Part 15
Mereceros un olvido. ¿De qué manera quereis Que os diga cuánto es en vano La asistencia, Ciprïano, Que á mis umbrales teneis? Si dias, si meses, si años, Si siglos á ellos estais, No espereis que á ellos oigais Sino solos desengaños: Porque es mi rigor de suerte, De suerte mis males fieros, Que es imposible quereros, Ciprïano, hasta la muerte. _(Vase retirando.)_
CIPRIAN.
_(Siguiéndola.)_ La esperanza que me dais, Ya dichoso puede hacerme. Si en muerte habeis de quererme, Muy corto plazo tomais. Yo le acepto, y si á advertir Llegais cuán presto ha de ser, Empezad vos á querer, Que ya empiezo yo á morir. _(Vase Justina.)_
ESCENA III.
CIPRIANO, MOSCON, CLARIN, LIVIA.
CLARIN.
En tanto que mi señor, Livia, triste y discursivo, Está de esqueleto vivo Desengañando su amor, Dáme los brazos.
LIVIA.
Paciencia Ten, miéntras que considero Si es tu dia; que no quiero Encargar yo mi conciencia.— Mártes sí, miércoles no.
CLARIN.
¿Qué cuentas, pues ha callado Moscon?
LIVIA.
Puede haberse errado, Y no quiero errarme yo; Porque no quiero, si arguyo Que justicia he de guardar, Condenarme por no dar A cada uno lo que es suyo.— Pero bien dices, tu dia Es hoy.
CLARIN.
Pues dáme los brazos.
LIVIA.
Con mil amorosos lazos.
MOSCON.
¿Oye usarced, reina mia? Bien ve usarced, con la gana Que hoy aquesos lazos hace: Dígolo porque me abrace Con la misma á mí mañana.
LIVIA.
Excusada es la sospecha De que á usted no satisfaga, Ni quiera Júpiter que haga Yo una cosa tan mal hecha Como usar de demasía Con nadie. Yo abrazaré Con mucha equidad á usté Cuando le toque su dia. _(Vase.)_
ESCENA IV.
CIPRIANO, MOSCON, CLARIN.
CLARIN.
Por lo ménos, no he de vello Yo.
MOSCON.
Pues eso ¿qué ha importado? ¿Puede á mí haberme agraviado Jamás, si reparo en ello. Una moza que no es mia?
CLARIN.
No.
MOSCON.
Luego yo bien porfío Que no ha sido en daño mio Lo que no ha sido en mi dia. Mas ¿qué hace nuestro amo allí Tan suspenso?
CLARIN.
Por si á hablar Llega algo, quiero escuchar.
MOSCON.
Y yo tambien.
CIPRIAN.
¡Ay de mí!
_(Al irse acercando cada uno por su lado. Cipriano con la accion les da á entrambos.)_
¡Que tanto, amor, desconfíes!
CLARIN.
¡Ay de mí!
MOSCON.
¡Ay de mí! tambien.
CLARIN.
Llamar á este sitio es bien La isla de los ay-de-míes.
CIPRIAN.
¿Aquí estábades los dos?
CLARIN.
Yo bien juraré que estaba.
MOSCON.
Yo y todo.
CIPRIAN.
Desdicha, acaba De una vez conmigo. ¡Ay Dios! ¿Vióse en tan nuevos extremos El humano corazon? _(Vanse.)_
* * * * *
_Campo._
ESCENA V.
CIPRIANO, CLARIN, MOSCON.
CLARIN.
¿Adónde vamos, Moscon?
MOSCON.
En llegando lo sabremos Pero fuera del lugar Camina.
CLARIN.
Excusado es Salirnos al campo, pues No tenemos que estudiar.
CIPRIAN.
Clarin, véte á casa.
MOSCON.
¿Y yo?
CLARIN.
¿Tú te habias de quedar?
CIPRIAN.
Los dos me habeis de dejar.
CLARIN.
A entrambos nos lo mandó.
_(Vanse Clarin y Moscon.)_
ESCENA VI.
CIPRIANO.
Confusa memoria mia, No tan poderosa estés, Que me persuadas que es Otra alma la que me guía. Idólatra me cegué, Ambicioso me perdí, Porque una hermosura ví, Porque una deidad miré; Y entre confusos desvelos De un equívoco rigor, Conozco á quien tengo amor, Y no de quien tengo celos. Y tanto aquesta pasion Arrastra mi pensamiento, Tanto (¡ay de mí!) este tormento Lleva mi imaginacion, Que diera (despecho es loco, Indigno de un noble ingenio) Al más diabólico genio (Harto al infierno provoco), Ya rendido, y ya sujeto Á penar y padecer, Por gozar esta mujer, Diera el alma.
ESCENA VII.
EL DEMONIO.—CIPRIANO.
DEMONIO.
_(Dentro.)_ Yo la aceto.
_(Suena ruido de truenos, con tempestad y rayos.)_
CIPRIAN.
¿Qué es esto, cielos puros? ¡Claros á un tiempo, y en el mismo oscuros, Dando al dia desmayos! Los truenos, los relámpagos y rayos Abortan de su centro Los asombros que ya no caben dentro. De nubes todo el cielo se corona, Y preñado de horrores, no perdona El rizado copete deste monte. Todo nuestro horizonte Es ardiente pincel del Mongibelo, Niebla el sol, humo el aire, fuego el cielo. ¡Tanto ha que te dejé, filosofía, Que ignoro los efectos deste dia! Hasta el mar sobre nubes se imagina Desesperada ruina, Pues crespo sobre el viento en leves plumas, Le pasa por pavesas las espumas. Naufragando una nave, En todo el mar parece que no cabe; Pues el amparo más seguro y cierto Es cuando huye la piedad del puerto. El clamor, el asombro y el gemido Fatal presagio han sido De la muerte que espera; y lo que tarda Es porque esté muriendo lo que aguarda. Y áun en ella tambien vienen portentos; No son todos de cielos y elementos. Sin duda se vistió de la tormenta[5]. Á chocar con la tierra Viene. Ya no es del mar sólo la guerra, Pues la que se le ofrece, Un peñasco le arrima en que tropiece, Porque la espuma en sangre se salpique.
_(Suena la tempestad, y dan voces dentro.)_
[5] No hay verso que consuene con este. Para el metro y para el sentido falta algo.
_Voces._
_(Dentro.)_ Que nos vamos á pique.
DEMONIO.
En una tabla quiero _(Dentro.)_ Salir á tierra, para el fin que espero.
CIPRIAN.
Porque su horror se asombre, Burlando su poder, escapa un hombre, Y el bajel, que en las ondas ya se ofusca, El camarin de los tritones busca, Y en crespo remolino, Es cadáver del mar, cascado el pino.
_(Sale el Demonio, mojado, como que sale del mar.)_
DEMONIO.
(_Para sí._ Para el prodigio que intento, Hoy me ha importado fingir Sobre campos de zafir, Este espantoso portento; Y en forma desconocida De la que otra vez me vió, Cuando en este monte yo Miré mi ciencia excedida, Vengo á hacerle nueva guerra, Valiéndome así mejor De su ingenio y de su amor.) Dulce madre, amada tierra, Dáme amparo contra aquel Monstruo que de sí me arroja.
CIPRIAN.
Pierde, amigo, la congoja Y la memoria cruel De tu reciente fortuna, Viendo en tu mayor trabajo Que no hay firme bien debajo De los cercos de la luna.
DEMONIO.
¿Quién eres tú, á cuyas plantas Mi fortuna me ha traido?
CIPRIAN.
Quien, de la piedad movido De penas y ruinas tantas, Serte de alivio quisiera.
DEMONIO.
Imposible vendrá á ser; Que no le puedo tener Yo jamás.
CIPRIAN.
¿De qué manera?
DEMONIO.
Todo mi bien he perdido... Pero sin razon me quejo, Pues ya con la vida dejo Mis memorias al olvido.
CIPRIAN.
Ya que de aquel torbellino El terremoto cesó, Y el cielo á su paz volvió, Manso, quieto y cristalino, Con tal priesa, que su grave Enojo nos da á entender Que sólo debió de ser Hasta sumergir tu nave, Díme quién eres, siquiera Por la piedad que me das.
DEMONIO.
Más de lo que has visto y más De lo que decir pudiera, Me cuesta el llegar aquí; Que en mi fortuna cruel, La menor es del bajel. ¿Quieres ver si es cierto?
CIPRIAN.
Sí.
DEMONIO.
Yo soy, pues saberlo quieres, Un epílogo, un asombro De venturas y desdichas, Que unas pierdo y otras lloro. Tan galan fuí por mis partes, Por mi lustre tan heroico, Tan noble por mi linaje Y por mi ingenio tan docto, Que aficionado á mis prendas Un rey, el mayor de todos (Puesto que todos le temen, Si le ven airado el rostro), En su palacio cubierto De diamantes y piropos (Y áun si los llamase estrella Fuera el hipérbole corto), Me llamó valido suyo, Cuyo aplauso generoso Me dió tan grande soberbia, Que competí al regio solio, Queriendo poner las plantas Sobre sus dorados tronos. Fué bárbaro atrevimiento: Castigado lo conozco. Loco anduve; pero fuera, Arrepentido, más loco. Más quiero en mi obstinacion Con mis alientos briosos Despeñarme de bizarro, Que rendirme de medroso. Si fueron temeridades, No me ví en ellas tan solo, Que de sus mismos vasallos No tuviese muchos votos. De su corte, en fin, vencido, Aunque en parte victorioso, Salí arrojando venenos Por la boca y por los ojos, Y pregonando venganzas, Por ser mi agravio notorio, Logrando en las gentes suyas Insultos, muertes y robos. Los anchos campos del mar, Sangriento pirata corro, Argos ya de sus bajíos, Y lince de sus escollos. En aquel bajel que el viento Desvaneció en leves soplos; En aquel bajel que el mar Convirtió en ruina sin polvo, Esas campañas de vidrio Hoy corria codicioso, Hasta examinar un monte Piedra á piedra y tronco á tronco; Porque en él un hombre vive, Y á buscarle me dispongo, A que cumpla una palabra Que el me ha dado y yo le otorgo. Embistióme esta tormenta; Y aunque pudo prodigioso Mi ingenio enfrenar á un tiempo Al euro, al cierzo y al noto, No quise desesperado, Por otras causas, por otros Fines, convertirlos hoy En regalados favonios. (_Ap._ Que pude, dije, y no quise: Aquí de su ingenio noto Los riesgos, pues desta suerte A mágicas le aficiono.) No te espantes del despecho, Ni del prodigio tampoco: De aquel, porque yo con ira Me diera muerte á mí propio; Ni deste, porque con ciencias Daré al sol pálido asombro. Soy en la magia que alcanzo, El registro poderoso Desos orbes: línea á línea Los he discurrido todos. Y porque no te parezca Que sin ocasion blasono, Mira si á este mismo instante Quieres que lo inculto y tosco Deste Nembrot de peñascos, Más bruto que el babilonio, Te facilite lo horrible, Sin que pierda lo frondoso. Este soy, huérfano huésped Destos fresnos, destos chopos; Y aunque este soy, á tus plantas Quiero pedirte socorro; Y quiero en el que me dieres, Librarte el bien que te compro Con el afan de mi estudio, Que en experiencias abono, Trayéndote á tu albedrío (_Ap._ Aquí en el amor le toco) Cuanto te pida el deseo Más avaro y codicioso. Y en tanto que no le aceptes, Ya de cortés, ya de corto, Págate de los deseos, Si es que en tí no los malogro; Que por la piedad que muestras (Que agradezco y que conozco), Seré tu amigo tan firme, Que ni el repetido monstruo De sucesos, la fortuna, Que entre baldones y elogios, Próspera y adversa muestra Lo avaro y lo generoso; Ni en su contínua tarea Corriendo y volando á tornos El tiempo, iman de los siglos; Ni el cielo, ni el cielo proprio, A cuyos astros el mundo Debe el bellísimo adorno, Tendrán poder de apartarme De tu lado un punto sólo, Como aquí me des amparo; Y áun todo aquesto es muy poco Para lo que yo intereso, Si mis pensamientos logro.
CIPRIAN.
Puedo decir que al mar albricias pido De que te hayas perdido, Y á este monte llegaras, Donde verás bien claras Muestras de la amistad que ya te ofrezco, Si feliz por mi huésped te merezco: Y así, vénte conmigo; Que he de estimarte por seguro amigo. Mi huésped has de ser miéntras quisieres Servirte de mi casa.
DEMONIO.
¿Ya me quieres Por tuyo?
CIPRIAN.
Con los brazos Firme nuestra amistad eternos lazos. (_Ap._ ¡Oh si á alcanzar llegase Que aqueste hombre la magia me enseñase! Pues con ella quizá mi amor podria En parte divertir la pena mia; O podria mi amor quizá con ella En todo conseguir la causa bella De mi rabia, mi furia y mi tormento.)
DEMONIO.
_(Ap.)_ Ya al ingenio y amor le miro atento.
ESCENA VIII.
CLARIN Y MOSCON, _cada uno por su parte, corriendo_.—CIPRIANO, EL DEMONIO.
CLARIN.
¿Estás vivo, señor?
MOSCON.
_(A Clarin.)_ ¡Civilidades Gastas por novedades! Claro está, pues le miras, que está vivo.
CLARIN.
He usado deste modo admirativo Para ponderacion, noble lacayo, Del milagro que fué no darle un rayo De tantos como vió aquesta montaña.
MOSCON.
Pues el mirarlo ¿no te desengaña?
CIPRIAN.
Estos son mis criados.— ¿A qué volveis?
MOSCON.
A darte más enfados.
DEMONIO.
Tienen alegre humor.
CIPRIAN.
A mí me tienen Cansado, porque siempre necios vienen.
MOSCON.
¿Quién es aqueste hombre, Señor?
CIPRIAN.
Un huésped mio, no os asombre.
CLARIN.
¿Para qué quieres huéspedes ahora?
CIPRIAN.
_(Al Demonio)_ Lo que merece tu valor ignora.
MOSCON.
Mi señor hace bien. ¿Has de heredalle?
CLARIN.
No; pero tiene talle El tal huésped, si acaso no me engaño, De estarse en casa un año y otro año.
MOSCON.
¿De qué lo infieres?
CLARIN.
Cuando aprisa pasa Un huésped, decir suelen: «No hará en casa Mucho humo;» y de aqueste...
MOSCON.
Dí.
CLARIN.
Presumo...
MOSCON.
¿Qué?
CLARIN.
Que ha de hacer en casa mucho humo.
CIPRIAN.
Para que te repares De las iras del mar y tus pesares, Vénte conmigo.
DEMONIO.
Voy á obedecerte.
CIPRIAN.
Tu descanso procuro.
DEMONIO.
_(Ap.)_ Yo tu muerte. Y pues ya he conseguido El mirarme contigo introducido, Ir á alterar mi saña determina De otra suerte tambien la de Justina.
_(Vanse Cipriano y el Demonio.)_
CLARIN.
¿No sabes qué he pensado?
MOSCON.
¿Qué?
CLARIN.
Que del terremoto ha reventado Algun volcan; que mucho azufre he olido.
MOSCON.
Que es el huésped á mí me ha parecido.
CLARIN.
Malas pastillas gasta. Mas ya infiero La causa.
MOSCON.
¿Qué es?
CLARIN.
El pobre caballero Debe de tener sarna, y hase untado Con ungüento de azufre.
MOSCON.
En ello has dado.
_(Vanse.)_
* * * * *
_Calle._
ESCENA IX.
LELIO, FABIO.
FABIO.
En fin, ¿vuelves á esta calle?
LELIO.
La vida en ella perdí, Y vuelvo á buscarla aquí: Quiera amor que yo la halle. ¡Ay de mí!
FABIO.
A la puerta estás De la casa de Justina.
LELIO.
¿Qué importa, si hoy determina Mi amor declararse más? Que pues á ver he llegado Que á otro de noche se fía, No es mucho que yo de dia Desahogue mi cuidado. Retírate tú, porque El entrar solo es mejor. Mi padre es gobernador De Antioquía: bien podré Con este aliento y la furia Que á despeñarme camina, En casa entrar de Justina, Y quejarme de su injuria. _(Vanse.)_
* * * * *
_Sala en casa de Lisandro._
ESCENA X.
JUSTINA; _y luego_, LELIO.
JUSTINA.
Livia... Mas ¿quién está al paso?
_(Sale Lelio.)_
LELIO.
Yo soy.
JUSTINA.
Pues ¿qué novedad, Señor, qué temeridad Obliga?...
LELIO.
Cuando me abraso Tanto, á mis celos sujeto, No lo he de estar á tu honor. Perdona, que con mi amor Ha espirado tu respeto.
JUSTINA.
¿Pues cómo tan atrevido Osas...
LELIO.
Como estoy furioso.
JUSTINA.
Entrar...
LELIO.
Como estoy celoso.
JUSTINA.
Aquí...
LELIO.
Como estoy perdido.
JUSTINA.
Sin advertir y sin ver El escándalo que da Que?...
LELIO.
No te aflijas, pues ya Tienes poco que perder.
JUSTINA.
Mira, Lelio, mi opinion.
LELIO.
Justina, eso mejor fuera Que tu voz se lo dijera A quien por ese balcon Sale de noche. No quiero Más de que sepas que sé Tus liviandades, por que Ménos ingrato y severo Tu honor esté con mi amor; Que es tu desden más injusto Porque tienes otro gusto, Que porque tienes honor.
JUSTINA.
Calla, calla, no hables más. ¿Quién en mi casa se atreve, Ni quién en mi ofensa mueve Paso y voz? ¿Tan ciego estás, Tan atrevido, tan loco, Que con fingidas quimeras Eclipsar las luces quieras Que áun al sol tienen en poco? ¿Hombre de mi casa...
LELIO.
Sí.
JUSTINA.
Por mi balcon?...
LELIO.
Mi dolor Lo diga, ingrata.
JUSTINA.
¡Ay honor! Volved por vos y por mí.
ESCENA XI.
EL DEMONIO, _por la puerta que está á espaldas de Justina_.—DICHOS.
DEMONIO.
_(Ap.)_ Acudiendo mi furor A los dos cargos que tengo, A esta casa á entablar vengo El escándalo mayor Del mundo; y pues ya este amante Tan despechado y tan ciego Está, avívese su fuego. Ponerme quiero delante, Y como huyendo, despues De ser visto, retirarme.
_(Hace como que va á salir, y en viéndole Lelio, se reboza y vuelve á entrarse.)_
JUSTINA.
Hombre, ¿vienes á matarme?
LELIO.
No, sino á morir.
JUSTINA.
¿Qué ves, Que de nuevo te has mudado?
LELIO.
Los engaños tuyos veo. Dí ahora que mi deseo Mis ofensas ha inventado. Un hombre deste aposento Iba á salir: como vió Gente, embozado volvió A retirarse.
JUSTINA.
En el viento Te finge tu fantasía Ilusiones.
LELIO.
¡Pena brava!
JUSTINA.
¿Pues de noche no bastaba, Lelio, mas tambien de dia La luz quieres engañar?
LELIO.
Si es engaño ó no es engaño, Así veré el desengaño.
_(Éntrase por donde estaba el Demonio.)_
JUSTINA.
No te lo quiero excusar. Porque la inocencia mia, A costa desta licencia, Desvanezca la apariencia De la noche con el dia.
ESCENA XII.
LISANDRO.—JUSTINA; LELIO, _dentro_.
LISAND.
Justina.
JUSTINA.
_(Ap.)_ Esto me faltaba. ¡Ay de mí, si Lelio sale, Estando Lisandro aquí!
LISAND.
Mis desdichas, mis pesares Vengo á consolar contigo.
JUSTINA.
¿Qué tienes, que en el semblante Muestras disgusto y tristeza?
LISAND.
No es mucho, cuando se rasgue El corazon. Con el llanto Pasar no puedo adelante.
_(Aparece Lelio á la puerta del cuarto.)_
LELIO.
_(Ap.)_ Ahora acabo de creer Que sombra los celos hacen, Pues no está en este aposento, Ni tuvo por dónde echarse El hombre que ví.
JUSTINA.
_(Ap. á Lelio.)_ No salgas, Lelio, que está aquí mi padre.
LELIO.
Esperaré á que se ausente, Convalecido en mis males. _(Retírase.)_
JUSTINA.
¿De qué lloras? ¿Qué suspiras? ¿Qué tienes, señor? ¿Qué traes?
LISAND.
Tengo el dolor más sensible, Traigo la pena más grave Que vió la tierna piedad, Para ejemplos miserables, Con que la crueldad se baña De tanta inocente sangre. Al Gobernador envía El césar Decio inviolable Un decreto... Hablar no puedo.
JUSTINA.
_(Ap.)_ ¿Quién vió pena semejante? Lisandro, compadecido De los cristianos ultrajes, Conmigo habla, sin saber Que Lelio puede escucharle, Hijo del Gobernador.
LISAND.
En fin, Justina...
JUSTINA.
No pases, Señor, si así has de sentirlo, Con el discurso adelante.
LISAND.
Déjame que le repita; Que contigo, es aliviarle. En él manda...
JUSTINA.
No prosigas, Cuando es tan justo que engañes Tu vejez con más sosiego.
LISAND.
Cuando, porque me acompañes En los sentimientos vivos Que bastan para matarme, Te doy cuenta del decreto Más cruel que vió la márgen Del Tiber, con sangre escrito Para manchar sus cristales, ¡Me diviertes! De otra suerte Solias, Justina, escucharme Estas lástimas.
JUSTINA.
Señor, No son los tiempos iguales.
LELIO.
_(Ap. al paño.)_ No oigo todo lo que hablan, Sino destroncado á partes.
ESCENA XIII.
FLORO, JUSTINA, LISANDRO; LELIO, _al paño_.
FLORO.
_(Ap.)_ Licencia tiene un celoso Que llega á desengañarse De una hipócrita virtud, Sin que más respetos guarde. Con este intento hasta aquí... Mas con ella está su padre: Esperaré otra ocasion.
LISAND.
¿Quién pisa aquestos umbrales?
FLORO.
(_Ap._ Ya no es posible ¡ay de mí! Que me vuelva sin hablarle. Daréle alguna disculpa.) Yo soy...
LISAND.
¿Tú en mi casa?
FLORO.
A hablarte Vengo, si me das licencia, Sobre un negocio importante.
JUSTINA.
_(Ap.)_ Duélete de mí, fortuna; Que son estos muchos lances.
LISAND.
Pues ¿qué mandas?
FLORO.
_(Ap.)_ ¿Qué diré Que deste empeño me saque?
LELIO.
_(Al paño.)_ ¡Floro en casa de Justina Con libertad entra y sale! Si son fingidos aquellos Celos, ya estos son verdades.
LISAND.
Mudado traes el color.
FLORO.
No te admires, no te espantes, Que vengo á darte un aviso, Que es á tu vida importante, De un enemigo que tienes, Que de tu muerte en alcance Anda. Esto basta que diga.
LISAND.
_(Ap._ Sin duda que Floro sabe Que yo soy cristiano, y viene Con esta causa á avisarme De mi peligro.) Prosigue, Y nada, Floro, me calles.
ESCENA XIV.
LIVIA.—JUSTINA, LISANDRO, FLORO; LELIO, _al paño_.
LIVIA.
Señor, el Gobernador Me ha mandado que te llame, Y á la puerta está esperando.
FLORO.
Mejor será que yo aguarde: (_Ap._ Pensaré en tanto el engaño) Y así es bien que le despaches,
LISAND.
Estimo tu cortesía. Aquí volveré al instante.
_(Vasen Lisandro y Livia.)_
ESCENA XV.
JUSTINA, FLORO; LELIO, _al paño_.
FLORO.
¿Eres tú la virtüosa Que á las lisonjas süaves Del templado viento llamas Descomedidos ultrajes? Pues ¿cómo de tu recato Y de tu casa las llaves Rendiste?
JUSTINA.
Floro, detente: No tan descortés agravies Opinion de quien el sol Hizo el más costoso exámen De pura y limpia.
FLORO.
Ya llega Aquesa vanidad tarde, Pues ya yo sé á quién has dado Libre entrada...
JUSTINA.
¿Qué así hables?
FLORO.
Por un balcon.
JUSTINA.
No pronuncies...
FLORO.
A tu honor...
JUSTINA.
¿Que así me trates?
FLORO.
Sí, que no merecen más Hipócritas humildades.
LELIO.
_(Ap.)_ Floro no fué el del balcon. Sin duda que hay otro amante, Puesto que ni él ni yo fuimos.
JUSTINA.
Pues tienes ilustre sangre, No ofendas nobles mujeres.
FLORO.
¡Que noble mujer te llames, Cuando á tus brazos le admites, Y por tus balcones sale! Rindióte el poder; que como Es gobernador su padre, Te llevó la vanidad De ver que á Antioquía mande...
LELIO.
_(Ap.)_ De mí habla.
FLORO.
Sin mirar Otros defectos más grandes, Que la autoridad encubre En sus costumbres y sangre. Pero no...
_(Sale Lelio.)_
LELIO.
Floro, detente, Y no en mi ausencia me agravies; Que hablar del competidor Mal, es de pechos cobardes. Y salgo á que no prosigas, Corrido de tantos lances Como contigo he tenido, Sin que en ninguno te mate.
JUSTINA.
¿Quién, sin culpa, se vió nunca En tan peligrosos lances?
FLORO.
Cuanto yo de tí dijera Detras, te diré delante, Y es verdad no sospechosa.
_(Empuñan las espadas.)_
JUSTINA.
Tente, Lelio; Floro, ¿qué haces?
LELIO.
Tomar la satisfaccion Adonde escucho el desaire.
FLORO.
Sustentaré lo que dije Donde lo dije.
JUSTINA.
¡Libradme, Cielos, de tantas fortunas!
FLORO.
Y yo sabré castigarte.
ESCENA XVI.
EL GOBERNADOR, LISANDRO, GENTE.—JUSTINA, LELIO, FLORO.
TODOS LOS QUE SALEN
Tenéos.
JUSTINA.
¡Ay infelice!
GOBERN.
¿Qué es esto? Mas ¿no es bastante Indicio espadas desnudas, Para que pueda informarme?
JUSTINA.
¡Qué desdicha!
LISAND.
¡Qué pesar!
LELIO.
Señor...
GOBERN.
Baste, Lelio, baste. ¿Tú inquieto, siendo mi hijo? ¿Tú de mi favor te vales Para alterar á Antioquía?
LELIO.
Señor, advierte...
GOBERN.
Llevadles; Que no ha de haber excepcion, Ni privilegios de sangre, Para no igualar castigos, Pues son las culpas iguales.
LELIO.
_(Ap.)_ Celos traje, y llevo agravios.
FLORO.
_(Ap.)_ Penas á penas se añaden.
GOBERN.
En diferentes prisiones, Y con gente que los guarde, A los dos tened.—Y vos, Lisandro, ¿tan nobles partes Es posible que mancheis, Sufriendo?...
LISAND.
No, no os engañen Deslumbradas apariencias, Porque Justina no sabe La ocasion.
GOBERN.
¿Dentro en su casa Quereis que viva ignorante, Mozos ellos, y ella hermosa? En peligro tan culpable Me templo, porque no digan Que sentencio como parte, Siendo apasionado juez; Mas vos que esto ocasionasteis, Ya perdida la vergüenza, Sé que volveréis á darme Ocasion (que la deseo) Para que nos desengañen De vuestra virtud mentida Verdaderas liviandades.
_(Vanse el Gobernador y la gente, con Lelio y Floro.)_
ESCENA XVII.
JUSTINA, LISANDRO.
JUSTINA.
Mis lágrimas os respondan.
LISAND.
Ya lloras sin fruto y tarde. ¡Oh qué mal, Justina, hice El dia que á declararte Llegué quién eras! ¡Oh nunca Te contara que en la márgen De un arroyo, en ese monte Fuiste parto de un cadáver!
JUSTINA.
Yo...
LISAND.
No des satisfacciones.
JUSTINA.
Los cielos han de abonarme.
LISAND.
¡Qué tarde será!
JUSTINA.
No hay plazo Que en la vida llegue tarde.
LISAND.
Para castigar delitos.
JUSTINA.
Para acrisolar verdades.
LISAND.
Por lo que ví te condeno.
JUSTINA.
Yo á tí por lo que ignoraste.
LISAND.
Déjame, que voy muriendo, Donde mi dolor me acabe.