Teatro selecto, tomo 1 de 4

Part 16

Chapter 163,840 wordsPublic domain

JUSTINA.

Pierda yo á tus piés la vida; Pero no me desampares. _(Vanse.)_

* * * * *

_Sala en casa de Cipriano. En el fondo una galería por donde se ve el campo._

ESCENA XVIII.

CIPRIANO, EL DEMONIO, MOSCON, CLARIN.

DEMONIO.

Desde que en tu casa entré, Te he visto sin alegría: Profunda melancolía En tu semblante se ve. Tu alivio no es bien que estorbes, Queriéndomelo ocultar, Pues sabré destachonar La clavazon de los orbes, Por solo el menor deseo Que te ofenda y te fatigue.

CIPRIAN.

No habrá mágica que obligue Al imposible que veo: Son mis ánsias infelices.

DEMONIO.

Tu amistad me las confiese.

CIPRIAN.

Quiero á una mujer.

DEMONIO.

¿Y es ese El imposible que dices?

CIPRIAN.

Si tú supieras quién es.

DEMONIO.

Curiosa atencion te doy, Miéntras que burlando estoy De que tan cobarde estés.

CIPRIAN.

La hermosa cuna temprana Del infante sol que enjuga Lágrimas cuando madruga, Vestido de nieve y grana; La verde prision ufana De la rosa cuando avisa Que ya sus jardines pisa Abril, y entre mansos hielos Al alba es llanto en los cielos, Lo que es en los campos risa; El detenido arroyuelo, Que el murmurar más süave Aun entre dientes no sabe, Porque se los prende el hielo; El clavel, que en breve cielo Es estrella de coral; El ave, que liberal Vestir matices presuma, Veloz cítara de pluma, Al órgano de cristal; El risco que al sol engaña, Si á derretirle se atreve, Pues gastándole la nieve, No le gasta la montaña; El laurel que el pié se baña Con la nieve que atropella, Y verde Narciso della, Burla sin temer desmayos, En esta parte los rayos, Y los hielos en aquella; Al fin, cuna, grana, nieve, Campo, sol, arroyo, rosa, Ave que canta amorosa, Risa que aljófares llueve, Clavel que cristales bebe, Peñasco sin deshacer, Y laurel que sale á ver Si hay rayos que le coronen, Son las partes que componen A esta divina mujer. Estoy tan ciego y perdido, Porque mi pena te asombre, Que por parecer á otro hombre, Me engañé con el vestido. Mis estudios dí al olvido Como al vulgo mi opinion, El discurso á mi pasion, A mi llanto el sentimiento, Mis esperanzas al viento, Y al desprecio mi razon. Dije (y haré lo que dije) Que ofreciera liberal El alma á un genio infernal (De aquí mi pasion colige), Porque este amor que me aflige Premiase con merecella; Pero es vana mi querella, Tanto que presumo que es El alma corto interes, Pues no me la dan por ella.

DEMONIO.

¿Tu valor ha de seguir Los pasos desesperados De amantes que se acobardan En los primeros asaltos? ¿Tan léjos ejemplos viven De bellezas que postraron Su vanidad á los ruegos, Su altivez á los halagos? ¿Quieres lograr tus deseos, Siendo su prision tus brazos?

CIPRIAN.

¿Eso dudas?

DEMONIO.

Pues envía Allá fuera esos criados, Y quedemos los dos solos.

CIPRIAN.

Idos allá fuera entrambos.

MOSCON.

Yo obedezco.

CLARIN.

Y yo tambien. (_Ap._ El tal huésped es el diablo.) _(Escóndese.)_

CIPRIAN.

Ya se fueron.

DEMONIO.

_(Ap.)_ Poco importa Que Clarin se haya quedado.

ESCENA XIX.

CIPRIANO, EL DEMONIO; CLARIN, _escondido_.

CIPRIAN.

¿Qué quieres ahora?

DEMONIO.

Esa puerta Cierra.

CIPRIAN.

Ya solos estamos.

DEMONIO.

Por gozar á esta mujer Aquí dijeron tus labios Que darás el alma.

CIPRIAN.

Sí.

DEMONIO.

Pues yo te acepto el contrato.

CIPRIAN.

¿Qué dices?

DEMONIO.

Que yo le acepto.

CIPRIAN.

¿Cómo?

DEMONIO.

Como puedo tanto, Que te enseñaré una ciencia Con que podrás á tu mando Traer la mujer que adoras; Que yo, aunque tan docto y sabio, Traerla para otro no puedo. Las escrituras hagamos Ante nosotros dos mismos.

CIPRIAN.

¿Quieres con nuevos agravios Dilatar las penas mias? Lo que ofrecí está en mi mano, Pero lo que tú me ofreces No está en la tuya, pues hallo Que sobre el libre albedrío Ni hay conjuros ni hay encantos.

DEMONIO.

Hazme la cédula tú Con tal condicion.

CLARIN.

_(Ap. al paño.)_ ¡Mal año! Segun lo que ahora he visto, No es muy bobo aqueste diablo. ¡Yo darle cédula! Aunque Se me estuvieran mis cuartos Sin alquilar veinte siglos, No la hiciera.

CIPRIAN.

Los engaños Son para alegres amigos, No para desconfiados.

DEMONIO.

Quiero darte en testimonio De lo que yo puedo y valgo, Algun indicio, aunque sea De mi poder breve rasgo. ¿Qué ves desta galería?

CIPRIAN.

Mucho cielo y mucho prado, Un bosque, un arroyo, un monte.

DEMONIO.

¿Qué es lo que más te ha agradado?

CIPRIAN.

El monte, porque es, en fin, De la que adoro retrato.

DEMONIO.

Soberbio competidor De la estacion de los años, Que te coronas de nubes, Por bruto rey de los campos, Deja el suelo, mide el viento: Mira que soy quien te llamo. Y mira tú si á una dama Traerás, si yo á un monte traigo.

_(Múdase un monte de una parte á otra en el fondo del teatro.)_

CIPRIAN.

¡No ví más confuso asombro! ¡No ví prodigio más raro!

CLARIN.

_(Ap.)_ Con el espanto y el miedo Estoy dos veces temblando.

CIPRIAN.

Pájaro que al viento vuelas, Siendo tus plumas tus ramos; Bajel que en el viento sulcas, Siendo jarcias tus penachos, Vuélvete á tu centro, y deja La admiracion y el espanto.

_(Vuélvese el monte á su lugar primero.)_

DEMONIO.

Si esta no es prueba bastante, Pronuncien otra mis labios. ¿Quieres ver esa mujer Que adoras?

CIPRIAN.

Sí.

DEMONIO.

Pues rasgando Las duras entrañas, tú, Monstruo de elementos cuatro, Manifiesta la hermosura Que en tu oscuro centro guardo.

_(Abrese un peñasco, y aparece Justina durmiendo.)_

¿Es aquella la que adoras?

CIPRIAN.

Aquella es la que idolatro.

DEMONIO.

Mira si dártela puedo, Pues donde quiera la traigo.

CIPRIAN.

Divino imposible mio, Hoy serán centro tus brazos De mi amor, bebiendo el sol Luz á luz y rayo á rayo.

DEMONIO.

Detente, que hasta que firmes La palabra que me has dado, No puedes tocarla.

_(Quiere llegar, y ciérrase el peñasco.)_

CIPRIAN.

Espera, Parda nube del más claro Sol que amaneció á mis dichas.— Mas con el viento me abrazo.— Ya creo tus ciencias, ya Confieso que soy tu esclavo. ¿Qué quieres que haga por tí? ¿Qué me pides?

DEMONIO.

Por resguardo Una cédula firmada Con tu sangre y de tu mano.

CLARIN.

_(Ap.)_ El alma le diera yo, Por no haberme aquí quedado.

CIPRIAN.

Pluma será este puñal, Papel este lienzo blanco, Y tinta para escribirlo La sangre es ya de mis brazos.

_(Escribe con la daga en un lienzo, habiéndose sacado sangre de un brazo.)_

(_Ap._ ¡Qué hielo! ¡qué horror! ¡qué asombro!) Digo yo el gran Ciprïano, Que daré el alma inmortal (¡Qué frenesí! ¡qué letargo!) A quien me enseñare ciencias (¡Qué confusiones! ¡qué espantos!) Con que pueda atraer á mí A Justina, dueño ingrato: Y lo firmé de mi nombre.

DEMONIO.

(_Ap._ Ya se rindió á mis engaños El homenaje valiente, Donde estaban tremolando El discurso y la razon.) ¿Has escrito?

CIPRIAN.

Sí, y firmado.

DEMONIO.

Pues tuyo es el sol que adoras.

CIPRIAN.

Tuya por eternos años Es el alma que te ofrezco.

DEMONIO.

Alma con alma te pago, Pues por la tuya te doy La de Justina.

CIPRIAN.

¿Qué tanto Término para enseñarme La magia tomas?

DEMONIO.

Un año, Con condicion...

CIPRIAN.

Nada temas.

DEMONIO.

Que en una cueva encerrados, Sin estudiar otra cosa, Hemos de vivir entrambos, Sirviéndonos solamente A los dos este criado, _(Saca á Clarin.)_ Que curioso se quedó, Pues con nosotros llevando Su persona, este secreto Desta suerte aseguramos.

CLARIN.

_(Ap.)_ ¡Oh nunca yo me quedara! ¿Que habiendo vecinos tantos Que acechen, no haya demonio Que venga al punto á llevarlos?

CIPRIAN.

Está bien. Dos dichas juntas Ingenio y amor lograron, Pues Justina será mia, Y yo vendré á ser espanto Del mundo con nuevas ciencias.

DEMONIO.

No salió mi intento vano.

CLARIN.

El mio sí.

DEMONIO.

Ven con nosotros. (_Ap._ Ya vencí el mayor contrario.)

CIPRIAN.

Dichosos sereis, deseos, Si tal posesion alcanzo.

DEMONIO.

(_Ap._ No ha de sosegar mi envidia Hasta que los gane á entrambos.) Vamos, y de aqueste monte En lo oculto y lo intrincado Oirás la primer licion Hoy de la mágica.

CIPRIAN.

Vamos, Que con tal maestro mi ingenio, Mi amor con dueño tan alto, Eterno será en el mundo El mágico Ciprïano.

JORNADA TERCERA.

_Bosque. En el fondo una gruta._

ESCENA PRIMERA.

CIPRIANO.

Ingrata beldad mia, Llegó el feliz, llegó el dichoso dia, Línea de mi esperanza, Término de mi amor y tu mudanza, Pues hoy será el postrero En que triunfar de tu desden espero. Este monte elevado En sí mismo al alcázar estrellado, Y aquesta cueva oscura, De dos vivos funesta sepultura, Escuela ruda han sido Donde la docta mágica he aprendido, En que tanto me muestro, Que puedo dar leccion á mi maestro. Y viendo ya que hoy una vuelta entera Cumple el sol de una esfera en otra esfera, A examinar de mis prisiones salgo Con la luz lo que puedo y lo que valgo. Hermosos cielos puros, Atended á mis mágicos conjuros; Blandos aires veloces, Parad al sabio estruendo de mis voces; Gran peñasco violento, Estremécete al ruido de mi acento; Duros troncos vestidos, Asombráos al horror de mis gemidos; Floridas plantas bellas, Al eco os asustad de mis querellas; Dulces sonoras aves, La accion temed de mis prodigios graves; Bárbaras, crueles fieras, Mirad las señas de mi afan primeras, Porque ciegos, turbados, Suspendidos, confusos, asustados, Cielos, aires, peñascos, troncos, plantas, Fieras y aves, esteis de ciencias tantas; Que no ha de ser en vano El estudio infernal de Ciprïano.

ESCENA II.

EL DEMONIO.—CIPRIANO.

DEMONIO.

Cipriano.

CIPRIAN.

¡Oh sabio maestro mio!

DEMONIO.

¿A qué, usando otra vez de tu albedrío, Más que de mi preceto, Con qué fin, por qué causa, y á qué efeto, Osado ó ignorante, Sales á ver del sol la faz brillante?

CIPRIAN.

Viendo que ya yo puedo Al infierno poner asombro y miedo, Pues con tanto cuidado La mágica he estudiado, Que áun tú mismo no puedes Decir, si es que me igualas, que me excedes; Viendo que ya no hay parte Della, que con fatiga, estudio y arte Yo no la haya alcanzado, Pues la nigromancia he penetrado, Cuyas líneas oscuras Me abrirán las funestas sepulturas, Haciendo que su centro Aborte los cadáveres, que dentro Tiranamente encierra La avarienta codicia de la tierra, Respondiendo por puntos A mis voces los pálidos difuntos; Y viendo, en fin, cumplida La edad del sol que fué plazo á mi vida, Pues corriendo veloz á su discurso, Con el rápido curso, Los cielos cada dia, Retrocediendo siempre á la porfía Del natural, en que se juzga extraño, El término fatal cumple hoy del año; Lograr mis ánsias quiero, Atrayendo á mi voz el bien que espero. Hoy la rara, hoy la bella, hoy la divina, Hoy la hermosa Justina, En repetidos lazos Llamada de mi amor, vendrá á mis brazos; Que permitir no creo De dilacion un punto á mi deseo.

DEMONIO.

Ni yo que le permitas Quiero, si es este el fin que solicitas. Con caracteres mudos La tierra línea pues, y con agudos Conjuros hiere el viento, A tu esperanza y á tu amor atento.

CIPRIAN.

Pues allí me retiro, Donde verás que cielo y tierra admiro.

_(Vase.)_

DEMONIO.

Y yo te doy licencia, Porque sé de tu ciencia y de mi ciencia Que el infierno inclemente, A tus invocaciones obediente, Podrá por mí entregarte A la hermosa Justina en esta parte; Que aunque el gran poder mio No puede hacer vasallo un albedrío, Puede representalle Tan extraños deleites, que se halle Empeñado á buscarlos, Y inclinarlos podré, si no forzarlos.

ESCENA III.

CLARIN.—EL DEMONIO.

CLARIN.

Ingrata deidad mia, No Livia ardiente, sino Livia fria, Llegó el plazo en que espero Alcanzar si tu amor es verdadero; Pues ya sé lo que basta Para ver si eres casta, ó haces casta; Que con tanto cuidado Aquí la ciencia mágica he estudiado, Que por ella he de ver (¡ay de mí triste!) Si con Moscon acaso me ofendiste. Aguados cielos (ya otro dijo puros), Atended á mis lóbregos conjuros: Montes...

DEMONIO.

Clarin, ¿qué es eso?

CLARIN.

¡Oh sabio maestro! Por la concomitancia estoy tan diestro En la magia, que quiero ver por ella Si Livia, tan ingrata como bella, Comete alguna vez superchería En la fatal estancia de mi dia.

DEMONIO.

Deja aquesas locuras, Y en lo intrincado desas peñas duras Asiste á tu señor, para que veas (Si tanta admiracion lograr deseas) El fin de su cuidado; Que solo quiero estar.

CLARIN.

Yo acompañado. Y si no he merecido Haber las ciencias tuyas aprendido, Porque, en fin, no te he hecho Cédula con la sangre de mi pecho, En este lienzo ahora _(Saca un lienzo sucio.)_ (Nunca le trae más limpio quien bien llora) La haré, para que más te escandalices, Dándome un mojicon en las narices; Que no será embarazo Salir de las narices ú del brazo.

_(Escribe en el lienzo con el dedo, habiéndose hecho sangre.)_

Digo yo, el gran Clarin, que si merezco Ver á Livia cruel, que al diablo ofrezco...

DEMONIO.

Ya digo que me dejes, Y que con tu señor de mí te alejes.

CLARIN.

Yo lo haré: no te alteres. Pues que tomar mi cédula no quieres Cuando darla procuro, Sin duda que me tienes por seguro. _(Vase.)_

ESCENA IV.

EL DEMONIO.

Ea, infernal abismo, Desesperado imperio de tí mismo, De tu prision ingrata Tus lascivos espíritus desata, Amenazando ruina Al vírgen edificio de Justina. De mil torpes fantasmas que en el viento Su casto pensamiento Hoy se forme, su honesta fantasía Se llene; y con dulcísima armonía Todo provoque amores, Los pájaros, las plantas y las flores. Nada miren sus ojos, Que no sean de amor dulces despojos; Nada oigan sus oidos, Que no sean de amor tiernos gemidos; Porque sin que defensa en su fe tenga, Hoy á buscar á Ciprïano venga, De su ciencia invocada, Y de mi ciego espíritu guiada. Empezad, que yo en tanto Callaré, porque empiece vuestro canto.

_(Vase.)_

ESCENA V.

JUSTINA; MÚSICA, _dentro_.

_(Cantan dentro.)_

UNA VOZ.

_¿Cuál es la gloria mayor_ _Desta vida?_

CORO.

_Amor, amor._

UNA VOZ.

_No hay sujeto en que no imprima_ _El fuego de amor su llama,_ _Pues vive más donde ama_ _El hombre, que donde anima._ _Amor solamente estima_ _Cuanto tener vida sabe,_ _El tronco, la flor y el ave:_ _Luego es la gloria mayor_ _De esta vida..._

CORO.

_Amor, amor._

JUSTINA.

_(Asombrada y inquieta.)_ Pesada imaginacion, Al parecer lisonjera, ¿Cuándo te he dado ocasion Para que desta manera Aflijas mi corazon? ¿Cuál es la causa, en rigor, Deste fuego, deste ardor, Que en mí por instantes creces? ¿Qué dolor el que padece Mi sentido?

CORO.

_(Dentro.)_ _Amor, Amor._

JUSTINA.

_(Sosegándose.)_ Aquel ruiseñor amante Es quien respuesta me da, Enamorando constante A su consorte, que está Un ramo más adelante. Calla, ruiseñor; no aquí Imaginar me hagas ya, Por las quejas que te oí, Cómo un hombre sentirá, Si siente un pájaro así. Mas no: una vid fué lasciva, Que buscando fugitiva Va el tronco donde se enlace, Siendo el verdor con que abrace El peso con que derriba. No así con verdes abrazos Me hagas pensar en quien amas, Vid; que dudaré en tus lazos, Si así abrazan unas ramas, Cómo enraman unos brazos. Y si no es la vid, será Aquel girasol, que está Viendo cara á cara al sol, Tras cuyo hermoso arrebol Siempre moviéndose va. No sigas, no, tus enojos, Flor, con marchitos despojos; Que pensarán mis congojas, Si así lloran unas hojas, Como lloran unos ojos, Cesa, amante ruiseñor; Desúnete, vid frondosa; Párate, inconstante flor, U decid, ¿qué venenosa Fuerza usais?

CORO.

_(Dentro.)_ _Amor, Amor._

JUSTINA.

¡Amor! ¿A quién le he tenido Yo jamás? Objeto es vano; Pues siempre despojo han sido De mi desden y mi olvido Lelio, Floro y Ciprïano. ¿A Lelio no desprecié? ¿A Floro no aborrecí? Y á Cipriano ¿no traté

_(Párase al nombrar á Cipriano, y desde allí habla inquieta otra vez.)_

Con tal rigor, que de mí Aborrecido, se fué Donde dél no se ha sabido? Mas (¡ay de mí!) ya yo creo Que esta debe de haber sido La ocasion con que ha podido Atreverse mi deseo; Pues desde que pronuncié Que vive ausente por mí, No sé (¡ay infeliz!), no sé Qué pena es la que sentí.

_(Sosiégase otra vez.)_

Mas piedad sin duda fué De ver que por mí olvidado Viva un hombre, que se vió De todos tan celebrado; Y que á sus olvidos yo Tanta ocasion haya dado.

_(Vuelve á inquietarse.)_

Pero si fuera piedad, La misma piedad tuviera De Lelio y Floro, en verdad; Pues en una prision fiera Por mí están sin libertad. _(Sosiégase.)_ Mas, ¡ay discursos! parad: Si basta ser piedad sola, No acompañeis la piedad; Que os alargais de manera Que no sé (¡ay de mí!), no sé Si ahora á buscarle fuera, Si adonde él está supiera.

ESCENA VI.

EL DEMONIO.—JUSTINA.

DEMONIO.

Ven, que yo te lo diré.

JUSTINA.

¿Quién eres tú, que has entrado Hasta este retrete mio, Estando todo cerrado? ¿Eres monstruo que ha formado Mi confuso desvarío?

DEMONIO.

No soy sino quien, movido Dese afecto que tirano Te ha postrado y te ha vencido, Hoy llevarte ha prometido Adonde está Ciprïano.

JUSTINA.

Pues no lograrás tu intento; Que esta pena, esta pasion Que afligió mi pensamiento, Llevó la imaginacion, Pero no el consentimiento.

DEMONIO.

En haberlo imaginado, Hecho tienes la mitad: Pues ya el pecado es pecado No pares la voluntad, El medio camino andado.

JUSTINA.

Desconfiarme es en vano, Aunque pensé; que aunque es llano Que el pensar es empezar, No está en mi mano el pensar, Y está el obrar en mi mano. Para haberte de seguir, El pié tengo de mover, Y esto puedo resistir, Porque una cosa es hacer Y otra cosa es discurrir.

DEMONIO.

Si una ciencia peregrina En tí su poder esfuerza, ¿Cómo has de vencer, Justina, Si inclina con tanta fuerza, Que fuerza al paso que inclina?

JUSTINA.

Sabiéndome yo ayudar Del libre albedrío mio.

DEMONIO.

Forzarále mi pesar.

JUSTINA.

No fuera libre albedrío Si se dejara forzar.

DEMONIO.

Ven donde un gusto te espera.

_(Tira de ella, y no puede moverla.)_

JUSTINA.

Es muy costoso ese gusto.

DEMONIO.

Es una paz lisonjera.

JUSTINA.

Es un cautiverio injusto.

DEMONIO.

Es dicha.

JUSTINA.

Es desdicha fiera.

DEMONIO.

¿Cómo te has de defender,

_(Tira con más fuerza.)_

Si te arrastra mi poder?

JUSTINA.

Mi defensa en Dios consiste.

DEMONIO.

Venciste, mujer, venciste _(Suéltala.)_ Con no dejarte vencer. Mas ya que desta manera De Dios estás defendida, Mi pena, mi rabia fiera Sabrá llevarte fingida, Pues no puede verdadera. Un espíritu verás, Para este efecto no más, Que de tu forma se informa, Y en la fantástica forma Disfamada vivirás. Lograr dos triunfos espero, De tu virtud ofendido: Deshonrarte es el primero, Y hacer de un gusto fingido Un delito verdadero. _(Vase.)_

ESCENA VII.

JUSTINA.

Desa ofensa al cielo apelo, Porque desvanezca el cielo La apariencia de mi fama, Bien como al aire la llama, Bien como la flor al hielo. No podrás... Mas ¡ay de mí! ¿Á quien estas voces doy? ¿No estaba ahora un hombre aquí? Sí. Mas no: yo sola estoy: No. Mas sí, pues yo le ví. ¿Por dónde se fué tan presto? ¿Si le engendró mi temor? Mi peligro es manifiesto.— ¡Lisandro, padre, señor! _(A voces.)_ ¡Livia!

ESCENA VIII.

LISANDRO Y LIVIA, _cada uno por su puerta_.—JUSTINA.

LISAND.

¿Qué es esto?

LIVIA.

¿Qué es esto?

JUSTINA.

¿Visteis un hombre (¡ay de mí!) Que ahora salió de aquí? Mal mis desdichas resisto.

LISAND.

¡Hombre aquí!

JUSTINA.

¿No le habeis visto?

LIVIA.

No, señora.

JUSTINA.

Pues yo sí.

LISAND.

¿Cómo puede ser, si ha estado Todo este cuarto cerrado?

LIVIA.

_(Ap.)_ Sin duda que á Moscon vió, Que tengo encerrado yo En mi aposento.

LISAND.

Formado Cuerpo de tu fantasía El hombre debió de ser; Que tu gran melancolía Le supo formar y hacer De los átomos del dia.

LIVIA.

Mi señor tiene razon.

JUSTINA.

No ha sido (¡ay de mí!) ilusion, Y mayor daño sospecho, Porque á pedazos del pecho Me arrancan el corazon. Algun hechizo mortal Se está haciendo contra mí, Y fuera el conjuro tal, Que á no haber Dios, desde aquí Me dejara ir tras mi mal. Mas él me ha de defender, Y no sólo del poder Desta tirana violencia; Pero mi humilde inocencia No ha de dejar padecer.— Livia, el manto, porque en tanto

_(Vase Livia.)_

Que padezco estos extremos, Tengo de ir al templo santo, Que tan secreto tenemos Los fieles.

_(Sale Livia con el manto, y pónesele á Justina.)_

LIVIA.

Aquí está el manto.

JUSTINA.

En él tengo de templar Este fuego que me abrasa.

LISAND.

Yo te quiero acompañar.

LIVIA.

_(Ap.)_ Y yo volveré á alentar En echándolos de casa.

JUSTINA.

Pues voy á ampararme así, Cielos, de vuestro favor, Confío...

LISAND.

Vamos de aquí.

JUSTINA.

Vuestra es la causa, Señor. Volved por vos, y por mí.

_(Vanse Justina y Lisandro.)_

ESCENA IX.

MOSCON.—LIVIA.

MOSCON.

¿Fuéronse ya?

LIVIA.

Ya se fueron.

MOSCON.

¡Con qué susto me tuvieron!

LIVIA.

¿Es posible que salieras Del aposento, y vinieras Donde sus ojos te vieron?

MOSCON.

¡Vive Dios, que no he salido Un instante, Livia mia, De donde estuve escondido!

LIVIA.

Pues ¿quién el hombre sería?

MOSCON.

El mismo diablo habrá sido. ¿Qué sé yo? No muestres ya Por eso, mi bien, enfado.

LIVIA.

No es por eso. _(Suspira.)_

MOSCON.

¿Qué será?

LIVIA.

¿Qué pregunta, si há que está Un dia entero encerrado Conmigo? ¿No echa de ver _(Llora.)_ Que habrá tambien menester El otro, su confidente, Que llore hoy tenerle ausente, Pues no lloré en todo ayer? ¿Hase de pensar de mí Que mujer tan fácil fuí, Que en medio año de ausencia, Falté á la correspondencia Que al ser quien soy ofrecí?

MOSCON.

¿Qué es medio año? Un año entero Há ya que pudo faltar.

LIVIA.

Es engaño, pues infiero Que yo no debo contar Los dias que no le quiero. Y si de un año (¡ay de mí!) _(Llora.)_ Te dí la mitad á tí, Fuera injuria muy cruel Contárselo todo á él.

MOSCON.

Cuando yo, ingrata, creí Que fuera tu voluntad Toda mia, ¡con piedad Haces cuentas!...

LIVIA.

Sí, Moscon, Porque en fin, cuenta y razon Conservan toda amistad.

MOSCON.

Pues que tu constancia es tal, Adios, Livia, hasta mañana. Sólo te ruega mi mal Que pues eres su terciana, No seas su sincopal.

LIVIA.

Ya tú ves que no hay en mí Malicia alguna.

MOSCON.

Es así.

LIVIA.

En todo hoy no me has de ver; Mas no sea menester Enviar mañana por tí. _(Vanse.)_

* * * * *

_Bosque._

ESCENA X.

CIPRIANO, _como asombrado_; CLARIN, _acechando, tras él_.

CIPRIAN.

Sin duda se han rebelado En los imperios cerúleos Las tropas de las estrellas, Pues me niegan sus influjos. Comunidades ha hecho Todo el abismo profundo, Pues la obediencia no rinde Que me debe por tributo. Una y mil veces el viento Estremezco á mis conjuros, Y una y mil veces la tierra Con mis caracteres sulco, Sin que me ofrezca á mis ojos El humano sol que busco, El cielo humano que espero En mis brazos.

CLARIN.

Eso ¿es mucho? Pues una y mil veces yo Hago en la tierra dibujos, Una y mil veces el viento A puras voces aturdo, Y tampoco viene Livia.

CIPRIAN.

Esta vez sola presumo Volver á invocarla.—Escucha, Bella Justina...

ESCENA XI.

_Aparece una_ FIGURA _fantástica de Justina_.—CIPRIANO, CLARIN.

FIGURA.

Ya escucho; Que forzada de tus voces, Aquestos montes discurro. ¿Qué me quieres? ¿Qué me quieres, Ciprïano?

CIPRIAN.