Part 17
¡Estoy confuso!
FIGURA.
Y pues que ya...
CIPRIAN.
¡Estoy absorto!
FIGURA.
He venido...
CIPRIAN.
¿Qué me turbo?
FIGURA.
De la suerte...
CIPRIAN.
¿Qué me espanto?
FIGURA.
Que me halló el amor...
CIPRIAN.
¿Qué dudo?
FIGURA.
Donde me llamas...
CIPRIAN.
¿Qué temo?
FIGURA.
Y así con la fuerza cumplo Del encanto, á lo intrincado Del monte tu vista huyo.
_(Cúbrese el rostro con el manto, y vase.)_
CIPRIAN.
Espera, aguarda, Justina. Mas ¿qué me asombro y discurro? Seguiréla, y este monte, Donde mi ciencia la trujo, Teatro será frondoso Ya que no tálamo rudo, Del más prodigioso amor Que ha visto el cielo. _(Vase.)_
ESCENA XII.
CLARIN.
Abernuncio De mujer que viene á ser Novia, y viene oliendo á humo. Pero debió de cogerla Del encanto lo absoluto Soplando alguna colada, O cociendo algun menudo. Mas no: ¡en cocina y con manto! De otra suerte la disculpo. Sin duda debe de ser (Ahora he dado en el punto; Que una honrada nunca huele Mejor) cogida de susto. Ya la ha alcanzado, y con ella, De aqueste valle en lo inculto Luchando á brazos enteros (Que á brazos partidos, juzgo Que hiciera mal en luchar El amante más forzudo), A este mismo sitio vuelven. Desde aquí acechar procuro; Que deseo saber cómo Se hace una fuerza en el mundo.
ESCENA XIII.
CIPRIANO, _trayendo abrazada á la_ FIGURA _fantástica de Justina_.
Ya, bellísima Justina, En este sitio, que oculto, Ni el sol le penetra á rayos, Ni á soplos el aire puro, Ya es trofeo tu belleza De mis mágicos estudios; Que por conseguirte, nada Temo, nada dificulto. El alma, Justina bella, Me cuestas; pero ya juzgo, Siendo tan grande el empleo, Que no ha sido el precio mucho. Corre á la deidad el velo: No entre pardos, ni entre oscuros Celajes se esconda el sol; Sus rayos ostente rubios.
_(Descúbrela, y ve un esqueleto.)_
Mas ¡ay infeliz! ¿qué veo? ¡Un yerto cadáver mudo Entre sus brazos me espera! ¿Quién en un instante pudo En facciones desmayadas De lo pálido y caduco, Desvanecer los primores De lo rojo y lo purpúreo?
ESQUEL.
Así, Ciprïano, son Todas las glorias del mundo.
_(Desaparece: sale Clarin huyendo, y se abraza con él Cipriano.)_
ESCENA XIV.
CLARIN.—CIPRIANO.
CLARIN.
Si álguien ha menester miedo, Yo tengo un poco y un mucho.
CIPRIAN.
Espera, fúnebre sombra. Ya con otro fin te busco.
CLARIN.
Pues yo soy fúnebre cuerpo. ¿No echas de verlo en el bulto?
CIPRIAN.
¿Quién eres?
CLARIN.
Yo estoy de suerte, Que áun quién soy creo que dudo.
CIPRIAN.
¿Viste en lo raro del viento, Ó del centro en lo profundo, Yerto un cadáver, dejando En señas de polvo y humo Desvanecida la pompa Que llena de adornos trujo?
CLARIN.
¿Ahora sabes que estoy Sujeto á los infortunios De acechador?
CIPRIAN.
¿Qué se hizo?
CLARIN.
Deshízose luego al punto.
CIPRIAN.
Busquémosle.
CLARIN.
No busquemos.
CIPRIAN.
Sus desengaños procuro.
CLARIN.
Yo no, señor.
ESCENA XV.
EL DEMONIO.—CIPRIANO, CLARIN.
DEMONIO.
_(Ap.)_ ¡Justos cielos! Si juntas un tiempo tuvo Mi sér la ciencia y la gracia Cuando fuí espíritu puro, La gracia sola perdí, La ciencia no. ¿Cómo injustos, Si esto es así, de mis ciencias Aun no me dejais el uso?
CIPRIAN.
¡Lucero, sabio maestro! _(Sin verle.)_
CLARIN.
No le llames; que presumo Que venga en otro cadáver.
DEMONIO.
¿Qué me quieres?
CIPRIAN.
Que del mucho Horror que padezco absorto, Rescates hoy mi discurso.
CLARIN.
Yo, que no quiero rescates, Por este lado me escurro. _(Vase.)_
ESCENA XVI.
CIPRIANO, EL DEMONIO.
CIPRIAN.
Apénas sobre la tierra Herida, acentos pronuncio, Cuando en la accion que allá estaba Justina, divino asunto De mi amor y mi deseo... Pero ¿para qué procuro Contarte lo que ya sabes? Vino, abracéla, y al punto Que la descubro (¡ay de mí!), En su belleza descubro Un esqueleto, una estatua, Una imágen, un trasunto De la muerte, que en distintas Voces me dijo (¡oh qué susto!): «Así, Ciprïano, son Todas las glorias del mundo.» Decir que en la magia tuya, Por mí ejecutada, estuvo El engaño, no es posible; Porque yo, punto por punto La obré, sin que errar pudiese De sus caracteres mudos Una línea, ni una voz De sus mortales conjuros. Luego tú me has engañado Cuando yo los ejecuto, Pues solo fantasmas hallo Adonde hermosuras busco.
DEMONIO.
Ciprïano, ni hubo en tí Defecto, ni en mí le hubo: En tí, supuesto que obraste El encanto con agudo Ingenio; en mí, pues el mio Te enseñó en él cuanto supo. El asombro que has tocado, Más superior causa tuvo. Mas no importará; que yo, Que tu descanso procuro, Te haré dueño de Justina Por otros medios más justos.
CIPRIAN.
No es ese mi intento ya; Que de tal suerte confuso Este espanto me ha dejado, Que no quiero medios tuyos. Y así, pues que no has cumplido Las condiciones que puso Mi amor, sólo de tí quiero, Ya que de tu vista huyo, Que mi cédula me vuelvas, Pues es el contrato nulo.
DEMONIO.
Yo te dije que te habia De enseñar en este estudio Ciencias que atraer pudiesen, De tus voces al impulso, A Justina; y pues el viento Aquí á Justina te trujo, Válido ha sido el contrato, Y yo mi palabra cumplo.
CIPRIAN.
Tú me ofreciste que habia De coger mi amor el fruto Que sembraba mi esperanza Por estos montes incultos.
DEMONIO.
Yo me obligué, Ciprïano, Solo á traerla.
CIPRIAN.
Eso dudo; Que á dármela te obligaste.
DEMONIO.
Ya la ví en los brazos tuyos.
CIPRIAN.
Fué una sombra.
DEMONIO.
Fué un prodigio.
CIPRIAN.
¿De quién?
DEMONIO.
De quien se dispuso A ampararla.
CIPRIAN.
¿Y cúyo fué?
DEMONIO.
_(Temblando.)_ No quiero decirte cúyo.
CIPRIAN.
Valdréme yo de mis ciencias Contra tí. Yo te conjuro Que quién ha sido me digas.
DEMONIO.
Un Dios, que á su cargo tuvo A Justina.
CIPRIAN.
Pues ¿qué importa Solo un Dios, puesto que hay muchos?
DEMONIO.
Tiene este el poder de todos.
CIPRIAN.
Luego solamente es uno, Pues con una voluntad Obra más que todos juntos.
DEMONIO.
No sé nada, no sé nada.
CIPRIAN.
Ya todo el pacto renuncio, Que hice contigo; y en nombre De aquese Dios te pregunto: ¿Qué le ha obligado á ampararla?
DEMONIO.
_(Despues de hacer fuerza por no decirlo.)_ Guardar su honor limpio y puro.
CIPRIAN.
Luego ese es suma bondad, Pues que no permite insulto. Mas ¿qué perdiera Justina, Si aquí se quedaba oculto?
DEMONIO.
Su honor, si lo adivinara Por sus malicias el vulgo.
CIPRIAN.
Luego ese Dios todo es vista, Pues vió los daños futuros. Pero ¿no pudiera ser Ser el encanto tan sumo, Que no pudiera vencerle?
DEMONIO.
No, que su poder es mucho.
CIPRIAN.
Luego ese Dios todo es manos, Pues que cuanto quiso pudo. Díme ¿quién es ese Dios, En quien hoy he hallado junto Ser una suma bondad, Ser un poder absoluto, Todo vista y todo manos, Que há tantos años que busco?
DEMONIO.
No lo sé.
CIPRIAN.
Díme quién es.
DEMONIO.
¡Con cuánto horror lo pronuncio! Es el Dios de los cristianos.
CIPRIAN.
¿Qué es lo que moverle pudo Contra mí?
DEMONIO.
Serlo Justina.
CIPRIAN.
¿Pues tanto ampara á los suyos?
DEMONIO.
_(Rabioso.)_ Sí, mas ya es tarde, ya es tarde Para hallarle tú, si juzgo Que siendo tú esclavo mio, No has de ser vasallo suyo.
CIPRIAN.
¡Yo tu esclavo!
DEMONIO.
En mi poder Tu firma está.
CIPRIAN.
Ya presumo Cobrarla de tí, pues fué Condicional, y no dudo Quitártela.
DEMONIO.
¿De qué suerte?
CIPRIAN.
Desta suerte.
_(Saca la espada, tírale al Demonio, y no le encuentra.)_
DEMONIO.
Aunque desnudo El acero contra mí Esgrimas fiero y sañudo, No me herirás; y porque Desesperen tus discursos, Quiero que sepas que ha sido El Demonio el dueño tuyo.
CIPRIAN.
¡Qué dices!
DEMONIO.
Que yo lo soy.
CIPRIAN.
¡Con cuánto asombro te escucho!
DEMONIO.
Para que veas, no sólo Que esclavo eres, pero cúyo.
CIPRIAN.
¡Esclavo yo del demonio! ¿Yo de un dueño tan injusto?
DEMONIO.
Sí, que el alma me ofreciste, Y es mia desde aquel punto.
CIPRIAN.
¿Luego no tengo esperanza, Favor, amparo ó recurso, Que tanto delito pueda Borrar?
DEMONIO.
No.
CIPRIAN.
Pues ya ¿qué dudo? No ociosamente en mi mano Esté aqueste acero agudo; Pasándome el pecho, sea Mi voluntario verdugo. Mas ¿qué digo? Quien de tí Librar á Justina pudo, ¿A mí no podrá librarme?
DEMONIO.
No, que es contra tí tu insulto. Él no ampara los delitos, Las virtudes sí.
CIPRIAN.
Si es sumo Su poder, el perdonar Y el premiar será en él uno.
DEMONIO.
Tambien lo será el premiar Y el castigar, pues es justo.
CIPRIAN.
Nadie castiga al rendido: Yo lo estoy, pues lo procuro.
DEMONIO.
Eres mi esclavo, y no puedes Ser de otro dueño.
CIPRIAN.
Eso dudo.
DEMONIO.
¿Cómo, estando en mi poder La firma que con dibujos De tu sangre, escrita tengo?
CIPRIAN.
El que es poder absoluto, Y no depende de otro, Vencerá mis infortunios.
DEMONIO.
¿De qué suerte?
CIPRIAN.
Todo es vista, Y verá el medio oportuno.
DEMONIO.
Yo la tengo.
CIPRIAN.
Todo es manos: El sabrá romper los nudos.
DEMONIO.
Dejaréte yo primero Entre mis brazos difunto. _(Luchan los dos.)_
CIPRIAN.
¡Grande Dios de los cristianos! Á tí en mis penas acudo.
DEMONIO.
_(Arrojando de entre sus brazos á Cipriano.)_ Ese te ha dado la vida.
CIPRIAN.
Más me ha de dar, pues le busco. _(Vanse.)_
* * * * *
_Sala en el palacio del Gobernador._
ESCENA XVII.
EL GOBERNADOR, FABIO, SOLDADOS.
GOBERN.
¿Cómo ha sido la prision?
FABIO.
Todos en su iglesia estaban Escondidos, donde daban Á su Dios adoracion. Llegué con armadas gentes, Toda la casa cerqué, Prendílos, y los llevé Á cárceles diferentes; Y el suceso, en fin, concluyo Con decir que en esta ruina Prendí á la hermosa Justina Y á Lisandro, padre suyo.
GOBERN.
Pues si riquezas codicias, Puestos, honores y más, ¿Cómo esas nuevas me das, Fabio, sin pedirme albricias?
FABIO.
Si así estimas mis sucesos, Las que me has de dar no ignoro.
GOBERN.
Dí.
FABIO.
La libertad de Floro Y Lelio, que tienes presos.
GOBERN.
Aunque yo con su castigo Parece que escarmentar Quise todo este lugar, Si la verdad, Fabio, digo, Otra es la causa por qué Presos han vivido un año: Y es que así de Lelio el daño Como padre aseguré. Floro, su competidor, Tiene deudos poderosos: Y estando los dos celosos Y empeñados en su amor, Temí que habian de volver Otra vez á la cuestion; Y hasta quitar la ocasion, No me quise resolver. Con este intento buscaba Algun color con que echar A Justina del lugar; Pero nunca le encontraba. Y pues su virtud fingida, No sólo ocasion me da Hoy de desterrarla ya, Mas de quitarla la vida, No estén más presos; y así, A sus prisiones irás, Y con brevedad traerás A Lelio y á Floro aquí.
FABIO.
Beso mil veces tus piés Por merced tan peregrina. _(Vase.)_
ESCENA XVIII.
EL GOBERNADOR, SOLDADOS.
GOBERN.
Ya está en mi poder Justina, Presa y convencida: pues ¿Qué espera mi rabia fiera, Que ya en ella no ha vengado Los enojos que me ha dado? A sangrientas manos muera De un verdugo.—Vos, mirad...
_(A un soldado.)_
Que aquí la traigais os mando Hoy á la vergüenza, dando Escándalo en la ciudad; Porque si en palacio está, Nada á darla vida baste.
_(Vase el soldado con otros.)_
ESCENA XIX.
FABIO, LELIO, FLORO.—DICHOS.
FABIO.
Los dos por quien enviaste Están á tus plantas ya.
LELIO.
Yo que al fin sólo deseo Parecer tu hijo esta vez, No te miro como juez, Con los temores de reo; Sino como padre airado, Con los temores de hijo Obediente.
FLORO.
Y yo colijo, Viéndome de tí llamado, Que es para darme, señor, Castigos que no merezco. Pero á tus plantas me ofrezco.
GOBERN.
Lelio, Floro, mi rigor Justo con los dos ha sido, Porque si no os castigara, Padre, no juez me mostrara. Pero teniendo entendido Que en los nobles no duró Nunca el enojo, y que ya Quitada la causa está, Intento piadoso yo Haceros amigos luego. En muestras de la amistad, Aquí los brazos os dad.
LELIO.
Yo el venturoso á ser llego En ser hoy de Floro amigo.
FLORO.
Y yo de que lo seré Doy mano y palabra.
GOBERN.
En fe Deso, á libraros me obligo, Que si el desengaño toco Que de vuestro amor teneis, No dudo que lo sereis.
ESCENA XX.
EL DEMONIO, GENTE.—DICHOS.
DEMONIO.
_(Dentro.)_ ¡Guarda el loco, guarda el loco!
GOBERN.
¿Qué es esto?
LELIO.
Yo lo iré á ver.
_(Llega á la puerta, y vuelve luego.)_
GOBERN.
En palacio tanto ruido, ¿De qué puede haber nacido?
FLORO.
Gran causa debe de ser.
LELIO.
Aqueste ruido, señor (Escucha un raro suceso), Es Ciprïano, que al cabo De tantos dias ha vuelto Loco y sin juicio á Antioquía.
FLORO.
Sin duda que de su ingenio La sutileza le tiene En aqueste estado puesto.
GENTE.
_(Dentro.)_ ¡Guarda el loco, guarda el loco!
ESCENA XXI.
CIPRIANO, _medio desnudo_, GENTE.—DICHOS.
CIPRIAN.
Nunca yo he estado más cuerdo; Que vosotros sois los locos.
GOBERN.
Ciprïano, ¿pues qué es esto?
CIPRIAN.
Gobernador de Antioquía, Virey del gran césar Decio, Floro y Lelio, de quien fuí Amigo tan verdadero, Nobleza ilustre, gran plebe, Estadme todos atentos; Que por hablaros á todos Juntos, á palacio vengo. Yo soy Ciprïano, yo Por mi estudio y por mi ingenio Fuí asombro de las escuelas, Fuí de las ciencias portento. Lo que de todas saqué, Fué una duda, no saliendo Jamás de una duda sola Confuso en mi entendimiento. Ví á Justina, y en Justina Ocupados mis afectos, Dejé á la docta Minerva Por la enamorada Vénus. De su virtud despedido, Mantuve mis sentimientos, Hasta que mi amor, pasando De un extremo en otro extremo, A un huésped mio, que el mar Le dió mis plantas por puerto, Por Justina ofrecí el alma, Porque me cautivó á un tiempo El amor con esperanzas, Y con ciencias el ingenio. Deste, discípulo he sido, Esas montañas viviendo, A cuya docta fatiga Tanta admiracion le debo, Que puedo mudar los montes Desde un asiento á otro asiento; Y aunque puedo estos prodigios Hoy ejecutar, no puedo Atraer una hermosura A la voz de mi deseo. La causa de no poder Rendir este monstruo bello, Es que hay un Dios que la guarda, En cuyo conocimiento He venido á confesarle Por el más sumo y inmenso. El gran Dios de los cristianos Es el que á voces confieso; Que aunque es verdad que yo ahora Esclavo soy del infierno, Y que con mi sangre misma Hecha una cédula tengo, Con mi sangre he de borrarla En el martirio que espero. Si eres juez, si á los cristianos Persigues duro y sangriento, Yo lo soy; que un venerable Anciano, en el monte mesmo El carácter me imprimió Que es su primer sacramento. Ea pues, ¿qué aguardas? Venga El verdugo, y de mi cuello La cabeza me divida, O con extraños tormentos Acrisola mi constancia; Que yo rendido y resuelto A padecer dos mil muertes Estoy, porque á saber llego Que sin el gran Dios que busco, Que adoro y que reverencio, Las humanas glorias son Polvo, humo, ceniza y viento.
_(Cae boca abajo en el suelo, como desmayado.)_
GOBERN.
Tan absorto, Ciprïano, Me deja tu atrevimiento, Que imaginando castigos, A ninguno me resuelvo. _(Pisándole.)_ Levántate.
FLORO.
Desmayado, Es una estatua de hielo.
ESCENA XXII.
SOLDADOS, JUSTINA.—DICHOS.
UN SOLD.
Aquí está, señor, Justina.
GOBERN.
(_Ap._ Verla la cara no quiero.) Con ese vivo cadáver Todos sola la dejemos;
_(Ap. á los presentes.)_
Porque cerrados los dos, Quizá mudarán de intento, Viéndose morir el uno Al otro; ó sañudo y fiero, Si no adoraren mis dioses, Morirán con mil tormentos.
LELIO.
_(Ap.)_ Entre el amor y el espanto Confuso voy y suspenso.
FLORO.
(Ap.) Tanto tengo que sentir, Que no sé qué es lo que siento.
_(Vanse todos, ménos Justina.)_
ESCENA XXIII.
JUSTINA; CIPRIANO, _sin sentido, en el suelo_.
JUSTINA.
¿Todos os vais sin hablarme? Cuando yo contenta vengo A morir, ¡áun no me dais Muerte, porque la deseo!
_(Repara en Cipriano.)_
Mas sin duda es mi castigo, Cerrada en este aposento, Darme muerte dilatada, Acompañada de un muerto, Pues sólo un cadáver me hace Compañía. ¡Oh tú, que al centro De donde saliste, vuelves! ¡Dichoso tú, si te ha puesto En este estado la fe Que adoro!
CIPRIAN.
_(Recobrándose.)_ Monstruo soberbio, ¿Qué aguardas, que no desatas Mi vida en?... _(Ve á Justina, y levántase.)_ ¡Válgame el cielo! _(Ap.)_ ¿No es Justina la que miro?
JUSTINA.
_(Ap.)_ ¿No es Ciprïano el que veo?
CIPRIAN.
_(Ap.)_ Mas no es ella, que en el aire La finge mi pensamiento.
JUSTINA.
_(Ap.)_ Mas no es él: por divertirme, Fantasmas me finge el viento.
CIPRIAN.
Sombra de mi fantasía...
JUSTINA.
Ilusion de mi deseo...
CIPRIAN.
Asombro de mis sentidos...
JUSTINA.
Horror de mis pensamientos...
CIPRIAN.
¿Qué me quieres?
JUSTINA.
¿Qué me quieres?
CIPRIAN.
Ya no te llamo. ¿A qué efecto Vienes?
JUSTINA.
¿A qué efecto tú Me buscas? Ya en tí no pienso.
CIPRIAN.
Yo no te busco, Justina.
JUSTINA.
Ni yo á tu llamada vengo.
CIPRIAN.
Pues ¿cómo estás aquí?
JUSTINA.
Presa. ¿Y tú?
CIPRIAN.
Tambien estoy preso. Pero tu virtud, Justina, Díme ¿qué delito ha hecho?
JUSTINA.
No es delito, pues ha sido Por el aborrecimiento De la fe de Cristo, á quien Como á mi Dios reverencio.
CIPRIAN.
Bien se lo debes, Justina; Que tienes un Dios tan bueno, Que vela en defensa tuya. Haz tú que escuche mis ruegos.
JUSTINA.
Sí hará, si con fe le llamas.
CIPRIAN.
Con ella le llamo; pero Aunque dél no desconfío, Mis extrañas culpas temo.
JUSTINA.
Confía.
CIPRIAN.
¡Ay, qué inmensos son Mis delitos!
JUSTINA.
Más inmensos Son sus favores.
CIPRIAN.
¿Habrá Para mí perdon?
JUSTINA.
Es cierto.
CIPRIAN.
¿Cómo, si el alma he entregado Al demonio mismo, en precio De tu hermosura?
JUSTINA.
No tiene Tantas estrellas el cielo, Tantas arenas el mar, Tantas centellas el fuego, Tantos átomos el dia, Ni tantas plumas el viento, Como él perdona pecados.
CIPRIAN.
Así, Justina, lo creo, Y por él daré mil vidas. Pero la puerta han abierto.
ESCENA XXIV.
FABIO, _trayendo presos á_ MOSCON, CLARIN Y LIVIA.—CIPRIANO, JUSTINA.
FABIO.
Entrad, que con vuestros amos Aquí habeis de quedar presos. _(Vase.)_
LIVIA.
Si ellos quieren ser cristianos, ¿Acá qué culpa tenemos?
MOSCON.
Mucha; que los que servimos, Harto gran delito hacemos.
CLARIN.
Huyendo del monte, vine De un riesgo á dar á otro riesgo.
ESCENA XXV.
UN CRIADO.—DICHOS.
CRIADO.
A Justina y á Cipriano El gobernador Aurelio Llama.
JUSTINA.
¡Feliz yo mil veces, Si es para el fin que deseo!— No te acobardes, Cipriano.
CIPRIAN.
Fe, valor y ánimo tengo; Que si de mi esclavitud La vida ha de ser el precio, Quien el alma dió por tí, ¿Qué hará en dar por Dios el cuerpo?
JUSTINA.
Que en la muerte te querria Dije; y pues á morir llego Contigo, Cipriano, ya Cumplí mis ofrecimientos.
_(Vanse Justina, Cipriano y el criado.)_
ESCENA XXVI.
MOSCON, LIVIA, CLARIN.
MOSCON.
¡Qué contentos á morir Van!
LIVIA.
Mucho más contentos Los tres á vivir quedamos.
CLARIN.
No mucho; que falta un pleito Que averiguar; y aunque aquesta No es ocasion, por si luego No hay lugar, no será justo Que echemos á mal el tiempo.
MOSCON.
¿Qué pleito es ese?
CLARIN.
Yo he estado Ausente...
LIVIA.
Dí.
CLARIN.
Un año entero, Y un año Moscon ha sido Sin mi intermision tu dueño; Y á rata por cantidad, Para que iguales estemos, Otro año has de ser mia.
LIVIA.
¿Pues de mí presumes eso, Que habia de hacerte ofensa? Los dias lloraba enteros Que me tocaba llorar.
MOSCON.
Y yo soy testigo dello; Que el dia que no era mio Guardé á tu amistad respeto.
CLARIN.
Eso es falso, porque hoy No lloraba cuando dentro De su casa entré, y con ella Estabas tú muy de asiento.
LIVIA.
No era hoy dia de plegaria.
CLARIN.
Sí era, que si bien me acuerdo, El dia que me ausenté Era mio.
LIVIA.
Ese fué yerro.
MOSCON.
Ya sé en lo que el yerro ha estado. Este fué año de bisiesto, Y fueron pares los dias.
CLARIN.
Yo me doy por satisfecho, Porque no lo ha de apurar Todo el hombre.—Mas ¿qué es esto?
_(Suena gran ruido de tempestad.)_
ESCENA XXVII.
EL GOBERNADOR, GENTE; _luego_, FABIO, LELIO Y FLORO, _todos alborotados; despues_, EL DEMONIO.
LIVIA.
La casa se viene abajo.
MOSCON.
¡Qué confusion! ¡qué portento!
GOBERN.
Sin duda se ha desplomado La máquina de los cielos.
_(Suena la tempestad, y salen Fabio, Lelio y Floro.)_
FABIO.
Apénas en el cadalso Cortó el verdugo los cuellos De Cipriano y de Justina, Cuando hizo sentimiento Toda la tierra.
LELIO.
Una nube, De cuyo abrasado seno Abortos horribles son Los relámpagos y truenos, Sobre nosotros cae.
FLORO.
Della Un disforme monstruo horrendo En las escamadas conchas De una sierpe sale, y puesto Sobre el cadalso, parece Que nos llama á su silencio.
_(Descúbrese el cadalso con las cabezas y cuerpos de Justina y Cipriano, y el Demonio, en lo alto, sobre una sierpe.)_
DEMONIO.
Oid, mortales, oid Lo que me mandan los cielos Que en defensa de Justina Haga á todos manifiesto. Yo fuí quien por disfamar Su virtud, formas fingiendo, Su casa escalé, y entré Hasta su mismo aposento; Y porque nunca padezca Su honesta fama desprecios, A restituir su honor De aquesta manera vengo. Ciprïano, que con ella Yace en feliz monumento, Fué mi esclavo; mas borrando Con la sangre de su cuello La cédula que me hizo, Ha dejado en blanco el lienzo; Y los dos, á mi pesar, A las esferas subiendo Del sacro solio de Dios, Viven en mejor imperio. Esta es la verdad, y yo La digo, porque Dios mesmo Me fuerza á que yo la diga, Tan poco enseñado á hacerlo.
_(Cae velozmente, y húndese.)_
LELIO.
¡Qué asombro!
FLORO.
¡Qué confusion!
LIVIA.
¡Qué prodigio!
TODOS.
¡Qué portento!
GOBERN.
Todos estos son encantos Que aqueste mágico ha hecho En su muerte.
FLORO.
Yo no sé Si los dudo ó si los creo.
LELIO.
A mí me admira el pensarlos.
CLARIN.
Yo solamente resuelvo Que si él es mágico, ha sido El mágico de los cielos.
MOSCON.
Pues dejando en pié la duda Del bien partido amor nuestro, Al _Mágico prodigioso_ Pedid perdon de los yerros.
EL PRÍNCIPE CONSTANTE.
PERSONAS.
DON FERNANDO, _príncipe_. DON ENRIQUE, _príncipe_. DON JUAN COUTIÑO. EL REY DE FEZ, _viejo_. MULEY, _general_. CELIN. ALFONSO, _rey de Portugal_. TARUDANTE, _rey de Marruecos_. BRITO, _gracioso_. FÉNIX, _infanta_. ROSA. ZARA. ESTRELLA. CELIMA. _Soldados portugueses._ _Cautivos._ _Moros._
La escena es en Fez y sus contornos, y en los de Tánger.
La accion principia en el año 1437.
JORNADA PRIMERA.
_Jardin del rey de Fez._
ESCENA PRIMERA.
CAUTIVOS, _que salen cantando_; ZARA.
ZARA.
Cantad aquí, que ha gustado, Miéntras toma de vestir Fénix hermosa, de oir Las canciones, que ha escuchado Tal vez en los baños, llenas De dolor y sentimiento.
CAUT. 1.º
Música cuyo instrumento Son los hierros y cadenas Que nos aprisionan, ¿puede Haberla alegrado?
ZARA.
Sí: Ella escucha desde aquí. Cantad.
CAUT. 2.º
Esa pena excede, Zara hermosa, á cuantas son, Pues solo un rudo animal, Sin discurso racional, Canta alegre en la prision.
ZARA.
¿No cantais vosotros?
CAUT. 3.º
Es Para divertir las penas Propias, mas no las ajenas.
ZARA.
Ella escucha, cantad pues.
CAUTIVOS
_(Cantando.)_ _Al peso de los años_ _Lo eminente se rinde;_ _Que á lo fácil del tiempo_ _No hay conquista difícil._
ESCENA II.
ROSA.—DICHOS.
ROSA.