos al crédito en una Parte, y en otra al olvido: Aquí para no esperarlos, Y allí para prevenirlos; Pues señor de las estrellas, Por leyes de su albedrío, Previniéndose á los riesgos, Puede hacer virtud del vicio. Yo, pues, entre dos afectos Vacilante y discursivo, Ni creyendo ni dudando, El puñal á tus piés rindo. Tú eres, bellísima hebrea, La luz hermosa que sigo, La beldad que sola adoro, La imágen que sola admiro. No es posible que yo quiera, Si inmortal al tiempo vivo, Otra cosa más que á tí; Tanto, que mil veces digo Que el mayor monstruo del mundo Que te amenaza á prodigios, Es mi amor, pues por quererte, A tantas cosas aspiro, Que temo que él ha de ser Ruina tuya y blason mio. Pues si lo que yo más quiero Eres tú, y el cielo mismo No puede hacer que no seas, Sin borrar lo que ya hizo; Tú eres á quien amenaza Ese hermoso basilisco, Que en tus piés se disimula Entre dos cándidos lirios. Yo quise hacer imposible Tu muerte, cuando atrevido Arrojé al mar el puñal; Pero habiendo una vez visto Que áun en él no está seguro, Pues por casos exquisitos Podrá llegar donde estés Siempre ignorando el peligro: Para más seguridad Tuya, cuerdo he prevenido Que tú, árbitro de tu vida, Traigas tu muerte contigo; Que mayor felicidad Nadie en el mundo ha tenido, Que ser, á pesar del hado, El juez de su vida él mismo. La parca, que nuestras vidas Tiene pendientes de un hilo, Para que el tuyo no corte Pone en tu mano el cuchillo. En tu mano está tu suerte: Vive tú sola á tu arbitrio, Pues si acercas el aliento, Podrás embotarle el filo. Si es verdad ó si es mentira El hado, no lo averiguo, Mas prevengo los dos males; Pues prudente y advertido, Si es mentira la sospecha, De que la temas te alivio; Si es verdad, con la razon A hacerla mentira aspiro. Luego, mentira ó verdad, Para todo prevenido, Yo no puedo darte más Que tu vida: esta te rindo. Este acero y este amor Son hoy tus dos enemigos: Pues miéntras yo te corono De mil laureles invictos, Triunfa tú dese, y al fin Dueño tú de tu albedrío, Guárdate tu vida tú, Huye tú de tu peligro, Hazte tú tu duracion, Lábrate tú tus designios, Cuéntate tú tus alientos, Y vive al fin tantos siglos, Que este amor y este puñal Triunfen de muerte y olvido.

[11] Erige.

MARIENE.

Oye, señor, oye, espera; Que aunque agradezco y estimo El don que á mis plantas pones, Ni le acepto ni le admito; Que de púrpura manchado Y entre flores escondido, Tanto me estremezco, tanto En verle me atemorizo, Que muda y helada creo, Torpe el labio, el pecho frio, Que soy de aquesos jardines Estatua de mármol vivo. Mas rompiendo á mi silencio Las prisiones y los grillos Con que en cárceles de hielo El temor los ha tenido, Quiero declararme, y quiero Argüirte que no ha sido Cuerda determinacion (Si bien de tu amor indicio) La que contigo has tomado Y ejecutado conmigo. Dejo á una parte si es bien El darse por entendido Hoy mi amor de que yo sea Del tuyo sujeto digno; Y creyéndote cortés (Pues por amante y marido Me está tan bien el creerlo), En mi argumento prosigo, Sin tocar si es bien ó mal Tampoco haberlo creido; Pues por verdad ó mentira, Ya tú en esta parte has dicho Que el prevenirlo es cordura, Esperarlo desatino, Y providencia discreta No esperarlo y prevenirlo. Y así, esto aparte dejando, Vuelvo á mi argumento, y digo: Si ese sangriento puñal Es el que cruel y esquivo El hado esquivo y cruel Contra mi pecho previno, ¿Quién te persuadió, Tetrarca, Quién te informó, quién te dijo Que era la seguridad De mi vida traer conmigo La ejecucion de mi muerte, Y que podrán ser amigos, Ni hacer buena compañía La vida y el homicidio? Si este mi suerte amenaza Con asombros, ¿es arbitrio Para excusar que se encuentren, Hacer que anden un camino Los dos, siguiéndose siempre El acaso y el peligro? ¿Fuera buena prevencion En el humano sentido, Para estorbar que se abrase Este supremo edificio, Acompañarle del fuego? ¿Fuera acierto conocido Para excusar que un espejo No se quiebre, junto á él mismo Poner piedras en que encuentre? Pues piensa que es esto mismo Lo que intentas, pues intentas Que nunca estén divididos Ese puñal y este pecho; Y han de ser siempre enemigos, Por más que juntos los vea, Seguridad y peligro, Vida, muerte y impiedad, Sombra y luz, virtud y vicio, Homicidio y homicida, Torre y fuego, piedra y vidrio. Confieso que la razon Es fuerte, cuando advertido Dices que no es ocultarle Remedio, cuando le vimos Volver del mar á tus manos; Y que será gran martirio, Confieso tambien, estar Dudando siempre afligido Un pecho, «¿quién será ahora Dueño de los hados mios?» Pero entre apartarle tanto Que ignore quién habrá sido, Y acercarle tanto, que Sepa que viene conmigo, Hay un medio, que es ponerle Con tal dueño y en tal sitio, Que lo sepa y no lo tema. Tú lo has de traer ceñido; Pues si del juicio me acuerdo, El mágico no me dijo Que tú darias la muerte A lo que más has querido Con él, sino que con él Moriria; y pues colijo Que otro podrá aborrecer Lo que tú quieres, delito Fuera, echándole de tí, Dar armas á tu enemigo, Pues podrá venir á manos De quien me haya aborrecido. Y así, señor, yo te ruego, Y así, señor, te suplico Que tú, alcaide de mi vida, Traigas el puñal contigo. Con eso seguramente Sabré que aquel tiempo vivo Que tú le tienes. Que escuches El argumento te pido. O tú me quieres ó no: Si me quieres, no peligro, Pues á lo que tú más quieres No has de dar muerte tú mismo. Si no me quieres, no soy A quien arrastra el destino De tu amor, y al mismo instante De la amenaza me libro. Luego olvidada ó querida, Mi seguridad te pido, Mis temores desvanezco, Mis quietudes facilito, Mis deseos aseguro, Mis contentos solicito, Mis recelos acobardo, Mis esperanzas animo, Cuando tu amor y mi vida Triunfen de muerte y olvido.

TETRARC.

Tanto tu vida deseo, Que á ser tu alcaide me obligo. ¡Ojalá fuera verdad, No prevencion, este estilo, Para que nunca murieras! Y así á tus voces movido, En tu nombre, dulce esposa, Segunda vez me le ciño. _(Tocan dentro cajas.)_ Pero ¡válganme los cielos! ¿Qué alboroto, que rüido Es este?

MARIENE.

El cielo parece Que se hunde de sus quicios.

TETRARC.

¡Qué asombro!

MARIENE.

¡Qué confusion!

ESCENA XIV.

FILIPO Y LIBIA, _cada uno por su lado_.--EL TETRARCA, MARIENE.

FILIPO.

Señor.

LIBIA.

Señora.

TETRARC.

Filipo, ¿Qué es esto?

MARIENE.

¿Qué es esto, Libia?

LIBIA.

No sé si sabré decirlo.

FILIPO.

Gente del emperador Otaviano, tu enemigo, A Jerusalen ocupa; Y ya todos sus vecinos, Sabiendo que Antonio es muerto, Parciales y divididos Te buscan para prenderte, Diciendo á voces que has sido La causa de sus traiciones.

MARIENE.

¡Ay de mí!

TETRARC.

¡Pierdo el sentido!

MARIENE.

Huye, señor: ese monte Sea tu sagrado asilo, Porque mejor las desdichas Se vencen en los principios.

TETRARC.

¿Qué es huir? Viven los cielos, Que tengo de recibirlos.

MARIENE.

Mira, señor...

TETRARC.

¿Qué he de ver?

MARIENE.

Que es un vulgo...

TETRARC.

Ya lo miro.

MARIENE.

Alborotado.

TETRARC.

¿Qué importa?

MARIENE.

Tu vida...

TETRARC.

Mi vida libro...

MARIENE.

¿Cómo?

TETRARC.

Poniéndome...

MARIENE.

¿Dónde?

TETRARC.

Delante dél.

MARIENE.

Es delirio.

TETRARC.

No es.

MARIENE.

¿Por qué?

TETRARC.

Porque con verme, Verás que su orgullo rindo.

_(Vuelven á tocar.)_

Adios, esposa, que ya Segunda vez dan aviso Las cajas.

MARIENE.

Tente.

TETRARC.

¿Qué temes?

MARIENE.

Temo, señor, tu peligro, Que vas solo.

TETRARC.

No voy tal: Tú vas, señora, conmigo, Y este acero, que me basta (Si es de la muerte ministro) A ser asombro del mundo, A ser rayo, á ser prodigio.

JORNADA SEGUNDA.

_Sala del palacio de Ménfis._

ESCENA PRIMERA.

DOS SOLDADOS ROMANOS, _con un retrato grande de Mariene_.

SOLD. 1.°

Ya que en sus melancolías No hay cosa que le divierta Más, que en varios trajes ver Repetida esta belleza, Y este es el primer retrato De cuantos de la pequeña Lámina al lienzo pasó Del noble arte la excelencia, Pongámosle de su cuarto Sobre el marco de esa puerta, Para que cuando entre y salga A todas horas le vea.

SOLD. 2.°

Bien has prevenido.

SOLD. 1.°

Pues Sea presto, que ya llega. _(Cuélganle.)_

SOLD. 2.°

Con la prisa que me das, No sé si bien puesto queda. ¡Quiera Dios que no se caiga, Vencido el clavo ó la cuerda!

ESCENA II.

OTAVIANO.--DICHOS.

OTAVIAN.

_(Para sí.)_ Pasion tan desesperada, Que al primer paso tropieza En un imposible, y cae En otro, queriendo ciega Dar una esperanza viva En una hermosura muerta, Bien se ve que no es pasion, Sino locura, y de tema Tan invencible, que triunfos, Aplausos, lauros y empresas No la alivian, puesto que Ni todo ni parte sean A echar de mí una aprension Tan rebeldemente necia.

SOLD. 1.°

Como mandaste, señor, Que en todo Ménfis se hicieran De este pequeño retrato

_(Vuélvele el pequeño.)_

Várias copias, traje esta,

_(Señala el grande.)_

Por ser la más parecida.

OTAVIAN.

Dices bien, pues no pudiera Haberla mejor sacado El pincel, cuando corriera Las líneas y los bosquejos Al lienzo desde mi idea. ¿Que nunca me hayas sabido, O con maña ó con cautela, De Aristóbolo, quién fuese Alma de deidad tan bella?

SOLD. 1.°

Con ese intento mil veces A la torre que le encierra De guarda entré; pero nunca Lo supe; que de manera Aristóbolo ha perdido El juicio desde que en ella Está, que es en vano ya Que á nada en razon atienda.

OTAVIAN.

¿Qué dices?

SOLD. 1.°

Que solamente Desatinos dice y piensa.

OTAVIAN.

No me espanto ¡ay infelice! Si la causa que le fuerza A perder el juicio ha sido Perder esta hermosa prenda. ¿Cómo es compatible, ¡oh rara Beldad! que un delirio sientan Dos, el uno porque te halle, Y el otro porque te pierda? ¡Qué mal hice cuando necio, De amor y de su violencia, Culpé á Antonio que adorase A aquella gitana,[12] á aquella Que en los teatros del mundo Hizo la mayor tragedia! ¡Oh qué bien vengado está De mi altivez y soberbia! Pues para mayor trofeo, Con instrumento se venga Tan fácil como un retrato, Y ese de una beldad muerta.

[12] Egitana (_de Egito ó Egipto_), egipcia.

_(Tocan dentro cajas destempladas.)_

¿Pero qué es aquesto? Cuando Triste pronuncia mi lengua _Muerta beldad_, me responden Las cajas y las trompetas Destempladas. ¿Si los cielos, Si los montes, si las selvas, Si los vientos, si los mares, Cuando mi voz les acuerda De igual pérdida la ruina, Compadecidos celebran De esa difunta hermosura Repetidas las exequias?

_(Vuelven á sonar las cajas.)_

Otra vez ¡piadosos cielos! Suena el rumor de más cerca. Ved quién ese pavor causa.

SOLD. 1.°

Mucho extraño que las señas No te lo digan, pues es Ceremonia usada esta De los bárbaros gitanos, Siempre que rendida ó presa Alguna persona real En su corte sale y entra.

OTAVIAN.

¿Pues quién entra ó sale hoy, O preso ó rendido en ella?

ESCENA III.

UN CAPITAN.--DICHOS.

CAPITAN.

_(Que ha oido la pregunta de Otaviano.)_ El Tetrarca, á quien tú diste Orden de que yo le prenda. Y viendo cuánto supone Virey que por tí gobierna, Usando la ceremonia De que con sus armas venga, Y con salva se reciba, Bien que trágica y funesta, Llega á tus piés.

_(Vuelven á tocar cajas destempladas.)_

ESCENA IV.

EL TETRARCA, _en medio de_ SOLDADOS.--DICHOS.

OTAVIAN.

Más estimo Ver postrada esa soberbia, Que el alto triunfo con que Roma recibirme espera. Quede él solo, y los demas Salgan, Patricio, allá fuera; Que por si acaso mi enojo Tras sí mis acciones lleva, No quiero que nadie airado Con un rendido me vea. Templad vos, pues sois mi espejo, Mi cólera.

_(Mira el retrato que tiene en la mano.)_

TETRARC.

(_Ap._ ¡Suerte adversa! ¿A qué más pudo llegar De tus ceños la influencia?) Invicto Otaviano, cuyo Nombre en láminas eternas El tiempo escriba, dictado De las plumas y las lenguas, A tus piés llego ofendido, Porque para que vinieran Mi lealtad y mi valor A rendirte esta obediencia, No era menester que fuesen Por mí; que el que se respeta Por fuerza cuando por gusto Puede, á sí mismo se afrenta, Pues quita á la voluntad Lo que le añade á la fuerza. Dáme tu mano. (_Ap._ Mas ¡cielos

_(Otaviano le alarga una, y el Tetrarca al ir á besársela repara en el retrato que Otaviano tiene en la otra.)_

Divinos! al besar ésta, ¿Qué es lo que en la otra miro? ¿Habrá en el mundo quien beba Dos venenos á dos manos, Y á un mismo tiempo los sienta En los labios y en los ojos?)

_(Vuelve Otaviano la espalda, y Heródes le sigue de rodillas.)_

OTAVIAN.

Si informado no estuviera De mi razon, á la tuya Bastante crédito diera; Pero si son destempladas Cláusulas, que no concuerdan, Esa afectada humildad Con tu traidora soberbia; No violencia, no rigor La prevencion te parezca; Que con vasallos que son De los de viva quien venza, Fuerza es que la voluntad Se aproveche de la fuerza.

TETRARC.

(_Ap._ ¡Mortal estoy! Dadme, dioses, Valor, que quizá no es ella.-- ¡Que agora me la ocultase!) Si contra mí te aconseja Quien pretende...

OTAVIAN.

No presumas Que mal advertido hiciera Extremos tales; de tí Sé la ambicion con que intentas Conspirar al sacro imperio, A cuyo efecto la guerra Mantenias, dando á Antonio Los socorros para ella. Estas firmas te convencen: De ellas lo sé. Llega, llega, Míralas bien, tuyas son. Míralas.

_(Saca unas cartas, y preséntaselas puestas encima del retrato.)_

TETRARC.

Ya miro, al verlas, Mi muerte más declarada De lo que áun tú mismo piensas, Pues... yo... si...

OTAVIAN.

Esa turbacion Es ya segunda evidencia. Pero quien á un Idumeo Honró, baja estirpe hebrea, Rebelada de sus nobles Tribus, esto y más merezca. Y así, miéntras el castigo A los demas escarmienta, Sabe que soy Otaviano, Que soy el único César De Roma, y el Nilo y Tíber Humildes mis plantan besan; Y que á cuantos contra mí Con traiciones, con cautelas Quieran conspirar, negando A mi poder la obediencia, Seré yo quien los corone De laurel, para que sean, Con un impulso á mis plantas, Con una accion á mis huellas, Dos trofeos de una vez, Mi laurel y su cabeza.

_(Vase Octaviano hácia la puerta sobre la cual está el retrato.)_

TETRARC.