Teatro selecto, tomo 1 de 4

Part 14

Chapter 143,847 wordsPublic domain

Señor...

CIPRIANO.

No hableis más palabra.— Pues ¿qué es esto? Dos amigos, Que por su sangre y su fama Hoy son de toda Antioquía Los ojos y la esperanza, Uno del Gobernador Hijo, y otro de la clara Familia de los Colaltos, ¡Así aventuran y arrastran Dos vidas que pueden ser De tanto honor á su patria!

LELIO.

Ciprïano, aunque el respeto Que debo por muchas causas A tu persona, este instante Tiene suspensa mi espada, No la tienes reducida A la quietud de la vaina Tú sabes de ciencias más Que de duelos, y no alcanzas Que á dos nobles en el campo No hay respeto que les haga Amigos, pues sólo es medio Morir uno en la demanda.

FLORO.

Lo mismo te digo, y ruego Que con tu gente te vayas, Pues que riñendo nos dejas Sin traicion y sin ventaja.

CIPRIAN.

Aunque os parece que ignoro Por mi profesion las várias Leyes del duelo que estudia El valor y la arrogancia, Os engañais; que nací Con obligaciones tantas Como los dos, á saber Qué es honor y qué es infamia. Y no el darme á los estudios Mis alientos acobarda; Que muchas veces se dieron Las manos letras y armas. Si el haber salido al campo Es del reñir circunstancia, Con haber reñido ya Esa calumnia se salva. Y así, bien podeis decir Desta pendencia la causa; Que yo, si habiéndola oido, Reconociere al contarla Que alguno de los dos tiene Algo que se satisfaga, De dejaros á los dos Solos, os doy la palabra.

LELIO.

Pues con esa condicion De que en sabiendo la causa Nos has de dejar reñir, Yo me prefiero á contarla. Yo quiero á una dama bien, Y Floro quiere á esta dama: ¡Mira tú cómo podrás Convenirnos! pues no hay traza Con que dos nobles celosos Den á partido sus ánsias.

FLORO.

Yo quiero á esta dama, y quiero Que no se atreva á mirarla Ni áun el sol; y pues no hay Medio aquí, y que la palabra Nos has dado de dejarnos Reñir, á un lado te aparta.

CIPRIAN.

Esperad, que hay que saber Más. Decidme, ¿es esta dama A la esperanza posible, Ó imposible á la esperanza?

LELIO.

Tan principal es, tan noble, Que si el sol celos causara A Floro, áun dél no podria Tenerlos con justa causa, Porque presumo que el sol Aun no se atreve á mirarla.

CIPRIAN.

¿Casáraste tú con ella?

FLORO.

Ahí está mi confianza.

CIPRIAN.

¿Y tú?

LELIO.

¡Pluguiera á los cielos Que á tanta dicha llegara! Que aunque es en extremo pobre, La virtud por dote basta.

CIPRIAN.

Pues si á casaros con ella Aspirais los dos, ¿no es vana Accion, culpable é indigna, Querer ántes disfamarla? ¿Qué dirá el mundo, si alguno De los dos con ella casa, Despues de haber muerto al otro Por ella? que aunque no haya Ocasion para decirlo, Decirlo sin ella basta. No digo yo que os sufrais El servirla y festejarla A un tiempo, porque no quiero Que de mí partido salga Tan cobarde; que el galan Que de sus celos pasara Primero la contingencia, Pasará despues la infamia; Pero digo que sepais De cuál de los dos se agrada, Y luego...

LELIO.

Detente, espera; Que es accion cobarde y baja Ir á que la dama diga A quién escoge la dama, Pues ha de escogerme á mí O á Floro. Si á mí, me agrava Más el empeño en que estoy, Pues es otro empeño que haya Quien quiera á la que me quiere. Si á Floro escoge, la saña De que á otro quiera quien quiero, Es mayor: luego excusada Accion es que ella lo diga, Pues con cualquier circunstancia Hemos en apelacion De volver á las espadas: El querido por su honor, Y el otro por su venganza.

FLORO.

Confieso que esa opinion Recibida es y asentada, Mas con las damas que amores Elegir y dejar tratan; Y así, hoy pedírsela intento A su padre. Y pues me basta Habiendo al campo salido, Haber sacado la espada (Mayormente cuando hay Quien el reñir embaraza), Con satisfaccion bastante La vuelvo, Lelio, á la vaina.

LELIO.

En parte me ha convencido Tu razon; y aunque apurarla Pudiera, más quiero hacerme De su parte, ó cierta ó falsa. Hoy la pediré á su padre.

CIPRIAN.

Supuesto que aquesta dama En que los dos la sirvais Ella no aventura nada, Pues que confesais los dos Su virtud y su constancia, Decidme quién es; que yo, Pues que tengo mano tanta En la ciudad, por los dos Quiero preferirme á hablarla, Para que esté prevenida Cuando á eso su padre vaya.

LELIO.

Dices bien.

CIPRIAN.

¿Quién es?

FLORO.

Justina, De Lisandro hija.

CIPRIAN.

Al nombrarla He conocido cuán pocas Fueron vuestras alabanzas; Que es virtuosa y es noble. Luégo voy á visitarla.

FLORO.

_(Ap.)_ El cielo en mi favor mueva Su condicion siempre ingrata. _(Vase.)_

LELIO.

Corone amor al nombrarme, De laurel mis esperanzas. _(Vase.)_

CIPRIAN.

¡Oh, quiera el cielo que estorbe Escándalos y desgracias! _(Vase.)_

ESCENA VI.

MOSCON, CLARIN.

MOSCON.

¿Ha oido vuesa merced Que nuestro amo va á la casa De Justina?

CLARIN.

Sí señor, ¿Qué hay, que vaya ó que no vaya?

MOSCON.

Hay que no tiene que hacer Allá usarced.

CLARIN.

¿Por qué causa?

MOSCON.

Porque yo por Livia muero, Que es de Justina criada, Y no quiero que se atreva Ni el mismo sol á mirarla.

CLARIN.

Basta, que no he de reñir En ningun tiempo por dama Que ha de ser esposa mia.

MOSCON.

Aquesa opinion me agrada, Y así es bien que diga ella Quién la obliga, ó quién la cansa. Vámonos allá los dos, Y ella elija.

CLARIN.

Es buena traza; Aunque ha de escogerte, temo.

MOSCON.

¿Ya tienes deso confianza?

CLARIN.

Sí, que lo peor escogen Siempre las Livias ingratas. _(Vanse.)_

* * * * *

_Sala en casa de Lisandro._

ESCENA VII.

JUSTINA, LISANDRO.

JUSTINA.

No me puedo consolar De haber hoy visto, señor, El torpe, el comun error Con que todo ese lugar Templo consagra y altar A una imágen que no pudo Ser deidad, pues que no dudo Que al fin, sin algun testimonio Da de serlo, es el demonio, Que da aliento á un bronce mudo.

LISAND.

No fueras, bella Justina, Quien eres, si no lloraras, Sintieras y lamentaras Esa tragedia, esa ruina Que la religion divina De Cristo padece hoy.

JUSTINA.

Es cierto, pues al fin soy Hija tuya, y no lo fuera Si llorando no estuviera Ansias que mirando estoy.

LISAND.

¡Ay, Justina! no ha nacido De ser tú mi hija, no, Que no soy tan feliz yo. Mas ¡ay Dios! ¿cómo he rompido Secreto tan escondido? Afecto del alma fué.

JUSTINA.

¿Qué dices, señor?

LISAND.

No sé. Confuso estoy y turbado.

JUSTINA.

Muchas veces te he escuchado Lo que ahora te escuché, Y nunca quise, señor, A costa de un sufrimiento Apurar tu sentimiento, Ni examinar mi dolor; Pero viendo que es error Que de entenderte no acabe, Aunque sea culpa grave; Que partas, señor, te pido, Tu secreto con mi oido, Ya que en tu pecho no cabe.

LISAND.

Justina, de un gran secreto El efecto te callé, La edad que tienes, porque Siempre he temido el efeto; Mas viéndote ya sujeto Capaz de ver y advertir, Y viéndome á mí que el ir Con este báculo dando En la tierra, ir es llamando A las puertas del morir, No te tengo de dejar Con esta ignorancia, no, Porque no cumpliera yo Mi obligacion con callar: Y así, atiende á mi pesar Tu placer.

JUSTINA.

Conmigo lucha Un temor.

LISAND.

Mi pena es mucha, Pero esto es ley y razon.

JUSTINA.

Señor, desta confusion Me rescata.

LISAND.

Pues escucha. Yo soy, hermosa Justina, Lisandro... No de que empiece Desde mi nombre te admires; Que aunque ya sabes que es este, Por lo que se sigue al nombre Es justo que te le acuerde, Pues de mí no sabes más Que mi nombre solamente. Lisandro soy, natural De aquella ciudad que en siete Montes es hidra de piedra, Pues siete cabezas tiene: De aquella que es silla hoy Del romano imperio, albergue Del cristiano digno, pues Solo Roma lo merece. En ella nací de humildes Padres, si es que nombre adquieren De humildes los que dejaron Tantas virtudes por bienes. Cristianos nacieron ambos, Venturosos descendientes De algunos que con su sangre Rubricaron felizmente Las fatigas de la vida Con los triunfos de la muerte. En la religion cristiana Crecí instruido, de suerte Que en su defensa daré La vida una y muchas veces. Jóven era, cuando á Roma Llegó encubierto el prudente Alejandro, papa nuestro, Que la apostólica sede Gobernaba, sin tener Donde tenerla pudiese; Que como la tiranía De los gentiles crueles Su sed apaga con sangre De la que á mártires vierte, Hoy la primitiva Iglesia Ocultos sus hijos tiene; No porque el morir rehusan, No porque el martirio temen, Sino porque de una vez No acabe el rigor rebelde Con todos, y destruida La Iglesia, en ella no quede Quien catequice al gentil, Quien le predique y le enseñe. A Roma, pues, Alejandro Llegó; y yendo oculto á verle, Recibí su bendicion, Y de su mano clemente Todos los órdenes sacros, A cuya dignidad tiene Envidia el ángel, pues solo El hombre serlo merece. Mandóme Alejandro pues Que á Antioquía me partiese A predicar de secreto La ley de Cristo. Obediente, Peregrinando á merced De tantas diversas gentes, A Antioquía vine; y cuando Desde aquestos eminentes Montes llegué á descubrir Sus dorados chapiteles, El sol me faltó, y llevando Tras sí el dia, por hacerme Compañía me dejó A que le sostituyesen Las estrellas, como en prendas De que presto vendria á verme. Con el sol perdí el camino, Y vagueando tristemente En lo intrincado del monte, Me hallé en un oculto albergue, Donde los trémulos rayos De tanta antorcha viviente, Aun no se dejaban ya Ver, porque confusamente Servian de nubes pardas Las que fueron hojas verdes. Aquí, dispuesto á esperar Que otra vez el sol saliese, Dando á la imaginacion La jurisdiccion que tiene, Con las soledades hice Mil discursos diferentes. Desta suerte, pues, estaba, Cuando, de un suspiro leve El eco mal informado, La mitad al dueño vuelve. Retraje al oido todos Mis sentidos juntamente, Y volví á oir más distinto Aquel aliento y más débil, Mudo idioma de los tristes, Pues con él solo se entienden. De mujer era el gemido, A cuyo aliento sucede La voz de un hombre, que á media Voz decia desta suerte: «Primer mancha de la sangre Más noble, á mis manos muere, Ántes que á morir á manos De infames verdugos llegues.» La infeliz mujer decia En medias razones breves: «Duélete tú de tu sangre, Ya que de mí no te dueles.» Llegar pretendí yo entónces A estorbar rigor tan fuerte; Mas no pude, porque al punto Las voces se desvanecen, Y ví al hombre en un caballo, Que entre los troncos se pierde. Iman fué de mi piedad La voz, que ya balbuciente Y desmayada decia, Gimiendo y llorando á veces: «Mártir muero, pues que muero Por cristiana y inocente;» Y siguiendo de la voz El norte, en espacio breve Llegué donde una mujer, Que apénas dejaba verse, Estaba á brazo partido Luchando ya con la muerte. Apénas me sintió, cuando Dijo, esforzándose: «Vuelve, Sangriento homicida mio, Ni áun este instante me dejes De vida.—No soy (le dije) Sino quien acaso viene, Quizá del cielo guiado, A valeros en tan fuerte Ocasion.—Ya que imposible Es (dijo) el favor que ofrece Vuestra piedad á mi vida Pues que por puntos fallece, Lógrese en esa infeliz, En quien hoy el cielo quiere, Naciendo de mi sepulcro, Que mis desdichas herede.» Y espirando, ví...

ESCENA VIII.

LIVIA.—JUSTINA, LISANDRO.

LIVIA.

Señor, El mercader á quien debes Aquel dinero, á buscarte Hoy con la justicia viene. Que no estás en casa, dije: Por esotra puerta véte.

JUSTINA.

¡Cuánto siento que á estorbarte En aquesta ocasion lleguen, Que estaba á tu relacion Vida, alma y razon pendiente! Mas véte ahora, señor: La justicia no te encuentre.

LISAND.

¡Ay de mí! ¡qué de desaires La necesidad padece! _(Vase.)_

JUSTINA.

Sin duda entran hasta aquí, Porque siento afuera gente.

LIVIA.

No son ellos, Ciprïano Es.

JUSTINA.

Pues ¿qué es lo que pretende Ciprïano aquí?

ESCENA IX.

CIPRIANO, CLARIN, MOSCON.—JUSTINA, LIVIA.

CIPRIAN.

Serviros Mi deseo es solamente. Viendo salir la justicia De vuestra casa, se atreve Á entrar aquí mi amistad, Por lo que á Lisandro debe, Á sólo saber (_Ap._ Turbado Estoy.) si acaso (_Ap._ ¡Qué fuerte Hielo discurre mis venas!) En algo serviros puede Mi deseo. (_Ap._ ¡Qué mal dije! Que no es hielo, fuego es este.)

JUSTINA.

Guárdeos el cielo mil años; Que en mayores intereses Habeis de honrar á mi padre Con vuestros favores.

CIPRIAN.

Siempre Estaré para serviros. (_Ap._ ¿Qué me turba y enmudece?)

JUSTINA.

Él ahora no está en casa.

CIPRIAN.

Luego bien, señora, puede Mi voz decir la ocasion Que aquí me trae, claramente; Que no es la que habeis oido, La que sola á entrar me mueve Á veros.

JUSTINA.

Pues ¿qué mandais?

CIPRIAN.

Que me oigais. Yo seré breve. Hermosísima Justina, En quien hoy obstenta ufana La naturaleza humana Tantas señas de divina: Vuestra quietud determina Hallar mi deseo este dia; Pero ved que es tiranía, Como el efecto lo muestra, Que os dé yo la quietud vuestra, Y vos me quiteis la mia. Lelio, de su amor movido (¡No ví amor más disculpado!), Floro, de su amor llevado (¡No ví error más permitido!), El uno y otro han querido Por vos matarse los dos: Por vos lo he estorbado (¡ay Dios!); Pero ved que es error fuerte Que yo quite á otros la muerte, Para que me la deis vos. Por excusar el que hubiera Escándalo en el lugar, De su parte os vengo á hablar (¡Oh nunca á hablaros viniera!), Porque vuestra eleccion fuera Árbitro de sus recelos, Como juez de sus desvelos; Pero ved que es gran rigor Que yo componga su amor, Y vos dispongais mis celos. Hablaros, pues, ofrecí, Señora, para que vos Escogierais de los dos Cuál quereis (¡infeliz fuí!) Que á vuestro padre (¡ay de mí!) Os pida. Aquesto pretendo; Pero ved (estoy muriendo) Que es injusto (estoy temblando) Que esté por ellos hablando, Y que esté por mí sintiendo.

JUSTINA.

De tal manera he extrañado Vuestra vil proposicion, Que el discurso y la razon En un punto me han faltado. Ni á Floro ocasion he dado Ni á Lelio, para que así Vos os atrevais aquí: Y bien pudiérades vos Escarmentar en los dos Del rigor que vive en mí.

CIPRIAN.

Si yo, por haber querido Vos á alguno, pretendiera Vuestro favor, mi amor fuera Necio, infame y mal nacido. Ántes por haber vos sido Firme roca á tantos mares, Os quiero, y en los pesares No escarmiento de los dos; Que yo no quiero que vos Me querais por ejemplares. ¿Qué diré á Lelio?

JUSTINA.

Que crea Los costosos desengaños De un amor de tantos años.

CIPRIAN.

¿Y á Floro?

JUSTINA.

Que no me vea.

CIPRIAN.

¿Y á mí?

JUSTINA.

Que osado no sea Vuestro amor.

CIPRIAN.

¿Cómo, si es dios?

JUSTINA.

¿Será más dios para vos, Que para los dos lo ha sido?

CIPRIAN.

Sí.

JUSTINA.

Pues ya yo he respondido Á Lelio, á Floro y á vos.

_(Vase, y tambien Cipriano.)_

ESCENA X.

CLARIN, MOSCON, LIVIA.

CLARIN.

Señora Livia.

MOSCON.

Señora Livia.

CLARIN.

Aquí estamos los dos.

LIVIA.

Pues ¿qué quereis vos? Y vos ¿Qué quereis?

CLARIN.

Que usted ahora, Por si por dicha lo ignora, Sepa que bien la queremos. Para matarnos nos vemos; Pero atentos á no dar Escándalo en el lugar, Que uno escoja pretendemos.

LIVIA.

Es tan grande el sentimiento De que así me hayais hablado, Que mi dolor me ha dejado Sin razon ni entendimiento. ¡Que uno escoja! ¿Hay sufrimiento En lance tan importuno? ¡Uno yo! ¿Pues oportuno No es para tener (¡ay Dios!) Este ingenio á un tiempo dos Que quereis que escoja uno?

CLARIN.

¿Dos á un tiempo, cómo quieres? ¿No te embarazaran dos?

LIVIA.

No, que de dos en dos los Digerimos las mujeres.

MOSCON.

¿De qué suerte te prefieres Á eso?

LIVIA.

¡Qué necia porfía! Queriéndôs la lealtad mia...

MOSCON.

¿Cómo?

LIVIA.

_Alternative._

CLARIN.

Pues ¿Qué es _alternative_?

LIVIA.

Es Querer á cada uno un dia. _(Vase.)_

MOSCON.

Pues yo escojo este primero.

CLARIN.

Mayor será el de mañana: Yo le doy de buena gana.

MOSCON.

Livia, en fin, por quien yo muero, Hoy me quiere, y hoy la quiero. Bien es que tal dicha goce.

CLARIN.

Oye usted, ya me conoce.

MOSCON.

¿Por qué lo dice? Concluya.

CLARIN.

Porque sepa que no es suya, Así como den las doce. _(Vase.)_

* * * * *

_Calle._

ESCENA XI.

FLORO Y LELIO, _de noche, cada uno por su parte_.

LELIO.

_(Para sí.)_ Apénas la oscura noche Extendió su manto negro, Cuando yo á adorar la esfera De aquestos umbrales vengo; Que aunque hoy por Ciprïano Tengo suspenso el acero, No el afecto; que no pueden Suspenderse los afectos.

FLORO.

_(Para sí.)_ Aquí me ha de hallar el alba; Que en otra parte violento Estoy, porque en fin, en otra Estoy fuera de mi centro. ¡Quiera amor que llegue el dia Y la respuesta que espero Con Ciprïano, tocando Ó la ventura ó el riesgo!

LELIO.

_(Ap.)_ Ruido en aquella ventana He sentido.

FLORO.

_(Ap.)_ Ruido han hecho En aquel balcon.

ESCENA XII.

EL DEMONIO, _abriendo una ventana de casa de Lisandro_.—FLORO, LELIO.

LELIO.

_(Ap.)_ Un bulto Sale dél, á lo que puedo Distinguir.

FLORO.

_(Ap.)_ Gente se asoma Á él, que entre sombras veo.

DEMONIO.

_(Para sí.)_ Para las persecuciones Que hacer en Justina intento, Á disfamar su virtud Desta manera me atrevo.

_(Baja por una escalera.)_

LELIO.

_(Ap.)_ Mas ¡ay infeliz! ¡Qué miro!

FLORO.

_(Ap.)_ Pero ¡ay infeliz! ¡Qué veo!

LELIO.

_(Ap.)_ El negro bulto se arroja Ya desde el balcon al suelo.

FLORO.

_(Ap.)_ Un hombre es, que de su casa Sale. No me mateis, celos, Hasta que sepa quién es.

LELIO.

_(Ap.)_ Reconocerle pretendo, Y averiguar de una vez Quién logra el bien que yo pierdo.

_(Llegan los dos con las espadas desnudas á reconocer quién bajó.)_

DEMONIO.

_(Para sí.)_ No sólo he de conseguir Hoy de Justina el desprecio, Sino rencores y muertes. Ya llegan: ábrase el centro, Dejando esta confusion A sus ojos.

_(Húndese, y quedan frente á frente Floro y Lelio.)_

ESCENA XIII.

FLORO, LELIO.

LELIO.

Caballero, Quienquiera que seais, á mí Me ha importado conoceros; Y á todo trance restado Con esta demanda vengo. Decid quién sois.

FLORO.

Si os obliga A tan valiente despecho Saber en quién ha caido Vuestro amoroso secreto, Más que á vos el conocerme, Me importa á mí el conoceros; Que en vos es curiosidad, Y en mí más, porque son celos. ¡Vive Dios, que he de saber Quién es de la casa dueño, Y quién á estas horas gana, Por ese balcon saliendo, Lo que yo pierdo llorando A estas rejas!

LELIO.

¡Bueno es eso, Querer deslumbrar ahora La luz de mis sentimientos, Atribuyéndome á mí Delito que sólo es vuestro! Quién sois tengo de saber, Y dar muerte á quien me ha muerto De celos, saliendo ahora Por ese balcon.

FLORO.

¡Qué necio Recato, encubrirse, cuando Está el amor descubriendo!

LELIO.

En vano la lengua apura Lo que mejor el acero Hará.

FLORO.

Con él os respondo. _(Riñen los dos.)_

LELIO.

Quién ha sido, saber tengo, Hoy el admitido amante De Justina.

FLORO.

Ese es mi intento. Moriré, ó sabré quién sois.

ESCENA XIV.

CIPRIANO, MOSCON, CLARIN.—FLORO, LELIO.

CIPRIAN.

Caballeros, deteneos, Si á aquesto puede obligaros Haber llegado á este tiempo.

FLORO.

Nada me puede obligar. A que deje el fin que intento.

CIPRIAN.

¿Floro?

FLORO.

Sí, que con la espada En la mano, nunca niego Mi nombre.

CIPRIAN.

A tu lado estoy; Muera quien te ofende.

LELIO.

Ménos Que temer me dareis todos, Que él me daba solo.

CIPRIAN.

¿Lelio?

LELIO.

Sí.

CIPRIAN.

Ya no estoy á tu lado, _(A Floro.)_ Porque es fuerza estar en medio. ¿Qué es esto? ¡En un dia dos veces He de hallarme á componeros!

LELIO.

Esta la última será, Porque ya estamos compuestos; Que con haber conocido Quién es de Justina dueño, No le queda á mi esperanza Ni áun el menor pensamiento. Si no has hablado á Justina, Que no la hables te ruego De parte de mis agravios Y mis desdichas, habiendo Visto que Floro merece Sus favores en secreto. Dese balcon ha bajado De gozar el bien que pierdo; Y no es mi amor tan infame, Que haya de querer, atento A celos averiguados, Con desengaños tan ciertos. _(Vase.)_

FLORO.

Espera.

ESCENA XV.

CIPRIANO, FLORO, MOSCON, CLARIN.

CIPRIAN.

No has de seguirle (_Ap._ De haberle oido estoy muerto); Que si es él el que ha perdido Lo que has ganado, y dispuesto A olvidar está, no es bien Apurar su sufrimiento.

FLORO.

Tú y él apurais el mio Con estas cosas á un tiempo; Y así, á Justina no hables Por mí; que aunque yo pretendo A costa de mis agravios Vengarme de mis desprecios, Ya la esperanza de ser Suyo cesó, porque creo Que no es noble el que porfía Sobre averiguados celos. _(Vase.)_

ESCENA XVI.

CIPRIANO, MOSCON, CLARIN.

CIPRIAN.

(_Ap._ ¿Qué es esto, cielos? ¿qué escucho? ¿El uno del otro á un tiempo Unos mismos celos tienen? ¿Yo de uno y otro los tengo? Los dos sin duda padecen Algun engaño, y yo tengo Que agradecerles, pues ya Los dos desisten en esto De su pretension. Desdichas, Aunque haya sido consuelo Este discurso, buscado De mis ánsias, le agradezco.) Moscon, prevenme mañana Galas; Clarin, tráeme luego Espada y plumas; que amor Se regala en el objeto Airoso y lucido; y ya, Ni libros ni estudios quiero, Porque digan que es amor Homicida del ingenio. _(Vanse.)_

JORNADA SEGUNDA.

ESCENA PRIMERA.

CIPRIANO, MOSCON Y CLARIN, _vestidos de gala_.

CIPRIAN.

(_Ap._ Altos pensamientos mios, ¿Dónde, dónde me traeis, Si ya por cierto teneis Que son locos desvaríos Los que osados intentais, Pues atreviendôs al cielo, Precipitados de un vuelo Hasta el abismo bajais? Ví á Justina... ¡Á Dios pluguiera Que nunca viera á Justina, Ni en su perfeccion divina La luz de la cuarta esfera! Dos amantes la pretenden, Uno del otro ofendido; Y yo á dos celos rendido, Aun no sé los que me ofenden: Sólo sé que mis recelos Me despeñan con sus furias De un desden á las injurias, De un agravio á los desvelos. Todo lo demas ignoro, Y en tan abrasado empeño, Cielos, Justina es mi dueño, Cielos, á Justina adoro.) Moscon.

MOSCON.

Señor.

CIPRIAN.

Vé si está Lisandro en casa.

MOSCON.

Es razon.

CLARIN.

No es; yo iré, porque Moscon Hoy no puede entrar allá.

CIPRIAN.

¡Oh qué cansada porfía Siempre la de los dos fué! ¿Por qué no puede? ¿por qué?

CLARIN.

Porque hoy, señor, no es su dia; Mio sí, y de buena gana A dar el recado voy; Que yo allá puedo entrar hoy, Y Moscon no, hasta mañana.

CIPRIAN.

¿Qué nueva locura es esta, Añadida al porfiar? Ni tú ni él habeis de entrar Ya, pues su luz manifiesta Justina.

CLARIN.

De fuera viene Hácia su casa.

ESCENA II.

JUSTINA Y LIVIA, _con mantos_.—CIPRIANO, MOSCON, CLARIN.

JUSTINA.

¡Ay de mí! Livia, Cipriano está aquí. _(Ap. á ella.)_

CIPRIAN.

(_Ap._ Disimular me conviene De mis celos los desvelos, Hasta apurarlos mejor. Sólo la hablaré en mi amor, Si lo permiten mis celos.) No en vano, señora, ha sido Haber el traje mudado, Para que, como criado, Pueda á vuestros piés rendido Serviros. Á mereceros Esto lleguen mis suspiros: Dad licencia de serviros, Pues no la dais de quereros.

JUSTINA.

Poco, señor, han podido Mis desengaños con vos, Pues que no han podido...

CIPRIAN.

¡Ay Dios!

JUSTINA.