Recuerdos de mi vida (tomo 2 de 2)

Part 34

Chapter 343,477 wordsPublic domain

La misma olímpica altivez y pretencioso empaque mostró mi compañero en su brindis del banquete oficial. Esta fiesta solemne fué ofrecida por los miembros de la Institución Nobel, y á ella asistieron los Príncipes y magnates, el Cuerpo diplomático y distinguidas representaciones de las Corporaciones populares y académicas. (Por cierto que S. M., muy amable conmigo, me recordó sus viajes por Andalucía, é hizo gentiles elogios de las bellezas de España y del carácter de sus naturales).

Á la hora de los brindis, hablaron muy discreta y elocuentemente algunos Ministros, los ilustres Presidentes de las _Academias_ y de la _Institución Nobel_ y los representantes de los países á que pertenecían los pensionados (menos el encargado de la Legación de España, que excusó su asistencia). En mi honor el profesor Sundberg pronunció en francés un _toast_ amabilísimo. Y después, en sendos discursos de gracias, brindamos cortésmente todos los laureados.

Creo que no desentoné en aquel concierto de afable cortesanía y gentil confraternidad. En mi breve discurso, pronunciado en francés, puse especial empeño en consagrar sentido recuerdo á investigadores preclaros, tan merecedores ó más que Golgi y yo del honroso galardón. He aquí el texto, que reproduzco para los aficionados á la oratoria oficial, por necesidad ceremoniosa y ritualista.

Mesdames et Messieurs: Ces moments de profonde émotion ne sont pas les plus favorables pour extérioriser les sentiments que j’éprouve devant une aussi brillante assemblée et dans une aussi solennelle occasion. Je me bornerai donc tout simplement à exprimer à l’_Institut Carolin_, ma profonde gratitude pour l’honneur extraordinaire qu’il m’a fait en me décernant, conjointement avec l’illustre Golgi, le _prix Nobel de Physiologie et de Médecine_. Je dois aussi remercier de tout mon cœur les bienveillantes et généreuses paroles que le savant president de cette Corporation vient de m’adresser en son très eloquent toast.

Les découvertes scientifiques sont presque toujours le résultat de l’ambiance intelectuelle. C’est un labeur collectif dans lequel il est souvent difficile d’attribuer le mérite à un savant déterminé. L’_Institut Carolin_, s’inspirant d’un grand sentiment de justice et d’équité, a bien voulu qu’un des copartageants du prix Nobel pour la Physiologie et la Médecine soit l’illustre Golgi, le prestigieux maître italien, qui, par l’invention de très importantes méthodes de recherche et par l’esprit d’observation scrupuleuse et exacte, a le plus contribué à la connaissance de la fine structure et du mécanisme fonctionnel des centres nerveux. Néanmoins, d’autres savants ont aussi collaboré très activement à l’œuvre commune, et si vous trouvez dans le réglement de l’Institution Nobel une borne infranchissable à votre générosité et à vos sentiments d’équité, je croirais, moi, commettre une grave injustice si je ne rappellais pas à cette heure, les noms glorieux de His, le génial et regretté embryologue de Leipzig; de Forel, le savant naturaliste et neurologue suisse; de v. Kölliker, le vénérable maître, le Nestor de la micrographie à qui la mort seule pût faire cesser le combat qu’il livrait à la nature vivante à la quelle il a arraché tant de secrets; de Ehrlich, Marchi et de Weigert, createurs des importantes méthodes de recherches neurologiques. Je n’oublie pas non plus la légion de jeunes et brillants professeurs tels que v. Lenhossék, Dogiel, Lugaro, v. Gehuchten, Held, Edinger, Fusari, L. Sala, Holmgren, etc., etc.; enfin, l’un de vos chercheurs des plus feconds et infatigables, l’illustre anthropologue, histologue et embryologue, auquel l’anatomie comparée du système nerveux est redevable de grandes et positives conquêtes: j’ai nommé --vous l’avez tous deviné sans doute-- le Professeur de Stockholm, G. Retzius.

Tous ces savants, méritent également le grand honneur que je suis heureux de partager aujourd’hui avec le maître de Pavie, parce que, outre leurs recherches originales, tous ont contribué à suggérér, préparer et developper plusieurs points importants de mes modestes découvertes.

Je finis en levant mon verre pour proposer un toast à la confraternité des hommes de science, en faisant des vœux pour qu’en dépit des préjugés de nationalité ou d’école, et en s’inspirant tous du haut et généreux exemple du grand savant Nobel, gloire du pays scandinave, ils se reconnaissent comme des fidèles compagnons voués à une œuvre commune, qui ne peut s’affirmer et progrésser que dans un esprit collectif de justice et d’affection réciproque.

Aparte las magníficas fiestas oficiales, debemos mencionar todavía, para ser completos, otras atenciones y finezas con que algunos sabios insignes y, en general, el cultísimo y hospitalario pueblo sueco, procuró amenizar nuestra estada en Estocolmo. Recordemos el banquete ofrecido á los laureados por el Conde de Mörner, Presidente del _Instituto Carolino_, y cuya esposa é hijas, prototipos de la espléndida belleza escandinava, hicieron á maravilla los honores de la casa; la comida íntima con que me obsequió el Dr. Retzius, en cuyo hotel tuve ocasión de conversar con su admirable compañera y de conocer la suave y elegante comodidad del hogar sueco; la función de gala ofrecida á los forasteros en el Teatro de la Opera; la gira á la antiquísima Universidad de Upsala --el Oxford de Suecia--; la visita al _Skating-Ring_, donde se cultiva el favorito deporte de los países hiperbóreos; el paseo por la bahía, y, en fin, la gira al interesante Parque zoológico, donde, entre otras curiosidades, se admira cierta colección de viviendas rústicas, con las ingeniosas labores caseras á que, durante los larguísimos inviernos suecos, se entrega la familia del campesino.

Para terminar el relato de mi viaje á Suecia, de cuyos habitantes guardo recuerdos gratísimos, referiré una anécdota y una observación.

Reciente la separación de Noruega, osé manifestar á un alto dignatario, á quien tuve el honor de ser presentado, la extrañeza con que habíamos sabido en España la impasibilidad de Suecia ante el desgarramiento de la patria común. Y el amable interlocutor, en vez de deplorar amargamente el hecho, según yo presumía, limitóse á contestarme, con la sonrisa en los labios: «Tontos de remate hubiéramos sido si, por mantener por la fuerza nuestra unión con el vecino país, hubiéramos desnivelado nuestro presupuesto en _superávit_, y suspendido la triunfadora campaña emprendida en pro de la cultura general y en contra del alcoholismo.»

La observación concierne á la sórdida miseria con que España costea los gastos de su representación en el extranjero. Mientras el Ministro de Suecia en Madrid y los representantes diplomáticos de Francia, Inglaterra, Italia, etc., en Estocolmo viven en magníficos hoteles, con el decoro correspondiente á su rango, el encargado de Negocios de España en dicha nación vegeta precariamente en un piso segundo de modestísima casa de vecindad. Tan bochornoso contraste trajo consigo cierta omisión, notada por muchos y poco halagadora para nuestra patria. Rindiendo culto á la cortesía y á la costumbre, cada Ministro extranjero acreditado en la corte sueca, festeja al compatriota laureado con un banquete íntimo, al cual asiste lo más escogido de la colonia de la nación correspondiente. Todos rindieron esta prueba de consideración al paisano honrado con el premio Nobel, todos..., menos nuestro Ministro, que deplorando sin duda la falta de local decoroso y de recursos, soslayó el consabido acto de cortesía. Á bien que la falta fué gentil y gallardamente compensada --no obstante la modestia de sus medios-- por el cultísimo Secretario de la Legación, Sr. R. Mitjana, quien, dicho sea de pasada, me acompañó amablemente en mis paseos por la ciudad y en mi visita á Upsala (hablaba el sueco) y se condujo conmigo como el más campechano y fraternal de los amigos.

Y el citado caso no es único, por desgracia. En todas las capitales visitadas por mí (salvo París) he observado con pena que la Legación española es la más lamentable y mezquina. Por decoro nacional, ¿no habría manera de remediar algo tan desairada situación?

* * * * *

El tercer suceso próspero --ó que pudo serlo para mí--, anunciado en el sumario del presente capítulo, fué el empeño del ilustre Moret, á la sazón jefe del partido liberal, en hacerme Ministro de Instrucción pública. Ya en 1905, honrándome en el Ateneo con sus amables pláticas, me anunció sus deseos. Yo me limité á darle las gracias, contestándole con evasivas corteses. La verdad es que ni yo me sentía político, ni estaba preparado para el arduo oficio de Ministro, ni acertaba á descubrir en mí, al hacer examen de conciencia, las dotes en nuestro país indispensables para regir dignamente una cartera.

Recordará el lector que, cuando en 1905, D. Antonio Maura derribó la situación conservadora dirigida por Villaverde, subió al poder el partido liberal, bajo la presidencia de D. Eugenio Montero Ríos. Desgraciadamente, la poderosa fuerza política acaudillada antaño por Sagasta, había perdido su cohesión, dividida en grupos atómicos. Y á la cabeza de cada fracción figuraba un prohombre aspirante á la suprema jefatura.

Mientras tanto, ocurrían los vergonzosos sucesos de Barcelona (procacidad de los catalanistas del _Cut-cut_ é indignación patriótica, aunque inoportuna, del ejército). Montero Ríos hubo de dimitir, y la jefatura fué transferida á D. Segismundo Moret, _leader_ de la más importante agrupación liberal. Preciso es reconocer que, no obstante sus altos prestigios, el ilustre orador demócrata no dispuso nunca de una mayoría disciplinada. Resuelto á restaurar á todo trance la unidad del partido, concibió el plan, una vez terminadas las fiestas de la boda real, de disolver los Cuerpos colegisladores y convocar nuevas elecciones. Deseaba acometer resueltamente la reforma constitucional y votar leyes de tendencia francamente democrática.

Fué por Marzo de 1906 cuando, en una conferencia celebrada en su casa, me comunicó el insigne político su pensamiento y me expresó el deseo de que le prestara mi insignificante concurso. Excuséme, como otras veces, escudado en mi inexperiencia parlamentaria. Pero la elocuencia de D. Segismundo era terrible. Con frase inflamada en sincero patriotismo, expuso las grandes reformas de que estaba necesitada la enseñanza, encareciendo el honor reservado al Ministro que las convirtiera en leyes; añadió que también los hombres de ciencia se deben á la política de su país, en aras del cual es fuerza sacrificar la paz del hogar, cuanto más las satisfacciones egoístas del laboratorio; y citóme, en fin, para acabar de seducirme, el ejemplo de M. Berthelot y de otros grandes sabios, que no se desdeñaron para elevar el nivel cultural de su país, en formar parte de un gobierno.

Sus cálidas exhortaciones hicieron mella en mi flaca voluntad. Y excitado á mi vez por aquel verbo cautivador, tuve la debilidad de apuntarle algunas reformas encaminadas á sacudir la Universidad española de su secular letargo: la contrata, por varios años, de eminentes investigadores extranjeros; el pensionado, en los grandes focos científicos de Europa, de lo más brillante de nuestra juventud intelectual, al objeto de formar el vivero del futuro magisterio; la creación de grandes Colegios, adscriptos á Institutos y Universidades, con decoroso internado, juegos higiénicos, celosos instructores y demás excelencias de los similares establecimientos ingleses; la fundación, en pequeño y por vía de ensayo, de una especie de _Colegio de Francia_, ó centro de alta investigación, donde trabajara holgadamente lo más eminente de nuestro profesorado y lo más aventajado de los pensionados regresados del extranjero; la creación de premios pecuniarios en favor de los catedráticos celosos de la enseñanza ó autores de importantes descubrimientos científicos, á fin de contrarrestar los efectos sedantes y desalentadores del escalafón, etc.

Y cuando esperaba yo que Moret se mostrara asustado ante un plan de reformas que implicaba la demanda á las Cortes de créditos cuantiosos, contestóme jubiloso: --Estamos perfectamente de acuerdo. En cuanto se plantee la próxima crisis, usted será mi Ministro de Instrucción pública--. Y embobado por la magia de su palabra y por el ascendiente de su talento me abstuve de contradecirle.

Semanas después (Abril de 1906) asistí al _Congreso médico internacional_ de Lisboa. Allí, lejos de la peligrosa sirena presidencial, recapacité seriamente acerca del arduo compromiso en que me había metido. Y acabé por advertir que, desorganizado el partido liberal, era quimera esperar el logro del decreto de disolución é imposible, por tanto, acometer la magna obra de nuestra elevación pedagógica y cultural. Ante mis compañeros de profesión, y, sobre todo, á los ojos de los políticos de oficio, iba yo á resultar, no un hombre de buena voluntad vencido por las circunstancias, sino un vulgar ambicioso más. Y esto repugnaba á mi conciencia de ciudadano y de patriota.

Y, bajo el peso de tales reflexiones, escribí á Moret retirándole mi promesa y excusando mi informalidad. El Presidente se enfadó mucho conmigo. Tuvo, sin embargo, la magnanimidad de perdonar mis veleidades; y meses después llevó su benevolencia hasta el punto de elevar al Gobierno á uno de mis amigos, D. Alejandro San Martín. El cultísimo profesor de San Carlos, con quien había yo cambiado impresiones acerca de las reformas universitarias más urgentes, asumió el delicado encargo de defenderlas, sin abandonar, naturalmente, personales iniciativas, algunas acaso demasiado atrevidas (aludo, sobre todo, á la supresión indirecta de la bochornosa enseñanza libre, desconocida en el extranjero).

Mis fáciles vaticinios cumpliéronse de todo en todo. La discordia que minaba al partido esterilizó los patrióticos anhelos de Moret, quien no obtuvo el ansiado decreto de disolución. Y conforme era de esperar, el Ministerio de que yo debía formar parte (crisis de Junio de 1906), vivió angustiosa y precariamente, entre intrigas menudas y luchas intestinas. En fin, dos meses después cayó D. Segismundo con la amargura de no haber logrado la unión del partido ni dado cima á ninguna de las grandes reformas democráticas que meditaba.

* * * * *

Decía más atrás que el _premio Nobel_ concedido por primera vez en 1906 á histólogos, causóme más miedo que satisfacción. ¿Cómo reaccionarán --pensaba-- aquellos pocos sabios, no exentos de mérito, cuyos errores teóricos tuve la desgracia de poner en evidencia?

Poco tardaron en darme una respuesta. En significativo contraste con las grandes figuras de la neurología que, inspiradas en noble generosidad, se apresuraron á felicitarme, algunos histólogos y naturalistas que me distinguieron siempre con su hostilidad se exaltaron desaforadamente contra mi modesta persona. Era ya tiempo, según mis piadosos cofrades, de aplastar definitivamente el _neuronismo_, soterrando de paso á su más fervoroso mantenedor. Y en sus invectivas había tanta injusticia, se acompañaban de tan virulentas personalidades, resultaban, en fin, tan desproporcionadas con la insignificancia de mis corteses reparos de otro tiempo, que fuera candoroso excluir cierto vínculo etiológico entre ellas y mi inesperada ventura.

No deja, en efecto, de ser significativo el que mi antiguo amigo H. Held, uno de los detractores de entonces, á quien por cierto había yo tratado siempre con la consideración debida á su incansable laboriosidad y positivos méritos, (había sido fervoroso adepto del neuronismo y hasta traductor en 1894 de un libro mío)[254], se indignara precisamente en 1907[255], á pretexto de que en cierta comunicación de mi cosecha, relativa á la _génesis de las neurofibrillas_, no estimé pertinente discutir ni aceptar la vetusta teoría neurogenética de Hensen, concepción definitivamente rechazada, hacía la friolera de diecisiete años, por eminencias neurológicas del fuste de Kupffer, Ranvier, His, Golgi, Kölliker, Lenhossék, Retzius, Lugaro, Athias, etcétera. En cuanto á S. Apáthy, el fogoso naturalista de Klausenburg, esperó también hasta dicho año de 1907, para sentirse agraviado por las objeciones que, de pasada, me sugiriera en 1903 su aventuradísima lucubración acerca de la continuidad de las neurofibrillas en los vermes[256].

[254] _H. Held_: Kritische Bemerkungen zu der Verteidigung der Neuroblasten und der Neurontheorie durch R. Cajal. _Anat. Anzeiger._ Bd. XXX, 1907.

[255] _S. Apáthy_: Bemerkungen zu den Ergebnissen R. y Cajals hinsichtlich der feineren Beschaffenheit des Nervensystems. _Anat. Anzeiger._ Bd. XXXI, 1907.

[256] _Cajal_: Un sencillo método de coloración selectiva del retículo protoplásmico, etc. _Trab. del Lab. de Invest. biol._, tomo II, 1913.

Penetrado harto bien de la psicología de ciertos sabios y de la intención de la nueva campaña, procuré conducirme en mis réplicas con perfecta ecuanimidad y justicia, persuadido de que, en esta clase de lides, pasión y razón suelen estar siempre en proporción inversa. Desentendíme, pues, de todos los ataques personales y fuíme derechamente al terreno de la observación.

La tesis central de H. Held --simple modificación, por otra parte, de la vieja concepción de Hensen-- consistía en admitir que el cono de crecimiento de los axones embrionarios no crece libremente hacia su destino por entre los elementos extraños, según creíamos haber demostrado His, Kölliker, Lenhossék, yo, Harrison, etc., sino que corre encauzado por el interior de un sistema de tubos comunicantes preestablecidos. En la _médula primordial_, tales conductos orientadores hallaríanse representados por las _células ependimales_ ó epitélicas; fuera de la médula, es decir, para los conos y axones aventurados en pleno _mesodermo_, los citados estuches estarían constituídos por cadenas radiadas de corpúsculos conectivos primordiales. Notemos que, en su nueva investigación, Held hizo uso de mi proceder del nitrato de plata reducido, salvo que en lugar de fijar las piezas en alcohol, según hacía yo, aplicó de preferencia la _piridina_, el fijador del método de Donaggio.

Fácil fué para mí, después de estudiar nueva y esmeradamente el tema, demostrar en preparaciones irreprochables la sinrazón de mi colega de Leipzig[257]. Entre otras observaciones incontestables, resueltamente favorables á la concepción de His, expuse las siguientes:

[257] _Cajal_: Nouvelles observations sur l’évolution des neuroblastes avec quelques remarques sur l’hypothèse neurogénétique de Hensen-Held. Avec 18 figures. _Anat. Anzeiger._ Bd. XXXII, 1908.

_a_) Los _conos de crecimiento_ recién formados (embrión de pollo de dos días) crecen y marchan en la médula primitiva, no por dentro de las _células epiteliales_ (que forman, según es sabido, un sistema de fibras radiadas á partir del epéndimo), sino entre dichas células, conforme lo persuade perentoriamente tanto la absoluta falta de forro exógeno en los axones cortados de través, como los frecuentes retrocesos, revueltas y extravíos de los mismos antes de encontrar su camino (fig. 131, _a_, _b_, _d_).

[Ilustración: Fig. 131.--Trozo de médula espinal primitiva (A) y de tejido mesodérmico vecino, tomado de un embrión de pato de tres días. Nótese cómo en los neuroblastos más jóvenes los conos de crecimiento marchan siempre entre las células, tanto dentro como fuera de la médula.-- E, F, conos que cruzan libremente el espacio perimedular; D, _f_, conos cuya posición libre en el mesodermo es evidente.]

_b_) Los conos cruzan el espacio plasmático perimedular sin ayuda de ningún corpúsculo orientador (fig. 131, _e_, F).

_c_) En el seno del _mesodermo_ resulta facilísimo reconocer axones absolutamente libres, es decir, alejados de toda célula conjuntiva embrionaria, los cuales se orientan perfectamente al través de las lagunas intercelulares (fig. 131, D, _f_).

_d_) En ocasiones descúbrense en el bulbo conos de crecimiento caídos por azar en el líquido ventricular, los cuales después de una revuelta vuelven á la substancia gris, orientándose definitivamente (fig. 132, A, E), sin ayuda de estuches celulares.

_e_) Con frecuencia se descubren en muchos nervios, tales como el patético, etc., revueltas iniciales incongruentes, denotadoras de extravíos que al fin son rectificados.

[Ilustración: Fig. 132.--Trozo de un corte del bulbo de un embrión de pollo de cuatro días. Adviértase cómo fibras nerviosas caídas por accidente en el ventrículo (A, E, C) aparecen libres, orientándose en él para dirigirse á su destino al través de toda la trama nerviosa.]

_f_) La sección transversal de las raíces nerviosas en sus más tempranas fases no revelan ningún forro celular, ni siquiera la presencia de núcleos marginales.

_g_) Los neuroblastos simpáticos y muchos elementos nerviosos de los centros emigran, en el curso del desarrollo, de su yacimiento originario, circulando libremente por entre otros corpúsculos hasta alcanzar su destino. Fuera absurdo suponer que un robusto neuroblasto simpático es capaz de alojarse y correr por dentro de un corpúsculo mesodérmico, mucho más delgado que él.

_h_) En la regeneración patológica es comunísimo sorprender axones que caminan y se orientan al través de exudados serosos y hasta de coágulos sanguíneos, lejos, por tanto, del concurso de las supuestas _Leitzellen_ de Held.

_i_) Los experimentos de Tello demostraron que, cuando se secciona el nervio óptico, una parte de los brotes siguen dirección retrógrada, invaden la retina y, á impulsos de su potencia de crecimiento, barrenan las capas de esta membrana sin necesitar para ello de la preformación de estuches orientadores (fig. 134, A).

[Ilustración: Fig. 133.--Corte de la retina del embrión de pollo de cuatro días. Se demuestra en esta figura que la primera forma del neuroblasto es bipolar (C, B) y no monopolar.-- _a_, _b_, conos de crecimiento cuya posición intercelular es indiscutible.]

_j_) En fin, los experimentos de cultivo artificial de los nervios embrionarios (experimentos de Harrison y de los sabios de su escuela efectuados en larvas de batracio) demuestran perentoriamente que los axones y conos de crecimiento son susceptibles de crecer y marchar al través del plasma nutritivo, y cuando por azar tropiezan en hilos de fibrina ó con elementos mesodérmicos, se deslizan sobre ellos como una planta joven sobre su tutor (_estereotropismo_ de Loeb y Harrison, etc.).

Aparte los datos de alcance polémico, el citado trabajo encierra también algunos hechos nuevos, en cuya reseña detallada es imposible entrar aquí. Mencionemos solamente un estudio sobre la evolución de las células nerviosas de la retina; otro sobre la marcha de los neuroblastos en la médula espinal primitiva; y otro, en fin, sobre la génesis del gran simpático.

[Ilustración: Fig. 134.--Corte de la retina del conejo adulto, cuyo nervio óptico fué cortado. Nótese un robusto retoño (A) que, extraviado, atraviesa por propio impulso y sin vainas celulares, todo el espesor de la membrana, desde la capa de las fibras del nervio óptico.]

Particularmente interesantes son, con relación á la retina y á la médula espinal estos dos hechos: _a_, que el neuroblasto unipolar de His va precedido, según señalé ya en 1890 (el hecho fué negado por His y otros), de una _fase bipolar_ (fig. 133, C, D, B), y _b_, que los conos trazan á menudo revueltas antes de orientarse, chocando con la basal (fig. 133, _a_, _b_), por entre cuyos pilares se deslizan.