Teatro selecto, tomo 1 de 4

Part 12

Chapter 123,859 wordsPublic domain

Por todo el convento he andado, Sin ser de nadie sentido, Y por cuanto he discurrido, De mi destino guiado, A mil celdas he llegado De religiosas, que abiertas Tienen las estrechas puertas, Y en ninguna á Julia ví. ¿Dónde me llevais así, Esperanzas siempre inciertas? ¡Qué horror! ¡qué silencio mudo! ¡Qué oscuridad tan funesta! Luz hay aquí; celda es esta, Y en ella Julia. ¡Qué dudo!

_(Corre una cortina, y ve á Julia durmiendo.)_

¿Tan poco el valor ayudo, Que ahora en hablarla tardo? ¿Qué es lo que espero? ¿qué aguardo? Más con impulso dudoso, Si me animo temeroso, Animoso me acobardo. Más belleza la humildad Deste traje la asegura; Que en la mujer la hermosura Es la misma honestidad. Su peregrina beldad, De mi torpe amor objeto, Hace en mí mayor efeto; Que á un tiempo á mi amor incito, Con la hermosura apetito, Con la honestidad respeto. ¡Julia! ¡ah Julia!

JULIA.

¿Quién me nombra? Mas ¡cielos! ¿qué es lo que veo? ¿Eres sombra del deseo, O del pensamiento sombra?

EUSEBIO.

¿Tanto el mirarme te asombra?

JULIA.

¿Pues quién habrá que no intente Huir de tí?

EUSEBIO.

Julia, detente.

JULIA.

¿Qué quieres, forma fingida, De la idea repetida, Solo á la vista aparente? ¿Eres, para pena mia, Voz de la imaginacion? ¿Retrato de la ilusion? ¿Cuerpo de la fantasía? ¿Fantasma en la noche fria?

EUSEBIO.

Julia, escucha. Eusebio soy, Que vivo á tus piés estoy; Que si el pensamiento fuera, Siempre contigo estuviera.

JULIA.

Desengañándome voy Con oirte, y considero Que mi recato ofendido Más te quisiera fingido, Eusebio, que verdadero. Donde yo llorando muero, Donde yo vivo penando, ¿Qué quieres? ¡estoy temblando! ¿Qué buscas? ¡estoy muriendo! ¿Qué emprendes? ¡estoy temiendo! ¿Qué intentas? ¡estoy dudando! ¿Cómo has llegado hasta aquí?

EUSEBIO.

Todo es extremos amor, Y mi pena y tu rigor Hoy han de triunfar de mí. Hasta verte aquí, sufrí Con esperanza segura; Pero viendo tu hermosura Perdida, he atropellado El respeto del sagrado, Y la ley de la clausura. De lo cierto ó de lo injusto Los dos la culpa tenemos, Y en mí vienen dos extremos, Que son la fuerza y el gusto. No puede darle disgusto Al cielo mi pretension; Ántes de esta ejecucion, Casada eres en secreto, Y no cabe en un sujeto Matrimonio y religion.

JULIA.

No niego el lazo amoroso, Que hizo con felicidades Unir á dos voluntades, Que fué su efecto forzoso; Que te llamé amado esposo, Y que todo eso fué así, Confieso; pero ya aquí, Con voto de religiosa, A Cristo de ser su esposa Mano y palabra le dí. Ya soy suya, ¿qué me quieres? Véte, porque el mundo asombres. Donde mates á los hombres, Donde fuerces las mujeres. Véte, Eusebio; ya no esperes Fruto de tu loco amor; Para que te cause horror, Que estoy en sagrado piensa.

EUSEBIO.

Cuanto es mayor tu defensa, Es mi apetito mayor. Ya las paredes salté Del convento, ya te ví; No es amor quien vive en mí, Causa más oculta fué. Cumple mi gusto, ó diré Que tú misma me has llamado, Que me has tenido encerrado En tu celda muchos dias: Y pues las desdichas mias Me tienen desesperado, Daré voces; sepan...

JULIA.

Tente, Eusebio, mira... (¡ay de mí!) Pasos siento por aquí, Al coro atraviesa gente. ¡Cielos, no sé lo que intente! Cierra esa celda, y en ella Estarás, pues atropella Un temor á otro temor.

EUSEBIO.

¡Qué poderoso es mi amor!

JULIA.

¡Qué rigorosa es mi estrella! _(Vanse.)_

* * * * *

_Vista exterior del convento._

ESCENA XII.

RICARDO, CELIO.

RICARDO.

Ya son las tres, mucho tarda.

CELIO.

El que goza su ventura, Ricardo, en la noche oscura, Nunca el claro sol aguarda. Yo apuesto que le parece Que nunca el sol madrugó Tanto, y que hoy apresuró Su curso.

RICARDO.

Siempre amanece Más temprano á quien desea; Pero al que goza, más tarde.

CELIO.

No creas que al sol aguarde Que en el oriente se vea.

RICARDO.

Dos horas son ya.

CELIO.

No creo Que Eusebio lo diga.

RICARDO.

Es justo; Porque al fin son de su gusto Las horas de tu deseo.

CELIO.

¿No sabes lo que he llegado Hoy, Ricardo, á sospechar? Que Julia le envió á llamar.

RICARDO.

Pues si no fuera llamado, ¿Quién á escalar se atreviera Un convento?

CELIO.

¿No has sentido, Ricardo, á esta parte ruido?

RICARDO.

Sí.

CELIO.

Pues llega la escalera.

ESCENA XIII.

JULIA, EUSEBIO, _á una ventana_.—RICARDO, CELIO.

EUSEBIO.

Déjame, mujer.

JULIA.

Pues cuando Vencida de tus deseos, Movida de tus suspiros, Obligada de tus ruegos, De tu llanto agradecida, Dos veces á Dios ofendo, Como á Dios, y como á esposo, ¡Mis brazos dejas, haciendo Sin esperanzas desdenes, Y sin posesion desprecios! ¿Dónde vas?

EUSEBIO.

Mujer, ¿qué intentas? Déjame, que voy huyendo De tus brazos, porque he visto No sé qué deidad en ellos. Llamas arrojan tus ojos, Tus suspiros son de fuego, Un volcan cada razon, Un rayo cada cabello, Cada palabra es mi muerte, Cada regalo un infierno: Tantos temores me causa La Cruz que he visto en tu pecho. Señal prodigiosa ha sido, Y no permitan los cielos Que, aunque tanto los ofenda, Pierda á la Cruz el respeto. Pues si la hago testigo De las culpas que cometo, ¿Con qué vergüenza despues Llamarla en mi ayuda puedo? Quédate en tu religion, Julia: yo no te desprecio, Que más agora te adoro.

JULIA.

Escucha, detente, Eusebio.

EUSEBIO.

Esta es la escala.

JULIA.

Detente, Ó llévame allá.

EUSEBIO.

No puedo, _(Baja.)_ Pues que, sin gozar la gloria Que tanto esperé, te dejo. ¡Válgame el Cielo! caí. _(Cae.)_

RICARDO.

¿Qué ha sido?

EUSEBIO.

¿No veis el viento Poblado de ardientes rayos? ¿No mirais sangriento el cielo Que todo sobre mí viene? ¿Dónde estar seguro puedo, Si airado el cielo se muestra? Divina Cruz, yo os prometo, Y os hago solemne voto Con cuantas cláusulas puedo, De en cualquier parte que os vea, Las rodillas por el suelo, Rezar un Ave María.

_(Levántase, y vanse los tres, dejando la escala puesta.)_

ESCENA XIV.

JULIA. (_En la ventana._)

Turbada y confusa quedo. ¿Aquestas fueron, ingrato, Las firmezas? ¿Estos fueron Los extremos de tu amor? ¿Ó son de mi amor extremos? Hasta vencerme á tu gusto, Con amenazas, con ruegos, Aquí amante, allí tirano, Porfiaste; pero luego Que de tu gusto y mi pena Pudiste llamarte dueño, Ántes de vencer, huiste. ¿Quien, sino tú, venció huyendo? ¡Muerta soy, cielos piadosos! ¿Por qué introdujo venenos Naturaleza, si habia, Para dar muerte, desprecios? Ellos me quitan la vida; Pues que con nuevo tormento Lo que me desprecia busco. ¿Quién vió tan dudoso efecto De amor? Cuando me rogaba Con mil lágrimas Eusebio, Le dejaba; pero agora, Porque él me deja, le ruego. Tales somos las mujeres, Que contra nuestros deseos, Aun no queremos dar gusto Con lo mismo que queremos. Ninguno nos quiera bien, Si pretende alcanzar premio; Que queridas despreciamos Y aborrecidas queremos. No siento que no me quiera, Sólo que me deje siento. Por aquí cayó, tras él Me arrojaré. ¿Mas qué es esto? ¿Esta no es escala? Sí. ¡Qué terrible pensamiento! Detente, imaginacion, No me despeñes; que creo Que si llego á consentir, Á hacer el delito llego. ¿No saltó Eusebio por mí Las paredes del convento? ¿No me holgué de verle yo En tantos peligros puesto Por mi causa? ¿Pues qué dudo? ¿Qué me acobardo? ¿qué temo? Lo mismo haré yo en salir Que él en entrar: si es lo mesmo, Tambien se holgará de verme Por su causa en tales riesgos. Ya por haber consentido La misma culpa merezco; Pues si es tan grande el pecado, ¿Por qué el gusto ha de ser ménos? Si consentí, y me dejó Dios de su mano, ¿no puedo De una culpa, que es tan grande, Tener perdon? ¿Pues qué espero?

_(Baja por la escala.)_

Al mundo, al honor, á Dios Hallo perdido el respeto, Cuando á ceguedad tan grande Vendados los ojos vuelvo. Demonio soy, que he caido Despeñado deste cielo, Pues sin tener esperanza De subir, no me arrepiento. Ya estoy fuera de sagrado, Y de la noche el silencio Con su oscuridad me tiene Cubierta de horror y miedo. Tan deslumbrada camino, Que en las tinieblas tropiezo, Y áun no caigo en mi pecado. ¿Dónde voy? ¿qué hago? ¿qué intento? Con la muda confusion De tantos horrores, temo Que se me altera la sangre, Que se me eriza el cabello. Turbada la fantasía, En el aire forma cuerpos, Y sentencias contra mí Pronuncia la voz del eco. El delito, que ántes era Quien me animaba soberbio, Es quien me acobarda agora. Apénas las plantas puedo Mover, que el mismo temor Grillos á mis piés ha puesto. Sobre mis hombros parece Que carga un prolijo peso Que me oprime, y toda yo Estoy cubierta de hielo. No quiero pasar de aquí, Quiero volverme al convento, Donde de aqueste pecado Alcance perdon; pues creo De la clemencia divina, Que no hay luces en el cielo, Que no hay en el mar arenas, No hay átomos en el viento, Que, sumados todos juntos, No sean número pequeño De los pecados, que sabe Dios perdonar. Pasos siento. Á esta parte me retiro En tanto que pasan, luégo Subiré sin que me vean. _(Retírase.)_

ESCENA XV.

RICARDO, CELIO.—JULIA, _retirada donde no los ve_.

RICARDO.

Con el espanto de Eusebio Aquí se quedó la escala, Y agora por ella vuelvo, No aclare el dia, y la vean Á esta pared.

_(Quitan la escala, y vanse; Julia llega donde estaba la escala.)_

JULIA.

Ya se fueron: Agora podré subir Sin que me sientan. ¿Qué es esto? ¿No es aquesta la pared De la escala? Pero creo Que hácia estotra parte está. Ni aquí tampoco está. ¡Cielos! ¿Cómo he de subir sin ella? Mas ya mi desdicha entiendo; Desta suerte me negais La entrada vuestra; pues creo Que, cuando quiero subir Arrepentida, no puedo. Pues si ya me habeis negado Vuestra clemencia, mis hechos De mujer desesperada Darán asombros al cielo, Darán espantos al mundo, Admiracion á los tiempos, Horror al mismo pecado, Y terror al mismo infierno.

JORNADA TERCERA.

_Monte._

ESCENA PRIMERA.

GIL, _con muchas cruces, y una muy grande al pecho_.

GIL.

Por leña á este monte voy, Que Menga me lo ha mandado, Y para ir seguro, he hallado Una brava invencion hoy. De la Cruz dicen que es Devoto Eusebio; y así He salido armado aquí De la cabeza á los piés. Dicho y hecho: ¡él es pardiez! No encuentro, lleno de miedo. Donde estar seguro puedo; Sin alma quedo. Esta vez No me ha visto; yo quisiera Esconderme hácia este lado, Miéntras pasa; yo he tomado Por guarda una cambronera Para esconderme. ¡No es nada! Tanta púa es la más chica: ¡Pléguete Cristo! más pica Que perder una trocada, Más que sentir un desprecio De una dama Fierabras, Que á todos admite, y más Que tener celos de un necio.

ESCENA II.

EUSEBIO.—GIL, _escondido_.

EUSEBIO.

No sé adónde podré ir: Larga vida un triste tiene, Que nunca la muerte viene Á quien le cansa el vivir. Julia, yo me ví en tus brazos Cuando tan dichoso era, Que de tus brazos pudiera Hacer amor nuevos lazos. Sin gozar al fin dejé La gloria que no tenía; Mas no fué la causa mia, Causa más secreta fué; Pues teniendo mi albedrío, Superior efecto ha hecho Que yo respete en tu pecho La Cruz que tengo en el mio. Y pues con ella los dos, ¡Ay Julia! habemos nacido, Secreto misterio ha sido Que lo entiende sólo Dios.

GIL.

_(Ap.)_ Mucho pica, ya no puedo Más sufrillo.

EUSEBIO.

Entre estos ramos Hay gente. ¿Quién va?

GIL.

_(Ap.)_ Aquí echamos Á perder todo el enredo.

EUSEBIO.

_(Ap.)_ Un hombre á un árbol atado, Y una Cruz al cuello tiene: Cumplir mi voto conviene En el suelo arrodillado.

GIL.

¿Á quién, Eusebio, enderezas La oracion, o de qué tratas? Si me adoras, ¿qué me atas? Si me atas, ¿qué me rezas?

EUSEBIO.

¿Quién es?

GIL.

¿Á Gil no conoces? Desde que con el recado, Aquí me dejaste atado, No han aprovechado voces Para que álguien (¡qué rigor!) Me llegase á desatar.

EUSEBIO.

Pues no es aqueste el lugar Donde te dejé.

GIL.

Señor, Es verdad; mas yo que ví Que nadie llegaba, he andado, De árbol en árbol atado, Hasta haber llegado aquí. Aquesta la causa fué De suceso tan extraño.

EUSEBIO.

(_Ap._ Este es simple, y de mi daño Cualquier suceso sabré.) Gil, yo te tengo aficion Desde que otra vez hablamos, Y así quiero que seamos Amigos.

GIL.

Tiene razon; Y quisiera, pues nos vemos Tan amigos, no ir allá, Sino andarme por acá, Pues aquí todos seremos Buñoleros, que diz que es Holgada vida, y no andar Todo el año á trabajar.

EUSEBIO.

Quédate conmigo, pues.

ESCENA III.

RICARDO, BANDOLEROS; JULIA, _vestida de hombre, y cubierto el rostro_.—EUSEBIO, GIL.

RICARDO.

En lo bajo del camino Que esta montaña atraviesa, Ahora hicimos una presa, Que segun es, imagino Que te dé gusto.

EUSEBIO.

Está bien, Luégo della trataremos. Sabe agora que tenemos Un nuevo soldado.

RICARDO.

¿Quién?

GIL.

Gil: ¿no me ve?

EUSEBIO.

Este villano, Aunque le veis inocente, Conoce notablemente Desta tierra monte y llano, Y en él será nuestra guía: Fuera desto, al campo irá Del enemigo, y será En él mi perdida espía. Arcabuz le podeis dar Y un vestido.

CELIO.

Ya está aquí.

GIL.

_(Ap.)_ Tengan lástima de mí, Que me quedo á embandolear.

EUSEBIO.

¿Quién es ese gentil hombre Que el rostro encubre?

RICARDO.

No ha sido Posible que haya querido Decir la patria ni el nombre; Porque al capitan no más Dice que lo ha de decir.

EUSEBIO.

Bien te puedes descubrir, Pues ya en mi presencia estás.

JULIA.

¿Sois el capitan?

EUSEBIO.

Sí.

JULIA.

_(Ap.)_ ¡Ay Dios!

EUSEBIO.

Díme quién eres, y á qué Viniste.

JULIA.

Yo lo diré, Estando solos los dos.

EUSEBIO.

Retiraos todos un poco. _(Vanse.)_

ESCENA IV.

JULIA, EUSEBIO.

EUSEBIO.

Ya estás á solas conmigo; Sólo árboles y flores Pueden ser mudos testigos De tus voces; quita el velo Con que cubierto has traido El rostro, y díme: ¿quién eres? ¿Dónde vas? ¿qué has pretendido? Habla.

JULIA.

Porque de una vez _(Saca la espada.)_ Sepas á lo que he venido, Y quién soy, saca la espada: Pues desta manera digo, Que soy quien viene á matarte.

EUSEBIO.

Con la defensa resisto Tu osadía y mi temor; Porque mayor habia sido De la accion, que de la voz.

JULIA.

Riñe, cobarde, conmigo, Y verás que con tu muerte Vida y confusion te quito.

EUSEBIO.

Yo por defenderme, más Que por ofenderte, riño, Que ya tu vida me importa; Pues si en este desafío Te mato, no sé por qué; Y si me matas, lo mismo. Descúbrete agora pues, Si te agrada.

JULIA.

Bien has dicho, Porque en venganzas de honor, Sino es que conste el castigo Al que fué ofensor, no queda Satisfecho el ofendido. _(Descúbrese.)_ ¿Conócesme? ¿qué te espantas? ¿Qué me miras?

EUSEBIO.

Que rendido A la verdad y á la duda En confusos desvaríos, Me espanto de lo que veo, Me asombro de lo que miro.

JULIA.

Ya me has visto.

EUSEBIO.

Sí, y de verte Mi confusion ha crecido Tanto, que si ántes de agora Alterados mis sentidos Desearon verte, ya Desengañados, lo mismo Que dieran ántes por verte, Dieran por no haberte visto. ¿Tú, Julia, en aqueste monte? ¿Tú con profano vestido, Dos veces violento en tí? ¿Cómo sola aquí has venido? ¿Qué es esto?

JULIA.

Desprecios tuyos Son, y desengaños mios. Y porque veas que es flecha Disparada, ardiente tiro, Veloz rayo, una mujer Que corre tras su apetito, No sólo me han dado gusto Los pecados cometidos Hasta agora, mas tambien Me le dan, si los repito. Salí del convento, fuí Al monte, y porque me dijo Un pastor, que mal guiada Iba por aquel camino, Neciamente temerosa, Por evitar mi peligro, Le aseguré y le dí muerte, Siendo instrumento un cuchillo Que él en su cinta traia. Con este, que fué ministro De la muerte, á un caminante Que cortésmente previno En las ancas de un caballo, A tanto cansancio alivio, A la vista de una aldea, Porque entrar en ella quiso, Le pagué en un despoblado Con la muerte el beneficio. Tres dias fueron y noches Los que aquel desierto me hizo Mesa de silvestres plantas, Lecho de peñascos frios. Llegué á una pobre cabaña, A cuyo techo pajizo, Juzgué pabellon dorado En la paz de mis mentidos. Liberal huéspeda fué Una serrana conmigo, Compitiendo en los deseos Con el pastor su marido. Á la hambre y al cansancio Dejé en su albergue rendidos Con buena mesa, aunque pobre, Manjar, aunque humilde, limpio. Pero al despedirme dellos, Habiendo ántes prevenido Que al buscarme no pudiesen Decir: «nosotros la vimos,» Al cortés pastor, que al monte Salió á enseñarme el camino, Maté, y entré donde luego Hago en su mujer lo mismo. Mas considerando entónces Que en el propio traje mio Mi pesquisidor llevaba, Mudármele determino. Al fin, pues, por varios casos, Con las armas y el vestido De un cazador, cuyo sueño, No imágen, trasunto vivo Fué de la muerte, llegué Aquí, venciendo peligros, Despreciando inconvenientes, Y atropellando designios.

EUSEBIO.

Con tanto asombro te escucho, Con tanto temor te miro, Que eres al oido encanto, Si á la vista basilisco. Julia, yo no te desprecio; Pero temo los peligros Con que el cielo me amenaza, Y por eso me retiro. Vuélvete tú á tu convento; Que yo temeroso vivo De esa Cruz tanto, que huyo De tí.—Mas ¿qué es este ruido?

ESCENA V.

RICARDO, BANDOLEROS.—DICHOS.

RICARDO.

Preven, señor, la defensa; Que apartados del camino, Al monte Curcio y su gente En busca tuya han salido. De todas esas aldeas Tanto el número ha crecido, Que han venido contra tí Viejos, mujeres y niños, Diciendo que han de vengar En tu sangre, la de un hijo Muerto á tus manos, y juran De llevarte por castigo, O por venganzas de tantos, Preso á Sena, muerto ó vivo.

EUSEBIO.

Julia, despues hablaremos. Cubre el rostro, y ven conmigo; Que no es bien que en poder quedes De tu padre y mi enemigo.— Soldados, este es el dia De mostrar aliento y brío. Porque ninguno desmaye, Considere que atrevidos Vienen á darnos la muerte, O prendernos, que es lo mismo: Y si no, en pública cárcel, De desdichas perseguidos, Y sin honra nos veremos: Pues si esto hemos conocido, ¿Por la vida y por la honra, Quién temió el mayor peligro? No piensen que los tememos, Salgamos á recibirlos; Que siempre está la fortuna De parte del atrevido.

RICARDO.

No hay que salir; que ya llegan A nosotros.

EUSEBIO.

Preveníos, Y ninguno sea cobarde; Que, vive el cielo, si miro Huir alguno ó retirarse, Que he de ensangrentar los filos De aqueste acero en su pecho, Primero que en mi enemigo.

ESCENA VI.

CURCIO Y GENTE, _dentro_.—DICHOS.

CURCIO.

_(Dentro.)_ En lo encubierto del monte Al traidor Eusebio he visto, Y para inútil defensa Hace murallas sus riscos.

_Voces._

_(Dentro.)_ Ya entre las espesas ramas Desde aquí los descubrimos.

JULIA.

¡A ellos! _(Vase.)_

EUSEBIO.

Esperad, villanos; Que, vive Dios, que teñidos Con vuestra sangre los campos, Han de ser undosos rios.

RICARDO.

De los cobardes villanos Es el número excesivo.

CURCIO.

_(Dentro.)_ ¿Adónde, Eusebio, te escondes?

EUSEBIO.

No escondo, que ya te sigo.

_(Vanse todos, y disparan arcabuces dentro.)_

* * * * *

_Otro lado del monte, en cuyo fondo habrá una Cruz._

ESCENA VII.

JULIA.

Del monte que yo he buscado, Apénas las yerbas piso, Cuando horribles voces oigo, Marciales campañas miro. De la pólvora los ecos, Y del acero los filos, Unos ofenden la vista, Y otros turban el oido. Mas ¿qué es aquello que veo? Desbaratado y vencido Todo el escuadron de Eusebio Le deja ya el enemigo. Quiero volver á juntar Toda la gente que ha habido De Eusebio, y volver á darle Favor; que si los animo, Seré en su defensa asombro Del mundo, seré cuchillo De la parca, estrago fiero De sus vidas, vengativo Espanto de los futuros, Y admiracion destos siglos. _(Vase.)_

ESCENA VIII.

GIL, _de bandolero; despues_ MENGA, BRAS, TIRSO Y VILLANOS.

GIL.

Por estar seguro, apénas Fuí bandolero novicio, Cuando, por ser bandolero, Me veo en tanto peligro. Cuando yo era labrador, Eran ellos los vencidos; Y hoy, por que soy de la carda, Va sucediendo lo mismo. Sin ser avariento traigo La desventura conmigo; Pues tan desgraciado soy, Que mil veces imagino Que, á ser yo judío, fueran Desgraciados los judíos.

_(Salen Menga, Bras, Tirso y otros villanos.)_

MENGA.

¡A ellos, que van huyendo!

BRAS.

No ha de quedar uno vivo Tan solamente.

MENGA.

Hácia aquí Uno dellos se ha escondido.

BRAS.

Muera este ladron.

GIL.

Mirad Que yo soy.

MENGA.

Ya nos ha dicho El traje que es bandolero.

GIL.

El traje les ha mentido, Como muy grande bellaco.

MENGA.

Dale tú.

BRAS.

Pégale, digo.

GIL.

Bien dado estoy y pegado. Advertid...

TIRSO.

No hay que advertirnos. Bandolero sois.

GIL.

Mirad Que soy Gil, votado á Cristo.

MENGA.

¿Pues no hablaras ántes, Gil?

TIRSO.

Pues, Gil, ¿no lo hubieras dicho?

GIL.

¿Que más ántes, si el _yo soy_ Os dije desde el principio?

MENGA.

¿Qué haces aquí?

GIL.

¿No lo veis? Ofendo á Dios en el quinto: Mato solo más, que juntos Un médico y un estío.

MENGA.

¿Qué traje es este?

GIL.

Es el diablo. Maté á uno, y su vestido Me puse.

MENGA.

¿Pues cómo, dí, No está de sangre teñido, Si le mataste?

GIL.

Eso es fácil; Murió de miedo, esta ha sido La causa.

MENGA.

Ven con nosotros, Que victoriosos seguimos Los bandoleros, que agora Cobardes nos han huido.

GIL.

No más vestido, aunque vaya Titiritando de frio. _(Vanse.)_

ESCENA IX.

EUSEBIO, CURCIO, _peleando_.

CURCIO.

Ya estamos solos los dos. Gracias al cielo que quiso Dar la venganza á mi mano Hoy, sin haber remitido Á las ajenas mi agravio, Ni tu muerte á ajenos filos.

EUSEBIO.

No ha sido en esta ocasion Airado el cielo conmigo, Curcio, en haberte encontrado; Porque si tu pecho vino Ofendido, volverá Castigado y ofendido. Aunque no sé qué respeto Has puesto en mí, que he temido Más tu enojo que tu acero: Y aunque pudieran tus bríos Darme temor, sólo temo Cuando aquesas canas miro, Que me hacen cobarde.

CURCIO.

Eusebio, Yo confieso que has podido Templar en mí de la ira, Con que agraviado te miro, Gran parte; pero no quiero Que pienses inadvertido Que te dan temor mis canas, Cuando puede el valor mio. Vuelve á reñir, que una estrella Ó algun favorable signo, No es bastante á que yo pierda La venganza que consigo. Vuelve á reñir.

EUSEBIO.

¿Yo temor? Neciamente has presumido Que es temor lo que es respeto; Aunque, si verdad te digo, La victoria que deseo Es, á tus plantas rendido, Pedirte perdon; y á ellas Pongo la espada que ha sido Temor de tantos.

CURCIO.

Eusebio, No has de pensar que me animo A matarte con ventaja. Esta es mi espada. (_Ap._ Así quito La ocasion de darle muerte.) Ven á los brazos conmigo.

_(Abrázanse los dos, y luchan.)_

EUSEBIO.

No sé qué efecto has hecho En mí, que el corazon dentro del pecho, A pesar de venganzas y de enojos, En lágrimas se asoma por los ojos, Y en confusion tan fuerte, Quisiera, por vengarte, darme muerte. Véngate en mí; rendida A tus plantas, señor, está mi vida.

CURCIO.

El acero de un noble, aunque ofendido, No se mancha en la sangre de un rendido; Que quita grande parte de la gloria El que con sangre borra la victoria.

_Voces._

_(Dentro.)_ Hácia aquí están.