Recuerdos de mi vida (tomo 2 de 2)

Part 21

Chapter 213,325 wordsPublic domain

No fué solamente el estímulo de la curiosidad científica lo que me movió á estudiar á fondo la técnica de Ehrlich. Entró por mucho en mi resolución el anhelo, diré más, la apremiante necesidad, de contrastar, mediante las indiscutibles revelaciones de un método que impregna las células y fibras casi en vivo, las imágenes clarísimas y terminantes, pero algo caprichosas, del proceder de Golgi. Ciertamente, el valor analítico del cromato de plata, en orden á la demostración de la morfología neuronal y al comportamiento de las fibras nerviosas, hallábase sólidamente garantido por el hecho de que allí donde métodos de muy diversa índole, por ejemplo, el de Ehrlich, el de Cox, el de la disociación, el de Golgi, el del cloruro de oro, etc., son fácilmente aplicables (retina, terminaciones nerviosas periféricas, etc.), la coincidencia de los resultados es casi perfecta. Con todo eso, no faltaban escépticos (particularmente entre los que, faltos de paciencia para dominar las técnicas difíciles y azarosas, sólo trabajan con los procederes llanos y constantes, aunque sean de mezquino rendimiento) que se preguntaban, entre envidiosos y malhumorados, si al fin no resultaría que muchas de las siluetas morfológicas producidas por el cromato argéntico llegarían á considerarse como depósitos metálicos caprichosos, algo así como cristalizaciones trepadoras en medios gelatinosos ó como esas células artificiales provocadas por Leduc, Traube y otros en determinadas soluciones inorgánicas. Hasta el mismo Kölliker, fervoroso creyente en los milagros del admirable recurso aportado por la ciencia italiana, hacía reservas sobre la preexistencia de ciertas disposiciones exclusivamente advertidas en los preparados de Golgi: refiérome especialmente á las _espinas colaterales_, señaladas por mí en las dendritas neuronales (cerebro, cerebelo, asta de Ammon, etc.). Para el sabio de Würzburgo, trataríase, quizás, de un precipitado superficial, especie de cristalización en agujas, sedimentado eventualmente sobre la superficie expansional. Por lo demás, parecidas dudas había formulado el mismo Golgi sobre el objetivismo de estos apéndices, llamados á ser, andando el tiempo, objeto de muchas investigaciones fisio-patológicas.

Claro es que yo no participaba de semejantes recelos. Dilatada experiencia del método habíame traído la profunda convicción de que las susodichas vellosidades, al igual de cuantas disposiciones aparecen en las buenas preparaciones del cromato argéntico (esto es, en las obtenidas sobre piezas frescas rápidamente fijadas y cuya impregnación finísima y uniforme carece de precipitados irregulares) corresponden estrictamente á la realidad. Huelga decir, empero, que mi confianza, fundada en quince años de trabajos incesantes efectuados con diversos métodos, no podía ser sugestionada á sabios poco afectos á técnicas no inventadas por ellos, ó á observadores noveles sin criterio formado sobre el asunto. Era, pues, absolutamente preciso mostrar á todo el mundo imágenes claras y terminantes, tanto de las espinas como de otras disposiciones morfológicas descubiertas por mí, empleando al efecto recursos técnicos radicalmente diferentes del de Golgi.

[Ilustración: Fig. 60.--Espinas colaterales de las dendritas (_b_) teñidas por una modificación del método de Ehrlich.-- _a_, pirámides cerebrales del conejo.]

Á este propósito respondió principalmente mi campaña tenaz de fines de 1896 y de casi todo el año 1897, durante cuyo tiempo servíme casi exclusivamente del método de Ehrlich al azul de metileno. Mis ensayos, coronados del mejor éxito, fueron varios, versando, uno, sobre las controvertidas _espinas colaterales_, otro sobre la _estructura de los ganglios craneales_, otro acerca de las neuronas de la _capa molecular_ del cerebro, en fin, el más extenso é importante abarcó el _cerebelo_, _corteza cerebral_, _asta de Ammon_, _médula espinal_, etc.

En la primera comunicación[147], publicada en Junio de 1896, demuéstrase perentoriamente, mediante el método de Ehrlich modificado, la existencia de las susodichas espinas en el tallo y penacho terminal de las pirámides del cerebro (conejo y gato), donde se exhiben teñidas de azul claro, y provistas de cierto abultamiento final, intensamente impregnado (las tumefacciones _piriformes_, ulteriormente estudiadas por Demoor, Stefanowska, Manoumelian, Deyber, etc.) (fig. 60, _b_, _d_).

[147] _Cajal_: Las espinas colaterales de las células del cerebro teñidas con el azul de metileno. _Revista trimestral micrográfica_, número 2, Junio de 1896. Con 3 grabados.

En el trabajo más extenso y comprensivo, consagrado á la organización del _cerebelo_, _cerebro_, _médula espinal_, _asta de Ammon_, etc., y adornado con algunas fototipias[148], logré consolidar, sin la menor duda posible, la preexistencia en el adulto (conejo, gato, perro, rana, etc.) de las más importantes disposiciones reveladas en los embriones y animales jóvenes por el método de Golgi (colaterales de la substancia blanca con sus arborizaciones libres (figura 61, _b_), nidos nerviosos del cerebelo y bulbo, morfología de los granos cerebelosos, fibras trepadoras y musgosas, etc.), refutando así irrevocablemente á los escépticos, para quienes tales hechos de morfología nerviosa serían acaso disposiciones peculiares de la época fetal ó quizás depósitos artificiales del cromato de plata. Además de estos resultados generales, de incuestionable valor crítico, la citada monografía encerraba algunas observaciones nuevas:

[148] _Cajal_: El azul de metileno en los centros nerviosos. _Revista trimestral micrográfica_, núms. 3 y 4, 1896. Con 4 láminas fototípicas y 15 grabados intercalados en el texto.

[Ilustración: Fig. 61.--Nidos formados en torno de las grandes células del asta posterior por las colaterales sensitivas. (Método de Ehrlich).]

_a_) La comprobación de la división en rama ascendente y descendente de las radiculares posteriores (médula espinal) de los batracios[149], reptiles, aves y mamíferos, con la demostración de que tales bifurcaciones se producen al nivel de las estrangulaciones, paraje en donde el axon ofrece un verdadero anillo ó manguito de cemento (fig. 62, _a_). Demuéstranse, asimismo, las estrangulaciones de los tubos nerviosos en la substancia blanca y gris del cerebro y cerebelo (figura 63, _a_, _b_), donde presentan caracteres algo especiales.

[149] Sobre el tema especial de las bifurcaciones y colaterales de las raíces posteriores de la médula espinal de batracios y reptiles, publicamos, además, cierta nota en una Revista profesional. Véase: Las colaterales y bifurcaciones de las raíces posteriores de la médula espinal demostradas con el azul de metileno. _Revista de Clínica, de Terapéutica y Farmacia_, 10 de Octubre de 1896. Tomo X.

_b_) Descubrimiento en el espesor del cordón posterior de radiculares sensitivas trifurcadas (gato). La rama intermedia representaría una colateral sensitiva-motriz robusta, nacida anticipadamente.

_c_) Confirmación en diversos vertebrados de las colaterales de la substancia blanca y de su continuidad con arborizaciones pericelulares. El azul de metileno les presta aspecto varicoso y permite reconocer que brotan también de un estrechamiento de los tubos nerviosos (fig. 62, B).

[Ilustración: Fig. 62.--Coloración, mediante el método de Ehrlich, en la médula espinal del gato, de la bifurcación de las raíces sensitivas (_a_) y de la existencia de las colaterales de la substancia blanca (B).]

_d_) Coloración de los granos del cerebelo, con su axon en T, de los corpúsculos de cesta ó estrellados de la capa molecular, etc., de las arborizaciones finales de las fibras musgosas. Sobre estas _rosáceas_ se hace un estudio especial, probando que se relacionan, según había yo sospechado en 1894, mediante una especie de engranaje, con las dendritas digitiformes de los granos (confirmado por Held, que trabajó sin conocer mis investigaciones).

_e_) Impregnación de los cálices de Held del cuerpo trapezoide (una forma especial de nido pericelular) y revelación de sus proyecciones divergentes finas, demostradas tanto en las preparaciones de Ehrlich como en las de Golgi.

_f_) En fin, teñido de numerosas células y fibras del _asta de Ammon_, _fascia dentata_, _corteza cerebral_, etc., etc. (fig. 64, A).

[Ilustración: Fig. 63.--Presentación en la substancia blanca del cerebro, cerebelo, etc., de las estrangulaciones de la mielina y detalles de la forma variable del forro de cemento. (Método de Ehrlich).]

La tercera monografía, basada en las revelaciones del azul de metileno, recayó en la _corteza cerebral_ de los pequeños mamíferos (gato, conejo, etc.), ilustrando predilectamente la estructura de la _capa primera ó plexiforme_, en la cual, además de confirmar plenamente los resultados del método de Golgi, descríbense numerosos tipos nuevos de células de axon corto[150], por ejemplo:

[150] _Cajal_: Las células de cilindro-eje corto de la capa molecular del cerebro. _Revista trimestral micrográfica_, Junio 1897. Con 7 figuras.

_a_) Células pequeñas de axon cortísimo y prontamente ramificado.

_b_) Células de axon corto horizontal distribuído sobre mayor extensión dentro de la zona primera (fig. 65, A).

[Ilustración: Fig. 64.--Pirámides grandes del asta de Ammon (método de Ehrlich).-- _e_, axon; _b_, colaterales nerviosas recurrentes. (La morfología coincide exactamente con la mostrada por el cromato de plata).]

_c_) Células grandes, de largas dendritas, provistas de un axon horizontal larguísimo, cuyo paradero no puede sorprenderse.

_d_) Corpúsculo de axon descendente, arborizado en la zona 2.ª y 3.ª

_e_) Se prueba que las células especiales de la capa primera (_células de Cajal_, según Retzius) poseen verdaderas dendritas, que se reconocen por sus varicosidades en presencia del azul de metileno.

_f_) Se descubren larguísimas fibras meduladas horizontales en la capa molecular, las cuales se dicotomizan á menudo.

_g_) Se expone la conjetura de que los corpúsculos de Golgi ó de axon corto son generadores de fuerza nerviosa, etc., etc.

[Ilustración: Fig. 65.--Tipos de células de axon corto de la capa molecular del cerebro.]

_h_) Se señala en torno de las células nerviosas de axon corto una red especial no nerviosa, que, mejor investigada más adelante por Golgi, Donaggio, Held, Bethe, etc., fué punto de partida de grandes controversias. Tal es el _retículo pericelular_, llamado de Golgi, por haber sido descrito exacta y minuciosamente por este sabio en 1898 (fig. 66, A, _a_).

En fin, el último tema estudiado con el método de Ehrlich fué la estructura en el adulto de los _ganglios sensitivos raquídeos y craneales_[151]. En esta investigación prestóme su concurso, á título de preparador, mi ayudante de entonces D. Federico Olóriz Ortega, hijo del prestigioso maestro de Anatomía, de quien con merecido encomio he hablado en anteriores capítulos. La mencionada monografía, aparte de comprobar en los ganglios craneales algunos descubrimientos de Dogiel sobre la morfología de las células monopolares de los ganglios raquídeos, contiene:

[151] _Cajal_ y _Olóriz Ortega_: Los ganglios sensitivos craneales de los mamíferos. _Revista trimestral micrográfica_, tomo II, 1897.

[Ilustración: Fig. 66.--Células de axon corto de la corteza cerebral.-- _a_, red superficial situada sobre la membrana protoplásmica (azul de metileno de Ehrlich).]

_a_) El descubrimiento de ciertas células estrelladas intracapsulares, coloreables por el azul de metileno, de naturaleza enigmática, y las cuales designamos provisionalmente _células satélites perigangliónicas_ (fig. 67, A, B).

Semejantes elementos, que desempeñan importante papel en los procesos patológicos de la neurona sensitiva, han sido confirmados por numerosos autores (Nageotte, Marinesco, Rossi, v. Lenhossék, etc.).

[Ilustración: Fig. 67.--Corpúsculos satélites dispuestos alrededor de las células ganglionares sensitivas del gato (método de Ehrlich).]

_b_) Reconocimiento de que el glomérulo inicial del axon de las células sensitivas carece de mielina, iniciándose de ordinario por fuera de la cápsula pericelular.

_c_) Descripción de ciertas arborizaciones nerviosas de origen exógeno distribuídas en torno de las revueltas del glomérulo inicial de la expansión nerviosa, así como de otras ramificaciones terminales mixtas más complicadas, porque son á la vez pericelulares y periglomerulares, etc. (fig. 68, _a_, _b_). (Conviene no confundir estas fibras con los _ovillos_ de Dogiel).

[Ilustración: Fig. 68.--Arborizaciones periglomerulares de las células gangliónicas del gato (método de Ehrlich).]

Estos curiosos sistemas de nidos y de fibras espiroideas encuéntranse también en el hombre, según demostramos años después (1905) con ayuda de un método especial. Las singulares variaciones morfológicas y las sorprendentes libraciones de distribución en cada especie animal de los referidos nidos nerviosos constituyen hoy, gracias á los trabajos anatomo-patológicos de Nageotte, Marinesco, Lugaro, Rossi, Pacheco, Schäffer, Exposito, Bielschowsky, Minea, Dustin, etc., y á los de histología comparada de Dogiel y Levis, Huber, Ranson, uno de los capítulos más interesantes de la biología ganglionar.

[Ilustración]

CAPÍTULO XIV

Las teorías y los hechos. -- Firmeza y constancia de los hechos histológicos. -- Carácter instrumental de las hipótesis. -- Conviene de cuando en cuando cultivarlas, pero sin fiarse mucho de ellas. -- Inducciones fisiológicas sacadas de la morfología neuronal. -- Explicación histológica del hábito, del progreso mental en la escala zoológica, del talento y del genio. -- Conjeturas sobre el mecanismo del sueño, atención y asociación. -- Exquisita economía reinante en las creaciones de la vida; leyes de ahorro, de espacio, de materia y de tiempo de conducción.

Cuantos cultivan, con más ó menos fortuna, la histología, ó sus ramas afines, la bacteriología y la embriología, habrán oído alguna vez, atajando entusiasmos expositivos, comentarios tan desalentadores como los siguientes:

«¡Magnífica lucubración! Pero, ¿será verdad tanta belleza? Eso afirma la histología de hoy; ¿lo mantendrá también la histología de mañana? En plena evolución la biología, ¿quién se acordará, dentro de un siglo, de las actuales doctrinas histológicas?»

Respondamos con franqueza. Quienes profieren tales frases, además de mostrar supina ignorancia acerca del carácter esencialmente objetivo de las ciencias micrográficas, confunden lastimosamente el hecho de observación, noción fija y perenne, con la interpretación teórica, esencialmente mudable y acomodaticia.

Desconfiar de la realidad de las adquisiciones histológicas vale tanto como suponer que la especie nueva descubierta por el naturalista corre riesgo de inmediata desaparición; que el ganglio, la glándula ó el vaso discernidos por el anatómico, están en trance de evaporarse; ó que, en fin, el astro sorprendido por el astrónomo, hállase amenazado de súbita extinción. La naturaleza del instrumento de observación, ¿puede cambiar la índole de los hechos?

Se argüirá acaso que, á pesar de todo, en las ciencias histológicas los hechos se discuten alguna vez. Ciertamente, la actitud revisionista y un poco escéptica hallábase plenamente justificada hace cincuenta ó sesenta años, cuando la fina anatomía, aún en cierne, carecía de métodos de coloración precisos y terminantes. Mas hoy, por fortuna, las cosas han mejorado radicalmente. Sobre que la crítica científica se ha hecho más exigente y escrupulosa, no concediendo su _exequatur_ sino á los hechos estructurales conjunta y concordantemente revelados por técnicas muy diferentes, los métodos actuales de coloración, los llamados _métodos selectivos_, proporcionan imágenes tan claras, nítidas y enérgicamente contrastadas con el fondo incoloro, que fuera absurdo abrigar la menor duda acerca de su preexistencia.

No. En nuestra época, los hechos morfológicos aportados por investigadores serios y competentes, por quienes, á la hora de describir ó dibujar la imagen microscópica, abstiénense prudentemente de todo subjetivismo, no son jamás negados ni regateados. Naturalmente, andando el tiempo, podrá variar su perspectiva ideal, así como el alcance fisiológico de los mismos, pero sin menoscabo de su objetivismo. Á la hora presente, discútense de preferencia (y se discutirán mientras la ciencia de la vida no alcance la plenitud ideal de sus datos ni se remonte á la esfera de las causas eficientes) las hipótesis fisiológicas y las teorías biológicas generales (mecanismo de la herencia, de la adaptación y variación, de la sexualidad, del papel fisiológico de los órganos y tejidos, etc.). Pero, repito, el dato histológico de primera mano, bien descrito y precisado, constituye algo fijo y absolutamente estable, contra lo cual ni el tiempo ni los hombres podrán nada.

Para dejar bien sentada esta doctrina, citaré un ejemplo concreto tomado de mis modestas investigaciones neurológicas. Aludo á la concepción neuronal defendida actualmente por la gran mayoría de los histólogos.

Imaginemos que se descubre un método de coloración exquisitamente selectivo, en cuya virtud aparece tendido entre mis _nidos_, _fibras trepadoras_ ó _musgosas_, de una parte, y _el cuerpo_ y _dendritas neuronales_, de otra, un sistema sutilísimo de hebras anastomóticas absolutamente invisibles con los procederes actuales. En tal supuesto, las hojas no representarían las últimas proyecciones del árbol; las arborizaciones nerviosas y espinas dendríticas señaladas por mí resultarían, en vez de _terminales_, _preterminales_.

¿Habríase perdido algo con este transcendental progreso? ¿Evaporaríanse por eso los _nidos_, las _pláculas_ y _cálices finales_, las _ramificaciones_ de los axones, las _espinas_ de las dendritas y otras muchas disposiciones de contacto? De ninguna manera. Dichas formas conservarían íntegramente su valor objetivo y su carácter de hechos anatómicos generales. Sólo una cosa debería ser corregida: la interpretación fisiológica. Desde el punto de vista utilitario, tales disposiciones no podrían justificarse ya por la necesidad de asegurar el paso de las corrientes, multiplicando las superficies de contacto. Por consiguiente, la hipótesis de la transmisión por _contigüidad_ sería reemplazada por otra: la de la propagación por _continuidad_. Y se impondría la averiguación, siguiendo otros derroteros, de la significación dinámica de las susodichas estructuras. Una vez más haríase patente el carácter provisorio de nuestras interpretaciones teóricas y la necesidad inexcusable de renovarlas y perfeccionarlas al compás de los nuevos descubrimientos.

Precisamente por temor á estas posibles decepciones (la historia de la biología está llena de ellas), soy adepto ferviente de la religión de los hechos. Se ha dicho infinitas veces, y nosotros lo hemos repetido también[152], que «los hechos quedan y las teorías pasan»; que todo investigador que, confiando harto en la solidez y excelencia de las concepciones generales, desdeña la contemplación directa de la realidad, corre riesgo de no dejar huella permanente de su actividad; que los hechos constituyen exclusivamente nuestro haber positivo, nuestros bienes raíces y nuestra mejor ejecutoria; que, en fin, en la eterna mudanza de las cosas, ellos sólo se salvarán --y con ellos acaso una parte, la mejor de nuestra propia personalidad-- de los ultrajes del tiempo y de la indiferencia ó de la injusticia de los hombres.

[152] _Cajal_: Reglas y consejos sobre la investigación biológica. Discurso de recepción de la Academia de Ciencias, 1894.

Todo esto es evidente; pero también es cierto que, sin teorías é hipótesis, nuestro caudal de hechos positivos resultaría harto mezquino, acrecentándose muy lentamente. La hipótesis y el dato objetivo están ligados por estrecha relación etiológica. Aparte su valor conceptual ó explicativo, entraña la teoría valor instrumental. Observar sin pensar es tan peligroso como pensar sin observar. Ella es nuestra mejor herramienta intelectual; herramienta, como todas, susceptible de mellarse y de enmohecerse, necesitada de continuas reparaciones y sustituciones, pero sin la cual fuera casi imposible labrar honda brecha en el duro bloque de lo real.

Para el anatómico, el histólogo y el embriólogo, amarrados al duro banco del análisis, la elaboración doctrinal obedece además á tendencias lógicas y sentimentales casi irrefrenables. Dificilísimo es contrarrestar el impulso de la imaginación postergada, que reclama á gritos su turno de acción. Nos la impone además el juego mismo de nuestro mecanismo pensante, esencialmente práctico y finalista, el cual nos plantea á diario el problema de las causas mecánicas y de los móviles utilitarios. Reconocida una disposición estructural ó morfológica, surge invariablemente en nuestra mente esta interrogación: ¿Qué servicio fisiológico ó psicológico presta al organismo? En vano el buen sentido, en pugna con las citadas tendencias, ataja nuestra curiosidad, advirtiéndonos que el problema ha sido planteado prematuramente, mucho antes de allegados todos los datos indispensables. Tan discreta reflexión, si nos vuelve acaso más circunspectos, no paraliza, empero, el proceso teórico. Sigue impertérrita la fantasía, construyendo sobre arena, como si ignorase la irremediable caducidad de su obra.

Todo esto es profundamente contradictorio, pero es fatalmente humano. Nunca fueron buenos amigos la razón y el sentimiento. Quienes sienten tales anhelos especulativos, conocen de sobra cuán efímera suele ser, en biología, la obra de los grandes sistematizadores. Y no obstante...

* * * * *

Todo el precedente preámbulo, del cual pido perdón al lector, se encamina á disculpar, en lo posible, mis escarceos especulativos --pocos por fortuna-- y explicar el cómo un fanático irreductible de la religión de los hechos, ha caído, de vez en cuando, en la debilidad de sacrificar al ídolo de la teoría deslumbrante, no obstante hallarse íntimamente persuadido de su irreparable fugacidad, y á despecho de haber declarado repetidamente «que, si por azares de la suerte, nos vemos compelidos á forjar hipótesis, procuremos al menos no creer demasiado en ellas».

Desahogada un poco mi conciencia con esta espontánea confesión, pasaré brevemente á relatar algunas de las lucubraciones imaginadas durante el trienio susodicho. Y vaya por delante la declaración de que entre las conjeturas é hipótesis de mi cosecha las hay que me parecen estimables, y cómodamente defendibles aún hoy, después de veinte años de progresos incesantes; y las hay, en cambio, francamente inverosímiles, temerarias é inaceptables. Sobre las primeras insistiré, naturalmente, más que sobre las segundas, merecedoras sólo de olvido. En fin, algunas pocas de la primera categoría entran, á juicio mío, en la jerarquía de leyes empíricas sólidamente fundadas.

Mi primer trabajo de tendencia teórica fué el que, con el título de _Consideraciones generales sobre la morfología de la célula nerviosa_, fué enviado al Congreso internacional de Medicina, celebrado en Roma (1894).

Tratábase, sobre todo, en esta comunicación, de indagar las leyes de la evolución del sistema nervioso en la serie animal, y de marcar, en lo posible, cuáles centros, durante los innúmeros incidentes del desarrollo, han conservado potencialmente la prístina plasticidad, siendo capaces de adaptarse estructuralmente á las de cada vez más variadas y complejas condiciones del Cosmos, y cuáles son los centros, propiamente animales, como anquilosados por un automatismo milenario y que, rebeldes á toda acomodación, cancelaron irrevocablemente su historia.

En obsequio á la brevedad enumeremos rápidamente las principales conclusiones de esta comunicación[153].