Teatro selecto, tomo 1 de 4

Part 19

Chapter 193,936 wordsPublic domain

Valiente eres, español, Y cortés como valiente; Tan bien vences con la lengua, Como con la espada vences. Tuya fué la vida, cuando Con la espada entre mi gente Me venciste; pero agora, Que con la lengua me prendes, Es tuya el alma, porque Alma y vida se confiesen Tuyas: de ambas eres dueño, Pues ya cruel, ya clemente, Por el trato y por las armas Me has cautivado dos veces. Movido de la piedad De oirme, español, y verme, Preguntado me has la causa De mis suspiros ardientes; Y aunque confieso que el mal Repetido y dicho suele Templarse, tambien confieso Que quien le repite, quiere Aliviarse; y es mi mal Tan dueño de mis placeres, Que por no hacerles disgusto, Y que aliviado me deje, No quisiera repetirla; Mas ya es fuerza obedecerte. Y quiérotela decir Por quien soy y por quien eres. Sobrino del rey de Fez Soy; mi nombre es Muley Jeque, Familia que ilustran tantos Bajáes y belerbeyes. Tan hijo fuí de desdichas Desde mi primer oriente, Que en el umbral de la vida Nací en brazos de la muerte. Una desierta campaña, Que fué sepulcro eminente De españoles, fué mi cuna; Pues para que lo confieses, En los Gélves nací el año Que os perdísteis en los Gélves. A servir al rey mi tio Vine infante.—Pero empiecen Las penas y las desdichas: Cesen las venturas, cesen. Vine á Fez, y una hermosura, A quien he adorado siempre, Junto á mi casa vivia, Porque más cerca muriese. Desde mis primeros años, Porque más constante fuese Este amor, más imposible De acabarse y de romperse, Ambos nos criamos juntos, Y amor en nuestras niñeces No fué rayo, pues hirió En lo humilde, tierno y débil Con más fuerza que pudiera En lo augusto, altivo y fuerte; Tanto, que para mostrar Sus fuerzas y sus poderes, Hirió nuestros corazones Con arpones diferentes. Pero como la porfía Del agua en las piedras suele Hacer señal, por la fuerza No, sino cayendo siempre; Así las lágrimas mias, Porfiando eternamente. La piedra del corazon, Más que los diamantes fuerte, Labraron; y no con fuerza De méritos excelentes, Pero con mi mucho amor Vino en fin á enternecerse. En este estado viví Algun tiempo, aunque fué breve, Gozando en auras süaves Mil amorosos deleites. Ausentéme, por mi mal: Harto he dicho en ausentéme, Pues en mi ausencia otro amante Ha venido á darme muerte. Él dichoso, yo infelice, Él asistiendo, yo ausente, Yo cautivo y libre él, Me contrastara mi suerte Cuando tú me cautivaste: Mira si es bien me lamente.

D. FERN.

Valiente moro y galan, Si adoras como refieres, Si idolatras como dices, Si amas como encareces, Si celas como suspiras, Si como recelas temes, Y si como sientes amas, Dichosamente padeces. No quiero por tu rescate Más precio de que le aceptes. Vuélvete, y díle á tu dama Que por su esclavo te ofrece Un portugues caballero; Y si obligada pretende Pagarme el precio por tí, Yo te doy lo que me debes: Cobra la deuda en amor, Y logra tus intereses. Ya el caballo, que rendido Cayó en el suelo, parece Con el ocio y el descanso Que restituido vuelve; Y porque sé qué es amor, Y qué es tardanza en ausentes, No te quiero detener: Sube en tu caballo y véte.

MULEY.

Nada mi voz te responde; Que á quien liberal ofrece, Sólo aceptar es lisonja. Díme, portugues, quién eres.

D. FERN.

Un hombre noble, y no más.

MULEY.

Bien lo muestras, seas quien fueres. Para el bien y para el mal Soy tu esclavo eternamente.

D. FERN.

Toma el caballo, que es tarde.

MULEY.

Pues si á tí te lo parece, ¿Qué hará á quien vino cautivo Y libre á su dama vuelve? _(Vase.)_

D. FERN.

Generosa accion es dar, Y más la vida.

MULEY.

_(Dentro)._ ¡Valiente Portugues!

D. FERN.

Desde el caballo Habla.—¿Qué es lo que me quieres?

MULEY.

_(Dentro.)_ Espero que he de pagarte Algun dia tantos bienes.

D. FERN.

Gózalos tú.

MULEY.

_(Dentro.)_ Porque al fin, Hacer bien nunca se pierde. Alá te guarde, español.

D. FERN.

Si Alá es Dios, con bien te lleve.

_(Suenan dentro cajas y trompetas.)_

Mas ¿qué trompeta es esta Que el aire turba y la region molesta? Y por estotra parte Cajas se escuchan: música de Marte Son las dos.

ESCENA XII.

DON ENRIQUE, DON FERNANDO.

D. ENR.

¡Oh Fernando! Tu persona, veloz vengo buscando.

D. FERN.

Enrique, ¿qué hay de nuevo?

D. ENR.

Aquellos ecos, Ejércitos de Fez y de Marruecos Son; porque Tarudante Al rey de Fez socorre, y arrogante El Rey con gente viene: En medio cada ejército nos tiene, De modo que cercados, Somos los sitiadores y sitiados. Si la espalda volvemos Al uno, mal del otro nos podemos Defender; pues por una y otra parte Nos deslumbran relámpagos de Marte. ¿Qué haremos, pues, de confusiones llenos?

D. FERN.

¿Qué? Morir como buenos, Con ánimos constantes. ¿No somos dos Maestres, dos Infantes, Cuando bastara ser dos portugueses Particulares, para no haber visto La cara al miedo? Pues _Avis y Cristo_ A voces repitamos, Y por la fe muramos Pues á morir venimos.

ESCENA XIII.

DON JUAN.—DON FERNANDO, DON ENRIQUE.

D. JUAN.

Mala salida á tierra dispusimos.

D. FERN.

Ya no es tiempo de medios: A los brazos apelen los remedios, Pues uno y otro ejército nos cierra En medio. ¡Avis y Cristo!

D. JUAN.

¡Guerra, guerra!

_(Éntranse sacando las espadas, y dase la batalla.)_

ESCENA XIV.

BRITO.

Ya nos cogen en medio, Un ejército y otro, sin remedio. ¡Qué bellaca palabra! La llave eterna de los cielos abra Un resquicio siquiera, Que de aqueste peligro salga afuera Quien aquí se ha venido Sin qué ni para qué. Pero fingido Muerto estaré un instante, Y muerto lo tendré para adelante.

_(Échase en el suelo.)_

ESCENA XV.

UN MORO _acuchillando á_ DON ENRIQUE.—BRITO _en el suelo_.

MORO.

¿Quién tanto se defiende, Siendo mi brazo rayo, que desciende Desde la cuarta esfera?

D. ENR.

Pues aunque yo tropiece, caiga y muera En cuerpos de cristianos, No desmaya la fuerza de las manos; Que ella de quien yo soy mejor avisa.

_(Písanle, y éntranse.)_

BRITO.

¡Cuerpo de Dios con él, y qué bien pisa!

ESCENA XVI.

MULEY Y DON JUAN COUTIÑO _riñendo_.—BRITO.

MULEY.

Ver, portugues valiente, En tí fuerza tan grande, no lo siente Mi valor; pues quisiera Daros hoy la victoria.

D. JUAN.

¡Pena fiera! Sin tiento y sin aviso, Son cuerpos de cristianos cuantos piso.

_(Vanse los dos.)_

BRITO.

Yo se lo perdonara, A trueco, mi señor, que no pisara.

ESCENA XVII.

DON FERNANDO, _retirándose del_ REY _y de otros_ MOROS.—BRITO.

REY.

Rinde la espada, altivo Portugues; que si logro el verte vivo En mi poder, prometo Ser tu amigo. ¿Quién eres?

D. FERN.

Un caballero soy; saber no esperes Más de mí. Dáme muerte.

ESCENA XVIII.

DON JUAN, _que se pone al lado de_ DON FERNANDO.—DICHOS.

D. JUAN.

Primero, gran señor, mi pecho fuerte, Que es muro de diamante, Tu vida guardará puesto delante. ¡Ea, Fernando mio, Muéstrese ahora el heredado brío!

REY.

Si esto escucho, ¿qué espero? Suspéndanse las armas, que no quiero Hoy más felice gloria; Que este preso me basta por victoria. Si tu prision ó muerte Con tal sentencia decretó la suerte, Da la espada, Fernando, Al Rey de Fez.

ESCENA XIX.

MULEY; _despues_ DON ENRIQUE.—DICHOS.

MULEY.

¿Qué es lo que estoy mirando?

D. FERN.

Sólo á un rey la rindiera; Que desesperacion negarla fuera.

_(Sale Don Enrique.)_

D. ENR.

¡Preso mi hermano!

D. FERN.

Enrique, Tu voz más sentimiento no publique; Que en la suerte importuna Estos son los sucesos de fortuna.

REY.

Enrique, Don Fernando Está hoy en mi poder; y aunque mostrando La ventaja que tengo, Pudiera daros muerte, yo no vengo Hoy más que á defenderme; Que vuestra sangre no viniera á hacerme Honras tan conocidas Como podrán hacerme vuestras vidas. Y para que el rescate Con más puntualidad al Rey se trate, Vuelve tú; que Fernando En mi poder se quedará, aguardando Que vengas á libralle. Pero díle á Duarte, que en llevalle Será su intento vano, Si á Ceuta no me entrega por su mano.— Y agora vuestra Alteza, A quien debo esta honra, esta grandeza, A Fez venga conmigo.

D. FERN.

Iré á la esfera cuyos rayos sigo.

MULEY.

_(Ap.)_ Porque yo tenga, ¡cielos! Más que sentir entre amistad y celos.

D. FERN.

Enrique, preso quedo. Ni al mal ni á la fortuna tengo miedo. Dirásle á nuestro hermano Que haga aquí como príncipe cristiano En la desdicha mia.

D. ENR.

¿Pues quién de sus grandezas desconfía?

D. FERN.

Esto te encargo, y digo Que haga como cristiano.

D. ENR.

Yo me obligo A volver como tal.

D. FERN.

Dáme esos brazos.

D. ENR.

Tú eres el preso, y pónesme á mí lazos.

D. FERN.

Don Juan, adios.

D. JUAN.

Yo he de quedar contigo: De mí no te despidas.

D. FERN.

¡Leal amigo!

D. ENR.

¡Oh infelice jornada!

D. FERN.

Dirásle al Rey... Mas no le digas nada, Si con grande silencio el miedo vano Estas lágrimas lleva al Rey mi hermano.

_(Vanse.)_

ESCENA XX.

DOS MOROS.—BRITO.

MORO 1.º

Cristiano muerto es este.

MORO 2.º

Porque no causen peste, Echad al mar los muertos.

BRITO.

En dejándôs los cascos bien abiertos A tajos y á reveses;

_(Levántase, y acuchíllalos.)_

Que ainda mortos somos portugueses.

JORNADA SEGUNDA.

_Falda de un monte cercano á los jardines del rey de Fez._

ESCENA PRIMERA.

FÉNIX, _y luego_ MULEY.

FÉNIX.

¡Zara! ¡Rosa! ¡Estrella! ¿No Hay quien me responda? _(Sale Muley.)_

MULEY.

Sí, Que tú eres sol para mí Y para tí sombra yo, Y la sombra al sol siguió. El eco dulce escuché De tu voz, y apresuré Por esta montaña el paso. ¿Qué sientes?

FÉNIX.

Oye, si acaso Puedo decir lo que fué. Lisonjera, libre, ingrata, Dulce y süave una fuente Hizo apacible corriente De cristal y undosa plata; Lisonjera se desata, Porque hablaba y no sentia: Süave, porque fingia; Libre, porque claro hablaba; Dulce, porque murmuraba; É ingrata, porque corria. Aquí cansada llegué, Despues de seguir ligera En ese monte una fiera, En cuya frescura hallé Ocio y descanso; porque De un montecillo á la espalda, De quien corona y guirnalda Fueron clavel y jazmin, Sobre un catre de carmin Hice un foso de esmeralda. Apénas en él rendí El alma al susurro blando De las soledades, cuando Ruido en las hojas sentí. Atenta me puse, y ví Una caduca africana, Espíritu en forma humana, Ceño arrugado y esquivo, Que era un esqueleto vivo De lo que fué sombra vana, Cuya rústica fiereza, Cuyo aspecto esquivo y bronco Fué escultura hecha de un tronco Sin pulirse la corteza. Con melancolía y tristeza. Pasiones siempre infelices, (Para que te atemorices) Una mano me tomó, Y entónces ser tronco yo Afirmé por las raíces. Hielo introdujo en mis venas El contacto, horror las voces, Que discurriendo veloces, De mortal veneno llenas, Articuladas apénas, Esto les pude entender: «¡Ay infelice mujer! ¡Ay forzosa desventura! ¿Que en efecto esta hermosura Precio de un muerto ha de ser?» Dijo, y yo tan triste vivo, Que diré mejor que muero; Pues por instantes espero De aquel tronco fugitivo Cumplimiento tan esquivo, De aquel oráculo yerto El presagio y fin tan cierto, Que mi vida ha de tener.— ¡Ay de mí! ¡que yo he de ser Precio vil de un hombre muerto! _(Vase.)_

ESCENA II.

MULEY.

Fácil es de descifrar Ese sueño, esa ilusion, Pues las imágenes son De mi pena singular. A Tarudante has de dar La mano de esposa; pero Yo, que en pensarlo me muero, Estorbaré mi rigor; Que él no ha de gozar tu amor Si no me mata primero. Perderte yo, podrá ser; Mas no perderte y vivir: Luego si es fuerza el morir Ántes que lo llegue á ver, Precio mi vida ha de ser Con que ha de comprarte, ¡ay cielos! Y tú en tantos desconsuelos Precio de un muerto serás, Pues que morir me verás De amor, de envidia y de celos.

ESCENA III.

DON FERNANDO, TRES CAUTIVOS.—MULEY.

CAUT. 1.º

Desde aquel jardin te vimos, Donde estamos trabajando, Andar á caza, Fernando, Y todos juntos venimos A arrojarnos á tus piés.

CAUT. 2.º

Solamente este consuelo Aquí nos ofrece el cielo.

CAUT. 3.º

Piedad como suya es.

D. FERN.

Amigos, dadme los brazos; Y sabe Dios si con ellos Quisiera de vuestros cuellos Romper los nudos y lazos Que os aprisionan; que á fe Que os darian libertad Ántes que á mí; mas pensad Que favor del cielo fué Esta piadosa sentencia; Él mejorará la suerte, Que á la desdicha más fuerte Sabe vencer la prudencia. Sufrid con ella el rigor Del tiempo y de la fortuna: Deidad bárbara, importuna, Hoy cadáver y ayer flor, No permanece jamás, Y así os mudará de estado.— ¡Ay Dios! que al necesitado Darle consejo no más, No es prudencia; y en verdad, Que aunque quiera regalaros, No tengo esta vez qué daros: Mis amigos, perdonad. Ya de Portugal espero Socorro, presto vendrá: Vuestra mi hacienda será; Para vosotros la quiero. Si me vienen á sacar Del cautiverio, ya digo Que todos ireis conmigo. Id con Dios á trabajar, No disgusteis vuestros dueños.

CAUT. 1.º

Señor, tu vida y salud Hace nuestra esclavitud Dichosa.

CAUT. 2.º

Siglos pequeños Los del Fénix sean, señor, Para que vivas. _(Vanse los cautivos.)_

ESCENA IV.

DON FERNANDO, MULEY.

D. FERN.

El alma Queda en lastimosa calma, Viendo que os vais sin favor De mis manos. ¡Quién pudiera Socorrerlos! ¡Qué dolor!

MULEY.

Aquí estoy viendo el amor Con que la desdicha fiera De esos cautivos tratais.

D. FERN.

Duélome de su fortuna, Y en la desdicha importuna Que á esos cautivos mirais Aprendo á ser infelice; Y algun dia podrá ser Que los haya menester.

MULEY.

¿Eso vuestra Alteza dice?

D. FERN.

Naciendo infante, he llegado A ser esclavo; y así Temo venir desde aquí A más miserable estado; Que si ya en aqueste vivo, Mucha más distancia tray De infante á cautivo, que hay De cautivo á más cautivo. Un dia llama á otro dia, Y así llama y encadena Llanto á llanto y pena á pena.

MULEY.

¡No fuera mayor la mia! Que vuestra Alteza mañana, Aunque hoy cautivo está, A su patria volverá; Pero mi esperanza es vana, Pues no puede alguna vez Mejorarse mi fortuna, Mudable más que la luna.

D. FERN.

Cortesano soy de Fez, Y nunca de los amores Que me contaste, te oí Novedad.

MULEY.

Fueron en mí Recatados los favores. El dueño juré encubrir; Pero á la amistad atento, Sin quebrar el juramento, Te lo tengo de decir. Tan solo mi mal ha sido Como solo mi dolor; Porque el Fénix y mi amor Sin semejante han nacido. En ver, oir y callar Fénix es mi pensamiento; Fénix es mi sufrimiento En temer, sentir y amar; Fénix mi desconfianza En llorar y padecer; En merecerla y temer Aun es Fénix mi esperanza; Fénix mi amor y cuidado; Y pues que es Fénix te digo, Como amante y como amigo, Ya lo he dicho y lo he callado. _(Vase.)_

D. FERN.

Cuerdamente declaró El dueño amante y cortés: Si Fénix su pena es, No he de competirla yo; Que la mia es comun pena. No me doy por entendido; Que muchos la han padecido Y vive de enojos llena.

ESCENA V.

EL REY.—DON FERNANDO.

REY.

Por la falda deste monte Vengo siguiendo á tu Alteza, Porque, ántes que el sol se oculte Entre corales y perlas, Te diviertas en la lucha De un tigre, que ahora cercan Mis cazadores.

D. FERN.

Señor, Gustos por puntos inventas Para agradarme: si así A tus esclavos festejas. No echarán ménos la patria.

REY.

Cautivos de tales prendas Que honran al dueño, es razon Servirlos desta manera.

ESCENA VI.

DON JUAN.—DICHOS.

D. JUAN.

Sal, gran señor, á la orilla Del mar, y verás en ella El más hermoso animal Que añadió naturaleza Al artificio; porque Una cristiana galera Llega al puerto, tan hermosa, Aunque toda oscura y negra, Que al verla se duda cómo Es alegre su tristeza. Las armas de Portugal Vienen por remate della; Que como tienen cautivo A su Infante, tristes señas Visten por su esclavitud, Y á darle libertad llegan, Diciendo su sentimiento.

D. FERN.

Don Juan amigo, no es esa De su luto la razon; Que si á librarme vinieran, En fe de mi libertad, Fueran alegres las muestras.

ESCENA VII.

DON ENRIQUE, _vestido de luto, con un pliego_.—DICHOS.

D. ENR.

_(Al Rey.)_ Dadme, gran señor, los brazos.

REY.

Con bien venga vuestra Alteza.

D. FERN.

¡Ay Don Juan, cierta es mi muerte!

REY.

¡Ay Muley, mi dicha es cierta!

D. ENR.

Ya que de vuestra salud Me informa vuestra presencia, Para abrazar á mi hermano Me dad, gran señor, licencia. ¡Ay Fernando! _(Abrázanse.)_

D. FERN.

Enrique mio, ¿Qué traje es ese? Mas cesa: Harto me han dicho tus ojos, Nada me diga tu lengua. No llores, que si es decirme Que es mi esclavitud eterna, Eso es lo que más deseo: Albricias pedir pudieras, Y en vez de dolor y luto Vestir galas y hacer fiestas. ¿Cómo está el Rey mi señor? Porque como salud tenga, Nada siento. ¿Aun no respondes?

D. ENR.

Si repetidas las penas Se sienten dos veces, quiero Que sola una vez las sientas.— Tú escúchame, gran señor; _(Al Rey.)_ Que aunque una montaña sea Rústico palacio, aquí Te pido me des audiencia, A un preso la libertad, Y atencion justa á estas nuevas. Rota y deshecha la armada, Que fué con vana soberbia Pesadumbre de las ondas, Dejando en África presa La persona del Infante, A Lisboa dí la vuelta. Desde el punto que Duarte Oyó tan trágicas nuevas, De una tristeza cubrió El corazon, de manera Que pasando á ser letargo La melancolía primera, Muriendo, desmintió á cuantos Dicen que no matan penas. Murió el Rey, que esté en el cielo.

D. FERN.

¡Ay de mí! ¿Tanto le cuesta Mi prision?

REY.

De esa desdicha Sabe Alá lo que me pesa. Prosigue.

D. ENR.

En su testamento El Rey mi señor ordena Que luego por la persona Del Infante se dé á Ceuta. Y así yo con los poderes De Alfonso, que es quien le hereda, Porque solo este lucero Supliera del sol la ausencia, Vengo á entregar la ciudad; Y pues...

D. FERN.

No prosigas, cesa, Cesa, Enrique; porque son Palabras indignas esas, No de un portugues infante, De un maestre, que profesa De Cristo la religion, Pero áun de un hombre lo fueran Vil, de un bárbaro sin luz De la fe de Cristo eterna. Mi hermano, que está en el cielo, Si en su testamento deja Esa cláusula, no es Para que se cumpla y lea, Sino para mostrar solo Que mi libertad desea, Y esa se busque por otros Medios y otras conveniencias, O apacibles ó crueles. Porque decir: «Dése á Ceuta,» Es decir: hasta eso haced Prodigiosas diligencias. Que un rey católico y justo, ¿Cómo fuera, cómo fuera Posible entregar á un moro Una ciudad que le cuesta Su sangre, pues fué el primero Que con solo una rodela Y una espada enarboló Las quinas en sus almenas? Y esto es lo que importa ménos. Una ciudad que confiesa Católicamente á Dios, La que ha merecido iglesias Consagradas á sus cultos Con amor y reverencia, ¿Fuera católica accion, Fuera religion expresa, Fuera cristiana piedad, Fuera hazaña portuguesa Que los templos soberanos, Atlantes de las esferas, En vez de doradas luces, Adonde el sol reverbera, Vieran otomanas sombras; Y que sus lunas opuestas En la iglesia, estos eclipses Ejecutasen tragedias? ¿Fuera bien que sus capillas A ser establos vinieran, Sus altares á pesebres, Y cuando aquesto no fuera, Volvieran á ser mezquitas? Aquí enmudece la lengua, Aquí me falta el aliento, Aquí me ahoga la pena; Porque en pensarlo no más El corazon se me quiebra, El cabello se me eriza Y todo el cuerpo me tiembla. Porque establos y pesebres No fuera la vez primera Que hayan hospedado á Dios; Pero en ser mezquitas, fueran Un epitafio, un padron De nuestra inmortal afrenta, Diciendo: «Aquí tuvo Dios Posada, y hoy se la niegan Los cristianos, para darla Al demonio.» Aun no se cuenta (Acá moralmente hablando) Que nadie en casa se atreva De otro á ofenderle: ¿era justo Que entrara en su casa mesma A ofender á Dios el vicio, Y que acompañado fuera De nosotros, y nosotros Le guardáramos la puerta, Y para dejarle dentro A Dios echásemos fuera? Los católicos que habitan Con sus familias y haciendas Hoy, quizá prevaricaran En la fe, por no perderlas. ¿Fuera bien ocasionar Nosotros la contingencia Deste pecado? Los niños Que tiernos crian en ella Los cristianos, ¿fuera bueno Que los moros indujeran A sus costumbres y ritos Para vivir en su secta? ¿En mísero cautiverio Fuera bueno que murieran Hoy tantas vidas, por una Que no importa que se pierda? ¿Quién soy yo? ¿soy más que un hombre? Si es número que acrecienta El ser infante, ya soy Un cautivo: de nobleza No es capaz el que es esclavo; Yo lo soy: luego ya yerra El que infante me llamare. Si no lo soy, ¿quién ordena Que la vida de un esclavo En tanto precio se venda? Morir es perder el sér, Yo le perdí en una guerra: Perdí el sér, luego morí: Morí, luego ya no es cuerda Hazaña que por un muerto Hoy tantos vivos perezcan. Y así estos vanos poderes, Hoy, divididos en piezas, Serán átomos del sol, Serán del fuego centellas.

_(Rompe el pliego que traia Don Enrique.)_

Mas no, yo los comeré Porque áun no quede una letra Que informe al mundo que tuvo La lusitana nobleza Este intento.—Rey, yo soy Tu esclavo, dispon, ordena De mí; libertad no quiero, Ni es posible que la tenga. Enrique, vuelve á tu patria: Dí que en África me dejas Enterrado; que mi vida Yo haré que muerte parezca. Cristianos, Fernando es muerto; Moros, un esclavo os queda; Cautivos, un compañero Hoy se añade á vuestras penas; Cielos, un hombre restaura Vuestras divinas iglesias; Mar, un mísero, con llanto, Vuestras ondas acrecienta; Montes, un triste os habita, Igual ya de vuestras fieras; Viento, un pobre con sus voces Os duplica las esferas; Tierra, un cadáver hoy labra En tus entrañas su huesa: Porque rey, hermano, moros, Cristianos, sol, luna, estrellas, Cielo, tierra, mar y viento, Fieras, montes, todos sepan Que hoy un _príncipe constante_, Entre desdichas y penas, La fe católica ensalza, La ley de Dios reverencia; Pues cuando no hubiera otra Razon más que tener Ceuta Una iglesia consagrada Á la Concepcion eterna De la que es Reina y Señora De los cielos y la tierra, Perdiera, vive ella misma, Mil vidas en su defensa.

REY.

Desagradecido, ingrato A las glorias y grandezas De mi reino, ¿cómo así Hoy me quitas, hoy me niegas Lo que más he deseado? Mas si en mi reino gobiernas Más que en el tuyo, ¿qué mucho Que la esclavitud no sientas? Pero ya que esclavo mio Te nombras y te confiesas, Como á esclavo he de tratarte: Tu hermano y los tuyos vean Que ya como vil esclavo Los piés ahora me besas.

D. ENR.

¡Qué desdicha!

MULEY.

¡Qué dolor!

D. ENR.

¡Qué desventura!

D. JUAN.

¡Qué pena!

REY.

Mi esclavo eres.

D. FERN.

Es verdad, Y poco en eso te vengas; Que si para una jornada Salió el hombre de la tierra Al fin de varios caminos, Es para volver á ella. Más tengo que agradecerte Que culparte, pues me enseñas Atajos para llegar A la posada más cerca.

REY.

Siendo esclavo tú, no puedes Tener títulos ni rentas. Hoy Ceuta está en tu poder: Si cautivo te confiesas, Si me confiesas por dueño, ¿Por qué no me das á Ceuta?

D. FERN.

Porque es de Dios, y no es mia.

REY.

¿No es precepto de obediencia Obedecer al señor? Pues yo te mando con ella Que la entregues.

D. FERN.