Part 4
Rey don Sancho, rey don Sancho, cuando en Castilla reinó, ¡las barbas que le salían y cuán poco las logró! Á pesar de los franceses los puertos de Aspa pasó; siete días con sus noches en campo los aguardó. Y viendo que no venían á Castilla se volvió. Matara al Conde de Niebla y el condado le quitó, y á su hermano don Alonso en las cárceles echó. Después que le tuvo preso un pregón hacer mandó que el que rogase por él que le diesen por traidor. No hay dama ni caballero que por él rogase, no, si no fuera una su hermana que al buen Rey se lo pidió. --Rey don Sancho, rey don Sancho, hermano mío y señor, cuando yo era pequeña sé que un dón me prometió; agora que soy crecida, señor, otorgadmeló. --Pedidlo vos, mi hermana, mas con una condición; que no me pidáis á Burgos, á Burgos ni á León, ni á Valladolid la rica, ni á Valencia de Aragón; cualquier otra cosa, hermana, no se os ha de negar, no. --Señor, yo no pido á Burgos, á Burgos ni á León, ni á Valladolid la rica, ni á Valencia de Aragón; lo que pido es á mi hermano, que le tenéis en prisión. --Pláceme, le dijo, hermana, mañana os le daré yo. --Vivo le habéis de dar, vivo, vivo, que no muerto, no. --Mal háyades vos, hermana, y quien tal os consejó; que mañana de mañana muerto te lo diera yo.--
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XXVIII
Llegado es el rey don Sancho sobre Zamora, esa villa; muchas gentes trae consigo, que haberla mucho quería. Caballero en un caballo, y el Cid en su compañía, andábala al rededor, y el Rey así al Cid decía: --Armada está sobre peña tajada toda esta villa, los muros tiene muy fuertes, torres há en gran demasía, Duero la cercaba al pié, fuerte es á maravilla, no bastan á la tomar cuántos en el mundo había; si me la diese mi hermana, más que á España la querría. Cid, á vos crió mi padre, mucho bien fecho os había; fízoos mayor de su casa y caballero en Coímbra cuando la ganara á moros. Cuando en Cabezón moría, á mí y á los mis hermanos encomendado os había; jurámosle allí en sus manos facervos merced cumplida. Fíceos mayor de mi casa, gran tierra dado os tenía, que vale más que un condado, el mayor que hay en Castilla. Yo vos ruego, don Rodrigo, como amigo de valía, que vayades á Zamora con la mi mensajería, y á doña Urraca mi hermana decid que me dé esa villa por gran haber ó gran cambio, como á ella mejor sería. Á Medina de Rioseco yo por ella la daría, con todo el Infantazgo, y también le prometía á Villalpando y su tierra, ó Valladolid la rica, ó á Tiedra, que es buen castillo; y juramento la haría con doce de mis vasallos de cumplir lo que decía; y si no lo quiere hacer, por fuerza la tomaría.-- El Cid le besó la mano, del buen rey se despedía, llegado había á Zamora con quince en su compañía.
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XXIX
Entrado ha el Cid en Zamora, en Zamora, aquesa villa, llegado ha ante doña Urraca, que muy bien lo recibía; dicho le había el mensaje que para ella traía. Doña Urraca que lo oyó muchas lágrimas vertía, diciendo:--¡Triste cuitada! don Sancho ¿qué me quería? No cumpliera el juramento que á mi padre fecho había; que aun apenas fuera muerto, á mi hermano don García le tomó toda su tierra y en prisiones lo ponía, y cual si fuese ladrón agora en ellas yacía. También á Alfonso mi hermano su reino se lo tenía; huyóse para Toledo, con los moros está hoy día. Á Toro tomó á mi hermana, á mi hermana doña Elvira; tomarme quiere á Zamora, ¡gran pesar yo recibía! Muy bien sabe el rey don Sancho que soy mujer femenina, y no lidiaré con él; mas á furto ó paladina yo haré que le dén la muerte, que muy bien lo merecía.-- Levantóse Arias Gonzalo y respondido la había: --Non lloredes vos, señora; yo por merced os pedía que á la hora de la cuita consejo mejor sería que non acuitarvos tanto, que gran daño á vos vendría. Hablad con vuesos vasallos, decid lo que el Rey pedía, y si ellos lo han por bien dadle al Rey luégo la villa. Y si non les pareciere facer lo que el Rey pedía, muramos todos en ella, como manda la hidalguía. La Infanta tuvo por bien facer lo que le decía; sus vasallos la juraron que antes todos morirían cercados dentro en Zamora que no dar al Rey la villa. Con esta respuesta el Cid al buen Rey vuelto se había; el Rey, cuando aquesto oyó, al buen Cid le respondía: --Vos aconsejasteis, Cid, no darme lo que quería, porque vos criásteis dentro de Zamora aquesa villa. Y á no ser por la crianza que en vos mi padre facía, luégo os mandara enforcar; mas de hoy en noveno día os mando vais de mis tierras y del reino de Castilla.
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XXX
El Cid fué para su tierra; con sus vasallos partía para Toledo, do estaba Alfonso cuando fuía. Los condes y ricos homes al rey don Sancho decían, no perdiese tal vasallo y de tanta valentía como es Rúy Díaz el Cid, qu’es muy grande su valía. El Rey vido qu’es muy bien facer lo que le decían; y fablando á Diego Ordóñez, mandóle que al Cid le diga que se venga luégo á él, que como bueno lo haría, y que le haría el mayor de los que en su casa había. Ordoño fué tras del Cid, su mensaje le decía. El Cid se había aconsejado con los suyos que tenía si haría lo que el Rey manda: su parecer les pedía. Que se vuelva al Rey, dijeron, pues su disculpa le envía; el Cid con ellos se vuelve. El Rey cuando lo sabía dos leguas salió á él, quinientos van en su guía. El Cid, cuando vido al Rey, de Babieca descendía; besóle luégo las manos, para el real se volvía y todos los castellanos gran placer con él habían.
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XXXI
Apenas era el Rey muerto Zamora ya está cercada; de un cabo la cerca el Rey, del otro el Cid la cercaba. Del cabo que el Rey la cerca Zamora no se da nada. Del cabo que el Cid la aqueja Zamora ya se tomaba. Doña Urraca en tanto aprieto asomóse á una ventana, y allí de una torre mocha estas palabras fablaba.
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XXXII
Afuera, afuera, Rodrigo, el soberbio castellano, acordársete debría de aquel buen tiempo pasado cuando fuíste caballero en el altar de Santiago. Cuando el rey fué tu padrino, tú, Rodrigo, el afijado; mi padre te dió las armas, mi madre te dió el caballo, yo te calcé las espuelas porque fueras más honrado; pensé de casar contigo, no lo quiso mi pecado. Casástete con Jimena, fija del conde Lozano: con ella hubiste dinero, conmigo hubieras Estado, porque si la renta es buena, muy mejor es el Estado. Bien casástete, Rodrigo, muy mejor fueras casado; dejaste fija de rey por tomar la de un vasallo.-- En oir esto Rodrigo quedó dello algo turbado; con la turbación que tiene esta respuesta le ha dado: --Si os parece, mi señora, bien podemos desviallo. Respondióle doña Urraca con rostro muy sosegado: --No lo mande Dios del cielo, que por mí se haga tal caso: mi ánima penaría si yo fuese en discrepallo.-- Volvióse presto Rodrigo y dijo muy angustiado: --Afuera, afuera, los míos, los de á pié y los de á caballo, pues de aquella torre mocha una vira me han tirado. No traía el asta el fierro el corazón me ha pasado, ya ningún remedio siento sino vivir más penado.
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XXXIII
Riberas del Duero arriba cabalgan dos zamoranos; las divisas llevan verdes, los caballos alazanos, ricas espadas ceñidas, sus cuerpos muy bien armados, adargas ante sus pechos, gruesas lanzas en sus manos, espuelas llevan jinetas y los frenos plateados. Como son tan bien dispuestos, parecen muy bien armados, y por un repecho arriba salen más recios que galgos, y súbenlos á mirar del real del rey don Sancho. Desque á otra parte fueron dieron vuelta á los caballos y al cabo de una gran pieza soberbios ansí han fablado: --¿Tendredes dos para dos caballeros castellanos que puedan armas facer con otros dos zamoranos para daros á entender no face el Rey como hidalgo en quitar á doña Urraca lo que su padre le ha dado? Non queremos ser tenidos, ni queremos ser honrados, ni rey de nos faga cuenta, ni conde nos ponga al lado, si á los primeros encuentros no los hemos derribado, y siquiera salgan tres, y siquiera salgan cuatro, y siquiera salgan cinco, salga siquiera el diablo, con tal que no salga el Cid ni ese noble rey don Sancho, que lo habemos por señor, y el Cid nos ha por hermanos: de los otros caballeros salgan los más esforzados. Oídolo habían dos condes, los cuales eran cuñados. --Atended, los caballeros, mientras estamos armados.-- Piden apriesa las armas, suben en buenos caballos, caminan para las tiendas donde yace el rey don Sancho; piden que los dé licencia que ellos puedan hacer campo contra aquellos caballeros que con soberbia han hablado. Allí fablara el buen Cid, que es de los buenos dechado: --Los dos contrarios guerreros non los tengo yo por malos, porque en muchas lides de armas su valor habían mostrado, que en el cerco de Zamora tuvieran con siete campo: el mozo mató á los dos, el viejo mató á los cuatro; por uno que se les fuera las barbas se van pelando.-- Enojados van los condes de lo que el Cid ha fablado; el Rey cuando ir los viera que vuelvan está mandando; otorgó cuánto pedían, más por fuerza que de grado. Mientras los condes se arman el padre al fijo está hablando: --Volved, fijo, hacia Zamora, á Zamora y sus andamios, mirad dueñas y doncellas cómo nos están mirando. Fijo, no miran á mí, porque ya soy viejo y cano; mas miran á vos, mi fijo, que sois mozo y esforzado. Si vos facéis como bueno, seréis d’ellas muy honrado; si lo facéis de cobarde, abatido y ultrajado. Afirmaos en los estribos, terciad la lanza en las manos, esa adarga ante los pechos, y apercibid el caballo, que al que primero acomete tienen por más esforzado.-- Apenas esto hubo dicho, ya los condes han llegado; el uno viene de negro, y el otro de colorado; vanse unos para otros, fuertes encuentros se han dado; mas el que al mozo le cupo derribólo del caballo, y el viejo al otro de encuentro pasóle de claro en claro. El Conde, de que esto viera, huyendo sale del campo, y los dos van á Zamora con vitoria muy honrados.
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XXXIV
Junto al muro de Zamora vide un caballero erguido, armado de todas piezas, sobre un caballo morcillo, á grandes voces diciendo: --Vélese bien el castillo, que al que hallaré velando ayudaré con mi grito, y al que hallaré durmiendo echarle he de arriba vivo; pues por la honra de Zamora yo soy llamado y venido. Si hubiera algún caballero venga á hacer armas conmigo con tal que no sea el Cid ni Bermudo su sobrino.-- Las palabras que decía el buen Cid las ha oído: --¿Quién es aquel caballero que hace el tal desafío? --Ortuño me llamo, Cid, Ortuño es mi apellido. --Acordársete debría, de la pasada del río, cuando yo vencí á los moros y Babieca iba conmigo; en aquestos tiempos tales no eras tan atrevido.-- Ortuño de que esto oyera de esta suerte ha respondido: --Entonces era novel, ahora soy más crecido y usando, buen Cid, las armas me he hecho tan atrevido. Mas no desafío á ti ni á Bermudo tu sobrino, porque os tengo por señores y me tenéis por amigo; mas si hay otro caballero salga hacer armas conmigo, que aquí en el campo le espero con mis armas y rocino.
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XXXV
Guarte, guarte, rey don Sancho, no digas que no te aviso que de dentro de Zamora un alevoso ha salido; llámase Bellido Dolfos hijo de Dolfos Bellido, cuatro traiciones ha fecho y con esta serán cinco. Si gran traidor fué el padre, mayor traidor es el fijo; gritos dan en el real que á don Sancho han mal herido; muerto le ha Bellido Dolfos, gran traición ha cometido; desque le tuviera muerto metióse por un postigo, por las calles de Zamora va dando voces y gritos: --Tiempo era, doña Urraca, de cumplir lo prometido.
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XXXVI
De Zamora sale Dolfos corriendo y apresurado; huyendo va de los hijos del buen viejo Arias Gonzalo, y en la tienda del buen Rey en ella se había amparado: --Manténgate Dios, el Rey. --Bellido, seas bien llegado. --Señor, tu vasallo soy, tu vasallo y de tu bando, y yo por aconsejarle á aquel viejo Arias Gonzalo que te entregase á Zamora, pues se te había quitado, hame querido matar y dél me soy escapado. Así me vengo, señor, por ser en el tu mandado, con deseo de servirte como cualquier fijodalgo. Yo te entregaré á Zamora, aunque pese á Arias Gonzalo, que por un falso postigo en ella serás entrado.-- El buen Arias, el leal, al Rey había avisado desde el muro del adarve estas palabras hablando: --Á ti lo digo, buen Rey, y á todos los castellanos, que allá ha salido Bellido, Bellido un traidor malvado, que si traición te ficiere á nos non será imputado.-- Oídolo había Bellido, que al Rey tiene por la mano: --Non lo creades, señor, lo que contra mí ha fablado, que don Arias lo publica porque el lugar no sea entrado, porque él sabe que yo sé por dónde será tomado.-- Allí le fablara el Rey de Bellido confiado: --Yo lo creo bien, Bellido, el Dolfos, mi buen criado; por tanto, vámonos luégo á ver el postigo falso. --Vámonos luégo, señor, id solo, no acompañado.-- Apartados del real, el buen Rey se había apartado con voluntad de facer lo que á nadie es excusado: el venablo que llevaba á Bellido se lo ha dado, el cual desque así lo vido de espaldas y descuidado, levantóse en los estribos, con fuerza se lo ha tirado; diérale por las espaldas y á los pechos ha pasado. Allí cayó luégo el Rey muy mortalmente llagado; vióle caer don Rodrigo que de Vivar es llamado, y como le vió ferido, cabalgara en su caballo. Con la priesa que tenía espuelas no se ha calzado. Huyendo iba el traidor tras él iba el castellano, si apriesa había salido, á mayor se había entrado; Rodrigo ya le alcanzaba, mas viendo á Dolfos en salvo, mil maldiciones se echaba el nieto de Laín Calvo: --Maldito sea el caballero que como yo ha cabalgado, que si yo espuelas trujera, no se me fuera el malvado.-- Todos van á ver al Rey que mortal estaba echado. Todos le dicen lisonjas, nadie verdad ha fablado, sino fué el conde de Cabra, un buen caballero anciano: --Sois mi rey y mi señor, y yo soy vueso vasallo; cumple que miréis por vos, que es verdad lo que vos fablo, que del ánima curedes, del cuerpo non fagáis caso; á Dios vos encomendad pues fué este día aciago. --Buena ventura hayáis, conde, que así me heis aconsejado.-- En diciendo estas palabras el alma á Dios había dado. De esta suerte murió el Rey por haberse confiado.
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[Ilustración: Muerte del rey D. Sancho]
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XXXVII
Muerto yace el rey don Sancho, Bellido muerto le había; pasado está de un venablo y gran lástima ponía. Llorando estaba sobre él toda la flor de Castilla; don Rodrigo de Vivar es el que más lo sentía; con lágrimas de sus ojos d’esta manera decía: --¡Rey don Sancho, señor mío, muy aciago fué aquel día que tú cercaste á Zamora contra la voluntad mía! Quien te lo aconsejó, Rey, á Dios ni al mundo temía, pues te fizo quebrantar la ley de caballería.-- Y viendo el hecho en tal punto, á grandes voces decía: --Que se nombre un caballero, antes que se pase el día, para retar á Zamora por tan grande alevosía.-- Todos dicen que es muy bien; mas nadie al campo salía. Témense de Arias Gonzalo y cuatro hijos que tenía, mancebos de gran valor, de gran esfuerzo y estima. Mirando estaban al Cid, por ver si lo aceptaría, y el de Vivar, que lo entiende, d’esta manera decía: --Caballeros fijosdalgo, ya sabéis que non podía armarme contra Zamora, que jurado lo tenía; mas yo daré un caballero que combata por Castilla, tal, que estando él en el campo no sintáis la falta mía.-- Levantóse Diego Ordóñez, que á los piés del Rey yacía; la flor es de los de Lara y lo mejor de Castilla, con voz enojosa y ronca d’esta manera decía: --Pues el Cid había jurado lo que jurar no debía, no es menester que señale quien la batalla prosiga: caballeros hay en ella de tanto esfuerzo y valía como el Cid, aunque es muy bueno, y yo por tal lo tenía; mas si queréis, caballeros, yo lidiaré la conquista, aventurando mi cuerpo, poniendo á riesgo mi vida, pues que la del buen vasallo es por su Rey ofrecida.
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XXXVIII
Después que Bellido Dolfos, ese traidor afamado, derribó con cruda muerte al valiente rey don Sancho, juntáronse en una tienda los mayores de su campo; y juntóse todo el real como estaba alborotado. Don Diego Ordóñez de Lara grandes voces está dando, y con coraje encendido muy presto se había armado. Para retar á Zamora, junto al muro se ha llegado, y lanzando fuego vivo d’esta suerte ha razonado: --Fementidos y traidores sois todos los zamoranos, porque dentro d’esa villa acogistes al malvado de Bellido, ese traidor, el que mató al rey don Sancho, mi buen señor y buen rey, de quien soy muy lastimado: que los que acogen traidores traidores sean llamados; y por tales yo vos reto, y á vuesos antepasados, y á los que traidores son los pongo en el mismo grado, y á los panes y á las aguas de que sois alimentados, y esto os faré conocer, ansí como estoy armado, y lidiaré con aquellos que no quieren confesallo, ó con cinco uno á uno, como en España es usado que lidie el que á concejo como yo había retado.-- Arias Gonzalo, ese viejo, ansí le había fablado, después que hubo entendido lo que Ordoño ha razonado: --Non debiera yo nacer si es como tú has contado; mas yo acepto el desafío que por ti es demandado, y te daré á conocer no ser lo que has publicado.-- Y á todos los de Zamora d’esta manera ha fablado: --Varones de grande estima, los pequeños y de estado, si hay alguno entre vosotros que en aquesto se haya hallado, dígalo muy prontamente; de decillo no haya empacho. Más quiero irme d’esta tierra en África desterrado, que no en campo ser vencido por alevoso y malvado.-- Todos dicen á una voz, sin alguno estar callado: --Mal fuego nos mate, Conde, si en tal muerte hemos estado; no hay en Zamora ninguno, que tal hubiese mandado. El traidor Bellido Dolfos por sí solo lo ha acordado: muy bien podéis ir seguro; id con Dios, Arias Gonzalo.
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XXXIX
Ya cabalga Diego Ordóñez, del real se había salido de dobles piezas armado en un caballo morcillo: va á reptar los zamoranos por la muerte de su primo, que mató Bellido Dolfos hijo de Dolfos Bellido. --Yo os repto, los zamoranos, por traidores fementidos, repto á todos los müertos, y con ellos á los vivos; repto hombres y mujeres, los por nascer y nascidos; repto á todos los grandes á los grandes y á los chicos, á las carnes y pescados y á las aguas de los ríos.-- Allí habló Arias Gonzalo, bien oiréis lo que hubo dicho: --¿Qué culpa tienen los viejos? ¿Qué culpa tienen los niños? ¿Qué merescen las mujeres y los que no son nascidos? ¿Por qué reptas á los muertos, los ganados y los ríos? Bien sabéis vos, Diego Ordóñez, muy bien lo tenéis sabido, que aquel que repta concejo debe de lidiar con cinco Ordóñez le respondió: --Traidores heis todos sido.
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XL
Después que retó á Zamora don Diego Ordóñez de Lara, vengador noble y valiente del rey Sancho, que Dios haya, su consejo tiene junto en palacio doña Urraca, por su hermano dolorida, por su reto lastimada; y como la vil envidia cuanto no merece tacha, de la virtud enemiga, peligro de la privanza, murmuraba maldiciente de Arias Gonzalo que falta, sospechando falsamente que es por mengua su tardanza. Á aquellos que lo calumnian, empuñando la su espada, denodado les responde Nuño Cabeza de Vaca: --Aquel civil que presuma temor, bajeza ó fe mala de Arias Gonzalo, mi tío, miente, miente por la barba; y el que negare el respeto á sus venerables canas, á mí que las reverencio me ponga la tal demanda.-- Estando en esto, el buen viejo entró grave por la sala, arrastrando grande luto, haciendo sus hijos plaza. La mano á la Infanta pide, mesura fizo á la Infanta, saludó á los homes buenos, y de esta suerte les fabla: --Noble Infanta, leal concejo, don Diego Ordóñez de Lara, que para buen caballero este apellido le basta, en vez del Cid don Rodrigo, que con vos juró alianza, por la pro de su rey muerto con infame reto os carga. Á vuestro cabildo vengo con estos cuatro en compaña, ciudadanos, fijos míos, de Laín Calvo sangre honrada. Tardóme un poco en venir, que pláticas no me agradan cuando los negocios piden obras, valor y venganza.-- Á una el viejo y sus fijos los largos capuces rasgan quedando en armas lucidas; lloró de nuevo la Infanta, los viejos graves se admiran, la Infanta su sér alaba, porque todos daban voces, y nadie quien lidie daba. Arias Gonzalo prosigue diciendo:--Recibe, Urraca, mis canas para consejo, mis fijos para batalla; dales tu mano, señora, que su juventud lozana será invencible, si fuere de tu mano real tocada. Honrar á la gente buena, y esotra común pagarla, le cumple al rey que desea domeñar fuerzas contrarias, y con sangre de don Diego que se quite aquella mancha: que á ti y á tu pueblo reta con tan insufrible infamia; y si esta sangre, que es buena, y se ha de vender muy cara, faltare, su muerte honrosa viva mantendrá su fama. Yo seré el quinto y primero que volveré por la causa, aunque mi vejez parezca mocedad noble afrentada. Al campo me voy, señora, no me déis por esto gracias, que el buen vasallo al buen rey debe hacienda, vida y fama.
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