Part 18
Despejad, cautivos; dad A vuestras canciones fin; Porque sale á este jardin Fénix á dar vanidad Al campo con su hermosura, Segunda aurora del prado.
_(Vanse los cautivos.)_
ESCENA III.
FÉNIX, ESTRELLA Y CELIMA, _como acabando de vestir á la Infanta_.—ZARA, ROSA.
ESTREL.
Hermosa te has levantado.
ZARA.
No blasone el alba pura Que la debe este jardin La luz ni fragancia hermosa, Ni la púrpura la rosa, Ni la blancura el jazmin.
FÉNIX.
El espejo.
ESTREL.
Es excusado Querer consultar con él Los borrones que el pincel Sobre la tez no ha dejado. _(Danle un espejo.)_
FÉNIX.
¿De qué sirve la hermosura (Cuando lo fuese la mia), Si me falta la alegría, Si me falta la ventura?
CELIMA.
¿Qué sientes?
FÉNIX.
Si yo supiera, ¡Ay Celima! lo que siento, De mi mismo sentimiento Lisonja al dolor hiciera; Pero de la pena mia No sé la naturaleza; Que entónces fuera tristeza Lo que hoy es melancolía. Solo sé que sé sentir; Lo que sé sentir no sé; Que ilusion del alma fué.
ZARA.
Pues no pueden divertir Tu tristeza estos jardines, Que á la primavera hermosa Labran estatuas de rosa Sobre templos de jazmines, Hazte al mar: un barco sea Dorado carro del sol.
ROSA.
Y cuando tanto arrebol Errar por sus ondas vea, Con grande melancolía El jardin al mar dirá: «Ya el sol en su centro está: Muy breve ha sido este dia.»
FÉNIX.
Pues no me puede alegrar, Formando sombras y léjos, La emulacion, que en reflejos, Tienen la tierra y el mar; Cuando con grandezas sumas Compiten entre esplendores Las espumas á las flores, Las flores á las espumas; Porque el jardin, envidioso De ver las ondas del mar, Su curso quiere imitar; Y así el céfiro amoroso Matices rinde y olores, Que soplando en ellas bebe, Y hacen las hojas que mueve Un océano de flores; Cuando el mar, triste de ver La natural compostura Del jardin, tambien procura Adornar y componer Su playa, la pompa pierde, Y á segunda ley sujeto, Compite con dulce efeto Campo azul y golfo verde, Siendo, ya con rizas plumas, Ya con mezclados colores. El jardin un mar de flores, Y el mar un jardin de espumas: Sin duda mi pena es mucha, No la pueden lisonjear Campo, cielo, tierra y mar.
ZARA.
Gran pena contigo lucha.
ESCENA IV.
EL REY, _con un retrato_.—DICHOS.
REY.
Si acaso permite el mal, Cuartana de tu belleza, Dar treguas á tu tristeza, Este bello original (Que no es retrato el que tiene Alma y vida) es del infante De Marruecos, Tarudante, Que á rendir á tus piés viene Su corona: embajador Es de su parte; y no dudo Que, embajador que habla mudo, Trae embajadas de amor. Favor en su amparo tengo: Diez mil jinetes alista Que enviar á la conquista De Ceuta, que ya prevengo. Dé la vergüenza esta vez Licencia: permite amar A quien se ha de coronar Rey de tu hermosura en Fez.
FÉNIX.
_(Ap.)_ ¡Válgame Alá!
REY.
¿Qué rigor Te suspende de esa suerte?
FÉNIX.
_(Ap.)_ La sentencia de mi muerte.
REY.
¿Qué es lo que dices?
FÉNIX.
Señor, Si sabes que siempre has sido Mi dueño, mi padre y rey, ¿Qué he de decir? (_Ap._ ¡Ay Muley! ¡Grande ocasion has perdido!) El silencio (¡ay infelice!) Hace mi humildad inmensa. (_Ap._ Miente el alma, si lo piensa; Miente la voz, si lo dice.)
REY.
Toma el retrato.
FÉNIX.
_(Ap.)_ Forzada La mano le tomará; Pero el alma no podrá.
_(Disparan una pieza.)_
ZARA.
Esta salva es á la entrada De Muley, que hoy ha surgido Del mar de Fez.
REY.
Justa es.
ESCENA V.
MULEY, _con baston de general_.—DICHOS.
MULEY.
Dáme, gran señor, los piés.
REY.
Muley, seas bien venido.
MULEY.
Quien penetra el arrebol De tan soberana esfera, Y á quien en el puerto espera Tal aurora, hija del sol, Fuerza es que venga con bien. Dáme, señora, la mano, Que este favor soberano Puede mereceros quien Con amor, lealtad y fe Nuevos triunfos te previene. (_Ap._ Y fué á serviros, y viene Tan amante como fué.)
FÉNIX.
(_Ap._ ¡Válgame el cielo! ¿qué veo?) Tú, Muley (estoy mortal), Vengas con bien.
MULEY.
_(Ap.)_ No, con mal Será, si á mis ojos creo.
REY.
En fin, Muley, ¿qué hay del mar?
MULEY.
Hoy tu sufrimiento pruebas: De pesar te traigo nuevas, Porque ya todo es pesar.
REY.
Pues cuanto supieres dí; Que en un ánimo constante Siempre se halla igual semblante Para el bien y el mal.—Aquí Te sienta, Fénix.
FÉNIX.
Sí haré.
REY.
Todos os sentad.—Prosigue, Y nada á callar te obligue,
_(Siéntanse el Rey y las damas.)_
MULEY.
(_Ap._ Ni hablar ni callar podré.) Salí, como me mandaste, Con dos galeazas solas, Gran señor, á recorrer De Berbería las costas. Fué tu intento que llegase A aquella ciudad famosa, Llamada en un tiempo Elisa, Aquella que está en la boca Del Freto Hercúleo fundada, Y de Ceido nombre toma; Que Ceido, Ceuta, en hebreo Vuelto el árabe idïoma, Quiere decir hermosura, Y ella es ciudad siempre hermosa. Aquella, pues, que los cielos Quitaron á tu corona, Quizá por justos enojos Del gran profeta Mahoma, Y en oprobio de las armas Nuestras, miramos ahora Que pendones portugueses En sus torres se enarbolan, Teniendo siempre á los ojos Un padrastro que baldona Nuestros aplausos, un freno Que nuestro orgullo reporta, Un Cáucaso que detiene Al Nilo de tus victorias La corriente, y puesta en medio, El paso á España le estorba. Iba con órdenes pues De mirar y inquirir todas Sus fuerzas, para decirte La disposicion y forma Que hoy tiene, y cómo podrás A ménos peligro y costa Emprender la guerra. El cielo Te conceda la victoria Con esta restitucion, Aunque la dilate agora Mayor desdicha; pues creo Que está su empresa dudosa, Y con más necesidad Te está apellidando otra; Pues las armas prevenidas Para la gran Ceuta, importa Que sobre Tánger acudan; Porque amenazada llora De igual pena, igual desdicha, Igual ruina, igual congoja. Yo lo sé, porque en el mar Una mañana ví (á la hora Que, medio dormido el sol, Atropellando las sombras Del ocaso, desmaraña Sobre jazmines y rosas Rubios cabellos, que enjuga Con paños de oro á la aurora Lágrimas de fuego y nieve, Que el sol convirtió en aljófar), Que á largo trecho del agua Venía una gruesa tropa De naves; si bien entónces No pudo la vista absorta Determinarse á decir Si eran naos ó si eran rocas; Porque como en los matices Sutiles pinceles logran Unos visos, unos léjos, Que en perspectiva dudosa Parecen montes tal vez, Y tal ciudades famosas, Porque la distancia siempre Monstruos imposibles forma; Así en países azules Hicieron luces y sombras, Confundiendo mar y cielo, Con las nubes y las ondas, Mil engaños á la vista; Pues ella entónces curiosa, Sólo percibió los bultos Y no distinguió las formas. Primero dos pareció, Viendo que sus puntas tocan Con el cielo, que eran nubes De las que á la mar se arrojan A concebir en zafir Lluvias que en cristal abortan; Y fué bien pensado, pues Esta innumerable copia Pareció que pretendia Sorberse el mar gota á gota. Luégo de marinos monstruos Nos pareció errante copia, Que á acompañar á Neptuno Salian de sus alcobas; Pues sacudiendo las velas, Que son del viento lisonja, Pensamos que sacudian Las alas sobre las olas. Ya parecia más cerca Una inmensa Babilonia, De quien los pensiles fueron Flámulas que el viento azotan. Aquí ya desengañada La vista, mejor se informa De que era armada, pues vió A los sulcos de las proas Cuando batidas espumas Ya se encrespan, ya se entorchan, Rizarse montes de plata, De cristal cuajarse rocas. Yo, que ví tanto enemigo, Volví á su rigor la proa; Que tambien saber huir Es linaje de victoria. Y así, como más experto En estos mares, la boca Tomé en una cala, adonde, Al abrigo y á la sombra De dos montecillos, pude Resistir la poderosa Furia de tan gran poder, Que mar, cielo y tierra asombra. Pasan sin vernos, y yo Deseoso (¿quién lo ignora?) De saber dónde seguia Esta armada su derrota, A la campaña del mar Salí otra vez, donde logra El cielo mis esperanzas, En esta ocasion dichosas; Pues ví que de aquella armada Se habia quedado sola Una nave, y que en el mar Mal defendida zozobra: Porque, segun despues supe, De una tormenta, que todas Corrieron, habia salido Deshecha, rendida y rota; Y así llena de agua estaba, Sin que bastasen las bombas A agotarla, y titubeando, Ya á aquella parte, ya á estotra, Estaba á cada vaiven Si se ahoga, ó no se ahoga. Llegué á ella, y aunque moro, Les dí alivio en sus congojas; Que el tener en las desdichas Compañía, de tal forma Consuela, que el enemigo Suele servir de lisonja. El deseo de vivir Tanto á algunos les provoca, Que haciendo al intento escalas De gúmenas y maromas, A la prision se vinieron; Si bien otros les baldonan, Diciéndoles que el vivir Eterno es vivir con honra; Y áun así se resistieron: ¡Portuguesa vanagloria! De los que salieron, uno Muy por extenso me informa. Dice, pues, que aquella armada Ha salido de Lisboa Para Tánger, y que viene A sitiarla con heroica Determinacion que veas En sus almenas famosas Las quinas que ves en Ceuta Cada vez que el sol se asoma. Duarte de Portugal, Cuya fama vencedora Ha de volar con las plumas De las águilas de Roma, Envía á sus dos hermanos Enrique y Fernando, gloria Deste siglo, que los mira Coronados de victorias. Maestres de Cristo y de Avis Son, los dos pechos adornan Cruces de perfiles blancos. Una verde y otra roja. Catorce mil portugueses Son, gran señor, los que cobran Sus sueldos, sin los que vienen Sirviéndolos á su costa. Mil son los fuertes caballos, Que la soberbia española Los vistió para ser tigres, Los calzó para ser onzas. Ya á Tánger habrán llegado, Y esta, señor, es la hora Que, si su arena no pisan, Al ménos sus mares cortan. Salgamos á defenderla: Tú mismo las armas toma: Baje en tu valiente brazo El azote de Mahoma, Y del libro de la muerte Desate la mejor hoja; Que quizá se cumple hoy Una profecía heroica De Morábitos, que dicen Que en la márgen arenosa Del África ha de tener La portuguesa corona Sepulcro infeliz, y vean Que aquesta cuchilla corva, Campañas verdes y azules Volvió, con su sangre, rojas.
REY.
Calla, no me digas más; Que de mortal furia lleno, Cada voz es un veneno Con que la muerte me das. Yo á sus bríos arrogantes Haré que en África tengan Sepulcro, aunque armados vengan Sus maestres los Infantes. Tú, Muley, con los jinetes, De la costa parte luego, Miéntras yo en tu amparo llego; Que si, como me prometes, En escaramuzas diestras Le ocupas, porque tan presto No tomen tierra, y en esto La sangre heredada muestras, Yo tan veloz llegaré Como tú con lo restante Del ejército arrogante Que en ese campo se ve; Y así la sangre concluya Tantos duelos en un dia, Porque Ceuta ha de ser mia, Y Tánger no ha de ser suya. _(Vase.)_
ESCENA VI.
FÉNIX, MULEY, ZARA, ROSA, ESTRELLA, CELIMA.
MULEY.
Aunque de paso, no quiero Dejar, Fénix, de decir, Ya que tengo de morir, La enfermedad de que muero; Que aunque pierdan mis recelos El respeto á tu opinion, Si celos mis penas son, Ninguno es cortés con celos. ¿Qué retrato ¡ay enemiga! En tu blanca mano ví? ¿Quién es el dichoso, dí? ¿Quién?... Mas espera, no diga Tu lengua tales agravios: Basta, sin saber quién sea, Que yo en tu mano le vea, Sin que le escuche en tus labios.
FÉNIX.
Muley, aunque mi deseo Licencia de amar te dió, De ofender y injuriar no.
MULEY.
Es verdad, Fénix, ya veo Que no es estilo ni modo De hablarte; pero los cielos Saben que, en habiendo celos, Se pierde el respeto á todo. Con grande recato y miedo Te serví, quise y amé; Mas si con amor callé, Con celos, Fénix, no puedo, No puedo.
FÉNIX.
No ha merecido Tu culpa satisfaccion; Pero yo por mi opinion Satisfacerte he querido; Que un agravio entre los dos Disculpa tiene; y así, Te la doy.
MULEY.
¿Pues hayla?
FÉNIX.
Sí.
MULEY.
¡Buenas nuevas te dé Dios!
FÉNIX.
Este retrato ha enviado...
MULEY.
¿Quién?
FÉNIX.
Tarudante el infante.
MULEY.
¿Para qué?
FÉNIX.
Porque ignorante Mi padre de mi cuidado...
MULEY.
Bien.
FÉNIX.
Pretende que estos dos Reinos...
MULEY.
No me digas más. ¿Esa disculpa me das? ¡Malas nuevas te dé Dios!
FÉNIX.
Pues ¿qué culpa habré tenido De que mi padre lo trate?
MULEY.
De haber hoy, aunque te mate, El retrato recibido.
FÉNIX.
¿Pude excusarlo?
MULEY.
¿Pues no?
FÉNIX.
¿Cómo?
MULEY.
Otra cosa fingir.
FÉNIX.
Pues ¿qué pude hacer?
MULEY.
Morir; Que por tí lo hiciera yo.
FÉNIX.
Fué fuerza.
MULEY.
Mas fué mudanza.
FÉNIX.
Fué violencia.
MULEY.
No hay violencia.
FÉNIX.
Pues ¿qué pudo ser?
MULEY.
Mi ausencia. Sepulcro de mi esperanza. Y para no asegurarme De que te puedes mudar, Ya me vuelvo yo á ausentar: Vuelve, Fénix, á matarme.
FÉNIX.
Forzosa es la ausencia, parte...
MULEY.
Ya lo está el alma primero.
FÉNIX.
Á Tánger, que en Fez te espero, Donde acabes de quejarte.
MULEY.
Sí haré, si mi mal dilato.
FÉNIX.
Adios, que es fuerza el partir.
MULEY.
Oye: ¿al fin me dejas ir Sin entregarme el retrato?
FÉNIX.
Por el Rey no le he deshecho.
MULEY.
Suelta, que no será en vano Que saque yo de tu mano A quien me saca del pecho. _(Vanse.)_
* * * * *
_Playa de Tánger._
ESCENA VII.
_Tocan dentro un clarin, hay ruido de desembarcar, y van saliendo_ DON FERNANDO, DON ENRIQUE, DON JUAN COUTIÑO, Y SOLDADOS PORTUGUESES.
D. FERN.
Yo he de ser el primero, África bella, Que he de pisar tu márgen arenosa, Porque oprimida al peso de mi huella Sientas en tu cerviz la poderosa Fuerza que ha de rendirte.
D. ENR.
Yo en el suelo Africano la planta generosa _(Cae.)_ El segundo pondré. ¡Válgame el cielo! Hasta aquí los agüeros me han seguido.
D. FERN.
Pierde, Enrique, á esas cosas el recelo, Porque el caer agora, ántes ha sido Que ya, como á señor, la misma tierra Los brazos en albricias te ha pedido.
D. ENR.
Desierta esta campaña y esta sierra Los alarbes, al vernos, han dejado.
D. JUAN.
Tánger las puertas de sus muros cierra.
D. FERN.
Todos se han retirado á su sagrado. Don Juan Coutiño, conde de Miralva, Reconoced la tierra con cuidado: Ántes que el sol, reconociendo el alba, Con más furia nos hiera y nos ofenda, Haced á la ciudad la primer salva. Decid que defenderse no pretenda, Porque la he de ganar á sangre y fuego, Que el campo inunde, el edificio encienda.
D. JUAN.
Tú verás que á sus mismas puertas llego, Aunque volcan de llamas y de rayos Le deje al sol con pardas nubes ciego.
_(Vase.)_
ESCENA VIII.
BRITO.—DON FERNANDO, DON ENRIQUE, SOLDADOS PORTUGUESES.
BRITO.
¡Gracias á Dios que abriles piso y mayos, Y en la tierra me voy por donde quiero, Sin sustos, sin vaivenes ni desmayos! Y no en el mar, adonde, si primero No se consulta un monstruo de madera, Que es juez de palo, en fin, el más ligero No se puede escapar de una carrera En el mayor peligro. ¡Ah tierra mia! No muera en agua yo, como no muera Tampoco en tierra hasta el postrero dia.
D. ENR.
¡Que escuches este loco!
D. FERN.
Y que tu pena, Sin razon, sin arbitrio y sin consuelo[6], ¡Tanto de tí te priva y te divierte!
[6] Verso suelto en una escena escrita en tercetos. Falta un verso que consuene con _dia_, y otro con _pena_. Es de creer que haya una laguna aquí.
D. ENR.
El alma traigo de temores llena: Echada juzgo contra mí la suerte, Desde que desde Lisboa, al salir, sólo Imágenes he visto de la muerte. Apénas, pues, al berberisco polo Prevenimos los dos esta jornada, Cuando de un parasismo el mismo Apolo Amortajado en nubes, la dorada Faz escondió, y el mar sañudo y fiero Deshizo con tormentas nuestra armada. Si miro al mar, mil sombras considero; Si al cielo miro, sangre me parece Su velo azul; si al aire lisonjero, Aves nocturnas son las que me ofrece; Si á la tierra, sepulcros representa, Donde mísero yo caiga y tropiece.
D. FERN.
Pues descifrarte aquí mi amor intenta Causa de un melancólico accidente. Sorbernos una nave una tormenta, Es decirnos que sobra aquella gente Para ganar la empresa á que venimos: Verter púrpura el cielo trasparente, Es gala, no es horror; que si fingimos Monstruos al agua y pájaros al viento, Nosotros hasta aquí no los trajimos; Pues si ellos aquí están, ¿no es argumento Que á la tierra que habitan inhumanos, Pronostican el fin fiero y sangriento? Estos agüeros viles, miedos vanos, Para los moros vienen, que los crean, No para que los duden los cristianos. Nosotros dos lo somos; no se emplean Nuestras armas aquí por vanagloria De que en los libros inmortales lean Ojos humanos esta gran victoria. La fe de Dios á engrandecer venimos. Suyo será el honor, suya la gloria, Si vivimos dichosos, pues morimos; El castigo de Dios justo es temerle, Este no viene envuelto en miedos vanos: A servirle venimos, no á ofenderle: Cristianos sois, haced como cristianos.— Pero ¿qué es esto?
ESCENA IX.
DON JUAN.—DICHOS.
D. JUAN.
Señor, Yendo al muro á obedecerte, A la falda de ese monte Ví una tropa de jinetes, Que de la parte de Fez Corriendo á esta parte vienen Tan veloces, que á la vista Aves, no brutos, parecen. El viento no los sustenta, La tierra apénas los siente; Y así la tierra ni el aire Saben si corren ó vuelen.
D. FERN.
Salgamos á recibirlos, Haciendo primero frente Los arcabuceros: luégo Los que caballos tuvieren Salgan tambien á su usanza, Con lanzas y con arneses. ¡Ea, Enrique, buen principio Esta ocasion nos ofrece! ¡Ánimo!
D. ENR.
¡Tu hermano soy! No me espantan accidentes Del tiempo, ni me espantara El semblante de la muerte. _(Vanse.)_
BRITO.
El cuartel de la salud Me toca á mí guardar siempre. ¡Oh qué brava escaramuza! Ya se embisten, ya acometen. ¡Famoso juego de cañas! Ponerme en cobro conviene. _(Vase.)_
_(Tocan dentro al arma.)_
* * * * *
_Otro punto de la playa._
ESCENA X.
DON JUAN Y DON ENRIQUE, _peleando con varios_ MOROS.
D. ENR.
A ellos, que ya los moros Vencidos la espalda vuelven.
D. JUAN.
Llenos de despojos quedan, De caballos y de gentes, Estos campos.
D. ENR.
¿Don Fernando Dónde está, que no parece?
D. JUAN.
Tanto se ha empeñado en ellos, Que ya de vista se pierde.
D. ENR.
Pues á buscarle, Coutiño.
D. JUAN.
Siempre á tu lado me tienes. _(Vanse.)_
ESCENA XI[7].
[7] Esta escena es una especie de glosa, habilísimamente hecha, de varios romances.
DON FERNANDO, _con la espada de Muley, y_ MULEY, _con adarga sola_.
D. FERN.
En la desierta campaña, Que tumba comun parece De cuerpos muertos, si ya No es teatro de la muerte, Solo tú, moro, has quedado, Porque rendida tu gente Se retiró, y tu caballo, Que mares de sangre vierte, Envuelto en polvo y espuma, Que él mismo levanta y pierde, Te dejó para despojo De mi brazo altivo y fuerte, Entre los sueltos caballos De los vencidos jinetes. Yo ufano con tal victoria, Que me ilustra y desvanece Más que el ver esta campaña Coronada de claveles; Pues es tanta la vertida Sangre con que se guarnece, Que la piedad de los ojos Fué tan grande, tan vêmente, De no ver siempre desdichas, De no mirar ruinas siempre, Que por el campo buscaban Entre lo rojo lo verde. En efecto, mi valor, Sujetando tus valientes Bríos, de tantos perdidos Un suelto caballo prende, Tan monstruo, que siendo hijo Del viento, adopcion pretende Del fuego, y entre los dos Lo desdice y lo desmiente El color, pues siendo blanco, Dice el agua: «Parto es este De mi esfera, sola yo Pude cuajarle de nieve.» En fin, en lo veloz, viento, Rayo en fin en lo eminente, Era por lo blanco cisne, Por lo sangriento era sierpe, Por lo hermoso era soberbio, Por lo atrevido valiente, Por los relinchos lozano Y por las cernejas fuerte. En la silla y en las ancas Puestos los dos juntamente, Mares de sangre rompimos, Por cuyas ondas crueles Este bajel animado, Hecho proa de la frente, Rompiendo el globo de nácar, Desde el codon al copete, Pareció entre espuma y sangre (Ya que bajel quise hacerle) De cuatro espuelas herido, Que cuatro vientos le mueven. Rindióse al fin, si hubo peso Que tanto Atlante oprimiese; Si bien el de las desdichas Hasta los brutos lo sienten; O ya fué, que enternecido Entre su instinto dijese: «Triste camina el alarbe Y el español parte alegre; ¿Luego yo contra mi patria Soy traidor y soy aleve?» No quiero pasar de aquí; Y puesto que triste vienes, Tanto, que aunque el corazon Disimula cuanto puede, Por la boca y por los ojos, Volcanes que el pecho enciende. Ardientes suspiros lanza Y tiernas lágrimas vierte; Admirado mi valor De ver, cada vez que vuelve, Que á un golpe de la fortuna Tanto se postre y sujete Tu valor, pienso que es otra La causa que te entristece; Porque por la libertad No era justo ni decente Que tan tiernamente llore Quien tan duramente hiere. Y así, si el comunicar Los males alivio ofrece Al sentimiento, entre tanto Que llegamos á mi gente, Mi deseo á tu cuidado, Si tanto favor merece, Con razones le pregunta Comedidas y corteses, ¿Qué sientes? pues ya he creido Que el venir preso no sientes. Comunicado el dolor, Se aplaca si no se vence; Y yo, que soy el que tuve Más parte en este accidente De la fortuna, tambien Quiero ser el que consuele De tus suspiros la causa, Si la causa lo consiente.
MULEY.