Part 13
SOLDS.
Mueran aquestos villanos.
CRESPO.
¿Que mueran? Pues ¡qué! ¿no hay más?
D. LOPE.
Socorro les ha venido. Romped la cárcel: llegad, Romped la puerta.
ESCENA XVII.
_Salen los_ SOLDADOS Y DON LOPE _por un lado; y por otro,_ EL REY, CRESPO, LABRADORES Y ACOMPAÑAMIENTO.
REY.
¿Qué es esto? Pues ¡desta manera estáis, Viniendo yo!
D. LOPE.
Esta es, señor. La mayor temeridad De un villano, que vió el mundo. Y, vive Dios, que á no entrar En el lugar tan aprisa, Señor, vuestra Majestad, Que habia de hallar luminarias, Puestas por todo el lugar.
REY.
¿Qué ha sucedido?
D. LOPE.
Un alcalde Ha prendido un capitan, Y viniendo yo por él, No le quieren entregar.
REY.
¿Quién es el alcalde?
CRESPO.
Yo.
REY.
¿Y qué disculpa me dais?
CRESPO.
Este proceso, en quien bien Probado el delito está, Digno de muerte, por ser Una doncella robar, Forzarla en un despoblado, Y no quererse casar Con ella, habiendo su padre Rogádole con la paz.
D. LOPE.
Este es el alcalde, y es Su padre.
CRESPO.
No importa en tal Caso, porque si un extraño Se viniera á querellar, ¿No habia de hacer justicia? Sí: pues ¿qué mas se me da Hacer por mi hija lo mismo Que hiciera por los demas? Fuera de que, como he preso Un hijo mio, es verdad Que no escuchara á mi hija, Pues era la sangre igual...[6] Mírese si está bien hecha La causa, miren si hay Quien diga que yo haya hecho En ella alguna maldad, Si he inducido algun testigo, Si está escrito algo de más De lo que he dicho, y entónces Me den muerte.
[6] Ha de faltar algo: en otros muchos pasajes de la comedia creemos que sucede lo mismo, ó que está viciado el texto.
REY.
Bien está Sentenciado; pero vos No teneis autoridad De ejecutar la sentencia Que toca á otro tribunal. Allá hay justicia, y así Remitid el preso.
CRESPO.
Mal Podré, señor, remitirle, Porque como por acá No hay más que sola una audiencia, Cualquiera sentencia que hay, La ejecuta ella, y así Está ejecutada ya.
REY.
¿Qué decís?
CRESPO.
Si no creeis Que es esto, señor, verdad, Volved los ojos, y vedlo. Aqueste es el Capitan.
_(Abren una puerta, y aparece dado garrote en una silla el Capitan.)_
REY.
Pues ¿cómo así os atrevisteis?...
CRESPO.
Vos habeis dicho que está Bien dada aquesta sentencia: Luego esto no está hecho mal.
REY.
El consejo ¿no supiera La sentencia ejecutar?
CRESPO.
Toda la justicia vuestra Es solo un cuerpo no más: Si éste tiene muchas manos, Decid, ¿qué más se me da Matar con aquesta un hombre Que estotra habia de matar? Y ¿qué importa errar lo ménos, Quien ha acertado lo más?
REY.
Pues ya que aquesto es así, ¿Por qué, como á capitan Y caballero, no hicisteis Degollarle?
CRESPO.
¿Eso dudais? Señor, como los hidalgos Viven tan bien por acá, El verdugo que tenemos No ha aprendido á degollar. Y esa es querella del muerto, Que toca á su autoridad, Y hasta que él mismo se queje, No les toca á los demas.
REY.
Don Lope, aquesto ya es hecho. Bien dada la muerte está; Que errar lo ménos no importa, Si acertó lo principal. Aquí no quede soldado Alguno, y haced marchar Con brevedad; que me importa Llegar presto á Portugal.-- Vos, por alcalde perpétuo De aquesta villa os quedad.
CRESPO.
Solo vos á la justicia Tanto supierais honrar.
_(Vase el Rey y el acompañamiento.)_
D. LOPE.
Agradeced al buen tiempo Que llegó su Majestad.
CRESPO.
Par Dios, aunque no llegara, No tenía remedio ya.
D. LOPE.
¿No fuera mejor hablarme, Dando el preso, y remediar El honor de vuestra hija?
CRESPO.
En un convento entrará; Que ha elegido y tiene esposo Que no mira en calidad.
D. LOPE.
Pues dadme los demas presos.
CRESPO.
Al momento los sacad. _(Vase el Escribano.)_
ESCENA XVIII.
REBOLLEDO, LA CHISPA, SOLDADOS; _despues_, JUAN.--DON LOPE, CRESPO, SOLDADOS Y LABRADORES.
D. LOPE.
Vuestro hijo falta, porque Siendo mi soldado ya, No ha de quedar preso.
CRESPO.
Quiero Tambien, señor, castigar El desacato que tuvo De herir á su capitan; Que aunque es verdad que su honor A esto le pudo obligar, De otra manera pudiera.
D. LOPE.
Pedro Crespo, bien está. Llamadle.
CRESPO.
Ya él está aquí.
_(Sale Juan.)_
JUAN.
Las plantas, señor, me dad; Que á ser vuestro esclavo iré.
REBOLL.
Yo no pienso ya cantar En mi vida.
CHISPA.
Pues yo sí, Cuantas veces á mirar Llegue el pasado instrumento.
CRESPO.
Con que fin el autor da A esta historia verdadera: Sus defectos perdonad.
EL MAYOR MONSTRUO LOS CELOS.
PERSONAS.
EL TETRARCA HERODES. OTAVIANO. ARISTÓBOLO. FILIPO, _viejo_. TOLOMEO. UN CAPITAN. POLIDORO, _gracioso_. MARIENE. SIRENE. LIBIA. ARMINDA. _Soldados romanos._ _Soldados judíos._ _Músicos._ _Criados._ _Judíos, damas._ _Acompañamiento._
_La escena es en las cercanías de Joppe, en Ménfis y en Jerusalen._
JORNADA PRIMERA.
_Sala de una quinta á orillas del mar en la playa de Joppe (ó Jafa.)_
ESCENA PRIMERA.
EL TETRARCA, MARIENE, LIBIA, SIRENE, FILIPO, CRIADOS, MÚSICOS.
_(Música.)_
_La divina Marïene,_ _El sol de Jerusalen,_ _Por divertir sus tristezas,_ _Vió el campo al amanecer._ _Las aves, fuentes y flores_ _La dan dulce parabien,_ _Repitiendo, por servirla,_ _Al aire una y otra vez:_ _Sea triunfo de sus manos_ _Lo que es pompa de sus piés._ _Fuentes, sus espejos sed,_ _Corred, corred, corred:_ _Aves, su luz saludad,_ _Volad, volad:_ _Flores, paso prevenid,_ _Vivid, vivid._
TETRARC.
Hermosa Marïene, Á quien el orbe de zafir previene Ya soberano asiento, Como estrella añadida al firmamento: No con tanta tristeza Turbes el rosicler de tu belleza. ¿Qué deseas? ¿Qué quieres? ¿Qué envidias? ¿Qué te falta? ¿Tú no eres, Amada gloria mia, Reina en Jerusalen? Su monarquía, En cuanto ciñe el sol, el mar abarca, ¿No me aclama su ínclito monarca, Como dan testimonio Letras de Marco Antonio Y firmas de Otaviano, Porque los dos intentan, aunque en vano, Repartir el imperio Que dilata y extiende su hemisferio Desde el Tíber al Nilo? Y yo, con cauto pecho y doble estilo, ¿De Antonio no defiendo La parte, porque así turbar pretendo La paz, y que la guerra Dure, porque despues cuando la tierra De sus huestes padezca atormentada Y el mar cansado de una y otra armada, Pueda yo declararme, Y en Roma, tú á mi lado, coronarme? Tu hermano y Tolomeo, ¿No son á quien les fío mi deseo Y ley de mi albedrío, Pues con los dos socorro á Antonio envío? Y en tanto ¡oh cielo hermoso! Que al triunfo llega el dia venturoso, ¿No estás de mí adorada? ¿De mis gentes no estas idolatrada? ¿No habitas esta quinta, Que sobre el mar de Joppe el cielo pinta? Pues no tan fácilmente Se postre todo el sol á un accidente; Liberal restituya tu alegría Su luz al alba, su esplendor al dia, Su fragancia á las flores, Al campo sus colores, Sus matices á Flora, Sus perlas á la aurora, Su música á las aves, Mi vida á mí, pues con discursos graves A celos me ocasionan tus desvelos.-- No sé qué más decir, ya dije celos.
MARIENE.
Tetrarca generoso, Mi dueño amante y mi galan esposo, Ingrata al cielo fuera Y á mi ventura ingrata, si rindiera El sentimiento mio A pequeño accidente su albedrío. La pena que me aflige, De causa ¡ay cielos! superior se rige, Tanto, que es todo el cielo Depósito infeliz de mi desvelo, Pues todo el cielo escribe Mi desdicha, que en él grabada vive En papel de cristal con letras de oro. No con causa menor mi muerte lloro.
TETRARC.
Ménos entiendo ahora yo y más dudo El mio y tu dolor; y si es que pudo Tanto mi amor contigo, Hazme ya de tu mal, mi bien, testigo. Sepa tu pena yo, porque la llore, Y más tiempo no ignore Muerte, que ya con mis sentidos lucha.
MARIENE.
Nunca pensé decirlo; pero escucha. Un doctísimo hebreo Tiene Jerusalen, cuyo deseo Siempre ha sido, estudioso Apresurar al tiempo presuroso La edad, como si fuera Menester acordarle que corriera. Este, pues, vigilante, En láminas leyendo de diamante Caracteres de estrellas, Hoy los futuros contingentes dellas A todos adelanta: Tanta es la fuerza de su estudio, tanta, Que es oráculo vivo De todo ese cuaderno fugitivo Que en círculos de nieve Un soplo inspira y un aliento bebe. Yo, que mujer nací (con esto digo Que amiga de saber), docto testigo Le hice de tu fortuna y mi fortuna, Porque viendo que al orbe de la luna Hoy empinas la frente, El futuro previne contingente. Con el mio juzgó tu nacimiento, Y á los delirios de la suerte atento, Halló... Aquí el labio mio Torpe, muda la voz, el pecho frio, Se desmaya, se cansa y desfallece, Y aquí todo mi cuerpo se estremece. Halló, en fin, que sería Trofeo injusto yo ¡qué tiranía! De un monstruo el más cruel, horrible y fuerte Del mundo: halló tambien que daria muerte (¿Qué daño no se teme prevenido?) Ese puñal, que ahora traes ceñido, A lo que más en este mundo amares. ¡Mira si tales penas, si pesares Tan grandes, es forzoso Que tengan mi discurso temeroso, Muerta la vida y vivo el sentimiento! Pues infaustos los dos, con fin sangriento, Por ley de nuestros hados, Vivimos á desdichas destinados: Tú, porque ese puñal será homicida De lo que más amares en tu vida; Y yo, siendo con llanto tan profundo, Trofeo del mayor monstruo del mundo.
TETRARC.
Bellísima Marïene, Aunque ese libro inmortal En once hojas de cristal Nuestros discursos contiene, Dar crédito no conviene A los secretos que encierra; Que es ciencia que tanto yerra, Que en un punto solamente Mayores distancias miente Que hay desde el cielo á la tierra. De esa ciencia singular Sólo se debe saber El mal que se ha de temer, Mas no el que se ha de esperar. Sentir, padecer, llorar Desdichas que no han llegado, Ya lo son; pues tu cuidado No puede haberte oprimido, Despues de haber sucedido, A más que haberlas llorado. Y si ahora tu desvelo Lo que ha de suceder llora, Tú haces tu desdicha ahora Mucho primero que el cielo; Que llorar con desconsuelo, Por imaginada ó dicha[7], Una distante desdicha, Ya es acercarla en rigor; Y no hay desdicha mayor Que el esperar la desdicha. Con otro argumento yo Vencer tu dolor quisiera: Si ventura acaso fuera La que el astrólogo vió, ¿Diérasla crédito? No, Ni la estimaras ni oyeras; ¿Pues por qué en nuestras quimeras Han de ser escrupulosas, Las venturas mentirosas, Las desdichas verdaderas? Dé crédito el cauto igual Al favor como al desden: Ni aquel dudes porque es bien, Ni este creas porque es mal: Y si en argumento tal No estás satisfecha, mira Otro que al discurso admira. Esta prevista crueldad, O es mentira ó es verdad: Dejémosla si es mentira Pues nada nos asegura, Y á que sea verdad vamos, Porque siéndolo, arguyamos Que es el saberla ventura. Ninguna vida hay segura Un instante: cuantos viven, En un principio perciben Tan contados los alientos, Que se cumplen por momentos Los números que reciben. Yo en aqueste instante no Sé si mi cuenta cumplí, Ni si la debo; tú sí, A quien el cielo guardó Para un monstruo: luego yo Llorar debiera ignorante Mi fin; tú no, si este instante A ser tan dichosa vienes, Que seguro el vivir tienes, Pues no está el monstruo delante. Y pasando al fundamento De lo que sabes de mí, ¿Cómo es compatible, dí, Que aqueste puñal sangriento Dé en ningun tiempo violento Muerte á lo que yo más quiero, Y á tí un monstruo? Ver no espero Cosa de mí más querida; Luego amenazan tu vida Aquel monstruo y este acero. Pues si hoy el hado importuno, Que es de los gentiles dios, Te ha amenazado con dos Fines, no temas ninguno. No hay más rigor para el uno Que para el otro piedad: Luego será necedad Temer, al rigor atenta, Cuando es fuerza que uno mienta, Que el otro diga verdad. Y porque veas aquí Cómo mienten las estrellas, Y que triunfar puedo dellas, Mira el puñal... _(Desenváinale.)_
[7] Predicha, vaticinada.
MARIENE.
¡Ay de mí! Tente, señor.
TETRARC.
¿De qué así Tiemblas, dí?
MARIENE.
Mi muerte advierte Mirarle en tu mano fuerte.
TETRARC.
Pues porque no temas más, Desde hoy inmortal serás, Yo haré imposible tu muerte. Sea el mar, campo de hielo, Sea el orbe de cristal, Deste funesto puñal, Monstruo acerado del suelo, Sepulcro.
_(Arroja el puñal por una ventana.)_
ESCENA II.
TOLOMEO, _dentro_.--DICHOS.
TOLOM.
_(Dentro.)_ ¡Válgame el cielo!
MARIENE.
¡Oh qué voz tan triste he oido!
FILIPO.
Aire y agua han respondido Con asombro ó con desmayo.
LIBIA.
El trueno fué de aquel rayo Un lastimoso gemido.
MARIENE.
¿Qué mucho que á mí me asombre Acero tan penetrante, Que hace heridas en las ondas, Y impresiones en los aires?
TETRARC.
Los pequeños accidentes Nunca son prodigios grandes. Acaso la voz se queja... Y porque te desengañes, Iré á saber lo que ha sido, Penetrando á todas partes Las entrañas de los montes, Los cóncavos de los mares.
_(Vanse todos, menos Mariene y sus dos damas.)_
ESCENA III.
MARIENE, LIBIA, SIRENE.
MARIENE.
Toda soy horror.
LIBIA.
El mar Es monumento inconstante De un mísero, que rendido Entre sus espumas trae.
SIRENE.
Ya tu esposo, el gran Tetrarca, Con generosas piedades Movido, al bajel humano Ha dado puerto en la márgen.
MARIENE.
El puñal que fué cometa De dos esferas errante, Arpon del arco del cielo, Clavado en un hombro trae.
LIBIA.
Tolomeo es. ¡Ay de mí! (_Ap._ Mas bastaba ser mi amante Para ser tan infelice.) ¡Qué prodigio tan notable! ¡Qué espectáculo tan triste!
MARIENE.
¡Qué asombro tan admirable! Vamos de aquí, que no tengo Animo para mirarle.
_(Vase con sus damas.)_
ESCENA IV.
EL TETRARCA, FILIPO, Y LOS CRIADOS, _que traen á_ TOLOMEO, _con el puñal clavado en un hombro_.
TETRARC.
Ya del mar estais seguro, Infelice navegante. ¡Así la mortal herida Diera treguas á mis males!
TOLOM.
Detente, señor, detente: Este puñal no me saques, Porque al ver la puerta abierta, Sus espíritus no exhale El alma. Ya que los cielos Solamente en esta parte Son piadosos, pues me dan Para verte y para hablarte Tiempo, no se pierda el tiempo. Mi muerte y la tuya sabe.
TETRARC.
¿Tolomeo?
TOLOM.
Sí, señor.
TETRARC.
Llevadle de aquí, llevadle A curar.
TOLOM.
Aqueso no; Que cuando el riesgo es tan grande, Ménos importa mi vida Que la tuya; y así, ántes Que acaben mi poco aliento Desdichas que son tan grandes, Oye las tuyas, señor; Y cuando helado cadáver, Me falte tiempo al decirlas, Al saberlas no te falte. Otaviano en tierra y mar, Ondas ocupando y valles, Llegó á Egipto: salió Antonio Con tu socorro á buscarle, De Cleopatra acompañado En el _Bucentoro_, nave Que labró para él Cleopatra De marfiles y corales. A los principios fué nuestra (¡Fuerte pena, injusto trance!) La fortuna; pero ¿cuándo Estuvo firme un instante? Enojáronse las ondas, Y el mar, Nembrot de los aires, Montes puso sobre montes, Ciudades sobre ciudades. La armada del enemigo, Como estaba hácia la parte Del puerto abrigada, en él Quiso el cielo que se ampare. Mas la nuestra, dividida, Deshecha y sin órden, sale A la campaña del mar, Donde impelida mi nave, Caballo fué desbocado, Que no hay freno que le pare. Atormentada en efecto, Desmantelado el velámen, Los árboles destroncados, Enmarañados los cables, Y trayendo, finalmente, Arena y agua por lastre, A vista ya de las torres De Jerusalen la grande[8], Fué rüina en un escollo, Y aquí una tabla á los ayes Repetidos fué delfin Enseñado á sus piedades. ¿Quién crêrá que la fortuna, En un hombre que se vale De la piedad de un fragmento, Pudiera hacer otro lance? Yo lo afirmo, pues yo ví De acero un cometa errante Contra este humano bajel, Correr la esfera del aire. Este pues que de mi vida Tasando está los instantes, Sólo el decir me permite Que tu enemigo triunfante Queda en Egipto, y Antonio O rendido ó muerto yace; Que de Aristóbolo, hermano De tu esposa, no se sabe; Y en fin, que tus esperanzas Como el humo se deshacen. Y ya que de tus desdichas, Siendo el todo, no soy parte, Dáles sepulcro á las mias; Aunque las mias son tales, Que ellas se harán su sepulcro, Pues tienen para labrarle Sangre y acero, y podrán Enternecer un diamante; Que áun los diamantes se rinden Al acero y á la sangre.
[8] En esta composicion se hace á Jerusalen y á Ménfis puertos de mar.
TETRARC.
Ser un hombre desdichado Todos han dicho que es fácil, Y yo digo que es difícil, Porque es estudio tan grande Aqueste de las desdichas, Que no le ha alcanzado nadie.-- Quitadme ese asombro, ese Funesto horror de delante. Llevadle donde le curen... Y aquese puñal... guardadle, Que importa saber qué debo Hacer dél; que ya él me hace Tenerle por prodigioso.-- ¡Ay Filipo! hagan alarde Mis suspiros de mis penas, Mis lágrimas de mis males.
_(Llévanse los criados á Tolomeo.)_
ESCENA V.
EL TETRARCA, FILIPO.
FILIPO.
Señor, los grandes sucesos Para los sujetos grandes Se hicieron, porque el valor Es de la fortuna exámen. Ensancha el pecho, que en él Cabrán todos tus pesares, Sin que á la voz ni á los ojos Se asomen.
TETRARC.
¡Ay! que no sabes, Filipo, cuál es mi pena, Pues quieres darla esa cárcel.
FILIPO.
Sí sé, pues sé que has perdido Tal república de naves.
TETRARC.
No es su pérdida la mia.
FILIPO.
Serálo el mirar triunfante A tu enemigo.
TETRARC.
No tengo Miedo á las adversidades.
FILIPO.
De Aristóbolo tu hermano, Ni de Marco Antonio sabes.
TETRARC.
Cuando sepa que murieron, Tendré envidia á bien tan grande.
FILIPO.
Los prodigios del puñal Preñeces[9] son admirables.
[9] Misterios.
TETRARC.
Al magnánimo varon No hay prodigio que le espante.
FILIPO.
Pues si prodigios, fortunas, Pérdidas y adversidades No te rinden, ¿qué te rinde?
TETRARC.
¡Ay, Filipo! no te canses En adivinarlo, puesto Que miéntras no adivinares El amor de Marïene, Todo es discurrir en balde. Todos mis intentos son Entrar con ella triunfante En Roma, porque no tenga Que envidiar mi esposa á nadie. ¿Por qué ha de gozar belleza Que no hay otra que la iguale (Error del mérito), un hombre, Que hay otro que le aventaje? Piérdase la armada, muera El César Antonio, falte Aristóbolo, Otaviano De un polo á otro polo mande, Con trágicas prevenciones Hoy los cielos me amenacen, Vuelva el prodigioso acero A mi poder; que á postrarme Nada basta, nada importa, Siempre con igual semblante; Sino solamente el ver Que yo no he sido bastante A hacer reina á Marïene Del mundo; y en esta parte Dirás, y diránlo todos, Que es locura: no te espantes, Que cuando amor no es locura, No es amor; y el mio es tan grande, Que temo (advierte, Filipo) Que pasando los umbrales De la vida, y que llegando De la muerte á esotra parte, Ha de quedar en el mundo Por un prodigio admirable De las fortunas de amor A las futuras edades. _(Vanse.)_
* * * * *
_Sala de un palacio de Ménfis._
ESCENA VI.
OTAVIANO, SOLDADOS ROMANOS.
OTAVIAN.
Felice es la suerte mia, Pues de Egipto victorioso, Dilato la monarquía De Roma, dueño famoso De los términos del dia. Cante pues victoria tanta La fama, y en testimonio De que á todas se adelanta, Sean triunfo de mi planta Hoy Cleopatra y Marco Antonio. Presos á los dos procura Llevar mi heroica ventura, Porque, lidiador bizarro, Sean fieras de mi carro El poder y la hermosura.
ESCENA VII.
POLIDORO, ARISTÓBOLO, UN CAPITAN.--OTAVIANO, SOLDADOS.
CAPITAN.
Aunque habemos discurrido De Cleopatra el gran palacio, Hallarla no hemos podido, Ni á Antonio, porque su espacio Laberinto de oro ha sido. Solamente hemos hallado A Aristóbolo, cuñado Del que hoy en Jerusalen Tetrarca asiste, de quien Nos informó este criado.
_(Señalando á Aristóbolo.)_
Tu contrario fué; y así, Porque averigües aquí Sus designios, le traemos De la parte en que le habemos Hallado. Llega. _(A Polidoro.)_
POLIDOR.
(_Ap._ ¡Ay de mí!)
_(Ap. á Aristóbolo.)_
¿Cuál diablo me metió, cuál, Cielos, en engaño igual? ¿No son notables errores Que otros vivan de traidores, Y yo muera de leal?
ARISTÓB.
_(Ap. á Polidoro.)_ Si así la vida me das, No temas: seguro estás, Que yo á tí te la daré. Disimula.
POLIDOR.
Yo lo haré, Hasta que no pueda más.
ARISTÓB.
Grande César Otaviano, Cuyo renombre inmortal El tiempo asegure ufano En láminas de metal, Que intente borrar en vano: No manches, no, riguroso Los aplausos que has tenido Con sangre; que es ser piadoso Vencedor con el vencido, Ser dos veces victorioso.
OTAVIAN.
_(A Polidoro.)_ Aunque pudiera ¡oh valiente Aristóbolo! vengarme En tu vida dignamente De tí y tu hermano, mostrarme Quiero piadoso y clemente. Álzate del suelo, y pues El fin de mis glorias es Entrar en Roma triunfante Con Marco Antonio delante, Y con Cleopatra á los piés, Díme dónde están; que no He sabido de ellos yo Desde que aquel _Bucentoro_, Armada nave de oro, De la batalla salió.
POLIDOR.
Yo de los dos te dijera, Si yo de los dos supiera; Pues por mis discursos hallo Que hiciera más en callallo Yo, que en decírtelo hiciera; Mas desde que llegué aquí, Nunca más á los dos ví.
OTAVIAN.
Eso no es agradecer Mi piedad. Yo he de saber Dellos, y ha de ser así.-- ¡Hola!
CAPITAN.
Señor.
OTAVIAN.
Al infante Aristóbolo llevad A una torre, y ni un instante Goce de la claridad Del sol: la noche le espante Por eterna.
POLIDOR.
Aquí llegó, Señor, de tu engaño el fin. _(Ap. á él.)_
ARISTÓB.
_(Ap. á Polidoro.)_ Sufre.
POLIDOR.
¿Torre obscura yo?
OTAVIAN.
Llevadle.
POLIDOR.
(_Ap._ El demonio sin Duda me Aristoboló.) Que yo...
CAPITAN.
Calla.
POLIDOR.
¿Qué es callar? ¡Vive Baco, que he de hablar! ¿Yo príncipe? Muy errado, Muy cerrado y muy culpado Soy...
OTAVIAN.
¿Qué teneis que esperar? Y ese criado, primero Padezca un tormento fiero, Ó muera en él de leal.
POLIDOR.
¿Qué es tormento? (_Ap._ Mal por mal, Torre pido, noche quiero.) Vamos á la torre: yo Soy Aristóbolo, no Príncipe errado, segun Decia. (_Ap._ Sin duda que algun Ángel me Aristoboló.)
ARISTÓB.