Part 20
En lo justo Dice el cielo que obedezca El esclavo á su señor; Porque si el señor dijera Á su esclavo que pecara, Obligacion no tuviera De obedecerle; porque Quien peca mandado, peca.
REY.
Daréte muerte.
D. FERN.
Esa es vida.
REY.
Pues para que no lo sea, Vive muriendo; que yo Rigor tengo.
D. FERN.
Y yo paciencia.
REY.
Pues no tendrás libertad.
D. FERN.
Pues no será tuya Ceuta.
REY.
¡Hola!
ESCENA VIII.
CELIN, MOROS.—DICHOS.
CELIN.
Señor...
REY.
Luego al punto Aquese cautivo sea Igual á todos: al cuello Y á los piés le echad cadenas; A mis caballos acuda Y en baño y jardin, y sea Abatido como todos; No vista ropas de seda, Sino sarga humilde y pobre; Coma negro pan, y beba Agua salobre; en mazmorras Húmedas y oscuras duerma; Y á criados y á vasallos Se extienda aquesta sentencia. Llevadlos todos.
D. ENR.
¡Qué llanto!
MULEY.
¡Qué desdicha!
D. JUAN.
¡Qué tristeza!
REY.
Veré, bárbaro, veré Si llega á más tu paciencia Que mi rigor.
D. FERN.
Sí verás; Porque esta en mí será eterna. _(Llévanle.)_
REY.
Enrique, por el seguro De mi palabra, que vuelvas A Lisboa te permito; El mar africano deja. Dí en tu patria que su Infante, Su Maestre de Avis, queda Curándome los caballos; Que á darle libertad vengan.
D. ENR.
Sí harán, que si yo le dejo En su infelice miseria, Y me sufre el corazon El no acompañarle en ella, Es porque pienso volver Con más poder y más fuerza, Para darle libertad.
REY.
Muy bien harás, como puedas.
MULEY.
_(Ap.)_ Ya ha llegado la ocasion De que mi lealtad se vea. La vida debo á Fernando, Yo le pagaré la deuda. _(Vanse.)_
* * * * *
_Jardin._
ESCENA IX.
CELIN; DON FERNANDO, _de cautivo y con cadenas; despues_, CAUTIVOS.
CELIN.
El Rey manda que asistas En aqueste jardin, y no resistas Su ley á tu obediencia. _(Vase.)_
D. FERN.
Mayor que su rigor, es mi paciencia.
_(Salen varios cautivos, y uno canta miéntras los otros cavan en el jardin.)_
CAUT. 1.º
_(Canta.)_ _Á la conquista de Tánger,_ _Contra el tirano de Fez,_ _Al infante Don Fernando_ _Envió su hermano el Rey._
D. FERN.
¡Que un instante mi historia No deje de cansar á la memoria! Triste estoy y turbado.
CAUT. 2.º
¿Cautivo, cómo estais tan descuidado? No lloreis, consolaos; que ya el Maestre Dijo que volveremos Presto á la patria, y libertad tendremos. Ninguno ha de quedar en este suelo.
D. FERN.
_(Ap.)_ ¡Qué presto perdereis ese consuelo!
CAUT. 2.º
Consolad los rigores, Y ayudadme á regar aquestas flores. Tomad los cubos, y agua me id trayendo De aquel estanque.
D. FERN.
Obedecer pretendo. Buen cargo me habeis dado, Pues agua me pedís; que mi cuidado, Sembrando penas, cultivando enojos, Llenará en la corriente de mis ojos. _(Vase.)_
CAUT. 2.º
A este baño han echado Más cautivos.
ESCENA X.
DON JUAN Y OTRO CAUTIVO.—DICHOS.
D. JUAN.
Miremos con cuidado Si estos jardines fueron Donde vino, ó si acaso éstos le vieron; Porque en su compañía Ménos el llanto y el dolor sería, Y mayor el consuelo.— Dígasme, amigo, que te guarde el cielo, Si viste cultivando Este jardin al maestre Don Fernando.
CAUT. 2.º
No, amigo, no le he visto.
D. JUAN.
Mal el dolor y lágrimas resisto.
CAUT. 3.º
Digo que el baño abrieron, Y que nuevos cautivos á él vinieron.
ESCENA XI.
DON FERNANDO, _con dos cubos de agua_.—DICHOS.
D. FERN.
Mortales, no os espante Ver un maestre de Avis, ver un infante En tan mísera afrenta; Que el tiempo estas miserias representa.
D. JUAN.
Pues señor, ¡vuestra Alteza En tan mísero estado! De tristeza Rompa el dolor el pecho.
D. FERN.
¡Válgate Dios, qué gran pesar me has hecho, Don Juan, en descubrirme! Que quisiera ocultarme y encubrirme Entre mi misma gente, Sirviendo pobre y miserablemente.
CAUT. 1.º
Señor, que perdoneis humilde os ruego Haber andado yo tan loco y ciego.
CAUT. 2.º
Dános, señor, tus piés.
D. FERN.
Alzad, amigo, No hagais tal ceremonia ya conmigo.
D. JUAN.
Vuestra Alteza...
D. FERN.
¿Qué Alteza Ha de tener quien vive en tal bajeza? Ved que yo humilde vivo, Y soy entre vosotros un cautivo: Ninguno ya me trate Sino como á su igual.
D. JUAN.
¡Que no desate Un rayo el cielo para darme muerte!
D. FERN.
Don Juan, no ha de quejarse desa suerte Un noble. ¿Quién del cielo desconfía? La prudencia, el valor, la bizarría Se ha de mostrar ahora.
ESCENA XII.
ZARA, _con un azafate_.—DICHOS.
ZARA.
Al jardin sale Fénix mi señora, Y manda que matices y colores Borden este azafate de sus flores.
D. FERN.
Yo llevársele espero, Que en cuanto sea servir, seré el primero.
CAUT. 1.º
Ea, vamos á cogellas.
ZARA.
Aquí os aguardo miéntras vais por ellas.
D. FERN.
No me hagais cortesías: Iguales vuestras penas y las mias Son; y pues nuestra suerte, Si hoy no, mañana ha de igualar la muerte, No será accion liviana No dejar hoy que hacer para mañana.
_(Vanse el Infante y todos haciéndole cortesías, y quédase Zara.)_
ESCENA XIII.
FÉNIX, ROSA, ZARA.
FÉNIX.
¿Mandaste que me trajesen Las flores?
ZARA.
Ya lo mandé.
FÉNIX.
Sus colores deseé. Para que me divirtiesen.
ROSA.
¡Que tales, señora, fuesen, Creyendo tus fantasías, Tus graves melancolías!
ZARA.
¿Qué te obligó á estar así?
FÉNIX.
No fué sueño lo que ví, Que fueron desdichas mias. Cuando sueña un desdichado Que es dueño de algun tesoro, Ni dudo, Zara, ni ignoro Que entónces es bien soñado; Mas si á soñar ha llegado En fortuna tan incierta, Que desdichas le concierta, Ya aquello sus ojos ven, Pues soñando el mal y el bien, Halla el mal cuando despierta. Piedad no espero ¡ay de mí! Porque mi mal será cierto.
ZARA.
¿Y qué dejas para el muerto, Si tú lo sientes así?
FÉNIX.
Ya mis desdichas creí. ¡Precio de un muerto! ¿Quién vió Tal pena? No hay gusto, no, A una infelice mujer. ¿Que al fin de un muerto he de ser? ¿Quién será este muerto?
ESCENA XIV.
DON FERNANDO, _con las flores_.—FÉNIX, ZARA, ROSA.
D. FERN.
Yo.
FÉNIX.
¡Ay cielos! ¿Qué es lo que veo?
D. FERN.
¿Qué te admira?
FÉNIX.
De una suerte Me admira el oirte y verte.
D. FERN.
No lo jures, bien lo creo. Yo pues, Fénix, que deseo Servirte humilde, traia Flores, de la suerte mia Jeroglíficos, señora, Pues nacieron con la aurora, Y murieron con el dia.
FÉNIX.
Á la maravilla dió Ese nombre al descubrilla.
D. FERN.
¿Qué flor, dí, no es maravilla Cuando te la sirvo yo?
FÉNIX.
Es verdad. Dí, ¿quién causó Esta novedad?
D. FERN.
Mi suerte.
FÉNIX.
¿Tan rigurosa es?
D. FERN.
Tan fuerte.
FÉNIX.
Pena das.
D. FERN.
Pues no te asombre.
FÉNIX.
¿Por qué?
D. FERN.
Porque nace el hombre Sujeto á fortuna y muerte.
FÉNIX.
¿No eres Fernando?
D. FERN.
Sí soy.
FÉNIX.
¿Quién te puso así?
D. FERN.
La ley De esclavo.
FÉNIX.
¿Quién la hizo?
D. FERN.
El Rey.
FÉNIX.
¿Por qué?
D. FERN.
Porque suyo soy.
FÉNIX.
¿Pues no te ha estimado hoy?
D. FERN.
Y tambien me ha aborrecido.
FÉNIX.
¿Un dia posible ha sido A desunir dos estrellas?
D. FERN.
Para presumir por ellas, Las flores habrán venido. Estas, que fueron pompa y alegría Despertando al albor de la mañana, A la tarde serán lástima vana, Durmiendo en brazos de la noche fria. Este matiz, que al cielo desafía, Iris listado de oro, nieve y grana, Será escarmiento de la vida humana: ¡Tanto se emprende en término de un dia! A florecer las rosas madrugaron, Y para envejecerse florecieron: Cuna y sepulcro en un boton hallaron. Tales los hombres sus fortunas vieron: En un dia nacieron y espiraron; Que pasados los siglos, horas fueron.
FÉNIX.
Horror y miedo me has dado, Ni oirte ni verte quiero; Sé el desdichado primero De quien huye un desdichado.
D. FERN.
¿Y las flores?
FÉNIX.
Si has hallado Jeroglíficos en ellas, Deshacellas y rompellas Sólo sabrán mis rigores.
D. FERN.
¿Qué culpa tienen las flores?
FÉNIX.
Parecerse á las estrellas.
D. FERN.
¿Ya no las quieres?
FÉNIX.
Ninguna Estimo en su rosicler.
D. FERN.
¿Cómo?
FÉNIX.
Nace la mujer Sujeta á muerte y fortuna; Y en esta estrella importuna Tasada mi vida ví.
D. FERN.
¿Flores con estrellas?
FÉNIX.
Sí.
D. FERN.
Aunque sus rigores lloro, Esa propiedad ignoro.
FÉNIX.
Escucha, sabráslo.
D. FERN.
Dí.
FÉNIX.
Esos rasgos de luz, esas centellas Que cobran con amagos superiores Alimentos del sol en resplandores, Aquello viven que se duele dellas. Flores nocturnas son; aunque tan bellas, Efímeras padecen sus ardores; Pues si un dia es el siglo de las flores, Una noche es la edad de las estrellas. De esa, pues, primavera fugitiva Ya nuestro mal, ya nuestro bien se infiere: Registro es nuestro, ó muera el sol ó viva. ¿Qué duracion habrá que el hombre espere, O qué mudanza habrá, que no reciba De astro, que cada noche nace y muere?
_(Vanse Fénix, Zara y Rosa.)_
ESCENA XV.
MULEY.—DON FERNANDO.
MULEY.
A que se ausentase Fénix En esta parte esperé; Que el águila más amante Huye de la luz tal vez. ¿Estamos solos?
D. FERN.
Sí.
MULEY.
Escucha.
D. FERN.
¿Qué quieres, noble Muley?
MULEY.
Que sepas que hay en el pecho De un moro lealtad y fe. No sé por dónde empezar A declararme, ni sé Si diga cuánto he sentido Este inconstante desden Del tiempo, este estrago injusto De la suerte, este cruel Ejemplo del mundo, y este De la fortuna vaiven. Pero á riesgo estoy, si aquí Hablar contigo me ven; Que tratarte sin respeto Es ya decreto del Rey. Y así, á mi dolor dejando La voz, que él podrá más bien Explicarse como esclavo, Vengo á arrojarme á esos piés. Yo lo soy tuyo, y así No vengo, Infante, á ofrecer Mi favor, sino á pagar Deuda que un tiempo cobré. La vida que tú me diste, Vengo á darte; que hacer bien Es tesoro que se guarda Para cuando es menester. Y porque el temor me tiene Con grillos de miedo al pié, Y está mi pecho y mi cuello Entre el cuchillo y cordel, Quiero, acortando discursos, Declararme de una vez. Y así digo, que esta noche Tendré en el mar un bajel Prevenido; en las troneras De las mazmorras pondré Instrumentos, que desarmen Las prisiones que teneis. Luégo, por parte de afuera, Los candados romperé: Tú con todos los cautivos, Que Fez encierra hoy en él, Vuelve á tu patria, seguro De que yo lo quedo en Fez; Pues es fácil el decir Que ellos pudieron romper La prision; y así los dos Habremos librado bien, Yo el honor y tú la vida; Pues es cierto que á saber El Rey mi intento, me diera Por traidor con justa ley, Que no sintiera el morir. Y porque son menester Para granjear voluntades Dineros, aquí se ve A estas joyas reducido Innumerable interes. Este es, Fernando, el rescate De mi prision, esta es La obligacion que te tengo; Que un esclavo noble y fiel Tan inmenso bien habia De pagar alguna vez.
D. FERN.
Agradecerte quisiera La libertad; pero el Rey Sale al jardin.
MULEY.
¿Hate visto Conmigo?
D. FERN.
No.
MULEY.
Pues no des Que sospechar.
D. FERN.
Destos ramos Haré rústico cancel, Que me encubra miéntras pasa. _(Escóndese.)_
ESCENA XVI.
EL REY.—MULEY.
REY.
(_Ap._ ¿Con tal secreto Muley Y Fernando? ¿Y irse el uno En el punto que me ve, Y disimular el otro? Algo hay aquí que temer. Sea cierto, ó no sea cierto, Mi temor procuraré Asegurar.) Mucho estimo...
MULEY.
Gran señor, dáme tus piés.
REY.
Hallarte aquí.
MULEY.
¿Qué me mandas?
REY.
Mucho he sentido el no ver A Ceuta por mia.
MULEY.
Conquista, Coronado de laurel, Sus muros; que á tu valor Mal se podrá defender.
REY.
Con más doméstica guerra Se ha de rendir á mis piés.
MULEY.
¿De qué suerte?
REY.
Desta suerte: Con abatir y poner A Fernando en tal estado, Que él mismo á Ceuta me dé. Sabrás, pues, Muley amigo, Que yo he llegado á temer Que del Maestre la persona No está muy segura en Fez. Los cautivos, que en estado Tan abatido le ven, Se lastiman, y recelo Que se amotinen por él. Fuera desto, siempre ha sido Poderoso el interes; Que las guardas con el oro Son fáciles de romper.
MULEY.
(_Ap._ Yo quiero apoyar agora Que todo esto puede ser, Porque de mí no se tenga Sospecha.) Tú temes bien, Fuerza es que quieran librarle.
REY.
Pues sólo un remedio hallé, Porque ninguno se atreva A atropellar mi poder.
MULEY.
¿Y es, señor?
REY.
Muley, que tú Le guardes, y á cargo esté Tuyo; á tí no ha de torcerte Ni el temor ni el interes. Alcaide eres del Infante, Procura el guardarle bien; Porque en cualquiera ocasion Tú me has de dar cuenta dél. _(Vase.)_
MULEY.
Sin duda alguna que oyó Nuestros conciertos el Rey. ¡Válgame Alá!
ESCENA XVII.
DON FERNANDO.—MULEY.
D. FERN.
¿Qué te aflige?
MULEY.
¿Has escuchado?
D. FERN.
Muy bien.
MULEY.
¿Pues para qué me preguntas Qué me aflige, si me ves En tan ciega confusion, Y entre mi amigo y el Rey, El amistad y el honor Hoy en batalla se ven? Si soy contigo leal, He de ser traidor con él; Ingrato seré contigo, Si con él me juzgo fiel. ¿Qué he de hacer (¡valedme, cielos!), Pues al mismo que llegué A rendir la libertad, Me entrega, para que esté Seguro en mi confianza? ¿Qué he de hacer si ha echado el Rey Llave maestra al secreto? Mas para acertarlo bien, Te pido que me aconsejes: Díme tú qué debo hacer.
D. FERN.
Muley, amor y amistad En grado inferior se ven Con la lealtad y el honor. Nadie iguala con el Rey; El solo es igual consigo: Y así mi consejo es Que á él le sirvas y me faltes. Tu amigo soy; y porque Esté seguro tu honor, Yo me guardaré tambien; Y aunque otro llegue á ofrecerme Libertad, no acetaré La vida, porque tu honor Conmigo seguro esté.
MULEY.
Fernando, no me aconsejas Tan leal como cortés. Sé que te debo la vida, Y que pagártela es bien; Y así lo que está tratado, Esta noche dispondré. Líbrate tú, que mi vida Se quedará á padecer Tu muerte: líbrate tú, Que nada temo despues.
D. FERN.
¿Y será justo que yo Sea tirano y cruel Con quien conmigo es piadoso, Y mate al honor cruel Que á mí me está dando vida? No, y así te quiero hacer Juez de mi causa y mi vida: Aconséjame tambien. ¿Tomaré la libertad De quien queda á padecer Por mí? ¿Dejaré que sea Uno con su honor cruel, Por ser liberal conmigo? ¿Qué me aconsejas?
MULEY.
No sé; Que no me atrevo á decir Sí ni no: el no, porque Me pesará que lo diga; Y el sí, porque echo de ver Si voy á decir que sí, Que no te aconsejo bien.
D. FERN.
Sí aconsejas, porque yo, Por mi Dios y por mi ley, Seré un príncipe constante En la esclavitud de Fez.
JORNADA TERCERA.
_Sala de una quinta del rey moro._
ESCENA PRIMERA.
MULEY, EL REY.
MULEY.
(_Ap._ Ya que socorrer no espero, Por tantas guardas del Rey, A Don Fernando, hacer quiero Sus ausencias, que esta es ley De un amigo verdadero.) Señor, pues yo te serví En tierra y mar, como sabes, Si en tu gracia merecí Lugar, en penas tan graves Atento me escucha.
REY.
Dí.
MULEY.
Fernando...
REY.
No digas más.
MULEY.
¿Posible es que no me oirás?
REY.
No, que diciendo Fernando, Ya me ofendes.
MULEY.
¿Cómo, ó cuándo?
REY.
Como ocasion no me das De hacer lo que me pidieres, Cuando me ruegas por él.
MULEY.
¿Si soy su guarda, no quieres, Señor, que dé cuenta dél?
REY.
Dí; pero piedad no esperes.
MULEY.
Fernando, cuya importuna Suerte, sin piedad alguna Vive, á pesar de la fama, Tanto que el mundo le llama El monstruo de la fortuna, Examinando el rigor, Mejor dijera el poder De tu corona, señor, Hoy á tan mísero sér Le ha traido su valor, Que en un lugar arrojado, Tan humilde y desdichado, Que es indigno de tu oido, Enfermo, pobre y tullido, Piedad pide al que ha pasado; Porque como le mandaste Que en la mazmorra durmiese, Que en los baños trabajase, Que tus caballos curase Y nadie á comer le diese, A tal extremo llegó, Como era su natural Tan flaco, que se tulló; Y así la fuerza del mal Brío y majestad rindió. Pasando la noche fria En una mazmorra dura, Constante en su fe porfía; Y al salir la lumbre pura Del sol, que es padre del dia, Los cautivos (¡pena fiera!) En una mísera estera Le ponen en tal lugar, Que es, ¿dirélo? un muladar; Porque es su olor de manera, Que nadie puede sufrille Junto á su casa; y así Todos dan en despedílle, Y ha venido á estar allí Sin hablalle y sin oílle, Ni compadecerse dél. Sólo un criado y un fiel Caballero en pena extraña Le consuela y acompaña. Estos dos parten con él Su porcion, tan sin provecho, Que para uno solo es poca; Pues cuando los labios toca, Se suele pasar al pecho Sin que lo sepa la boca; Y áun á estos dos los castiga Tu gente, por la piedad Que al dueño á servir obliga; Mas no hay rigor ni crueldad, Por más que ya los persiga, Que dél los pueda apartar. Miéntras uno va á buscar De comer, el otro queda Con quien consolarse pueda De su desdicha y pesar. Acaba ya rigor tanto: Tén del Príncipe, señor, Puesto en tan fiero quebranto, Ya que no piedad, horror; Asombro, ya que no llanto.
REY.
Bien está, Muley.
ESCENA II.
FÉNIX.—DICHOS.
FÉNIX.
Señor, Si ha merecido en tu amor Gracia alguna mi humildad, Hoy á vuestra Majestad, Vengo á pedir un favor.
REY.
¿Qué podré negarte á tí?
FÉNIX.
Fernando el Maestre...
REY.
Está bien; Ya no hay que pasar de ahí.
FÉNIX.
Horror da á cuantos le ven En tal estado; de tí Sólo merecer quisiera...
REY.
¡Detente, Fénix, espera! ¿Quién á Fernando le obliga Para que su muerte siga, Para que infelice muera? Si por ser cruel y fiel A su fe, sufre castigo Tan dilatado y cruel, Él es el cruel consigo, Que yo no lo soy con él. ¿No está en su mano el salir De su miseria, y vivir? Pues eso en su mano está, Entregue á Ceuta, y saldrá De padecer y sentir Tantas penas y rigores.
ESCENA III.
CELIN.—DICHOS.
CELIN.
Licencia aguardan que des, Señor, dos embajadores: De Tarudante uno es, Y el otro del portugues Alfonso.
FÉNIX.
_(Ap.)_ ¿Hay penas mayores? Sin duda que por mí envía Tarudante.
MULEY.
_(Ap.)_ Hoy perdí, cielos, La esperanza que tenía. Mátenme amistad y celos, Todo lo perdí en un dia.
REY.
Entren, pues. En este estrado _(Vase Celin.)_ Conmigo te asienta, Fénix. _(Siéntanse.)_
ESCENA IV.
DON ALFONSO Y TARUDANTE, _cada uno por su parte_.—DICHOS.
TARUD.
Generoso rey de Fez...
D. ALF.
Rey de Fez altivo y fuerte...
TARUD.
Cuya fama...
D. ALF.
Cuya vida...
TARUD.
Nunca muera...
D. ALF.
Viva siempre...
TARUD.
_(A Fénix.)_ Y tú de aquel sol aurora...
D. ALF.
Tú de aquel ocaso oriente...
TARUD.
A pesar de siglos dures...
D. ALF.
A pesar de tiempos reines...
TARUD.
Porque tengas...
D. ALF.
Porque goces...
TARUD.
Felicidades...
D. ALF.
Laureles...
TARUD.
Altas dichas...
D. ALF.
Triunfos grandes...
TARUD.
Pocos males...
D. ALF.
Muchos bienes...
TARUD.
¿Cómo miéntras hablo yo, Tú, cristiano, á hablar te atreves?
D. ALF.
Porque nadie habla primero Que yo, donde yo estuviere.
TARUD.
A mí, por ser de nacion Alarbe, el lugar me deben Primero; que los extraños Donde hay propios, no prefieren.
D. ALF.
Donde saben cortesía, Sí hacen; pues vemos siempre Que dan en cualquiera parte El mejor lugar al huésped.
TARUD.
Cuando esa razon lo fuera, Aun no pudiera vencerme; Porque el primero lugar Sólo se le debe al huésped.
REY.
Ya basta, y los dos ahora En mis estrados se sienten. Hable el portugues, que en fin Por de otra ley se le debe Más honor.
TARUD.
_(Ap.)_ Corrido estoy.
D. ALF.
Ahora yo seré breve: Alfonso de Portugal, Rey famoso, á quien celebre La fama en lenguas de bronce A pesar de envidia y muerte, Salud te envía, y te ruega Que pues libertad no quiere Fernando, como su vida La ciudad de Ceuta cueste, Que reduzcas su valor Hoy á cuantos intereses El más avaro codicie, El más liberal desprecie; Y que dará en plata y oro Tanto precio como pueden Valer dos ciudades. Esto Te pide amigablemente; Pero si no se le entregas, Que ha de librarle promete Por armas, á cuyo efecto Ya sobre la espalda leve Del mar ciudades fabrica De mil armados bajeles; Y jura que á sangre y fuego Ha de librarle y vencerte, Dejando aquesta campaña Llena de sangre, de suerte, Que cuando el sol se levante Halle los matices verdes Esmeraldas, y los pierda Rubíes cuando se acueste.
TARUD.
Aunque como embajador No me toca responderte, En cuanto toca á mi Rey, Puedo, cristiano, atreverme, Porque ya es suyo este agravio, Como hijo que obedece Al Rey mi señor; y así Decir de su parte puedes A Don Alfonso, que venga, Porque en término más breve Que hay de la noche á la aurora, Vea en púrpura caliente Agonizar estos campos, Tanto que los cielos piensen Que se olvidaron de hacer Otras flores que claveles.
D. ALF.
Si fueras, moro, mi igual, Pudiera ser que se viese Reducida esta victoria A dos jóvenes valientes; Mas díle á tu Rey que salga Si ganar fama pretende; Que yo haré que salga el mio.
TARUD.
Casi has dicho que lo eres, Y siendo así, Tarudante Sabrá tambien responderte.
D. ALF.
Pues en campaña te espero.
TARUD.
Yo haré que poco me esperes, Porque soy rayo.
D. ALF.
Yo viento.
TARUD.
Volcan soy que llamas vierte.
D. ALF.
Hidra soy que fuego arroja.
TARUD.
Yo soy furia.
D. ALF.
Yo soy muerte.
TARUD.
¿Que no te espantes de oirme?
D. ALF.
¿Que no te mueras de verme?
REY.
Señores, vuestras Altezas, Ya que los enojos pueden Correr al sol las cortinas Que le embozan y oscurecen, Adviertan que en tierra mia Campo aplazarse no puede Sin mí; y así yo le niego, Para que tiempo me quede De serviros.
D. ALF.
No recibo Yo hospedaje ni mercedes De quien recibo pesares. Por Fernando vengo: el verle Me obligó á llegar á Fez Disfrazado desta suerte: Ántes de entrar en tu corte Supe que á esta quinta alegre Asistias; y así vine A hablarte, porque fin diese La esperanza que me trajo; Y pues tan mal me sucede, Advierte, señor, que solo La respuesta me detiene.
REY.
La respuesta, rey Alfonso, Será compendiosa y breve: Que si no me das á Ceuta, No hayas miedo que le lleves.
D. ALF.
Pues ya he venido por él, Y he de llevarle: prevente Para la guerra que aplazo.— Embajador, ó quien eres, Véamonos en la campaña. ¡Hoy toda el África tiemble! _(Vase.)_
ESCENA V.
EL REY, FÉNIX, MULEY, TARUDANTE.
TARUD.
Ya que no pude lograr La fineza, hermosa Fénix, De serviros como esclavo, Logre al ménos la de verme A vuestros piés. Dad la mano A quien un alma os ofrece.
FÉNIX.
Vuestra Alteza, gran señor, Finezas y honras no aumente A quien le estima, pues sabe Lo que á sí mismo se debe.
MULEY.
_(Ap.)_ ¿Qué espera quien esto llega A ver y no se da muerte?
REY.
Ya que vuestra Alteza vino A Fez impensadamente, Perdone del hospedaje La cortedad.
TARUD.
No consiente Mi ausencia más dilacion Que la de un plazo muy breve; Y supuesto que venía Mi embajador con poderes Para llevar á mi esposa, Como tú dispuesto tienes, No, por haberlo yo sido, Mi fineza desmerece La brevedad de la dicha.
REY.
En todo, señor, me vences; Y así por pagar la deuda, Como porque se previenen Tantas guerras, es razon Que desocupado quede Destos cuidados; y así Volverte luégo conviene Ántes que ocupen el paso Las amenazadas huestes[8] De Portugal.
[8] _Amenazadas_ significa en este lugar _las que amenazan_ ó _las anunciadas_.
TARUD.