Recuerdos de mi vida (tomo 2 de 2)
Part 8
Durante varios años de íntimo trato, fué Victorino el único confidente de mis proyectos. Comunicábale á diario el estado de mis trabajos, los obstáculos que me detenían, así como mis caras ilusiones y esperanzas. Al principio, me oía con extrañeza, casi con incredulidad. Patriota sincero, la desesperanza había ganado su espíritu y paralizado sus fuerzas. Mas al fin mis predicaciones obraron en él una especie de contagio. Y siguiendo mi ejemplo, acabó por escoger en el dominio de la física, que cultivó siempre con amor, algunos temas de estudio, _baratos_, es decir, accesibles á los mezquinos medios con que contaba. Años después, recordando mis alentadoras exhortaciones, solía decir que sin mi estímulo no hubieran aparecido nunca sus interesantes descubrimientos sobre _Las leyes de los líquidos turbios y gases nebulosos_, y otras conquistas científicas de positivo valor.
En el curso de estas memorias hemos de ver á menudo acreditado el dicho de Cisneros: «_Fray Ejemplo_ es el _mejor predicador_.»
¡Pobre Victorino! Era un talento reflexivo y penetrante, un trabajador infatigable y probo. Murió, joven aún, años después, cuando, trasladado á la Corte, había conseguido, por sus indiscutibles méritos, un sillón en la Real Academia de Ciencias y alcanzado bien cimentada notoriedad. Y cayó víctima de una virtud, como otros caen víctimas del vicio. Su virtud consistió en adaptarse austera y resignadamente á la pobreza, habitando con su bastante numerosa familia en casas baratas, sórdidas, emplazadas en barrios malsanos, atenido estrictamente á la paga de Profesor que, por aquellos tiempos, constituía mera ración de entretenimiento. En virtud de esta penuria, que transcendía naturalmente á sus medios de investigación y de información bibliográfica, le ocurrió más de una vez perder las ventajas de la prioridad, hallando la solución de difíciles problemas, poco después de esclarecidos en Revistas alemanas, que él desconocía, por sabios de primera fuerza. Así y todo, su obra original es copiosa é importante. En fin, Victorino profesaba, en materia de higiene, ideas demasiado personales, y por tanto, demasiado peligrosas. De esta debilidad, que tanto contribuyó á precipitar la muerte del querido compañero, trataré más adelante.
Volviendo al relato de mis trabajos, consignaré que, adelantada mi labor preparatoria en Anatomía patológica, proseguí con inusitado ardor las investigaciones acerca del sistema nervioso. El método de Golgi comenzaba á ser fecundo en mis manos.
Y llegó el año 1888, mi año _cumbre_, mi año de fortuna. Porque durante este año, que se levanta en mi memoria con arreboles de aurora, surgieron al fin aquellos descubrimientos interesantes, ansiosamente esperados y codiciados. Sin ellos, habría yo vegetado tristemente en una Universidad provinciana, sin pasar, en el orden científico, de la categoría de jornalero detallista, más ó menos estimable. Por ellos, llegué á sentir el acre halago de la celebridad; mi humilde apellido, pronunciado á la alemana (Cayal), traspasó las fronteras; en fin, mis ideas, divulgadas entre los sabios, discutiéronse con calor. Desde entonces, el tajo de la ciencia contó con un obrero más.
¿Cómo fué ello? Perdonará el lector si, á un acontecimiento tan decisivo para mi carrera, consagro aquí algunos comentarios y amplificaciones. Declaro desde luego que la _nueva verdad_, laboriosamente buscada y tan esquiva durante dos años de vanos tanteos, surgió de repente en mi espíritu como una revelación. Las leyes que rigen la morfología y las conexiones de las células nerviosas en la substancia gris, patentes primeramente en mis estudios del cerebelo, confirmáronse en todos los órganos sucesivamente explorados. Séame lícito formularlas desde luego:
1.ª Las ramificaciones colaterales y terminales de todo cilindro-eje acaban en la substancia gris, no mediante red difusa, según defendían Gerlach y Golgi con la mayoría de los neurólogos, sino mediante arborizaciones libres, dispuestas en variedad de formas (_cestas_ ó _nidos_ pericelulares, ramas trepadoras, etc.).
2.ª Estas ramificaciones se aplican íntimamente al cuerpo y dendritas de las células nerviosas, estableciéndose un contacto ó articulación entre el protoplasma receptor y los últimos ramúsculos axónicos.
De las referidas leyes anatómicas despréndense dos corolarios fisiológicos:
3.ª Puesto que al cuerpo y dendritas de las neuronas se aplican estrechamente las últimas raicillas de los cilindros-ejes, es preciso admitir que el soma y las expansiones protoplásmicas participan en la cadena de conducción, es decir, que reciben y propagan el impulso nervioso, contrariamente á la opinión de Golgi, para quien dichos segmentos celulares desempeñarían un papel meramente nutritivo.
4.ª Excluída la continuidad substancial entre célula y célula, se impone la opinión de que el impulso nervioso se transmite por contacto, como en las articulaciones de los conductores eléctricos, ó por una suerte de inducción, como en los carretes de igual nombre.
Las referidas leyes, puro resultado inductivo del análisis estructural del cerebelo, fueron confirmadas después en todos los órganos nerviosos explorados (retina, bulbo olfatorio, ganglios sensitivos y simpáticos, cerebro, médula espinal, bulbo raquídeo, etc.). Ulteriores trabajos nuestros y ajenos (de Kölliker, Retzius, van Gehuchten, His, Edinger, v. Lenhossék, Athias, Lugaro, P. Ramón, Cl. Sala, etc.), revelaron que las referidas normas estructurales y fisiológicas se aplicaban, también, sin violencia, al sistema nervioso de vertebrados é invertebrados. Según ocurre con todas las concepciones legítimas, la mía fué consolidándose y ganando progresivamente en dignidad conforme se acrecía el círculo de la exploración comprobatoria.
Pero en mi afán de condensar en breves proposiciones lo esencial de los resultados obtenidos, no he contestado aún á la interrogación formulada en párrafos anteriores.
¿Cómo fueron las referidas leyes descubiertas? ¿Por qué mi labor, atenida durante dos años á la modesta confirmación de las conquistas de Deiters, Ranvier, Krause, Kölliker y, sobre todo, de Golgi, adquirió de repente vuelo y originalidad sorprendentes?
Quiero ser franco con el lector. Á mis éxitos de entonces contribuyeron, sin duda, algunos perfeccionamientos del método cromo-argéntico, singularmente la modificación designada _proceder de doble impregnación_[35]; pero el resorte principal, la causa verdaderamente eficiente, consistió --¡quién lo dijera!-- _en haber aplicado á la resolución del problema de la substancia gris los dictados del más vulgar sentido común_. En vez de atacar al toro por las astas, según la frase vulgar, yo me permití algunos rodeos estratégicos. Pero esto exige una amplificación.
[35] Consiste en someter las piezas, una vez extraídas del nitrato de plata, á un nuevo tratamiento por el baño osmiobicrómico y á otra impregnación argéntica. Las modificaciones en las proporciones del ácido ósmico, bicromato, tiempo de acción, etc., tienen menos importancia. Merced al _método doble_, fué posible lograr en los ganglios, retina y otros órganos difíciles, impregnaciones excelentes y casi constantes. Pudo también contribuir al éxito el haber observado que, cuanto más joven es un embrión, menos tiempo de induración en la mezcla osmio-bicrómica se requiere para conseguir una buena coloración. Así, mientras Golgi y sus discípulos fijaban las piezas durante cinco ó más días, yo no solía pasar de uno.
Dejo consignado en el capítulo anterior, y repetido hace un momento, que el gran enigma de la organización del cerebro se cifra en averiguar el modo de terminarse las ramificaciones nerviosas y de enlazarse recíprocamente las neuronas. Reproduciendo un símil ya mencionado, tratábase de inquirir cómo rematan las raíces y las ramas de esos árboles de la substancia gris, de esa selva tan densa que, por refinamiento de complicación, carece de vacíos, de suerte que los troncos, ramas y hojas se tocan por todas partes.
Dos medios ocurren para individualizar convenientemente los elementos de este bosque inextricable. El más natural y sencillo al parecer, pero en realidad el más difícil, consiste en explorar intrépidamente la selva adulta, limpiando el terreno de arbustos y plantas parásitas, y aislando, en fin, cada especie arbórea, tanto de sus parásitos como de sus congéneres. Tal es el recurso, aplicado en Neurología por la mayoría de los autores, desde la época de Stilling, Deiters y Schültze (disociación mecánica y química) hasta la de Weigert y Golgi, en que el aislamiento de cada forma celular ó de cada fibra se conseguía ópticamente, es decir, por desaparición ó incoloración de la mayoría de los factores integrantes de la substancia gris. Mas semejante táctica, á la que Golgi y Weigert debieron notables descubrimientos, resulta poco apropiada á la dilucidación del problema propuesto, á causa de la enorme longitud y extraordinaria frondosidad del ramaje nervioso, que inevitablemente aparece mutilado y casi indescifrable en cada corte.
El segundo camino ofrecido á la razón constituye lo que, en términos biológicos, se designa _método ontogénico ó embriológico_. Puesto que la selva adulta resulta impenetrable é indefinible, ¿por qué no recurrir al estudio del bosque joven, como si dijéramos, en estado de vivero? Tal fué la sencillísima idea inspiradora de mis reiterados ensayos del método argéntico en los embriones de ave y de mamífero. Escogiendo bien la fase evolutiva, ó más claro, aplicando el método antes de la aparición en los axones de la vaina medular (obstáculo casi infranqueable á la reacción), las células nerviosas, relativamente pequeñas, destacan íntegras dentro de cada corte; las ramificaciones terminales del cilindro-eje dibújanse clarísimas y perfectamente libres; los nidos pericelulares, esto es, las articulaciones interneuronales, aparecen sencillas, adquiriendo gradualmente intrincamiento y extensión; en suma, surge ante nuestros ojos, con admirable claridad y precisión, el plan fundamental de la composición histológica de la substancia gris. Para colmo de fortuna, la reacción cromo-argéntica, incompleta y azarosa en el adulto, proporciona en los embriones coloraciones espléndidas, singularmente extensas y constantes.
¿Cómo --se dirá-- tratándose de cosa tan vulgar, no dieron en ella los sabios? Ciertamente, el recurso debió ocurrir á muchos. Años después tuve noticia de que el mismo Golgi había ya aplicado su método á los embriones y animales jóvenes y obtenido algún resultado excelente; pero no insistió en sus probaturas, ni presumió quizás que, por semejante camino, pudiera adelantarse en la dilucidación del problema estructural de los centros. Tan poca importancia debió conceder á tales ensayos que, en su obra magna antes citada, las observaciones consignadas refiérense exclusivamente al sistema nervioso adulto del hombre y mamíferos. De cualquier modo, mi fácil éxito comprueba una vez más que las ideas no se muestran fecundas con quien las sugiere ó las aplica por primera vez, sino con los tenaces que las sienten con vehemencia y en cuya virtualidad ponen toda su fe y todo su amor. Bajo este aspecto, bien puede afirmarse que las conquistas científicas son creaciones de la voluntad y ofrendas de la pasión.
Consciente de haber encontrado una dirección fecunda, procuré aprovecharme de ella, consagrándome al trabajo, no ya con ahinco, sino con furia. Al compás de los nuevos hechos en mis preparaciones, las ideas bullían y se atropellaban en mi espíritu. Una fiebre de publicidad me devoraba. Á fin de exteriorizar mis pensamientos, servíme al principio de cierta Revista médica profesional, la _Gaceta Médica Catalana_. Pero en rápido _crescendo_ la marea ideal y la impaciencia por publicar, este cauce me resultaba estrecho. Contrariábame mucho la lentitud de la imprenta y la tiranía de las fechas. Para sacudir de una vez tales trabas, decidí publicar por mi cuenta una nueva Revista, la _Revista trimestral de Histología normal y patológica_. El primer cuaderno vió la luz en Mayo de 1888 y el segundo apareció en el mes de Agosto del mismo año. Naturalmente, todos los artículos, en número de seis, brotaron de mi pluma. De mis manos salieron también las seis tablas litográficas anejas. Razones económicas obligáronme á no tirar, por entonces, en junto, más de 60 ejemplares, destinados casi enteramente á los sabios extranjeros.
Excusado es decir que la vorágine de publicidad absorbió enteramente mis ingresos ordinarios y extraordinarios. Ante aquella racha asoladora de gastos, mi pobre mujer, atareada con la cría y vigilancia de cinco diablillos (durante el primer año de mi estancia en Barcelona me nació un hijo más), resolvió pasarse sin criada. Adivinaba, sin duda, en mi cerebro, la gestación de algo insólito y decisivo para el porvenir de la familia, y evitó, discreta y abnegadamente, todo conato de competencia y de envidia entre los hijos de la carne y las criaturas del espíritu.
[Ilustración]
CAPÍTULO VI
Algunos detalles tocantes á mis trabajos de 1888. -- Las _cestas_ del cerebelo, el axon de los _granos_ y las _fibras musgosas_ y _trepadoras_. -- Valor decisivo de estos encuentros para la resolución del problema de la conexión intercelular. -- _Teoría reticular_ de Gerlach y de Golgi. -- Los atisbos geniales de His y Forel. -- Confirmación en la retina y lóbulo óptico de las _leyes conectivas_ inducidas del análisis del cerebelo. -- Plan estructural de la médula espinal. -- Averiguación del modo de terminar en los centros los nervios sensitivos y sensoriales. -- Otros trabajos menos importantes.
Consignadas en el capítulo precedente, en síntesis abreviada, las conclusiones más generales de mis estudios en los centros nerviosos durante los años 1888 y 1889, séame lícito entrar ahora en la exposición somera, y lo más clara posible, de los hallazgos más interesantes. Estos hallazgos refiérense al _cerebelo_ de las aves y mamíferos, á la _retina_, á la _médula espinal_ y al _lóbulo óptico_ de las aves.
=Cerebelo.=--Mis estudios sobre la estructura de este centro nervioso iniciáronse en las aves jóvenes y adultas; siguieron luego los referentes al cerebelo de los mamíferos. Dos Memorias, amén de algunas comunicaciones preventivas, consagramos, desde 1888 á 1889, á este fecundo tema.
[Ilustración: Fig. 1.--Corte transversal de una lámina cerebelosa. Figura semiesquemática.-- A y B, células estrelladas de la capa molecular (células de _cesta_), cuyo axon (_a_) genera nidos terminales en torno de las células de Purkinje (C); _b_, axon de estos últimos corpúsculos.]
En la primera, publicada en Mayo de 1888[36], constan ya los principales hechos sobre que se fundan las leyes anatomo-fisiológicas enunciadas en el capítulo precedente. En efecto; con ocasión del análisis del axon de las _células estrelladas pequeñas de la capa molecular del cerebelo_, se describe por primera vez el _modo real de terminación de las fibras nerviosas en la substancia gris_, problema sobre el cual sólo poseíamos soluciones hipotéticas. De esta interesante observación, comprobada después por numerosos autores (Kölliker, van Gehuchten, Retzius, Edinger, v. Lenhossék, Athias, etc.), damos copia en la figura 1, C, correspondiente al cerebelo de los mamíferos. Nótese cómo el cilindro-eje de las referidas _células estrelladas pequeñas_ marcha desde luego en dirección transversal á la circunvolución cerebelosa, describiendo un curso arciforme, y emitiendo numerosas ramas colaterales, caracterizadas por la propiedad de espesarse progresivamente. En fin, tanto el remate de la expansión funcional como sus numerosas proyecciones descendentes, se resuelven en ciertos flecos ó borlas terminales, íntimamente aplicadas al cuerpo de las células de Purkinje, en torno de las cuales generan á modo de nido ó cesta complicados.
[36] _Cajal_: Estructura de los centros nerviosos de las aves. _Revista trimestral de Histología normal y patológica_, núm. 1, 1.º de Mayo de 1888.
Digno de mencionarse es también, por su valor teórico, el _encuentro en la capa de los granos_ de un tipo especial de fibra centrípeta, bautizada con el nombre de _fibra musgosa_, la cual exhibe, tanto en su cabo final como en sus ramas colaterales (fig. 2, _a_), ciertas eflorescencias ó _rosáceas_, de apéndices cortos, tuberosos, libremente terminados. Ulteriores observaciones nuestras pusieron de manifiesto que semejantes excrecencias entran en estrecha articulación con las arborizaciones digitiformes de los _granos_, arborizaciones descritas también por primera vez, dicho sea de pasada, en la comunicación aludida.
En fin, en el citado trabajo se llama asimismo la atención de los sabios acerca de la existencia en derredor de las dendritas de los corpúsculos de Purkinje y, en general, de toda prolongación protoplásmica, de una especie de vello de finísimos y cortos apéndices (_espinas peridendríticas_), confirmadas y estudiadas después por numerosos autores.
La segunda comunicación relativa al cerebelo, publicada en Agosto de 1888[37], contiene dos hechos capitales:
[37] _Cajal_: Sobre las fibras nerviosas de la capa molecular del cerebelo. _Revista trimestral de Histología normal y patológica_, Agosto de 1888.
_a_) El descubrimiento del axon delicadísimo de los _granos_ (células pequeñísimas de la zona segunda de la corteza cerebelosa)[38], el cual, según mostramos en la figura 2, _d_, _c_, asciende á la capa molecular, donde, á diversas alturas para cada célula, se divide en ángulo recto, produciendo dos sutilísimas ramas orientadas en opuesto sentido (figura 2, _e_). Estas larguísimas proyecciones, que llamé _fibras paralelas_, á causa de marchar paralelamente en el sentido de la circunvolución cerebelosa, y por tanto, en dirección normal al ramaje de las células de Purkinje, aparecen en cantidad formidable, rellenan todos los intersticios de la zona molecular y, tras largo é indiviso trayecto, acaban en los extremos de cada lámina. Tan general es su existencia y uniforme su disposición, que se las encuentra casi con los mismos caracteres en toda la serie de los vertebrados, desde el pez hasta el hombre. Constituyen, pues, un factor importante del centro cerebeloso.
[38] Golgi acertó ya á diferenciar entre las expansiones de los granos una fibra más fina ó axon, pero no logró teñirla más que en su porción inicial, creyendo que se resolvía inmediatamente en una red intersticial difusa.
_b_) El otro afortunado encuentro es el de las _fibras trepadoras_ (fig. 3, _c_). Estos robustos conductores emanan de los ganglios de la protuberancia; invaden el eje blanco central de las láminas cerebelosas; cruzan, sin ramificarse, la capa de los granos; asaltan después el plano de las células de Purkinje, y costean, en fin, el soma y tallo principal de estos elementos, á los cuales se adaptan estrechamente. Arribadas al nivel de los primeros brazos del citado tronco dendrítico, descompónense en plexos paralelos serpenteantes que ascienden á lo largo de las ramas protoplásmicas, á cuyo contorno se aplican, al modo de la hiedra ó de las lianas al tallo de los árboles (fig. 3, _a_).
[Ilustración: Fig. 2.--Corte longitudinal de una circunvolución cerebelosa.-- A, capa molecular; B, capa de las células de Purkinje; C, capa de los granos; D, substancia blanca; _a_, rosáceas de las fibras musgosas; _b_, soma de las células de Purkinje; _c_, fibrillas paralelas; _d_, granos con su axon ascendente; _e_, división de este axon. (Figura semiesquemática).]
Tan afortunado hallazgo, uno de los más bellos con que me agasajó el azar en aquella época fecunda, significaba la prueba terminante de la _transmisión de los impulsos nerviosos por contacto_. Así lo reconocieron sabios insignes al comprobar, años después, mi descripción de las fibras musgosas y trepadoras.
[Ilustración: Fig. 3.--Trozo de un corte transversal de una circunvolución.-- A, capa molecular; B, capa de los granos; C, células de Purkinje; _a_, arborización trepadora; _b_, axon de Purkinje; _c_, cilindro-eje llegado de la substancia blanca y ramificado sobre las dendritas de las células de Purkinje.]
Al dar cuenta de la labor del trienio de 1891 á 1894, añadiré otros encuentros de menos importancia concernientes á la corteza cerebelosa. Para alivio del lector poco familiarizado con estas materias, reproducimos aquí una figura donde se presenta, de modo esquemático, el estado de nuestros conocimientos sobre el cerebelo después de mis observaciones de 1888 y 1889. Este esquema (fig. 4) fué compuesto para ilustrar unas conferencias pronunciadas más tarde (1894) ante la _Academia de Ciencias Médicas de Cataluña_. Del éxito inesperado de estas lecciones, que se tradujeron inmediatamente al francés, inglés y alemán, diré algo más adelante.
[Ilustración: Fig. 4.--Corte transversal semiesquemático de una circunvolución cerebelosa de mamífero.-- A, zona molecular; B, zona de los granos; C, zona de la substancia blanca; _a_, célula de Purkinje vista de plano; _b_, células estrelladas pequeñas de la zona molecular; _d_, arborizaciones finales descendentes que rodean las células de Purkinje; _e_, células estrelladas superficiales; _g_, granos con sus cilindros-ejes ascendentes bifurcados en _i_; _h_, fibras musgosas; _j_, célula neuróglica de penacho; _n_, fibras trepadoras; _m_, célula neuróglica de la zona de los granos; _f_, células estrelladas grandes de la zona de los granos.]
Las conclusiones de mis investigaciones acerca del cerebelo contradecían rudamente las ideas, á la sazón reinantes, sobre la fina anatomía de la substancia gris. Claro es que mis puntos de vista eran harto revolucionarios para ser fácilmente admitidos. Mas por esta vez abrigaba la certidumbre de no haberme equivocado; porque, en realidad, las leyes enunciadas venían á ser la expresión ingenua de los hechos, sin mezcla alguna de subjetivismo. No se trataba ahora de una hipótesis más, sino de una inducción legítima con todas las garantías lógicas apetecibles, según reconocieron más tarde insignes histólogos y neurólogos. Estaba yo demasiado escarmentado por el error cometido al interpretar temerariamente la estructura del tejido muscular, para proceder de ligero ó dejarme seducir por una mera concepción teórica, propia ó ajena.
Á fin de que el lector siga fácilmente el curso de mis trabajos y excuse el tono polémico de algunos de mis futuros escritos, conviene exponer aquí, en breves términos, las opiniones reinantes por entonces entre los sabios sobre la constitución íntima de la substancia gris.
Dos hipótesis principales se disputaban el campo de la ciencia: la _del retículo_, defendida por casi todos los neurólogos; la de la _libre terminación_, insinuada tímidamente por dos solitarios, His y Forel, sin eco en las escuelas.
La _hipótesis de la red_ era el formidable enemigo. Note el lector, que también aquí, á semejanza de lo ocurrido en la fibra muscular estriada, nos salía al paso el prejuicio del retículo; sin embargo, en esta ocasión la supuesta rejilla difusa no era _intracelular_, sino _intercelular_. Creada por Gerlach, sostenida después por Meynert y otros neurólogos célebres, durante una época en que la penuria metodológica excusaba las aventuras de la fantasía, la teoría reticular recibió, al fin, de Golgi una forma arquitectónica nueva y atrayente, y hasta cierta apariencia de apoyo en los hechos de observación.