Part 4
El boriqueño manejaba también la arcilla hasta someterla cuidadosamente al fuego como cualquier moderno alfarero. Fabricaba vasijas, cazuelas, tinajones y grandes platos, de dos dedos de grueso, llamado _burén_, para coser al fuego las tortas de casabe. De barro cocido hacía también sus amuletos ó dioses penates, figurillas que abundantemente se encuentran en los cementerios de indios. En cuestión de alfarería llegaba al refinamiento artístico de adornar las abrazaderas de las cazuelas con grotescas caras, y hacer ollitas para guardar las indias sus collares, á estilo de un modesto joyel.
Nuestro indígena utilizaba los huesos de pescado. Las pequeñas vértebras para clavar en éllas fácilmente plumas de colores; y atar la vértebra á la cabellera, á modo de horquilla. Y los dientes de algunos peces para fijarlos en las puntas de sus azagayas, después de afilarlos bien.
El boriqueño conocía el oro, porque este metal se encuentra en estado natural en los placeres auríferos de nuestra Isla. El oro, por su brillantez, ha sido fácil de hallar y utilizar, desde los primeros comienzos de la humanidad. Estos datos sobre el oro lo debemos á las narraciones de los conquistadores; pues no tenemos en nuestra colección ningún objeto indígena de éste metal. Desconocía el boriqueño el cobre, el bronce y demás metales. Los objetos de _cobre_ que tenían los indo-antillanos, especialmente algun _guanín_, procedían del inmediato continente donde el indio conocía ya este metal y empezaba a trabajarlo. Aunque en las grandes Antillas hay buenas minas de cobre no supo el indígena explotarlas. También le era desconocida la sal para usos domésticos, aderezando siempre sus comidas con _ají_.
Si no se han encontrado objetos indios de oro, en el país, se han hallado bastante número de _collares_ de piedra, diseminados por las grutas de la Isla. Y sobre el uso de estas _bandas pétreas_ guardan profundo silencio los cronistas. Unicamente, en una Relación de objetos pertenecientes al cacique Caonabó encontramos haberse recogido entre sus despojos _siete collares de piedra_; pero sin indicar el anotador el uso que tuvieran entre los indígenas.[56]
Estos collares de piedra, encontrados en diferentes puntos de la Isla, son de tres tamaños. El que guarda un término medio es muy parecido á una _collera_ de arnés para caballo de coche. Están, en general, estas bandas pétreas muy bien pulimentadas y tienen ciertos grabados de ornamentación, unos á la derecha y otros á la izquierda. El encontrarse en poder del régulo dominicano Caonabó _siete_ collares de estos es un dato revelador de que para los caciques indo-antillanos tenían un determinado valor. No conocemos ningún cronista, ni comentador, que haya hecho hincapié en este dato histórico que apuntamos. Hasta ahora, todas han sido conjeturas y suposiciones sobre estas bandas; pero, sin afianzar las hipótesis, como hacemos nosotros, sobre el hallazgo de _siete collares de piedra_ en poder de un jefe de tanta importancia y poderío entre los suyos como el cacique destructor del fuerte de Navidad.
Opinamos, que las bandas ó collares de piedra encontrados en poder del régulo Caonabó tenían por objeto dar _distintivo_ de mando al indio á quien fuese entregado, electo sub-jefe de alguna comarca ó valle, y que el _nitayno_ ó lugarteniente lo guardaría en su choza como _signo material_ de que radicaba en él el mando de aquella zona insular. Podemos, por lo tanto, considerar estas _bandas pétreas_ como una especie de _escudo señorial_. Como existen tres tamaños en estos collares, hay que suponer en esa diferencia cierto _valor jerárquico_. Y teniendo en cuenta además que el de mayores dimensiones había de exigir mayor labor de ornamentación de parte del artista, cuya brega de cincelación debería durar mucho tiempo, quizás años, hay que concederle también mayor valor real. También son los que más escasean. Nosotros no hemos conocido más que tres de estas formas agrandadas. Los que se conocen generalmente son los comparados con _colleras_ de arneses de caballos de coche. Los pequeños tampoco es frecuente hallarlos.
A la venida de los españoles, estos objetos los guardaron los indígenas de tal manera, que los nuevos pobladores no tuvieron noticia de ellos. Lo mismo ocultaron muchos de sus dioses tutelares. Se les imponía con rigor una nueva vida social y una nueva religión y tuvieron los infelices que apelar al disimulo para ocultar ante los conquistadores tan venerandos objetos para ellos. Prontamente la muerte y el olvido barrieron con toda aquella rudimentaria civilización neolítica.
El pueblo boriqueño estaba constituido en tribus; y tenía sus jefes de primero y segundo orden, ocupando los mejores valles de la Isla con sus aduares. Cuando el conquistador Juan Ponce de León vino al Boriquén, en 1508, visitó al régulo _Agiievbana_, cacique principal de la Isla, en su ranchería _Guaynía_. Después al cacique _Guaraca_ del _Guayaney_ que le facilitó las primeras muestras de oro, obtenidas del _Manatuabón_, hoy río de Maunabo. Prosiguiendo su viaje por el E. el Esplorador capitán llegó al N. y obtuvo las segundas pepitas de oro del cacique _Guacabo_, del _Sibuco_. Al retornar, en 1509, utilizó los caciques nombrados y además al régulo _Caguax_ de las orillas del _Turabo_, á _Majagua_ de _Bayamón_, á _Mabó_ de _Guaynabo_, á _Aramaná_ del _Toa_, á _Canóbana_ de _Cayniabón_, á _Orocobix_ del _Jatibonicu_ y _Guamaní_ de _Guayama_. También destinó á las granjerías de los Reyes Católicos y á las minas, el personal de la cacica _Yuisa_ del _Haymanio_, bautizada con el nombre de _Luisa_, y de donde se diriva el actual _Loiza_, fácilmente trastocados unos vocablos en otros. El 28 de Octubre de 1509, tomó Juan Cerón el mando del Boriquén, como Alcalde Mayor, por orden del Almirante Don Diego Colón, que había entrado á gobernar en La Española y tenía jurisdicción sobre todas las tierras descubiertas por su padre, con arreglo al fallo del Consejo de Indias. Juan Cerón, lugar-teniente del Virrey don Diego, hizo el primer Repartimiento de los indios del Boriquén, pues Ponce de León se había concretado hasta entonces á explotarlos en harmonía con la Capitulación celebrada con el gobernador Ovando el 2 de Mayo de 1509, en Santo Domingo. En este primer Repartimiento de los indios del Boriquén tocóle á don Cristóbal de Sotomayor el cacique _Agiieybana_ con 300 súbditos. Como este régulo, amigo de los españoles, vivía en _Guaynía_, allá se fué el afortunado castellano á explotar su rica encomienda. Así hicieron los otros Encomenderos hasta que fueron sorprendidos por el alzamiento de 1.511.[57]
Es un error, por ende, que el distinguido historiador señor Brau[58] manifieste, que el pueblo boriqueño se encontraba á la venida del Almirante descubridor, en estado nómada, á semejanza de las tribus de la Guayana, mudando de domicilio á lo largo de las riberas. Extraña aseveración, cuando ya el doctor Stahl, en su estudio etnológico sobre los aborígenes, determina con sano criterio la exacta división de nuestra ínsula en cacicazgos, al igual de Haytí, aunque comete el autor sensibles equivocaciones.[59] Natural era que las aldehuelas indígenas del Boriquén, construidas sus chozas con troncos de palmera al exterior, é interiormente un solo estante hasta la cumbrera, con ramaje y hojarasca por seto, bejucos por trabazón, y sin mayor resistencia, fueran destruidas fácilmente al empuje turbulento de la conquista y en el alzamiento de 1511. Pronto estas exíguas agrupaciones indígenas fueron absorbidas por los incipientes poblejos que fundaban los españoles. Todavía la actual casucha de nuestros campesinos conserva mucho de la construcción del primitivo _bohío_ indio.
Entre los restos del primitivo pueblo indígena se encuentra, aunque muy raro, cierto banquillo, de madera ó piedra, que los boriqueños llamaban _dujo_. Está formada esta sillica de una sola pieza y suele tener algunos trabajos de ornamentación, al capricho. En nuestra colección arqueológica hemos descrito un _dujo_, pétreo, que conjeturamos perteneciera al régulo utuadeño _Guarionex_. Esta sillita es reveladora de que el indio boriqueño procuraba tener ya utensilios que sirvieran para fijar sus diferencias jerárquicas, en ciertos momentos; pues los _dujos_ no tienen comodidad alguna para posarse en ellos. Opinamos, que sirviera el _dujo_ para colocarse el cacique sobre él, en cuclillas, frente á sus _nitaynos_, congregados los sub-jefes con algún fin de carácter público. No pueden ser considerados estos objetos de uso doméstico, como nuestras sillas ó banquetas, por ejemplo, si tenemos en cuenta que para reposar podían disponer los indígenas de la gran comodidad de la hamaca, ó tenderse al _dolce far niente_ á la umbría de la copuda ceiba ó á la fresca sombra de un grupo de palmeras de yaguas.
Con estos antecedentes podemos fijar bien el estado social á que llegó el autóctono boriqueño. Hemos dicho, que nuestro indígena se encontraba en el período social de la _piedra pulimentada_; y hablando con más propiedad paleontológica diremos, en el período _neolítico_ de la edad de la piedra. El instrumento cuneiforme característico de esa época es el _hacha pétrea_, que poseía el boriqueño en abundancia. El indo-boriqueño había abandonado ya la gruta como vivienda y construido la choza. De cazador y pescador errabundo, había pasado, dando un paso avante, á agricultor. De la horda y la incipiente familia había avanzado á la tribu ó clan. Tenía jefes y subjefes y casta sacerdotal. La idea religiosa del bien y del mal dominaba en sus manifestaciones religiosas. Para defender sus _yucayeques_ ó pueblos, disponía de aprestos guerreros y procuraba poner límites á sus cacicazgos, por lo que empezaba á tener idea de la propiedad, tanto individual como también de la colectiva. En la industria, además del mortero de _silex_ para triturar el grano trabajaba la arcilla y hacía recipientes para la cocción de sus viandas, vasijas para el agua y tinajas para la fermentación de sus licores. Sabía sacar partido de algunas maderas de ebanistería como la _maga_ y de la cubierta recia de algunos frutos como la _jigüera_. En la escultura, había iniciado el grabado y había avanzado á la ornamentación de grutas y chozas, de lo cual dan buenas muestras las pictografías de algunas cavernas. Y finalmente, cinselaba y bruñía pacientemente sus fetiches, sus bandas, sus _dujos_ señoriales y sus armas, sin tener la pasión por la escultura decorativa sobre madera, tan desarrollada en otros pueblos primitivos, como por ejemplo, entre los Papúas de la Nueva Guinea; ni había llegado al gusto artístico del modelaje cerámico, que tenían los indios mejicanos y peruanos.
No tenía el boriqueño túmulos, de los cuales el _dolman_ constituye la última palabra de esa edad prehistórica; sino únicamente simples cementerios para el sepelio vulgar de los cadáveres, que enterraban sentados, proveyéndolos de su _zemi_ tutelar y de agua y viandas para el viaje de ultratumba, lo que comprueba su religiosidad. En la llanura de Toa-Baja, poco antes de llegar á la estación ferroviaria de ese poblejo, á mano izquierda, yendo desde San Juan hacia el Dorado, se divisa un montículo, que induce á creer sea artificial, pues las montañas se columbran muy á lo lejos, y el montículo se destaca solo, imperando en su torno una gran sabana, ó vega, en todas direcciones. _Tal vez_, sea un panteón indo-antillano, que merecería ser cuidadosamente esplorado. Hasta ahora no se ha encontrado ningún túmulo indio en la Isla; por lo que podemos considerar á nuestro indígena del Boriquén, en su estado social, sin haber llegado aún al último grado del período neolítico.
CAPITULO IV.
Ley histórica: emigración siguiendo el curso de los ríos.—El hombre primitivo de las Antillas procedía del inmediato Continente Americano.—La emigración vino de la América Meridional.—Error de Guridi y de Stahl al traerlos de la América Septentrional.— Los españoles encontraron dos pueblos que se disputaban la hegemonía del Archipiélago: el _Aruaca_ antillano, perdida la memoria de su origen continental y el _Caribe_, que la recordaba.—Los _Caribes_ procedían de los _Galibis_ continentales.—Invasión caribeña en el Archipiélago.— Superioridad guerrera del invasor.—Derrota del _Aruaca_ indo-antillano.—Informes de Pedro Mártir de Anglería y del doctor Chanca.—Error de Ulloa, que visto _un_ indio estaban vistos _todos_.—Linneo.—Gmelin.—Buffón.—Herder.—Kant.—Hunter.— Blumenbach.—Cuvier.—Moquin Tandon.—Dumeril.—Bory de Saint-Vicent.—D’Orbigny.—Brasseur de Bourbourg.—Retzius.— Virchow.—Broca.—Humbold.—Morton.—Nott.—Dally.—Deniker.— Brinton.—Error de Zaborowski en hacer á todos los indo-antillanos _Caribes_.—El tronco basilio-guaraní.—El _Guaraní_ español y el _Tapí_ portugués eran uno mismo.— Siboneyes, Aruacas y Caribes de Girard de Rialle. Síntesis.— Razas, sub-razas y razas mixtas.—El _Aruaca_ y el _Caribe_, insulares, constituían dos sub-razas, cuyo entroncamiento estaba en la raza _Guaraní_ de la América Meridional.
La marcha de los pueblos, colonizando territorios, se relaciona con el curso de las aguas. De las márgenes del Mississipí se han extendido tribus americanas hasta inundar las Floridas; é idénticamente de las riberas del Amazonas y del Orinoco avanzaron también pueblos errantes hasta poblar la península de los Caracas y penetrar en el Archipiélago antillano. Ya los sacerdotes de las orillas del Indo, los magos de las riberas del Tigris, los profetas del Jordán, los sacrificadores del Nilo y los ribereños del Danubio y del Rhin nos testifican luminosamente cómo los pueblos avanzan por las márgenes de los ríos y se dilatan por las costas marítimas.
Es muy lógico presumir, que el habitante primitivo de las Antillas procedía del inmediato Continente americano. En un principio, creímos que siendo el estrecho floridano el más fácil de atravesar, por allí debió haber venido la inmigración indo-antillana.[60] Nos hicieron caer en esta errónea opinión el escritor dominicano Javier A. Guridi[61], diciendo “que los haytianos procedían del tronco _Waicure_ de la costa occidental de la América del Norte,” y el doctor Stahl[62], que también los traía del Continente septentrional, haciéndolos proceder de los Aztecas ó de los Semínolas. Pero, la emigración á las islas del Archipiélago partió indudablemente de la América meridional, salvando los indios las distancias oceánicas mediante sus hermosas almadías, que podían llevar de cincuenta á cien personas. Hoy descansa esta opinión nuestra en poderosos datos de toponimia y filología, que expondremos oportunamente en otro capítulo, para comprobar nuestro aserto.
A la llegada de los españoles, comandados por el gran Ligur, dos pueblos americanos se disputaban el imperio de estas islas. El pueblo, que podemos llamar por ahora _autóctono_, vivía tranquilo, adueñado de la mayor parte del Archipiélago, perdida la memoria de su origen, conservando en sus nebulosas tradiciones que sus antepasados habían nacido en una cueva, como narra la leyenda referida á Fray Román Pane por los indios del cacicazgo de _Guarionex_, en Haytí. Para la época del Descubrimiento ya tribus indias muy guerreras se habían apoderado de la península de la Florida. Estos eran los valientes _Semínolas_, que tanto dieron que hacer á los conquistadores Juan Ponce de León y Fernando de Soto. Si los _Semínolas_ hubieran lanzado de la Florida á los antepasados de los indo-antillanos, rastros positivos de éstos hubieran quedado en la toponomia de aquel país, huellas de sus costumbres al apropiarse las mujeres de los conquistados, y algunas palabras filtradas en el idioma del triunfador, procedentes de la lengua dominada. Es ley de la historia que el vencedor no hace desaparecer por completo, en un país, las huellas del pueblo vencido.
En cambio, las tribus _caribeñas_, que se habían adueñado de las islas de Barlovento, se acordaban perfectamente que descendían de los _Galibis_ de la América meridional: lo que indica que la invasión _caribeña_ en el Archipiélago no era remota, sino inmediata, y que en el período colombino se estaba desenvolviendo aún. El padre Raymond Breton[63] dice: “Los caribes manifiestan, que ellos vinieron del Continente para conquistar las islas.” Y Rochefort[64] afirma que los caribes de las Antillas se acuerdan descender de los _Galibis_; tienen la pronunciación más dulce que los caribes del Continente; pero, desde luego, no difieren más que en el dialecto.
Opinamos, que el pueblo _caribeño_, procedente de la América del Sur, alejándose de las márgenes del Amazonas y del Orinoco, fué domeñando los pueblos vecinos hasta llegar á las costas de Venezuela; y de allí, en son de conquistador, penetró en el mar de las Antillas, asimilándose primero los habitantes de las pequeñas islas cercanas á Costa Firme, de donde extendió sus correrías á las mayores del Archipiélago. Al poner el Almirante el pie en _Guanahaní_ la lucha de estos dos pueblos continuaba á muerte; siendo los campos situados al E. de la isla _Boriquén_ la marca invasora de los conquistadores _Caribes_, aunque aún no habían podido apoderarse del territorio insular boriqueño, donde hacían frecuentes incursiones, deteniéndose largo tiempo, á veces, en las costas á reparar sus embarcaciones.
Los _Caribes_, más audaces y más potentes que los autóctonos indo-antillanos, se habían adueñado de las islas de Barlovento; y desde _Cayrí_ (Domínica), _Sibuqueira_ (Guadalupe) y _Ay-ay_ (Santa Cruz) organizaban sus piraterías á la pacífica _Boriquén_ (Puerto Rico), acantonándose en las islillas del E. de nuestra Isla, principalmente en _Bicque_ (Vieques). El triunfo de los invasores hubiera sido seguro en todo el Archipiélago, andando los tiempos, si no se interpola el hecho del Descubrimiento. Ya los conquistadores españoles pudieron observar patentemente la superioridad guerrera del audaz caribe sobre el manso indo-antillano.
El cronista Pedro Mártir de Angleria[65] nos refiere, que “lo mismo los varones que las mujeres de las islas, que ya podemos llamar nuestras, cuando advierten que vienen los _Caribes_ no encuentran más salvación que la fuga. Aunque usan saetas de cañas, muy agudas, saben, sin embargo, que les aprovechan poco para reprimir la violencia y furor de los _Caribes_, pues confiesan todos los indígenas, que en la lucha, diez _Caribes_ vencerían fácilmente á ciento de ellos.”
El doctor Chanca[66], que acompañó á Colón en el segundo viaje á las Indias Occidentales, dice: “La costumbre de esta gente de _Caribes_ es bestial: ocupan tres islas: esta se llama _Turuqueira_ (Guadalupe);[67] la otra, que primero vimos, _Cayre_ (Dominica); la tercera se llama _Av-ay_ (Santa Cruz); éstos, de estas tres islas, todos son de conformidad como si fueran de un linaje, los quales no se hacen mal entre sí; unos é otros hacen guerra á todas las otras islas comarcanas; van por mar ciento é cinquenta leguas á saltar con muchas canoas que tienen, que son unas fustas pequeñas de un solo madero.”
Ahora bien, estos dos pueblos, que se disputaban el dominio de las islas antillanas, tenían distinta procedencia. La frase de Ulloa,[68] de que “_visto un indio de qualquier región, se puede decir que se han visto todos en quanto al color y contextura_” ha hecho caer en error á muchos historiadores. También podría decirse que _visto un hombre amarillo están vistos todos_, y cuánta diferencia hay entre un chino y un japonés. Y _visto un negro están vistos todos_, y qué desemejanza entre un congo y un cafre. Y volviendo la oración por pasiva, lo mismo pudiera decir el hombre rojo, amarillo ó negro del _blanco_, y sabido es, arrancando desde las ramas alófila, fínica, semítica y aria, cuantas razas hay entre los _blancos_. La historia etnológica de la América es más complicada aún que la de la Oceanía; y muchos autores están ya contestes, que el vasto territorio americano no ha sido habitado por una sola raza de hombres.[69]
Linneo, al dividir la especie humana en cuatro razas, según las cuatro partes del mundo, se conformó con separar enteramente de los demás al _hombre rojo_ de América.[70] Gmelin clasificó á los hombres, según el color de la piel, en cuatro variedades, conservando la _cobriza_ para todas las razas americanas.[71] Buffón, formando seis variedades del hombre, dejó al _americano_ enteramente fuera, cuyo sistema siguió Herder y Prichard.[72] Pownal colocó á los _americanos_ y _mogoles_ entre las razas blanca y roja.[73] Kant aceptó el _americano cobrizo_.[74] Hunter al _americano rojo_.[75] Blumenbach, en sus cinco variedades del hombre, dedicó la cuarta al _americano ferruginoso_, opinión que siguió Laurance en 1822.[76] Cuvier clasificó al hombre en tres razas, dejando al _americano_ fuera, sin quererlo situar en ninguna.[77] Moquin-Tandon siguió á Cuvier[78]. Dumeril separó al hombre en seis razas y dedicó la cuarta á los americanos.[79]
Hasta aquí todos los autores hacían de los americanos una sola raza. En adelante, clasificando mejor, van reconociendo variedad de razas en América. Malte-Brun clasificó al hombre en diez y seis razas: en la décima sexta colocó á los americanos, _menos aquellos_ de las partes más septentrionales, que supuso procedían de otros continentes.[80] Bory de Saint-Vicent separó al género humano en quince especies; y en la sexta, la _hiperbórea_, comprendió todo el norte de América y una parte del Asia rusa; en la séptima, la _neptuniana_, reunió los americanos de California á los de Chile, en unión de peruanos y mejicanos de las costas occidentales; en la novena, la _colombina_, puso los habitantes de la Florida, los caribes de las Antillas, los naturales de una parte de Méjico, de Tierra Firme y las Guayanas; en la décima, la _americana_, situó todos los habitantes de la América meridional, menos los de la parte oriental y de las partes ya citadas; en la undécima, la _patagona_; y en la décima cuarta, la _melaniana_, los habitantes de la tierra del Fuego.[81] Esta labor de Bory de Saint-Vincent, aunque defectuosa, tiene la utilidad científica de que ya no se veía á los americanos con los _cristales_ de Ulloa, de que visto _uno_ estaban vistos _todos_.
D’Orbigny recorrió la América meridional, desde los años de 1826 á 1833, y opina, que los territorios recorridos por él, ó sea el Brasil, la República oriental del Uruguay, la Argentina, la Patagonia, Chile, Bolivia y Perú, estaban ocupados por _tres_ razas: la ando-peruviana, la pampeyana y la brasilio-guarianana, comprendiendo en ellas treinta y nueve naciones distintas.[82]
La raza brasilio-guaraniana cubría toda la parte oriental de la América meridional, desde las Antillas menores hasta el Plata. Ocupaba el Brasil, el Paraguay, lo que se llamó las Misiones, las Guayanas y las islas de Barlovento. De manera que para este sabio investigador los habitantes de las Antillas menores, los _Caribes_, procedían de los _Guaranís_ del continente meridional y habían destruido á los habitantes de dichas islas al apoderarse de ellas.[83]