Teatro selecto, tomo 1 de 4

Part 5

Chapter 53,836 wordsPublic domain

«Quisiera estarla matando nueve años seguidos. ¡Qué divina mujer!...» Estas frases apasionadísimas que abundan en Shakespeare, jamás se le escapan á Calderon. Sus maridos matan friamente, y porque así lo exigen el _honor_ y las conveniencias sociales, cuya injusticia deploran con amargura:

El legislador tirano Que puso en ajena mano Mi opinion, y no en la mia.

Vano fuera establecer cotejo entre tan correctos esclavos de la _opinion_, y un bárbaro como Otelo, todo carne y sangre y hervor de pasion, y por eso mismo humano, admirable y eterno.

Hay cierta gradacion en los cuatro dramas calderonianos. D. Juan de Roca, _el pintor de su deshonra_, se venga del adulterio consumado: D. Lope de Almeida toma _secreta venganza_ del _secreto_ propósito del _agravio_ consentido: D. Gutierre Alfonso de Solís (encarnacion la más completa del sentimiento del honor en lo que tiene de irracional y falso) no venga agravio ninguno, pero quiere evitar hasta la sombra y la posibilidad de él, por el sangriento medio de la incision en las venas de su mujer: el Tetrarca, finalmente, no se venga de nada, sino que inmola á la desdichada Mariene por egoismo y para evitar que otro, despues de la muerte de él, la posea. Y sin embargo, el Tetrarca es de todos ellos el único verdaderamente apasionado. Y áun puede decirse que sus celos tienen más noble raíz y fundamento que los de Otelo; pero tanto extremó el autor la nota idealista, que el Tetrarca llega á parecer un energúmeno, fuera de todas las condiciones de la vida humana. Así y todo, es gran carácter, y tiene el drama accidentes bellísimos, como aquello de las _arrastradas pompas_; pero siempre daremos la preferencia al _Médico de su honra_, como trasunto de un modo de pensar social que era dramático, aunque tuviese una punta de falsedad.

VII.—Comedias de capa y espada.

Son comedias de costumbres del tiempo, lozanas y vivideras, como todo lo que arranca de las entrañas de la realidad. No constituyen la porcion más trascendental de las obras de Calderon, pero sí la más amena y la que más intacta ha conservado su fama, en medio de todos los cambios de gusto. Hoy mismo son las obras suyas que con más deleite vemos en las tablas. Son tambien las escritas con más llaneza, y las más libres de culteranismo, aunque no de discreteos y sutilezas, que el autor reprodujo, porque estaban en la conversacion del tiempo, y que á veces se perdonan por lo ingeniosos y bizarros y por ser un rasgo característico de la época, hijo de condiciones nativas del ingenio español.

Respírase en todas estas obras delicado perfume de honor y galantería. Todas se parecen, y todas son diferentes, sin embargo. Dan materia á la fábula amores y celos. La casualidad enreda y rige la trama. Los personajes inexcusables son un galan jóven, valiente, discreto, pundonoroso y de noble estirpe (el cual suele haber militado en Flándes ó en Italia); una dama tan noble y discreta como él, y además portento de hermosura, casi siempre huérfana de madre, y sometida á un padre, hermano ó tutor, más altiva que enamorada, algo soberbia de condicion y no poco violenta y arrojada; otra pareja de galan y dama que tiene, con ménos brillo, las mismas condiciones; un padre ó hermano, y á veces dos, muy caballeros y muy guardadores de la honra de su casa, y á la vez coléricos, impacientes y fáciles á la ira; un criado que lo anima todo con sus chistes y aconseja ó ayuda á su amo en la arriesgada á empresa. El amor que anda en juego es siempre amor lícito y honesto, entre personas libres, y encaminado á matrimonio. Para estorbar tan feliz resultado suelen atravesarse dos géneros de obstáculos, unos casuales é imprevistos, otros morales, que generalmente nacen de los celos del otro amante ó de la otra dama. El amante sospecha de la fidelidad de la dama ó ésta de la suya: comienzan los celos y las quejas: interviene á deshora en la plática el padre, el hermano ó el otro galan: embózase nuestro héroe y los resiste á todos, alborotando la calle: huye la dama despavorida y tapada á casa de una amiga ó á la del mismo galan, que por de contado respeta escrupulosamente su honor: y así va enredándose la madeja entre escondites, cuchilladas, embozos y mantos, hasta que todo se aclara felizmente, y la doncella andante premia en santo vínculo los afanes de su caballero. Sobre todo este fondo un poco monótono añádase una portentosa variedad de invenciones secundarias, un poder para atar y conducir la intriga mayor que el que constituye la única gloria de Scribe y de tantos otros: póngase todo en versos fáciles y numerosos, con toda la gala y abundancia de la lengua castellana, y se tendrá idea de esas deliciosas comedias que se llaman _Los empeños de un acaso_, _Mañanas de Abril y Mayo_, _La Dama Duende_, _El escondido y la tapada_, _Dar tiempo al tiempo_, _Casa con dos puertas_, y tantas y tantas entre las que apénas se puede escoger, por que casi todas son oro de ley.

No ignoro los reparos que se han hecho y pueden hacerse á este género. En primer lugar, la monotonía y pobreza del fondo, aunque la variedad de incidentes la realce. Pero la vida de entónces era ménos vária y complicada que la nuestra, y además una gran parte de las relaciones sociales quedaban fuera de la jurisdiccion del poeta cómico, ya por loable respeto á la santidad del hogar, ya porque aquel arte buscaba por instinto lo que habia de noble, elevado y caballeresco en la vida real, y no lo que deshacía ó turbaba su armonía.

En segundo lugar, y con más fundamento, puede achacarse á la comedia calderoniana de enredo, escasa variedad de caracteres. Hase dicho que el don Pedro y la doña Leonor de una comedia en nada difieren del D. Juan y la doña María de otra, y que Calderon nunca vió ni acertó á reproducir más que un mundo encantado en que todos los galanes son celosos y valientes, todas las damas discretas y arriscadas, y todos los criados decidores y chistosos. No negaremos que esto sea verdad casi siempre (por la razon ántes apuntada), pero pueden traerse excepciones muy notables. Aparte de que la identidad de los graciosos (que no suelen ser lo mejor de Calderon), no es tanta como se pondera, hay variedad hasta en los tipos femeninos, en que tampoco llegó Calderon á la dulce ó apasionada ternura que acertó á poner en sus heroínas Lope de Vega. Caracteres son, ó á lo ménos esbozos de carácter, la dama culti-latini-parla de _No hay burlas con el amor_, la hermosa necia y la fea discreta de _Cuál es mayor perfeccion_, la mogigata y la coqueta de _Guárdate del agua mansa_, y la resuelta doña Angela de _La Dama Duende_, sin otras que ahora no acuden á mi memoria. Como carácter de galan trazó Calderon uno bellísimo en el D. Cárlos de _No siempre lo peor es cierto_, prototipo de pasion generosa, delicada y pura, como quien piensa y afirma

Que es hombre bajo, que es necio, Es vil, es ruin, es infame El que solamente atento A lo irracional del gusto Y á lo bruto del deseo, Viendo perdido lo más Se contenta con lo ménos.

Más grave pecado, y de este sí que no podemos absolver á Calderon, es el empleo uniforme de ciertos recursos cómodos, pero que tienen mucho de convencionales é inverosímiles. En nuestras comedias basta un embozo ó un manto para hacer que desconozcan á una persona hasta sus más familiares deudos y amigos. Las tapadas, los escondidos, las luces apagadas, las puertas falsas, las alacenas giratorias, agradan en una ó en dos comedias, pero repetidas hasta la saciedad, engendran hastío y denuncian falta de inventiva en el poeta. No merecen tanta censura los duelos y cuchilladas, que con ser tantos en sus comedias, áun eran muchos más en la vida real. Y en cuanto á las visitas de las damas en casa de sus galanes, desgracia es de nuestras actuales costumbres el que no podamos concebirlas sino como pecaminosas, pero tampoco es lícito dudar que á los contemporáneos les parecian verosímiles é inocentes.

Se parecen mucho á las comedias de capa y espada (y tanto que no vale la pena de hacer clase aparte, aunque la condicion de los protagonistas sea diversa) ciertas comedias palacianas de Calderon, como _El secreto á voces_, _El encanto sin encanto_, _La banda y la flor_, _Con quien vengo, vengo_, etc., etc., en que son príncipes y grandes señores, en vez de hidalgos de la clase media, los que andan envueltos en lances de amor y celos. Calderon no hizo nada en este género que pueda compararse con la profunda, sazonada y discreta ironía de Tirso en _El vergonzoso en Palacio_ ó en _El castigo del pensé qué_.

VIII.—De otros géneros cultivados por Calderon.

Despues de maduro exámen no me he atrevido á incluir en esta coleccion ninguno de los dramas de espectáculo ó comedias de tramoya, en que Calderon fué fecundísimo. El poeta queda siempre en tales dramas subordinado al maquinista y al pintor escenógrafo, y no hace obras de arte mas que á medias. Quizá él se engañara hasta tener por las mejores suyas las que escribia para los aparatosos festejos de los Sitios Reales; pero la posteridad, más cuerda, las ha relegado al olvido. Hoy no tienen más interes que el histórico y el de algunos buenos versos acá y allá esparcidos y casi ahogados en un mar de enfática y culterana palabrería. Juzgar á Calderon por tales dramas sería evidente injusticia. Buscar en ellos pasion, interes, caracteres y color de las respectivas épocas, fuera necedad y desvarío. Baste consignar para recuerdo, que Calderon explotó grandemente los _Metamorfoseos_ ovidianos, y puso en escena casi todas las fábulas de la antigüedad: los amores de _Apolo y Climene_, la caida del _Hijo del Sol, Faeton_, la _Estatua de Prometeo_, el _Golfo de las Sirenas_, las _Fortunas de Andrómeda y Perseo_, las aventuras de Hércules, Teseo y Jason, y la estancia de Aquíles en casa del rey Licomedes, disfrazada con el retumbante título de _El monstruo de los jardines_. Unicamente hemos abierto la mano en cuanto á dos breves zarzuelas, _El laurel de Apolo_ y _La púrpura de la rosa_, que además de ser de las más antiguas muestras de su género, contienen, sobre todo la primera, hermosos rasgos de poesía lírica.

Por razones análogas hemos excluido á carga cerrada los dramas fundados en libros de caballerías, v. gr., _Hado y Divisa_, _La Puente de Mantible_, _El castillo de Lindabrídis_, _El jardin de Fabrina_; así como los dramas históricos, v. gr., _El segundo Scipion_, _Las armas de la hermosura_, _La gran Cenobia_, etc., en que innecesaria y caprichosamente está falseada la historia, no sólo en su esencia y en el carácter distintivo de las razas y de las civilizaciones, sino hasta en los datos externos más vulgares, hasta suponer, v. gr., que Coriolano toma las armas contra Roma por galantería y por impedir que se cumpla una ley suntuaria sobre los trajes de las mujeres. Mascarada semejante no la hay ni en la misma tragedia francesa.

Sólo dos de estos dramas, ambos de asunto cercano al poeta, merecen conservarse: _La cisma de Ingalaterra_, no sólo por rasgos tan valientes como aquel soberbio

Yo tengo de borrar cuanto tú escribas

pronunciado por la sombra de Ana Bolena, cuando el teólogo coronado, amante suyo, prepara la refutacion de Lutero, sino por la útil materia de comparacion que ofrece con el _Enrique VIII_ de Shakespeare. _El sitio de Breda_, comedia soldadesca y de circunstancias, muy animada y llena de rumbo, tropel y boato, viene á ser el cuadro de _Las lanzas_ puesto en verso; pero desgraciadamente lo que cabe y es hermoso en la pintura, no lo es en el teatro.

Resumamos: Calderon, sin ser en todo rigor de arte el primero de nuestros dramáticos, es el más profundo en las ideas, el de genio más comprensivo y alto, quizá el más grande en lo trágico, y de cierto en lo simbólico. Es además el poeta nacional por excelencia, español y católico hasta los tuétanos é idealizador mágico de los sentimientos caballerescos y de los más nobles impulsos de la raza. Si en los caracteres fué débil, quizá debamos atribuirlo á que no acertó á ver más que los lados simpáticos y nobles de la naturaleza humana. Lo que pierde en universalidad, lo gana en sabor castizo. Sus defectos son los del ingenio español; su grandeza se confunde con la de España, y no morirá sino con ella. ¡Privilegio singular y para envidiado! Pero aún hay otro más alto: el ser á un mismo tiempo poeta admirable de su raza y de su siglo, y poeta y maestro y delicias de la humanidad en todas las edades, como lo son Shakespeare y Cervántes.

M. MENÉNDEZ PELAYO.

DRAMAS RELIGIOSOS Y FILOSÓFICOS.

LA VIDA ES SUEÑO.

PERSONAS.

BASILIO, _rey de Polonia_. SEGISMUNDO, _príncipe_. ASTOLFO, _duque de Moscovia_. CLOTALDO, _viejo_. CLARIN, _gracioso_. ESTRELLA, _infanta_. ROSAURA, _dama_. _Soldados._ _Guardas._ _Músicos._ _Acompañamiento._ _Criados._ _Damas._

La escena es en la corte de Polonia, en una fortaleza poco distante y en el campo.

JORNADA PRIMERA.

_A un lado monte fragoso y al otro una torre cuya planta baja sirve de prision á Segismundo. La puerta, que da frente al espectador, está entreabierta. La accion principia al anochecer._

ESCENA PRIMERA.

ROSAURA, CLARIN.

_(Rosaura vestida de hombre aparece en lo alto de las peñas, y baja á lo llano; tras ella viene Clarin.)_

ROSAURA.

Hipogrifo violento Que corriste parejas con el viento, ¿Dónde rayo sin llama, Pájaro sin matiz, pez sin escama, Y bruto sin instinto Natural, al confuso laberinto Destas desnudas peñas Te desbocas, arrastras y despeñas? Quédate en este monte, Donde tengan los brutos su Faetonte; Que yo, sin más camino Que el que me dan las leyes del destino. Ciega y desesperada Bajaré la aspereza enmarañada Deste monte eminente, Que arruga al sol el ceño de su frente. Mal, Polonia, recibes A un extranjero, pues con sangre escribes Su entrada en tus arenas, Y apénas llega, cuando llega á penas. Bien mi suerte lo dice; ¿Mas dónde halló piedad un infelice?

CLARIN.

Dí dos, y no me dejes En la posada á mí cuando te quejes; Que si dos hemos sido Los que de nuestra patria hemos salido A probar aventuras, Dos los que entre desdichas y locuras Aquí habemos llegado, Y dos los que del monte hemos rodado, ¿No es razon que yo sienta Meterme en el pesar, y no en la cuenta?

ROSAURA.

No te quiero dar parte En mis quejas, Clarin, por no quitarte, Llorando tu desvelo, El derecho que tienes tú al consuelo. Que tanto gusto habia En quejarse, un filósofo decia, Que, á trueco de quejarse, Habian las desdichas de buscarse.

CLARIN.

El filósofo era Un borracho barbon: ¡oh! ¡quién le diera Más de mil bofetadas! Quejárase despues de muy bien dadas. ¿Mas qué haremos, señora, A pié, solos, perdidos y á esta hora En un desierto monte, Cuando se parte el sol á otro horizonte?

ROSAURA.

¡Quién ha visto sucesos tan extraños! Mas si la vista no padece engaños Que hace la fantasía, A la medrosa luz que áun tiene el dia, Me parece que veo Un edificio.

CLARIN.

Ó miente mi deseo, Ó termino las señas.

ROSAURA.

Rústico nace entre desnudas peñas Un palacio tan breve, Que al sol apénas á mirar se atreve: Con tan rudo artificio La arquitectura está de su edificio, Que parece, á las plantas De tantas rocas y de peñas tantas Que al sol tocan la lumbre, Peñasco que ha rodado de la cumbre.

CLARIN.

Vámonos acercando; Que este es mucho mirar, señora, cuando Es mejor que la gente Que habita en ella, generosamente Nos admita.

ROSAURA.

La puerta (Mejor diré funesta boca) abierta Está, y desde su centro Nace la noche, pues la engendra dentro.

_(Suenan dentro cadenas.)_

CLARIN.

¡Qué es lo que escucho, cielo!

ROSAURA.

Inmóvil bulto soy de fuego y hielo.

CLARIN.

¿Cadenita hay que suena? Mátenme, si no es galeote en pena: Bien mi temor lo dice.

ESCENA II.

SEGISMUNDO, _en la torre_.—ROSAURA, CLARIN.

SEGISM.

_(Dentro.)_ ¡Ay mísero de mí! ¡Ay infelice!

ROSAURA.

¡Qué triste voz escucho! Con nuevas penas y tormentos lucho.

CLARIN.

Yo con nuevos temores.

ROSAURA.

Clarin...

CLARIN.

Señora...

ROSAURA.

Huyamos los rigores Desta encantada torre.

CLARIN.

Yo áun no tengo Ánimo para huir, cuando á eso vengo.

ROSAURA.

¿No es breve luz aquella Caduca exhalacion, pálida estrella, Que en trémulos desmayos, Pulsando ardores y latiendo rayos, Hace más tenebrosa La oscura habitacion con luz dudosa? Sí, pues á sus reflejos Puedo determinar (aunque de léjos) Una prision oscura, Que es de un vivo cadáver sepultura; Y porque más me asombre, En el traje de fiera yace un hombre De prisiones cargado, Y sólo de una luz acompañado. Pues huir no podemos, Desde aquí sus desdichas escuchemos: Sepamos lo que dice.

_(Abrense las hojas de la puerta, y descúbrese Segismundo con una cadena y vestido de pieles. Hay luz en la torre.)_

SEGISM.

¡Ay mísero de mí! ¡Ay infelice! Apurar, cielos, pretendo, Ya que me tratais así, Qué delito cometí Contra vosotros naciendo: Aunque si nací, ya entiendo Qué delito he cometido: Bastante causa ha tenido Vuestra justicia y rigor, Pues el delito mayor Del hombre es haber nacido. Solo quisiera saber Para apurar mis desvelos (Dejando á una parte, cielos, El delito del nacer), ¿Qué más os pude ofender, Para castigarme más? ¿No nacieron los demas? Pues si los demas nacieron, ¿Qué privilegios tuvieron Que yo no gocé jamás? Nace el ave, y con las galas Que le dan belleza suma, Apénas es flor de pluma, Ó ramillete con alas, Cuando las etéreas alas Corta con velocidad, Negándose á la piedad Del nido que deja en calma: ¿Y teniendo yo más alma, Tengo ménos libertad? Nace el bruto, y con la piel Que dibujan manchas bellas, Apénas signo es de estrellas (Gracias al docto pincel), Cuando atrevido y cruel, La humana[1] necesidad Le enseña á tener crueldad, Monstruo de su laberinto: ¿Y yo con mejor instinto Tengo ménos libertad? Nace el pez, que no respira, Aborto de ovas y lamas, Y apénas bajel de escamas Sobre las ondas se mira, Cuando á todas partes gira, Midiendo la inmensidad De tanta capacidad Como le da el centro frio: ¿Y yo con más albedrío Tengo ménos libertad? Nace el arroyo, culebra Que entre flores se desata, Y apénas, sierpe de plata, Entre las flores se quiebra, Cuando músico celebra De las flores la piedad, Que le da la majestad Del campo abierto á su huida: ¿Y teniendo yo más vida Tengo ménos libertad? En llegando á esta pasion, Un volcan, un Etna hecho, Quisiera arrancar del pecho Pedazos del corazon: ¿Qué ley, justicia ó razon Negar á los hombres sabe Privilegio tan süave, Excepcion tan principal, Que Dios le ha dado á un cristal, Á un pez, á un bruto y á un ave?

[1] Natural.

ROSAURA.

Temor y piedad en mí Sus razones han causado.

SEGISM.

¿Quién mis voces ha escuchado? ¿Es Clotaldo?

CLARIN.

_(Ap. á su amo.)_ Dí que sí.

ROSAURA.

No es sino un triste (¡ay de mí!) Que en estas bóvedas frias Oyó tus melancolías.

SEGISM.

Pues muerte aquí te daré, Porque no sepas que sé _(Ásela.)_ Que sabes flaquezas mias. Sólo porque me has oido, Entre mis membrudos brazos Te tengo de hacer pedazos.

CLARIN.

Yo soy sordo, y no he podido Escucharte.

ROSAURA.

Si has nacido Humano, baste el postrarme Á tus piés para librarme.

SEGISM.

Tu voz pudo enternecerme, Tu presencia suspenderme Y tu respeto turbarme. ¿Quién eres? que aunque yo aquí Tan poco del mundo sé, Que cuna y sepulcro fué Esta torre para mí: Y aunque desde que nací (Si esto es nacer) sólo advierto Este rústico desierto, Donde miserable vivo, Siendo un esqueleto vivo, Siendo un animado muerto: Y aunque nunca ví ni hablé, Sino á un hombre solamente Que aquí mis desdichas siente, Por quien las noticias sé De cielo y tierra, y aunque Aquí, porque más te asombres Y monstruo humano me nombres, Entre asombros y quimeras, Soy un hombre de las fieras, Y una fiera de los hombres: Y aunque en desdichas tan graves La política he estudiado, De los brutos enseñado, Advertido de las aves, Y de los astros süaves Los círculos he medido; Tú sólo, tú has suspendido La pasion á mis enojos, La suspension á mis ojos, La admiracion á mi oido. Con cada vez que te veo Nueva admiracion me das, Y cuando te miro más, Aun más mirarte deseo. Ojos hidrópicos creo Que mis ojos deben ser; Pues cuando es muerte el beber, Beben más, y desta suerte, Viendo que el ver me da muerte, Estoy muriendo por ver. Pero véate yo y muera; Que no sé, rendido ya. Si el verte muerte me da, El no verte qué me diera. Fuera, más que muerte fiera. Ira, rabia y dolor fuerte; Fuera muerte: desta suerte Su rigor he ponderado. Pues dar vida á un desdichado Es dar á un dichoso muerte.

ROSAURA.

Con asombro de mirarte. Con admiracion de oirte, Ni sé qué pueda decirte. Ni qué pueda preguntarte: Sólo diré que á esta parte Hoy el cielo me ha guiado Para haberme consolado, Si consuelo puede ser Del que es desdichado, ver Otro que es más desdichado. Cuentan de un sabio, que un dia Tan pobre y mísero estaba, Que sólo se sustentaba De unas yerbas que cogia. ¿Habrá otro (entre sí decia) Más pobre y triste que yo? Y cuando el rostro volvió, Halló la respuesta, viendo Que iba otro sabio cogiendo Las hojas que él arrojó. Quejoso de la fortuna Yo en este mundo vivia, Y cuando entre mí decia: ¿Habrá otra persona alguna De suerte más importuna? Piadoso me has respondido; Pues volviendo en mi sentido. Hallo que las penas mias, Para hacerlas tú alegrías Las hubieras recogido. Y por si acaso mis penas Pueden en algo aliviarte, Óyelas atento, y toma Las que dellas me sobraren. Yo soy...

ESCENA III.

CLOTALDO, SOLDADOS.—SEGISMUNDO, ROSAURA, CLARIN.

CLOTAL.

_(Dentro.)_ Guardas desta torre, Que, dormidas ó cobardes, Dísteis paso á dos personas Que han quebrantado la cárcel...

ROSAURA.

Nueva confusion padezco.

SEGISM.

Este es Clotaldo, mi alcaide. ¿Aun no acaban mis desdichas?

CLOTAL.

_(Dentro.)_ Acudid, y vigilantes, Sin que puedan defenderse, Ó prendedles, ó matadles.

_Voces._

_(Dentro.)_ ¡Traicion!

CLARIN.

Guardas desta torre. Que entrar aquí nos dejasteis. Pues que nos dais á escoger. El prendernos es más fácil.

_(Salen Clotaldo y los soldados: él con una pistola, y todos con los rostros cubiertos.)_

CLOTAL.

_(Aparte á los soldados al salir.)_ Todos os cubrid los rostros; Que es diligencia importante Miéntras estamos aquí Que no nos conozca nadie.

CLARIN.

¿Enmascaraditos hay?

CLOTAL.

Oh vosotros que ignorantes, De aqueste vedado sitio Coto y término pasasteis Contra el decreto del Rey, Que manda que no ose nadie Examinar el prodigio Que entre esos peñascos yace, Rendid las armas y vidas, Ó aquesta pistola, áspid De metal, escupirá El veneno penetrante De dos balas, cuyo fuego Será escándalo del aire.

SEGISM.

Primero, tirano dueño, Que los ofendas ni agravies, Será mi vida despojo Destos lazos miserables; Pues en ellos, vive Dios, Tengo de despedazarme Con las manos, con los dientes, Entre aquestas peñas, ántes Que su desdicha consienta Y que llore sus ultrajes.

CLOTAL.

Si sabes que tus desdichas, Segismundo, son tan grandes, Que ántes de nacer moriste Por ley del cielo; si sabes Que aquestas prisiones son De tus furias arrogantes Un freno que las detenga Y una rueda que las pare, ¿Por qué blasonas? La puerta _(A los soldados.)_ Cerrad de esa estrecha cárcel; Escondedle en ella.

SEGISM.

¡Ah, cielos, Qué bien haceis en quitarme La libertad! porque fuera Contra vosotros gigante, Que para quebrar al sol Esos vidrios y cristales, Sobre cimientos de piedra Pusiera montes de jaspe.

CLOTAL.

Quizá, porque no los pongas, Hoy padeces tantos males.

_(Llévanse algunos soldados á Segismundo y enciérranle en su prision.)_