Prehistoria de Puerto-Rico

Part 7

Chapter 73,464 wordsPublic domain

El tipo indio boriqueño.—La indígena.—El indiezuelo.—Error de Iñigo Abbad.—Facultades mentales del aborigen.—La vida en tribu ó clan.—Gobierno paternal.—El _cacique_ ó jefe supremo de la tribu.—El _bohique_ ó curandero augur.—El _nitayno_ ó sub-jefe.—Tres categorías en los jefes.—El _naborí_, especie de vasallo pechero.—La aldehuela.—El aduar _Guaynía_, del cacique _Agüeybana_, radicaba al Sur de _Boriquén_.—Fué primero del pacífico _Agüeybana_, el cacique principal de la Isla y luego de su hermano el valiente _Guaybana_.—Los poblejos indios ó _yucayeques_.—Las rancherías _Guaynía_ (de Agüeybana), _Aymaco_ (de Aymamón), _Yagüeca_ (de Urayoán), _Guajataca_ (de Mabodamaca), _Abacoa_ (de Arasibo), _Otoao_ (de Guarionex), _Sibuco_ (de Guacabo), _Toa_ (de Aramaná), _Guaynabo_ (de Mabó), _Bayamón_ (de Majagua), _Haymanio_ (de la cacica Yuisa), _Cayniabón_ (de Canóbana), _Turabo_ (de Caguax), _Guayaney_ (de Guaraca), _Guayama_ (de Guamaní), _Jatibonicu_ (de Orocobix), _Macao_ (de Jumacao) y _Daguao_ (de Yuquibo).—El _caney_ ó casa del cacique.—El fuego.—El boriqueño más adelantado que el nativo de las islas Marianas.— La poligamia.—La compra de la mujer.—El _colesibí_ y el _guanín_ como dote.—Ninguna ceremonia religiosa.—El _matriarcado_, para heredar.—_Guaybana_ heredó á _Agüeybana_, su hermano, y no los hijos de éste.—El boriqueño no era adúltero.—Las ablusiones.—El _tatuaje_.—El achiote ó _bija_.— La _jagua_.—El boriqueño no practicaba el hurto.—Respeto á la propiedad en los primeros tiempos de la colonización.— Alimentación del indígena.—Sus bebidas.—Uso del tabaco.— Desconocimiento de la sal para adobar su comida.—Estadios públicos.—Juegos de pelota.—_Bato_ y _Batey_.—El baile.— Enfermedades y cuidados del curandero.—El ben purgativo ó _tautúa_.—El agua fría y el masaje.—Por qué aceptamos en el boriqueño un estado político-social-religioso.

El indígena boriqueño era de estatura regular, de menor talla que el español, bien formado y de buen aspecto; el tronco desenvuelto y las manos y pies pequeños. La piel de color _canela_[117], pero tirando al amarillo oliváceo, como si dijéramos _bronceado_, que hizo á Cristóbal Colón llamarle, de la _color de los canarios_[118]; al cronista Oviedo decir, que era loro y á Las Casas anotarle de color _moreno_. El cráneo no muy redondo, sub-braquicéfalo, tendente á mesaticéfalo[119]; la cara grande, cameprosópica[120] y ancha; la frente fugitiva, inclinada hacia atrás; la boca con labios gruesos, sin ser negroides, y la comisura labial alta, dando así á la fisonomía aspecto bondadoso; la mandíbula algo pronunciada, prognática[121]; los ojos negros, más bien grandes que pequeños, megasemes[122], separados, y la oblicuidad palpebral ligeramente determinada; turbia la esclerótica; la nariz corta, estrecha, leptorrina[123]; recta y con las ventanas dilatadas. La cabellera negra, abundosa y crinada. Barbilampiño. Solía deformarse el cráneo, apretando con vendas de algodón la cabeza de los recien nacidos.[124] Tenía los cinco sentidos corporales muy bien templados, con esquisito desarrollo de la vista y tacto. Era muy parco en su alimentación. Predominaba en él el espíritu de bondad, siendo muy poco afecto al rencor y la venganza. A pesar de su mansedumbre y delicada complexión era resistente y varonil. Fué buen flechero, y cuando la colonización, cargaba tres y cuatro arrobas de peso[125] y las llevaba en luengas caminatas, cantando y riendo con sus compañeros de fagina.

La india boriqueña era agraciada y guapa hembra. Los caribes de las islas de Barlovento, cuando ejercían sus depredaciones sobre el _Boriquén_, se proveían de ellas para convertirlas en sus mujeres. Por eso extrañó tanto al misionero francés Fray Raymundo Breton encontrar en las islas Domínica y Guadalupe, que los indios hablaban un lenguaje y las indias otro. Estas indias eran boriqueñas. Cuando Colón tocó en su segundo viaje, en la isla de Guadalupe, recogió á bordo algunas indígenas, que á nado se fueron á las carabelas, y resultaron ser _boriqueñas_.[126] La historia quisqueyana nos habla de la hermosura de la cacica _Anacaona_ y de los novelescos amores de su hija _Higüemota_ con el pulido español Güevara; y también de las hermosas doncellas indígenas de la tribu de _Bojekio_, el célebre cacique haytiano. Las Casas nos refiere, que conoció en La Española (en la Vega y Santiago) indias casadas con españoles, que eran de _mirable hermosura y cuasi blancas, como mujeres de Castilla_.[127] Era la boriqueña muy fecunda[128]; siendo bien conformada, y de fáciles partos.[129]

Los niños eran de buena índole, graciosos y vivarachos; y muy dóciles á las enseñanzas de los frailes. Algunos tenían el cabello tirando á castaño, indicio de algún lejano cruzamiento ó _mestizaje_.

Fray Iñigo Abbad comete el error de escribir, que el indio boriqueño era de color _cobrizo_ y de narices _chatas_.[130] El benedictino escribía de referencia, como nosotros, y al terminar el párrafo de su capítulo, dedicado á este asunto, puso una llamada y anotó como cita, á Oviedo, libro 3º folio 25, con esta letra (f). Pues bien, he aquí la prueba de que hay que beber en fuentes puras para no caer en equivocaciones. Oviedo no dice tal cosa. Véase la edición de la Academia Española de la obra de Oviedo, publicada en Madrid en 1851, tomo 1º página 68, línea 23, y se verá, que el Cronista dice: “La color de esta gente es _lora_.” Este vocablo viene del adjetivo latino _luridus_, cetrino. En castellano es sinónimo de color amulatado, _moreno_, lo que concuerda con la nota de Las Casas. Algunos escritores puertorriqueños han caido en error, por seguir á Iñigo Abbad. Y respecto á la nariz, confundió nuestro primer historiador la nariz _corta_ con ventanas dilatadas del indo-antillano con la nariz _chata_ de la raza africana. En el lenguaje antropológico la nariz de nuestro indio era _mesorrina_ y la del africano es _platirrina_.

Las facultades mentales del boriqueño correspondían á las del hombre natural en el período _neolítico_; con la inferioridad comprobada de la raza roja ante la raza blanca; más, la influencia deprimente de los trópicos sobre un organismo, que no tenía las ventajas positivas del cruzamiento étnico. El _mestizaje_ es favorable á ciertas razas. El desarrollo intelectual del boriqueño era escaso, la voluntad tardía, pero la memoria feliz, porque la cultivaba para la recitación de sus historitos _areytos_.

Refiere Las Casas, que de veinte á treinta pliegos de papel, escritos sobre doctrina cristiana, el indígena los conservaba todos en la memoria y los repetía sin tropezones.[131]

En la numeración el boriqueño llegaba hasta 20. Se conservan los nombres de los cuatro primeros números. El indo-antillano tenía vocablos hasta diez. De once en adelante hasta veinte recurría á los dedos.[132] Entre los caribes la palabra usada para decir _diez_ significa los dedos de ambas manos, y para decir _veinte_ la voz equivale á los dedos de pies y manos. Según el padre Gumilla, los indios del Orinoco se servían también de los pies y de las manos juntos para indicar veinte.[133] Según Dobritzhofer, el _guaraní_ no tenía palabras más que hasta _cuatro_, y de ese número en adelante decía _incontable_. Si ésto es cierto, el _Caribe_ y el _Aruaca_ habían adelantado á su progenitor, pues llegaban hasta 10 con palabras y hasta 20 con signos. No es de extrañar tan penosos avances en el cálculo, porque nada hay más abstracto que la idea del número.

El boriqueño no tenía ideas cronológicas. El tiempo corría para él impensadamente. Sólo procuraba retener en sus históricos _areytos_ los sucesos más memorables de su pueblo, ó los que más herían su imaginación pueril. El tiempo para él se concretaba á la división patente del día y la noche. Estaba lejos de poder utilizar los cuartos de luna como los peruanos; y mucho menos la marcha del sol como los mejicanos.

Cuando los conquistadores pusieron el pie en _Boriquén_, los naturales vivían ya en clans ó tribus, diseminadas por varios puntos de la Isla.[134] El gobierno de estas agrupaciones era patriarcal, tratando los régulos á sus súbditos como si fueran sus propios hijos: palabras textuales del obispo de Chiapa.[135] Amor que fué correspondido fielmente por los indígenas, cuando el triste período para ellos de la Conquista, en el que procuraron ocultar cuidadosamente á sus jefes de la activa persecución de los invasores, que tendían siempre á apoderarse de los caudillos para sofocar las iniciativas guerreras en contra de la colonización española.

Lo que podríamos llamar la constitución política del boriqueño, era monárquica, con su soberano, el _cacique_; el gobierno paternal con los subjefes ó _nitaynos_, y la casta sacerdotal de _bohiques_. Naturalmente, con todos los defectos de una sociedad humana incipiente: como que era el hombre de la edad de la piedra. En Boriquén había un jefe principal, que en la época de Ponce de León (1508) era _Agüeybana_, á quien los otros caciques de la Isla veían como más potente. _La Española_, ó sea _Haytí_, estaba dividida en cinco cacicazgos principales, con sus correspondientes reyezuelos _Guarionex_, _Guacanagarí_, _Bojekio_[136], _Caonabó_ é _Higuanamá_.

La división social de los indios de Boriquén era: el _cacique_, ó jefe de la tribu; el _bohique_, ó augur curandero, como si dijéramos médico-sacerdote; el _nitayno_, subjefe ó lugarteniente á las órdenes del cacique; y el _naborí_, ó miembre de la tribu. Esta sencilla agrupación tenía desde luego su plan administrativo y la división del trabajo con arreglo á su limitada civilización y reducidas necesidades. Correspondía al _cacique_, como jefe supremo de la aldehuela y su comarca, cuidar de los aprestos guerreros y de la defensa general del poblejo, mantener las buenas relaciones con los régulos vecinos y obedecer las órdenes del jefe más fuerte de la Isla, que vivía al Sur. El _nitayno_, ó sub-jefe, venía á ser el lugarteniente sustituto del cacique. Eran varios: uno cuidaba de los límites del cacicazgo; otro atendía á los cultivos y recolección de frutos; otro á la caza; otro á la pesca; otro á la confección del _casabí_; etc. Disponía cada _nitayno_ de un pelotón de _naborís_, que trabajando en cuadrillas podían cumplir con sus faenas. Las mujeres no eran agenas á algunas de estas labores. Es indudable, por lo tanto, que las incipientes industrias de alfarería, tallado y pulimento de hachas y demás utensilios de piedra ó madera, tejido de algodón y cordelería de _majagua_ y _maguey_ para hamacas, redes de pescar, taparrabos y faldellines, construcción de arcos, flechas, azagayas y macanas, estaban regularizadas de algún modo; pero era una reglamentación al fin. Así estaría también el comercio de estos objetos entre las aldehuelas é islas vecinas.

Los jefes indo-antillanos tenían tres categorías, como si dijéramos las de capitán, teniente y alferez que venían á corresponder á los vocablos _Matunjerí_, _Bajarí_ y _Guaojerí_.[137] No eran títulos de nobleza, ni mucho menos; pero, sí expresiones de aprecio y distinción para establecer cierta distinción social de personas entre ellos. La humanidad en sus procedimientos, se repite con frecuencia en distintas zonas, porque el hombre ha tenido que pasar por fases muy parecidas en todas las partes del planeta.

El _bohique_, curandero augur, cuidaba como agorero de los ritos y ceremonias religiosas; y como médico de la salud de los miembros de la tribu. Atendía también á la educación de los indiezuelos en lo correspondiente á enseñarles los _areytos_ ó romances históricos, para que conservaran en sus memorias las hazañas de sus antepasados y la sucesión de las cosas. Era ayudado en esta labor, de la música, que siempre atrae sobremanera al hombre natural y sencillo. Un recitado monótono con alguna nota discordante y su obligado estribillo era la canción _boríqueña_. Acompañaba al _areyto_ el ritmo cadencioso del tamboril de madera, llamado _magüey_, y el ruido acompasado de la sonajera hecha con una _higüera_ pequeña y vacía, con pedrezuelas dentro, la _maraca_, que ha llegado hasta nosotros, conservada por tradición entre nuestros campesinos. A la recitación del _aretyo_ se unía la danza ó _araguaco_. Estos espectáculos no sólo tenían carácter histórico, sino algunas veces religioso ó guerrero. También era costumbre del _bohique_ preparar á los jóvenes indios, que habían de sustituirle en el ejercicio de la hechicería y curandería.

Y, finalmente, el último miembro de la tribu era el _naborí_, el hombre más inferior del clan, dedicado á labriego, sirviente, cazador, pescador ó guerrero, según las necesidades de la agrupación. El _naborí_ venía á ser como el vasallo pechero de la antigüedad.

Este era el orden correlativo social de nuestro indígena, que atravesaba en la época del Descubrimiento, el tercer período de la edad de la piedra, ó sea el _neolítico_; no conociendo aún el uso de los metales útiles; pero si utilizando la madera y la roca pulimentada, y viviendo en pacífico consorcio, sujeto á un método civil patriarcal; rindiendo culto á sus ideas religiosas de pueblo primitivo, y desenvolviéndose en la agricultura, la industria y el comercio, en harmonía con su rudimentaria civilización.

Hemos dicho, que el aduar de _Agüeybana_, el régulo principal de _Boriquén_, demoraba al Sur de la Isla. Opinamos, que se llamaba _Guaynía_, vocablo indio, alterado en los cronicones con el cambio de la _n_ en _d_ (Guaydia). Era el mejor caserío indígena; y estaba junto al río de su mismo nombre, que naciendo en las alturas de _Macaná_, vierte sus aguas en el mar Caribe.[138] Fué visitado _Guaynia_ por el conquistador Juan Ponce de León, en 1508, cuando practicó la primera exploración del _Boriquén_. En el repartimiento de indios, que hizo Juan Cerón, en Noviembre de 1509, adjudicó _Agüeybana_ con su ranchería y trescientos súbditos á don Cristóbal de Sotomayor, hijo de la condesa de Caminar, que trajo á las Indias una Real Cédula, en la que se le hacía merced, como poblador, del _mejor_ cacique de esta Isla.[139]

Las otras aldehuelas principales de _Boriquén_ radicaban en valles apropiados: la del cacique _Caguax_ junto al río _Turabo_; la del cacique _Mabó_ en Guaynabo; la del cacique _Majagua_ en Bayamón; la del cacique _Guacabo_ junto al _Sibuco_, río de Vega Baja; la del cacique _Guaraca_ junto al _Guayaney_, en Yabucoa; la del cacique _Guamaní_ en los territorios de Guayama; la del cacique _Canóbana_ junto al _Cayniabón_, en los campos de la actual Carolina; la del cacique _Orocobix_ en las alturas del _Jatibonicu_, hoy Aybonito, Barranquitas y Barros; y la del cacique _Aramaná_ en las márgenes costeras del río _Toa_. Cuando la conjura general de indígenas, contra los conquistadores, aparecieron otros caciques, no pacificados, que se pusieron al frente del alzamiento, y que también tenían sus correspondientes aldehuelas. La de _Guaybana_ era la misma de su hermano _Agüeybana_, cuyo cacicazgo había heredado, no inclinándose á ser _guaitiao_ de los españoles; y fué puesto este valiente indio, uno de los primeros jefes instigadores de la rebelión de 1511. La ranchería de _Urayoán_ estaba junto al _Guaorabo_, en _Yagüeca_, comprendiendo los territorios de Añasco y Mayaguez; la de _Aymamón_ en las riberas del _Coalibina_, por la Aguada; la de _Mabodamaca_, en el Guajataca, comprendiendo los llanos de Quebradillas é Isabela; y la del valiente _Guarionex_, destructor del fortín de Sotomayor, en el _Otoao_. Posteriores al alzamiento de 1511, aparecieron alzados en armas los caciques _Jumacao_, de _Macao_ y _Yuquibo_ del _Daguao_, siendo éste el último cacique que hizo frente á los españoles.

Indudablemente habría algunas otras aldehuelas en el _Boriquén_; así como las de segundo orden, correspondientes á los _nitaynos_ ó sub-jefes; pero sus rastros no hemos podido encontrarlos con fijeza en los cronicones del Archivo de Indias.

La historia nos conserva detallada la descripción del poblejo, que creemos perteneciera al cacique _Aymamón_. Hé aquí como nos lo pinta el hijo de Colón, narrando el segundo viaje de su padre: “Después aportó (el Almirante) á la isla que llamó _San Juan Bautista_, que los indios llamaban _Boriquén_. Y surgió con la armada en una canal de ella á Occidente; donde pescaron muchos peces, algunos como los nuestros, y vieron halcones[140], y parras silvestres[141] y más hacia Levante fueron unos cristianos á ciertas casas de indios, que según su costumbre estaban bien fabricadas, las quales tenían la plaza[142] y la salida hasta el mar, y la calle muy larga, con torres[143] de caña á ambas partes, y lo alto estaba tejido con bellísimas labores de plantas y yerbas como están en Valencia los jardines, y lo último hacia el mar era un tablado en que cabían diez ó doce personas, alto y bien labrado.”[144]

En todas estas aldehuelas la casa del jefe se diferenciaba en construcción de la de sus súbditos. El _bohío_ del régulo, llamado _caney_, tenía configuración cuadrilonga con un pequeño pórtico, frente al _batey_ ó plazoleta; las de los demás indígenas eran circulares, y procuraban construirlas dejando un callejón entre ellas y dos calles principales. Cualquiera población se llamaba _yucayeque_ y cada una tenía su nombre propio para diferenciarlas. Algunos nombres se conservan, adjudicados hoy á lugares ó ríos. Otros se han perdido. Hemos podido salvar del olvido diez y ocho: _Guaynía_, de Agüeybana; _Aymaco_, de Aymamón; _Yagiieca_, de Urayoán; _Guajataca_, de Mabodamaca; _Abacoa_, de Arasibo; _Otoao_, de Guarionex; _Sibuco_, de Guacabo; _Toa_, de Aramaná; _Guaynabo_, de Mabó; _Bayamón_, de Majagua; _Haymanio_, de la cacica Yuisa: _Cayniabón_, de Canóbana; _Turabo_, de Caguax; _Guayaney_, de Guaraca; _Guayama_, de Guamaní; _Jatibonicu_, de Orocobix; _Macao_, de Jumacao; y _Daguao_, de Yuquibo.

El descubrimiento del fuego y su uso en el hogar ha sido uno de los pases de avance de la humanidad. Antes de la invención de sacar chispas de un trozo de cuarzo y de las pajuelas de azufre, parece inverosímil creer las grandes dificultades del hombre antiguo, de todos los paises, para procurarse lumbre. De estos contratiempos se originó en algunos pueblos primitivos el dedicar ciertas personas á conservar el fuego; después se castigó con extremado rigor á sus guardadores, si dejaban que se apagara. Tal ha debido ser el origen de las _vestales_, que trajo la santidad y culto del fuego. El boriqueño, en la época colombina, contaba ya con este progreso humano. Lo obtenía por el frotamiento sostenido de maderas apropiadas. Sobre la juntura de dos troncos, muy secos, pareados y atados con un fuerte _bejuco_, hacía jirar perpendicularmente un recio palo, de punta, dándole el movimiento de vaivén, que se suele imprimir al molinillo de madera de una chocolatera. ¡Con qué regocijo vería el indígena brotar el ansiado _guatú_ (el fuego) y con qué solicitud procuraría conservarlo! Refiere Pigafetta, en la relación del viaje de Magallanes, que en algunas de las islas Marianas no se conocía el fuego. Este viaje fué en 1521. De manera, que nuestro indígena, en 1493, estaba más adelantado que los naturales de algunas islas del Pacífico. En cambio, en otras le superaban en todo.[145]

La aptitud afectiva se desarrolla en el hombre al par de la inteligencia: primero imperan las necesidades animales; y satisfecho el incentivo del hambre y apagada la sed surge el deseo bestial. Estos han debido ser los primeros móviles del salvaje; y luego, al constituir familia y cultivar el suelo, pasando el hombre de la _horda_ á la _tribu_, ha desenvuelto ya los sentimientos afectivos del amor. El boriqueño, en la relación de sexos y vida doméstica practicaba la poligamia, principalmente los caciques. Adquiría muchas veces su mujer mediante el _dote_ de un collar de cuentas marmóreas, llamado _colesibí_, á cuya prenda daba extremado valor y estimación. Entre los jefes solía obtenerse la hija de un cacique ó de un nitayno mediante la dote de un _guanín_. Naturalmente, que no ocurriría esto con el infeliz _naborí_, que se procuraría su mujer á más bajo precio, ó aceptando los despojos de sus jefes. La compra de la mujer la encontramos en todos los pueblos. Entre los boriqueños el matrimonio no tenía carácter religioso. Lo mismo sucedía en la América del Norte.[146] Los _Aruacas_ de la América meridional, de cuyo tronco procedían nuestros indígenas, no observaban ninguna ceremonia para el casamiento.[147] Igual costumbre tenían los _Guaranís_ del Brasil[148], generadores de los _Aruacas_. El pueblo romano, en la noche de los tiempos, tenía la poligamia jurídicamente permitida[149], y tuvo el matrimonio por compra (_coemptio_), que llegó hasta la época de las Doce Tablas, donde fué elevado á una especie de matrimonio civil.[150] Los babilonios vendían las mujeres para el casamiento, en pública subasta, mediante un pregonero y al mejor postor; y con el dinero que producía la venta de las hermosas se dotaban las feas, para que pudieran colocarse maritalmente.[151]

Empero, el amor entre nuestros aborígenes era algo más que el deseo de posesión de la hembra; y aunque cada cacique retenía para sí dos, tres ó más mujeres, al capricho, siempre había una predilecta; conservando respecto á las herencias el _matriarcado_, por lo que los hijos de las hermanas sucedían á los caciques en el gobierno de los cacicazgos.[152] Los hijos de _Agiieybana_ no heredaron de su padre el gobierno de _Guaynía_ y la supremacía de _Boriquén_, sino su hermano _Guaybana_. Las delicadezas y sentimientos morales del verdadero amor era natural fueran desconocidos á nuestros indígenas, dado el estado de cultura inferior en que se encontraban; pero, á pesar de esta poligamia no había adulterio entre ellos, ni ningún indio forzaba á mujer alguna.[153]

El boriqueño, al levantarse por las mañanas solía bañarse en el río ó la quebrada; y después, ayudado de la india hacía su _tatuaje_ correspondiente, el _embijamiento_ de la piel. El indo-antillano era muy afecto á las abluciones y se lavaba con frecuencia noche y día.[154] Usaba el _tatuaje_ para preservarse de las inclemencias del tiempo y de la molesta acción de los insectos, principalmente de las picaduras del mosquito grande, el _corasí_, y del mosquito pequeño, el _jején_. Preparaba sus adobes y cosméticos con el grano del achiote, la _bija_[155], el cual reducido á polvo en el pétreo morterillo y mezclado con aceite vegetal, quedaba hecho un ungüento para el _embijamiento_ de todo el cuerpo, después del matutino baño. Cuando los jefes se preparaban para una guerrilla, ó cuando el _bohique_ iba á impetrar los augurios de la divinidad, solían hacerse grandes fajas, alternas, con el teñido del negruzco jugo de la _jagua_.[156] La guerrilla, ó _guasábara_, era provocada generalmente porque el vecino invadía el territorio en busca de pesca ó caza, ó por haber hecho la petición de la hija de un cacique inmediato para casamiento y recibir una negativa de parte del otro régulo, ó dársela á otro cacique.