Part 6
ESCENA IV.
ROSAURA, CLOTALDO, CLARIN, SOLDADOS.
ROSAURA.
Ya que ví que la soberbia Te ofendió tanto, ignorante Fuera en no pedirte humilde Vida que á tus plantas yace. Muévate en mí la piedad; Que será rigor notable, Que no hallen favor en tí Ni soberbias ni humildades.
CLARIN.
Y si humildad ni soberbia No te obligan, personajes Que han movido y removido Mil autos sacramentales, Yo, ni humilde ni soberbio, Sino entre las dos mitades Entreverado, te pido Que nos remedies y ampares.
CLOTAL.
¡Hola!
SOLDADO.
Señor...
CLOTAL.
A los dos Quitad las armas, y atadles Los ojos, porque no vean Cómo ni de dónde salen.
ROSAURA.
Mi espada es esta, que á tí Solamente ha de entregarse, Porque al fin, de todos eres El principal, y no sabe Rendirse á ménos valor.
CLARIN.
La mia es tal, que puede darse Al más rüin: tomadla vos. _(A un soldado.)_
ROSAURA.
Y si he de morir, dejarte Quiero, en fe desta piedad, Prenda que pudo estimarse Por el dueño que algun dia Se la ciñó: que la guardes Te encargo, porque aunque yo No sé qué secreto alcance, Sé que esta dorada espada Encierra misterios grandes, Pues solo fiado en ella Vengo á Polonia á vengarme De un agravio.
CLOTAL.
_(Aparte.)_ ¡Santos cielos! ¡Qué es esto! ya son más graves Mis penas y confusiones, Mis ánsias y mis pesares. ¿Quién te la dió?
ROSAURA.
Una mujer.
CLOTAL.
¿Cómo se llama?
ROSAURA.
Que calle Su nombre es fuerza.
CLOTAL.
¿De qué Infieres ahora, ó sabes, Que hay secreto en esta espada?
ROSAURA.
Quien me la dió, dijo: «Parte A Polonia, y solicita Con ingenio, estudio ó arte, Que te vean esa espada Los nobles y principales, Que yo sé que alguno dellos Te favorezca y ampare;» Que por si acaso era muerto, No quiso entónces nombrarle.
CLOTAL.
_(Ap.)_ ¡Válgame el cielo, qué escucho! Aun no sé determinarme Si tales sucesos son Ilusiones ó verdades. Esta es la espada que yo Dejé á la hermosa Violante. Por señas que el que ceñida La trajera, habia de hallarme Amoroso como hijo, Y piadoso como padre. Pues ¿qué he de hacer (¡ay de mi!) En confusion semejante, Si quien la trae por favor, Para su muerte la trae, Pues que sentenciado á muerte Llega á mis piés? ¡Qué notable Confusion! ¡Qué triste hado! ¡Qué suerte tan inconstante! Este es mi hijo, y las señas Dicen bien con las señales Del corazon, que por verlo Llama al pecho, y en él bate Las alas, y no pudiendo Romper los candados, hace Lo que aquel que está encerrado, Y oyendo ruido en la calle Se asoma por la ventana: El así, como no sabe Lo que pasa, y oye el ruido, Va á los ojos á asomarse, Que son ventanas del pecho Por donde en lágrimas sale. ¿Qué he de hacer? (¡Valedme, cielos!) ¿Qué he de hacer? Porque llevarle Al Rey, es llevarle (¡ay triste!) A morir. Pues ocultarle Al Rey no puedo, conforme A la ley del homenaje. De una parte el amor proprio, Y la lealtad de otra parte Me rinden. Pero ¿qué dudo? La lealtad del Rey ¿no es ántes Que la vida y que el honor? Pues ella viva y él falte. Fuera de que si ahora atiendo A que dijo que á vengarse Viene de un agravio, hombre Que está agraviado, es infame.— No es mi hijo, no es mi hijo, Ni tiene mi noble sangre. Pero si ya ha sucedido Un peligro, de quien nadie Se libró, porque el honor Es de materia tan frágil Que con una accion se quiebra Ó se mancha con un aire, ¿Qué más puede hacer, qué más, El que es noble, de su parte, Que á costa de tantos riesgos Haber venido á buscarle? Mi hijo es, mi sangre tiene, Pues tiene valor tan grande; Y así, entre una y otra duda, El medio más importante Es irme al Rey, y decirle Que es mi hijo, y que le mate. Quizá la misma piedad De mi honor podrá obligarle; Y si le merezco vivo, Yo le ayudaré á vengarse De su agravio; mas si el Rey, En sus rigores constante, Le da muerte, morirá Sin saber que soy su padre.— Venid conmigo, extranjeros,
_(A Rosaura y Clarin.)_
No temais, no, de que os falte Compañía en las desdichas, Pues en duda semejante De vivir ó de morir, No sé cuáles son más grandes. _(Vanse.)_
* * * * *
_Salon del Palacio Real en la corte[2]._
[2] Calderon no la nombra: sin duda le pareció poco necesario, por ser el drama de pura invencion.
ESCENA V.
ASTOLFO Y SOLDADOS, _que salen por un lado, y por el otro_ LA INFANTA ESTRELLA Y DAMAS. _Música militar dentro y salvas._
ASTOLFO.
Bien al ver los excelentes Rayos, que fueron cometas, Mezclan salvas diferentes Las cajas y las trompetas, Los pájaros y las fuentes: Siendo con música igual, Y con maravilla suma, A tu vista celestial Unos, clarines de pluma, Y otras, aves de metal; Y así os saludan, señora, Como á su reina las balas, Los pájaros como Aurora, Las trompetas como á Pálas Y las flores como á Flora; Porque sois, burlando el dia Que ya la noche destierra, Aurora en el alegría, Flora en paz, Pálas en guerra, Y reina en el alma mia.
ESTREL.
Si la voz se ha de medir Con las acciones humanas, Mal habeis hecho en decir Finezas tan cortesanas, Donde os pueda desmentir Todo ese marcial trofeo Con quien ya atrevida lucho; Pues no dicen, segun creo, Las lisonjas que os escucho, Con los rigores que veo. Y advertid que es baja accion, Que sólo á una fiera toca, Madre de engaño y traicion, El halagar con la boca Y matar con la intencion.
ASTOLFO.
Muy mal informada estais, Estrella, pues que la fe De mis finezas dudais, Y os suplico que me oigais La causa, á ver si la sé. Falleció Eustorgio tercero, Rey de Polonia, y quedó Basilio por heredero, Y dos hijas, de quien yo Y vos nacimos.—No quiero Cansaros con lo que tiene Lugar aquí.—Clorilene, Vuestra madre y mi señora, Que en mejor imperio ahora Dosel de luceros tiene, Fué la mayor, de quien vos Sois hija; fué la segunda, Madre y tia de los dos, La gallarda Recisunda, Que guarde mil años Dios; Casó en Moscovia, de quien Nací yo. Volver ahora Al otro principio es bien. Basilio, que ya, señora, Se rinde al comun desden Del tiempo, más inclinado A los estudios que dado A mujeres, enviudó Sin hijos, y vos y yo Aspiramos á este Estado. Vos alegais que habeis sido Hija de hermana mayor; Yo, que varon he nacido, Y aunque de hermana menor, Os debo ser preferido. Vuestra intencion y la mia A nuestro tio contamos: Él respondió que queria Componernos, y aplazamos Este puesto y este dia. Con esta intencion salí De Moscovia y de su tierra; Con esta llegué hasta aquí, En vez de haceros yo guerra, A que me la hagais á mí. ¡Oh! quiera Amor, sabio dios, Que el vulgo, astrólogo cierto, Hoy lo sea con los dos, Y que pare este concierto En que seais Reina vos, Pero Reina en mi albedrío, Dándôs, para más honor, Su corona nuestro tio, Sus triunfos vuestro valor Y su imperio el amor mio.
ESTREL.
A tan cortés bizarría Ménos mi pecho no muestra, Pues la imperial monarquía Para sólo hacerla vuestra Me holgara que fuera mia; Aunque no está satisfecho Mi amor de que sois ingrato, Si en cuanto decís, sospecho Que os desmiente ese retrato Que está pendiente del pecho.
ASTOLFO.
Satisfaceros intento Con él... Mas lugar no da Tanto sonoro instrumento, _(Tocan cajas.)_ Que avisa que sale ya El Rey con su parlamento.
ESCENA VI.
EL REY BASILIO, ACOMPAÑAMIENTO.—ASTOLFO, ESTRELLA, DAMAS, SOLDADOS.
ESTREL.
Sabio Táles...
ASTOLFO.
Docto Euclídes...
ESTREL.
Que entre signos...
ASTOLFO.
Que entre estrellas...
ESTREL.
Hoy gobiernas...
ASTOLFO.
Hoy resides...
ESTREL.
Y sus caminos...
ASTOLFO.
Sus huellas...
ESTREL.
Describes...
ASTOLFO.
Tasas y mides...
ESTREL.
Deja que en humildes lazos...
ASTOLFO.
Deja que en tiernos abrazos...
ESTREL.
Hiedra dese tronco sea.
ASTOLFO.
Rendido á tus piés me vea.
BASILIO.
Sobrinos, dadme los brazos, Y creed, pues que leales Á mi precepto amoroso Venís con afectos tales, Que á nadie deje quejoso Y los dos quedeis iguales: Y así, cuando me confieso Rendido al prolijo peso, Sólo os pido en la ocasion Silencio, que admiracion Ha de pedirla el suceso. Ya sabeis (estadme atentos, Amados sobrinos mios, Corte ilustre de Polonia, Vasallos, deudos y amigos), Ya sabeis que yo en el mundo Por mi ciencia he merecido El sobrenombre de docto, Pues, contra el tiempo y olvido, Los pinceles de Timantes, Los mármoles de Lisipo, En el ámbito del orbe Me aclaman el gran Basilio. Ya sabeis que son las ciencias Que más curso y más estimo, Matemáticas sutiles, Por quien al tiempo le quito, Por quien á la fama rompo La jurisdiccion y oficio De enseñar más cada dia; Pues cuando en mis tablas miro Presentes las novedades De los venideros siglos, Le gano al tiempo las gracias De contar lo que yo he dicho. Esos círculos de nieve, Esos doseles de vidrio Que el sol ilumina á rayos, Que parte la luna á giros; Esos orbes de diamantes, Esos globos cristalinos Que las estrellas adornan Y que campean los signos, Son el estudio mayor De mis años, son los libros Donde en papel de diamante, En cuadernos de zafiro, Escribe con líneas de oro, En caracteres distintos, El cielo nuestros sucesos, Ya adversos ó ya benignos. Estos leo tan veloz, Que con mi espíritu sigo Sus rápidos movimientos Por rumbos y por caminos. ¡Pluguiera al cielo, primero Que mi ingenio hubiera sido De sus márgenes comento, Y de sus hojas registro, Hubiera sido mi vida El primero desperdicio De sus iras, y que en ellas Mi tragedia hubiera sido, Porque de los infelices Aun el mérito es cuchillo, Que á quien le daña el saber, Homicida es de sí mismo! Dígalo yo, aunque mejor Lo dirán sucesos mios, Para cuya admiracion Otra vez silencio os pido. En Clorilene, mi esposa, Tuve un infelice hijo, En cuyo parto los cielos Se agotaron de prodigios. Ántes que á la luz hermosa Le diese el sepulcro vivo De un vientre (porque el nacer Y el morir son parecidos), Su madre infinitas veces, Entre ideas y delirios Del sueño, vió que rompia Sus entrañas atrevido Un monstruo en forma de hombre, Y entre su sangre teñido, La daba muerte, naciendo Víbora humana del siglo. Llegó de su parto el dia, Y los presagios cumplidos (Porque tarde ó nunca son Mentirosos los impíos), Nació en horóscopo tal, Que el sol, en su sangre tinto, Entraba sañudamente Con la luna en desafío; Y siendo valla la tierra, Los dos faroles divinos A luz entera luchaban, Ya que no á brazo partido. El mayor, el más horrendo Eclipse que ha padecido El sol, despues que con sangre Lloró la muerte de Cristo, Este fué, porque anegado El orbe en incendios vivos, Presumió que padecia El último parasismo: Los cielos se oscurecieron, Temblaron los edificios, Llovieron piedras las nubes, Corrieron sangre los rios. En aqueste, pues, del sol Ya frenesí, ó ya delirio, Nació Segismundo, dando De su condicion indicios, Pues dió la muerte á su madre, Con cuya fiereza dijo: Hombre soy, pues que ya empiezo A pagar mal beneficios. Yo, acudiendo á mis estudios, En ellos y en todo miro Que Segismundo sería El hombre más atrevido, El príncipe más cruel Y el monarca más impío, Por quien su reino vendria A ser parcial y diviso, Escuela de las traiciones Y academia de los vicios; Y él, de su furor llevado, Entre asombros y delitos, Habia de poner en mí Las plantas, y yo rendido A sus piés me habia de ver, (¡Con qué vergüenza lo digo!) Siendo alfombra de sus plantas Las canas del rostro mio. ¿Quién no da crédito al daño, Y más al daño que ha visto En su estudio, donde hace El amor proprio su oficio? Pues dando crédito yo Á los hados, que divinos Me pronosticaban daños En fatales vaticinios, Determiné de encerrar La fiera que habia nacido, Por ver si el sabio tenía En las estrellas dominio. Publicóse que el infante Nació muerto, y prevenido Hice labrar una torre Entre las peñas y riscos De esos montes, donde apénas La luz ha hallado camino, Por defenderle la entrada Sus rústicos obeliscos. Las graves penas y leyes, Que con públicos edictos Declararon que ninguno Entrase á un vedado sitio Del monte, se ocasionaron De las causas que os he dicho. Allí Segismundo vive Mísero, pobre y cautivo, Adonde sólo Clotaldo Le ha hablado, tratado y visto. Este le ha enseñado ciencias; Este en la ley le ha instruido Católica, siendo sólo De sus miserias testigo. Aquí hay tres cosas: la una Que yo, Polonia, os estimo Tanto, que os quiero librar De la opresion y servicio De un rey tirano, porque No fuera señor benigno El que á su patria y su imperio Pusiera en tanto peligro. La otra es considerar Que si á mi sangre le quito El derecho que le dieron Humano fuero y divino, No es cristiana caridad; Pues ninguna ley ha dicho Que por reservar yo á otro De tirano y de atrevido, Pueda yo serlo, supuesto Que si es tirano mi hijo, Porque él delitos no haga, Vengo yo á hacer los delitos. Es la última y tercera El ver cuánto yerro ha sido Dar crédito fácilmente Á los sucesos previstos; Pues aunque su inclinacion Le dicte sus precipicios, Quizá no le vencerán, Porque el hado más esquivo, La inclinacion más violenta, El planeta más impío, Sólo el albedrío inclinan, No fuerzan el albedrío. Y así, entre una y otra causa, Vacilante y discursivo, Previne un remedio tal, Que os suspenda los sentidos. Yo he de ponerle mañana, Sin que él sepa que es mi hijo Y Rey vuestro, á Segismundo (Que aqueste su nombre ha sido) En mi dosel, en mi silla, Y en fin, en el lugar mio, Donde os gobierne y os mande, Y donde todos rendidos La obediencia le jureis; Pues con aquesto consigo Tres cosas, con que respondo Á las otras tres que he dicho. Es la primera, que siendo Prudente, cuerdo y benigno, Desmintiendo en todo al hado Que dél tantas cosas dijo, Gozaréis el natural Príncipe vuestro, que ha sido Cortesano de unos montes Y de sus fieras vecino. Es la segunda, que si él Soberbio, osado, atrevido Y cruel, con rienda suelta Corre el campo de sus vicios, Habré yo piadoso entónces Con mi obligacion cumplido; Y luégo en desposeerle Haré como Rey invicto, Siendo el volverle á la cárcel No crueldad, sino castigo. Es la tercera, que siendo El príncipe como os digo, Por lo que os amo, vasallos, Os daré reyes más dignos De la corona y el cetro; Pues serán mis dos sobrinos, Que junto en uno el derecho De los dos, y convenidos Con la fe del matrimonio, Tendrán lo que han merecido. Esto como rey os mando, Esto como padre os pido, Esto como sabio os ruego, Esto como anciano os digo; Y si el Séneca español, Que era humilde esclavo, dijo, De su república un rey, Como esclavo os lo suplico.
ASTOLFO.
Si á mí el responder me toca, Como el que en efecto ha sido Aquí el más interesado, En nombre de todos digo Que Segismundo parezca, Pues le basta ser tu hijo.
TODOS.
Dános al príncipe nuestro, Que ya por rey le pedimos.
BASILIO.
Vasallos, esa fineza Os agradezco y estimo. Acompañad á sus cuartos A los dos atlantes mios, Que mañana le vereis.
TODOS.
¡Viva el grande rey Basilio!
_(Éntranse todos acompañando á Estrella y á Astolfo: quédase el Rey.)_
ESCENA VII.
CLOTALDO, ROSAURA, CLARIN.—BASILIO.
CLOTAL.
¿Podréte hablar? _(Al Rey.)_
BASILIO.
¡Oh Clotaldo! Tú seas muy bien venido.
CLOTAL.
Aunque viniendo á tus plantas Era fuerza haberlo sido, Esta vez rompe, señor, El hado triste y esquivo El privilegio á la ley Y á la costumbre el estilo.
BASILIO.
¿Qué tienes?
CLOTAL.
Una desdicha, Señor, que me ha sucedido, Cuando pudiera tenerla Por el mayor regocijo.
BASILIO.
Prosigue.
CLOTAL.
Este bello jóven, Osado ó inadvertido, Entró en la torre, señor, Adonde al Príncipe ha visto, Y es...
BASILIO.
No os aflijais, Clotaldo: Si otro dia hubiera sido, Confieso que lo sintiera; Pero ya el secreto he dicho, Y no importa que él lo sepa, Supuesto que yo lo digo. Vedme despues, porque tengo Muchas cosas que advertiros Y muchas que hagais por mí; Que habeis de ser, os aviso, Instrumento del mayor Suceso que el mundo ha visto: Y á esos presos, porque al fin No presumais que castigo Descuidos vuestros, perdono. _(Vase.)_
CLOTAL.
¡Vivas, gran señor, mil siglos!
ESCENA VIII.
CLOTALDO, ROSAURA, CLARIN.
CLOTAL.
(_Ap._ Mejoró el cielo la suerte: Ya no diré que es mi hijo, Pues que lo puedo excusar.) Extranjeros peregrinos, Libres estais.
ROSAURA.
Tus piés beso Mil veces.
CLARIN.
Y yo los viso, Que una letra más ó ménos No reparan dos amigos.
ROSAURA.
La vida, señor, me has dado; Y pues á tu cuenta vivo, Eternamente seré Esclavo tuyo.
CLOTAL.
No ha sido Vida la que yo te he dado, Porque un hombre bien nacido, Si está agraviado, no vive; Y supuesto que has venido Á vengarte de un agravio, Segun tú proprio me has dicho, No te he dado vida yo, Porque tú no la has traido, Que vida infame no es vida. (_Ap._ Bien con aquesto le animo.)
ROSAURA.
Confieso que no la tengo, Aunque de tí la recibo; Pero yo con la venganza Dejaré mi honor tan limpio, Que pueda mi vida luego, Atropellando peligros, Parecer dádiva tuya.
CLOTAL.
Toma el acero bruñido Que trajiste; que yo sé Que él baste, en sangre teñida De tu enemigo, á vengarte; Porque acero que fué mio (Digo este instante, este rato Que en mi poder le he tenido), Sabrá vengarte.
ROSAURA.
En tu nombre Segunda vez me le ciño, Y en él juro mi venganza, Aunque fuese mi enemigo Más poderoso.
CLOTAL.
¿Eslo mucho?
ROSAURA.
Tanto, que no te lo digo, No porque de tu prudencia Mayores cosas no fío, Sino porque no se vuelva Contra mí el favor que admiro En tu piedad.
CLOTAL.
Ántes fuera Ganarme á mí con decirlo; Pues fuera cerrarme el paso De ayudar á tu enemigo. (_Ap._ ¡Oh si supiera quién es!)
ROSAURA.
Porque no pienses que estimo Tan poco esa confianza, Sabe que el contrario ha sido No ménos que Astolfo, duque De Moscovia.
CLOTAL.
(_Ap._ Mal resisto El dolor, porque es más grave, Que fué imaginado, visto. Apuremos más el caso.) Si moscovita has nacido, El que es natural señor, Mal agraviarte ha podido: Vuélvete á tu patria, pues, Y deja el ardiente brío Que te despeña.
ROSAURA.
Yo sé, Que aunque mi príncipe ha sido, Pudo agraviarme.
CLOTAL.
No pudo, Aunque pusiera atrevido La mano en tu rostro. (_Ap._ ¡Ay cielos!)
ROSAURA.
Mayor fué el agravio mio.
CLOTAL.
Dílo ya, pues que no puedes Decir más que yo imagino.
ROSAURA.
Sí dijera; mas no sé Con qué respeto te miro, Con qué afecto te venero, Con qué estimacion te asisto, Que no me atrevo á decirte Que es este exterior vestido Enigma, pues no es de quien Parece: juzga advertido, Si no soy lo que parezco, Y Astolfo á casarse vino Con Estrella, si podrá Agraviarme. Harto te he dicho.
_(Vanse Rosaura y Clarin.)_
CLOTAL.
¡Escucha, aguarda, detente! ¿Qué confuso laberinto Es este, donde no puede Hallar la razon el hilo? Mi honor es el agraviado, Poderoso el enemigo, Yo vasallo, ella mujer: Descubra el cielo camino; Aunque no sé si podrá, Cuando en tan confuso abismo Es todo el cielo un presagio, Y es todo el mundo un prodigio.
JORNADA SEGUNDA.
ESCENA PRIMERA.
BASILIO, CLOTALDO.
CLOTAL.
Todo, como lo mandaste, Queda efectuado.
BASILIO.
Cuenta, Clotaldo, cómo pasó.
CLOTAL.
Fué, señor, desta manera. Con la apacible bebida, Que de confecciones llena Hacer mandaste, mezclando La virtud de algunas hierbas, Cuyo tirano poder Y cuya secreta fuerza Así al humano discurso Priva, roba y enajena, Que deja vivo cadáver Á un hombre, y cuya violencia, Adormecido, le quita Los sentidos y potencias... —No tenemos que argüir Que aquesto posible sea, Pues tantas veces, señor, Nos ha dicho la experiencia, Y es cierto, que de secretos Naturales está llena La medicina, y no hay Animal, planta ni piedra Que no tenga calidad Determinada, y si llega Á examinar mil venenos La humana malicia nuestra, Que den la muerte, ¿qué mucho Que, templada su violencia, Pues hay venenos que maten, Haya venenos que aduerman? Dejando aparte el dudar Si es posible que suceda, Pues que ya queda probado Con razones y evidencias...— Con la bebida, en efecto, Que el opio, la adormidera Y el beleño compusieron, Bajé á la cárcel estrecha De Segismundo; con él Hablé un rato de las letras Humanas, que le ha enseñado La muda naturaleza De los montes y los cielos, En cuya divina escuela La retórica aprendió De las aves y las fieras. Para levantarle más El espíritu á la empresa Que solicitas, tomé Por asunto la presteza De un águila caudalosa, Que despreciando la esfera Del viento, pasaba á ser En las regiones supremas Del fuego rayo de pluma, Ó desasido cometa. Encarecí el vuelo altivo, Diciendo: «Al fin eres reina De las aves, y así, á todas Es justo que las prefieras.» Él no hubo menester más; Que en tocando esta materia De la majestad, discurre Con ambicion y soberbia; Porque en efecto la sangre Le incita, mueve y alienta Á cosas grandes, y dijo: «¡Que en la república inquieta De las aves tambien haya Quien les jure la obediencia! En llegando á este discurso Mis desdichas me consuelan; Pues, por lo ménos, si estoy Sujeto, lo estoy por fuerza; Porque voluntariamente Á otro hombre no me rindiera.» Viendole ya enfurecido Con esto, que ha sido el tema De su dolor, le brindé Con la pócima, y apénas Pasó desde el vaso al pecho El licor, cuando las fuerzas Rindió al sueño, discurriendo Por los miembros y las venas Un sudor frio, de modo Que á no saber yo que era Muerte fingida, dudara De su vida. En esto llegan Las gentes de quien tú fias El valor desta experiencia, Y poniéndole en un coche, Hasta tu cuarto le llevan, Donde prevenida estaba La majestad y grandeza Que es digna de su persona. Allí en tu cama le acuestan, Donde al tiempo que el letargo Haya perdido la fuerza, Como á tí mismo, señor, Le sirvan, que así lo ordenas. Y si haberte obedecido Te obliga á que yo merezca Galardon, sólo te pido (Perdona mi inadvertencia) Que me digas, ¿qué es tu intento, Trayendo desta manera Á Segismundo á palacio?
BASILIO.